Capítulo 3: La chica de cabellos verdes Alejandro sintió que su cuerpo estaba amarrado a las cuerdas en la cama, no podía moverse y trataba de salirse para poder escapar de ese lugar tan extraño.

Podía escuchar lo que decían desde el piso de abajo, allí Yuuka estaba charlando al respecto con Elly sobre qué hacer con el chico que había entrado en los jardines, no debería matarlo, sería una mala decisión hacerlo, por lo cual, eso último, él no pudo escucharlo, ya que estaba a punto de escapar por la ventana, cuando tiró, sin querer, un hacha. la cual causó estrépito al caer al piso y provocar ruido, lo que llevó a Yuuka a subir de nuevo a la planta alta.

- Debo escapar, ahora. Se dijo, mientras que abría la ventana de la planta alta, pero en ese momento, la perilla de la puerta se abrió y en el umbral, apareció Yuuka Kazami, quien al verlo intentar escapar, preparó su paraguas para lanzar su ataque, ya que había visto que tiró las flores que estaban sobre la mesa de luz.

- No, espera, puedo explicarlo. Le pidió un minuto, pero ella se negó a escucharlo y disparó contra Alejandro, el cual se resbaló y cayó al suelo de los campos de girasoles, tratando de fugarse de allí, no vio que se estaba aproximando la lluvia y eso le iba a traer problemas.

- ¡NO TE ESCAPARÁS DE MÍ, VUELVO AQUÍ AHORA! Se escucharon los gritos de Yuuka, quien salió a perseguirlo, Elly no estaba, ya que se había retirado para su hogar, que estaba un tanto lejos de la mansión de Yuuka, el chico quería ser libre, pero con esa chica tras sus pasos, iba a ser un verdadero dolor de cabeza el intentar una fuga de aquel lugar.

Se detuvo para un rato para tomar aire, había hecho el gran salto y salió de aquel sitio, pero se encontró en que no estaba en su ruta tradicional, había salido por el lado Este, donde había un bosque, jamás visto, un pueblo, ¿un pueblo cerca de Carmen de Patagones? y un templo japonés.

¿Qué podría estar pasando en aquella región tan alejada de la Ciudad de Buenos Aires? ¿Dónde estaba? ¿Quiénes eran todas esas criaturas que estaban allí y lo miraban extraño? No sabía qué decir en ese momento.

Estaba asombrado, todas Youkais lo miraban por donde pasaran.

- ¿Quién será ese chico? Le preguntó Cirno a una de sus amigas.

- No lo sé, jamás lo he visto. Le contestó ella a su pregunta, fu entonces, que Alejandro se acercó hacia una de ellas, tratando de respirar mejor.

- Ayúdenme, por favor. Les pidió, mientras que Daiyousei se le acercaba para darle un poco de agua mágica.

- Tranquilo, toma, toma. Le ofreció Cirno también su ayuda, mientras que le sonreía, eso lo puso más tranquilo.

- ¿Qué te pasó? ¿Cómo llegaste hasta aquí? Le preguntó Rumia, la Youkai de la Oscuridad.

- Me perseguían unos chicos que querían pegarme y entonces, terminé aquí, refugiándome en un campo de girasoles, donde una chica de cabellos verdes quiso atacarme y escapé, me quería tener de Mayordomo.

Todas las Hadas y Youkais se congelaron, sabían que habían muchas Youkais y otros seres eran peligrosos, pero esa chica, era de lo más aterrador.

- ¿Hablas, hablas de Yuuka Kazami? Le preguntó Rumia.

- Sí, esa misma. Les respondió y entonces ellas sintieron un aura de oscuridad, allí también sintieron un escalofrío y cuando se dieron la vuelta, allí estaba Yuuka de pie, observando y respirando detrás de Alejandro, quien sudaba en frío y pedía que esto fuera un sueño.

- ¿Có, cómo, di, dijiste que te llamabas? Le preguntó Wriggle Nightbug.

- Me llamo Alejandro Leopoldo Argentino Roca. Les dijo, mientras que se volteaba y Yuuka lo miraba con esa siniestra forma de aterrar a la gente.

- Tú tienes vienes conmigo. Le respondió ella, mientras que se lo llevaba arrastrando.

- ¡Te lo pido, por favor, no me mates, no quiero morir! Le pidió él a ella, pero hizo oídos sordos.

"Y dentro de mí pensaba: Me va a matar y usaré mis restos para sus jardín de girasoles, Dios, por favor, ayúdame y sácame de este quilombo, por favor" Se dijo Alejandro, mientras que, después de varios metros de haberlo arrastrado, volvieron a la mansión de Yuuka, detrás de ella, venían Cirno, Rumia, Wriggle y Mystia Lorelei.

Mientras tanto, en el Templo Hakurei.

- ¡Reimu! Se escuchó la voz de Marisa Kirisame en la entrada al templo de la Miko.

- Marisa, ¿qué quieres? Preguntó Reimu, quien estaba ocupada con las donaciones y al ser muchas, estaba Suika para darle una mano.

- Tenemos un problema. Le contó la Bruja de cabellos rubios, sabiendo que la Miko del Templo Hakurei debía hacerse cargo de los incidentes y así mantener el orden en Gensokyo.

- Voy para allá, espérame. Pidió Reimu y detuvo con Suika el trabajo de las donaciones.