Bleach no me pertenece... por desgracia :/
CAPITULO 2: ALUCINACIONES
Renji no sentía su mano derecha y ésta tampoco le respondía, sus articulaciones y tendones ya no podían extenderse más. La sangre también parecía había haberla abandonado y un molesto y doloroso hormigueo recorría su antebrazo. Su mano izquierda tampoco estaba muy relajada, pero al menos la sentía. Afortunadamente y gracias a la presión psicológica de su capitán, el tedioso papeleo al fin estaba terminado.
Se estiró en la silla mientras bostezaba y frotaba sus muñecas tensas. Dio un profundo suspiro y se desplomó sobre la mesa. Sus párpados pesaban una tonelada y lo único que quería hacer era dormir. Poco falto para que se durmiera sobre la mesa, pero estaba seguro que su capitán lo regañaría (por decirlo de una forma amable) si lo veía babear sobre su escritorio. Levantó la vista hacia el otro extremo de la oficina, donde un relajado Byakuya bebía tranquilamente su té.
"Diablos, ¿cómo puede lucir tan fresco? ¿es qué acaso no lleva trabajando desde ayer? Se quedó mirándolo con desconfianza, pensando en que tal vez el capitán había dormido un poco y lo había dejado a él solo lidiando con todo el trabajo.
- ¿Qué pasa Renji? – preguntó Byakuya con su voz fría de siempre, sin levantar la vista de su té.
- Na-nada – respondió el pelirrojo para luego volver a desplomar tu cabeza sobre la mesa.
- Vamos, es hora de irnos – dijo el capitán levantándose de su silla.
- ¿Eh? ¿A dónde? – preguntó un confundido teniente.
Pero Byakuya como siempre no respondió y salió de la habitación, Renji a veces se sentía un idiota por preguntar cosas así cuando ya sabía que su capitán no le diría nada. Suspiró resignado y arrastró sus pies hacia la dirección en la que iba Byakuya.
- Capitán ¿a dónde vamos? – insistió Renji – no me diga que hay más papeleo por hacer – miró sus manos adoloridas y temblorosas y comenzó a llorar internamente. Ya eran las dos de la tarde y lo único que quería era llegar a su habitación y desplomarse en la cama.
- Byakuya le dio una mirada seria y cerró los ojos. ¿De qué se quejaba tanto, si todo fue por su culpa en primer lugar? Por acompañar a Ichigo en el mundo real durante toda la semana siguiente a su nombramiento en el 13vo escuadrón y dárselas de vago, fue que todo ese trabajo se había acumulado. Ni siquiera debería quejarse. Era su culpa, total y completamente su culpa.
Renji miraba a su capitán que caminaba delante de él. Casi podía leer sus pensamientos, seguramente lo culpaba de tener que hacer todo ese trabajo atrasado. Pero claro, la culpa no era suya, si no del líder del clan Kuchiki quien lo obligó a acompañar al pelinaranja durante la semana anterior para evitar que Rukia e Ichigo estuvieran solos.
Obviamente el capitán no veía su culpa ¿es que acaso quería que se llevara los informes al mundo real para terminarlos allá mientras espiaba a sus amigos? Eso era ridículo. Suspiró. Por lo menos esa pesadilla había terminado. Rukia se había quedado unos días más en Karakura, pero ya había vuelto esta mañana, así que todo regresaría a la normalidad, o al menos eso quería pensar. Ambos shinigamis seguían caminando por los pasillos del sexto escuadrón sin un rumbo fijo. Renji se rascaba la cabeza, sin saber a dónde diablos se dirigían.
Iba a preguntarle una vez más a su capitán a dónde iban, pero antes que pudiera articular palabra alguna un shinigami apareció ante ellos, arrodillándose y colocando el puño derecho sobre el suelo.
- ¡Capitán Kuchiki! - habló con prisa – ¡tenemos un reporte urgente!
- ¿Qué ocurre? – preguntó Byakuya con calma, Renji se había parado a su lado y veía extrañado al shinigami agachado frente a ellos.
- La teniente Kuchiki del 13vo escuadrón ha sido gravemente herida en el bosque del Rukongai Sur – dijo nervioso – Alguien la encontró y la trajo de regreso al Seireitei, pero aún sigue inconsciente y no sabemos qué ocurrió.
- ¿En dónde está ella ahora? – preguntó un angustiado Renji - ¿y quién la encontró?
- La están llevando al 4to escuadrón – respondió – y quien la encontró fue…
- Renji – interrumpió Byakuya - ve con este hombre y vayan inmediato con Ukitake a contarle lo ocurrido.
- ¡Sí! – respondió – ¿y usted que hará, capitán? – preguntó el pelirrojo, pero Byakuya ya había desaparecido.
Renji se quedó viendo el polvo que dejó Byakuya tras marcharse con un shumpo, seguramente iba hacia el 4to escuadrón a ver a Rukia. Sólo él pudo notar la preocupación que apareció en los ojos del noble cuando escuchó que Rukia había sido herida. Quizás ya había llegado, Renji también estaba preocupado y quería ir a verla. "Maldición" ¿qué diablos habrá pasado? pensó, angustiado por su amiga, pero ya lo averiguaría. Por ahora debía cumplir lo que le habían ordenado; avisar al capitán de Rukia. Tomó por la ropa al shinigami que seguía agachado y ambos desparecieron con un shumpo del lugar.
Al día siguiente…
Atardecía y en el cuarto de recuperación del cuarto escuadrón una pequeña shinigami de pelo negro parecía dormir plácidamente. Sus heridas ya habían sido tratadas y ahora sólo faltaba esperar a que despertara. A lo lejos podía oír voces llamándola ¿Quiénes eran? No podía identificarlas, pero le resultaban familiares.
Poco a poco iba recuperando la consciencia, trató de acomodarse y una pequeña punzada de dolor le recorrió por todo el brazo.
- Tonta, no te muevas tanto, aun estás herida – dijo una voz masculina.
Rukia se movió nuevamente y ante otra punzada de dolor consiguió despertarse más. Hizo el esfuerzo en abrir los ojos y una figura difusa poco a poco se definía frente a ella. Parpadeo durante unos segundos hasta lograr reconocer a quien la miraba fijamente.
- ¡Oh! Ya has despertado, creí que dormirías para siempre.
- ¿Renji? – la voz de Rukia sonaba débil y su cara todavía lucía algo pálida- ¿dónde estoy? – preguntó.
- Pues en el cuarto escuadrón, ¿en dónde más? – dijo Renji burlón – has dormido todo el día, nos diste un gran susto – se rascó la cabeza y se sentó en la cama junto a ella – el capitán acaba de irse a su casa, creo que fue a buscar algo para ti.
- ¿Nii-sama? – preguntó y un ligero rubor apareció en sus mejillas. Aún no dejaba de sorprenderse cada vez que Byakuya se mostraba preocupado por ella a pesar que con el tiempo que pasaba su relación cada vez se hacía más cercana y su nivel de adoración crecía aún más - ¿Él estuvo aquí?
- Pues claro, tonta – respondió el pelirrojo - apenas supimos lo que ocurrió el capitán vino a verte y se quedó todo el día contigo.
Rukia sonrió y su pálida cara comenzó a tomar un color rojo. A Renji le encantaba verla sonreír así, esa sonrisa que siempre calmaba su corazón y que sólo algunos conocían.
Se dio cuenta que la estaba viendo con una sonrisa idiota en la cara, así que volteó la vista y tosió para despejar su mente. Justo en ese momento Byakuya entraba en la habitación.
- Rukia – dijo con su voz de siempre, pero Renji pudo ver el alivio que apareció en su semblante al ver a Rukia despierta – veo que has despertado ¿cómo te sientes?
- Nii-sama – respondió – ya estoy mejor. No fue gran cosa – dijo encogiéndose de hombros.
- ¡Idiota! Si por poco y mueres – alegó Renji quien estuvo a punto de darle un golpe en la cabeza ¿cómo podía ser tan despreocupada? Tenía a casi todo el Seireitei vueltos locos por saber qué diablos le había pasado y ella actuaba como si nada. Si su capitán no estuviera presente, seguro le daba su buen golpe.
- ¡No es para tanto! – alegó ella – y tampoco casi muero, solo… me cansé y me desmayé.
Renji rodó los ojos y se encogió de hombros, ya sabía que de nada servía discutir con esa pequeña testaruda. Lo bueno es que si podía ponerse a discutir era porque ya estaba mucho mejor, pero aun así una venita palpitante apareció en su cabeza. Byakuya observaba silencioso la escena. Se sentía aliviado que no le hubiese pasado nada grave a su hermana, pero se preguntaba qué era lo que había ocurrido en el bosque del Rukongai. En primer lugar, ¿qué hacía en el Rukongai? ¿y por qué no llevaba su espada?
- Rukia – dijo Byakuya interrumpiendo a ambos tenientes que ya se mostraban los dientes - ¿qué fue lo qué paso?
- No lo sé – respondió ella bajando la vista – sólo recuerdo una explosión en el bosque y de pronto alguien me atacó con una especie de energía que parecía kidoh.
- ¿Y qué hacías en el bosque? – interrumpió Renji acercando su cara peligrosamente a la de ella.
- Fui a dar un paseo – respondió con simpleza y alejándose un poco de él.
- ¿Paseo? – Renji arqueó una ceja, incrédulo.
- Sí, estaba aburrida y salí a caminar por ahí.
- ¿Y por qué no llevabas tu espada? – interrogó de nuevo.
- Porque fui a dar un paseo, ayer era mi día libre, tonto ¿por qué crees que vestía un kimono? ¿para qué diablos saldría con mi zampakutoh?
En ese momento el cerebro de Rukia hizo clic y recordó el precioso kimono que debía estar destrozado. Se sentía culpable. Ese kimono se lo había regalado su hermano para la celebración del año nuevo en el Seireitei, era algo muy preciado para ella y ahora debía estar hecho trizas. Bajó la mirada tristemente y se quedó en silencio.
- ¿Qué ocurre? – le preguntó Byakuya quien notó la tristeza en la cara de Rukia.
- El kimono… el kimono que Nii-sama me regaló, debe estar destruido – suspiró con pesar.
- ¿Te preocupas por un tonto kimono? – preguntó un desconcertado Renji.
Ambos Kuchiki le dieron una mirada furiosa. Rukia quería golpearlo por atreverse a insultar algo tan hermoso regalado por su adorado hermano. Byakuya también quería golpearlo, pero pensándolo bien ¿cómo podría un pobre mono salvaje como Renji comprender el significado de un regalo así? Para él debía ser sólo una prenda para vestir y nada más.
- No te preocupes por eso – añadió Byakuya ignorando a su teniente –puedo darte otro. Mira, te traje algo, lo encontré algo en tu habitación y pensé que te gustaría tenerlo aquí.
- ¿Qué cosa? – preguntaron Rukia y Renji al unísono.
Byakuya tomó un paquete envuelto en una tela morada y lo depositó sobre la cama, desató el nudo y sacó un enorme peluche de Chappy que tenía en el cuello una cinta roja y un amuleto de tela.
Los ojos de Rukia brillaron de emoción y felicidad. No recordaba que fuera tan hermoso el deforme conejo ese, quería abrazarlo, quería jugar y dormir con él. Renji la miraba sorprendido, ya conocía la afición de su amiga por esos animales malhechos, pero verla reaccionar de esa forma tan infantil era algo digno de ver.
- Otra vez ese feo conejo deforme – se burló Renji dando una gran carcajada.
- ¡No es feo! – lo defendió Rukia - ¡es adorable!
Byakuya seguía sosteniendo el conejo, mientras que Renji lo picaba y Rukia se ofuscaba con él por maltratar a su más reciente adquisición.
- ¿Cuánto pagaste por esta cosa? – preguntó Renji que ahora halaba de una oreja del conejo.
- No pagué nada – dijo ella molesta, mientras tiraba de una mejilla de su pelirrojo amigo – fue un regalo.
- ¿De quién? – preguntó curioso. Byakuya se tensó de pronto y puso atención a la conversación, algo de aquello no le gustaba nada.
- Del tío Isshin, el papá de Ichigo – respondió seria – me dijo que es de buena suerte dormir con él, tiene un amuleto protector que sirve para la fer… para la ferti… fertili… algo – añadió confundida, pues no recordaba la palabra.
Byakuya palideció, soltó al conejo y lo dejó caer en la cama como si fuera una piedra caliente que quemaba sus manos. Una venita palpitaba en su cabeza. "¡Ese bastardo de Isshin!" pensó, definitivamente odiaba a los Shiba. Por suerte Rukia no recordaba la palabra esa y tampoco debía saber su significado y Renji era un idiota que no se daba cuenta de nada, así que el amuleto de fertilidad desparecería fácilmente de este mundo. "Insolente granuja" pensó. Jamás permitiría que el miserable de Isshin intentara formar algún tipo de alianza entre su hermana y el canalla de su hijo, antes tendría que pasar sobre su cadáver.
Envolvió el conejo con la tela morada, tratando de no tocarlo y con un chasquear de dedos, un par de los guardias de la mansión Kuchiki aparecieron (quien sabe de dónde) en la habitación del cuarto escuadrón.
- Llévense esto lejos y que no vuelva a ver la luz del día – ordenó entregándoles el paquete. Los guardias desaparecieron en un segundo.
- Nii-sama ¿por qué…? – pero Byakuya no respondió, sólo cerró los ojos.
- No te preocupes Rukia, seguro que Ichigo puede traerte más de esas cosas del mundo real – Renji trató de alegrarla, pero no sintió la mirada asesina que le dio el capitán.
- ¡Oh! – algo pareció haber hecho clic por segunda vez en la cabeza de Rukia durante ese tiempo, faltaba algo por preguntar, algo muy importante. No se había dado cuenta que faltaba alguien en esa habitación – Por cierto Renji, ¿dónde está Ichigo? – preguntó.
- Bah, yo que sé – respondió encogiéndose de hombros – probablemente en su casa haciendo tonterías.
- Idiota, si estuvo aquí hace unas horas - tanto el pelirrojo como el capitán la miraron confundidos - ¿dónde está?
- ¿A qué te refieres? – preguntó Byakuya.
- A que él me encontró en el bosque – respondió extrañada ante la reacción de los dos hombres.
- Rukia, Ichigo no ha ingresado al Seireitei desde que fue nombrado en tu escuadrón hace once días – informó Renji quien ya comenzaba a preocuparse.
- Imposible, el me trajo al Seireitei – explicó confusa.
- No fue él, idiota, te digo que no sabemos quién diablos te encontró, la persona que te trajo al Seireitei desapareció y nadie sabe quién es – le regañó Renji.
- No puede ser…
Rukia no podía creer lo que su amigo le contaba. ¿Sería posible que Ichigo la encontrara, la dejara en el Seireitei y se fuera después? No, el nunca haría eso, conociendo a ese idiota se quedaría con ella hasta ver que estuviera bien. ¿Lo habría imaginado entonces? Ahora que lo pensaba, no podía ver casi nada esa vez, apenas divisó una cabellera naranja, y al estar tan agotada, ni siquiera prestó atención a su energía espiritual.
"¿Qué diablos?" pensaba. Se sentía idiota y avergonzada de estar alucinando con Ichigo en los momentos críticos, y un rubor apareció en su cara nuevamente. Comenzó a jugar con sus dedos y sacudió su cabeza. No debía pensar en esas cosas, no con su hermano presente y menos con ese entrometido de Renji. Ya habría tiempo para aclarar las dudas, por ahora quería volver a descansar y pensar en otra cosa igual de importante… ¿dónde estaría ahora su adorado conejo? ¿y por qué su hermano se deshizo de él?
