Clint Barton, espía de SHIELD, sin embargo, actualmente era el chofer de Tony Stark: Viernes. ¿Cómo había llegado ahí? Larga historia, pero lo importante era que sus amigos y antiguos líderes de equipo tuvieran una nueva oportunidad, que sus vidas fueran mejores que lo pasado con Ultron y Thanos, todos merecían más. Algo mejor.

Afortunadamente, Odin fue lo suficiente amable y poderoso para hacer que destino alterara la realidad y tuvieran ese mundo alejado de amenazas universales, donde nadie había pasado décadas en el hielo ni sufrido atentados de terroristas armados.

-Strange también colaboro, no lo olvides-dijo Natasha en su comunicador, recordando de quién fue la idea.

-No le doy créditos a Houdini. Me puso de chofer-decía indignado.

-Es la única forma que tenemos de saber de Tony y Steve.

-Sam siguió con su puesto en la aviación.

-Era el modo de que siguiera junto a Steve. Bruce ya quiere saber de qué hablan. Pero cuando se lo diga no me va a creer.

-Lamentable, pero ambos creen que el otro no está interesado. Y pensar que la tensión sexual entre ellos era insoportable-susurro en su comunicador.

-Solo mantén tu atención en Tony, porque Jarvis no nos da acceso a los mensajes que se envía con el capitán.

Esa tarde se veía el cielo nublado y Clint insistió en que Tony no bajara del vehículo, pero él necesitaba esperar a Steve en ese portal, sin embargo, el rubio no apareció y cuando eran cerca de las siete de la tarde empezó a llover. Al inicio cayeron un par de gotas, pero luego el agua empapó las calles. El millonario esperaba sentado en la escalera del portal, sin saber si el militar aparecería esa tarde. Porque no habían hablado, ambos discutieron la noche anterior a través de mensajes que se enviaban desde que se conocieron por esa aplicación de internet.

-Señor, es mejor que…-intento Clint con un paraguas en mano.

-Vamos-susurro caminando al vehículo y sintiéndose el ser más estúpido.

En cuanto el vehículo partió fue que Steve salió del edificio. Había visto al castaño esperando, pero no podía sentarse a conversar después de la discusión que tuvieron en la noche, simplemente no.

Y fue así como esa tarde cruzó la calle más pensativo que de costumbre y no vio el vehículo que iba en su dirección. El que lo golpeó y dejó inconsciente en plena calle.