Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, excepto por algunos que yo misma he creado para poder narrar la historia. La historia no es mía, ya que me he inspirado en una película hindú llamada "Kuch Kuch Hota Hai" que en español significa "Algo sucede en mi corazón."

Lo que está en cursiva significa que es una escena del pasado y los tres puntos un cambio de escenario.


CAPÍTULO 3

EL PASO DEL TIEMPO

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12 años después

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En la bella ciudad de Konoha se presentaba un cálido día que anunciaba que el verano abría sus puertas para dar paso a las tan ansiadas vacaciones de verano que todos los estudiantes estaban esperando de hacía mucho.

Una niña de oscuros cabellos y hermosos ojos verdes azulados peinaba su azabache melena atándola en dos pequeñas coletas baja que ató con dos lazos, que le regaló su madre cuando cumplió 6, quedando a la altura de sus hombros. Se miró al espejo y sonrió le gustaba mucho sus lazos, eran de color violeta, su preferido; además que se lo regaló su amada madre, por eso siempre los llevaba consigo.

La pequeña estaba feliz de que las clases ya se hubieran finalizado, hoy solo tocaba el festival de la tarde en su escuela, que se hacía todos los años para despedir a los estudiantes de sexto grado y como ella era una de estos estaba ansiosa. Primero por el pequeño pica-pica que iban a hacer en su salón y luego por el concuerdo que esta vez iba a ganar, ya que el año pasado no pudo participar a causa de un tonto resfriado.

Miró su reloj, las nueve de la mañana, tenía tiempo de sobras para hacer varias cosas, posiblemente una de esas podría ser grabar el video para el concurso de su reportera favorita, la idea de llegar a conocerla en persona parecía simplemente un sueño, uno que, por supuesto algún día haría realidad, tal vez pronto de lo que creía si ganaba el concurso. Tendría que hacer un muy buen video si deseaba poder ganar, seguramente habría un montón de participantes con maravillosas ideas, ella no se podía quedar atrás.

Abrió su gran ropero, discorde a su pequeña estatura. No es que ella fuera pequeña, por el contrario, poseía una altura envidiable para una niña de su edad, estaba feliz con su 1,47; lo que ocurría era que su armario era ridículamente enorme. Tomó unos shorts de color coral junto con una camiseta de tirantes blanca con la imagen de un gatito en medio. Después de cambiarse caminó con sigilo y tranquilidad hacia un de los armarios de su hogar, necesitaba tomar "prestado" la videocámara y el micrófono que su padre había guardado después del incidente que había tenido con la anterior, diciéndole que no la podía volver a tomar. Miró hacia todos lados, no viendo a nadie y sonrió triunfal, su plan era perfecto, como cualquiera que ella hubiera hecho.

–¿Se puede saber que crees haces Hinata Uchiha? –la pequeña giró despacio y sonrió con nerviosismo al escuchar aquella pregunta. Su abuela estaba frente a ella, con sus brazos cruzados y una mirada de reproche.

Que Mikoto recordara le habían terminantemente prohibido agarrar la nueva videocámara ya que la anterior había acabado al fondo de la piscina por el video que la pequeña estaba grabando. Así que no iba a dar su brazo a torcer, quien sabía que era lo que iba a hacer de nuevo si se la prestaba.

Al instante apareció Fugaku, con su habitual cara estoica que miraba la conversación que ellas estaban teniendo. Hoy podía salir más tarde ya que sabía que Sasuke se encargaría de los clientes de primera hora, agradecía que al menos uno de sus hijos siguiera con el negocio familiar. Aunque claro, él lo ayudaría con los demás clientes ya que luego iba a salir con su adorada nieta de compras.

–¡Abuelito! –dijo la pequeña mientras le sonreía, sabía que él era débil ante sus sonrisas, le sería más fácil convencerlo a él que a su abuela. –Quería tomar la videocámara y el micrófono para hacer un video para el concurso de Mel-san. Juro que esta vez tendré mucho, mucho cuidado–prometió con una mano en su pecho y la otra levantada mientras lo miraba con ojos de cachorrito, esperando que su reacción hiciera efecto.

–Te hemos dicho que no podías tomarla Hinata–habló con autoridad, no podía simplemente ignorar el mandato de su hijo, además, conocía lo traviesa que era su nieta. La niña hizo un mohín, de verdad necesitaba la videocámara, era muy importante, su sueño estaba en peligro.

–Abuelito, por favor, de verdad, de verdad tendré mucho cuidado, es muy importante–pidió con voz melosa, el mismo jugaba con sus dedos y lo miraba con sus expresivos ojos que parecían comenzar a hacer efecto en el mayor, que sonrió de costado al ver lo tierna que era su nieta.

La azache se fijó en la casi imperceptible sonrisa de su marido, ya había caído en sus redes. Mikoto sabía lo manipuladora que era la pequeña, en ese aspecto se parecía demasiado a Sasuke, sabía perfectamente que ella se lo iba a negar, por eso se lo pedía a su marido. Pero incluso para ella esa era una imagen bastante enternecedora, le recordaba al tic de cierta peli azul cuando se ponía nerviosa.

Con el paso del tiempo, a pesar de tener la piel y el cabello igual a su hijo el rostro de la pequeña Uchiha había cambiado hasta parecer una copia exacta de su madre, aunque tenía un carácter más parecido a Sasuke y Hinata, ya que también tenía una actitud inocente que recordaba a la portadora de su nombre, junto a otros detalles.

–Esta bien, pero ten cuidado. Tu papá la quiere utilizar hoy para el festival de tu escuela–le advirtió haciendo que la azabache asintiera mientras Mikoto lo fulminaba con la vista por haberla desautorizado. Después de un "Gracias" y un beso en su mejilla de sus abuelos la niña se fue hacia marchó muy alegre.

–Quien imaginaría que el gran Fugaku Uchiha caería frente a una niña pequeña–se burló Mikoto de su marido logrando sonrojarlo, una de las cosas que más adoraba. –Me gusta–dijo dándole un beso en su mejilla.

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El viento era cálido en la ciudad de Suna, un claro presagio de que sería un verano bastante caluroso, pero de alguna manera también reconfortante. Una niña estaba sentada en un columpio de su jardín, se Mencía con parsimonia. Era uno de sus lugares favoritos, siempre que estaba allí podía sentir paz y tranquilidad, le gustaba la sensación del aire meneando cabello azul atado en dos trenzas formado por hebras azuladas, heredadas de su madre. Mantenía los ojos cerrados, porque así se imaginaba que podía volar y ser totalmente libre. Le encantaba esa sensación tan cálida que se instalaba en su pecho, como si el viento la abrazara y se sintiera cerca del cielo, que en realidad se encontraba a quilómetros de distancia, para desdicha de la pequeña.

–¡Miu! –le llamó una voz que conocía muy bien. Uno de sus mejores, a quien quería como un hermano agitaba su mano y venía con un animado Akamaru, que a pesar de la edad del can aún se movía como si fuera un lindo cachorro. La pequeña saltó del columpio y dirigió sus azules ojos hacia el castaño que le sonreía.

Su primo había crecido en estos años, su cabello marrón era del mismo tono que su padre, además de poseer algunas facciones bastantes similares, aunque su cabello más rebelde que el de él y poseía los ojos que indicaba que también era un Hyuga, herencia de su querida madre a pesar de esa fiereza en su mirada que era de Kiba.

–Buenos días Tatsu-kun–saludó la pequeña en tono dulce y con una preciosa sonrisa haciendo ligeramente sonrojar al chico, que la miraba con ternura. ¡Adoraba a su querida prima! Y ya sin poder contenerse empezó a frotar sus mejillas con las suyas logrando casi asfixiar a la peli azul por su actuar un tanto brusco.

La pequeña Otsutsuki tenía un carácter muy dulce y amable, igual que Hinata, aunque la niña podía tener mucho más carácter que su progenitora, actuando diferente a ella en muchas situaciones, pero igual en otras. Físicamente era casi igual a su madre, de no ser por el color de sus ojos, de los cuales estaba muy orgullosa, ya que para ella eran el legado de su padre, al que adoraba y admiraba con todo su corazón.

Un carraspeo interrumpió el dulce momento para el castaño, logrando que Tatsuya chasqueara su lengua con desdén al ver de quien se trataba.

–Estas molestando a Miu. Suéltala–ordenó con voz potente, solo logrando que el castaño la apretara más a él haciendo que se enfadara y el chico sonriera victorioso por su reacción, adoraba enrabiarlo.

–Tatsuya–la monótona voz del mejor amigo del Inuzuka se hizo presente logrando que esta vez si la soltara, a pesar de que no quería. El chico tenía la cabellera rubia y ojos pardos igual a su madre, pero era tan serio y estoico como el mismísimo Shino, a pesar de que el rubio podía demostrar mejor sus emociones y sentimientos, ya que era bastante más abierto que su padre, cosa que se debía claramente a Miyuki.

La peli azul sonrió, a veces Yuta podía ser demasiado sobreprotector, inclusive en eso se parecía a su tío Neji. Recordaba todas las situaciones que se ponía igual que su primo cuando debía proteger a su madre.

–No seas así Yuta-nii. Tatsuya no me estaba molestando–dijo acariciando su cabeza, ocasionando que se sonrojara ligeramente. Podía ser el mayor, pero aun así era débil ante sus caricias, mejor dicho, frente a ella.

–¡No es justo! Yo también quiero–se quejó Tatsuya molesto al ver como solo hacía mimitos al Hyuga, que era dos años mayor que ellos. Daichi también se aproximó en silencio hacia ella, aunque no lo dijera abiertamente él también quería que lo acariciasen, después de todo veía a la chica como su hermanita.

Ella depositó un casto beso en la mejilla de los tres chicos y les mostró una de sus mejores sonrisas, logrando sonrojarlos. Tatsuya volvió a abrazarla logrando que su respiración se viera otra vez afectada y que Yuta le reprendiera mientras Daichi solo observaba cansado, volviendo a la misma escena anterior.

–¿Se puede saber que hacen? –un chico de pelo rojo y orbes violetas los miraba molesto. –Los hermanos Hyuga siempre haciendo de las suyas–dijo con sorna mirando a los dos castaños. Era verdad que Tatsuya y Yuta eran bastante parecidos a causa de mismo color de pelo y ojos, si el castaño mayor tuviera la misma edad que ellos incluso habrían pasado por gemelos, para pesar de ambos. Por eso detestaban que recordaran su parentesco.

–¡Soy un Inuzuka! –se quejó el castaño menor, odiaba que dijeran que era igual que el bobo de Yuta.

–¡No te atrevas a meterle en mi familia! –gritó indignado el Hyuga mayor logrando que el otro castaño se molestara y empezara una disputa a la que también metieron a Satoru ya que fue él quien había sacado el tema, inclusive al pobre de Daichi, que no había hecho nada.

–¡No peleen! –gritó Miu enfadada logrando que parasen de golpearse. La chica era dulce, calmada y un poco tímida con los desconocidos, pero sacaba su carácter cando la situación así lo apremiara. Además, no les gustaba verlos pelearse, ellos eran como sus hermanos, así que le dolí el verlo en esa situación. –Perdona que te grite a ti también Dai-chan, nunca haces nada y también recibes–se disculpó la morena a su amigo que solo le sonrió ligeramente y acarició su cabello logrando que ella riera y lo abrazara.

–Está bien, ya estoy acostumbrado–habló mientras la miraba haciendo que los otros tres vieran con molestia al rubio, al final siempre era igual, acababan peleando y eran reprendidos por Miu, cosa que por supuesto no les gustaba, para que al final el único que se llevara los mimitos fuera el rubio del grupo.

–Lo siento–dijeron los tres a la vez, logrando que esta vez ella les volviera a sonreír.

–Intentad no pelearos tanto, somos familia, al fin y al cabo–dijo Miu. –Tú también, ven Daichi–dijo haciendo que el chico se acercara y acabaran en un abrazo grupal que ellos detestaban, pero nunca lo decían ya que sabía cuan feliz hacia a la pequeña y para ellos eso era suficiente.

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La pelinegra alegre de conseguir su objetivo se encaminó hacia la base, así era como habían llamado al cobertizo que estaba en su patio. En verdad todo se debía gracias a la maravillosa idea de su tía Ino, ya que ella había hablado sobre tener un lugar para que los niños se juntasen y jugasen, por lo que todos los adultos optaron por reformar el cobertizo de la casa Uchiha para convertirlo en un lugar cómodo, casi lujoso donde todos sus hijos se pudieran reunir y jugar.

Era bastante espacioso para todos ellos, incluso habían puesto dos plantas, tampoco es que fuera inmenso, pero si bastante grande. La base había sido muy buena para ellos, después de todo era prácticamente un espacio fuera de adultos donde podían hacer lo que quisieran, claro que siempre con cuidado y prudencia. Además de que era como una casa para ellos, ya que disponían de sus consolas favoritas, mangas y libros para leer, ubicados en la segunda planta y en la primera una mini nevera para guardar bebidas y comidas, además de varios compartimientos para juguetes entre otras cosas. Inclusive tenían calefacción y un aire acondicionado que se agradecía en un verano tan caluroso como lo estaba empezando a ser este.

Abrió la puerta, subió las escaleras y al entrar enfocó hacia los tres muchachos que se encontraban allí con la videocámara. Ninguno de ellos se había dado cuenta de su presencia, o al menos eso le hacía creer a ella, ya que estaban demasiado entretenidos como para saludarla. Cada uno de ellos era muy diferente al anterior, a pesar de que dos compartían el mismo color de cabello y ojos. Colocó la cámara en la mesa y dándoles la espalda a ellos comenzó con su discurso.

–¡Hola! Soy Hinata Uchiha–se presentó con una gran sonrisa. –Y están viendo–pensó unos segundos. –El canal Hinata–dijo por el micrófono mientras alzaba los hombros y sonreía.

Se acercó a donde se encontraban ellos y los fue presentado uno por uno, a pesar de que ni la mirasen.

–Este es Inojin Yamanaka uno de mis mejores amigos. No se dejen engañar por ese aspecto dulce y tranquilo, puede ser bastante insensible si se lo propone–dijo riendo mientras el chico seguía entretenido con el videojuego sin siquiera dirigirle una mirada. –Aquí tenemos a Shikadai Nara, también uno de mis mejores amigos. Él es realmente un "genio", aunque por su puesto yo soy mejor–habló giñando un ojo. Ocasionando que el chico resoplara con cansancio. –Por último y menos importante–sin poder evitarlo empezó reír por lo que había dicho. –Tenemos al hijo de mi padrino, Naoto Uzumaki. Un chico tope, terco y bastante ruidoso–esperaba que él se defendiera como usualmente solía hacerlo, pero seguía demasiado entretenido con el videojuego, causando que Hinata se molestara y soltara un "bobo" mientras hacía otra vez un puchero.

Se alejó de ellos ya que parecían que no le iban a prestar atención hasta que terminaran de jugar. Se acercó a un poster gigante que tenía la fotografía de una hermosa mujer de cabellera castaña y profundos ojos miel.

–Cuando sea mayor quiero ser presentadora, ya saben cómo Mel-san–dijo señalando a la chica del poster. –Mis hobbies son…–puso su dedo en su cachete en señal de meditación. –Comer royos de canela, molestar a mis amigos–habló para después tapar la pantalla del pobre Naoto logrando su muerte en el videojuego.

–¡Hinata! –gritó enfadado el rubio que la miraba con ganas de matarla, pero ella lo ignoró y rio mientras seguía grabando, seguro que después se le olvidaba y la perdonaba, como siempre lo hacía.

–Como decía mis hobbies son; comer dulces, molestar a mis amigos–dijo señalando con el pulgar al rubio que giraba los ojos poniéndolos en blanco. –Hacer enfadar a mi abuela, y…leer las cartas de mamá–una triste sonrisa se hizo presente en su rostro.

Los tres notaron el ligero cambio de voz en su amiga, sabía que ese era un tema muy sensible para Hinata, pero al ver como rápidamente cambió esa expresión por una sonrisa se tranquilizaron y no intervinieron.

–¡Oh, llego tarde! He de arreglarme para encontrarme con papá. Pero no se preocupen, volveré la semana que viene. A la misma hora, en el mismo lugar. No se lo pierdan–dijo haciendo un disparo imaginario a la cámara para después apagarla y ver lo que había grabado, le había quedado bien y bastante casual.

El chico rubio al que hacía segundos antes le había hecho perder la partida se acercó a ella, lucía muy enfadado.

–¿Se puede saber que crees que haces? –le dijo mirándola escéptico sin comprender su acción.

–Pues veras, Mel-san, ya sabes, la presentadora de televisión está haciendo un concurso de videos. Así que decidí participar, quiero conocerla en persona–le contestó como si fuera la cosa más obvia del mundo.

–Ya…–respondió desganado sin mirarla, a eso no era lo que se refería. –Sabes que por tu culpa acabo de–

–Gané–habló el pelinegro bostezando aburrido, interrumpiendo al blondo.

–¡No es justo, si la boba no se hubiera interpuesto seguro que te hubiera ganado! –se quejó el rubio.

–Un trato es un trato, si no te gusta el resultado no haber apostado–contestó el morocho con desinterés, había hecho bien en apostar, ahora no tenía que esperar tres meses para comprar el videojuego que quería.

–Es verdad, tiene razón–dijo Inojin logrando ser fulminado por la mirada del blondo.

–¡Al mejor de tres! –rebatió Naoto haciendo que el azabache lo mirase con cansancio "Que problemático" dijo él, utilizando la muletilla de su padre haciendo que el rubio volviera a insistir.

–Inojin–llamó ella logrando que voltease a verla. –¿se puede saber que es lo que habéis apostado? –le pregunto Hinata a lo que el chico suspiró un tanto deprimido.

–Darle nuestras mesadas al ganador–contestó con aura depresiva, él quería comprarse el videojuego.

Ahora entendía la chica porqué Naoto hacía tanto revuelo, su mesada era una de las cosas más sagradas para él, además que su madrina jamás le daba un adelanto no importa cuánto se lo pidiera. Rio al recordar cómo le imploraba a Shion que se la adelantase para poder comprar un videojuego, pero ella se lo negó.

–Por cierto… ¿No dijiste que se hacía tarde? Y que ibas a encontrarte con tu padre–habló logrando que la pelinegra se acordara de su cita con su progenitor.

–¡Es verdad! Gracias por recordármelo. Nos vemos en la tarde–dijo despidiéndose de sus amigos para después comenzar a correr hacia la calle a toda prisa, de verdad se le iba a hacer tarde.

–No entiendo como de mi padrino ha salido una hija como ella–habló Naoto cuando la chica se había ido.

–Sí, a mí también me sorprende que de Sasuke-san saliera Hinata–dijo concordando con el rubio

–No cambien de tema y denme el dinero, dejen de hacerse los locos–dijo Shikadai poniendo de mal humor a los dos rubios, creían que se iban a olvidar de la apuesta, pero era Shikadai de quien hablaban.

El pelinegro observó la triste mirada de Naoto e Inojin, realmente todo era una molestia.

–Os dejaré jugar con el juego cuando lo compre–habló el pelinegro haciendo que los otros dos se abalanzasen hacia él de lo felices que estaban. Al fin y al cabo, no era del todo malo que ganase Shikadai, si hubieran ganado ellos no habrían sido tan amables como él. –Qué problemáticos–volvió a decir mientras los otros dos reían.

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Shisui veía como la chica se movía de un lado para otro, la dulce Hyuga se veía muy bonita con esa falda negra que le llegaba dos desde antes de sus rodillas y subía hasta su cintura, ajustada a su atractivo cuerpo que junto esa blusa de seda de manga cortas con lunares, se veía hermosa. Su brillante y sedoso cabello estaba perfectamente atado en un moño, que dejaba ver su esbelto cuello.

–Gracias Hime–dijo sonriendo. –Si no te tuviera me volvería loco con tantos papeles, no sabría que hacer sin ti, eres mi salvadora, a pesar que no es tu trabajo–habló el pelinegro un poco avergonzado.

–No es nada Shisui-kun, tu siempre nos ayudas, es lo mínimo que puedo hacer. Me diste un empleo, por lo que sí que es mi trabajo. Es más, yo soy quien debería estar agradecida–habló la peli azul mientras sonreía al chico.

A pesar del paso de los años la chica no había hecho más que volverse más hermosa, parecía que el tiempo no había hecho mella en ella, sino que su belleza creciera.

–¿Vas a estar para la obra? –preguntó el chico claramente interesando. La morena asintió feliz, su pequeña iba a ser la protagonista principal, así que no se lo podía perder. Verla como Julieta, era algo que esperaba con ansias desde que la niña le había dicho que saldría en la obra.

–Me alegré tanto cuando me dijo que se quería unir al club de teatro. Cuando era niña siempre quise, pero mi vergüenza siempre pudo más, me alegro que mi hija sea más valiente–el pelinegro se acercó a ella y le dio un beso en su frente mientras le acariciaba la mejilla, adoraba verla sonrojarse cuando se acercaba de más.

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Sasuke miraba el reloj cada cierto tiempo, la reunión con su clienta había excedido el tiempo acordado, pero por más indirectas bastante directas que le soltaba a la mujer parecía que esta no quería dar su brazo a torcer y seguir disfrutando de su compañía, aún si fuera en contra de su voluntad.

–Vaya que tarde es–habló el Uchiha intentado que la mujer se fuera, ya no estaban hablando de negocios.

–El tiempo vuela cuando uno se divierte, solo disfrutemos el momento–contestó con una sonrisa pícara, la mujer de dorada cabellera y ojos azules.

En verdad quería mandar todo a rodar, pero era una clienta muy importante, no por su caso, sino por ser una de las mujeres más ricas de Japón, así que no podía negarse. Además de que su padre le había dicho a ella que él era el mejor del bufete Uchiha y que podría llevarlo sin problemas. La fama del pelinegro como abogado era extensa, ya que ganaba un 95 % de los casos que aceptaba, así que era muy solicitado.

–Entonces Uchiha-san… ¿es soltero? –el Uchiha desde hace rato intentaba evadir las insinuaciones de la mujer que seguramente estaba en sus 28 que no le dejaba de preguntar sobre su persona. Si no hubiese sido una orden directa de su padre de verdad que ya se hubiera ido, tenían una cita con su hija y se le estaba haciendo bastante tarde, estaba seguro que Hinata estaría echando humo, ella igual que él odiaba la impuntualidad.

–Mi hija es la única mujer que necesito–respondió haciendo que la rubia sonriera aún más y se acercara a él.

–Tomaré eso como un no. Pronto yo también cuando me separe de mi marido estaré libre. Así que si algún día necesita la calidez de una mujer–dijo extendiendo su tarjeta. –Ya sabe dónde encontrarla–terminó de decir para por fin salir mientras movía sensualmente sus caderas logrando aliviar al azabache que ya estaba cansado.

Con rapidez salió de su oficina, mejor le compraba algo a su hija para que su enfado no fuera tan grande.

Dicho y hecho, a penas lo vio lo había ignorado, comenzando a caminar en sentido contrario a él. Rápidamente sacó sus regalos para ver si la podía convencer.

Primero empezó con un ramo de flores, pero a pesar que eran sus favoritas las rechazó, no pasaba nada, se lo esperaba, así que las tiró en el bote de basura más próximo. Lo siguiente fue un peluche de un león, sabía que adoraba a esos animalitos, era casi imposible que no lo aceptara. Tal como lo pensó no lo había rechazado, pero aún seguía ignorándolo, era momento de sacar su arma secreta, si con esto no lograba que lo perdonase, nada lo haría.

Una caja de rollos de canela se posó frente a la niña. Aquello hizo que se detuviese en seco y sus ojos lo mirasen, ya la tenía, ese era el punto débil de la pequeña Hinata.

–¿Arreglado? –preguntó altanero él mientras meneaba la caja logrando que la niña entrecerrara los ojos con rabia, le molestaba demasiado que supiera su punto débil. La pelinegra tenía su orgullo, pero aun así estaba frente a esa deliciosa caja de rollos de canela, lo que más le gustaba.

–Me lo pensaré–dijo tomando la caja para empezar a caminar mientras se los devoraba con rapidez y volvía a hacer un mohín por tercera vez en el día. Se veía tierna con los mofletes inflados y comiendo los rollitos mientras una linda y satisfactoria sonrisa se posaba en sus labios al probar lo dulces que estaban.

Sasuke rio con sorna, por un momento había visto a su mejor amiga, recordaba lo mucho que adoraba los rollos de canela. Su hija había crecido tan rápido en esos doce años, se parecía mucho a Sakura, sería igual a ella de no ser por su cabello y su piel pálida. Recordaba como cuando al principio le decían que era igual a él, ahora eso había cambiado. Pero a pesar de que se parecía a su difunta esposa a veces le recordaba a Hinata, tenía esos pequeños detalles que se asemejaban a la peli azul que se había marchado para siempre de su vida. Tal vez sobre todo la recordaba por ese toque de infantiliza e inocencia que desprendía, ya que Sakura siempre había sido muy madura, nunca haciendo un puchero, sino clara y directa.

Gracias a los años había dejado el rencor que guardaba hacia la primogénita de los Hyuga, solo recordando todo lo que ella había hecho por él, gracias a su madre se había dado cuenta de eso, en verdad habían sido demasiadas cosas, así que también había sido un poco injusto con ella. Además, su hija tenía el mismo nombre, por lo que le resultaba casi imposible no recordarla y quererla como lo hizo cuando eran amigos y que aun desearía que lo fueran, Sakura había sido cruel en ese aspecto, imponiéndole que la llamase así. Por ella es que había puesto ese nombre a su hija y la imagen de Hinata le había acompañado todo el tiempo.

–¡Estaba muy ocupado! –dijo serio. –Solo han sido 2 horas–se excusó él sereno, mientras la seguía a cierta distancia, logrando que ella lo mirase mientras se comía el último rollito de canela teniendo sus mejillas sonrojadas. Cuando lo terminó a su mente llegó toda la espera que había tenido que aguantar, estaba molesta, los rollitos de canelas de verdad le hacían olvidar la cosas, casi estaba por perdonarlo.

–Yo también estaba ocupada–aquello hizo que Sasuke levantara una ceja logrando que ella se enfadara más. –Ni si quiera he podido mirar la televisión–una socarrona sonrisa se posó en los labios de su padre logrando que ella comenzara a hacer pucheros. –Sabes que no es mi obligación el tener que elegir tu ropa–le dijo mirándolo retadoramente mientras levantaba la corbata del mayor. –No puedo ocuparme de todo, soy tu hija, no tu mujer–dijo enfadada, Hinata no se había dado cuenta de lo que acababa de decir hasta después de soltarlo.

Giró a ver a su padre, tenía una mueca de enfado y estaba muy serio. Hinata sabía que ese era un tema que no le gustaba a su progenitor, pero no lo había hecho queriendo, la había hecho molestar y ella sin querer...

–Si yo puedo ser tu padre y tu madre, ¿No entiendo por qué tú no puedes ser ambas? –odiaba cuando su padre se ponía altanero, era su manera de decirle que se había equivocado.

–Sabes que no significa lo mismo– rebatió su hija molesta. Ese carácter fuerte y orgulloso lo había sacado de él, sabía que si se comportaba como siempre no ganaría nada. Y a pesar de que era su hija, no le gustaba perder.

Le quitó el peluche y comenzó a caminar sin prestarle atención, esta vez era el turno de Hinata para seguirlo.

–¡Papa! –gritó la azabache al ver como se iba sin siquiera voltear a verla. Era injusto, él se había retraso, era su culpa, entonces… ¿Por qué se sentía como la mala de la película? –Vale, me pasé con lo último, pero me niego a pedirte perdón, también fue tu culpa–aquello causo gracia en el morocho, su hija era digna de llevar su apellido.

–Por supuesto, los Uchiha nunca nos disculpamos–le dijo giñando un ojo mientras le sonreía con sorna.

–Sabes teme, no deberías decirle esas cosas a Hinata-chan–interrumpió el rubio.

–Eso explicaría porque nunca se disculpa por todas las cosas que me ha hecho–dijo el chico que estaba al lado del rubio mirado a la chica. –¡Buenas tardes padrino! –dijo Naoto entusiasmado de ver allí al Uchiha.

–¡Dobe, Naoto! –exclamó Sasuke al ver a su amigo y ahijado. –¿De dónde vienen? –les preguntó al verlos repleto de bolsas, pero antes que respondieran su hija se adelantó.

–¡Padrino! –gritó Hinata emocionada para después correr hacia Naruto ignorando por completo al chico. El rubio la recibió con los brazos extendidos y la hizo girar. Después colocó sus palmas boca abajo y la azabache se las choco, repitiendo ella el proceso una vez más para finalizar con un ligero toque en la nariz del contrario por parte de ambos.

–Eso…–Sasuke miró con asombro al blondo y un poco de enfado, aquello era el saludo que tenía la peli azul con él, claro que después habían integrado a Naruto por petición de Hinata, pero no entendía porque lo hacía con su hija, ¿es que querían que aún más no pudiera sacar a la peli azul de su cabeza?

–Sí–respondió con una sonrisa. –Como ella es Hinata, creí que no había problema–la niña no entendió muy bien lo que blondo había dicho, pero no le tomó demasiada importancia ya que había muchas veces que no entendía a su padrino, por lo que simplemente rio mientras el rubio menor chasqueaba la lengua con fastidio su padre podía ser bastante extraño.

–Entiendo–respondió ya sin enfado. –¿Entonces qué hacen aquí? –volvió a preguntar el azabache tranquilo, logrando que los dos rubios intercambiaran miradas empezando a tener un aura de depresión y agotamiento.

–Shion me llamó del trabajo y me citó aquí diciendo que tenía una urgencia de vida o muerte–dijo sonriendo con un poco de cansancio. –Pero luego resultó que quería que comprásemos ropa, ya que decía que no teníamos que ponernos para la función de esta tarde –amaba a su esposa, pero era agotador tener que aguantarla cuando se volvía loca y empezaba a comprar. Diciendo que eso era algo se tiene que hacer con toda la familia.

–Igual a mí, me llamó y me dijo que necesitaba ayuda con unas cosas, al final nos arrastró al viajo y a mí–contestó el Uzumaki menor mientras un escalofrío recorría su cuerpo, su madre cuando compraba daba miedo.

–Nao-chan, no me llames así–dijo Naruto mirado con ojos tristes a su hijo y voz lastimosa, sabía que no le gustaba que le dijera así. Se arrepentía de fastidiar con eso a su madrina, ahora le tocaba escucharlo de la boca de su hijo. Pero el niño solo chasqueó la lengua, cosa que había copiado de su padrino y molestaba a Naruto.

–¿Y Shion? –preguntó Sasuke al no verla por ningún lado intentando no reírse del Uzumaki.

–Se quedó en salón de belleza, dijo que ya nos veríamos en la casa y nos dio todas las bolsas–suspiró el pequeño rubio agotado, odiaba ir de compras, no entendía que era lo que las mujeres veían en ello.

–Papa y yo también íbamos a ir de compras–dijo Hinata sonriendo mientras miraba a los dos blondos.

Una zorruna sonrisa se posó en los labios al rubio, sabía cuánto odiaba su amigo ir de comprar, por lo que si estaba allí lo iba a molestar más y eso era una oportunidad que no podía dejar pasar. Su hijo lo miró con cansancio, ya se imaginaba que su padre trataría de molestar a su padrino a penas lo había visto, a veces se preguntaba como en todo este tempo el pelinegro lo aguantaba.

–Pues nos apuntamos-ttebayo–dijo sonriendo mientras desbarataba los cabellos de la pequeña y reía, mientras su hijo suspiraba en resignación, no entendía como su padre a veces podía comportarse de manera tan infantil.

–Ni se te ocurra–contestó el azabache serio, conociendo al "dobe" como él lo llamaba haría de las suyas. –¿Además, no estabas cansado de comprar? –preguntó. A lo que él solo rio y dijo "Voy a dejar esto en el coche y no vamos con ustedes". Su ahijado al lado de su padre pedía perdón por el comportamiento de este. –No importa, él es así–habló el azabache desbaratando el cabello del pequeño rubio.

Cuando los rubios se fueron Sasuke le dijo a su hija que se apresurara y que se fueran, pero ella no se movió. Le gustaba ver a su padre siendo fastidiado por su padrino, era un espectáculo que no se quería perder, además si también iba Naoto lo podría malestar así que era como matar dos pájaros de un tiro.

La tranquila tarde que pensaba que iba a pasar junto a su hija se había convertido en una pesadilla a causa del carácter del revoltoso Naruto. No se había quedado quieto en ningún momento, por su culpa había sido reprendido varias veces por los dependientes, que supiera solo tenía una hija, no dos, además odiaba que Hinata siguiera sus tonterías. Menos mal su ahijado era más maduro, a pesar de que a veces se comportaba igual a su progenitor sobre todo cuando era molestado por Hinata, pero de allí era muy buen chico. No comprendía porque su hija se comportaba de esa manera con el blondo.

Después de las compras el rubio se auto invitó a la casa del Uchiha a comer a pesar de la negativa del pequeño por no molestar más a su padrino, pero el adulto hizo oídos sordos y llamó a Shion para informarle de que Sasuke los había invitado a comer. Ella conocía lo suficientemente bien a su marido como para saber lo que seguramente habían ocurrido, así que aceptó, pero sin más demoras fue a la cocina a hacer un poco más de comida para llevar a la de los Uchiha. El morocho aceptó con desgano, sabía que no podía hacer nada.

–¿Me libraré algún día de ti? –le dijo cansado mientras caminaban para salir del centro comercial.

–No seas mentiroso teme, te sentirías solo sin mí-ttebayo–le dijo bromeando el rubio logrando que Hinata riera y su hijo lo mirara con escepticismo, ¿de verdad había salido de él?

–Es verdad papá, siempre estarías serio si mi padrino no estuviera cerca–habló riendo la niña mientras su padre suspiraba resignado, no entendía porque se ponía de parte del dobe.

–Yo diría que viviría tranquilo–contestó Naoto logrando que el azabache sonriera con arrogancia mirando al rubio mayor claramente diciéndoles "Tu hijo me prefiere".


Notas de autora: Hola, me alegra mucho que les guste, me hace muy feliz poder recibir sus reviews, gracias. Respecto a los hijos de los protas, estuve en un debate, quise poner a Boruto, ya que es hijo de Naruto, pero al final opté por crear un nuevo personaje, ya que él también es hijo de Hinata, por lo que no quise ponerlo solo como hijo del rubio. Creo que eso es todo, en fin, espero que os guste. Ya nos leemos.