Disclaimer: Todo le pertenece a S. Meyer. Fanfiction sin ánimos de lucro.
Pairings: EdwardxBella/JacobxBella/AlicexJasper/RosaliexEmmett
Aclaraciones que aparecieron en los Reviews: Charlie y Reneé NO están separados. Emmet es hermano de Bella. Y ella se fue a vivir sola a Forks, en un departamento de la propiedad Swan. Recuerden que es un AU.
Otra aclaración, si se cambian los puntos de vista, será notificado al inicio del capítulo. Ahora si los dejo con el siguiente capítulo. Muchas gracias.
Capítulo III: Más pálida que un vampiro.
Corría por el bosque tropezando una y mil veces con las ramas del suelo. Tenía las rodillas y las palmas de las manos todas magulladas, y la ropa raída y embarrada. No sabía porque corría, solo tenía esa necesidad dentro de mí, mientras que sentía que mis mejillas se humedecían por las lágrimas. Dejé de correr cuando llegué a un claro redondo, vacío y hermoso. Me senté en un tronco y comencé a sollozar. Sentía miedo. Sin embargo aún no sabía el causante. De repente, una respiración alertó mis sentidos, un escalofrío me recorrió la espina dorsal y pude oler el peligro. Me sentía acechada y temerosa.
En un abrir y cerrar de ojos, estaba al otro lado del claro, con un joven de pelo broncíneo cerca de mi cuello. Él alzó la vista y se encontró con la mía. Ya no eran sus hermosos orbes verdes, eran de un rojo escarlata. El color de la sangre. Debajo de ellos, había unas muy marcadas ojeras. Y su piel era marmórea. Sonrió con suficiencia y dejó notar unos afilados colmillos. Abrí desmesuradamente los ojos cuando se volvió a acercar. Sentí sus dientes perforar mi piel y en ese momento grité hasta que me quedé sin aire. Todo se volvió negro, lo único que pude pronunciar fue su nombre
- Edward…
Me desperté sudada y agitada. Miré a mi alrededor y me costó reconocer que me hallaba en mi cuarto. Me tanteé el cuello, a la altura de la yugular. Nada había allí, siquiera cicatriz. Me senté en la cama y reí nerviosa, mientras me pasaba la mano por mi matutino cabello enmarañado. Era temprano aún para ir al Instituto, pero no podía volver a dormir. Sabía que fue una pesadilla, pero aún me encontraba en estado de shock.
Me dirigí al baño, abrí el grifo del agua y la calenté a una temperatura normal. Me desvestí lentamente, acomodando la ropa sobre una banqueta que había allí y me miré al espejo. Éste me devolvió mi reflejo, aunque deseé que no lo hubiera hecho. Me encontraba más pálida de lo normal y con unas notables ojeras. Parecía el Edward de mi sueño.
- Vaya, soñé que Edward Cullen era un vampiro. Pero me he despertado igual que él en el sueño – comenté para mí misma, al tiempo que reía con desgano.
Me bañé más lento que lo normal y me cambié. Para ese día había elegido unos simples jeans azules y una camisa tipo escocesa, en color blanco y rosa. Desayuné un tazón de cereales, lo hice con calma. Al terminar, lavé los trastos, agarré mi mochila, las llaves del monovolumen y salí de casa.
Llegué al Instituto con tiempo de sobra, así que me permití tener un tiempo para entender trigonometría, pero me era imposible. Estaba tan concentrada que no oí en un primer momento como Alice golpeaba con énfasis mi ventanilla. Me llevé un susto al verla y ella rió con ganas. Bufé rodando los ojos, guarde los apuntes y baje de la camioneta.
- Buen día, Bella – canturreó con su vocecilla.
- Buen día, Alice – contesté. La abracé y le di un beso en la mejilla, siempre era el mismo saludo.
- Parece que te haz levantado más que temprano hoy, Bella… No tenías porque tener miedo a llegar tarde como ayer – bromeó y yo la fulminé con la mirada.
- Muy graciosa, Alice.
- ¿Puedo preguntar por qué te levantaste tan temprano?
- No Alice, no deberías saberlo – contesté ruborizándome un poco.
En ese momento su hermano y Jasper se nos unieron. Después de los respectivos saludos, rogué a Dios que Alice no siguiera con la causa de mi madrugada. Pero era demasiado pedir.
- Hey Alice, ¿por qué Bella se encuentra tan sonrojada? – comentó divertido Edward. Lo odié olímpicamente.
- Porque debía decirme qué fue lo que soñó. Pero justo llegaron ustedes y nos interrumpieron – contestó exasperada. Se giró a mí-. Y Bella, ¿qué esperas?
- Eh… - Y justo sonó la campana. Bendita seas, pensé-. Luego hablamos chicos, debo irme.
Salí corriendo con mis libros encima a mi próxima clase. Me tocaba Literatura y también agradecí que Alice no la compartiera conmigo. Entré tranquila y me senté al final del salón. Se me acercó un compañero.
- Hola Bella…
- Hola Eric, ¿qué tal?
- Eh, bien, bien – contestó rápidamente-. Oye Bella, ¿puedo preguntarte algo? – pude notar un deje de nerviosismo en su voz.
- Si, claro Eric. Lo que quieras – contesté sonriente a pesar de su tono de voz.
- Me gustaría saber si éste fin de semana estabas libre – comentó dudoso.
- Oh, Eric… - no sabía qué decir. No tenía ganas de salir con el-. Este fin de semana tenía planeado salir con Alice y Jasper – mentí. No se me daba bien, pero hoy parecía mi día de suerte, ya que se la creyó.
- Oh, esta bien. Otro día tal vez…
- Si, otro día será…
Luego de ello, se sentó en su lugar, y a mi lado se sentó mi Adonis. No lo había notado antes, pero hoy llevaba una camisa negra, la cual resaltaba su pálida piel. Me recordé cómo respirar. Quise que me tragara la tierra cuando me dí cuenta que lo estaba mirando de más y él se reía por ello.
- ¿Qué? ¿Te parezco lindo? – preguntó con voz aterciopelada y con una sonrisa de lado que me derritió totalmente.
- No… Digo, si. ¡Mejor no! – Rayos encima de tartamudear debo de estar más roja que un tomate.
- Oye Bella… - llamó aún con su voz aterciopelada.
- ¿Si? Dime – logré articular.
- ¿Podrías decirme qué fue lo que soñaste? – me susurró tan cerca del oído que su aliento me hizo estremecer. Escuché su risita de satisfacción ante la reacción.
- No, es vergonzoso…
- Vamos, no me reiré – me aseguró.
- Bueno – titubeé-. Soñé que eras un vampiro… - murmullé muy bajo. Pero al parecer pudo captar lo que dije.
- ¿Qué tipo de vampiro? – volvió a susurrar, pero ahora en mi cuello. Me volví a estremecer.
- Uno que me quería morder el cuello – volví a contestar muy bajito.
Raspó levemente sus dientes contra mi cuello y yo suspiré, mientras temblaba. En ese momento llegó el profesor. Estábamos estudiando Sheakspeare, ésta vez nos tocaba leer El Mercader de Venecia. Amaba a Sheakspeare, era uno de mis escritores favoritos, y ese libro lo había leído muchas veces.
Las clases se pasaron volando luego de ese encuentro con Edward. ¿Desde cuando era así? En realidad recién lo conocí ayer. Pero se había portado como un caballero, no como un casanova. Tuve que evadir a Alice en las siguientes horas, sobre todo porque ella sabía que había pasado. Siempre lo digo, esta chica pareciera ver el futuro, o las decisiones que se toman.
Fuimos a la cafetería. No tenía hambre el día de hoy, por lo que me agarré simplemente un refresco de cola y me senté con Alice, Jasper y Ángela, una chica muy tímida pero demasiado buena. Cuando Edward se nos unió, saludó a todos normalmente, pero a mí me besó la comisura de los labios y me guiñó un ojo imperceptiblemente. El almuerzo también se pasó volando, sobre todo porque me la pasé dándole vueltas al asunto de Edward. De vez en cuando me pillaba mirándole.
Volvió a sonar la campana, y me dirigí a mi clase de Biología con Alice, Jasper y Edward. La parejita de mis amigos siempre se sentaban juntos, al lado de mi banco. Y mi lugar recién fue ocupado hoy por Edward. Nos metimos todos en una conversación acerca de qué se podría hacer el fin de semana. Lo más probable es que fuéramos a la casa de Alice para mirar películas. Definitivamente nos quedamos con esa opción. La clase comenzó cuando el Profesor llegó. Nos asignó hacer un trabajo en parejas. En realidad era una disección de rana. Algo demasiado común, pero entretenido.
- ¿Bella me alcanzas el bisturí? – me pidió Edward. Cuando se lo di, nuestras manos chocaron y sentí una corriente eléctrica-. Lo siento, debo de estar demasiado cargado –bromeó.
- Ya creo que…
De repente un desagradable olor llegó a mi nariz. Un olor a óxido y sal. Enseguida comencé a sentirme mal. Apoyé mi mejilla contra el banco, cerré los ojos fuertemente e intenté respirar por la boca. Las voces comenzaron a ser lejanos murmullos. Vi todo negro, como si de una cortina del mejor satén se tratase, y un infernal piiiiii reinaba en mis oídos.
Luego de lo que fueron segundo, o tal vez horas, volví a escuchar voces. Eran tres voces muy familiares y otra no tanto. Quise abrir os ojos, pero el mínimo rayo de luz me hizo marear nuevamente. Comencé a respirar por la nariz y ya por suerte el hedor no se encontraba, sino que había un peculiar olor a desinfectante. Abrí despacio los ojos y noté una habitación iluminada tenuemente y muy blanca. Genial, la enfermería, pensé.
- Está reaccionando – canturreó la voz de Alice.
- Alice por favor no grites – suplique.
Escuché dos suspiros de alivio, una persona que agradecía y a Alice que aplaudía frenéticamente. Me senté en la camilla e instantáneamente los brazos de Jasper se aferraron a mis hombros y las de Edward en mi cintura. Me estremecí levemente, pero seguro mi Adonis debió de haberlo notado. Me fijé que hora era. Me molestó bastante que ya hubieran terminado mis clases y era la hora de salir. Me llevaron hasta mi vehículo a pesar de que discutía diciendo que podía caminar sola. Me molestaba demasiado tanta atención. Máxime cuando Edward insistió insufriblemente en llevarme hasta mi departamento con mi auto. No pude negarme, pero me reí de él cuando masculló acerca de la lentitud del monovolumen. Me dediqué a mirar por la ventana en el camino.
- Me diste un buen susto – lo escuché murmurar algo contrariado.
- ¿Si? – pregunté incrédula.
- Si. A los tres, en realidad. Pero lo mío fue peor – hizo una pausa, como si estuviera pensando que debía decir-. Imagínate, en un momento tu compañero y tú están trabajando juntos, y en el segundo siguiente, éste está desmayado... Un buen susto – repitió luego de un rato.
- Lo siento – fue lo único que pude decir.
Antes de llegar a casa, me entró una llamada a mi celular. Vi el emisor y sonreí para mí misma.
- ¡Emmett! – grité con todas mis fuerzas, tanto que Edward casi choca. Le murmuré un lo siento y volví a atender.- ¿Cómo estas Emmy?
- ¡Bella! Casi me perforas un tímpano enana – lo escuché reír-. Muy bien, hermanita. Aunque tengo problemas con la Universidad, nada que no se pueda arreglar.
- ¿A qué debo tu llamada, hermano? – pregunté un tanto preocupada.
- Es que papá y mamá histéricos porque no les atiendes... En fin me pidieron que te llamara yo, que aún a mí me atiendes.
- No es que no quiero atenderles – reí-. Es que estuve muy ocupada últimamente.-Riendo levemente, y escuchando que su hermano también lo hacia.
- ¿Siquiera para llamar a tu hermano adorado?
- Siquiera para eso Emmy... Dime, ¿te veré por aquí?
- Bella... Sabes que con la Universidad no puedo- me contestó con tono triste.
- Si lo se... lo siento...
- Me daré una vuelta el fin de semana que viene y me alojaré en tu casa unos días, ¿te parece?
- ¡Me parece genial! Oye Emmy...
- ¿Si? Dime hermanita...
- Gracias por apoyarme, cuando nadie lo hacía – pillé a Edward con una cara de confusión ante lo que dije, le sonreí para tranquilizarle.
- ¡Hey! es lo mínimo que puedo hacer, por ti que me hiciste la infancia tan divertida, cuando te molestaba - dijo riéndose y con un tono pícaro.
- Nunca te perdonaré que me hayas teñido el pelo de colorado. ¡Con lo mal que me queda el color! - reí más aun que mi hermano-. Emma, te tengo que dejar, que ya estoy llegando a casa...
- De acuerdo, adiós, Bella.
Corté el teléfono y seguí sonriendo. Mi hermano era una de las personas más importantes de mi vida. Lo amaba muchísimo. Edward rompió mi silencio.
- ¿Tu hermano? – preguntó curioso.
- Si. Él está en Phoenix, creo que buscando bien su Universidad – contesté contenta.
- Parece que lo estimas mucho… - comentó como quien no quiere la cosa.
- Así es. Es mi hermano mayor, mi cuidador. Siempre me apoyó en todo y me encubrió cuando hacía algo mal.
- Me gusta escucharte hablar así de él, debe ser un gran tipo. Y un hombre muy feliz ya que te tiene como hermana menor – me sonrió.
- Bueno llegamos a casa – comenté enseguida. Y recién ahí me di cuenta de algo muy importante-. Edward, ¿cómo te volverás?
- Pues no lo sé, tenía pensado tomar un taxi y…
- No, entra a casa – le corté-. Luego le pides a Jazz que te pase a buscar.
- Muchas gracias, Bella…
Tomates, críticas, rosas. Por el go.
