La sonrisa y el espejo

...por Fargok

Summary: Y a pesar del dolor de cabeza, Harry sintió una sonrisa ligera formarse en sus labios mientras, sentado en el aula de transformaciones, oyendo sin escuchar a la profesora, recordaba el incidente. HPxDM. Slash.

Disclaimer: Ya todo el mundo sabe que Harry Potter no me pertenece a mí, joder.

Notas: Ah, felicidad. Cuando empecé este fic apenas y habíamos terminado la orden del fenix. Así que hay una especie de ruptura temporal, un poquito de clichés del fandom (sobre todo en el personaje de Draco) y diversión asegurada. Y arcoíris muy gay =D.

Advertencia: El siguiente fic trata temática Slash, que quiere decir que hay relaciones entre dos muchachos, hombres, varones, masculinos. Si este tipo de situaciones te molesta, por favor no sigas.

III– Palabras hirientes

La clase de pociones terminó con un Neville avergonzado, unos Gryffindors humillados y unos Slytherins burlándose. Nada fuera de lo común, excepto por los dos muchachos más populares de ambas casas. Draco Malfoy, por un lado, miraba el piso tratando de encontrar en él algo que le hiciera entender lo que acababa de pasar; Harry Potter, por otro lado, no dejaba de limpiar sus lentes, pues apostaba a que sucios o rotos o rallados —o quizá hechizados— debían estar, porque lo que acababa de ver era más extraño que ver a Voldemort bailando en tanga —aunque por supuesto, a diferencia de Voldemort bailando en tanga, no era para nada grotesco.

—¡Hey, Longbottom! —dijo Blaise Zabini mientras salían del aula— Tal vez deberías dedicarte a la minería, ¡sacas dinamita de cualquier parte!

Neville miró avergonzado hacia otro lado. Harry, como siempre que alguien insultaba a sus amigos, se molestó, y en un arranque de furia se acercó amenazadoramente a Zabini.

—Mira, niño mimado; si quieres conservar tus dientes será mejor que te calles.

—Uy, ya se puso rudo San Potter —dijo Blaise—, ¿oíste Draco? ¡Potter cree que me puede tirar los dientes mostrándome su sonrisa perfecta!

Draco miró a Blaise pero no dijo nada. Harry, instintivamente, miró a Draco, preparándose para un insulto. Draco desvió su mirada de Blaise para encontrarse con la de Harry. Se quedaron en silencio.

Para los que estaban presentes eso les pareció un intercambió de miradas de odio, pero no para los implicados. Harry detectó enojo en los ojos de Draco, "el enojo que yo sentí porque insultaron a Neville", pensó; pero también detecto algo que no estaba acostumbrado a ver en los ojos del Slytherin… tristeza. Definitivamente las cosas se estaban tornando raras. Harry no se sentía triste.

—Potter —siseó Draco para romper el hielo—… creo que tenemos un duelo pendiente.

Los presentes trasladaban sus miradas de Draco a Harry y de Harry a Draco como si se estuviera librando un partido de tenis. Ninguno de los dos rompía el contacto visual.

—Sí —declaró Harry. Aunque no estaba muy seguro.

—Entonces hoy, a la medianoche.

—¿Dónde?

—En la sala de trofeos.

—De acuerdo.

La tranquilidad de la costumbre se había roto para todos los presentes. Ellos esperaban insultos, un par de maleficios y tal vez golpes; la diplomacia con la que se llevó a cabo esa conversación produjo desconcierto en los espectadores. Draco Malfoy salió del aula rápidamente, seguido de su séquito de Slytherin. Harry también salió del aula y tomó otro camino. Estaba confundido pues hubiera jurado que los ojos del Slytherin tenían un dejo de tristeza que no podía comprender.

—¡Harry! —le asaltó Ron mientras caminaba con paso apresurado— ¿Por qué la prisa? ¿Quieres que te acompañe en el duelo?

—No —contestó Harry de inmediato—, estoy bien solo.

—Pero…

Harry ya no lo escuchó, absorto en sus pensamientos. El día anterior había sentido una profunda tristeza, quizá en parte originada por el mensaje que encontró en el tablón de anuncios, aunque estaba seguro de que esa tristeza era acrecentada por la propia tristeza de Malfoy. Para Harry, Malfoy siempre había sido algo así como un monstruo insensible, incapaz de sentir tristeza; para Harry él era algo no humano.

A las 11:45 de la noche Harry, que no se había puesto la pijama, sacó de su baúl la capa invisible y salió de su habitación. Ron aún estaba despierto y le preguntó si en verdad no quería que le acompañara.

—No —dijo Harry—, creo que es mejor que vaya solo. Tengo que arreglar cuentas por fin y no quiero que te involucres.

—Yo también tengo cuentas con Malfoy —replicó Ron—, ¿estás seguro de que…?

—No —lo interrumpió el moreno—, gracias, Ron.

Y salió por el agujero en la pared, colocándose bien la capa. Caminó por los pasillos sigilosamente, y llegó a la sala de trofeos con cinco minutos de adelanto. Draco aún no llegaba. Harry no se quitó la capa por si acaso y se sentó en el piso a esperar.

—Tal vez el efecto de la poción ya pasó —pensó en voz alta—; ahora me siento más equilibrado. Eso debe ser.

—Eso espero, Potter —dijo Draco Malfoy desde atrás, sobresaltando un poco al invisible Harry—. Ahora quítate esa cosa que tenemos algo pendiente.

Harry, aún invisible, se sonrojó un poco. Se sorprendió pensando en el doble sentido que podría tener esa frase. Sacudió la cabeza para despejarse de esos pensamientos y se quitó la capa invisible, mostrándose. Se dio la vuelta.

Draco no estaba vestido con su habitual túnica del colegio, en vez de eso, llevaba unos pantalones negros y una camisa gris, del tono de sus ojos. Con la mano derecha sostenía su varita y miraba a Harry con arrogancia y desafío, como siempre.

—Bien, Potter, ¿empezamos?

Harry se colocó frente a Malfoy y este hizo una reverencia. A Harry le sorprendió el cortés comportamiento de su contrincante, pero después pensó que viniendo de una familia tan adinerada, en realidad debía tener muy buenos modales, por muy tramposo que fuera. Harry se inclinó un poco y después ambos se quedaron mirándose durante un corto rato, desafiantes.

Aún en la penumbra de la sala, Harry notó algo extraño en los tormentosos ojos grises de Draco. Pero este no permitió que Harry se perdiera en su mirada porque hizo el primer movimiento.

—¡Expelliarmus! —exclamó Draco, lanzando un rayo rojo a Harry. Él se protegió con un hechizo escudo. Después no hizo nada.

Se quedaron en silencio un buen rato. Draco verdaderamente no tenía ánimo de pelear, y Harry no parecía tampoco muy convencido. Inspeccionaba sus ojos interrogantemente, lo cual le provocaba nerviosismo. Sus ojos eran verdes, de un verde muy bonito. A pesar de las gafas y de la oscuridad, el verde de sus ojos centelleaba; o eso le parecía a Draco.

Harry, por su lado, se preguntaba qué podría tener el joven Malfoy para que sus ojos grises se vieran tan tormentosos. Incluso parecía que había estado llorando, aunque eso le parecía poco probable. Le empezaba a parecer un poco bochornosa esa situación cuando ya llevaban varios minutos mirándose en silencio, así que decidió lanzar un ataque. Draco lo recibió de lleno, al parecer no estaba preparado. Cayó al piso con un quejido de dolor y Harry por un momento sintió una ligera preocupación. Draco se levantó y se sacudió el polvo de los pantalones, miró al Gryffindor y le lanzó un maleficio.

—¡Locomotor Mortis!

Una vez más, Harry se protegió, haciendo que el maleficio rebotara hacia Draco, quién hizo lo mismo que Harry. El maleficio iba de un lado a otro como una pelota de pin-pon, hasta que, por fin, le dio a Harry. Cayó al piso con las piernas inmovilizadas. Metió las manos pero se le cayó la varita, Draco la llamó con un accio.

—Devuélveme mi varita, Malfoy —dijo Harry. Para su sorpresa, este le obedeció.

—Toma —dijo—; no quiero seguir peleando. Con permiso.

Draco se dio media vuelta y empezó a caminar. Harry, consternado por la amabilidad del Slytherin y por la tristeza que le pareció detectar en su voz al decir esas palabras, lo alcanzó corriendo.

—¡Malfoy! —lo llamó. Draco se detuvo pero no lo miró— ¿Qué está pasando?

—Nada —dijo Draco—. No te incumbe.

—¿Por qué me retaste a pelear si no lo ibas a hacer? —preguntó. Draco no contestó— ¿Por qué no me estás insultando como siempre lo haces? ¿Por qué estás comportándote tan raro?

—¿Estás preocupado por mí? —preguntó Draco, intentando sonar cínico. Harry no dijo nada; ni siquiera él lo sabía— Tal vez ya no valga la pena que lo oculte, aunque eso arruiné mi reputación para siempre, si tú decides divulgarlo. Y si no lo digo, terminaré por morir pronto, estoy seguro.

—¿De qué estás hablando, Malfoy?

—No es algo correcto en un Malfoy, mucho menos en mí. Tal vez esto es obra del viejo chiflado, aunque tu no sientes lo mismo, ¿verdad? —dijo Draco tristemente. Harry estaba muy confundido— Tú aún me odias, ¿verdad?

El rubio se dio la vuelta, quedando de frente al moreno, parecía a punto de llorar.

—Yo —Harry no sabía que decir. Hasta hace unos días estaba seguro de odiar a Malfoy, y sin embargo ahora no estaba plenamente convencido. Ese Draco tan humano lo consternaba y lo confundía.

—Tal vez me gane un golpe —dijo Malfoy acercándose lentamente a Harry, hasta quedar de frente a su rostro—, pero ya estoy harto de los sueños.

Y con un movimiento rápido, cerrando los ojos, le dio un cortísimo beso a su archi-rival en la comisura de los labios. Harry se quedó como piedra, Draco se dio media vuelta y empezó a caminar de nuevo. Sin saber muy bien por qué, Harry se le adelantó y lo sujetó de los hombros para quedar de frente a él de nuevo y le plantó un beso en los labios.

Permanecieron unidos por un par de segundos que a ellos les parecieron horas, hasta que un brusco sonido metálico los obligó a separarse. Al parecer el sonido provenía de una armadura que estaba ahí. Harry se preocupó de que alguien los hubiera visto, cuando vio a la Señora Norris salir corriendo.

—¿Quién anda ahí? —preguntó Filch a lo lejos.

Harry corrió hacia su capa y se la puso, de pronto se dio cuenta de que Filch podría atrapar a Draco, y, sin saber muy bien sus propias razones, corrió hacia él y lo cubrió con la capa. Draco permaneció completamente tieso, ya que Harry tuvo que acercarse lo más posible hacia él para que la capa los cubriera a los dos. Su respiración estaba agitada y le pareció que Filch lo podría descubrir debido al incesante tamboreo que escuchaba en su pecho. De pronto vieron a Filch aparecer desde el lugar por donde su gata se había escapado, el animal corría enfrente como guiando a su amo; pero no lo guió hacia donde ellos estaban, sino que se lo llevó hacia otro lado, sin acercárseles.

—¡Te tengo, muchacho malcriado! —gritó Filch corriendo y desapareció de su vista. Draco se separó de Harry con un empujón y, saliendo de la invisibilidad de la capa, corrió hacia fuera de la salas en dirección a las mazmorras. Harry no lo siguió: se quedó parado, aun bajo su capa y sintiéndose extraño; preguntándose cómo y por qué había sucedido lo que acababa de suceder.

Harry volvió a la sala común y cuando entró se encontró con Ron, quién se sobresaltó un poco al verlo.

—Harry… no te tardaste.

—Malfoy se rindió —dijo Harry—. ¿Por qué no te has acostado?

—No tengo sueño —dijo el pelirrojo—. Sube tú, te ves agotado… yo me quedaré acá abajo… leyendo.

Harry no miró a su amigo ya que en verdad estaba agotado e inmediatamente se volteó para dirigirse al dormitorio, si lo hubiera visto se habría dado cuenta de que Ron evitaba verle a la cara.

Mientras el moreno dormía, aún con su mente hecha un lío, una diminuta sonrisa se formó en sus labios.