¡Hola! Aquí les dejo el capítulo, ¡esperando ansiosa por sus comentarios!
Hermanos
Sábado 9 julio de 2011
Después de despedirse de sus hijos, Esme Cullen se marchó de Seattle con la promesa de que ellos encontrarían a Carlisle y se lo harían saber en el instante en que pasara.
Emmett estaba en el patio de la casa de sus padres jugando con el balón de basquetbol, supuso que le ayudaría a quitarse la tensión.
—Hoy es el funeral de Marco Vulturi. —Comentó Edward caminando en dirección a su hermano, con una seña le pidió el balón y Emmett se lo arrojó.
—Sí, con todo lo que está pasando a penas van a enterrar al pobre viejo.
—Era todo, menos pobre.
Edward lanzó la pelota a la canasta y encestó limpiamente.
—¿Estás seguro de lo que estás haciendo?, involucrarte en esto puede traerte bastantes problemas. —Preguntó Emmett al tiempo que recogía el balón.
—Si Aro o Cayo son los responsables ningún policía se acercara a la verdad, los ancianos Vulturis controlan la ciudad, además estarán más ocupados cuidándose las espaldas de los periodistas, pasara algún tiempo antes de que se les ocurra ver una amenaza en mí. —El razonamiento de Edward era lógico pero no pareció tranquilizar a ninguno de los dos.
—Allá tú, pero no digas que no te lo advertí. —Emmett botó el balón en el piso un par de veces, dio un brinco y lanzó el balón a la canasta.
—¿Crees que papá este bien? —Edward recibió el balón al tiempo que caía de la canasta.
—Estaba con Charlie Swan, es el mejor policía que he conocido, todos lo admiramos, incluso los que han estado en servicio más años, Charlie es increíblemente inteligente, siempre va dos pasos adelante de los demás. Descontando que sigue manteniéndose en forma, su verdadera arma es el intelecto, no dudes jamás que tiene un plan.
—Así que nadie sacaría de la ecuación tan fácilmente a Charles Swan. —Concluyó Edward.
—Exacto, y él nunca deja a un compañero atrás.
.
El hotel The orange tree en esos días solo recibía a la mitad de huéspedes para los que estaba diseñado. Eran alrededor de las ocho de la mañana, e Isabella ya estaba releyendo la información que había podido recaudar de los sitios web relacionados con las noticias de Seattle y acababa de regresar tras haber salido a comprar los diferentes periódicos de ese nublado y tormentoso sábado.
En primera plana de todos los periódicos de Seattle estaba una foto de Didyme Vulturi, la viuda de Marco, en la fotografía Didyme lucía una sonrisa idéntica a la de la Mona Lisa, indescifrable, con mil emociones diferentes y a la vez ninguna que se pudiera nombrar.
Didyme poseía una cabellera intensamente oscura y larga, resaltaba el contraste con su piel blanca como la nieve, sus ojos tan claros daban la impresión de ser transparentes.
¿Sería posible que Didyme planeara asesinar a su esposo?, ¿Podría haberlo hecho ella misma?, ¿Cuál sería el motivo?
Bella se mordió el labio inferior nerviosamente, al tiempo que daba golpecitos al periódico con el lapicero. Su celular comenzó a vibrar, Bella se sobresaltó pero lo tomó y leyó el mensaje atentamente.
Edward y Emmett estaban esperándola afuera del hotel. Bella se apresuró por recoger todos los papeles que había extendido sobre la cama y corrió al elevador para encontrarse con sus amigos.
—Hola chicos.
Bella los saludó al subir al volvo. Antes de que Emmett pudiera interrogar a nadie más, Bella le soltó una pregunta que lo distraería aunque fuera unos instantes.
—¿Cómo conociste a Rosalie Hale?
Emmett sonrió.
—Trabaja en el Seattle news, la acaban de contratar hace tres meses y ya ha publicado dos historias que han impresionado a sus jefes, es muy ambiciosa, se la pasa en el departamento de la policía intentando pescar alguna noticia.
—¿Ya la has invitado a salir? —Edward miró por el espejo retrovisor a Bella y le guiñó el ojo, ella le correspondió con una sonrisa. Aliarse contra Emmett les convenía a ambos.
—Hemos salido a tomar un par de cafés.
—Una chica así debe tener muchos pretendientes, seguramente tienes mucha competencia. —Bella le dio un golpecito a Emmett en el brazo.
—Un tal Royce King II anda tras ella, una vez apareció. —Emmett se tronó los huesos de los nudillos. —No fue bonito. Es un banquero bastante serio y aburrido, eso me dijo Rose.
—¿Rose? —Edward apretó los labios para esconder su sonrisa.
Antes de que ninguno pudiera decir algo más, llegaron al restaurante. Los tres bajaron del auto y esperaron a que los guiaran a su mesa.
Isabella hizo una mueca al percatarse de que la gran mayoría de las mujeres volteaban a ver a sus amigos. ¡Clásico!, pensó Bella, en los viejos días cuando esos tres eran inseparables, a cualquier lugar que iban las mujeres siempre se comían con los ojos a Edward y Emmett y ocasionalmente los suspiros eran tantos que despeinaban a Bella.
Cuando por fin les dieron las cartas y los dejaron solos, Isabella fingió leer la suya intentado ignorar el sentimiento de que todas aquellas mujeres se preguntaban que hacía ella con esos dos.
—¿Qué saben de Didyme? —Bella les peguntó después de ordenar su comida.
Emmett levantó las cejas sorprendido y luego se echó a reír.
—Era la esposa de Marco. ¡Y vaya esposa!
Edward y Bella miraron confundidos a Emmett.
—Didyme Vulturi tiene admiradores por montones. —Prosiguió distraídamente, Emmett untaba mantequilla a un trozo de pan. —Según sus ricas y pomposas amigas, antes de conocer a Marco ella era una rompecorazones. Cualquier hombre que la veía se enamoraba inmediatamente de ella, ¡Hombre, que va!, los traía locos.
—¿Y qué pasó? —Inquirió Edward.
Emmett se metió el pedazo de pan a la boca y cuando terminó de masticar, siguió hablando.
—Todos los hombres que la conocían estaban perdidamente enamorados de ella, pero según dicen Didyme no correspondía el sentimiento, hasta que un día conoció a Marco Vulturi. Se supone que fue algo así como un cuento de hadas. —Emmett se encogió de hombros. —Marco y Didyme estaban locos de amor, un par de tortolitos. Se casaron, tú sabes, vivían en su mundo color de rosa, pero los admiradores de Didyme no se esfumaron.
—¿Eso causó problemas a su matrimonio? —Bella tomó un sorbo al vaso con jugo de naranja que tenía en frente.
—Marco la adoraba, confiaba ciegamente en ella. Claro que Didyme no tenía ojos para nadie más, sólo él. Pero Aro y Cayo le metieron ideas a Marco, que debía vigilar a su mujer, las cosas estaban tensas. ¿Sabían que Didyme es la hermana menor de Aro?
Edward y Bella abrieron los ojos como platos. Emmett se carcajeó al ver sus caras.
—Marco y Aro eran los mejores amigos. La vida de los Vulturis parece una telenovela.
—Tal vez el que mató a Marco quería quedarse con Didyme. —Conjeturó Edward.
—No lo había pensado. —Admitió Emmett.
La camarera apareció con la comida, sonriéndoles exageradamente a Emmett y Edward, como si servir comida fuera tan gratificante como salir de compras y poder derrochar el dinero. Bella bajó la mirada y se concentró en aguantar la risa. Emmett no vio a la camera dos veces, estaba mucho más interesado en la ración de chilaquiles que había en su plato. Edward estaba intentando adivinar que estaría pensando Bella para su repentino cambio de humor.
—Si se les ofrece cualquiercosa, avísenme.
El mensaje fue muy obvio, la camarera se dio la vuelta y se alejó. Bella se llevó una mano a la boca para amortiguar su risa.
—¿Qué pasa? —Edward vio a Bella extrañado.
Normalmente él era una persona muy suspicaz, pero había ignorado a la camarera por estar prestándole toda su atención a Bella. Aparte de que Emmett comía como si no hubiera un mañana.
—Nada. —Bella negó fervientemente con la cabeza.
Cuando terminaron de comer, Isabella aprovechó para ver que más podía averiguar.
—¿Qué nos puedes decir de las esposas de Aro y Cayo?
Emmett frunció el seño tratando de recordar.
—Sulpicia es la esposa de Aro, ella y Athenodora, la esposa de Cayo, son inseparables. Aro es un viejo loco. —El tono de Emmett no era despectivo, pero se notaba que en verdad lo creía. —Aro contrato a un guardaespaldas que sigue a Sulpicia como si fuera su sombra, además Sulpicia ni siquiera puede dejar su lujosa mansión.
—¿No se hartan de vivir así? —Bella estaba atónita, no podía concebir que alguien pudiera ser feliz de ese modo.
—Bueno, Sulpicia, Athenodora y Corin, algo así como su dama de compañía, se la pasan juntas, a veces Didyme también pasa tiempo con ellas.
—¿Qué más nos puedes decir de Athenodora? —Edward le preguntó a su hermano.
—Cayo y Athenodora son de cuidado. —La vehemencia en la voz de Emmett captó el interés de sus acompañantes. —Se dice, se rumora y se comenta por todo Seattle que Cayo suele contratar a asesinos a sueldo para resolver "asperezas" en su negocio. Pero no se ha podido comprobar nada. Créanme, Cayo es vil, cruel, incluso sanguinario. Una buena representación de "El fin justifica los medios". La relación entre Aro y Cayo es puramente de negocios, el dinero y el poder es lo que los mueve. Pero si hay alguien en verdad temido por todos aquí en Seattle esa es Athenodora, es la más peligrosa de los Vulturi, y tiene todo el apoyo de ellos para proceder.
Emmett se movió incomodo en la silla, como si le hubiera dado un escalofrío.
—¿Ellos dos no habrán tenido una razón para querer eliminar a Marco? —Sugirió Edward.
—No sé. Pero lo que sí sé es que los Vulturis se comportan como una familia, muy disfuncional, eso sí, pero se ve a simple vista que tienen secretos en abundancia, ya saben, traición, mentiras, cizaña y de más. —Emmett negó con la cabeza desaprobatoriamente. .
Edward y Bella fueron a dejar a Emmett a la estación de policía. El volvo de Edward aun estaba estacionado, él y Bella anotaban la información que habían obtenido de su conversación en el restaurante.
—¿Irás al funeral? —Bella veía asombrada la fina caligrafía de Edward, casi lo envidiaba.
—Seguro, podrían aparecer una pista o dos.
—Entonces nos veremos ahí. —Bella estaba recargada contra el cristal.
—¿Quieres que pase por ti?
—No, está bien, gracias, tengo que ver a alguien y no sé donde estaré.
Edward se aguantó las ganas de preguntarle quien era. En eso, Bella vislumbró justo a la persona con la que quería hablar.
—Tengo que irme.
Salió precipitadamente del auto y se encaminó en el encuentro de un recurso que no pensaba desperdiciar. Edward puso el motor en marcha, recordando la dirección que planeaba visitar.
La llovizna era casi imperceptible pero a Bella le incomodaba que el suelo estuviera siempre repleto de charcos, temía resbalarse en el momento más inadecuado.
—¡Espera! —Dijo a voz de grito.
La alta y morena muchacha se detuvo sorprendida para averiguar quién la llamaba. Bella se apresuró para alcanzar a la joven periodista y Leah caminó hacia ella pausadamente.
—Soy Isabella Swan. —Se presentó.
—¿Swan? —A la periodista parecieron brillarle los ojos. Bella asintió.
—Mi padre es Charles Swan. Quería hablar contigo. —Anunció con seriedad.
—Bien, mi nombre es Leah Clearwater, por cierto.
Ambas caminaban una al lado de otra sin hacer contacto visual, pero curiosas por la otra.
—¿Estás investigando el caso de mi padre no es así? —Empezó Bella.
—Todo lo que tenga que ver con la muerte Marco Vulturi. —Confirmó Leah.
—Podríamos investigar juntas. —Sugirió. —Yo quiero encontrar a mi padre y tú quieres salir en primera plana. Ambas ganamos.
Leah sonrió ladinamente, Isabella no sabía nada de periodismo. Bella debió intuir que se negaría porque se apresuró a agregar:
—Compites con Rosalie Hale, ¿no? Te conviene aprovechar toda la ayuda que se te presente. Tú serás la experta, pero dos cabezas piensan mejor que una.
Leah puso los ojos en blanco.
—De acuerdo, lo que sea por demostrarle a esa rubia que no es la mejor periodista de Seattle.
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Leah decidió invitar a Bella a su departamento, ya que su prioridad era ser la primera en escribir la historia que volvería famoso su nombre por todo Seattle.
El departamento de Leah era amplio, colorido y desordenado. Tenía una pequeña cocina, una sala y dos habitaciones. Por lo visto la cocina no se usaba a menudo, más que para preparar cereal con leche. La mesita de la sala tenía montones de papeles, recortes de periódicos, de revistas, fotografías y un cuaderno con lapiceros y clips al lado.
—Perdón por el desorden, no recibimos muchas visitas.—Se medio disculpó Leah.
Leah se quitó el abrigo, y pasó una mano por su sedoso, largo y oscuro cabello. Invitó a Bella a sentarse en una de las sillas del desayunador de la cocina.
—¿Quieres una taza de café? —Ofreció.
—Sí, muchas gracias.
—¿Leah?
Una voz alegre y despreocupada sonó al tiempo que alguien abría la puerta.
—Aquí estamos. —Respondió ella.
Un joven de aproximadamente dieciséis años, de piel morena, cabello negro y ojos marrones apareció en la cocina.
—Es mi hermano Seth. —Le explicó a Bella. —Ella es Isabella Swan. —Le dijo a Seth.
Seth estrechó la mano de Isabella, sonriendo.
—Llámame Bella.
—¿No deberías estar en la escuela? —Leah interrogó a su hermano menor.
—Suspendieron la última clase. Supe que hoy sería el funeral de Marco Vulturi, ¿puedo ir contigo Leah?
—¿Por qué querrías ir a un funeral de alguien que no conociste?
—Vamos, hermana, por favor, todo esto es muy interesante, ¡Como una película! —En verdad Seth sonaba entusiasmado.
—Hagamos un trato, si limpias y recoges tu habitación, te llevaré.
Seth se fue tranquilamente a su cuarto.
—Está loco. —Afirmó Leah. —Yo me preocuparía de saber que hay un asesino en ese funeral.
—¿Crees que este ahí? —Inquirió Bella.
—La mitad de la ciudad estará ahí.
—¿Quién crees que sea el culpable?
—Aun es muy pronto para saberlo. No hay muchas pistas. Esperaba que tú me dieras algunas.
—Honestamente, creo que lo más lógico sería seguir los pasos de mi padre. Quiero averiguar que pasó esa noche exactamente, cada cosa que vio, escuchó o dijo Charlie. ¿Dónde estuvo? Y ¿con quién? Lo conozco, si sospechó que estaba en peligro debió haber dejado un rastro.
—Según los registros Charles recibió una llamada la noche que encontraron a Marco Vulturi.
—Así que no fue el primero en encontrar el cadáver.
—Quizá, puede que alguien, además del asesino, haya estado ahí antes que Charles, pero existe la posibilidad que el mismo asesino haya echó la llamada. Puede que se esté divirtiendo con todo esto. —Leah le dio un sorbo a su tasa humeante de café.
—Pero hay algo que no entiendo, ¿por qué mi padre y Carlisle llegaron juntos a la mansión?, ¿Qué estaría haciendo el doctor Cullen en la estación de policía? —Bella sujetaba la tasa con ambas manos procurando calentarlas.
—Más extraño es que la mansión estuviera desierta, ¿A dónde fue su esposa esa noche? —Leah tenía los codos sobre la mesa con la mirada perdida, imaginando las posibilidades.
—Ahora que lo pienso Miller no nos dijo porque declararon a Charlie y a Carlisle desaparecidos oficialmente, ¿Qué estuvieron haciendo desde la madrugada del domingo?
Bella sopló al caliente café y Seth pasó junto a ellas cargando una pila de ropa que iba a meter en la lavadora.
—Parece que tenemos muchas cosas que investigar.
.
Las nubes de tormenta se agazaparon sobre el cielo de Seattle, a través de las ventanas, se podía ver el diluvio que azotaba sobre la ciudad.
—Un clima apropiado. —Murmuró Edward viendo como el limpiaparabrisas iba a toda velocidad.
Estacionó su plateado volvo, y salió a merced de la lluvia para ir a la clínica Stars. Recorrió los idénticos pasillos y subiendo los empinados escalones, leía los nombres en las placas de las puertas hasta que se topó con el indicado. Jasper Hale.
Edward tocó la puerta con los nudillos.
—Adelante. —Respondió una voz tranquilizadora.
Abrió la puerta, el consultorio era una especie de sala fría e impersonal, como un cuarto de hotel barato.
—Señor Cullen, lo estaba esperando, tome asiento por favor. —El psicólogo era alto, rubio, de piel blanca y hacía alarde de su muy practicada cara de póquer. Jasper estaba sentado en un gran y cómodo sillón de cuero.
Edward se sentó en el sofá gris que tenía espacio para tres personas.
—Vengo a hablar con usted sobre Marco Vulturi. —Empezó Edward. —Mi padre mencionó una vez que Marco asistía regularmente a sus sesiones.
—No puedo revelar los secretos de mi paciente. —Negó Jasper Hale.
—Pero puede que ayude a encontrar a mi padre, Carlisle Cullen, usted lo conoce, desapareció tras encontrar el cuerpo del señor Vulturi. —Insistió Edward.
Los ojos de Jasper se movieron ligeramente por la sorpresa y a Edward no le paso desapercibido.
—El doctor Cullen no desapareció inmediatamente después de encontrar el cadáver. —Reconoció el experimentado psicólogo.
—¿Qué quiere decir?
—Carlisle vino el pasado 3 de julio, estaba acompañado por el policía Swan, me hicieron algunas preguntas.
—¿Cuáles fueron esas preguntas?
Jasper pareció dudar. Observó atentamente al hijo de su colega, meditando sus opciones.
Jasper Hale tendría dos años más que Edward, era muy joven, pero brillante a la vez, llevaba ejerciendo tres años.
—¿No viene Isabella Swan contigo? —Preguntó al fin.
Antes de que Edward pudiera abrir la boca, tocaron la puerta del consultorio y sin esperar respuesta Rosalie Hale entró y cerró la puerta.
Rosalie se apartó los mechones de cabello rubio claro que tapaban su cara.
—¡Esta lloviendo a cantaros! —Exclamó. —¿Listo para irnos hermanito?
—Rose… Él es Edward Cullen. —Jasper hizo un gesto con la mano.
—Un placer conocerte. —Rosalie le dio la mano a Edward.
—Al contrario, el placer es todo mío.
—Entonces, ¿Eres hermano de Emmett? —Comenzó la periodista que ya estaba sentada junto a Edward.
—Sí.
—¡Ah!, él habla muy bien de ti, está muy orgulloso. —Sonrió Rosalie.
—Claro, al contrario de mi hermana gemela que no habla nada bien de mí. —Bromeó Jasper viendo a Rose.
—Correcto, Jazz. —Ella asintió riendo. —Y el funeral comenzará en una hora, será mejor que nos demos prisa, Clearwater llegará en cualquier momento he intentara robar mi historia.
—Iba a encontrarme con mi hermano ahí, puedo llevarlos. — Ofreció Edward.
—Muchas gracias. —Rosalie se levantó y salió como una exhalación.
—Lamento que mi hermana nos haya interrumpido, se toma su trabajo muy en serio. —Se disculpó Jasper.
—Está bien. Lo que me sorprende es que usted la acompañe al funeral.
Edward y Jasper bajaban las escaleras moderadamente, aunque Rosalie ya estaba en el pasillo principal de la clínica.
—Llámame Jasper. —Pidió. — Didyme me pidió que hablara con su esposo. Ella lo convenció de asistir a terapia. Me llamó cuando se enteró de la muerte de su esposo e insistió para que yo fuera al funeral.
—¿Marco Vulturi tenía algún trastorno? —Inquirió Edward.
El psicólogo sonrió inocentemente.
—Mi hermana nos espera.
Edward hizo una mueca que se esforzó por ocultar mientras los tres se dirigían al panteón.
Respuestas de reviews del capítulo anterior:
alessandra cullen: En este fic no salen vampiros, ni nada sobrenatural, todos son humanos. Leyes para los mortales e ingenio humano. Me gustaría saber qué opinas de este capítulo :)
Irina: Me alegra leerte por aquí, aprecio mucho tu review. Me entusiasma saber que te gusta mi fic, ojala me puedas dar tu opinión de este capítulo.
NickiCullen: ¡Hola otra vez!, ¡Que felicidad saber que te llama la atención mi nuevo fic!, actualizo lo más rápido que puedo. Me halagas, jeje. Ojala me puedas dejar tu comentario sobre este capítulo.
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Itzi
