High School DxD no me pertenece, pertenece a su respectivo autor. Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.
ShadowTails98: me alegra saber que esto empieza bien. Te puedo asegurar que Arturo no será el único. La verdad es que es bastante complicado, más de lo que esperaba, pero me esforzaré XD
Zafir09: me alegra que te guste. Lo de la raza de Issei es un completo misterio. Sera resuelto algún día ? Puede que si… o puede que no XD Hikari e Issei es un dúo bastante cómico.
Guest: por ahora será la línea histórica mundial. Una vez acabe eso… ya se verá.
Morphos: me alegra que te guste. Y gracias por las recomendaciones. 'Canción de Hielo y Fuego' quiero esperar a que este completa para leérmela. Las otras dos no las conozco, pero parecen ser el estilo que más me gusta… fantasía XD Y bueno, al no ocurrir en este mundo será difícil, pero se me ha ocurrido un par de cosas de la saga del "gordo cabrón" XDDD
Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, lemon mas o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.
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-*hablando por teléfono, comunicador, etc.*
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Capítulo 2:
PRIMEROS AÑOS – PARTE 02
Escribo en mi nuevo… ¿cómo lo llamó mama? ¿Creo que era diario? Bah, da igual. Alguno se preguntara que lenguaje estoy usando. En esta aldea no usan la escritura, por lo que uso mi idioma materno. Mama me enseñó hace varios años. Quería enseñarme a escribir al mismo tiempo que me enseñaba otra cosa muy importante.
(NA: se podría decir que es parecido a la escritura grecolatina)
Siendo sincero ando un poco aburrido. Supuestamente papá me llevara con él a mi primera caza. Ahhh, ya tengo catorce años. ¡Como pasa la vida! Aunque en comparación con mi supuesta longevidad esto apenas es un suspiro. Ahora mismo me encuentro en el lugar donde suelo practicar lucha con mi padre. Pero mi viejo no se encuentra conmigo. La verdad es que aún es bastante temprano como para que alguien este despierto. Los rayos del astro rey aun no asoman entre las montañas. Yo me encuentro escribiendo junto a un pequeño fuego.
CRAC
Oigo un ruido a lo lejos, y no es de animal. Alguien ha pisado una rama. Cojo mi pergamino, mi tinta y mi pluma de ave y las guardo en mi dimensión de bolsillo. Lo poco que se dé Magia es lo que he aprendido: crear una dimensión de bolsillo para guardar mis cosas, como mi diario, control muy básico de los elementos, sanar heridas leves y poco más. Pero siempre es mejor tener poco que no tener nada.
Espera, me parece a mí que aquí hay un vacío, ¿no? ¿Cómo he conseguido todo esto? Leer, escribir y usar mi Magia materna. Bueno, en seis años se aprende muchísimo.
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(Flashback – seis años atrás)
.
Han pasado dos días desde que termine de entrenar con mi padre. Mi madre ha estado un poco inquieta estos días, lo cual me tiene muy curioso.
-Mama, ¿qué te pasa? Estás muy rara. – le comentó mientras limpiamos en el rio.
Al estar un poco alejados de las otras madres podemos hablar tranquilamente.
-Veras hijo, tu padre me comentó una cosa muy importante, por lo que estoy sopesándolo seriamente.
-¿Qué es esa cosa tan importante?
-Enseñarte a leer, escribir y usar Magia.
-¿?
Yo la miro sin entender. ¿Leer? ¿Escribir? ¿ Magia? Estoy empezando a considerar que mi madre está enferma. Me habla de cosas que no entiendo. Debe saber lo que pienso, pues suspira mientras niega con la cabeza.
-Creo que será mejor que te enseñe. – murmuró.
A pesar de sus palabras, no hicimos nada en todo el día que no fuera limpiar y limpiar. ¡Que aburrido! Por la tarde me fui a entrenar con mi padre mientras esa tonta de Hikari no paraba de burlarse de mí. ¡Arg! ¡A ver si se cae encima de un montón de excrementos de animal!
Como siempre, papa me da una soberana paliza, nuevamente. ¿Es que no podría ser más suave con su pequeño y adorable hijo? No, ¿para qué? Pse. Algún día… ¡algún día le daré yo una paliza! ¡Lo juro!
Luego del "entrenamiento" volvimos a la aldea. No hay que comentar que mi madre golpeó con fuerza a mi padre porque, según ella, yo aún era muy pequeño.
En parte me gusta que me defienda del bruto que tengo por padre, pero también me siento ofendido por llamarme niño. ¡Tengo ocho años! ¡Ya no soy un niño!
XXXXX
Dos semanas han pasado. ¡Dos malditas semanas y mi madre no me enseña aun nada! Es frustrante. Primero me dice que me va a enseñar algo y aun nada. ¿Qué será lo que le pase por la cabeza? ¿Por qué esta larguísima espera? ¿Acaso se retractó?
Ahora mismo me encuentro lanzando piedras al rio con rabia. No soy paciente, pero si encima de todo tengo poca, pues añádele esto.
-Hijo.
Mi brazo se detiene en lo alto al escuchar la voz de mi madre. Dejo la piedra en el suelo mientras me volteo para verla. Su cara muestra una seriedad como pocas veces la he visto.
-¿Si, mama?
-Ven conmigo. Es hora de que te enseñe. – Entonces me sonríe levemente – Creo que si esperas un día más acabaras lanzando rocas mucho más grandes.
Yo me sonrojo ante la vergüenza de que se haya dado cuenta de mis sentimientos.
-Tranquilo. Tu padre tampoco era paciente, pero con los años acabas consiguiéndolo.
Dicho esto se dio media vuelta y avanzó hacia el bosque, curiosamente hacia donde entreno con papá.
Para curiosidad mía, mi madre se asegura muy bien de que nadie nos sigue. ¿Tan malo sería que supieran de lo que es capaz mamá? Avanzamos y avanzamos hasta llegar al claro. Una vez ahí mi madre se sienta en el mismo tronco donde suele sentarse Hikari. Golpea suavemente a su lado, invitándome a sentarme. Yo obedezco y me siento.
-Bien. Hijo, quiero que no te asustes por lo que vas a ver. Y haz el favor de mantenerte cayado, ¿vale? Te responderé todo a su debido tiempo.
Yo ladeo la cabeza confuso, pero asiento. Entonces ocurre algo increíble. Mi madre alza su mano, escribe algo en el aire y estira su mano como si fuera a agarrar algo. Entonces una leve luz dorada aparece en la punta de sus dedos. Pero eso no es lo más impresionante. Para nada. Lo impresionante es que sus dedos empezaron a desaparecer, y esa luz que antes estaba en la punta de sus dedos iba creciendo, cubriendo las partes que desaparecían.
Yo no pude evitar saltar de mi asiento para examinar ese hecho desde todos los ángulos posibles. ¡Es que era simplemente impresionante! ¡De verdad que habían desaparecido! Pero lo curioso era que, en el lugar donde estaba desapareciendo la mano de mi madre, había algo raro. No sabía describirlo.
Entonces mi madre empezó a retirar su mano. La luz dorada empezó a cubrir menos piel, hasta que desapareció una vez la mano de mi madre volvió a estar entera, aunque sostenía algo rectangular y muy gordo.
-Wow. ¡Eso es genial! ¡¿Cómo lo has…?!
Me cayó ante la mirada de mi madre. Sus ojos severos me dicen que no grite o atraería a alguien no deseado. Yo me pongo las manos en la boca, pero mi excitación no disminuye en lo más mínimo.
-Hijo, lo que acabas de ver es la Magia de nuestro pueblo.
-Wow. Que chuuuuulooooo.
-Si. Sí que lo es. – me sonríe.
-¿Yo voy a aprenderlo?
-No. Por lo menos no por ahora. – Me responde, deprimiéndome – Antes de aprender la Magia de nuestro pueblo debes aprender a escribir y leer nuestro idioma materno. Solo así podrás usar nuestra Magia.
-Buuu. ¿Entonces voy a aprender mi idioma?
-Así es. Aunque, siendo sincera, creo que debería haberte enseñado hace unos años, pero tampoco importa demasiado. – Se encogió de hombros aun con esa sonrisa – Bien, esto nos va a llevar tiempo, así que siéntate y escúchame mientras te enseño.
Yo asiento y me vuelvo a sentar, atendiendo a todo lo que me dice.
-Y por nada del mundo desveles nada de esto a los demás, ¿entendido? – Yo asiento, pero antes de poder preguntar ella vuelve a hablar – Algún día entenderás el motivo. Así que de momento haz lo que te digo.
-Si~.
XXXXX
Desgraciadamente esta vez el tiempo es muchísimo más largo. Primero esperé dos semanas para que empezara a instruirme. Ahora llevo casi un año aprendiendo mi idioma. ¡Yo quiero aprender ya Magia! ¡Hace mucho que aprendí mi lengua materna! Ya sé leer y escribir. Mi madre usa el libro, que es como se llama lo que sacó de quien sabe dónde, para enseñarme. A mí me dio uno más pequeño y mi actual diario, los cuales ella guarda una vez termino.
Arg. ¿Por qué aun no me enseña? ¿A que está esperando?
Si algo he aprendido de mamá es que no tiene lógica. Hace lo que quiere cuando menos me lo espero. Así que he aprendido a ser paciente… bueno, a ser más paciente de lo habitual, que tampoco es mucho.
Mi padre se ríe cuando ve mi frustración por aprender Magia. Yo intento convencerle para que hable con mal, pero él no quiere entrometerse. Dice que él no sabe nada de Magia, así que no puede hacer nada. Cuando hablo con mamá, ella solo me dice que sea paciente. Que cuando esté preparado entonces me enseñará.
A pesar de todo, he de admitir que es muy gracioso hablar en mi idioma materno con mis padres mientras uso mi segundo idioma para hablar con los demás.
Ahora mismo me situó en el claro, practicando mí caligrafía. Según mama es muy pero que muy importante. Aún queda suficiente luz antes de que el astro rey se oculte entre las montañas y la oscuridad inunde el lugar.
-Hijo.
Hablando de ella. Acaba de entrar en el claro.
-Creo que es hora de que te enseñe nuestra Magia. ¿Estás listo?
Dejo mi libro de pruebas y me levanto de un salto con gran entusiasmo.
-¡Si! ¡Estoy listo!
Ella sonríe.
-En ese caso empezaremos, ya que hay mucho por enseñarte. Empecemos por lo básico. – Se sentó en su lugar de siempre mientras yo me quedaba de pie frente a ella – Dime, ¿sabes que son los demonios?
Yo negué ante tan extraña pregunta. ¿Demonios? ¿Qué es eso? ¿Se come?
-Un demonio es un ser sobrenatural descrito como algo que no es humano y que usualmente resulta malévolo. Todas las religiones y mitologías del mundo tienen demonios. – yo asentía, aunque aún no comprendía – Bien, pues estos demonios usan su imaginación y su poder de crear, además de tener un buen sentido, para poder hacer uso de su poder innato. Normalmente casi toda criatura sobrenatural suele tener algún poder. La Magia es todo lo contrario. Usa conocimiento para controlar ciertas ecuaciones. Necesitas usar la cabeza y realizar bien los cálculos. 'Si hago esto, entonces sucederá esto'. A pesar de parecer muy similares, son muy distintos. ¿Entiendes eso? – Yo asiento, empezando a comprender, aunque no podía imaginármelo – Bien, pues nuestra Magia es lo contrario. No usamos ecuaciones, sino palabras. Nuestro alfabeto mágico. Es más parecida a una Magia de cuyo nombre no consigo acordarme, la cual usar un alfabeto, como nosotros. – Murmuró para si - Para empezar debemos diferenciar los términos correctos. Normalmente llamamos Magia a aquello que no podemos explicar, pero no es realmente así. Hay dos tipos, dos términos. Uno de ellos es la Taumaturgia. La Taumaturgia se encarga de reproducir los fenómenos naturales y conocidos sin saltarse las leyes del mundo. La Magia ignora dichas leyes.
-Pero, ¿qué leyes son esas?
-Las leyes son, por decirlo de forma simple, el sistema de normas que funcionan en este mundo. Las leyes de Gaia.
-¿Gaia? ¿Eso qué es?
-Gaia es todo lo que nos rodea. Es el viento, el agua, los árboles, la tierra y demás. Es el lugar donde vivimos. Todo ello. También tiene otro nombre… Madre Naturaleza. Protege a todas las criaturas que existen. Este mismo lugar es un gigantesco ser vivo. Un gran organismo vivo. Por ese motivo hay que cuidarlo.
-Ah.
-Primero te enseñaré a usar la Taumaturgia. Una vez lo domines entonces podrás aprender a usar la Magia. Pero antes que nada necesitaré revisar tus Circuitos Mágicos y abrirlos.
-¿Circuitos Mágicos?
-Son unos conductos minúsculos e invisibles por el cual circula el Maná.
-¿Qué es el Maná?
-El Maná es la fuente de poder sobrenatural que radica en el mundo y en el interior de la gente. Este poder es usado para usar los encantamientos. Todo ser vivo tiene Circuitos Mágicos, pero algunos o no tienen o son demasiado pequeños o los tienen cerrados. Estos no pueden usar Magia. – explicó mientras ponía la palma de su mano en mi pecho.
-¿Quiénes entran en ese grupo?
-Plantas, animales y muchos seres, aunque siempre hay excepciones. Nuestra familia no es muy apta en la Magia. A mí me tuvieron que abrir la mayoría de mis Circuitos Mágicos, teóricamente deberías tener pocos o ningún pero, de todas formas, vamos a ver que tienes. – durante un par de minutos nos quedamos en la misma posición. Mi madre me revisaba tranquilamente, con los ojos cerrados, hasta que los abrió con una leve sonrisa – Parece que tienes algunos abiertos. Igual que yo. – se rio – Bien, empecemos. Esto te puede doler un poco, pero se pasara. – Y entonces empezó – Relájate y concéntrate en algo. Lo que sea. – me dice con gesto serio.
Yo cierro los ojos y me intento relajar. Al principio noto una sensación extraña. Según me explicó luego mi madre, lo que ha hecho es localizar mi Núcleo Mágico. Una vez localizado empezó a distribuir el Maná a través de mis Circuitos Mágicos. Como ya dijo, yo tengo alguno abiertos, por lo que el objetivo era abrirlos todos. Al principio sentía cierta molestia, pero según iba pasando el tiempo esa molestia empezó a ser dolorosa.
Una vez pasó el sufrimiento, abrí nuevamente los ojos. Mi madre me sonreía mientras limpiaba el sudor de mi rostro.
-¿A que no ha sido para tanto? – preguntó sarcástica.
-No. No ha sido nada. – Respondo en el mismo tono – Mama, hay algo que no entiendo. Si nosotros usamos el lenguaje, ¿por qué es necesario hacer lo que acabamos de hacer?
Mi madre alza una ceja.
-Aunque sea el lenguaje escrito lo que usamos, necesitas la Magia para que surta efecto. Sino, entonces solo es lenguaje normal y corriente. Es lo mismo que con la otra Magia que no me acuerdo. Ains, me fastidia no acordarme. – Masculló haciendo un puchero – Bien. Tus Circuitos Mágicos han sido abiertos. Desgraciadamente, al tener mis genes y los de tu padre, tus Circuitos Mágicos no te van a permitir usar demasiada Magia debido a su estrechez. Pero algo es mejor que nada.
Entonces empezó el durísimo y larguísimo proceso que fue aprender a usar la Magia. Pero aún recuerdo la primera vez que conseguí usarla adecuadamente. Lo primero que hicimos fue algo sencillo para que empezara a dominar la Taumaturgia. Pero he de decir que me costó otros medio años aprender lo suficiente para hacer un sencillo hechizo.
Lo que hicimos fue adentrarnos aún más en el bosque y acercarnos al rio. Mi madre volvió a dibujar nuestro alfabeto en el aire. Creo que no he mencionado que las palabras no brillan, ¿verdad? Pues ahora lo digo. En fin, una vez dibujado el alfabeto imbuido de Magia, la tierra empezó a hundirse. No era algo grande. Apenas tendría un palmo de anchura. Mi madre lo que creo fue un pequeño hoyo. Luego dicho hoyo se conectó con el rio gracias a un caminito que se creó también de la nada. Al final el agua acabó llenando el pequeño hoyo.
-¿Eso no ha sido Magia? – pregunté dudoso.
-No. Eso no ha sido Magia. Simplemente he cavado la tierra. Si te das cuenta, la tierra que debería ocupar el lugar del hoyo y el camino está a ambos lados. No ha desaparecido.
-Ah.
-Pero esto si es Magia.
Volviendo a escribir en el aire, mi madre obró un nuevo hechizo. Esta vez fue algo increíble. El agua del hoyo empezó a ascender como si de una serpiente se tratara. Ascendía y ascendía hasta que no quedaba ni una gota en el hoyo. El cuerpo serpenteante del aguase elevaba hasta salirse del camino, empezando a girar en torno a mi madre. Yo me quedó fascinado.
-Esto contradice las leyes de Gaia. – Me dijo – El agua no puede hacer lo que está haciendo, debido a su propia naturaleza. Para que ascendiera, debería evaporarse y ascender hasta el cielo.
-Ya veo.
-Es bueno saberlo. Ahora mismo tú vas a tener que conseguir crear un hoyo, no necesariamente grande. Una vez consigas cavar ese hoyo, entonces lo llenaras de agua. Una vez consigas eso, abras empezado a recorrer el camino de la Taumaturgia.
-Y entonces aprenderé Magia. – murmuro excitado.
-Una vez domines la Taumaturgia.
-Sí, sí. ¡Vamos a empezar!
Ay, que estúpido fui. Pensé que conseguiría lograrlo en poco tiempo. ¡Ay, que estúpido fui! ¡Me costó otros cuatro años aprender Taumaturgia! Pero era por algo muy simple. ¡Las leyes de Gaia! No las conocía, así que tuve que aprenderlas de mi madre. ¡Y eran muchísimas, y encima la gran mayoría demasiado complicadas! Pse. Ya podría haberme avisado de ese detalle.
Yo creo, sinceramente, que disfruta viéndome estrellarme una y otra vez. Pero al final lo conseguí. Me llevo esos dos malditos años, pero lo conseguí. Y, una vez conseguido, me tocó aprender Magia. Mi primer experimento fue crear el látigo de agua que creo mi madre… pero desgraciadamente no me salió bien a la primera… ni a la segunda… ni a la tercera. ¡Me costó horrores conseguirlo adecuadamente! ¡Un mes! ¡Un maldito mes conseguir algo tan simple!
Pero que grande fue mi alegría al conseguirlo. Y, una vez conseguí controlar el pequeño látigo de agua, entonces pude empezar a manejar mejor dicho elemento antes de pasar a los demás. Pero, una vez que conseguí eso, mi madre creyó adecuado enseñarme la Magia de la dimensión de bolsillo para que guardara mis propias cosas. Una Magia la mar de útil, sin duda alguna.
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(Fin flashback)
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Hace apenas unos meses que conseguí mejorar mi nivel de control del elemento agua. Aún estoy demasiado lejos de controlarlo adecuadamente, pero no hay que rendirse. ¡Como dijo mi madre, para aprender a controlar algo de forma excelente hay que investigar y desarrollar los conocimientos de ese algo! ¡Así que no puedo rendirme!
Desgraciadamente mi madre esperó a que cayera agotado de practicar hechizos para explicarme que todos tienen un límite. Entre nosotros ese límite es el Maná. El Maná, la fuente de la Magia, es infinita, pero según voy creando los hechizos, éste se va gastando. Mi Maná tarda en recuperarse, por lo que aprendí a usar los hechizos correctamente, así como su consumo de Maná. Además, también me enseñó alguna pequeña forma de aumentar el tamaño de mis Circuitos Mágicos. Desgraciadamente apenas se aumenta algo. Deberé buscar otra manera de aumentarlos y así aumentar mi capacidad de Maná. Si lo consigo, junto a mi mejora del uso de la Magia, podré superar en capacidad a mi madre.
¡Ese será mi objetivo!
-¡Ise! ¡Tu padre te está llamando! ¡Están a punto de irse! – me grita Hikari una vez consigue localizarme.
Yo no soy el único que ha cambiado en estos seis años. He crecido, pero según mi padre aun me faltan varios años de crecimientos. Aun debo crecer más y mi cuerpo debe desarrollarse mejor.
¡Pero ay con Hikari! Es normal que ella este mejor que yo. Después de todo me saca dos años. Según el mayor de mis amigos, que ahora tendrá unos veinte años, dice que Hikari será una mujer muy hermosa dentro de poco. ¡Que desvergonzado! ¡Él ya tiene mujer! ¡¿Qué demonios hace mirando a otras?!
La verdad es que no sé cómo es posible que piense tal cosa. Hikari sigue siendo más alta que yo… por un poco, y ciertamente su cuerpo también se ha desarrollado. Según mi madre, está desarrollando un cuerpo de mujer. Cuando le pregunté a mi padre a que se refería exactamente mi madre, el me respondió de la siguiente manera 'hijo mío, igual que un hombre suele desarrollar sus músculos, así como también empieza a salirle pelo donde antes no tenía y a cambiarle la voz, a las mujeres se le desarrollan los pechos, cintura, nalgas y otras partes. Solo recuerda como era Hikari hace unos cuatro años y fíjate en tu madre. Fíjate muy bien en la más que obvia diferencia. A eso se refiere tu madre'.
La verdad, después de que me dijera eso me sentí bastante estúpido. ¡Era obvio! Pero lo que no entiendo es por qué los chicos mayores que yo aún solteros se ponen tan tontos con ella. En serio que no lo entiendo. Hikari no es la única chica con esa edad. Incluso las hay con varios años más. Sinceramente, no lo entiendo.
Mi madre dice que aun soy demasiado inmaduro como para entender mientras niega decepcionada. Mi padre dice que ya veré con una sonrisa que me pone nervioso. Bah.
-¡Ise, mueve el culo! – me grita en la cara.
Yo me caigo para atrás, pues me había perdido en mis pensamientos sin darme cuenta de cuan cerca estaba.
-¡¿Qué demonios pasa contigo, pedazo de loca?! – grito enfadado.
Ella sonríe arrogante mientras pone sus manos en su cintura. Ciertamente ahora la tiene más estrecha. Su cuerpo ha cambiado. Ahora es un poco más curvilíneo… solo un poco.
-Te llamo, te llamo y tú solo estas en las nubes. ¡Debes darte prisa o se irán sin ti!
Eso sí que no me gustó nada. Me levanto de un salto y empiezo a correr hacia la aldea con Hikari tras mis pasos. Debo bajar el ritmo para no dejarla demasiado atrás. Al final no tardamos en llegar. Los hombres mayores que yo, ya que soy el único de catorce años, ya están preparados. Mi padre me mira con gesto serio.
-Ya era hora. Estábamos a punto de irnos. – mira a su alrededor, observando al grupo de caza - ¡Bien, nos vamos!
Con ese grito todos empezamos a movernos, alejándonos de la aldea. Yo me giro un poco, despidiéndome con la mano de mi madre e Hikari. No las veré en unos días. Es extraño.
-Vamos hijo. Si hay suerte, en pocos días habremos vuelto. – me sonríe mi padre, contagiándome la sonrisa.
-Tienes razón. ¡Vamos a por la carne! – exclamo.
Todos los hombres sueltan un grito de ánimo. ¡Seguro que esto será emocionante!
XXXXX
Emocionante… ¡y una mierda! ¡Esto es un asco! ¡No me imaginaba algo así! Sinceramente, echo de menos mis días de niño en la aldea. Ahí por lo menos tenía mi casa y mi cama. Llevamos cuatro días de caza. Hace dos nos pilló una fuerte tormenta. Tuvimos que refugiarnos bajo los árboles, pero aun así acabamos completamente empapados. Hoy también ha llovido demasiado fuerte para mi gusto. ¡Y dormir en el suelo es lo peor!
Mi humor esta por los suelos. No me consuela que los más jóvenes me digan que ya me acostumbrare o que la primera vez siempre es así. ¡Yo solo quiero volver a casa! ¡¿Dónde demonios esta la maldita manada?! ¡Ya tengo ganas de cazar y volver! Ahhh, mi casita, tan calentita, y mi cama… ¡que no es tan dura como este maldito suelo! Aunque a veces hay suerte y conseguimos un lugar cómodo… pero o las raíces me molestan o los malditos insectos no dejan dormir. ¡Que molestos!
Al quinto día conseguimos dar con la maldita manada. No puedo negar que me asombré enormemente al ver tanto animal junto. ¡Debían de ser más de cien! La manada es de la misma especie que cazaron el día que mi madre decidió enseñarme Magia.
Mi padre, como líder del grupo, se pone frente a nosotros, observando a la manada pastar tranquilamente, y luego nos observa uno a uno fijamente. Cuando posa su mirada en mi, tiene el mismo brillo que cuando ha mirado a los demás. No sé si alegrarme porque no me va a tratar de modo especial… o enfadarme por eso mismo.
-Bien. Ya que tenemos un nuevo compañero, deberemos tener especial cuidado… sobre todo quienes vayan con él. – hubo una carcajada general, provocándome un sonrojo de pura vergüenza. Ya se la devolveré – Bien, este es el plan.
Mi padre nos explicó detalladamente lo que debíamos hacer para conseguir cazar las presas. Por suerte yo no tenía un objetivo importante. Era el nuevo, por lo que solo debía de asustar a la manada.
Una vez terminada la explicación, todos empezaron a moverse. Yo me fui junto a mi amigo de veinte años y otros dos hombres. Sigilosamente nos movemos hasta el lugar indicado. Parece ser que esta es la táctica que suelen usar casi siempre, pues es la más efectiva. Esta vez, al no tener un barranco o un acantilado, han decidido llevarles hasta un desfiladero bastante estrecho, tendiéndoles una emboscada.
Mi grupo se encargaría de espantar a la manada en dirección al desfiladero. Entonces, los otros dos grupos, se situarían en la parte de arriba y dispararían sus flechas y lanzas contra los animales, cazando a los que pudieran.
Fácil y sencillo… o eso parece.
XXXXX
La tarea resultó ser más costosa de lo que había esperado. Ciertamente la manada se asustó al vernos con nuestras lanzas, y aún más al ver nuestras flechas volando hacia ellos. El problema empezó cuando los llevamos al desfiladero. La mayoría entró, siendo algunos abatidos. El problema fue aquellos que no entraron. Algunos machos se dispersaron y empezaron a atacarnos.
Era fácil esquivarlos, pues estos se lanzaban de cabeza. Yo lo esquivaba para cansarlo. Los demás lo esquivaban y aprovechaban para lancearle. Yo acabe matándoles. Al final, debido a esto, acabamos cazando más de lo esperado. ¡Pero eso es bueno! Podremos estar más tiempo sin necesidad de cazar. Además, está a punto de llegar el momento de recolección.
Ciertamente recolectamos frutas, verduras y demás del bosque, pescamos y cultivamos otras cosas, pero la carne es lo más esencial. Vivir sin carne es difícil debido a todo lo que tenemos que hacer para sobrevivir.
Una vez reunidos nuevamente, cargamos a los animales cazados. Era hora de volver a casa.
XXXXX
Los días de vuelta a casa se hicieron más largos debido a que nuestro paso se hizo más lento por la carga, pero ciertamente también estábamos muy felices. ¡Yo conseguí cazar a uno! Papá está muy orgulloso. Tanto que me dio una palmada demasiado fuerte en la espalda. ¡Dolió mucho! Yo se mire mal, a lo que él solo se carcajeó fuertemente.
A la cuarta noche de vuelta, me tocó hacer guardia. Es la primera vez que hago tal cosa. Sinceramente no me agrada el estar despierto mientras los demás duermen, pero no me voy a quejar. Ellos han hecho lo mismo durante todos estos largos días.
Pero, a pesar de todo, es muy relajante todo esto. Ciertamente he de estar alerta, pero no puedo evitar que mis pensamientos abandonen mi cuerpo. Observar el fuego que nos ilumina y protege, y las luces del techo iluminando el infinito oscuro junto a la gran luz blanca.
La zona donde nos encontramos se ilumina de un modo hermoso. Una mezcla entre los colores del fuego y de la luz plateada.
CRAC
Entonces escucho un sonido. Rápidamente cojo mi lanza y me doy la vuelta. He escuchado un sonido, como el de una rama al romperse. Me levanto y camino lentamente hacia el sonido, con la guardia en alto. Seguramente será un animal salvaje.
Me alejo bastante de nuestra zona de descanso. La luz plateada que proviene de arriba ayuda a mi visión a ver perfectamente. Ciertamente tengo mejor visión que mis compañeros, tanto de día como de noche, pero no puedo ver en la completa oscuridad. Esta luz ayuda mucho.
Llego a un claro y, entonces, frente a mí, apareció algo que nunca había visto. Una gigantesca criatura humanoide de afiladas garras, pelo revuelto y dos largos cuernos surgiendo de su cabeza. Su piel era de color rojo. Llevaba puesto pieles de algún animal.
Este me gruñía con fiereza.
Mi cuerpo empezó a temblar de miedo. Era la primera vez que me encontraba frente a algo como eso.
El monstruo empezó a avanzar hacia mí, por lo que actué por instinto. Hice una lanzada con mi lanza, pero el monstruo la destrozó con gran facilidad usando sus garras. Al ver que con ella no podría hacer nada, decidí usar mi habilidad mágica.
Junte mis manos y las extendí hacia el monstruo. Entonces reuní Maná y use mi Magia. Con gran rapidez escribí en el aire mientras el monstruo se lanzaba hacia mí.
Entonces el hechizo se activó.
SPLASH
Un poderoso torrente de agua surgió y fue directo hacia el monstruo con gran velocidad y fuerza. El impacto fue bastante fuerte, pues lo lancé varios metros, estrellándolo contra varios árboles, los cuales se iban rompiendo. Ese monstruo debe ser muy resistente si no se ha hecho nada después de tremendos golpes.
GRRR
El monstruo me gruñe con ira mientras se levanta. Tiene varios cortes en su cuerpo producto de las ramas puntiagudas producto de los destrozos. Entonces se lanza velozmente hacia mí.
Yo vuelto a escribir, pero esta vez no es un gran torrente de agua, sino una serie de pequeñas gotas de agua comprimida. La velocidad que alcanzan es lo suficiente como para que no pueda esquivarlas y le golpeen, dejándole marcas en su piel.
A pesar de mis ataques, el monstruo sigue intentando golpearme. ¡Ojala tuviera más hechizos! ¡Ojala pudiera controlar otro elemento!
Desgraciadamente no tengo demasiados hechizos, por lo que tengo que ir repitiéndolos. El monstruo parece algo inteligente, pues le es mucho más fácil esquivar mis ataques según va pasando el tiempo.
-Ahhh… ahhh…
Respiro entrecortadamente, intentando recuperar el aire. Me apoyo en mis rodillas, pues si no lo hiciera me caería al suelo producto del agotamiento. Ya no me queda más Maná. Lo he gastado todo inútilmente. No puedo dejar de temblar agotado, lleno de miedo y terror, al horrible monstruo que se acerca hacia mí con sus afiladas garras. Su cuerpo ha recibido numerosos daños de mis ataques de agua, pero no parece importarle o afectarle. ¡Es un maldito monstruo!
¡No quiero morir! ¡No quiero morir! Cierro los ojos, esperando a que me arranque la cabeza con su enorme garra… pero eso nunca llega a ocurrir.
XXXXX
Me levanto de golpe al escuchar sonidos… sonidos de combate. ¡Y aura mágica! ¡Reconozco esa aura, pues es casi la misma que la de mi esposa! Espera… esa presencia… Giro mi cabeza en dirección a dicha presencia. No es la primera vez que siento una, ¡pero también siento la de mi hijo!
-¡Ise! – grito mientras me lanzo a la carrera.
Los demás se despiertan de golpe al escuchar mi grito. Se levantan sin entender, pero al no ver a mi hijo y verme a mí corriendo, entonces también empiezan a correr en mi misma dirección con las armas en mano. Me siguen de cerca, pero yo no les prestó atención. Corro y corro hasta que le encuentro… y al monstruo a punto de matarle.
-¡Ise! – exclamo nuevamente mientras me lanzo hacia el monstruo, golpeándole con toda mi fuerza en su horrible rostro.
PAM
GRAUGH
¡Un oni! ¡Lo sabía! ¡Un maldito oni!
Tiemblo de furia al ver al monstruo. Recuerdo que ya me encontré con uno poco después de llegar a esta gigantesca isla. En ese momento acabé bastante malherido, pues debía proteger a mi mujer.
Pero ahora… ¡ahora no estoy solo!
Mis amigos y compañeros no tardan en alcanzarnos. Yo voy junto a mi hijo mientras el monstruo intenta incorporarse, acariciándose el lugar donde había sido golpeado.
-¡Hijo! ¡Hijo, mírame! – le grito al ver que no apartaba la vista del monstruo.
Su rostro muestra cansancio. Mucho cansancio. De sus ojos salen algunas lágrimas y me muestran el horror y terror que ha pasado. Entonces parece darse cuenta de mi presencia, pues me abraza como si fuera a desaparecer mientras las lágrimas le caen.
Yo observo a mí alrededor. Hay árboles caídos y marcas de agua. Sin duda se ha defendido bastante bien, pues sigue vivo. Observo a los demás, que miran horrorizados al oni, el cual ya está nuevamente incorporado.
Me gruñe furioso debido al golpe que le he dado. Yo me separo de mi hijo y lo empujó hacia el segundo más joven. Los demás se ponen a mi lado, apuntando con las armas al oni.
-¡¿Qué demonios es eso?! – preguntó uno de ellos.
-¡Es un demonio! – exclamó otro.
-Así es. – Dije con voz potente – Y es nuestra misión destruirlo.
-¡¿Por qué deberíamos de hacer eso?! ¡Solo huyamos! – dijo otro con la voz quebrada y los brazos temblando del miedo.
-¡¿Y luego que?! ¡¿Dejamos que nos siga hasta nuestra aldea y mate a todos?!
Parece que mis palabras han calado hondo, pues ahora sus rostros no muestran miedo… ahora muestran valor. Me pongo en posición de pelea mientras los demás le rodean sin dejar de apuntar con sus armas.
-¡Tened cuidado! ¡Es capaz de romper las armas de un zarpazo! – escucho a mi hijo, que aun tiembla.
Los demás asienten. Ahora saben lo que deben hacer.
ROAR
El monstruo se lanza contra mí, y yo contra él. Esquivo un zarpazo con rapidez mientras respondo con un puñetazo a las costillas. El oni hace una mueca, pero yo no termino mi contraataque. Con mi otro puño vuelvo a golpear las costillas mientras esquivo otro zarpazo. Entonces aprovecho para darle una patada a su pierna, a la altura de la rodilla.
Uno de mis amigos aprovecha para clavar su lanza en su espalda, pero debe soltarla debido a que el oni se revuelve con fiereza. Entonces el monstruo se vuelve hacia él, pero los demás le lanzan flechas.
Algunas consiguen clavarse, pero otras no lo consiguen debido a la piel que tiene sobre sus hombros. Entonces el monstruo contraataca. Intenta desmembrar a uno de los nuestros, pero entonces yo salto a su espalda, realizando una llave sobre su cuello.
El oni empieza a sacudirse nuevamente, intentando soltarse de mi agarre. ¡No! ¡No pienso soltarte! Camina de espaldas hasta estrellarme contra un árbol. A pesar del dolor no aflojo la llave.
-¡Vamos! ¡¿A que estáis esperando?! – les grito.
Ellos, al unísono, se lanzan sobre nosotros con sus lanzas y flechas. Las lanzas atraviesan la piel del oni en distintos puntos y las flechas se clavan, atravesando las pieles. Yo me he soltado en el último momento, consiguiendo esquivarlas.
A pesar de esto, me muevo rápidamente junto al grupo, observando detenidamente al monstruo. Las puntas de las lanzas están bañadas de sangre, pero aun así las mantienen con firmeza apuntando al monstruo.
Las lanzas se han clavado en puntos importantes, como en el corazón. El oni gruñe fieramente mientras su asquerosa sangre emana desde los distintos agujeros de lanza. Vuelve a caminar, torpemente, hacia nosotros.
-¡No está muerto! ¡Maldita sea! ¡¿Cómo puede estar vivo?! – grita uno incrédulo.
-¡Eso da igual! ¡Tenemos que matarlo y rematarlo! – exclama otro.
Los demás gritan con fiereza mientras se lanzan nuevamente hacia el monstruo. Este, con un rugido, rompe varias lanzas y flechas, pero somos muchos y el solo uno.
Reuniendo toda mi fuerza física, consigo atravesar su débil defensa, colocándome frente a él, con una postura agachada. Entonces…
PROAJ
Con mi puño atravieso el lugar donde está su corazón, agarrándolo, atravesando su espalda. La sangre baja rápidamente por mi brazo, ensuciándome. El oni me mira con ira durante un instante antes de dejar de respirar.
Su peso cayó sobre mí, pero me incline hacia un lado, dejándolo caer. El corazón muerto esta en mi mano. Lo miro con repugnancia. Será mejor quemarlo. Miro a los demás, que se han acercado a observar mejor al oni.
Yo, por el contrario me acerco hasta mi hijo, que parece ya no tener miedo, pero sin duda está asustado.
-Vamos. Sera mejor que duermas. – le digo suavemente.
El asiente y todos volvemos al fuego.
XXXXX
Hoy por fin volvemos a casa. Anoche otro monto guardia mientras mi hijo dormía. Sin duda tuvo pesadillas, pues muchas veces lo vi temblar y murmurar cosas. Yo quemé el corazón del oni en el fuego y después me dispuse a limpiarme de su asquerosa sangre en un riachuelo que encontré.
Estoy más que seguro que mi amada esposa me golpeara por lo ocurrido, pero no importa. Mi hijo está sano y salvo, al igual que todos nosotros. Eso es lo importante.
El sol estaba en lo alto cuando llegamos nuevamente a la aldea. Como de costumbre nos recibieron alegres. Cada uno se fue a saludar a su familia. Mi esposa nos miraba con una gran sonrisa, pero se le borró al ver el estado de nuestro hijo.
Ise la miraba con una pequeña sonrisa, pero las ojeras y los ojos tristes mostraban la verdad. No estaba nada bien.
-Hola mi pequeño. – susurró mientras le abrazaba.
Para extrañeza suya, Ise le devolvió el abrazo con fuerza, como si temiera que desapareciera. Ella me miró interrogante. Yo le hice un gesto en respuesta. Unos segundos después ambos se soltaron. Ise fue directo a nuestra casa sin saludar a nadie más.
Pude observar que Hikari le saludaba a lo lejos, pero él ni siquiera la miró, cosa que le extrañó mucho a la joven morena. Una vez entró en nuestra casa y dejamos las presas, todos los adultos nos reunimos. Los jóvenes se fueron a sus quehaceres. Ambos pudimos observar como Hikari caminaba hacia nuestra casa, y no tenía un buen gesto. Sin duda estaba enfadada por haber sido ignorada. Desgraciadamente ella no sabe lo ocurrido.
-¿Y bien? ¿Qué es lo que ha pasado? – preguntó mi esposa con firmeza a todos los cazadores – Y más os vale no decirnos que no ha pasado nada.
Nos miramos unos a otros y asentimos. Les explicamos por turnos lo ocurrido la noche anterior a llegar aquí. Las mujeres y los recolectores no entendían nada. Es más, me atrevo a decir que no lo hubieran creído de no ser porque pudieron comprobar que era cierto.
Las caras de preocupación y los susurros no tardaron en aparecer. Yo mire a mi esposa con pena. Por su mirada pude saber que esperaba a que le contara el resto en privado. Su rostro mostraba la tristeza que sentía por nuestro hijo. Ambos volteamos la vista a nuestra casa. Estábamos seguros de que Hikari se ocuparía de consolar a nuestro pequeño. Pero no podría hacerlo del todo, pues no puede contarle toda la historia.
XXXXX
Estaba enfadada. ¿Enfadada? No. ¡Estaba furiosa! ¡¿Cómo se le ocurre ignorarme nada más llegar?! ¡Estaba preocupada! ¡Han pasado ocho días desde que no le veo! Quitando hoy y el primer día, por supuesto. ¡Pero estoy furiosa!
Ahora mismo me dirijo a su casa. ¡Le voy a decir dos cosas a ese imbécil!
-¡Tú…! – exclamo nada más entrar, pero me detengo al ver su estado.
No puedo evitar quedarme petrificada. Está en su cama, con la cabeza hundida entre sus piernas y los brazos rodeando estas. No ha reaccionado ante mi entrada.
-¿Ise? – pregunto suavemente mientras avanzo hasta sentarme a su lado.
Levanto mi mano, acariciándole la cabeza. No sé qué habrá pasado, pero debe haber sido una experiencia horrible. Entonces noto que responde a mi llamado. Levanta su cabeza y me mira a los ojos.
Siento como me duele el pecho al verle. Lagrimas caen de sus cuencas y sus castaños ojos muestran una profunda tristeza. Noto como su boca tiembla. No puedo aguantar verle así. Cojo su cabeza y la pongo sobre mi pecho. Entonces el empieza a llorar. No llora con fuerza ni grita, pero es un lloro largo y silencioso.
Nos tumbamos para estar más cómodos. El me abraza como si fuera a desaparecer mientras las lágrimas no dejan de caer. Yo solo le abrazo y acaricio, intentando calmarle. Me duele. Me duele mucho verle así.
No sé cuánto tiempo estamos así, pero cuando me doy cuenta la luz del anochecer ilumina el cielo. Sin duda ha pasado bastante tiempo. Le miro y compruebo que está dormido. Me levanto lentamente para no despertarle y salgo de la casa.
Observo a mí alrededor. Algunos están realizando tareas y otros descansan después del duro día de trabajo. Yo voy hasta mi casa. Mi padre está sentado en la cama, arreglando algo de carne junto a mi madre. Al verme ambos me hacen un gesto para que me siente. Yo obedezco y después ambos me cuentan el motivo por el que Ise está como está.
Ahora lo entiendo. Desgraciadamente no puede comprenderle, pues no lo he vivido, pero debe haber sido algo horrible. Estar tan cerca de la muerte a manos de un monstruo. Limpio las lágrimas que caen por mis mejillas y luego me pongo a ayudarles. Es el mejor modo de intentar distraerme de esos fatales pensamientos. Espero que realmente sirva para algo.
Al día siguiente
Me encuentro junto a mis padres en el claro donde entreno mis habilidades. No sé cuándo me quede ayer dormido. Debo agradecerle a Hikari… aunque sea muy vergonzoso. Hoy me he levantado de mejor humor. He desayunado con mis padres y entonces me han llevado a este lugar. Sin duda no pudieron elegir mejor lugar. Esta paz y tranquilidad…
-Muy bien hijo. Quiero que me cuentes con lujo de detalles lo que pasó con el oni. – me dijo mi madre.
-¿Oni?
-Si. Es el monstruo contra el que luchaste ayer.
Yo tiemblo levemente ante los recuerdos. El estar tan cerca de la muerte no es algo que agrade recordar.
-Lo lamento mucho, hijo mío. – Me dijo mientras me acariciaba la cabeza – Sé que es muy duro y doloroso. Tu padre y yo hemos pasado por lo mismo. Pero debemos saber exactamente que ocurrió.
Yo asiento y suspiro, preparándome para contarles todo sin quebrarme. Me siento avergonzado por mi debilidad. Pero el miedo no es malo. Al contrario, te muestra tu límite, y debes aprender a superarlo. Es algo que me enseño papá, pero es más fácil decirlo que hacerlo.
Entonces procedí y le conté con todo lujo de detalles. Ambos escuchaban en completo silencio. Una vez acabado pude suspirar nuevamente. Sentía como un gran peso se quitaba de mis hombros.
-Fuiste muy valiente. – Me dijo mi padre con una gran sonrisa – No todos tienen lo que hay que tener para enfrentarse a uno de esos demonios.
-Pero los demás…
-Los demás estuvieron a punto de salir huyendo. Pude devolverles el valor. Para ellos también fue el primer oni.
-Pero fui débil. No conseguí hacerle nada. – murmuro.
-Aun eres joven. Te falta mucho para poder hacerle frente a uno de esos demonios. – Me dijo mi madre – Pero aprendiste algo nuevo.
-¿El qué?
-Tu límite mágico en batalla. – Respondió mientras me daba un leve golpe en la frente – Usaste demasiado Maná en los hechizos y eso te desgastó muy rápido. No puedo decirte que desviste ser más cuidadoso, pero ahora te digo que debes aprender a serlo.
-Lo sé.
Ambos me abrazan sonrientes. ¡Esto es vergonzoso! ¡Por favor, que nadie nos esté mirando!
-Ohhh, pero que bonito~.
¡Maldición!
Mi sonrojo debe ser muy intenso, pues siento mi cara arder. Hikari está frente a nosotros, mirándome con una sonrisa burlona.
-Bien. Ya está todo dicho. – dijo mi padre levantándose de un salto – Ahora a volver. ¡Tenemos muchas cosas que hacer! – exclama alegre.
Mi madre, más calmada, se levanta también, yendo junto a mi padre. Ambos saludan a Hikari, la cual le devuelve el saludo. Entonces nos quedamos solos. Yo no puedo evitar tener un pequeño sonrojo al recordar cómo me consoló.
Y, para mi sorpresa, el que se siente a mi lado es algo que me pone muy nervioso. ¡¿Es que no podría ponerse a dos metros de mí?! ¡¿Por qué tan cerca?! ¡Casi nos tocamos hombro con hombro!
-Parece que estas mejor. – dijo con voz tranquila, observando la copa de los altos árboles.
-Si. – dijo en un susurro.
-Debió haber sido horrible, ¿no?
-Si… lo fue…
-¿Algún día me contaras? – Me preguntó mirándome fijamente – No me gusta que me guardes secretos.
Yo desvió mi mirada, observando la hierba.
-Algún día… cuando esté preparado… te contaré toda la verdad, sin ningún secreto.
Ella asiente con una pequeña sonrisa. Yo se la devuelvo y ambos nos quedamos cayados, observando el claro. El tiempo pasa y el astro rey sigue su ascenso.
-¡Bien, es hora de que volvamos! ¡Hay cosas que hacer! – dice mientras se levanta energética del tronco.
Yo asiento y camino junto a ella
XXXXX
Me alegra ver que se ha recuperado. No sé qué ha hablado con sus padres, y sinceramente espero que algún día me lo cuente. Pero, por ahora, me conformo con verlo animado. No quiero volver a verlo en ese estado.
Se adelanta un poco a mi paso y yo le observo desde atrás. No puedo evitar que un pensamiento pase veloz por mi cabeza. Sonrió ladinamente y entrecierro los ojos. Doy varias zancadas y lo abrazo por la espalda.
-¡¿Qué haces?! – grita.
Puedo notar como su cuerpo se tensa, su corazón se acelera y un sonrojo cubre desde su cuello hasta su cabeza. ¡Esto es muy divertido! Apoyo mi cabeza en su hombro, mejilla con mejilla.
-¿No quieres que te abrace? Ayer parecía que no te querías soltar.
El, al ver mi sonrisa, se revuelve y se suelta. Me mira furioso, aun sonrojado. ¡Sin duda esto es muy divertido!
-¡Vete a la mierda, eestúpida! – exclama.
-¡Niño mimado! – le provoco.
-¡Idiota!
-¡Gallina!
-¡¿Cómo me has llamado?!
-¡¿Además de atontado eres sordo?!
Y ahí estaba lo que buscada. Ambos acabamos peleándonos de nuevo. ¡Echaba esto de menos! Nos revolvemos en el suelo. Entonces las risas no tardan en surgir. Me alegra mucho verlo así. Reírse. Pero entonces pasa algo que no esperaba.
-Ahhh… ahhh… necesitaba esto. – dice sonriente.
El está encima de mí… apoyándose en mí…
-¿Hikari? ¿Pasa algo? Estas muy roja.
Empiezo a temblar de pura furia. Entonces él se da cuenta de donde está tocando. Abre los ojos hasta su máximo y pone la espalda recta mientras mira su mano derecha.
-Me cabía en la mano. – murmura el muy cerdo.
Debe haberse dado cuenta de que he leído sus sucios pensamientos, pues pierde todo color de su rostro.
-H-Hikari, l-lo l-lamento. N-no q-quería…
-¡Pervertido!
PAM
Le doy un fuerte puñetazo, tumbándolo en la hierba. Me levanto y me doy la vuelta, saliendo a paso rápido de ese lugar. Mi corazón late muy deprisa y mi cara esta más roja que nunca.
-¡Maldito pervertido! ¡Cerda! ¡Desgraciado! ¡Imbécil! ¡Ojala se lo hubiera zampado ese monstruo!
XXXXX
Ese puñetazo sin duda me lo he ganado a pulso. Me acaricio la mejilla dolorida con mi mano izquierda mientras que observo mi mano derecha. Esa ha sido una sensación de lo más agradable. Abro y cierro la mano sin poder evitar sonreír como idiota.
¡Le he tocado una teta!
