HAPPY LIFE: ICE AND GOLD
CAP 3
"Entre remiendos"
El chico de ojos negros se encontraba en aquellos momentos, observando con aire distraído las puertas corredizas que daban a los pasillos principales de la pensión Asakura como si hubiera perdido todo interés en la comida que había preparado el Umemiya; Yoh y Manta se observaron de reojo con extrañeza, ya que el chico que se sentaba del otro lado de la mesa de piso nunca solía verse así de ausente, mucho menos al tener comida gratis por todo el frente.
-Qué sucede Horohoro?
Inquirió Ryu con expresión preocupada, siendo el primero en hablar hacia este mientras que un poco más allá, Chocolove hacía reír a Tamao y a Pirika, que también se les habían unido para la cena de aquella noche
-Acaso, algo en mi comida te ha molestado?
El más alto hizo una mueca y se rascó la cabeza, observando todo lo que había preparado y repasando mentalmente no haber cometido algún descuido; Manta se rió por lo bajo mientras que Anna, sentada más allá con los ojos cerrados fruncía muy apenas el ceño y tomaba de su propio plato un poco de arroz
-No digas tonterías
-Es verdad- agrego el chico de cabello rubio oscuro observando unos segundos a la chica que continuó con su propia cena sin inmutarse- la comida ha quedado deliciosa como siempre Ryu, debe ser otra cosa
Aseguró el Oyamada asintiendo, recibiendo una expresión de breve alivio por el hombre de cabello hacia el frente antes de que este volviese a ver preocupado al chico de la tabla de nieve
-Entonces, qué le sucede?
Preguntó nuevamente pero esta vez, el de cabellos claros reaccionó de forma enojada
-No me sucede nada, estoy cenando, ves?
Soltó golpeando la mesa con una mano y haciendo saltar algunos platos
-Como tires algo, tú lo limpias- susurró la Kyouyama por lo bajo pero el otro pareció no escucharla
-A lo mejor es que se siente incómodo, porque le falta su chamarra- se rió divertido el Asakura cerrando los ojos y moviendo los hombros al compás de su diversión, haciendo que el Usui le viese con un pequeño tic en un ojo; y es que era verdad, en aquellos momentos se encontraba con una simple playera blanca y se veía bastante extraño sin su eterno abrigo crema encima. A decir verdad, los únicos momentos en que se veía sin esta, era en algunas batallas si acaso o cuando entrenaba bajo la mirada de Pirika en situaciones pesadas, pero fuera de ello, aquella prenda era ya casi una marca de identidad para el chico de Hokkaido
-Qué…?
El aludido parpadeó un par de veces para después, cruzarse de brazos con incómoda molestia y hacerse un poco hacia atrás
-Por supuesto que no, pero qué tonterías dices Yoh- soltó Horohoro emitiendo un profundo bufido y entonces, abrió grandemente los ojos y se erizó al sentir el silencio del lado de la mesa donde estaban las chicas y acto seguido, la voz de su hermana que se elevó por encima de las de los demás
-Queeeeé!? Qué pasó con tu chamarra hermano?
Horohoro cerró los ojos de forma apretada y después, observó al chico de cabello castaño delante suyo que se encogió un poco y rió algo más, moviendo una mano a forma de disculpas mientras con la otra se rascaba la nuca y cerraba los ojos avergonzado
-Lo lamento "Hoto Hoto"
-Que no me digas "Hoto Hoto"!
Reclamó el ainú levantándose muy apenas para luego, ver la sombra de su hermana encima y esta vez, ser él quien se encogía abrumado por la sorpresa de tener a la otra chica encima con las manos en la cadera y gesto de angustia
-PERO SI TU NUNCA TE SEPARAS DE ESE PRECIADO REGALO HERMANO, ACASO TE ATACO ALGUIEN?
Soltaba a viva voz la chiquilla cada vez más alterada, provocando que el mayor de ellos moviese las manos a la desesperada
-Claro que no, Pirika, ya cálmate simplemente…!
Decía Horohoro para luego, terminar acostado de espaldas al suelo como reflejo de la actitud de su hermana menor que ahora, apretaba los puños juntos cerca de su pecho y se inclinaba aún mas hacia el otro
-PERO QUÉ!? NUNCA ESTARÍAS ASÍ A MENOS QUE FUERA UNA BATALLA!- comenzó a lloriquear dejándose caer sentada en el suelo y cubriéndose los ojos con los puños- hermano tonto! TONTO!
-Pirika, deja de alzar la voz o nos van a correr- gimió el de ojos negros mientras que Yoh se ponía de pie discretamente y comenzaba a irse
-Yo… iré a buscar a Ren…
Se rió nuevamente tratando de retirarse con fingida discreción, recibiendo una mirada enrabiada del ainú
-Tú provocaste esto, ayúdame a calmar a mi hermana!
Chilló pero entonces, parpadeó al ver el guiño de ojo que le daba el otro chico
-Tranquilo… sé que lo vas a solucionar- le dijo suavemente el Asakura- además… si no lo hago, no vas a estar tranquilo y es mejor así, no crees?
Se rió nuevamente bajito y entonces, desapareció por el pasillo principal, dejando al otro con expresión entre atontada y pensativa… acaso… acaso ese tarado en verdad estaba sospechando algo? Ya se lo había dejado entender aquella tarde pero de todas maneras… los vellos se le erizaron tan solo de pensar que podría andarse yendo de la boca con los demás; pero no, si no había dicho nada hasta ese momento y además, tampoco era seguro completamente que estuviera pensando en ello
Sacudió la cabeza
Al menos hasta que varias sacudidas a su cuerpo le despertaron de sus pensamientos, provocándole a gritar otra vez
-Pirika! Ya cálmate!
-Cómo quieres que me calme cuando estás actuando raro!?- seguía chillando la ainú
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Mientras tanto en una habitación lejana, el chino hacía una muy ligera mueca conforme iba moviendo aquella tela entre sus dedos y rechistaba al detenerse ante algunas zonas bastante adelgazadas de la chamarra, que iban a requerir de un buen y discreto remiendo
Era una fortuna que a pesar de todo, le hubieran dejado solo tantas veces en sus viajes y que estando aburrido, le hubiera dado la espinita por hacer alguna que otra labor tan solo por hacer algo aparte de entrenar; sin embargo, no estaba seguro de conseguir lo que necesitaba en aquella casa donde al parecer el que hacía las labores pesadas y de hogar, era el pequeño Manta y ni de broma le iría a pedir aguja e hilo. Negó un par de veces con la cabeza dejando salir un suspiro cansino y volvió a acercar al agua aquello.
Al menos, había conseguido deshacerse de las feas manchas con el suficiente cuidado como para no arruinar aún mas aquello
Frunció el ceño entonces.
En verdad, qué tenía aquella cosa gruesa y pesada como para ser tan especial para el chico de cabellos azules? Le dio una pequeña sacudida para acomodarla y la observó un poco más de cerca, repasando los detalles y las marcas originales que tenía por encima de las magulladuras ganadas en una batalla de ridículas proporciones contra su estúpido dueño.
Se podía notar el resaltado de las líneas rojizas que bordeaban las marcas azules sobre el crema y el resto de patrones que cruzaban aquí y allá, así como las tiras abotonadas; entrecerró los ojos con suavidad. Obviamente, una chamarra para snowboarding pero no hecha por la tribu del chico… ahora recordaba los modelos similares, habían sido hechas como parte de la mercancía que aparecía de vez en cuando en las competencias y tampoco era que fuesen muy baratas que se dijeran; casi dejó salir una ligera risa discreta, imaginándose al otro juntando centavos y todas sus mesadas tan solo por comprar aquello pero entonces, volvió a ensombrecerse su gesto al recordar que la hermana del idiota había dicho, que era un regalo muy preciado.
De sus padres, quizá? No estaba muy seguro de que las tribus indígenas de Japón fuesen precisamente inclinados a aceptar modas tan extremas a lo que ellos consideraban adecuado; apretó los dientes y su mueca se volvió ligeramente más molesta, quizá el obsequio había sido de una "amiga"?
Después de todo (Y Yoh ya lo había dicho antes), el ainú no hablaba en absoluto de su pasado o de sus familiares, a la única que conocían era a la escandalosa de su hermana y porque esta aparecía de golpe… fuera de ello, él JAMÁS había hecho comentario alguno de quienes había dejado atrás a menos que fuesen los Kropokul, pero acerca de personas, familia o cualquier ser humano cercano… nada; era como si el chico hubiese vivido aislado toda su vida y ellos fuesen su primer contacto con los humanos… lo cuál, tampoco tenía ninguna lógica. Horohoro muy a su peculiar forma tenía gran energía y simpatía con los que le rodeaban y nunca tenía reparos en decir lo que pensaba al resto, por muy raro o idiota que sonase.
Peor aún, a pesar de lo pesados que podían ser los demás con él (y por mucho que le fastidiase, él mismo), incluso solía llegar a admitir que era sencillamente tonto y actuaba como uno.
El chico de ojos dorados distraídamente se acercó más al lavabo donde estaba limpiando aquello y se apoyó ligeramente de frente.
Sin embargo… Horohoro era inteligente. Él sabía que lo era.
Muy discretamente, casi como si no quisiera dejarlo notar demasiado, hacía observaciones o comentarios que le dejaban ver que se daba cuenta de muchas cosas y que analizaba de una forma muy rápida y muy alerta lo que les rodeaba en batalla; incluso, tenía un sexto sentido que parecía variar con el movimiento de su cuerpo al grado que incluso al ser golpeado por algo, no salía ni por poco tan herido como debería de. Y cuando parecía que le habían dejado fuera de combate y estaba inconsciente en realidad, solo estaba tomando aire para retornar con mayor fuerza y mucha más velocidad.
Algo de calor subió por su rostro, recordando las pequeñas ocasiones en las que sin pedirlo, hubiese olvidado sus peleas y se metiese por él en algún ataque, parándose firme para impedir que llegasen a él.
No sabía si era consciente de ello pero… eran las únicas ocasiones en su vida en las que se había sentido protegido de verdad.
No que él lo buscase, mucho menos que lo necesitase ya que era más fuerte que cualquiera de ellos pero aún así… ese pequeño gesto, ese momento frágil y de apenas unos segundos, era suficiente para hacerle sentir por dentro, que no tenía por qué dar el frente siempre él solo.
Sin pensar, frotó muy apenas una de las zonas de la chamarra que requerían urgentemente el remiendo.
Qué se sentiría, ser abrazado con la misma firmeza de los muros de hielo que a veces utilizaba el ainú para salvaguardarle del peligro?
Volteó el rostro muy ligeramente al ver que alguien le acercaba un hilo de color claro y una aguja en su cojín. Su mente tardó varios segundos en reaccionar, parpadeando un par de veces con gesto sorprendido y entonces, dejó salir algo parecido a un grito de fastidio al ser descubierto en su meditación por un muy divertido Asakura, que solo le sonreía muy apenas con calma y viéndole de lado.
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-Entonces…
-Entonces, qué? Te costaba tanto hacer algún ruido o avisarme que me estabas espiando? Eres un entrometido Yoh…
-Lo siento, es que… te veías tan concentrado que no quería interrumpirte, jijiji
Unos minutos más tarde, desde que hubiera sido descubierto por el dueño de aquella pensión, el Tao se encontraba sentado lo más elegante que podía con una pierna cruzada por encima de la otra en un cubo volteado de cabeza, mordiéndose la punta de la lengua con rabia mientras que iba cerrando de forma bastante cuidadosa los puntos que requerían de un refuerzo antes de volverse unos enormes y evidentes agujeros en la chamarra para nieve.
En otro cubo de igual forma, el chico moreno observaba entretenido la labor de su amigo más joven que parecía realmente concentrado en que aquello, fuese lo más exacto posible.
Sin errores, sin movimientos de más, todo siempre fríamente calculado, incluso en una actividad que parecía tan natural al chino como a un santo dos pistolas. El silencio volvió a caer sobre ellos un rato más antes de que Yoh decidiese volver a hablar con el otro, que al parecer no se daba cuenta de la manera en que cambiaba su mirada por la dura y fría de siempre a una que, aún seria, era mucho más suave y relajada, casi como si todo lo que hiciese…
-En verdad que los envidio, chicos…
Suspiró el Asakura cerrando los ojos y moviendo el bote sobre el que estaba, para sentarse mejor en el suelo y apoyar las manos hacia atrás, estirándose apenas con los ojos cerrados; Ren parpadeó un par de veces y dejó lo que hacía para ver con extrañeza al otro
-Tú? Tú tienes la capacidad de envidiar a alguien, Yoh?
Se rió incrédulamente siendo imitado por el otro, que amplió aún más su sonrisa sin abrir los ojos
-Hasta el hijo del demonio puede ser capaz de envidiar a sus amigos, según mi parecer- comentó como quien no quería la cosa, volviendo a reír y dejando a un Tao bastante extrañado
Ren negó un poco con la cabeza. Nunca entendería esos comentarios tan extraños que venían del otro chico, especialmente porque de repente sentía que tenían un gran peso detrás de ellos que ninguno de ellos era capaz de vislumbrar; ni siquiera él, con todo su pasado, podía entender lo que cruzaba por la mente de su amigo especialmente después de conocer todo el peso de las responsabilidades que cargaba, al ser a quien su familia había designado para salvarlos de su malévolo y desquiciado hermano.
Volvió la vista a lo que tenía en sus manos e hizo un nudo discreto, que se cubría bastante bien para luego pasar a otra zona que requería de atención sobre la tela
-Cómo sea… no entiendo exactamente que podrías envidiarnos- dijo el de ojos dorados continuando con lo suyo- no sé acerca de ese imbécil, pero al menos de mí no tendrías ningún motivo para hacerlo- frunció el ceño con fastidio- después de todo, conoces las cosas que ocurrían en mi casa, no?- se tensó suavemente al recordar la forma en que le había encontrado en el calabozo de su hogar. Era una fortuna que, sin tener que pedirle nada se hubiera guardado toda la verdad sobre su estado y solo hubiera dejado salir, que había sido golpeado y nada más
También Basón se había cerrado a comunicar nada más de los secretos de su amo y se lo agradecía en silencio
-Cómo podrías envidiar…?- tembló muy ligeramente recibiendo una mirada esta vez seria del otro- algo tan…?
-Lo lamento, no me refería a eso
Se disculpó inmediatamente el Asakura, esperando con ello calmar al chico que se había tomado su comentario a la tremenda; tampoco era que le extrañase, después de todo lo que tenía encima el Tao, era obvio que reaccionas de forma tan a la defensiva ante cualquier cosa parecida.
-Lo que quería decir… era que envidio el hecho de que tengan al menos, la libertad para poder elegir a quien le entregan el corazón
Comentó muy por lo bajo y con suavidad el chico de cabellos castaños, abriendo un poco los ojos esta vez sin ver a nada en específico; una punzada le cruzó por dentro, en verdad… como les envidiaba. Por su parte, Ren Tao fruncía el ceño molesto y parecía usar todo su autocontrol para no descuidar los remiendos que se encontraba haciendo en aquellos instantes para no arruinar lo que llevaba, ante lo que dejaba salir el otro; entendía por qué lo decía, especialmente al saberle atado a una chica que, por mucho cariño que el moreno mostrase era evidente que por su carácter, igual resentiría los maltratos que la rubia le daba de una manera u otra.
Incluso, se sentía culpable al tener un sentimiento de lástima por éste.
-Pero bueno… estoy seguro de que Horohoro se va a dar cuenta en algún momento, verdad?- Yoh sonrió con animos hacia el otro que se congeló en su asiento y detuvo el movimiento de la aguja en el aire, clavando la mirada hacia el frente con los dientes apretados y unas pocas líneas rojizas sobre sus mejillas
-Y por qué demonios piensas que yo querría nada con ese idiota?- soltó con voz alta y casi aguda el Tao, temblando muy ligeramente y recibiendo la risa liviana del otro
-Es obvio- dijo con soltura Yoh, bastante alegre mientras cerraba los ojos- además, es al único al que directamente llamas "imbécil" y lo dejaste ver cuando te dije que los envidiaba… no pensaste en nadie mas, entonces, significa que estabas pensando en Horohoro, cierto?
Para ese punto, la normalmente piel blanca del chino ahora era rojo granate y su tensión había aumentado; incluso, su cabello que sobresalía en punta parecía haber adquirido vida propia al crecer y encogerse en pequeños y espasmódicos movimientos, lo que solo incrementó la hilaridad del Asakura
-YO NO ESTABA PENSANDO EN ESE IDIOTA!
Chilló finalmente el Tao temblando de forma perceptible, con los ojos en blanco y el rojo de su rostro y cuello al vivo a lo que Yoh simplemente se encogió de hombros
-No tiene nada de malo
Tranquilizó Yoh con un suspiro, dejando de reír pero aún sonriendo suavemente y con los ojos cerrados
-Además, hacen una buena pareja…
-Estas delirando otra vez- se quejó el Tao ya un poco mas calmado pero aún con las mejillas encendidas; cerró los ojos y continuó su labor sin darse cuenta, de que había aferrado nuevamente con fuerza aquella chamarra, como si de alguna forma, se sostuviera de su dueño para sentir mas fuerza- él y yo no tenemos nada… para empezar ambos somos chicos…
-Tu hermana está saliendo con un zombie, que tu sientas algo por otro ser humano no tiene nada de raro, aunque sean chicos…
Replicó Yoh calmado, parpadeando una vez y viendo al Tao que se mordió un labio pero mantenía el porte firme y altanero
-Jun es Jun, yo no me meto con sus cosas- trató de responder el otro, resoplando a través de la nariz- y de todas maneras, él y yo no tenemos nada en común…
-Excepto, que se gustan entre ustedes
Señaló con ánimos Yoh, sonriendo y levantando un dedo para luego, recibir en el rostro el cojín de los alfileres
-QUE TE DIGO QUE NO ME GUSTAN LOS IMBÉCILES!
Gritó nuevamente completamente rojo el chino
-Cómo podría gustarme siquiera, un sujeto que solo piensa en comer, dormir y hablar idioteces cada que abre la boca? No tiene ningún sentido!
El moreno se quitó cerrando un ojo, el cojín del rostro haciendo una mueca para luego, ver con gesto casi ofendido al de ojos dorados que continuaba alterado y apretando un puño
-El amor nunca tiene sentido
Respondió con sencillez Yoh, dejando el cojín a un lado y sobándose distraídamente la zona del golpe
-Solo lo sientes y ya. No tiene un razonamiento, ni siquiera un porqué aunque mucha gente quiera ponerse poética y decir muchas cosas respecto al tema… ni siquiera es algo que yo comprenda, porque no creo que sea como lo que sientes por tus amigos- se rascó la mejilla con un dedo y de nuevo, esa sensación incómoda de lástima apareció en el pecho del Tao- pero lo que sí puedo saber, es que cuando aparece… es porque simplemente, existe alguien que propició su nacimiento
Dijo
-Es como la lluvia y una semilla. No importa si la has sembrado en tierra árida o en un lugar completamente adecuado, no crecerá o nacerá hasta que la lluvia adecuada llegue… no cualquier lluvia o agua- añadió viendo a su amigo y sonriendo con suavidad- aquella que logre tocarla, solo la que la alcance, propiciará que nazca y crezca… es lo mismo con el amor, creo yo. Tú y Horohoro quizá no son iguales y sus objetivos no son los mismos pero eran los adecuados el uno para el otro y por eso se han alcanzado
Cerró los ojos con gusto
-Créeme… que si pudieras verlos a ustedes desde nuestros ojos, te darías cuenta… de que ambos brillan más que nunca, solo cuando están juntos…
El silencio volvió a caer sobre ellos, mientras que el Tao observaba a su amigo en el suelo y meditaba en sus palabras como si de alguna manera, hubiesen llegado hasta el fondo de su mente; que ambos brillaban más estando juntos… y si lo pensaba detenidamente… realmente y de alguna forma, tenía razón. Al menos, él siempre sentía ese impulso de ponerle mas empeño a todo lo que hacía, solo por que el ainú estaba a su lado y no quería que pensara menos de él.
Él… Ren Tao, al que no solía importarle lo que nadie creyera… deseaba brillar, solo por qué tenía al chico de ojos negros junto a él…
Bajó muy apenas la mirada, pensativo mientras que cortaba el último trozo de hilo con el que había reparado aquella chamarra mientras que su amigo, tan solo le observaba en silencio, sonriendo muy suavemente y permitiéndole razonar con todo lo que le había dicho; Yoh en su interior, en verdad sabía que una de las cosas que más deseaba en aquel mundo, al menos una de las que le parecían más factibles, era la de poder ver a dos de sus mejores amigos, encontrar la felicidad juntos
Tal vez era algo egoísta, querer obtener parte de esa felicidad a través de ellos dos pero… en verdad, deseaba intensamente el tener la oportunidad de verlos completos, de presenciar el que dos personas que DEBÍAN de estar juntas, lo consiguieran
Solo quería…
-Chicos…
Ambos saltaron de golpe ante la repentina intrusión, volteando hacia las puertas deslizantes desde las cuáles, Manta Oyamada se asomaba sonriendo entre avergonzado y tímido al sentir que interrumpía algo importante; Yoh dejó salir su ligera risa aguda entre dientes y con los ojos cerrados mientras que Ren se volteaba a otro lado, entornando los ojos con molestia
-La cena ha terminado y Anna dice que como se tomaron la osadía de no estar en ella (y tú Yoh, de irte así nada más sin regresar), entonces… les toca lavar la loza…
Manta cerró los ojos y se fue tan rápido como había llegado, no queriendo interrumpir más de lo debido a los otros, dejando a ambos chicos observando con sorpresa la puerta por el castigo impuesto y entonces, se vieron el uno al otro y dejaron salir una pequeña risa cómplice
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Muchísimas gracias por leer esta historia! En verdad me honra mucho el que lo hagan ^^
Guest:
-La verdad sí, Ren es todo un uke hahahaha... tanto en el manga como en el anime xD es imposible no verlo de esa manera y aún me lamento lo de Jeanne (en verdad? ni una sola vez muestran una triste química y de repente, resulta que hubo casorio? a mi esas Kishimotadas no me la pegan xD); pero bueno, siempre tendremos los fanfics para ser felices =w=... mil gracias por tu review!
