Nota: Iginio Straffi es el dueño de las Winx Club.
Capítulo 3
Se levantó de la cama y se calzó las zapatillas de andar por casa. Se dirigió a su amplia cocina y sacó de su estantería unos tubos de ensayo con líquido rojo y una jeringuilla. Se sentó en su sofá y encendió la tele mientras "desayunaba".
Musa se arremangó la manga e introdujo la jeringa y con ella la sangre tan deliciosa y dulce de gente que había pasado a mejor vida en la morgue. Sintió como sus dientes se fortalecían y en especial sus colmillos y sus ojos se tornaban más azules aún.
Cuando terminó dejó la jeringa en la mesa y de repente oyó una noticia en la televisión que le interesó mucho:
.
"La vecina del segundo los encontró muertos en su apartamento cuando iba a devolverles unas cosas. La policía cree que puede tener relación con las muertes del día anterior, ya que se han encontrado dos puntos en sus yugulares, aun así la policía no descarta otras teorías por un extraño grabado que han encontrado en la pared. Se trata de una flor, una rosa exactamente, con espinas pintado con sangre…
.
—Mamá…—dijo nerviosa. Subió sus piernas blancas al sofá y hundió su cabeza entre las piernas recordando como fue aquello y lo que conllevó:
Flashback
El chofer le había dejado en la puerta de su mansión y Musa se adentró en ella. Era en mil novecientos veinte, en la provincia de Madrid donde Musa vivía con sus padres y su hermano.
Nada más entrar, dejó su chaquetón a su criada y se elevó, de un salto, al piso superior haciendo escala en las barandillas. Madrid era el lugar perfecto para su familia; el mal tiempo, las lluvias y las tormentas era algo muy rutinario por aquella zona de la capital española. A su hermano le faltaría poco para llegar y su padre estaba en una de sus fábricas resolviendo un problema ocurrido con los trabajadores. Caminó feliz por el pasillo del piso y, de repente, oyó un ruido, como si una ventana se rompiera. Esta inmediatamente se dio la vuelta y miró a su alrededor. Activo sus sentidos de vampiro y se dirigió a la habitación final del pasillo, la de su madre Marlín.
—¿Qué está ocurriendo…—dijo muy bajo Musa.
Cuando puso su mano en el pomo, algo le dijo que el enemigo estaría ahí dentro y al girarlo sus temores se cumplieron.
La ventana abierta tenía un cristal roto y se podía divisar la gran tormenta. Las luces estaban apagadas, pero solo bastó un rayo para alumbrar lo que había ocurrido. Había una robusta persona en la ventana con los dientes manchados de sangre. Su pelaje mostraba una apariencia mucho peor.
Pero al otro lado había algo que a Musa le marcaría para siempre. Su madre estaba en la cama desangrada; los ojos de Marlín estaban abiertos dejando a la luz sus hermosos ojos azules inertes. Musa corrió hacia donde estaba ella llorando de rabia y a la vez de tristeza:
—Mamá…—sus lágrimas eran de rencor y odio, todos los adjetivos que podían calificar esa situación no era suficiente. Musa bajó los párpados y dirigió su mirada al ser que había hecho esto. Se levantó y se puso a una posición prudente de esa bestia.
—Pagarás por esto—le dijo Musa.
—Mmm… tu madre ha sido una comida bastante curiosa de digerir.. Su sangre apestaba a humanidad—esa bestia era un hombre lobo, los eternos enemigos de los vampiros a lo largo de los tiempos.
—No vuelvas a decir eso—Musa se abalanzó hacia él y los dos se enzarzaron en una pelea. El hombre lobo era muy hábil y sus saltos eran bastante grandes y sus técnicas de lucha muy buenas, pero Musa no se quedaba atrás.
Cuando la bestia fue a incrustar sus uñas en ella, Musa saltó por encima de él y le metió una patada. Aun así Musa estaba incómoda por el vestido que llevaba, típico de aquella época. La bestia fue a parar a la pared bruscamente y Musa se acercó a él con su celeridad. Abrió su boca y sus colmillos se armaron de poder y los clavó en la yugular de él.
Estaba a punto de vaciarlo pero en ese momento entró una ráfaga de viento que tiró a Musa al suelo con los dientes manchados de sangre.
—¡Musa!—entró su hermano en la habitación y vio toda la escena hecho que utilizó el hombre lobo para escapar por la ventana. Jared, el hermano mayor de Musa, saltó con su velocidad, pero no consiguió cazarlo. En seguida se fue hacia a donde había caído su hermana—. Musa—la ayudó a incorporarse y la apoyó en la pared—, hermana, ¿qué ha ocurrido?
—Jared, esa bestia ha matado a mamá—al oír esas palabras se enfureció, pero su alma humana solo le incitaba a una cosa, llorar. Al ser los dos, hijos de una medio humana medio vampiro, podían tener ciertas necesidades de humanos al igual que debilidades. Pero ante todo eran inmortales y eternos. Musa y Jared se levantaron y vieron el cuerpo inerte de su madre.
Cuando él fue a tocar su mano, vio que había algo abultado en ella. Musa la levantó y vio una flor fresca y hermosa en torno a las dos manos de su madre, Marlín.
—Juro que esto no va a quedar así—ella cogió la flor y se la guardó como el objeto más especial y valioso que tendría ella y su hermano Jared. Otro rayo iluminó la habitación y los dos vieron una flor fresca con espinas pintada con sangre en la pared y no comprendieron el porque estaba eso ahí.
Una semana después toda la familia y amigos cercanos y lejanos de ella le dieron un entierro digno. Para Oboe fue un golpe muy duro; había pasado los casi cuatrocientos cincuenta años más felices con ella, pero le quedaban sus hijos a los que siempre iba a proteger y querer mas que nunca en ese momento. Jared estaba con Palladium y Oboe se encontraba con Saladino.
Musa estaba de rodillas viendo el ataúd de su madre que irían a enterrar en cuestión de minutos.
—Musa, tranquila nosotras estaremos siempre contigo—le dijo Stella en compañía de los demás.
—Stella tiene razón—le dijo Tecna—. Tu madre fue feliz mientras vivió y seguro que no te quiere ver llorar en este momento.
—Esa bestia la mató…—murmuró Musa muy bajo— y juro sobre la tumba de mi madre la vengaré—dicho esto Musa se levantó y Oboe dio la señal para que la enterrara y ella fue hacia donde estaba su hermano mayor.
—Debemos de ser fuerte Musa—Jared le dio un beso tranquilizador en su cabello—. Mamá nunca quiso vernos tristes.
Musa fue a su habitación y sacó del compartimiento secreto una cajita antigua y la abrió. Sacó la rosa que tuvo su madre antes de morir. La había guardado desde entonces y ahí estaba ella sin marchitarse. El alma de su madre, por así decirlo, había perdurado en esa flor durante más de ochenta años y no se había marchitado.
—Si hubiera llegado antes, podría haber hecho algo mamá—dijo llorando y en seguida su mente empezó a maquinar algo. Guardó la flor en la caja y fue al salón para ver con más detenimiento—. Puede ser que…—dijo Musa.
—E—
Flora ya fue recogida por sus amigas en el aeropuerto. Todas le dieron un abrazo y se fueron en un coche que alquilaron.
Fueron hablando de sus cosas hasta que llegaron al hotel. Cuando Stella bajó del asiento del conductor, oyó su móvil.
—Es Musa— Layla fue a ayudar a Flora con las maletas y Tecna y Bloom se pusieron en torno de Stella para oír la conversación— ¿Qué has visto qué?—Stella estaba aturdida y las que oían la conversación confusas—y ¿qué vas a dónde? En seguida vamos para allá—Stella colgó el móvil alucinada.
—¿Qué ocurre Stella?—le preguntó Bloom.
—No lo vais a creer—dijo con los ojos como platos.
.
—E—
.
Musa aparcó su porche plateado en el parking y subió al piso corriendo. En seguida se encontró en la planta principal del hospital y se dirigió hacia donde estaba su amigo Wizgiz, el forense más gracioso y longevo que conocía en la morgue.
Se adentró por los pasillos de la tercera planta y vio a un hombre de mediana estatura con bata blanca, dejando las tijeras a un lado y dándose un festín con la sangre de ese hombre ya en el reino de los cielos.
—Wizgiz, no hay que beber en horas de trabajo—le dijo Musa tocando la puerta de su servicio.
—Nadie la reclama Musa, qué más da—Wizgiz dejó su vaso en la mesa donde había un muerto por causas naturales—. Además, gracias a ella puedo vender y traficarla. Tú ya me entiendes.
Musa le dedicó una sonrisa.
—¿Vienes a por más sangre?
—No, tranquilo, aún me queda bastante. Vengo a visitarte por otra cosa— con tan solo una mirada le bastó al forense para saber lo que quería ver.
—Llegaron esta misma mañana—la condujo a la otra habitación y destapó sus mantas. Musa vio los cadáveres de la noticia que había visto en su pantalla plana—. No sigas martirizándote, Musa. Lo de tu madre ocurrió y no se puede cambiar.
Musa miró hacia otro lado molesta.
—No quería decir eso, lo siento.
Musa volvió a mirarlos y le preguntó:
—Que me puedes decir de ellos.
—Muerte natural evidentemente no es, aunque el hombre tenía cáncer de pulmón y como mucho le quedaban dos meses—dijo viendo el informe que había hecho—, pero a lo que tú que vienes a ver será esto—movió los cadáveres con cuidado y le enseñó todas las heridas descomunales que había en su cuerpo.
Musa los olió.
—Se sabe algo de la flor de la pared.
—Por lo que he oído de la policía científica es que estaba echa con la sangre de ellos, que desperdicio…
—¿Y tienen algún sospechoso ya?
—Están pidiendo declaración a todos los vecinos y sobre todo a quien los encontró por si oyeron algo.
—La pintada en la pared y todo hecho en la noche. Me recuerda esto al asesinato de mi madre.
—¿Crees que está relacionado?—le preguntó seriamente dejando el informe en la mesa.
—No lo sé pero juré desde aquel día que me vengaría y pensar que ese hombre lobo puede estar en la ciudad hace que me hierva el cuerpo.
—Han pasado ochenta años Musa.
—Aun así tengo que descubrir más, ¿tienes la dirección de la casa?
—Está en la información que nos dan pero ¿no estarás pensando en ir? Musa, eso está precintado y cerrado. Aparte de que es allanamiento de morada.
—Dudo que a los dueños—los señaló con el dedo—les importe. Dame la dirección.
Wizgiz volvió acoger el informe y tras darle unas pasadas localizó la dirección. Después la apuntó en una hoja de su bloc de notas y se la dio a Musa.
—Ten cuidado—Musa la cogió y se la guardó en su bolso.
—Gracias, amigo. Te debo una.
—No me debes nada, Musa.
Ella le sonrió y salio de la sala para bajar a su porche. Cuando se sentó en su cómodo asiento tecleó el número de teléfono de Bloom y le dijo que se reunieran en esa dirección. Cuando Musa salió del parking, el sol alumbraba bastante esa calle. Ella se puso sus gafas de sol y puso el aire condicionado para enfriar un poco el coche. Encendió la música y escuchó la canción que más le gustaba, Eternidad de Hespéride (1):
…si tus lágrimas fueran la inmortalidad
bebería de ellas para estar siempre tu lado
tus ojos son mi espejo del alma
y tú eres mi diosa, mi ninfa… mi hespéride
nuestro amor teje alas negras para que
nuestro corazón vaya siempre unido
las mías son blancas como las nubes
las tuyas son negras como la noche
soy tu fiel amado, tu sirviente , tu ángel…tu lobo
las estrellas solo son las únicas testigos de nuestra
pasión
las rosas rojas serpentean tu camino
y yo siempre estaré contigo…
Musa giró hacia la izquierda y aparcó su coche. Apagó la música y descubrió que no había casi nadie circulando por esas calles. Pero se percató de que la observaban desde las ventanas. Resignada tuvo que entrar de la forma humana al edificio. Tocó a un timbre y nadie le contestó.
Tocó el pomo con su mano y la puerta de la entrada se abrió. Vio los buzones y descubrió que era una comunidad de cuatro viviendas. Según la nota de Wizgiz, las personas vivían en el último piso.
Musa subió al ascensor y apretó al número cuatro.
Mientras subía, sintió una extraña sensación muy familiar. Cuando el elevador se paró Musa abrió la puerta y salió. El rellano del cuarto piso tenía un ambiente frío e inexpresivo. Las paredes eran de un tono amarillo muy claro y la puerta era de color negro.
Para ella, eran colores apagados y vacíos. Vio que la puerta estaba con las cintas de la policía, pero eso no la paró. La puerta estaba abierta y sus sentidos vampiritos estaban en alerta. Esa sensación se volvía más fuerte por momentos. Parecía que la incertidumbre y la nerviosidad de hace ochenta años volvieron a ella. Abrió la puerta y vio que las persianas estaban bajadas dejando pasar unos rayos de sol iluminando la flor que había en la pared hecha con sangre. Se acercó a ella atraída y alzó su mano blanca para tocarla, pero en ese momento unos brazos musculosos la cogieron por detrás y la lanzaron hacia la otra parte de la casa.
Musa reaccionó pronto y cayó al suelo aterrizando bien y sin daño. Y la sensación extraña se hizo realidad.
Sus colmillos se hicieron más grandes y sus sentidos de vampira no vacilaron en ponerse en alerta.
Se levantó y de la oscuridad aparecieron seis hombres musculosos hombres lobos cuyo pelaje de lobo hizo a Musa ponerse nerviosa. Cuando se fueron acercando a ella, volvieron a su forma normal y se dejaron ver delante de ella. Para uno de ellos y para Musa ese encuentro era una sorpresa.
—¡Tú!—dijeron Musa y Riven.
Riven no sabía qué decir, ni mucho menos Musa. Pero enseguida él cambió de parecer.
—¿Qué haces aquí, vampira?—los seis se pusieron en posición de ataque.
—Eres un hombre lobo—la voz apenas le salía; le vino a la mente la imagen de aquella bestia en la habitación de sus padres. A Musa se le nubló la vista de ira y rabia y se puso en posición de lucha ella también.
—Lo que haga aquí no es asunto tuyo.
Los otros hombres lobo que estaban con él eran Sky, Timmy, Ophir, Brandon y Helia.
Musa enseñó sus colmillos blancos afilados y estos sus uñas afiladas y sus torso se volvía más grande aun dejándolo descubierto con el pelaje.
A continuación, todos se abalanzaron sobre ella. Sin embargo, Musa estaba preparada pero ellos la superaban y lo iba a tener difícil. También se abalanzó con toda su fuerza y algo ocurrió en ese momento.
Cinco personas surgieron en ese momento y se tiraron contra los otros hombres lobos. Se trataban de Bloom, Stella, Tecna, Flora y Layla que habían llegado en el momento adecuado y en la situación oportuna. Stella fue a por Brandon, Tecna por Timmy, Layla a por Ophir, Bloom a por Sky y Flora a por Helia.
Y Musa fue a por Riven.
Las chicas tuvieron a la oscuridad como aliada y consiguieron dejar exhaustos a los hombres. Pero Musa y Riven fueron quienes duraron más en pie.
Las chicas se fueron hacia el lado de Musa y los chicos al de Riven.
Cuando los dos se separaron se pusieron, cada bando, a una distancia prudente del otro.
—Estamos en igualdad de poderes. No vamos a llegar a ninguna parte así, sobre todo aquí—dijo Stella. En seguida todos oyeron un ruido de fuera del piso.
.
—E—
.
—Le digo que oigo ruidos raros—dijo una vecina del bloque que había llamado rápidamente a la policía, quien respondió al aviso y la señora les condujo al piso. Abrieron la puerta y la vecina se quedó sin palabras, irónicamente hablando:
—Señora aquí no hay nadie—entraron y vieron que todo estaba en su sitio. Todo estaba como lo había dejado la policía esa mañana—. Deberá de haber sido algún gato.
La señora no se lo explicaba y salieron.
—No obstante mandaré dos coches patrulla para que vigilen el lugar. Puede dormir tranquila.
—E—
—…mandaré dos coches patrulla para que vigilen la zona…—todos estaban en la azotea del edifico de al lado. Y lo habían oído todo.
—Mierda, si no hubierais aparecido ahora tendríamos lo que queríamos—dijo Riven furioso dirigiéndose a las chicas.
—Si no me hubierais atacado, ahora no tendríamos que esperar a que la policía se vaya de aquí—respondió Musa.
—Los de tu especie siempre tenéis que ir fastidiándolo todo. Traéis la desgracia a este mundo.
—Ni se te ocurra decir eso otra vez—habían vuelto a enfadarse.
—Musa, espera—Stella la cogió por detrás para pararla al igual que Brandon con Riven.
Cuando los dos se tranquilizaron, Musa clavó sus ojos azules vampíricos sobre los negros lobeznos de Riven.
—Estamos a plena luz del día y nos pueden descubrir. Parad—dijo Flora interponiéndose entre los dos.
—Lo de hoy nos ha pillado por sorpresa a todos. Pero aun así me inquieta, ¿que hacíais vosotros en ese piso?—preguntó Layla.
—Podríamos preguntaros lo mismo a vosotras—le contestó Ophir.
—Espera—Sky lo paró con el brazo—, estamos siguiendo el rastro de uno de los nuestros y su olor acababa ahí. Creemos que se dejó algo muy importante en esa casa y por eso hemos ido para buscarla y seguir su rastro. Ahora os toca a vosotras.
—A mi madre la mató un hombre lobo y la flor que había en la pared es la misma que había cuando la asesinaron. Quería ver en esa casa si había algo con lo que poder seguir su pista yo también y antes de venir las llamé para que me ayudaran.
—Y eso hicimos. Nunca dejaríamos a nuestra amiga sola y menos ahora con vosotros rodando por alrededor. Sea como sea seguimos al mismo hombre lobo.
—Vosotras tenéis vuestros motivos, nosotros los nuestros pero el objetivo es el mismo. Interesante—dijo Brandon mirando a Stella.
—Desde que mi madre murió juré vengarla incluso si me tenía que aliar con el mismo demonio para conseguirlo y no voy a dejar esta oportunidad pasar. Os propongo una tregua.
—¡¿Qué?!—dijeron los chicos y algunas de las chicas.
—Musa tú eres la que menos trato quiere tener con ellos, ¿a qué viene esto?—le preguntó Tecna.
—Ya me habéis oído. Aunque me tenga que aliar con el diablo para que cumplir mi venganza— unas lágrimas corrieron por la mejilla.
—No se supone que los vampiros no lloráis—dijo Timmy confundido al igual que los otros cinco.
—Su madre era medio humana medio vampira. Y ella y su hermano Jared han heredado algunas necesidades y debilidades de los humanos—le dijo Tecna—, pero aun así son tan longevos como todos los que estamos aquí.
Riven la observó con detenimiento.
—Si vamos a hacer una tregua para encontrar a nuestra persona tendremos que llevarnos bien y contarnos todo. Y para empezar nuestro colega se tuvo que dejar su "tótem" en el apartamento de sus víctimas o posiblemente lo tenga la policía ya—dijo Brandon.
—¿Qué es el "tótem" ?—preguntó Stella.
—Una figura de un animal de la naturaleza. Nuestra especie siente respeto por la fuerza de la naturaleza y cuando demostramos que somos dignos de nuestra especie, recibimos un tótem.
—¿Y por qué creéis que se lo ha dejado vuestro amigo?—preguntó Bloom.
—El tótem desprende un olor muy característico, es igual al nuestro pero con ligeras diferencias y cuando nos desprendemos de él, ese olor se hace más fuerte y nos pone en alerta a todos nosotros sin excepción.
—Y ese olor tan…—no sabía que adjetivo usar teniendo a seis hombres lobo delante—vuestro como para no olerlo—acabó la frase irónicamente.
—Lo primero será conseguir esa dichosa figurita—dijo Flora—, ¿cómo lo haremos?
—Aquí no lo podemos hablar—dijo Helia—. Venid a nuestra casa. Es lo suficientemente amplia para todos nosotros.
Las chicas aceptaron la invitación y Helia le dio en una nota la dirección a Flora. Junto con los otros cuatro se despidió de las chicas y fueron saltando a la azotea del edificio siguiente con mucho cuidado.
Y las chicas se fueron por la otra dirección haciendo lo mismo.
—Musa, vamos—le dijo Bloom antes de saltar de la azotea. Se quedó mirando a Riven y viceversa hasta que los dos dejaron de mirarse y se fueron por sus respectivos caminos. Cuando Musa saltó recordó el último verso de su canción favorita.
y nuestras almas etéreas se harán una.
—E—
(1). Eternidad de Hespéride me la he inventado yo.
Besos de piruleta de NagatoYuki-chan.
