—Rápido señora—Elizabeth se sentía arrastrada en medio de una turba de nobles y después avanzaban a prisa por pasillos, escaleras, pasillos, gente, escaleras. —Espere aquí señora; avisaré a la reina que ya se encuentra usted en la corte y a salvo de sus enemigos.

Elizabeth se halló en la obligación de hacer una reverencia; comprendía que se metió en una cueva de lobos, tenía que probar todavía de que calaña eran; había a toda costa que amedrentarlos. Ridley; devolvió la reverencia, solo él y su señora sabían lo mucho que les estaba costando mantener a salvo a Elizabeth Burson; María Estuardo representaba una amenaza para los ingleses desde Francia, pero en Inglaterra, Elizabeth Burson era una amenaza para ella. Serían devueltos todos los golpes que María se atrevió a dar contra la reina. Elizabeth estaba decidida a devolver golpe por golpe, antes; habría que dar una ojeada a esa muchacha, decían que era tan lista como sus hermanos; y por los relatos del primo, sin conocerla, Elizabeth Tudor aprendió a no menospreciar a Bessie Burson. Pues; ella era el verdadero futuro de Escocia, no María Estuardo, aún con su legítima sangre real.

Al contrario, estaba decidida a recibirla en su corte como una buena amiga, y a tratarla como alguien de su familia; era una alianza que a la par convenía a ambas en el futuro. Inglaterra estaba todavía débil, empero; la reina de 25 años tenía toda la buena voluntad y confianza en su pueblo, podía atreverse a jurar que en un par de años, ella sería capaz de levantar el país que poco a poco se fue sumiendo en el caos. Buena cuenta tuvo de la valiosa ayuda que proporcionaron los Burson a la corona, gracias a sus ricas minas, gracias a sus influencias sin límites, Inglaterra fue capaz de sobrevivir, contar con la ayuda de la última Burson; y todavía muchísimo mejor. Aprovecharse de su desesperación, para llevarla por caminos desconocidos. Al mismo tiempo seguros hasta el poder; Elizabeth estaba convencida de que Escocia bajo los Estuardo era débil, más, solo se la imaginaba bajo el gobierno de una reina Burson; una protestante escocesa, descendiente del libertador máximo, ello sería la bomba.

Solo había que esperar la menor provocación…el menor error de María Estuardo y echaría el plan a andar sin reparos, su prima le ahorcó el cuello muchas veces, bien entonces ella usaría a Elizabeth Burson, para apretar el suyo hasta que pidiese clemencia, Francis II Valois no sería eterno; un día el rey de Francia moriría; y entonces, se acabaría la seguridad de esa apestosa Estuardo. Al entrar al salón, Bessie descubrió El salón estaba abarrotado y la gigantesca chimenea encendida ocupaba casi la mitad del muro exterior. La reina se sentaba a la cabecera, sosteniendo en su mano una copa plateada, en cuyo interior había vino, en tanto los demás Lores se giraron paulatinamente en torno a Elizabeth haciendo lo mismo que vieron hacer a su reina.

—Señores, lady Elizabeth Burson Wallace. —Anunció Elizabeth I, inclinando su cabeza, ligeramente; Elizabeth devolvió el gesto con una reverencia. —Desde hoy es mi invitada; y protegida, espero que reciba de ustedes el trato que merece.

La reina alzó sus brazos abriéndolos ligeramente, al acto; los doce hombres que se encontraban rodeando la mesa; le besaron la mano; únicamente porque era una Burson, y también, porque solo ellos sabían lo que Elizabeth Burson representaba para su reina. Aunque la mayoría de ellos, no estaba nada de acuerdo con las decisiones de su soberana, tenían que agachar la cabeza y acatar las órdenes de su reina.

—Ahora señores, ruego que nos dejen a Lady Elizabeth y a mi solas; tenemos mucho de que hablar.

Los Lores abandonaron con pasos firmes el salón donde se encontraban, pronto Elizabeth Burson y Elizabeth Tudor se encontraron a solas; Bessie no se sintió para nada incomoda, ante la presencia de la mujer, que representaba a toda Inglaterra; sino todo lo contrario, sin saber porque, se sentía tan a gusto como si se encontrase en su propia casa.

—Me complace demasiado saber que ya está fuera de peligro. —Elizabeth Tudor; hablaba mientras daba vueltas alrededor de ella; Elizabeth seguía sus movimientos con sus ojos. —Supongo que ya sabe usted, de la alianza que une a su familia y a Inglaterra desde hace más de cuarenta y cinco años.

—Sí, mi señora; lo sé, y estoy decidida a seguir conservando la amistad inglesa.

—Yo también quiero conservar la amistad, que ha unido por años; a mi país con tu familia, más me temo que te tengo malas nuevas.

Bessie palideció, la reina le ayudó a sentarse; debido a su palidez, creyó que la muchacha se desmayaría, sin embargo se sorprendió por su increíble temperamento; unos segundos palidecía hasta amenazar con el desmayo; al minuto siguiente, su cuerpo conseguía volver al color. Un rasgo demasiado admirable en alguien; de sangre tan pura.

—Debo parecer fuerte, ¿No mi señora? Los Estuardo se aprovechan de la debilidad de mi clan; para atacar como cobardes, no fueron capaces de darnos frente durante los años en que el clan se mantuvo fuerte, solo lanzaron indirectas y escondieron la mano; cuando se les descubría, ahora que la única Burson es una mujer. Es más fácil para María de Guisa mandar hombres de su guarnición francesa, a atacar un castillo donde hay no solo hombres y soldados, sino también; ancianos, mujeres y niños. Por ellos estoy decidida a todo; O recupero mis tierras, o muero en el intento; pero antes de morir, estoy tan dispuesta como usted a hacer que María Estuardo llore lágrimas de sangre.

Elizabeth asintió complacida; al menos la joven no se forjaba un mundo de ensueños, sabía perfectamente a lo que se tendría que atener en caso de que algo malo pasase. Lo mejor sería resguardarla por unos meses en la corte inglesa, después; la mandaría a Francia, y de la probable audiencia que tuviese con María; se deliberaría lo que tendrían todos que hacer, desde el momento en que pisó la corte inglesa; Elizabeth convirtió a Bessie en una pieza más de su tablero de ajedrez…hasta el momento en que Bessie misma consiguiese liberarse. Claro que lo haría, de ello la Tudor estaba completamente segura, de sobra sabía que los Burson no eran personas que se dejasen dominar; escuchó una vez, por boca de su hermana María, que los hombres eran fuertes, valientes y leales; las mujeres, cautivadoramente peligrosas a tal grado; que su peligro podía inclusive llegar a ser mortal para el enemigo en cuestión.

Elizabeth pretendió sacar tajada de las últimas palabras de Bessie; la muchacha se escuchaba segura; más, no por ello; la reina inglesa dejó de escuchar una pizca de temor en ellas. Había hablado en voz baja pero con dureza.

—Comprendo tu impotencia; pues yo también la sentí en su momento, a ambas; de algún modo o de otro María Estuardo nos hizo daño; y no solo ella, también sus aliados. Así que seré breve e iré directo al grano.

—Nada me placería más, su majestad.

—Bien; eres directa, y eso me gusta; tengo en la corte francesa, una amiga a la que también le encantaría ver a María arrastrarse en el fango, pero su nombre te lo diré después; de momento solo me basta decirte. —La reina alzó su mano extendiendo los dedos. —que mi amistad sincera; la tendrás siempre.

Bessie también extendió su mano; aquella amistad; le sería benéfica. Justo como toda amistad con el rey o reina ingles en turno, era benéfica para su familia.

—Y usted tendrá la mía; me dijo que me tenía malas nuevas.

—Oh, querida, lo olvidé por completo; se trata de tus tierras.

— ¿Qué hay con eso? —Bessie se precipitó; la reina le colocó una mano en el hombro, para calmarla. — ¿Qué han hecho esos Estuardo?

—Han quemado todo, por órdenes de María de Guisa; desde castillo, casas y cultivos.

El corazón de Bessie se aceleró, pero su rabia se expandió por todos los rincones de su cuerpo; haciéndola temblar, quemado; María de Guisa quemó todo; pues bien, como mencionó antes, que disfrutara de su momento de triunfo; que ella misma les haría ver su suerte.

— ¿No hay nada que hacer? —Habló Bessie, con desconfianza; pero aguardando siempre un rayo de esperanza. —Debe haber algo, que pueda hacer usted.

—Lamentablemente; yo me encuentro en tu misma posición; María ya ha reclamado mi trono desde Francia, me acechan el rey de España, el duque de Norfolk y claro el vaticano; en Inglaterra no hay católico que no quiera quitarme del trono por ser hija de un matrimonio no concebido por su dios; cómo puedes ver, ambas sufrimos del mismo dolor; tú por ser enemiga de tu reina; yo por ser la heredera al trono inglés, aunque sea ilegítimamente. Mi trono peligra como no me case y tenga herederos. No estaré segura.

Bessie; escuchó con atención las palabras de Elizabeth, se dio cuenta de que ambas tenían demasiado en común. También al tiempo recordó la canción de su familia; una balada dedicada al escocés que formara su dinastía y la hiciese más fuerte; casándose con una de las hijas de William Wallace; hecho que le valió inclusive el respeto del guardián de la frontera inglesa. La canción relataba de un hombre que fue abandonado a su suerte; y sobrevivió; pues cosa curiosa, ella como la última mujer Burson; estaba abandonada a su suerte, sobrevivir era su tarea más constante; solo que había una carta a su favor que nadie, ni si quiera la reina María, ni María de Guisa; ni el papa podían quitarle: Estaba viva, tan viva como el primer Burson que llegó a Escocia.