Un leve quejido, escapó involuntariamente de los labios de Rin, llamando su atención.

Kágome y Sango se acercaron al tufón en el que descansaba

Sango la miró apreciativamente y negando con la cabeza preguntó:

Kágome…¿crees que mejorará?

Estará bien. -Contestó la aludida- solo necesita tiempo para asimilar lo ocurrido.

¿Tiempo? Pero… ¿Cuánto más?. Hace demasiadas muchas lunas que murió la anciana Kaede… y ella no mejora, al contrario…Mírala, está demasiado delgada, demasiado pálida… A veces creo que… (Quedó en silencio, bajando la cabeza).

No digas eso Sango, solo han sido dos meses -musitó Kágome-. Lo logrará. No debe ser fácil perderlo todo… otra vez. Además, creo que su tristeza tiene que ver con Sesshomaru; debe ser difícil para ella saber que no puede regresar a su lado. Lo quiere mucho.

Sango se quedó pensativa, cruzó un brazo sobre su cintura, a la altura del pecho, y extendió el otro, llevando la mano al rostro. Tomó con los dedos su barbilla, y como si estuviera tratando de resolver un problema, exclamo:

Oye Kágome. ¿Tu crees que Sesshomaru quiera a Rin?

¿A qué te refieres? Preguntó la sacerdotisa.

Pues es que… no se… yo se que Rin, quiere mucho a Sesshomaru; él le devolvió la vida; la protegió cuando no tenía a nadie más, la ha salvado incontables veces y, de alguna manera u otra, siempre se ha preocupado por ella… Es, como su salvador; lo más cercano a una familia que tiene; es natural que lo siga y lo admire; pero… ¿y él?.. Él es un demonio puro… y hasta dónde yo sé, sigue detestando a los humanos. Aún y cuando con ella es diferente, ¿qué podría sentir por ella?

Haciendo una reflexión… Kágome contestó:

Creo que el corazón de Sesshomaru ha ido cambiando desde que conoció a Rin. Ya no se refiere a los humanos como criaturas repugnantes y esos calificativos que antes usaba; además, recuerdo que durante los viajes en busca de Náraku, liberó el alma de esa chica que se enamoró de él, de nombre Sara; trató de ayudar a Kagura; y, durante la batalla dentro del cuerpo de Náraku, estuvo eliminando los demonios que se acercaban a mí, mientras estuve inconsciente, salvó mi vida.

Es verdad, -dijo Sango, haciendo memoria-, también perdonó la vida de Kohaku, y la mía cuando –bajo la cabeza, avergonzada- atacamos a Rin.

Si. -Dijo kágome- Y cuando la espada sounga (colmillo nublado), se apoderó del cuerpo de Takemaru, recuerdo que, durante la batalla, además de salvar mi vida y la de la propia Rin, apartó a Inuyasha de un ataque directo y lo recibió en su lugar; creo que lo estaba protegiendo, aún y cuando dice odiarlo.

Así es -convino Sango- sin duda lo estaba protegiendo. Incluso, si mal no recuerdo, los cambios que experimentó su corazón, son los que hicieron posible que Tensseiga pudiera activar sus poderes. Al menos eso fue lo que dijo el maestro Totosai, ¿recuerdas? Parece que, a pesar de ser diferente a Inuyasha por ser un demonio puro, si ha cambiado. Bueno, -pensó- finalmente es hijo de Inu No Taisho, tal vez heredó algunos de los rasgos de su padre.

Claro, -dijo kágome con una sonrisa- si los demonios no tuvieran sentimientos o no pudieran amar a los seres humanos Inuyasha no existiría. ¿No crees? (Dijo Haciendo alusión a que éste era resultado del amor surgido entre un demonio y una humana).

Una risita nerviosa salió de las dos al finalizar el comentario. Pero entonces, se quedaron en silencio, una idea, cual si fuera una fugaz ventisca, cruzó por sus mentes, y mirándose con los ojos muy abiertos, al unísono voltearon hacia Rin; quien, intranquila se movió quedando de espaldas a ellas.

¿Tú crees que…? Dijo Sango, mirándola.

No no no no no, claro que no. -Contestó Kágome, negando terminantemente con la cabeza y con el dedo índice-No obstante, un segundo después reconsideró:

Yo…- la miró nuevamente- no sé de qué forma Sesshomaru quiera a Rin, pero sin duda le importa. Fue capaz, incluso, de hacer a un lado su orgullo por ella, ya que prácticamente la dejo al cuidado de Inuyasha. Creo que su intención fue dejarla lo mejor protegida posible ahora que él no puede hacerlo.

Eso es cierto. – Confirmó Sango-, dando por terminada la conversación.

Kágome quitó los cabellos de la frente de Rin. Tenía algo de fiebre. Pensó: Si puedo regresar a mi época, traeré medicinas para ella. Pensando en la pena de la chica, miro hacia la ventana que asomaba al bosque circundante; soltó un suspiro, y pensó para sí misma: Espero que los chicos traigan buenas noticias.

Días después de la partida de Sesshomaru; Miroku e Inuyasha, habían viajado hacia las aldeas colindantes al reino del oeste, para investigar cómo se iba desenvolviendo la batalla; era un viaje largo, tardarían muchísimas lunas en volver.

"… No sé de qué forma Sesshomaru quiera a Rin, pero sin duda le importa. Fue capaz, incluso, de hacer a un lado su orgullo por ella, ya que prácticamente la dejo al cuidado de Inuyasha. Creo que su intención fue dejarla lo mejor protegida posible ahora que él no puede hacerlo."

Esas fueron las palabras que Rin escuchó claramente al despertar; la sacerdotisa Kágome y Sango se encontraban a sus espaldas hablando sobre el señor Sesshomaru. No se detuvo a pensar en el significado de aquello, solo una frase se clavó en su mente como un cuchillo hiriente: "Creo que su intención fue dejarla lo mejor protegida posible ahora que él no puede hacerlo." Claro, su señor la dejó aquí para protegerla. Por supuesto, es que ella era tan débil, tan indefensa que debía ser protegida todo el tiempo, como él mismo lo dijo cuando ella le suplicara acompañarlo:"Debes entender que no podré protegerte todo el tiempo."

Esas palabras … como dolían, como lastimaban. Lo peor, era que todos estaban de acuerdo con él, lo acababa de confirmar… "Creo que su intención fue dejarla lo mejor protegida posible ahora que él no puede hacerlo." Una y otra vez las recordaba. Gruesas lágrimas que dolían como si fueran sangre se escapaban de sus ojos, silenciosas. ¡Cuánta impotencia sentía! El ser humana, a pesar de los comentarios despóticos e hirientes del Señor Jaken, nunca le había parecido un obstáculo; sin embargo, ahora era diferente. Maldita su debilidad que le impedía regresar con él; maldita su humanidad; ¿Por qué Kami, por qué? Se preguntaba.

"Debes entender que no podré protegerte todo el tiempo." Esa frase, esa maldita frase le significaba casi una sentencia de muerte;.. ".. su intención fue dejarla lo mejor protegida posible..."; Una especie de risa resignada, casi cínica, escapó de sus labios, para asombro de ella misma.

¿Protegerme?… pensó; y haciendo acopio de una fuerza de voluntad que nunca antes se cuestionó si tenía, se sentó, miró a su alrededor, estaba sola. Abrazó sus rodillas mientras balanceaba su cuerpo hacia adelante y hacia atrás sobre el viejo tufón y miraba fijamente hacia un punto muerto de la cabaña. Como respuesta, a su mente traicionera acudieron los recuerdos de las incontables veces en que su señor le había salvado la vida y aquellas en que el señor Jaken, la sacerdotisa Kágome e Inuyasha, habían arriesgado la propia para salvarla cuando pequeña durante la batalla contra Naraku.

Si. -Concluyó con pesar- Era débil, siempre lo había sido. ¿Cómo podrían verla de diferente manera? Cerró los ojoscon fuerza, yun grito ahogado, inesperado, gutural, casi como un gruñido, escapó desde lo más profundo de su alma: ¡Haaaaaag! Apretó los puños hasta casi clavarse sus propias uñas. Y entonces, como si de una revelación se tratara, nuevos sentimientos inundaron su corazón: coraje, orgullo, fortaleza: Es cierto que era una humana…, pero.. ¿Acaso por ello tenía que ser débil, indefensa, dependiente…, alguien por quien siempre había que dar la cara? ¿Alguien que tenía que ser … protegida todo el tiempo?. ¡NO! -gritó su propia conciencia- Tomo una decisión: Si, era una humana, eso no podía cambiarlo, pero eso tampoco significaba que tenía que depender de nadie; eso si podía cambiarlo… y lo haría. Haría lo que sea, lo que fuera necesario y hasta lo que no, para que nadie, ni siquiera ÉL, volvieran a verla de esa manera tan vanal, como a un ser frágil e incapaz de defenderse por sí misma. Como en trance, se levantó, y acto seguido, salió de la cabaña dando traspiés, hacia el bosque.