Capítulo 03: Momentos Inolvidables
"Miedo". Eso era lo único que pensaba mientras mis parpados se abrían lentamente. No sabía cómo me encontraría, o en qué estado estaría. A pesar de aun no sentir la totalidad de mi cuerpo, ya podía moverlo un poco. Al abrir mis parpados, lo primero que veo es mi cuerpo desnudo. Verme así, tan indefensa, hace que caiga en llanto. No sentía ningún dolor en mi cuerpo, aunque era claro que el efecto de la droga que se encontraba en el trapo aun podía estar afectándome.
- ¡¿Por qué?! – Grité, mientras cogía las sabanas de la cama para arroparme, sin dejar de llorar. – ¿Por qué lo hiciste, Milton? – me decía a mí misma como un susurro, secándome las lágrimas que no dejaban de brotar de mis ojos.
- No te toqué. – Le escuché decir a Milton, con una voz melancólica. Oír esto hace que me sorprenda. Alzo la mirada y lo veo tirado en el suelo, desnudo y en posición fetal. – No fui capaz de tocarte. Estuve a centímetros, pero… no pude. – Decía él, mientras le escuchaba unos sollozos. A pesar de oír sus palabras mi mente no podía creer lo que decía. "¿Me tuvo a su merced, para hacerme cualquier cosa, y se detuvo?" pensé. – Ahora mismo debes pensar que soy un monstruo, y puede que tengas razón. Con otras chicas no tuve problemas, pero contigo… me sentía terriblemente mal. Desde que estoy contigo mi vida, la parte mala, ha empezado a cambiar. A pesar de que no he dejado de ser un delincuente, siento remordimiento a las personas que les hago daño. Especialmente, porque cuando les hago daño… te veo a ti, y eso me duele. – Terminó de decir, sollozando. Estas palabras no solo entraban en mis oídos, si no que entraban en mi corazón. A pesar de que era una mala persona, estaba dándose cuenta de sus acciones. Se estaba volviendo, en cierta manera, en un buen hombre por estar a mi lado. Sin pensarlo, me levanto de la cama y, por la espalda, lo levanto y le doy un abrazo. Siento como mis latidos aumentan por el roce de mi cuerpo con el suyo.
- Milton, sé que debo estar loca, pero… te perdono. Te perdono porque te detuviste y te diste cuenta de tus acciones. – Dije, con un tono suave. "Realmente estás loca" decía mi subconsciente, pero yo no le hacía caso. Veo como él se da la vuelta y me mira, directo a los ojos.
- Gracias. – Dijo, denotándose alegre por haberlo perdonado, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos. – Te prometo que desde ahora seré… – Comenzó a decir pero lo interrumpí, poniéndole mi dedo en sus labios.
- Sé que no cambiaras mucho, pero sea lo que sea que quieras prometerme… no lo hagas. Solo cúmplelo. ¿De acuerdo? – Le dije, mostrándole una sonrisa. Él asintió ante mis palabras. – Gracias. – Le terminé de decir, quitándole el dedo de sus labios. En ello, rápidamente, me comenzó a besar, de una manera apasionada. Yo me dejo llevar, ya que era lo que quería, sintiendo toda esa increíble sensación recorrer mi cuerpo, hasta que Milton se separa de mí.
- A pesar de que no te toqué, no puedo negar de que tienes un cuerpo muy lindo. – Dijo, con un tono de burla, mientras me acariciaba en la barriga. En ello, me doy cuenta de que había dejado la sabana en la cama, sintiendo vergüenza por la desnudez en la que me encontraba. Rápidamente corrí y me arropé con las sabanas, pero veía como Milton se reía de esto. – Cómo si no lo hubiera visto ya todo. – dijo él, sin dejar de reírse.
- Eso no me importa. Solo dame mi ropa interior. – Le pedí, tratando que ninguna parte de mi cuerpo quedara descubierta. Él me obedeció, entregándome mi ropa íntima. Con el dedo le pedí (con mirada fulminante) que se diera la vuelta para ponérmelas. Él me hizo caso, ya que no tenía otra opción. Al terminar de ponérmelas veo la hora, en la pared de la habitación, y grito de terror. Milton se acerca a mí y me mira confuso.
- ¿Qué pasa? – Me preguntó, tomándome de mis brazos.
- Son las 3 am. Mis padres me van a matar. – Le dije, mientras corría a la puerta.
- Te mataran aún más si llegas en ese estado. – Dijo, señalándome todo el cuerpo. Me di cuenta a lo que se refería. No tenía ropa, ya que fue destrozada; y ni loca usaría alguna prenda de Dagmar. Sin saber qué hacer, me senté en la cama y sentía como mi respiración aumentaba, mientras recostaba mi cabeza en mis manos.
- Tranquila. Yo ya lo tengo solucionado. – Le escuché decir a Milton, mientras lo veía buscar algo en su closet. En ello, veo como saca una pequeña bolsa de regalo y me lo entrega, mostrándome una pequeña sonrisa. – Te lo quería dar para tu cumpleaños, pero… bueno, creo que lo necesitas ahora. – Terminó de decir él. Yo abrí la bolsa y veo que eran unas prendas de vestir. Eran unos pantalones violetas con una blusa, con mangas, de color rojo carmesí. – Sé que no es tu estilo, pero… tampoco te gusta que el vestido se alce por culpa del viento, cuando estamos en mi moto. – Dijo él, con una que otra carcajada. Aunque me gustaba siempre llevar vestidos no podía negar que era una prenda linda y decente.
- Gracias, este regalo es muy bonito. – Le dije, mientras me lo comenzaba a poner rápidamente, recogía mis otras cosas. Al terminar, salimos de la habitación de Milton y vamos con rapidez al lugar donde se encontraba ubicada su moto. Una vez encima de la moto Milton aceleró, sin siquiera importarnos ponernos los cascos. Fueron varios minutos, en los cuales mi miedo aumentada cada vez más mientras pasaba, hasta que llegamos a mi casa.
- Nos vemos. – Le dije, mientras me bajaba con rapidez de la moto.
- ¿Qué piensas decirle? – Me preguntó.
- Ya se me ocurrirá algo. – Le dije, dándole un beso de en la mejilla. – Adiós, dumb (tonto). – Le terminé de decir, mientras soltaba una carcajada, la cual era devuelta por él.
- Adiós, Sweetness. – Terminó de decir, acelerando y alejándose del lugar. Saque mi llave y comencé a introducirla en la cerradura. Abrí la puerta con cuidado, tratando de no hacer ningún ruido. Pero, para mi suerte (claro, aquí suerte significa todo lo contrario), las luces se encendieron. Vi cómo, mi madre y mi padre, aparecían frente a mí, fulminándome con sus miradas.
- Yo hablaré con ella. – Dijo mi madre, mientras miraba a mi padre.
- De acuerdo. Buenas noches, Sweetness. – Dijo mi padre, con un tono serio, viéndome y alejándose de mí. Ahora mis ojos estaban fijos en los ojos de mi madre, y decir que había "furia" en sus ojos era poco.
- Puedo…– Comencé a decir, pero fui detenida al sentir como mi madre me cogía de la oreja y me comenzaba a arrastrarme a mi habitación, mientras soltaba quejidos de dolor. Una vez dentro de la habitación ella la cierra con seguro.
- Dime la verdad. ¿Qué estabas haciendo? – Me preguntó ella seriamente.
- Es que hubo una fiesta y yo…– Comencé a decir la excusa que había planeado, pero apenas comencé mi madre empezó a negar con la cabeza.
- Dime la verdad. – Volvió a repetir ella, sonando más enojada.
- Pero, si esa…– Dije temerosa, por la actitud que estaba tomando, pero veía que ella seguía negando con la cabeza.
- ¡Dime la maldita verdad! – Gritó, mientras me daba una cachetada. Tenía miedo de decirle la verdad, pero tenía aún más miedo por la actitud de mi madre.
- ¡Milton quería obligarme a que me acostara con él! – Grité con enojo, dejando a mi madre sorprendida. – Pero sabes una cosa… se detuvo porque me ama. Me ama tanto que está cambiando por mí. Milton no es un santo, pero aun así lo amo. – Le dije, cerrando los parpados y esperando otra cachetada. Sin embargo, esa cachetada nunca llegó.
- Ya veo. – Dijo ella, soltando una carcajada. – Todo esto me recuerda a mi juventud. – Al terminar de decir esto se sienta en mi cama, mientras me señala que me siente a su lado. Yo la obedezco rápidamente. – Vanilla, yo tenía propiedades. Mis padres eran dueños de, literalmente, casi toda una comunidad. Yo era muy vanidosa. Me creía superior a los demás. Solo salía con chicos de estatus alto. Pero, todo eso cambió el día que conocía tu padre. Un hombre que me enseñó la humildad y el amor verdadero. Traté de mantenerlo oculto a mis padres; aun cuando salía con otros chicos. Pero un día, no pude más, dije toda la verdad. Mis padres querían obligarme a dejarlo, pero me negué. Ellos me echaron del lugar que consideré mi hogar. Pero tu padre me demostró que mi hogar era en donde mi corazón quería estar; "y era estar a su lado". Poco tiempo después, mis padres murieron en un accidente de avión y, aun con todo lo que hice, me dejaron toda la fortuna. – Ella se detuvo un segundo, soltando uno que otro sollozo. – Pero yo no pude aceptarla. Doné casi todo. Solo me quedé con una pequeña pizca, para poder iniciar este negocio del cual vivimos. Durante todos estos años que siguieron he trabajado arduamente y he sentido el dolor de conseguir cada dólar para subsistir; y, ¿sabes una cosa? – Dijo ella, mientras me veía con una sonrisa. – He sido miles de veces más feliz que cuando me lo daban todo. Y lo mejor fue tenerte. El fruto de amor, con el hombre que me mostró la belleza de la realidad. – Terminó de decir mi madre, mientras unas lágrimas brotaban de sus ojos y me daba un abrazo. – Has con Milton lo que tu padre hizo conmigo. Muéstrale un mejor camino. Un camino en el cual los dos puedan ser felices. – Terminó de decir mi madre, parándose de la cama, saliendo de mi habitación. – Buenas noches, cariño. – Fue lo último que dijo mi madre, cerrando la puerta de la habitación. Yo me quedé pasmada con todo esto. Creía que mi vida era un conflicto grande, pero con lo que ella acababa de decir… me hacía sentir terriblemente mal conmigo misma. Lo único que podía hacer es esperar que, cuando saliera el sol, el día fuera bueno con todos.
Habían pasado varios días desde el incidente "intimo" con Milton. Desde ese día, Milton duraba poco tiempo en la cafetería. Yo le servía su desayuno, se lo comía y se iba, hasta la tarde que venía a buscarme para llevarme a la universidad. Mi madre lo miraba con un poco de rabia, pero poco se le fue desapareciendo. "Me pregunto qué le habrá dicho mi madre a mi padre" Era la duda que tenía, ya que no lo veía ponerse reacio al ver a Milton. El día que tuve libre en la Universidad decidí pasarlo con él y sus amigos. Al entrar en el edificio, vi a Dagmar incrustándose una jeringa en su brazo e inyectándose algo en sus venas.
- ¿Eso no es malo para tú salud? – Le dije, mientras notaba como retiraba la jeringa de su piel. Ella me vio, con una sonrisa tétrica.
- Sí, lo es. Pero es que se siente tan bien. – Dijo ella, acercándose a mí lentamente, viéndome con una mirada de satisfacción.
- Yo en tú lugar no lo haría. – Le comenté, notando como su expresión cambió a seriedad.
- ¿Sabes una cosa? Cuando tu padrastro abuse de ti, y tu madre se lo permita, y les termines con sus vidas para siempre… solo entonces dime que no lo harías. – Terminó de decir ella, alejándose de mí. Al escuchar su "largo" relato, me hizo sentir mal. La verdad es que no conocía el pasado de nadie y no sabía sus motivos para tales acciones.
- ¿Qué pasa, Sweetness? – Le escuché decir a Milton detrás de mí.
- Dagmar solo me contaba… cosas. – Le dije, viendo hacia el suelo con culpa.
- Te contó sobre su vida. Eso es nuevo. – Dijo él, mientras me abrazaba con ternura. – Nosotros cuatro tenemos pasados de los cuales tratamos de olvidar. Solo seguimos adelante para no sentir dolor. Aun así, desde que tú llegaste a nuestras vidas… todo ha cambiado. – Terminó de decir, dándome un beso en la mejilla.
- What? – Pregunté sorprendida por su afirmación.
- Dunkel comenzó a leer, de nuevo, las escrituras de su religión. No lo había hecho desde que abandonó a su familia. Dekker llamó a su padre, aunque le dijo de cariño "púdrete". Y a Dagmar… la he visto dudar cada vez que se droga. Ella es la que ha sufrido más que todos nosotros. Además, te habrás dado cuenta el por qué no le gusta salir con los hombres. – Terminó de decir, mientras trataba de darme un beso en los labios.
- Sí. Ya veo. Pero,…– comencé a decir, pero me detuve por unos segundos para poder corresponderle con el beso. – ¿Qué hay de ti? – Le pregunté y su sonrisa desapareció.
- Tú me has hecho un mejor hombre. El hombre que la mujer que me cuido hubiera deseado. – Me respondió seriamente. Yo lo abrazo para poder consolarlo.
- ¿Te refieres a tu madre? – Le pregunté sin dejar de abrazarlo.
- No. Mi madre me dejó abandonado en un bote de basura cuando nací. – Dijo, haciendo que lo viera al rostro, sorprendiéndome. – La mujer de la que te hablo me acogió como su propio hijo, hasta los diez años. De allí en adelante tuve que vérmelas solo, ya que había muerto. – él se detuvo por un segundo, pero ese segundo fue suficiente para ver en sus ojos el amor que le tenía a ella. – Si ella me viera ahora estaría muy decepcionada. – Terminó de decir, mientras miraba hacia el suelo con tristeza. Yo, con ternura, levanté su rostro y lo vi a los ojos.
- Si eso es lo que crees deberías cambiar para ser una mejor persona. Pero, ¿Sabes una cosa? Ya te estas convirtiendo en alguien mejor cada día. – le dije, viendo como la confianza y una sonrisa brotaban de él.
- Gracias. – Me dijo, mientras me daba otro beso. En ello, vemos como Dunkel llega, jadeando bastante, y mira a Milton aterrado.
- Allí viene Irons. – Dijo, sin dejar de jadear. Noto como Milton palidece ante las palabras dichas por el camaleón y, bruscamente, me agarra del brazo, arrastrándome hacia otra habitación, metiéndome en el closet.
- Quédate aquí y, pase lo que pase, no salgas. – Dijo seriamente.
- Pero, ¿Qué está…? – Traté de preguntar, pero Milton me detuvo al agarrarme los dos brazos.
- Por favor, te pido que por una vez me escuches. Quédate aquí. – Terminó de decir, cerrando el closet y escuchando el sonido de sus pasos mientras se alejaba del lugar. No sabía que estaba pasando, ni el motivo de su actitud temerosa. Comencé a empujar la puerta del closet y, para mi suerte (esta vez), no le había colocado seguro.
- Oh, Milton eres un gran dumb. – dije, soltando una carcajada, mientras caminaba con cuidado hacia la puerta. La abrí y, con cuidado, comencé a caminar por el lugar. Escuchaba muchas palabras y algunos gritos. Me acerqué a una pared y, con más cuidado aun, saque mi cabeza para ver con quien discutían.
- No quiero excusas. Quiero que hagas lo que te ordeno. – decía un señor (humano), de no más de 30 años, quien portaba el uniforme de la policía.
- ¡No! ¡Yo ya no haré tus trabajos sucios! ¡Yo ya no soy tú esclavo! – Gritó Milton.
- ¿Qué te pasó, imbécil? ¿Qué pasó con el Milton que traía cargamentos de drogas por el día y por las noches se divertía con niñas indefensas? – Preguntó con odió.
- ¡Esa persona está muriendo! ¡Esa persona se cansó de la maldita vida que lleva! – Dijo con orgullo. Escuchar eso, por parte de él, me hacía sentir feliz. "Él en verdad está cambiando"
- No me obligues a hacerte algo terrible. Soy el hermano del comisionado de policía de la ciudad y soy una persona que sabe esperar para hacer daño. Así que ahora te lo advierto: "Te apuñalaré donde más te duele y destrozaré esa parte lentamente". – Le amenazó, acercando su mirada a Milton.
- No me desafíes – Terminó de decir él. En ello, vi como el policía, y sus compañeros, abandonaron el lugar. Salí de mi escondite y me acerque a Milton.
- ¿Quiénes eran ellos? – Pregunté, mientras notaba como él se sorprendía de verme en allí. Sin embargo, él no mostró ninguna expresión de rabia por no obedecerlo.
- Son gente mala. Es lo único que necesitas saber. – Me dijo, mientras se sobaba los dedos por los ojos y daba unos suspiros. – Bueno, comamos la comida que pedimos. – Dijo, fingiendo una sonrisa.
- Está bien. – Le respondí, notando que aún seguía temeroso por la visita del policía.
Luego de todo lo ocurrido, el día fue tranquilo. Comimos, hablamos, discutimos, nos abrazamos y nos besamos. Él me había dicho que tenía me tenía una sorpresa pero, en todo el día, no me había dicho que era. Yo me resigné a preguntarle, ya que siempre me respondía: "Todo a su debido tiempo". Con el paso de las horas el día pasó más rápido de lo que había previsto. Milton me llevó a casa, tranquilamente. Al llegar, me bajé de la moto y me comencé a despedir de él.
- Bueno, nos vemos mañana. – Le dije, dándole un beso en sus labios.
- No. Tengo algo que hacer primero. – Dijo, apagando la moto y bajándome de ella, sorprendiéndome. Entramos a mi casa y mis padres se sorprendieron de verlo allí. – Hola, buenas noches. – Dijo cortésmente.
- Buenas noches. – Dijeron mi madre y mi padre al mismo tiempo.
- Sé que no es normal que yo entre a esta parte, pero… lo que pasa es que quiero decirles algo importante. – Decía, mientras todos le prestábamos atención. – Lo que pasa es que como Vanilla pronto cumplirá los 16 años, y me invitó a una cena que le tenían que le tenían preparada, yo… quería darle como regalo el alquiler a este lugar. – Dijo, mientras sacaba un folleto y se los mostraba a mis padres. Vi como ellos abrían los ojos como platos. Al ver el volante, noto la razón.
- Ese lugar es elegante y carísimo. – Dijo mi padre. Milton asintió ante la afirmación de mí padre.
- Lo sé. Ya todos los preparativos, sobre los banquetes, la música y el lugar ya están listos. Lo único que falta es su confirmación. Este es regalo que quiero darle, ya que ella lo vale. – Terminó de decir, haciéndome sentir que me sonrojaba ante su declaración.
- De acuerdo. – Dijo mi madre, de quien se le vislumbraba una sonrisa en su rostro.
- Bueno, en ese caso, adiós. – Dijo, mientras caminaba a la puerta.
- Milton, quédate para la cena. – Dijo mi madre, quien se acercaba a él.
- No sé si deba. – Dijo, tratando de eludir la propuesta de mi madre. Pero ella, al seguir insistiendo, logra convencerlo. Luego de eso, tuvimos una cena muy tranquila. Mis padres le hacían unas cuantas preguntas y él las contestaba sin problemas.
- Dime Milton…– Comenzó a decir mi madre, pero se detuvo por un segundo y vio a mi padre, mostrándole una sonrisa de malicia. – Si te casaras con Vanilla, ¿Cuántos hijos tendrían? – Dijo ella. En eso, sentí como Milton y yo nos atragantábamos. Rápidamente nos repusimos al tomar agua.
- ¡Mom! ¡No digas esas cosas! – Le critiqué por esa pregunta indebida.
- What? ¿No tengo derecho a preguntar? Sé que falta mucho, pero la duda puede más. – Me dijo, mientras ella y mi padre soltaban unas cuantas carcajadas.
- No suena mal. Formar una hermosa familia dentro de muchos años. – Dijo Milton, mientras él y yo nos comenzábamos a reír. Pero, en cierta forma, me gustaba esa idea. "Formar una familia a su lado"
Luego de que la cena terminó, con una que otra incomodidad, salí a la calle a despedirlo.
- Bueno, nos vemos mañana. Además, tengo que preparar otras invitaciones y conseguir un vestido elegante para el lugar. – Le dije, con una sonrisa.
- Vestido. ¿Por qué simplemente no vas con el traje con el que naciste? – Dijo, con una sonrisa burlona. Yo, sin embargo, le di un pequeño puñetazo en su hombro por ese comentario.
- No seas tan dumb. Aun así, estaré ansiosa a que ese día llegue. Adiós, Milton. – Le terminé de decir, mientras le daba un beso apasionado.
- Nos vemos, Sweetness. – Terminó de decir, acelerando y marchándose en su moto. Pero era verdad. No podía esperar a que llegara el día. "Será una tortura" pensaba, mientras entraba a casa a descansar.
Sentí como me despertaron abruptamente mis padres, quienes sonaron unos pequeños pitos cerca a mis oídos. Por poco caí de la cama, un poco asustada por sus acciones.
- ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! – Gritaron mis padres.
- ¡¿Qué hora son?! – Grité, mientras me reponía.
- Son las 3:27 am, en punto. – Dijo mi padre con alegría, abrazándome con más felicidad.
- What?! ¿Por qué me hacen madrugar? – Les pregunté un poco molesta.
- No nos culpes a nosotros. Tú fuiste quien decidió nacer a esta hora. – Dijo mi madre, quien me abrazaba. – Bueno, trata de descansar. Hoy será un día fantástico. – Terminó de decir, mientras salían de mi habitación. Cuando cerraron la puerta yo, con un poco de enojo, lancé la almohada contra la puerta.
- Sí, será un día fantástico. – Terminé de decir, tratando de volver a recuperar el sueño que me habían hecho perder (con buenas intenciones).
El día pasó rápido. Mi familia solo atendió la cafetería hasta el mediodía. El resto del día trataron de pasarlo conmigo. A pesar de tener todo preparado para la noche, aun sentía un poco de miedo. Aun así, me sentía triste que Milton no hubiera venido en la mañana para su desayuno. Él me llamó y me dijo que, por unos "problemas", solo podría verme ya en la noche cuando me fuera a recoger. Aun cuando me felicitó, por teléfono, por mi cumpleaños, sentía que no era lo mismo que tenerlo a mi lado. Aun así, cuando menos lo pensé, ya era de noche y todos estábamos listos para esperarlo afuera.
- Cariño, ya es hora de salir. – Dijo mi padre, quien esperaba abajo en las escaleras. Comencé a caminar y, desde lo alto mi padre vio el vestido elegante que usaba para la ocasión. Era naranja, un naranja muy brillante. Además, me había puesto suficiente maquillaje para que todo saliera a la perfección. – Te ves maravillosa. – Dijo mi padre, mientras yo bajaba por las escaleras.
- Gracias. – Le dije, mientras comenzábamos a salir. Afuera de la casa ya nos estaba esperando una limosina. Al entrar, lo vi. Vi a Milton de un lado, portando un esmoquin elegante y pulcro. Yo rápidamente me acerco a él, para darle un beso. Él me lo devuelve rápidamente, sin importarnos que estuvieran mis padres allí.
- Feliz cumpleaños, Sweetness. ¿Me extrañaste? – Dijo él, con una sonrisa jovial.
- Por supuesto, dumb. – Le respondí, mientras soltábamos unas carcajadas. Además, me di cuenta que no venía solo. A su lado estaban Dunkel, Dekker y Dagmar. Todos ellos portaban ropas elegantes. "No sería capaz de reconocerlos" pensé al verlos luciendo esos trajes.
- Dagmar, no creí que serias capaz de usar un traje tan… decente. – Le dije, tratando de no sonar maleducada. Ella se acerca a mí, viéndome con una sonrisa. – Vanilla, si no fuera porque le prometimos a Milton que nos comportaríamos, yo sería capaz de ir a tu fiesta desnuda antes de llevar este atuendo. – Me dijo ella en susurro.
- Te creo. – Le respondí ante su comentario, soltando una pequeña carcajada.
En pocos minutos llegamos al establecimiento. Era elegante y refinado. Muchos de mis compañeros de estudios ya estaban allí y, al verme, me felicitaron. Luego de eso, la fiesta comenzó. Muchos de ellos bailaban o comían del bufet. Yo me la pasé la mayor parte del tiempo en la mesa, junto con los seres que amaba (y que consideraba cercanos).
- Bonita fiesta, Vanilla. Esto solo aumenta la felicidad por la noticia que nos dieron. – Dijo una de mis compañeras, mientras se atragantaba con unos de los postres del bufet.
- ¿Qué quiso decir? – Preguntó mi padre, mientras tomaba un sorbo de champaña.
- Ya lo sabrán. – Dije, con un tono un poco triste. Traté de no pensar en eso y comencé a bailar, y a conversar con todos. Luego de unas horas, llegó de la hora del discurso, para luego despedirnos e irnos. Mi padre, mi madre y hasta Milton hablaron sobre mí. Yo me sentía un poco apenada con las anécdotas que daban sobre mí, y de otras cosas privadas de mi infancia. Milton solo dijo lo afortunado que estaba de ser mi novio y de cómo, sin poder creerlo, estaba al lado de alguien tan dulce como yo. Luego de eso, ya era mi tiempo para hablar. Me sentía nerviosa, especialmente por la noticia que tenía que darles.
- Hola a todos. Primero, agradezco a Dios por darme otro año de vida para disfrutar al lado de ustedes, la gente que quiero. Este año me ha dado muchas sorpresas. Conocí a gente que ahora hace parte muy especial en mi vida. Pero hay algo que quiero decirles. Algo muy importante. – Me detuve por un segundo, mientras suspiraba un poco. – Como mis compañeros sabrán, a los dos mejores estudiantes del curso, junto con los de otras 10 universidades, serán enviados al reino de Soleanna. Allí trabajaran durante dos años en el exclusivo restaurante de repostería Saintly Restaurant. Así que les quiero decir que Menly y yo, fuimos escogidas. Un mes, después de graduarnos, nos iremos allá. – Terminé de decir, mientras mis compañeros comenzaban a aplaudir. Sin embargo, las lágrimas brotaban de mis ojos al darles la noticia a mis padres y a Milton. Vi cómo, con los ojos llorosos, él salía de la sala. Me bajé rápidamente y traté de seguirlo. En el pasillo vi cómo, de su chaqueta, sacaba un paquete de cigarrillos y, con temblor en sus manos, se ponía uno en la boca y trataba con esfuerzo de encender el encendedor.
- Milton, yo…– Traté de hablar, pero Milton movía la cabeza, negando escucharme. – ¡Por favor, escúchame! – Le grité, viéndolo directo a los ojos, llamando su atención.
- ¡Me vas a abandonar! ¡Luego de todo lo que hemos pasado, me vas a abandonar! – Me gritó, notando las lágrimas que brotaban de sus ojos.
- ¡No te abandono! ¡Solo sigo mi sueño! ¡Pero, para seguirlo, debo hacer sacrificios! – Le grité, mientras comenzaba a caer en llanto, viendo hacia el suelo. En ello, siento como su mano levanta mi rostro, haciéndome ver fijamente sus ojos.
- Lo siento. Siento ser tan egoísta. – Decía con remordimiento.
- No eres egoísta. Solo me amas mucho y te duele que te deje. – Le dije para consolarlo, mientras le acariciaba el rostro. – Volvamos, ya que en esto nos vamos. – Le dije, tomándolo de la mano y llevándolo devuelta a la sala. Allí bailamos la última pieza de música, el cual era una lenta. Nuestros cuerpos se juntaron, sintiendo el latido de su corazón en mi cuerpo.
- Te amo. – Me dijo, con una sonrisa tierna en su rostro.
- Yo también te amo. – Le refuté, mientras le daba un beso de pasión. No sé cuánto tiempo duró el beso, solo sé que, al despegarme de él, me había quedado sin aire.
- Es hora de la foto. – Dijo el fotógrafo, mientras preparaba la cámara.
- Vamos, Milton. Ahora eres parte de la familia. – Dijo mi madre, quien se acomodaba detrás de mí. En ello, el fotógrafo nos toma la foto a nosotros cuatro. Milton y yo delante, y mi madre y mi padre detrás. "Una hermosa familia"
Luego de eso, todos nos fuimos a nuestros respectivos hogares. Durante el camino a casa mis padres me observaron, viendo cómo me quedaba recostada sobre el hombro de Milton, con una sonrisa en mi rostro.
- Vanilla, te queremos dar nuestro regalo. – Dijo mi padre, mientras de su abrigo sacaba un folleto. – Te reservamos a ti y a Milton una habitación, para este fin de semana, en el Hotel Spa Fondle of the ecosystem (La caricia del ecosistema). Como has estudiado muy duro, mereces un buen descanso. Además, queremos que disfrutes al máximo de la compañía de tu novio. Sé que él no hará nada indebido. No sin tú consentimiento. – Terminó de decirme, mostrándome una sonrisa.
- Gracias. Los quiero mucho. – Dije, mientras lo abrazaba a él y a mi madre. Luego de eso, llegamos a nuestra casa, nos bajamos de la limosina y nos despedimos de Milton y sus amigos. En mi interior sentía paz, ya que mis padres vislumbraron la parte buena (que yo veía) de Milton y de los que lo acompañaban a su lado todo el tiempo.
- Es hora de dormir, dulzura. – Dijo mi madre, bostezando un poco, mientras entraba a casa.
- Claro, Mom. – Le respondí, entrando de una vez a la casa a descansar.
- Vanilla, despierta. – Escuché, mientras abría mis parpados. Noté que el autobús se había detenido frente a la entrada del hotel Spa. Me baje rápidamente, junto con Milton, y nos dirigimos a la recepción del hotel. Allí no atendieron con amabilidad y nos entregaron la llave de la habitación. Al llegar allá notamos, con sorpresa, que en vez de dos camas separadas solo había una grande. Volvimos a la recepción y les reclamé por el error.
- Oh, lo siento señorita. Parece que sí cometimos un error al anotar las especificaciones que pidieron sus padres. Pero, lamentablemente esa es la única habitación disponible. – Terminó de decir el encargado. Sin más elección, tuvimos que aceptarla.
- Bueno, supongo que yo dormiré en el sofá. – Dijo Milton, denotándose un poco rabioso.
- La cama es muy grande. Fácilmente podemos dormir juntos. – Dije, mientras le tomaba el brazo a Milton. En eso, sentí una pena recorrerme el cuerpo. Recordé que dormir juntos (para una pareja) podía significar otra cosa. Rápidamente me separo de él y empiezo a titubear. – Creo que ya debemos hacer las actividades de relajación que marca el itinerario. – Dije, tratando de no sonar rara.
- Claro…– Dijo él, sonando dudoso por mi actitud.
Él día fue súper ultra hyper mega… aburrido. Todas esas sesiones para relajar el cuerpo y la mente fueron más bien una tortura. A mitad del día decidimos alejarnos de todo eso, ya que al final y al cabo no era obligación asistir. Milton y yo paseamos por el lugar, cerca del pequeño lago que tenían a su disposición. Allí nadamos un poco. Luego, tuvimos un picnic en los lindos jardines; y en la noche disfrutamos del espectáculo que ofrecía el hotel. Todo fue grandioso, hasta el momento de volver a la habitación. Había algo que quería hacer pero tenía miedo de hacerlo.
- Bueno, es hora de dormirnos. Mañana será un día grandioso. – Decía el con entusiasmo.
- No quiero dormir contigo. – Dije, notando como Milton me miraba fijamente por mi declaración.
- Sí, lo supuse. No te preocupes, yo dormiré en el sofá. – Terminó de decir, mientras se dirigía al sofá. Aun así, yo lo detuve del brazo y lo miré directo a los ojos.
- No entiendes. Yo quiero… acostarme contigo. – Dije, notando como Milton abría los ojos, sorprendido.
- Vanilla, no sé si… – comenzó de decir, pero yo negué con la cabeza.
- Lo he pensado hace mucho tiempo y es lo que quiero. – Le dije, mostrándole una sonrisa y recostando mi rostro en su pecho.
- De acuerdo. – Dijo, mostrándome una sonrisa, dirigiéndose al baño. Luego de eso, comencé a quitarme la ropa, quedando solo con mi ropa interior. Me acosté sobre la cama y esperé a que el llegara. Él, como yo, solo estaba en ropa interior. Él se acomodó encima de mí y me empezó a acariciar el cabello de mi cabeza. Sentía miedo, y a la vez felicidad, por lo que estaba pasando. Mi corazón latía cada vez más, con cada roce de su mano en mi cuerpo.
- Te amo. – Le dije, mientras las lágrimas brotaban de mis ojos.
- Yo también te amo. – Me respondió, mientras de él también brotaban lágrimas de sus ojos, comenzando a besarme de una manera apasionada (aún más que las anteriores veces). En sus labios sentía un calor que inundaba mi cuerpo. "Un calor especial"
Mis parpados se abrían lentamente. Notaba todo mi cuerpo abrigado por las sabanas. A mi lado veía como Milton, mientras veía hacia el techo, parecía muy pensativo.
- ¿Qué tanto piensas? – Le pregunté, mientras me acurrucaba sobre su pecho.
- Es que… esto es tan diferente. – Me dijo, sin dejar de ver el techo.
- ¿A qué te refieres? – Le pregunte, un poco confusa.
- Tú sabes que he estado con muchas chicas. Pero, esta noche, al estar contigo… ha sido muy diferente. – Decía él, como confundido con sus propias palabras. Pero yo lo entendía perfectamente. Sabía a lo que se refería.
- Tú has tenido sexo con otras chicas, pero nunca hiciste el amor. Lo que acabamos de hacer fue el amor. – Decir esto hace que él me mire sorprendido, mientras yo le mostraba una sonrisa. – He sentido como tú alma se fusionaba a la mía, como la mía se fusionaba a la tuya. Esa es la diferencia. – Le terminé de decir, mientras le comenzaba a dar un beso.
- Tienes toda la razón. – Dijo al separarse de mí. – ¿Qué tal si mañana no salimos y nos quedamos aquí? – Me propuso con una sonrisa.
- Me encantaría. – Le respondí, mientras trataba de quedarme dormida sobre su pecho.
Desde ese día pasaron muchas cosas. Terminé mis estudios y fue mi graduación. Ya faltaba unos pocos días para yo irme a Soleanna, para comenzar mi pasantía. Pero durante todo ese tiempo, los fines de semana los pasaba con Milton. Estar con él era lo mejor. "De día y de noche (especialmente de noche)" Incluso, antes de que terminara mis estudios, los días libres en la universidad los pasaba con él, aunque a mis padres les decía lo contrario. Pero creo que ellos lo sabían en el fondo.
- Ya en esto te vas. Me gustaría que el tiempo se detuviera, para estar a tu lado siempre. – Me dijo, con un tono triste en su voz.
- Eso sería bello, pero no se puede. Aun así, recuerda que volveré dentro de un año. Aunque solo será por dos semanas. – Le dije, mostrándole una sonrisa.
- Esperaré con ansias. – Dijo, dándome un beso en los labios. En eso, llegaron Dunkel, Dekker y Dagmar. Vi a Dagmar y le pedí que se acercara.
- Dagmar, tú y yo no podemos decir que somos amigas pero… me gustaría que cuidaras de Milton. No permitas que cometa alguna locura. – Le dije, soltando una carcajada. – Lo conozco tan bien que sé que se acostará con otras chicas en mi ausencia, pero cuídalo bien. – Le terminé de decir.
- De todas las chicas locas con las que Milton estuvo, tú eres la mejor. No te preocupes, me encargaré de que Milton no se acueste con otras chicas. – Me dijo.
- Eso no es posible. Aun así, gracias por eso. – Dije, con una sonrisa.
El vuelo fue largo y agotador. Pero eso no era nada comparado con la despedida que tuve. Mis padres lloraban y no dejaban de abrazarme y besarme. Yo tampoco pude aguantar los sentimientos y caí en llanto. Traté de ser fuerte, pero no pude. Me iba a separar de ellos por un largo tiempo. Milton trataba de soportar todo esto, pero tenía los ojos llorosos.
- Te voy a extrañar mucho. – Le dije, con las lágrimas brotando de mis ojos pero mostrándole una sonrisa para darle confianza.
- Eso espero. No quiero que me olvides. – Dijo, soltando una carcajada.
- Yo nunca podría olvidarte. No con todo lo que hemos pasado. Te amo, dumb. – Le dije, mientras miraba fijamente sus ojos.
- Te amo, Sweetness. – Me terminó de decir, mientras me daba un beso apasionada.
Luego de eso, por la ventana del avión, pude vislumbrar como estaba observándome y viéndome mientras me marchaba. Sentía dolor, pero sabía que no podía hacer nada. Esto era lo que quería. Esto lo hacía por el bien de mi futuro.
- Ya Vanilla. Tampoco es que jamás los volvieras a ver. Sé que será duro, pero tenemos que ser fuerte. – Me decía Menly, mientras recorríamos los pasillos del aeropuerto.
- Lo sé, pero…– Traté de decir.
- Nada de peros. Ahora, ayúdame a buscar la salida para conseguir un taxi. Debemos llegar al apartamento que nos dieron como hospedaje. – Decía, mientras trataba con esfuerzo de llevar sus maletas.
- Si, tienes razón. Creo que…– Comencé a decir, pero me detuve al sentir como unas manos eran puestas en mis ojos.
- Indovinate chi è? (¿Adivina quién es?) – Decía en uno de los idiomas nativos de Soleanna, con tono de alegría. Escuché su voz, pero mi mente no podía creerlo.
- Milton pero, ¿Cómo…? – Dije, al verlo allí en este preciso lugar.
- ¿Sabías que en Aero Emerald llegas más rápido y más económico? – Dijo, sin dejar de esbozar su sonrisa.
- No. – Le respondí.
- Ahora lo sabes. Además, quería pasar contigo la semana que me permitieron en el pasaporte. – Terminó de decir, dándome un abrazo.
- ¿Hiciste todo esto por Vanilla? Oh Vanilla, eres la chica más afortunada. – Dijo Menly, con una cara de ternura. – ¡Oh no! – Gritó Menly, asustándonos.
- ¿Qué pasa? – Le pregunté temerosa.
- Lo que pasa es que ahora ustedes dos no me dejaran dormir en toda noche, durante esta semana, ya que harán mucho ruido en el apartamento. – Terminó de decir, mientras comenzaba a reírse. Ante su comentario, vi a Milton y me sentí apenada. Especialmente porque podía ser verdad.
- No digas esas cosas. – Le dije, mientras comenzábamos a caminar hacia la salida.
- Solo sé que tú y yo nos divertiremos mucho, Sweetness. – Terminó de decir Milton, mientras entrabamos al taxi. Yo me recosté sobre su hombro y lo vi fijamente a los ojos.
- Eso espero, dumb. Lo espero con muchas ansias. – Terminé de decir, mientras lo comenzaba a besar apasionadamente. "Soy tan feliz de que todo esto esté pasando" Pensaba, sin dejar de besarlo.
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Las cosas parecen ir bien para nuestra protagonista pero, ¿Pasará algo que cambie el curso de nuestra historia? Y si es así ¿Podrá...? – Decía Malorum55 pero, en eso, se escucha unos pasos de alguien detrás de él
Disculpa interrumpirte tesoro pero, ¿Te das cuenta que ese tipo de pregunta solo sirve cuando la historia es lineal y no un Flashback? – Dijo Vanilla, de manera educada y elegante.
Eso no es… eso es… ¡Oh carajo! Tienes toda la razón. Disculpa las palabras. Gracias por la corrección. – Dijo Malorum55, el escritor del Fanfic, mientras pensaba en que otra cosa escribir.
No hay problema. Estoy aquí para servir. Nos vemos para la próxima. – Terminó de decir Vanilla, retirándose del lugar.
Entonces que digo… que digo… – Pensaba el escritor de este Fanfic, Malorum55, sobándose la manos en la cabeza. (Un momento. Si Malorum55 es el escritor, entonces yo (que está narrando estos hechos) Who I am?).
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Bueno amigo y amigas, espero que haya sido de su agrado el capítulo, el cual trabajé duro. Teóricamente iba a ser más "largo". Pero agregarle el resto de la idea que tenía en mente hubiera dañado este capítulo. Bueno, no olviden dejar sus Reviews. Cualquier duda o inquietud pueden mandármelo en un MP; Y les deseo a todos que tengan un buen día.
PD: Como avance les dejo estos datos. El primero: El nombre del siguiente capítulo se llamará "Camino a la Perdición".Segundo: Como imagen mental (Ya que si supiera dibujar lo dibujaría para evitarles las molestias), junto con el título que les di, imagínense a una Vanilla rasgando el vestido que lleva puesto, mientras debajo de este yace una ropas de cuero ajustadas. Su maquillaje era oscuro y en su mirada solo denotaba locura (¿Por qué carajos no pude aprender a dibujar?, seria increíble dibujarla. Bueno, desde mi punto de vista claro está).
Bueno, sin más que decir, hasta la próxima my Friends.
