Novela: Luces lejanas.

Capítulo 3. Paseos.

Jasper caminó hasta la valija de esa belleza de auto. La abrió rápidamente y en un solo movimiento los bolsos ya estaban adentro y bien acomodados, de forma que no se movieran en el viaje que había hasta Forks. Eran aproximadamente unos 69 kilómetros desde el Aeropuerto Internacional William R. Fairchild, que era donde estábamos, hasta nuestro destino. No iba a ser un camino muy largo, pero si un tanto aburrido. No parecía que Jasper fuera muy charlatán que digamos, así que tendría que hablar con Ash. Nosotras llegamos al lado del auto, y cuando Ashley iba a abrir la puerta de atrás para poder entrar las dos, Jasper nos detuvo, tomándonos de los brazos a Ashley y a mí. Milagrosamente de nuevo se las arregló para poner su mano sobre la mangas de la camiseta, sin tocar mi piel. Con Ashley actuó del mismo modo. Yo me sonrojé en un segundo y luego como pude recompuse mi expresión.

-Por favor, chicas, déjenme ser caballero. – Al formular esa frase nos soltó y se acercó a la puerta del copiloto con una agilidad impresionante. La abrió y la dejó así, con una mano apoyada en la manija aún. – ¿Cuál de ustedes desea ir adelante? Vamos, no muerdo – Añadió mientras se le formaba una sonrisa traviesa en el rostro, como disfrutando de algún chiste privado del cual Ash y yo no estábamos enteradas. Mi hermana y yo nos miramos, dudando quién daría ese paso. Ella tenía una graciosa mueca en el rostro, no me lograba dar cuenta si era miedo o si era asombro. Fuera cual fuera, me dio risa. Al fin, visto que Ash no se movía, yo caminé con determinación hacia allí. – Muy bien, Bella, muy valiente, porque al parecer algunas acá me tienen un poco de miedo... – Miró a Ashley, quién lo observaba atónita por haberla descubierto. Después, en el rostro de la peque apareció un poco de rubor. Me carcajeé por un segundo de su cara, pero no dije nada. Jasper me miró, luego sonrió e hizo un ademán con la mano para que entrara. Así lo hice, pero antes le sonreí en respuesta.

Cuando entré, Jasper cerró la puerta con delicadeza. Caminó unos pasos y se detuvo frente a la puerta de atrás. La abrió y esperó, sonriendo de oreja a oreja, pero nada ocurrió en la parte trasera, ningún movimiento. Estudié la situación por el espejo retrovisor y logré verlos.

-Vamos, Ashley, ¿A qué esperas? – Le soltó luego de unos segundos, en tono demandante.

-Es que… es muy bonito, me da no se qué… - respondió con un hilo de voz. Yo sabía que esa no era la verdadera razón, pero no pensaba meter cuchara en ese momento, ¡Con lo que me estaba divirtiendo viéndole la cara! Daría cualquier cosa a cambio de ver la escena de nuevo. Nada valía tanto como verla en ese estado.

-Oh, ¡vamos! Es sólo un auto, nada más. – Resopló Jasper. – Sólo eso. Además, éste auto ya tiene sus años, estábamos pensando en cambiarlo dentro de un tiempo… No me obligues a meterte en el auto por la fuerza, sabes que eso no te gustaría.

-Está bien. – Al decir eso, suspiró y trató de sonreír. ¡Por Dios! No podía creer que Ashley no sabía mentir. Se notaba que en casa siempre era demasiado sincera, porque las sonrisas fingidas no la ayudaban. Si de golpe iba a cambiar de creencias, e iba a comenzar a mentir, debía haber practicado aunque fuera un poco, ya que ahora era obvio que no era que le diera "no sé qué" el auto, que era otra la razón de su miedo. Yo podría haberla ayudado, total, era prácticamente la reina de las mentiras a estas alturas de mi vida.

Por el espejo pude ver como Ashley entraba al auto con expresión asustada. Tras ella, él cerró la puerta. Yo agucé el oído para tratar de escuchar cuando él terminara de dar la vuelta alrededor del auto hacia su puerta, para estar preparada cuando entrara, pero antes de que pudiera empezar a contar los pasos, ya estaba cerrando la puerta del piloto y prendiendo el vehículo mientras se ponía el cinturón de seguridad. Todo al mismo tiempo y a una extraordinaria velocidad. Yo me quedé pasmada, que era lo que no quería que sucediera. Sacudí la cabeza para ordenar mis ideas. Me miró y luego miró por el espejo retrovisor a Ashley, que se notaba bastante nerviosa. Luego volvió a mirarme a mí y nuevamente a Ashley. ¿Qué era lo que le sucedía? La verdad, no lo comprendía. Se sonrió por un segundo.

-Creo, y espero que realmente me escuchen. A ambas – dijo levantando un poco el tono de voz haciendo referencia a Ashley, que miraba por la ventana toda la gente que estaba regresando a sus autos -, les convendría ponerse el cinturón de seguridad. Lo digo de verdad. – replicó ahora serio a mi cara anonadada por el comentario. De seguro tenía la pregunta ¿Por qué? formulada y remarcada con lapicera en la frente. – Ya verás la razón. – Todavía sorprendida de lo perceptivo que era, asentí solamente y me puse el cinturón. Por su cara, más valía hacerle caso, nunca se sabe la forma en que las personas manejan hasta que el auto está en marcha. Y Jasper parecía ser de esos que la velocidad no le disgustaba…Pude sentir a mi espalda que Ash hacía lo mismo, probablemente alarmada por la advertencia. – No se asusten, no hay de que preocuparse. – Al decir esto, sonrió, e dio gas al coche y éste salió disparado por la carretera, rumbo a Forks.

.

.

.

.

Quedé horrorizada de la forma alocada que Jasper conducía. Yo tenía los ojos cerrados, con miedo de mirar hacia el exterior de las ventanillas, pero la curiosidad venció a mi cordura y lentamente separé los dedos de mis manos, que cubrían mi rostro, para echar una ojeada a mí alrededor. La verdad es que si no hubiera sido que le tengo miedo a manejar rápido, hubiera disfrutado del paisaje, pero no lo pude soportar y alejé mi vista de allí, viendo sin ver la aguantera del auto. Me volví a tapar los ojos con las manos, impulsada por el terror que me había causado el mareo por mirar hacia fuera. Lo único que me faltaba era vomitar en el auto. Jasper notó el leve movimiento de mis dedos contra mi cara al mirarme de reojo. No pareció sorprendido, era como si fuera una reacción que él esperaba en cualquier momento. Decidí relajar un poco la atmósfera, preguntando alguna tontería. Me exprimí el cerebro hasta encontrar un tema que podría mantener a Jasper entretenido durante un rato para así dejaría de mirarme. Me estaba asustando de que no prestara casi atención a la carretera. Cuando por fin encontré algo, me armé de valor y despegué los labios, pero no salió ningún sonido de entre ellos. Lo volví a intentar, esta vez con mejores resultados, para la suerte de mi orgullo, que se negaba a ser derrotado por un chico.

-Y… ¿éste es tu auto? – dije en un tono lo más despreocupado posible. Él me miró durante un segundo y sonrió de forma casi imperceptible. Yo me sonrojé en seguida. Quizás no había sido una buena pregunta. Capaz que ninguna lo era si lograban que me sonrojara. Para variar, entre mis actitudes y características estaba incluida vergüenza por todo tipo de cosas. No tenía claro el por qué de eso, quizás era porque mi madre era así.

-No. No técnicamente, a decir verdad. Es de mi novia, Alice. – Eso fue como una patada en el medio del estómago. Lo que más me dolió es que lo dijo como si nada nos importara a Ashley y a mí, su tono de voz había sido totalmente despreocupado. Miré a Ashley a través del espejo. Ésta parecía a punto de que se le salieran los ojos de las órbitas. No entendí por qué estaba tan nerviosa, a pesar de lo obvio. Decidí aparentar normalidad en nuestro extraño diálogo, a pesar de que me estaba aguantando las ganas de llorar. Nada me salía bien. Traté de sonar tranquila, no me fue fácil, pero al menos lo intenté.

-¿Y cómo es ella? Me refiero, ¿alta, baja, morocha, rubia?... – No me gustaba tener que preguntar ese tipo de cosas, siempre tenía miedo que la gente se enojara por meterme en sus asuntos, pero todo era para mantenerlo hablando. Igual tampoco me gustaba preguntar por temor a las respuestas. Me mordí la lengua luego de formular la pregunta, podría enojarse conmigo y eso no me convendría en lo más mínimo

-Es muy bonita – dijo tranquilamente. Ouch, otra patada para mí. – Es un poco baja, de pelo negro prácticamente, un poco erizado. Es divertida y valiente. Es inteligente también. Tiene un estilo muy original de vestirse, y es tan apasionada por la moda y las salidas de compras que todos los sábados va al shopping a buscarnos ropa nueva a todos. No nos deja usar la misma ropa más de tres veces y cada mañana se levanta temprano y no deja a nadie tranquilo hasta que aceptamos que nos elija la ropa para ese día. Es por ella que estoy aquí. Dice conocerlas y me pidió que las pasara a buscar. Y como las amigas de mi Alice son mis amigas también, aquí me ven, con ustedes. – Sonrió levemente. Sobre el final de la frase había comenzado a hablar muy rápido, como si estuviera nervioso. No entendía por qué, siendo que si estaba contando la verdad, estaba tan preocupado. Pero hubo otras cosas que me habían llamado la atención.

Debió percibir mis preguntas no formuladas, pero que tenia en la punta de la lengua y que me costaría no decir. Éstas flotaban en el silencio que había en el auto. ¿A todos? ¿Levantarse temprano? ¿Qué les elija su ropa? ¿Qué no los deje usarlas varias veces? ¿Es que acaso vivía con él y su familia? ¿Qué ella nos conocía? Todo eso sonó muy extraño.

-Verás… - comenzó Jasper, ahora un poco más nervioso – Mi familia y yo… somos un poco diferentes en cuanto a costumbres e historia… Diablos, ¿por dónde empiezo? – se preguntó a sí mismo, sacudiendo la cabeza levemente. Estaba nervioso, como con miedo de decir algo que no debía. Yo me pregunté a que se estaba refiriendo, pero traté de sonar casual.

-Yo creo que por lo primero, ¿no? – comenté en plan de broma. Él sonrió. Un punto a mi favor, había logrado que riera, eso era algo bueno, ¿no? A menos que se estuviera burlando de mí, cosa que dudé porque tenía un aspecto bastante serio para ese tipo de niñerías.

-De acuerdo. Está bien. Pero esperen a llegar al restaurante. Quiero que coman algo primero. – Luego suspiró y se quedó serio, mirando al frente, a la carretera. Yo traté de distraerme, mirando los montes de árboles que se extendían a diestra y siniestra, pero me mareé y dejé de prestar atención, simplemente cerrando los ojos.

Era increíble la rapidez con la que me mareaba. Mi madre decía que quizás precisaba lentes, pero yo me negaba, odiaba los lentes, obviamente menos los de sol.

.

.

.

.

Al llegar al restaurante, aparcó en un lugar bastante cercano a la puerta. Miré intentando reconocer al que nos había llevado, pero la verdad que jamás lo había visto. Jasper bajó del auto e inmediatamente lo vi al lado de la puerta del copiloto, con ésta ya abierta, esperando que bajara. Yo fruncí los labios ante tanta caballerosidad por su parte, ya me estaba resultando un tanto molesto, más si tenía novia, pero no hablé y bajé del auto. Alisé un poco el vestido que tenía, que era de un azul marino intenso, que llegaba hasta más o menos la altura de la rodilla, mientras esperaba a que bajara Ashley. Cuando ésta apareció a mi lado, Jasper puso la alarma al coche. El bip atrajo mi atención, no supe bien por qué, pero prefería que así fuera, estar distraída me sentaba bien.

-De acuerdo, vamos – indicó sonriendo de nuevo. Caminó lentamente hasta la puerta del restaurante. Con Ashley nos retrasamos un poco y nos miramos asombradas. Su cara demostraba tanta falta de información como la mia. Jasper se puso a hablar con un mozo que estaba en la puerta recibiendo más gente. Al cabo de unos minutos, giró sobre sus talones y nos miró - ¿Vienen? ¿O se van a quedar pasando frío aquí afuera? – dijo mientras gorgojeaba una carcajada. Nosotras ni lo dudamos, y caminamos hacia él con gesto decidido. Jasper comenzó a caminar y nosotras lo seguimos unos pasos más atrás.

Una camarera nos condujo entre un grupo de mesas hasta llegar a una zona igual a la demás, pero más alejada. Había un poco menos de luz, pero igualmente estaba bastante iluminada. Probablemente Jasper le había dicho que quería algo más privado, porque la charla que veníamos posponiendo pintaba ser un poco complicada, quizás no quería ningún entrometido en nuestra conversación, fuera la que fuera y versara sobre lo que versara, por eso no me extrañó. Luego de que la mesera le diera una significativa mirada a Jasper, se marchó hacia la cocina, con pasó rápido y resuelto.

-Éste lugar es perfecto – Anunció Jasper señalando un mesa. Se movió con rapidez, separó una silla y me miró. Yo asentí para mi misma, le sonreí, caminé hasta él y me senté. Luego, él repitió lo mismo con Ashley – ¿Qué van a comer? – dijo luego de unos minutos de silencio, mientras le hacía señas a la camarera para que se acercara a tomar la orden y nos pasaba los menús. Pero ninguna de nosotras lo abrió, comeríamos cualquier cosa con tal de escuchar lo que era tan importante que tenía que decir y que lo mantenía bastante preocupado.

-No lo sé, ¿Ash? – inquirí mirándola. Nunca gozaba de ser la que eligiera que comer, porque al final nunca terminaba la comida, más valía que escogiera otro así si sobraba, le echaba la culpa. Era bastante divertido ver como la gente se enojaba cuando se la culpa de algo que realmente no tiene nada, pero nada, que ver. Constantemente terminaba agarrándome el estómago de la risa por las caras de mis amigas y familia cuando se enfadaban por mi actitud.

-Ay, yo sé que es un restaurante fino, pero de lo que realmente tengo antojo es de pizza, ¿tú no? – dijo mirándome. Yo sólo asentí, sin muchas ganas. – Con peperoni - le dijo a Jasper. - Para Bella lo mismo – Añadió luego – Y para tomar jugo de naranja. En este caso para Bella de manzana – ¡Dios! Cómo me conocía. Me sonreí a mi misma al ver lo obvio que eran mis gustos, al menos para mi hermana.

La camarera se aproximó y Jasper le expresó lo que queríamos. Recién luego de que se fuera me percaté de que él no había ordenado nada. Eso sí era raro, nos invitaba, pero, ¿No comía con nosotras? No era muy amable y educado que hiciera eso.

-¿Es que tú no vas a comer? – curioseé sorprendida. Mis ojos se abrieron como platos al ver el gesto de miedo y preocupación que ocupaba su hermoso y prefecto semblante.

-No – respondió – Esa es la razón por la que no voy a ir con ustedes a pasear por Forks, tengo un almuerzo planeado para esta tarde con unos amigos… Lo siento – añadió luego. Todo esto era muy extraño. ¿No comería con nosotras? ¿Un almuerzo con unos amigos? Era una excusa muy pobre. Más aún que vaya uno a saber a que hora terminaría él de hablar y nosotras de comer. Entre que nostras termináramos de almorzar y todo lo demás, ¿Qué? ¿Él iría al almuerzo a las cinco de la tarde? Sería más merienda que otra cosa.

-No pasa nada – replicó Ashley al instante – Entendemos bien. – Ella se mantenía seria y aparentaba estar tranquila, pero cuando se distraía se le apreciaba que tenía un manojo de nervios encima que le podría durar semanas si le seguía dando cuerda. La miré con el rabillo del ojo durante unos pocos segundos, pero desvié mi mirada luego hacia el mostrador, abarrotado de gente.