Empezó el ciclo. Mi dolor es eterno. Mis problemas de salud también lo son - sobs-.
Tres.
Let yourself go, Milord
And make yourself at home.
I'll take your troubles to heart
—Milord (Traducción al inglés) — Edith Piaf
Los días se hicieron repentinamente fríos. Para el jueves, todos estaban equipados con casaca, chalina, gorro y medio rollo de papel higiénico en los bolsillos. Lovino casi los mata del susto cuando se desplomó sobre el mostrador, ardiendo en fiebre. Arthur tuvo que acompañarlo hasta el restaurante (él y su hermano vivían en el segundo piso), mientras Francis se ocupaba de la biblioteca.
Temblando, Arthur regresó presuroso con unas bolsas que Feliciano le había dado en agradecimiento.
—Cierra ya —Arthur dijo en voz alta, para llamar la atención de las otras tres personas que estaban ahí—.Parece que va a llover.
El truco funcionó, las personas se fueron rápidamente. Sin embargo, Francis todavía tenía que terminar con el registro de libros que tenía pendientes. Arthur contempló la opción de irse sin más (hacía mucho frío), pero Francis le pidió que no se quedase porque no tenía paraguas, así que no le quedó de otra.
—¿Por qué eres tan idiota? Toda la semana ha estado haciendo frío.
—Está roto y no he tenido tiempo de comprar uno nuevo. Me he estado sintiendo mal.
—Eso no responde a mi pregunta.
—Oh, lárgate si quieres.
Arthur bufó, pero se dio la vuelta para contemplar el cielo a través de las ventanas, entreteniéndose mientras con el vaho que dejaba su aliento sobre el cristal. Francis finalmente terminó luego de que Arthur tenía dibujado un ejército de hombrecillos de palitos sobre el vidrio.
—Llueve fuerte —Francis extendió una mano sin guante para sentir las gotas de lluvia.
—No me digas —Arthur estaba que peleaba con el paraguas luego de haberlo golpeado con el marco de la puerta.
—Mi casa está más cerca, vamos para allá.
—No, mejor vamos a mi casa y luego puedes llevarte el paraguas.
La madre naturaleza no parecía estar a gusto con su propuesta, porque terminó de hablar y sonó un trueno. Ambos se encogieron sobre sí mismos.
—¿Por qué a mí?
—Mira el lado bueno —Francis alzó la bolsa que llevaba—.Comida gratis.
—Bien. Vamos a tu casa de una maldita vez.
~o~
—Oh, por Dios ¿por qué a mí? — suspiró Francis
—No te robes mi frase dramática.
—Le agregué un "Oh, por Dios".
—Plagio es plagio. Deberías saberlo, autor de pacotilla. ¿Qué pasa?
—¿Por qué esa película?
Ambos estaban sentados en el mueble de dos plazas, acurrucados en las esquinas con un par de frazadas encima y unas tazas de chocolate caliente. Arthur se la pasó quejándose durante toda la cena sobre sus pies descalzos y helados y que si se enfermaba sería la culpa de Francis. El hombre se había negado a sacar dichas frazadas hasta después de haber cenado, al parecer moriría de un infarto se manchaban con comida. Pero ahora Arthur estaba calientito y a treinta centímetros de distancia de Francis, así que no sabía a qué venían las quejas ahora.
—Es una comedia romántica, cambia —Francis le dio un golpe con la pierna y le fue devuelto una patada.
—Qué más da. No hay nada bueno y este tipo es gracioso.
—La película es un chiste de mi vida.
—¿Un autor de segunda sin nada que hacer?
—De segunda, tu ropa; y de hecho, sí, es de una escritora.
"Más extraño que la ficción" trata de un hombre que de un momento a otro piensa que se ha vuelto loco porque comienza a escuchar una voz femenina que describe con precisión lo que hace, piensa y siente, como si fuera una narradora y él un personaje de una historia. Como si eso no fuera suficientemente traumático, la voz anuncia su muerte inminente.
Habían pillado la película justo cuando Will Ferrell en el papel de Harold Crick, un auditor del Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos, estaba viendo a la psiquiatra; quien le recomienda el verse con un especialista en teoría literaria. A la vez, una escritora, la voz que el protagonista escucha, está teniendo dificultades con cómo proseguir su obra, porque no sabía cómo matar a Harold Crick.
—Bueno, eso sí es coincidencia.
—Ah, ya qué. —Francis se acomodó las sábanas para que le cubriesen la cabeza y tomó un largo sorbo de chocolate.
Vieron la película en silencio, comentando sobre ella de vez en cuando. La chica pastelera a la que tenía que auditar Harry era linda, y la descripción de cómo él la veía los había dejado un tanto incómodos, pero fingieron no darse cuenta de ello. La escritora, por otro lado, le había causado un sobresalto a Arthur cuando estaba imaginando un accidente de coche, como manera de matar a su personaje.
—¿Tú y Antonio hacen cosas como esas? —preguntó al ver a la escritora y su asistente sentadas bajo la lluvia, recreando la escena en el puente a la distancia.
—Antes. Ahora ya no tan seguido.
—Quizás hice mal en salvarte de la lluvia entonces.
—No quiero matar a mi personaje de neumonía.
La pausa se extendió hasta cuando, luego de un par circunstancias (la más significativa, una pelea con la pastelera) el experto en literatura concluye que Harry está viviendo una tragedia y que por lo tanto debería disfrutar la vida que le quedaba. Resignado a su suerte, Harry decide darle un giro a su vida, saliéndose de la rutina mecanizada hasta el milímetro que tenía para tratar de cambiar. Se toma unas vacaciones del trabajo, desarrolla más su amistad con su colega, se reconcilia con la pastelera y comienza a salir con ella. Arthur, sin embargo, se mostró más interesado en la escena cuando va a comprar una guitarra.
—Esto es una suerte de animismo —comentó Francis—:otorgarle características humanas a las cosas.
—Yo querría una roja con blanco.
—¿Seguro que no quieres la de los dos mástiles? —preguntó en tono de burla, a raíz de un comentario de la autora, quien menciona que quienes querían esa guitarra estaban compensando la falta de otra cosa.
—¿Quieres averiguar? —Arthur respondió fastidiado.
—Por mí no hay problema. Quítate los pantalones y saca la regla del cajón a tu lado.
—Aléjate, maldito enfermo —Arthur le lanzó un cojín con fuerza.
—Okey. Asumiré que la guitarra de dos mástiles es la perfecta para ti.
—Vete al diablo.
Propagandas. Francis fue a servirse más chocolate y Arthur aprovechó para darle una mirada al apartamento. Era un poco más grande que el suyo, pero igual estaba diseñado para una sola persona. El rasgo más sobresaliente de la sala eran los dos estantes llenos de libros. Francis mencionó que tenía otros dos en su cuarto. ¿Cuántos libros tendría en total?
Estaba haciendo los cálculos cuando se dio cuenta de algo. Francis volvió con una bolsa de galletas en la mano y ya que aún seguían en propagandas, decidió comentarlo.
—Nunca he leído algo tuyo.
Francis sumergió la galleta que trajo en su bebida.
—Nunca me has pedido leerlo.
—¿Has publicado libros?
—Tres. Éste sería el cuarto. Y Antonio quiere hacer una recopilación de las historias que solía escribir para el periódico.
—Ah.
Se sentía raro estar preguntando esto recién ahora. Cada chica bonita que entra a la biblioteca y se enteraba de que Francis era autor inmediatamente pedía los títulos de sus libros para leer. Pero Francis tampoco había mencionado nada al respecto.
La película regresó. Harold Crick descubrió quién era la autora, mas era una escritora dedicada a las tragedias y ya tenía el final en borrador, en el proceso de pasarlo a limpio. Harold le pidió al experto en literatura que lo leyese, y cuando éste le dice que no sólo es una buena obra, sino la mejor que la escritora había hecho hasta ahora, se desesperó en un inicio, pero luego aceptó el destino cuando tuvo el coraje de leerla.
Sin embargo, la escritora terminó por cambiar por completo el final, a costa de la valorización de la obra. Harold se salvó de milagro, gracias al reloj con el que tenía automatizada toda su vida. Francis volvió a explicar, que el reloj había sido antropomorfizado a lo largo de la historia, así que ése era el personaje que murió trágicamente.
—Me gusta esa película —confesó Francis—, muestra un poco del mundo de la literatura. Cuando creas un personaje n verdad es como si estuviera vivo, ¿sabes?
—Puedo imaginarlo. ¿Qué hubieras hecho tú?
—Lo mismo, supongo.
—¿En serio?
Francis lo miró con incredulidad. — ¿Tú no?
—Digo no más. Mira. Acaba de salir de un bloqueo de años y no creo que pueda volver a escribir algo con la idea que podría matar a alguien si lo hiciese.
Francis pensó en lo que dijo por unos momentos, pero luego se estremeció y sacudió la cabeza.
—Me alegro que sea sólo una película.
—Siempre dicen eso.
Arthur se puso de pie, aún con una frazada sobre sus hombros, para ver a través de las persianas de la ventana.
—¿Dejó de llover?
—Parece que sí, ya me voy —al quitarse la frazada se le escarapeló el cuerpo y fue rápidamente a buscar su saco.
—Espera.
Arthur no se volvió a ver lo que hacía Francis, mientras debatía entre colocarse las medias semihúmedas o no. Se decidió por la segunda opción, porque no quería pasar los últimos días del semestre con neumonía.
Francis se le acercó entonces, con un libro en la mano.
—Toma. Es el que más se vendió.
—"A bientôt" —Arthur leyó el título como pudo. Francis juró que pudo escuchar a Maman gritando por el ultraje a su lengua materna—. ¿Y por qué en francés?
—Antonio pensó que sería mejor en francés.
—¿Qué significa?—Arthur guardó el libro en su mochila y salió de la casa, abriendo el paraguas sobre su cabeza por si acaso la lluvia se le ocurriera continuar.
Francis sonrió desafiante.
Tendrás que leerlo para averiguarlo.
~o~
El clima siguió igual de frío en los siguientes días, aunque felizmente sin lluvia. La gente ya estaba comenzando a arreglar las casas para Navidad y la emoción se sentía en el ambiente, todos estaban deseando una blanca Navidad, cenas enormes, chocolate caliente y calor de hogar. Arthur no estaba seguro si quería que nevara, porque luego de la película Francis ha estado con la nariz más congestionada y con una febrícula que no lo dejaba tranquilo.
Sus chicos, por otro lado, estaban emocionados porque rendirían los exámenes esta semana y en dos días más ya serían libres. Arthur había escuchado planes de fiestas por todos lados, así que se había propuesto hacer sus exámenes súper difíciles, en parte porque sonarse la nariz le dejaba doliendo mucho, y también porque él debía asistir al colegio hasta el próximo martes aún.
Era hora del receso y Arthur estaba descansando en la sala de profesores, terminando de calificar los exámenes había tomado ese día, cuando un "¡Artie!" hizo que el dolor de cabeza que estaba latente se manifestase.
—Es profesor Kirkland, Jones.
Alfred saludó a los profesores presentes, quienes por alguna razón no objetaron a que entrase y se sentara a su lado. Arthur colocó inmediatamente un gran folder para cubrir su trabajo.
—¿Esos son nuestros exámenes?
—No, niño. ¿Qué cosa quieres?
—No soy un niño, profe ¡si soy más alto que usted! —Alfred comprobó lo dicho poniéndose de pie estirando los brazos hacia arriba.
—Ya quiero verte graduado. Dime qué pasa.
—Nada, entré a saludar.
Alfred volvió a sentarse y curiosear su escritorio sin permiso. Desafiando en son de juego la mirada autoritaria de Arthur, metió la mano en su mochila y rápidamente extrajo lo primero que encontró, que resultó ser el libro de Francis.
—"A bientôt" —lo pronunció de igual manera que Arthur aquella vez. Luego murmuró para sí—. ¿Qué significaba?
—Devuelve eso, antes que te suspenda. Y si quieres saberlo, inscríbete en francés. —Aunque a decir verdad, él tampoco tenía idea.
—Nah, ya tengo a Matty para que me lo traduzca. O podría aprovechar y preguntarle a Bella lo que significa.
—Profesora De Bryun, Jones —terció con firmeza, esta vez molestándose en serio.
Alfred murmuró un "ups, lo siento" y decidió no poner más a prueba la paciencia de su profesor, así que sólo echó una ojeada rápida al libro y lo devolvió.
—Profe, ¿qué planes tiene para Navidad?
—Aún no lo tengo pensado —Arthur decidió sacar otros papeles que tenía que arreglar, en vista que Alfred parecía no tener prisa para irse—, ni lo pensaré hasta que termine con mi trabajo. El cual, por si no lo has notado, estás interrumpiendo.
—¿Todavía no arma su árbol? Matty y yo ya arreglamos la casa con mamá durante el fin de semana.
—He estado mal el fin de semana. Alfred, ¿por qué no vas a tu receso?
—Espero a mi hermano, le dije que lo encontraría acá —sonrió satisfecho consigo mismo—. Por cierto, profe, ese libro.
—¿Ah? —Arthur por alguna razón se sintió avergonzado.
No había tenido oportunidad de leerlo. Demasiado cansado para ir a la biblioteca, salió del colegio el viernes directo a su casa, y la pasó haciendo trabajos en intervalos. El resfrío le impedía poder concentrarse durante largo tiempo en alguna cosa.
Había recibido un par de mensajes de Francis el sábado, preguntándole si estaba bien y contándole que Lovino estaba en cama, por lo que ahora estaba trabajando él solo. Recibió otro el día anterior, por la tarde, preguntándole si iba a venir porque "Si tú también estás enfermo ¿ahora a quién molesto?".
—Mamá tiene ese libro —Alfred lo sacó de su momentáneo ensimismamiento—, llora cada vez que lo lee. ¿Le gustan las tragedias?
—No es mío, me lo dieron para que lo lea —no había ninguna mentira ahí—. Alfred, tengo mucho trabajo qué hacer.
—¡Hey, Matty! —gritó de pronto, levantándose de la silla. Su hermano se asomó discretamente al salón.
—Buenas tardes, profesor Kirkland —Matthew le sonrió con una expresión que decía "disculpe a mi molesto hermano, por favor".
—Hola, Matthew.
—Sí que te tardaste —Alfred le pasó un brazo por el hombro—. Estaba hablando con el profe sobre un libro. ¿Te acuerdas el que le compramos a mamá la última vez? ¿Qué significaba el título?
—¿"A bientôt"? —Matthew sí fue capaz de pronunciarlo correctamente—.Significa "Hasta pronto".
—Ahí lo tiene, profe. Súbanos un par de puntos en el examen a mí y a Matt.
—Váyanse antes que te baje cuatro puntos a ti.
Alfred rió estruendosamente y se despidió de los profesores, no dejándole a Matt hacer lo mismo porque ya lo había jalado hacia sabe Dios dónde.
—Veo que les agradas a tus alumnos—le dijo un profesor que le llevaba al menos dos décadas, dándole unas palmaditas en la espalda—, Alfred sigue siendo tan hiperactivo como lo era desde la primaria. Al menos Matthew es tranquilo.
—Nunca lo hubiera imaginado —dijo con ironía.
—Son buenos chicos. Alfred es bulloso para no ver a su hermano triste o callado. Se volvió muy introvertido luego de perder a su padre en el último año de primaria.
Arthur sintió un ardor en la garganta que nada tenía que ver con su resfriado. Recuerdos de su madre invadieron su mente: el estante lleno de libros de sus autores favoritos que solía leerle cuando era pequeño, los viajes que solían hacer por Navidad y Año Nuevo a Londres para reunirse con sus abuelos maternos, las comidas que nunca aprendió a cocinar. La sala de espera de la maternidad cuando el doctor le comunicó a él y sus hermanos que sólo pudieron salvar a Peter.
—Es su último año, así que guíalos bien, ¿sí?
Arthur asintió despacio, con la cabeza a punto de estallar.
~o~
—Luces horrible.
Arthur entró a la biblioteca en el momento preciso que Francis se disponía a salir a almorzar.
—Más de lo normal —agregó Francis cuando lo vio más de cerca—. ¿Estoy hablando con tu espectro o sigues vivo?
—Con las justas —atinó a responder Arthur, antes de dejarse caer en el sillón—.Dame agua para tomar estas pastillas.
—¿Has almorzado?—Arthur negó con la cabeza—.Pues no puedes tomar pastillas sin comer. Vamos al frente.
—Déjame morir.
—Lo haría de no ser porque el olor a muerto es nauseabundo.
—¿Cómo sabes?
—Por una investigación para una de mis historias.
—No quiero saber.
Francis le extendió una mano para ayudarlo a levantarse, pero al no ver respuesta lo tomó de ambos brazos y lo forzó a ponerse de pie. Sin darle tiempo a protestar, le colocó una mano en la frente con más fuerza de la necesaria.
—¡Ay! ¡Maldición, ten cuidado, idiota!
—O mis manos están muy frías, o tienes fiebre muy alta.
—O ambas cosas —Arthur quería retirarle la mano, pero el contraste de temperaturas se sentía bien—.Ya suéltame, te voy a contagiar.
—¿Preocupado por mí en vez de tu espacio personal? Mon Dieu, estás grave. —Francis le acomodó la chalina al cuello—.Vamos antes que se ponga más frío el ambiente.
Luego de almorzar algo ligero (Arthur se vio obligado a tomarse toda la sopa a pesar de no tener mucho apetito) y tomar la medicina, Francis lo acompañó a su casa. La comida lo había recompuesto un poco, pero Francis encontraba rara su actitud taciturna.
—¿Pasó algo? —preguntó finalmente, cuando estaban a una cuadra de llegar.
—Nada.
—¿En serio?
—Sí. Sólo que… — el cansancio no le dejaba fingir bien, al parecer—.Nada. Recordé algo que no quería. ¿Cómo está Lovino?
—Feliciano dice que mejor—Francis no se le escapó el cambio repentino de tema, pero algo le decía que quizás era mejor dejarlo ahí—.Regresará el sábado todavía.
—Se llevan bien —Arthur comentó con tono casual—.Tú y Lovino.
—Supongo—Francis se encogió de hombros.
—Bella dice que le caes bien.
—Creo que, más bien, tiene miedo a que le haga algo y por eso no me hace mucha bronca —sonrió de lado.
—¿Por qué habría de temer que le hicieras algo? —Arthur arqueó una ceja.
—No me mires así—la sonrisa de Francis se ensanchó—, no le he hecho nada.
—Sí, claro.
—¡En serio!
Cuando llegaron al edificio donde vivía Arthur, Francis volvió a colocarle una mano en la frente, esta vez con más cuidado. Arthur había recuperado las fuerzas necesarias para protestar.
—¡Deja de jugar al doctor conmigo!
—Ya habrá tiempo para eso —le guiñó un ojo pícaro, y Arthur rodó los ojos, molesto consigo mismo por haber dado pie a ello—.No olvides tus pastillas. Y no las tomes sin comer.
—Sé qué hacer, idiota. Ya vete. Estoy cansado.
Francis se quedó un rato más, en lo que demoraba sacar las llaves del bolsillo interior del saco y abrir la puerta.
—Todavía no leo tu libro —dijo Arthur, sin darse vuelta—. He estado ocupado.
—Ah. Descuida. Cúrate primero, no quiero que lo llenes de mocos.
—Ahora voy a usar las páginas de pañuelo.
—Hazlo y traeré la peste a ti.
Arthur resopló para ocultar la risa. Francis le dio un par de palmadas en el hombro, forzándolo a mirarle para despedirse.
—Cuídate.
—Igual.
Arthur se metió rápidamente al edificio.
Este es el capítulo que más ñeeeeeeeeeeeghsldaslda me dio al volverlo a leer. Pero la nación de la universidad atacó ayudada con problemas de salud, so, no tengo tiempo para editar. I'm a fail.
Anyway, notas, notitas, nototas:
- "Más extraño que la ficción" (Dirigida por Marc Foster): En ese tiempo, mientras agonizaba sobre qué tema desarrollar para el fic, TNT vino a mi rescate. La idea de un autor con bloqueo lo tomé de ahí. También, en la parte en que se sienten incómodos cuando describen a la chica, es porque el protagonista se está imaginando cómo sería tener sexo con ella.
- Matthew, lamento haberte quitado tu apellido, pero te quería de hermano de Alfred.
Gracias a Alley Michaelis por el comentario :3 y a ustedes por leer :D
