Los rayos de sol golpeaban fuerte esa mañana, pero el mundo le daba demasiadas vueltas como para analizar la belleza de aquel amanecer.

Llevaba así ya casi un mes, entre entrenamientos y medicamentos, dolores y mareos, nauseas y sangra miento de nariz. Su vida se volvía un verdadero caos, aun no tenía idea de cómo lo iba a hacer de ahora en adelante, el no levantar sospecha ya era toda una osadía, el disimular el peso de la muerte seria una travesía.

Estaba seguro que al menos todos sus actos hasta el momento no levantaban sospecha alguna, culpó la falta a la falta de ánimo el no asistir a las salidas a beber algo, no podía decir que por estar tomando fuertes medicamentos no podía beber.

Culpo a la guardia nocturna por las ojeras en su rostro, nunca revelaría que en ocasiones los mareos eran tantos que ni siquiera podía permanecer en pie ni mucho menos dormir.

Quiso seguir su vida de la forma normal posible, pero siempre que desayunaba un pensamiento se venía a su cabeza… ¿será mi último desayuno?...eso lo ponía triste, no le gustaba pensar en la muerte, ni cuando seria su momento, total, para un santo dorado, el momento de la muerte estaría ligado a un bueno combate defendiendo a su diosa, no por un simple tumor que ni siquiera había podido pelear de igual a igual.

Lamentable, así definía su situación… Patético, era como se veía en el espejo en las mañanas…Cobarde, por morir de la forma más lerda en morir que él conocía… Denigrante… sí es como moriría, de la forma más denigrante que un santo ateniense podía padecer…

-¿Shura?, ¿Se puede?- la voz ya le era conocida, rápidamente se tomo su medicamento y mojo su rostro con agua fría… miente Shura, miente

-Si pasa Aioros, ya bajo-tomo aire y rápidamente se vistio y bajo a la planta baja del decimo templo, vio como su amigo miraba todo el templo como si se tratara de la primera vez que estaba ahí-¿Qué deseas Aioros?

-Nada, solo venia a ver como habías amanecido

-¿y a que mas?

-Ver si me quieres acompañara a entrenar-sonreía, con la normalidad característica del de Sagitario, como si no importara el mañana…al contrario del español que ya no podía relucir una sonrisa como esa

-No lo sé Aioros, hoy no tengo ánimos

-¿Hoy tampoco?, ¿Qué sucede Shura?

-Nada, cansado solamente –mentiras, una tras otra, todas ya parte de su vida, no le quedaba otra más que seguir con la farsa.

-Ya llevas bastante tiempo así, algo me ocultas Shura-el de Sagitario sabía que su amigo algo le ocultaba, no era normal que el español faltara a los entrenamientos, ni menos que no estuviera animado a entrenar o a simplemente salir.

-No es verdad

-No te creo-un paso en falso y la serenidad del capricornio desaparecería, de eso estaba consiente Aioros, pero no le importaba, le preocupaba su amigo y mucho.

-Problema tuyo-no podía seguir viendo a su amigo sin contarle la verdad, prefirió dar por terminada la conversación, se encamino a la salida, dispuesto a dejar todo ese interrogatorio atrás, pero el brazo de su amigo lo detuvo

-¿Qué está sucediendo Shura?

-Nada

-Júrame por Athena que no pasa nada- y ¿Cómo lo haría?, ¿Cómo juraría en nombre de la que ha sido y será el motivo de ser un caballero?, no sabía que decir, pero el tiempo era algo importante para él como para perderlo en una discusión, y si algún día, el factor tiempo lo perdiera, ya daba lo mismo su honor de santo. Miro directamente a su amigo, y después a la figura de la deidad que se mostraba solemne en la sala del decimo templo

-Te juro por Athena Aioros, que no sucede nada-Maldito…así se llamaba así mismo, resignado a su futuro, aceptando la muerte, jurando en nombre de su amada diosa que no pasaba nada, cuando en realidad, solo deseaba gritar o llorar, algo que no podía hacer, no por su ego, no por su puesto como caballero, sino porque no podía, no podía liberar esas lagrimas de frustración.

-Si no fuera porque te acabo de escuchar jurando en nombre de la diosa Athena que no tienes nada, no te creerías-era sincero, sabía que su amigo algo ocultaba, pero el que lo hubiera escuchado jurar en nombre de la deidad, significaba que para el guardián dorado de capricornio, las cosas estaban bien…

-Es la verdad Aioros

-Saga dice que a lo mejor sigues distraído

-¿Saga?, discúlpame Aioros, pero tengo cosas mejores que escuchar las conjeturas de ustedes-el español retomo su camino a la salida cuando el griego volvió a hablar

-Se que algo me ocultas-las palabras de Aioros detuvieron el andar de Shura

-No es verdad

-¿Acaso no confías en nosotros, tus compañeros?-Confiar…

-Tengo que ir donde el patriarca, nos vemos más tarde Aioros…-si su compañero siguió hablando o no lo supo, prefiero ignorar al mundo, así como la vida lo había hecho con él.

Mientras subía las escalas, sentía la presión de la mirada de alguien… ¿Aioros?, no eres tu…pero entonces… ¿quién?...

La sala del patriarca estaba vacía, su santidad no se encontraba en sus aposentos, según los guardias, este tuvo que ir hasta tierras nórdicas a petición de Athena.

Shura solo suspiro, por lo menos no tenía problemas en la salida, el santo padre estaba al tanto de que mensualmente tendría que ir a la ciudad a visitar el hospital para las tareas de ayuda…mentiroso…

Descendió las escalas, caminaría por algunos momentos antes de ir a la capital, y nuevamente sintió esa presencia a sus espaldas, una sombra, una sutil presencia. No era uno de sus compañeros de armas pues conocía el cosmos de sus 12 hermanos de armas, pero entonces ¿quién era?

/…/

Llevaba más de 2 semanas en lo mismo, levantarse temprano, desayunar y desaparecer, sus compañeras decían que se había vuelto egocéntrica, que no quería estar con sus compañeras, pero para ella, la pelirroja que era su mejor amiga, (aunque la chica no lo admitiera), sabía que algo tenia.

Espero unos minutos y la siguió, pero la otra joven sabia que sus pasos estaban siento mirados de cerca y espero a su sombra en un árbol.

-¿Por qué me sigues Marín?

-Tú sabes la respuesta – no la dejaría ir sin una respuesta convincente. La actitud de su compañera era muy extraña desde hace algún tiempo para acá, y quería respuestas…

-Si te pregunto es porque no lo sé-se cruzo de brazos y se puso frente a su compañera.

-¿Qué es lo que estas asiendo Shaina?

-Lo que haga o no haga no es asunto Tuyo ni de nadie

-Es cierto, lo que harás ni nos interesa ni a mí ni a las demás amazonas, pero se vuelve asunto de todas cuando dejas tus responsabilidades de lado.

-Para tu información, estoy cumpliendo con mis responsabilidades, esa es la razón de mi conducta.

-¿A qué te refieres?- la Águila sabía que su amiga no diría esas palabras si no tuviera los motivos para pronunciarlas.

-Aun no tengo nada como para probar mis sospechas, pero si las encuentro, podremos atacar al enemigo antes de que haga el primer paso.

-¿Hades?, ¿Poseidón?

-No, no he sentido ningún cosmos divino ni mucho menos maligno

-¿Entonces?-una neblina de dudas estaba posándose sobre Marín, quien no entendía la actitud de la Cobra.

-Solo te puedo decir, que tengo mis sospechas.

-¿De quién sospechas?

-Prefiero ver si correctas o no, si los son, nosotras mismas acabaremos con él, y su amenaza

-¿El?, ¿Lo conoces?

-Solo escucha Marín, si él es la nueva amenaza para el santuario, la acabaremos de raíz, acabaremos con su máscara de cinismo y rectitud que todos conocen.

-¿Y si no lo es?, no puedes juzgar a una persona solo por sus actitudes y acciones, tienes que conocerlo en verdad, para dar una versión propia de él.

-Solo lo comprobare cuando vea que no es una amenaza

-Cuidado Shaina, probablemente estás viendo maldad donde solo hay problemas.

-Nos vemos Marín-dicho esto la conversación se dio por terminada para la cobra, quien apresuro su paso a su nuevo destino: Capricornio.

/…/

Bajo las escalas tratando de no encontrarse con los dueños de los templos, no tenia ánimos de seguir mintiendo, de seguir diciendo "Buenos días", cuando para él los días ya no tenían nada de buenos, ya nada…

Evito solemnemente las invitaciones de Milo y Kanon a salir de parrandas, las de Aldebarán y Aioria de comer algo, Las de Shaka y Saga de conversar…evito todo…

Cuando por fin salió del santuario, suspiro ya casi resignado a su vida.

Camino en dirección a la aldea, siempre a sabiendas que sus pasos eran seguidos cautelosamente por un ser.

Tomo el autobús fijándose que nadie subió tras él.

Al llegar a Athena, descendió del vehículo y se encamino al hospital. En ocasiones se paraba frente a alguna tienda a ver las vitrinas, o más bien el reflejo de los vidrios, buscando a el que lo seguía, pero no veía a nadie sospechoso.

Al llegar al hospital, pregunto por el doctor en recepción y le indicaron el piso y sala de atención del especialista.

Tomo las escaleras ya que era en el tercer piso, pero algo paso, cuando iba en el descanso del segundo piso, descubrió que se sentía mareado y desorientado. Se sentó unos momentos en la escalera y comenzó a respirar. Tomo su mochila y busco en ella los medicamentos, mientras lo hacía, saco los papeles del médico, hayo los medicamentos al fondo de su bolso, tomo el frasco, pero este refaló de sus manos.

Bajo algunos escalones y lo recogió, después ascendió hasta su bolso, esa simple acción lo hizo perder la noción de en que piso se encontraba, mareado, desorientado…y molesto.

/…/

Tenía que admitirlo, ese santo era más astuto de lo que pensaba, incluso pudo darse cuenta que el santo de capricornio ya se había percatado de su presencia, y eso complicaba mucho más las cosas, pero no podía dejar que esto fuera una escusa en su misión, descubriría los secretos que el santo dorado mantenía y así evitar problemas para el santuario, no dejaría que la muerte y el peligro tocaran las arenas del recinto griego.

Vio cuando el santo tomo el autobús, y rápidamente pensó que lo perdería, y no podía hacer eso, pero las soluciones eran pocas, si tomaba el autobús, Shura la descubriría, si no lo tomaba, perdería de vista al español.

Miro hacia todos lados, y vio un local en el pueblo donde vendían pañuelos y gorros, fue y compro un gorro… tenía que actuar ahora y ya, leyó a donde iba el autobús y tomo el anterior a ese, ya en el vehículo, siempre siguiendo el cosmos del español, saco su máscara, con la cinta que siempre traía atada a la cintura, tomo su cabello para dejarlo en una cola y se coloco el gorro.

Sintió cuando el cosmos de Shura descendió en Atenas y bajo de su vehículo, desde mas menos unos 100 metros mantenía al santo en la mira, atento a cada movimiento, como miraba en busca de algo, como saco de su mochila una carpeta con papeles y como esta traía un emblema estampado: Hospital de Atenas….

Siguió al español hasta el recinto de salud, como este entro al hospital, prefirió seguirlo desde la parte trasera, así fue como encontró el acceso de las ambulancias.

Paso muy escondida entre las camillas y las ambulancias, hasta que encontró la puerta de acceso a los pasillos, mientras buscaba el cosmos de Shura, que de apoco se debilitaba, una enfermera pasó cerca de ella, sin verla, y se metió a una sala: personal autorizado…una idea…y esa estaba dentro de esa sala.

/…/

No sabía qué hacer, el mundo daba muchas vueltas a su alrededor y todas muy rápidas, tanto que el estomago estaba revuelto y el piso inestable, necesitaba hallar rápido al doctor, pero entre sus mareos y confusión, no hallaba a quien preguntar.

Deambulo entre pasillos, con la mochila a la espalda y los papeles en su mano, necesitaba llegar donde el doctor, pero tampoco encontraba a nadie, extraño para ser un hospital, además no veía ventanas, nada, solo muros y focos en la parte superior.

En un momento se apoyo contra uno de los muros, si el piso ya no era un lugar fijo, las paredes si lo serian, pero para su sorpresa, ni ellas, hechas de duros ladrillos y resistente cemento podían con él, pero como si de un ángel se tratara, una enfermera paso por el pasillo de enfrente, con su delantal blanco, de falda de igual color hasta la rodilla, Zapatos blancos, y su cabello verde tomado por una cinta.

El español se reincorporo como pudo y siguió a la enfermera, que al parecer también buscaba algo

-¿Señorita?-la llamo tratando de aparentar seriedad y tranquilidad, cuando en verdad le molestaba de sobremanera el estar así, pero la enfermera no contesto-¿Señorita?-volvió a llamarla, y esta al saber que ambos llamados eran para ella detuvo su marcha, pero no volteo

-Si…dígame señor-contesto aun sin mirar al hombre que lo llamaba, pero a sabiendas que esa persona se acercaba cada vez más a ella.

-Necesito ubicar al doct…-pero no pudo terminar, otro fuerte dolor de cabezas apareció, tanto que sus manos se aferraban a su cabeza tratando de calmar el dolor, pero no se podía…

En un momento su cuerpo peso tanto que cayó, pero este fue interceptado por el agarre de la enfermera. No recordó mas, solo la voz de la señorita de blanco…su voz y su perfume silvestre…Pirineos

-¡REACCIONA!, ¡VAMOS DESPIERTA!-las suplicas de la mujer se hicieron escuchar en toda todo el sector correspondiente al subterráneo, lugar donde se encontraban… Miro a sus alrededores en busca de ayuda, pero nadie aparecía, comenzaba a desesperarse, volvió a mirar al hombre en sus brazos y se fijo que le sangraba la nariz, rápidamente desarmo el moño y con la cinta trato de detener el sagrado de la nariz, en ese fugas movimiento, su mirada paso por sobre los papeles que ahora yacían en el piso y se detuvo en las palabras diagnostico y el resultado de este…

-Por dios…

/…/

Perezosamente comenzó a abrir sus ojos, de nuevo veía focos de luz, sintió como su cuerpo, antes inestable, ahora se encontraba recto en una camilla, mientras alguien escribía algo.

Trato de incorporarse, pero se percato que una sonda estaba conectada a su brazo izquierdo. Ladeo el rostro y vio al doctor sentado en su escritorio escribiendo lo que reconoció como su historial médico.

-Buenos días doctor

-Buenas tardes Shura-contesto mirándolo y sonriéndolo como si nada

-¿Tardes?, ¿Qué hora es ya?

-Son las 14:30, pasaste gran tarde de la mañana inconsciente

-Vaya

-¿Cuentas tomaste?-pregunto mientras se ponía de pie, se acercaba a la sonda y regularizaba las gotas que después caían e iban a las venas del joven

-¿Perdón?

-Ya sabes…

-No lo sé…al menos unos 4 o 5, el dolor era demasiado-se recostó de nuevo y suspiro…mientras escuchaba una melodía a lo lejos-¿Quién es?

-Andrea Bocelli…

-Canta bien

-Si…y es ciego desde los doce años, pero eso no le importo, es cantante, compositor, productor y sabe tocar varios instrumentos…Shura…

-Ya sabe mi respuesta doctor-interrumpió al doctor-apropósito doctor, dele las gracias de mi parte a la enfermera

-¿Qué enfermera?-el doctor dejo de hacer lo que hacía y miraba asustado a Shura-¿De quién hablas?

-De la enfermera que me ayudo

-Cuando te encontraron estabas solo

-Pero si una mujer de cabellos verdes atados a una cola me ayudo

-Un paramédico escucho unos gritos, pensó que venían de urgencias, y cuando paso por el subterráneo, estabas apoyado en un muro inconsciente…no había nadie más ahí y dudo que una verdadera enfermera deje botado a un paciente en medio de un pasillo-las palabras dejaron callado a Shura, que a pesar su mal estado de salud, no olvidaba la voz de la enfermera y su perfume silvestre…

Tras unos minutos, Shura se podía volver a poner de pie, ya sin los mareos ni las sondas

-Recuerda Shura, tomate los medicamentos solo en los momentos necesarios, y no excedas la dosis, lo de hoy fue una descompensación por ello.

-Está bien

-Vuelve el próximo mes, tendré los análisis de tu sangre y podre realizarte más exámenes de seguimiento-pero Shura no escuchaba, seguía pensando en la enfermera…

Retomo el camino de regreso al santuario, olvidándose del mundo, olvidándose del, y pensando que quizás esa enfermera fue una ayuda divina, o una alma caritativa que no quería verlo mal, pero no recordaba su rostro, solo su espalda y su voz…y su perfume…

Ya en el santuario, se presento ante el santo padre, inventando un informe sobre su ayuda en el hospital, informe que nunca existió y que nunca existirá según el español.

Cuando se adentro a Capricornio, volvió a sentir esa presencia que lo había seguido en la mañana, la había olvidado por completo por lo vivido, pero le preocupaba mas el hecho de que esta presencia ahora estuviera en su propia casa.

La sala de combates del decimo templo se mantenía silenciosa, demasiado para lo normal, cada paso que daba Shura para adentrarse en ella, era una alerta constante ante aquel ente que estaba ahí. Al estar frente a la estatua de su diosa, suspiro y volteo a mirara a sus alrededores, retaría a quien fuera…

-Seas quien seas, muéstrate cobarde-pero no hubo respuesta, solo silencio…-llevas todo el día siguiéndome, muestra tu rostro-pero nada y eso estaba llevando al Español al borde de su paciencia…y una de sus sienes comenzaba a punzar fuertemente.

Dejo su mochila a un lado y se preparo para el ataque, pero para su sorpresa, dentro de las sombras, distinguió la figura de su adversario, aquella persona que lo siguió…

-¿Qué sucede Santo?, ¿Te sorprendió verme?

-Shaina…

-Porque no les cuentas-las palabras dejaron desorientado a Shura. La amazona comino hasta estar a unos metros de él. Su cosmos, totalmente tranquilo, no demostraba amenazas ni intensiones de atacar, lo que provocaba en Shura más desconfianza aun.

-Que pretendes siguiéndome Shaina

-Respóndeme tu primero santo, ¿Por qué no les cuentas?-no contesto a su pregunto y ataco a la amazonas sin dudarlo, pero esta esquivaba todos los movimientos del español, no se defendía, pero tampoco mostraba indicios de querer atacar.

El español se percato de ello, y elevo su cosmos, amenazando con ella a la amazona de que esto no era un juego, pero esta ni se inmuto.

La furia de Shura segó todo raciocinio y lógica, dejando solo un orgullo dañado y una verdad descubierta. Uno, dos, tres, cien, daba lo mismo la cantidad de veces que escalibar saliera al ataque, Shaina los esquivaba todas y cada uno de ellas.

En un momento, las fuerzas del español declinaron, provocando que su ataque dejara vulnerable su espalda, la amazonas aprovecho ese lugar para en un rápido movimiento saltar sobre el español y posarse tras de él, cuando este intento girar, la chica tomo la mano izquierda del santo y la torció tras su espalda, mientras el otro brazo de la chica pasaba bajo el cuello del santo, deteniendo sus movimientos, el santo intento poner resistencia, pero de un solo golpe, dado por la amazonas con sus pies, el santo cayó de rodillas al suelo, imposibilitado de atacar.

-¿Porque no les cuentas Santo?-volvió a preguntar, deseaba una respuesta…no entendía

-No sé a qué te refieres-algo dentro de él le gritaba que sabia la verdad, que la amazonas estaba consciente de su condena, pero no quería creerse…

-Sabes a lo que me refiero…al tum…

-¡CAYATE!…-grito…no quería escucharlo, no ese nombre, el nombre de su verdugo, el que lo había colocado en la lista de la muerte sin ni siquiera darse cuenta, el silencioso enviado a la oscuridad…el solo escuchar su nombre lo enfurecía...

-Solo dime el porqué-quería entender, comprender por qué esa actitud del santo más leal y seguro del santuario, pero Shura no contestaba, no se movía, parecía casi…un muerto.

-Soy un Santo Dorado…y nada cambiara eso…-silencio…y Shaina comprendió el verdadero sentido a sus palabras, a sus acciones… a su silencio…nadie podía contra el orgullo de un santo dorado, ellos que eran capaces de enfrentarse contra dioses, que poseen un honor intachable...ellos…santos dorados…hombres inquebrantables…santos…

El agarre cambio…la mano que antes se firmaba fuertemente el brazo del español a sus espaldas ahora era suave, casi como una tomada de manos; el brazo que antes apretaba el cuello, ahora lo abrazaba y la mano se metía entre sus cabellos...

Shura quiso llorar, sabía que era compasión la que había hecho cambiar de postura a la chica tras suyo…pero…¿Acaso sentir ese extraño agarre, esa extraña forma de sentir que alguien más sabe de tu castigo, no es en cierto modo reconfortante?...

Compasión

La amazonas no esperaba un gracias y un lagrima de parte de la persona que estaba a sus pies, tampoco una palabra de ayuda, solo silencio…y eso lo agradecía, y por qué no, admiraba…había descubierto que ese santo que se encontraba de rodillas delante de ella nunca más dejaría caer su cabeza frente a otra persona, que no sucumbiría ante nada ni nadie…que caería como lo que era…un santo dorado de la orden de la diosa Athena.

-Te ayudare…guardare este secreto…y te ayudare hasta el último momento-mientras decía esto, fue dejando el agarre de la forma más delicada que podía expresar una mujer que había pasado toda su vida entre entrenamiento y hombres de guerra…pero mujer al cabo.

Shura escucho todo, asombrándose a sí mismo de dejar que esa persona, que no tenía ningún vínculo con él, lo humillara de esa forma.

-Porque lo haces-solo una pregunta…y necesitaba una respuesta… solo una respuesta…

-Lastima…-sinceridad…eso debió haber tranquilizado a Shura, pero solo provoco una pena inexplicable-Es eso lo que querías escuchar…no es lo que yo quiero decir…-concluyo la chica para retirarse, como si nada del templo de Capricornio.

Shura la siguió con la mirada y entendió…la enfermera y Shaina…la ayuda que no tomo de su mejor amigo Aioros y la que acababa de obtener de la desconocida amazonas…sonrió por las ironías de la vida…y por qué no…las de la muerte también.