Hola! Wooouuu... Me ha llegado el flechazo escritor otra vez, hace un par de horas acabo de subir un nuevo fic SS y quedé tan entusiasmada que me dediqué a terminar este nuevo capítulo. Y aunque tardar poco más de un mes sigue siendo descarado, es un logro para mi, sobre todo ahora que estoy de lleno en el mundo laboral. TToTT
En fin, les dejo esta actualización con mucho cariño. Espero que les guste.
Recuerden la campaña "con voz y voto" Si pueden dejen un lindo comentario con sus impresiones, insultos o alabanzas.
Los personajes de Naruto no me pertenecen.
La historia es una adaptación del manga "Watachi-tachi no shiawase na jikan"
Advertencia: Drama! AU - OoC
Les recuerdo que la historia comienza con la época actual, con la fecha del año pasado que fue cuando comencé a escribirlo, después se va a un recuerdo de un año anterior a eso y dividido en los POV's de Sakura y Sasuke.
NUESTRO TIEMPO DE FELICIDAD
"Las diez de la mañana de cada jueves… éste es el único momento en el que podemos vivir"
TERCER ENCUENTRO: CONFIDENCIAS
25 de Octubre, 2017.
La tetera anunció el hervor del agua con ese típico chillido que ninguna persona en el planeta es capaz de aguantar por más de diez segundos. Me apuré en llegar a la cocina, apagar el fuego y verter un poco del agua recién hervida en una taza.
El reloj de la sala marcaba las 13:50. Faltaba mucho para mi reunión en la escuela, demasiado temprano para comenzar a arreglarme.
Sobre el teclado del piano me esperaba el diario, que seguía abierto en la última página que escribí antes de decidir tomar un descanso. Sin ningún tipo de prisa lo tomé y me dirigí al sillón. Me recosté y miré el techo por varios minutos, la taza de té en el suelo, enfriándose lentamente hasta llegar a una temperatura que fuera aceptable y el diario sobre mi abdomen.
Suspiré y lo abrí otra vez. Estaba muy concentrada en plasmar en sus hojas todo lo que sentía. Ese era su propósito, me había dicho, servirme de confidente, que pudiera contarle cosas buenas y cosas malas. Por ahora solo estaba recibiendo mi historia, de la misma manera en que él lo hizo.
TERCER ENCUENTRO: CONFIDENCIAS
I
Sakura
Sábado, 3 de diciembre, 2016.
Mi habitación estaba a oscuras, cortinas cerradas y luces apagadas. Envuelta en mis sábanas, ocultaba la cabeza bajo los cobertores. Desconocía la hora e incluso el día. No sabía si aun era de noche o si ya había amanecido.
Podía escuchar el sonido del teléfono proveniente desde la sala, pero no pensaba levantarme a contestar. No tenía ganas de hacer nada. Giré sobre mi misma y oculté la cara contra las sábanas, lo único que quería hacer era fundirme con ellas y desparecer en el colchón.
Tal vez de esa forma dejaría de sentirme así.
No era primera vez que trataba de convertirme en capullo durante uno de mis habituales episodios de depresión. Tampoco era la primera vez que sentía una opresión en el pecho que no me dejaba respirar o que no pudiera dormir por imágenes terribles que aparecían en mi cabeza. Sin embargo, era la primera vez que me sentía así por alguien más.
Por él.
Y definitivamente era la primera vez que sentía desprecio por mi misma y por mi lengua suelta.
Mordí mi labio inferior y cerré los ojos con fuerza.
La imagen de ese pequeño niño de cabello negro, sucio y hambriento, sentado en las calles congeladas de la ciudad que lloraba al verse solito en el mundo apareció en mi mente otra vez, tal como venia haciéndolo desde el jueves cuando Kakashi me contó la historia de ese hombre… Sasuke.
Me enrollé aun más en el cobertor y sacudí mi cabeza.
¿Por qué? ¿Por qué me sentía tan mal? Ciertamente no era mi culpa todo lo que él tuvo que vivir siendo apenas un niño, pero…
Las palabras de Kakashi hicieron eco en mi cabeza, otra vez.
"Hay criminales a los que llegas a odiar de tal manera que deseas su muerte por todo lo que han hecho, es cierto, pero, también hay otros que no pudieron evitar que sus vidas llegaran hasta un punto que nunca hubieran querido en situaciones normales"
Recordé la reacción que tuvo poco antes de irse, cuando decidí encararlo por sus malas palabras y devolverle un poco del desprecio que parecía sentir hacia mi tía, hacia mí. Sentí un nudo en la garganta al rememorar como su cuerpo colapsaba en los brazos de Kakashi como fuera una torre de naipes. Su rostro pálido, sus ojos negros perdidos, buscando encontrar algo que no estaba ahí, el sudor y los temblores que se apoderaban de su cuerpo. La fragilidad, la culpa y el temor que parecían envolver su imponente figura. ¿De verdad esa era la reacción de alguien a quien toda la sociedad consideraba un monstruo?
"¿En verdad lo único que podemos hacer es ponerle una soga al cuello a alguien que nunca tuvo un momento feliz en su vida? ¿Que nunca tuvo la oportunidad para sonreír? ¿No es acaso injusto y triste que todo termine así?"
Las nauseas volvieron, me sentía enferma conmigo misma.
Siempre había actuado actuado así, encerrándome en mi propio dolor y creyéndome la persona más desdichada del planeta. ¿Cómo podían compararse nuestras vivencias? Yo al menos tuve una infancia normal, hermanos y un padre amoroso, tíos divertidos y un primo que me quería. Al menos pude conocer la alegría en mis años de niña, claro, con el único detalle del eterno rechazo de mi madre, pero… ¿y él?
¿Cuál hubiera sido su futuro si él hubiese tenido las mismas oportunidades que yo? ¿Si hubiera tenido un amigo? ¿Se hubiesen podido evitar esas tres muertes que cargaba en su espalda? ¿O tal vez era algo inevitable y aquel monstruo asesino y despiadado vivía dentro de él desde el principio?
El niño indefenso que aparecía en mi mente me decía lo contrario. Y el hombre que vi temblar y colapsar como un animalito el momento en que le grité recordándole sus culpas, lo reafirmaba.
Apreté los puños y abracé la almohada.
Seguía sintiéndome tan mal como ese jueves. ¿Era empatía o tal vez culpa lo que hizo que mis ojos se humedecieran?
- o -
Ya había pasado dos días cuando me decidí a salir de mi habitación. O al menos, tuve que obligarme a hacerlo. Era lunes y tenía que ir a trabajar a la escuela, ya no podía seguir encerrada. Al encender mi celular, noté varias llamadas perdidas y algunos mensajes enviados por mis hermanos. Mi corazón dio un brinco al leerlos y por un momento temí que se hubieran enterado de mi último intento de suicidio y estuvieran planeando regresar a Japón para un plan de intervención fraternal. Por fortuna no fue así, mi tía Kushina mantuvo su palabra y no les dijo nada. Sin embargo al seguir leyendo mi corazón volvió a agitarse, en dos días sería el cumpleaños de mamá y ambos me recordaban que debía ir a saludarla y al menos tratar de pasar un rato con ella.
Nada podría agradarme menos.
- o -
Aun así, ya era miércoles y ahí estaba. Aproveché una de las ventanas que tenía en mi horario de clases y pasé a saludar a Mebuki. No pensaba quedarme a charlar con ella, no tenía mucho tiempo y dudaba siquiera que tuviéramos algún tema de conversación en común, pero al menos cumpliría con saludarla. Se lo había prometido a mis hermanos.
—Bienvenida Sakura-sama. —me recibió Ayame, una de las empleadas. Me quité el abrigo y se lo entregué. No quería alargar esto más de lo normal, el solo hecho de estar bajo el mismo techo que mi madre me provocaba un dolor en el estómago, así que le pregunté de inmediato en donde estaba ella. —Ah, Mebuki-sama todavía no baja de su habitación. Debe seguir dormida.
—¿Todavía? —pregunté extrañada, faltaba poco para la una de la tarde.
—Así es. Anoche tuvo una pequeña reunión con sus amigos y se quedaron hasta muy entrada la madrugada.
"Así que estabas de fiesta, Mebuki. Apuesto a que tienes resaca." sonreí en mi interior.
—Bueno, entonces creo que mejor me voy. No tiene sentido seguir aquí si ella sigue dormida, quién sabe a qué hora se despertará. —me encogí de hombros y dirigí mis pasos hacia la salida. Ella me acompañó.
—Estábamos esperándola anoche, Sakura-sama. —me dijo ella. —La señora se veía muy contenta en su celebración.
—Y tal vez fue por mi ausencia que ella estaba tan contenta, ¿no crees? —le sonreí y ella me miró con tristeza. —No te preocupes, Ayame, además los amigos de mamá nunca han sido de mi agrado.
—Ah, pero también vino su antiguo tutor, Sakura-sama. —agregó sonriente. —Por eso pensé que vendría usted también.
Y eso fue como un golpe en el estómago para mí. Me detuve en seco y volteé a verla.
—¿Qué? —quería pensar que había oído mal. —¿Quién dijiste que vino?
—Eh, el antiguo tutor de piano de la señorita. —repitió ella, mirándome extrañada. —Quedaron de reunirse hoy para la hora del té. ¡Ah! ¿Desea quedarse, Sakura-sama? Podemos preparar los dulces que tanto le gustan.
—¿Hidan? ¿Hidan estuvo aquí?
Sentí un nudo en la garganta, la boca seca y un ardor en el pecho comenzaba a formarse.
—S-sí. —noté el temor en sus ojos. Supuse que algo en mi rostro la había asustado. —H-Hidan-sama. Creo que…
No seguí escuchando y me precipité escaleras arriba.
Mis pasos eran pesados, los ojos me ardían y sentía los pulmones llenos de aire caliente amenazando con explotar en cualquier momento. No podía ser. No podría creerlo. La cabeza me daba vueltas y unas repentinas náuseas se hicieron presente.
Las manos me temblaban cuando tomé la manija de la puerta de la habitación de Mebuki. Quería decirle tantas cosas, gritarle y reprocharle muchas más. ¡¿Cómo era posible que siguiera en contacto con Hidan?! Mamá seguía tratando a ese hombre, a ese bastardo que arruinó mi vida. Seguía siendo su amiga, conviviendo con él e invitándolo a su casa como si nada hubiera pasado. No podía creerlo.
Nuevamente volvía a sentirme traicionada, herida y sola. Tan sola.
—¡Mamá! —grité cuando abrí la puerta. Ella no respondió, seguía dormida.
Me acerqué a ella y la observé bien. Dormía plácidamente, con un ligero rubor en sus mejillas y el cabello rubio desparramado sobre la almohada.
Sentí como poco a poco toda la sangre de mi cuerpo comenzaba a hervir. Verla así, tan relajada, ajena a todo lo que ocurría en mi cabeza y en mi corazón, sin siquiera mostrar un dejo de preocupación o arrepentimiento me volvía loca. Mi cuerpo temblaba de rabia y mi respiración acelerada no lograba calmar mi desesperación.
¡¿Cómo?! ¡¿Cómo era posible que ella se viera tan tranquila?! Una lágrima caliente recorrió mi mejilla mientras varias imágenes aparecían en mi cabeza. Imágenes de esta esa misma habitación, de una noche hace muchos años atrás, donde una chica de 17 años, golpeada, sucia y sangrante, desesperadamente y ahogada en lágrimas pedía ayuda a su madre.
"¡Mamá! ¡T-tienes que creerme! ¡Por favor…! Yo… H-Hidan-san… él…él"
"¡Ya cierra la boca, Sakura! ¡Es imposible que él haya hecho una cosa así!
"¡Mamá!
"¡No me toques! ¡Ya he oído suficientes tonterías! ¿Acaso estás borracha? ¡Qué vergüenza, Sakura!
"¡No, madre! ¡Fue él! ¡Fue él! ¡Por favor, créeme!"
"¡Que me sueltes! ¡Ya vete de aquí! ¡Y no hablarás de esto con nadie! El mundo no tiene que saber que te has vuelto una libertina.
¡Mamá!"
Mi respiración era agitada y varias lágrimas caían por mis mejillas. Podía nuevamente sentir el sabor a sangre en mi boca, los golpes en mi cuerpo y el horrible y desgarrador dolor entre mis piernas.
Y volvía a recordar los ojos de Mebuki, mirándome con una total indiferencia.
—Sakura-sama, ¿se encuentra bien?
La voz de Ayame asomándose al dormitorio me hizo reaccionar y darme cuenta de mi actual posición. Estaba inclinada sobre el cuerpo dormido de Mebuki, mis manos rodeaban su pálido cuello y solo esperaban el momento para apretarlo y ver su vida desaparecer bajo ellas.
Un súbito escalofrío recorrió mi cuerpo ante la realización de lo que estuve a punto de hacer y me alejé de ella como si fuera algo en llamas. Respiraba agitadamente, como si hubiese corrido un maratón. Miré mis manos, temblaban, mis piernas también lo hacían y una capa de sudor cubría mi cara y cuello.
No podía verme a mi misma, pero seguro que estaba pálida.
Ayame se acercó a mi, preocupada. Al parecer no logró percatarse de lo que hacía.
—¿Le ocurre algo, Sakura-sama?
Aun sin salir del shock en el que estaba, negué con la cabeza y salí corriendo de ahí. Escuché los gritos de Ayame llamándome y preguntándome si estaba bien, pero no me detuve.
Tenía que salir de ahí cuanto antes, alejarme de esa casa y respirar aire puro para tranquilizarme de alguna forma. No podía regresar a la escuela así, aunque siendo honesta no me sentía con ganas de regresar en absoluto. No estaba en mis plenas facultades como para enfrentar a mis alumnos. Solo quería encerrarme en mi cuarto y dormir hasta que todo esto me pareciera solo una horrible pesadilla.
Al día siguiente.
Jueves otra vez y había pasado otra noche en vela.
Kyoto había amanecido bajo una cortina de lluvia y las coloridas sombrillas se veían por todas partes, tratando de alegrar el paisaje gris. La mía era roja.
No tenía pensado salir tan temprano, apenas eran las ocho de la mañana, pero mis pies ya me habían llevado hacia el edificio donde vivía mi tía. Me detuve a medio camino de tocar el intercomunicador de su departamento y apreté los puños. No, no podía hablar con ella, no podía contarle. Ella ya había sufrido suficiente, no podía contaminar su corazón aun más con mis problemas.
Negué con la cabeza. Lo mejor sería regresar a mi casa y esconderme bajo las sábanas como siempre, pero ya no quería seguir caminando bajo la lluvia. Me di media vuelta y comencé a caminar hacia la estación de metro más cercana.
Y fue ahí cuando lo vi.
Como una broma cruel del destino, ahí estaba él, subiendo las escaleras del metro con ese caminar desenfadado, envuelto en un abrigo negro y manos en los bolsillos. El cabello plateado peinado hacia atrás de manera impecable y esos ojos oscuros repletos de maldad.
Sentí como el aire escapaba de mis pulmones y la sangre de mi organismo bajaba hasta mis pies, tuve que sujetarme del pasamano para no caer. ¿Por qué…? ¿Por qué tuvo que aparecer ese hombre ahí frente a mí? ¡No quería verlo! ¡No quería que me viera! Mis piernas parecían haberse clavado al piso y no respondían a las órdenes de mi cerebro para huir de ahí.
¡Muévete, Sakura, muévete!
No reaccionaba. Estaba aterrada, aun a esa hora, en un lugar público y rodeada de personas, tenía mucho miedo. Los recuerdos llegaban a mi mente y volvía a revivir esa noche una y otra vez.
"Eres muy talentosa, Sakura-chan… Y muy bonita también, ¿ya te lo han dicho?"
Podía recordar la sensación de sus ásperas manos tocando las mías, recorriendo mis brazos sin permiso y luego el resto de mi cuerpo. Podía volver a escuchar mi ropa rasgándose. Podía volver a sentir los golpes en mi cara y en mi cuerpo, su aliento caliente. Y podía volver a ver la enferma sonrisa de satisfacción en su cara mientras yo gritaba y lloraba.
¡Muévete, Sakura! ¡Tienes que irte de aquí!
Y entonces él se fijó en mí. Por más que traté de huir o de volverme invisible, los ojos negros de Hidan se percataron de mi presencia y se clavaron en mi cara. Un brillo malicioso apareció en ellos y me recorrieron de pies a cabeza, sin disimulo. Quise cerrar los ojos para no verlo, pero ni siquiera eso pude hacer. Estaba aterrada.
Un escalofrío espantoso recorrió mi columna al verlo acercarse a mi, subiendo los escalones uno por uno y sin dejar de mirarme.
Y un puñal llegó directamente a mi corazón cuando él me dedicó esa repulsiva sonrisa y me acarició la mejilla con uno de sus dedos al pasar junto a mí.
- o -
Cuando me di cuenta, ya estaba frente a la prisión. En algún punto perdí mi paraguas y estaba completamente empapada. La ropa se pegaba a mi cuerpo, al igual que el cabello a mi cara y las lágrimas que caían por mi rostro se mezclaban con la lluvia.
Me dolía.
El dolor en el pecho no disminuía. Hidan lo había hecho otra vez, había logrado destrozarme con su mera presencia. Abracé mis piernas y me recargue contra el muro, ocultando la cara entre mis rodillas. Quería gritar, gritar hasta que mi garganta se desgarra. Quería llorar hasta que ya no pudiera llorar más y una parte de mi, esa que ya no aguantaba sufrir en soledad, quería que alguien me escuchara y me creyera, que no me diera la espalda y negara todo como lo hizo mi… Mebuki.
—¡Haruno-san! —escuché que alguien me llamaba. No respondí.
Una mano cautelosa tocó mi hombro y me movió con suavidad.
—Haruno-san, ¿Le ocurrió algo? ¿Necesita ayuda?
Levanté la vista y reconocí al guardia del horrible corte de pelo, si mal no recuerdo su nombre era Gai. Junto a él estaba ese otro guardia de barba espesa. Los dos me miraban preocupados e intercambiaron un par de palabras. Luego una llamada por radio, unos minutos de espera y la alta figura de Kakashi apareció, agachándose frente a mi.
—¡Sakura! ¿Qué pasó? ¿Te encuentras bien?
No sé por qué al verlo sentí una extraña sensación familiar, pero entonces recordé sus palabras del último jueves y una nueva ola de culpa me recorrió de pies a cabeza. Más lágrimas cayeron por mis mejillas. Después de lo ocurrido en casa de Mebuki, ¿en qué podía decir que éramos diferentes ese hombre y yo?
Los tres guardias se miraron entre ellos, nerviosos y sin saber qué hacer.
Kakashi se aclaró la garganta y me extendió una mano.
—Será mejor que entremos. Te congelarás si sigues aquí bajo la lluvia.
Ni siquiera había aceptado cuando él ya me estaba ayudando a levantarme y me encaminaba al interior de la prisión. Sentía que estaba en modo automático, casi arrastrando los pies y dejando un rastro de agua por donde pasaba.
Los civiles con los que cruzaba me miraban de pies a cabeza. Mi apariencia debía de ser un lamentable espectáculo.
—Te traeré un par de toallas para que puedas secarte. —abrió una puerta y me indicó que pasara. —Volveré enseguida.
Solo pude asentir y entonces noté el lugar, era la sala de visitas en la que había estado las dos últimas semanas. Mi corazón se oprimió otra vez y por un instante no quise entrar, pero no podía quedarme afuera en medio del pasillo como una idiota. No estaba en un centro comercial.
Ignorando el latir acelerado de mi corazón, solo pude recargarme contra la pared y cruzar los brazos sobre mi pecho. El cabello se me pegaba al rostro y estaba comenzando a sentir el frío, mi cuerpo temblaba ligeramente.
Kakashi regresó con un par de toallas y un abrigo negro que me aseguró acababa de salir de la lavandería.
Me quité el abrigo empapado y lo dejé en el espaldar de una silla. Comencé a secarme la cara, los brazos y el cabello.
Kakashi me miraba atentamente, recargado contra la puerta de la habitación.
—No quiero ser entrometido, pero es obvio que algo malo pasó.
No respondí.
—Está bien, no tienes que contarme que ocurrió, pero tengo que preguntarte… ¿por qué razón decidiste venir aquí, a la prisión?
Bajé la cabeza. No podía responderle eso porque no sabía la razón. Ni siquiera me había dado cuenta hacia dónde me dirigían mis piernas mientras corría desesperada. Sentía la intensa mirada de Kakashi sobre mi y luego lo escuché suspirar.
—¿Quieres que lo traiga?
La pregunta hizo que la toalla resbalara de mis dedos y levanté el rostro para encararlo. El sonrió al ver mi expresión de desconcierto.
—Sasuke. ¿Quieres que lo traiga?
Permanecí en silencio por un momento.
—Querías hablar con él, ¿no?
"No. No quiero" pensé, tenía miedo. Sin embargo, antes que pudiera darme cuenta, acababa de afirmar con la cabeza.
—Mmm… bueno, ahora que lo pienso creo que es un poco temprano, las visitas comienzan a las diez de la mañana. —miró en todas direcciones, como si buscara asegurarse que nadie lo oía, aun sabiendo que estábamos solos. —Pero, al parecer mi reloj últimamente ha estado fallando.
Me dedicó una sonrisa que le cerraba los ojos y salió de la habitación.
- o -
Ya estaba sentada y acababa de cerrar el último botón del enorme abrigo que Kakashi me prestó cuando escuché la puerta abrirse. El sonido de las cadenas arrastrándose me sobresaltó y mi corazón dio varios brincos fuera de fase.
Mantuve la vista fija en la mesa. Podía oír su tranquila respiración mientras Kakashi le quitaba las cadenas que unían sus pies y manos.
Y al igual que las últimas ocasiones, todo quedó en silencio.
Él no dijo ni una palabra, seguía de pie y el ambiente de pronto se volvió pesado.
Me sentí una idiota. ¿Para qué rayos lo había llamado? Él no debía tener intenciones de verme y ciertamente yo tampoco sabía por qué había ido a la prisión en primer lugar. Nuestro último encuentro fue definitivamente desastroso.
Los minutos pasaron y a pesar de no verlo podía sentir su mirada fija en mí, seguramente preguntándose qué rayos estaba haciendo ahí, si al fin me había vuelto loca o tal vez preparándose para una nueva sesión de reproches de mi parte.
Mis ojos comenzaron a humedecerse y un nudo se formó en mi garganta. Apreté los puños y traté de controlar mi respiración. No quería que me vieran llorar.
—¿Qué es lo que quieres? —me preguntó al fin, su voz, tan grave y distante me hizo dar un respingo.
Levanté el rostro y lo miré a la cara por fin. Sus duros ojos negros me escudriñaban, pero desvió la mirada hacia la pared en cuanto yo busqué la suya. Noté como su cuerpo estaba tenso, mandíbula apretada, hombros rígidos y todo su lenguaje corporal parecía indicar estar protegiéndose o preparándose para recibir un ataque.
Me dolía pensar que se estaba protegiendo de mi.
Kakashi, recargado contra la pared y cruzado de brazos, nos miraba en silencio.
—Yo…
—Ya te dije que no es necesario que vengas. —me gruñó. —No necesito que te sientas mal por mi.
—Yo… —mis ojos se humedecieron aun más y el nudo en mi garganta se hizo más grande. —Yo… quería disculparme.
Él regresó su atención a mi y ahora parecía genuinamente confundido. Una expresión tan inocente que me hizo temblar.
—Ayer… ayer estuve a punto de matar a alguien. —confesé y noté como los dos hombres abrían ligeramente los ojos. —Traté de pensar que fue un arrebato del momento, pero… hace un par de horas, confirmé que realmente deseé haberlo hecho. —no sabía si podían entenderme con claridad, el nudo en mi garganta distorsionaba mi voz y mis palabras. —Incluso ahora, en este preciso momento, sigo arrepintiéndome de no haberlo hecho y eso me vuelve loca.
Silencio. Ninguno de los dos dijo algo.
—¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que alguien tan lleno de rencor como yo y con tantos deseos de matar a alguien pueda estar libre en las calles? —mi respiración se aceleró y poco a poco mis ojos se humedecían aún más. —Desde un principio he pensado lo peor de los convictos en este lugar, pero ahora me doy cuenta que en realidad todos llevamos un monstruo dentro, solo que hay algunos que tienen la suerte de nunca tener que enfrentarlo.
Los ojos negros del prisionero estaban fijos en mi, su expresión igual de seria.
—¿Sabes? —traté de secar mis ojos y sonreír, pero estoy segura que solo hice una espantosa mueca. —Poco antes de venir aquí con mi tía, había intentado suicidarme por tercera vez. Es gracioso, ¿no lo crees? Que una suicida frustrada como yo venga a visitar y supuestamente apoyar a personas cuyas vidas están condenadas, mientras que alguien como tú, que a pesar de todo desea ser perdonado por lo que una trágica vida lo obligó a hacer, tiene que estar aquí encerrado.
Vi su mirada confundida, cómo volteaba a ver a Kakashi en busca de una explicación y el solo asentía en silencio.
—Yo… yo no te desprecio, tampoco creas que no puedo soportar verte. —vi como él se tensaba al recordar las palabras que me dijo la semana pasada. —Es cierto que no te conozco y no conozco los detalles de todo lo que has tenido que sufrir en tu vida, pero… estoy segura que si hubieras tenido algún tipo de ayuda cuando niño hoy no estarías aquí. Creo en el arrepentimiento que veo en tus ojos ahora. —dio un sobresalto y volteó a ver en otra dirección. —Es el mismo que vi hace siete días y el mismo que vi la primera vez, oculto tras esa máscara de indiferencia. —suspiré y sequé mis ojos húmedos con la manga del abrigo. —Lamento mucho lo de la otra vez, no quería ser tan dura. No era mi intención lastimarte ni reprocharte nada. No tengo derecho. De verdad lo siento.
El silencio se instaló entre nosotros unos minutos. Yo tenía la vista fija en mis rodillas y jugaba con mis dedos. Comenzaba a asfixiarme otra vez.
Escuché el sonido de la silla arrastrándose, se había sentado frente a mí y eso me puso aun más nerviosa. No me atreví a mirarlo a la cara.
—¿Por qué? —escuché su voz, más suave de lo que la había oído hasta ahora.
No le respondí de inmediato.
—¿Por qué has intentado acabar con tu vida?
Permanecí en silencio por un buen rato. ¿Podía decirle la razón? Nadie lo sabía, ni siquiera mi tía o mis hermanos y ahora estaba a punto de revelar un secreto de más de diez años a un completo desconocido. Y no solo a él, también a Kakashi, que permanecía quieto observándonos desde su lugar.
Pero por alguna razón sentía que debía decirle la verdad. Tal vez era el saber que no se lo contaría a alguien más, o el saber que no me juzgaría, o tal vez sentía que se lo debía de cierta forma, por haberme inmiscuido en su pasado sin su consentimiento durante la última visita.
Respiré profundo para darme valor y levanté la vista. Él se había inclinado levemente sobre la mesa y estaba más cerca de lo que habíamos estado en las otras ocasiones. Podía apreciar con más detalles sus facciones, sus ojos, completamente negros, ahora se veían más tranquilos, como una bonita noche sin estrellas.
—Yo…—aclaré mi garganta, tratando de controlar el nuevo nudo que comenzaba a formarse. Respiré otra vez. —Mi madre fue una pianista muy famosa, pero su carrera acabó producto de una complicación que tuvo al momento de darme a luz. Para tratar de compensar eso de alguna forma, desde niña me dediqué a tocar el piano para ella. Siempre me decían que era muy talentosa y a todos le gustaba mi manera de tocar, aunque para mi madre nunca era suficiente, siempre parecía decepcionada y molesta conmigo. —un sollozo escapó de mi boca. —Yo seguía buscando complacerla, practicaba arduamente todos los días y poco a poco fui construyendo mi carrera musical, hasta que…—tuve que parar por un momento, me di cuenta que mi barbilla temblaba. —hasta que una tarde… cuando tenía diecisiete años y trataba de acabar una composición que estaba haciendo para ella, yo… fui violada por mi tutor de piano.
Mi cuerpo comenzó a temblar, un flashback con imágenes de Hidan encima de mí, golpeándome, tocándome y violándome sin compasión aparecieron en mi cabeza otra vez. Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas. Podía ver las expresiones de horror de los dos hombres frente a mí, pero ya no podía detenerme. Una válvula se había abierto y ya no podía volver a cerrarla, tenía que sacar todo lo podrido que llevaba dentro de una buena vez.
—Obviamente le conté todo a mi madre, pero… ella no me creyó. Aun cuando vio mi ropa destrozada y mi cuerpo golpeado, no me creyó. —comencé a llorar con más fuerza, ese llanto que había suprimido por tanto tiempo. —Mi antiguo tutor era su amigo, un hombre que fue su propio pupilo en el pasado y que se había vuelto un amigo cercano. Ella lo defendió a muerte y remarcó la total confianza que tenía en él. Me culpó de inventar cosas, de prácticamente haberme convertido en una zorra que se revolcó con el primero que encontró en su camino. —los sollozos escapaban con más fuerza de mi boca y no podía suprimirlos. —Ella me encerró en mi habitación durante días y no me dejó ir a un hospital, no quería verse envuelta en un escándalo por mi culpa, no era suficiente para mí con arruinar su carrera, ahora también quería arruinar el apellido de la familia. —me llevé las manos a la cara y limpié los ojos con fuerza. —Vivía con el pánico de no saber que pasaría conmigo, la posible idea de un embarazo me aterrorizaba, los golpes, los cortes y el dolor lacerante que sentía de pies a cabeza tuvieron que sanar por su propia cuenta. A partir de ese momento comencé a odiar a mi madre y supe que jamás podría perdonarla. Hidan rompió mi cuerpo, pero Mebuki terminó de romper mi alma y eso lo sentí aún peor. Esa misma noche decidí que jamás volvería a tocar el piano. Apenas tuve la oportunidad me fui de esa casa y traté de seguir adelante con mi vida, estudié una carrera, pero no fue suficiente. Algo dentro de mi se perdió esa noche y no he podido recuperarlo. Vivía sin ganas de vivir, por eso decidí que lo mejor era dejar de existir.
La expresión de ese hombre seguía tan impávida como siempre, pero algo en sus ojos se veía diferente.
—Y ella sigue en contacto con ese sujeto, ¿sabías? Sigue siendo amiga del hombre que violó a su hija y yo sigo importándole menos que nada. —apreté los puños, ahora era la rabia la que recorría mis venas. —Y hace un par de horas volví a verlo. Lo vi y me enferma saber que ni siquiera se muestra arrepentido, que parece rememorar esa noche con añoranza y que sabe que todavía me atormenta en mis pesadillas. Y lo peor, es que sé que el sabe que Mebuki le creerá ciegamente cualquier basura que le diga.
Terminé mi relato con otro par de lágrimas cayendo por mis mejillas, pero esta vez eran de rabia, de odio, de impotencia. Apretaba los puños con tanta fuerza que mis uñas abrieron heridas en mis palmas.
Los dos hombres me miraban en silencio. Sasuke con una expresión ilegible.
—¿Por qué te estoy contando todo esto? ¿Por qué les estoy contando esto? —me limpié la cara y la nariz otra vez. —No lo sé, pueden decir que ya me volví loca. Tal vez fueron muchos años en silencio y finalmente estallé. —negué con la cabeza y traté de sonreír, pero estoy segura que solo logré una horrible mueca. — No soy de las personas que piensan que las palabras pueden ayudar a la gente, tampoco soy de las que van por ahí simpatizando con todos, pero… tal vez algo salga de esta charla. Sé que nuestras vivencias no pueden compararse, pero…no lo sé. Por alguna razón me gustaría seguir hablando contigo, si quieres.
Hubo una pausa bastante larga y por un momento creí que eso era un "no". Una sutil manera de rechazar mi ofrecimiento. Si él todavía no estaba cómodo con mi presencia y ya no quería verme más, respetaría sus deseos. Me mantendría alejada de él y de la prisión.
—Eres una chica muy extraña. —me dijo de pronto y me sorprendió que decidiera seguir hablando. —Eso de escoger un prisionero y además uno condenado a muerte para hablar con franqueza.
Yo también lo pensaba, pero ya no trataba de buscarle explicación a las cosas.
—Me lo han dicho. Extraña, apática, asocial. La gente suele llamarme así a mis espaldas.
—También a mí. —su voz suave otra vez, agradable de oír. —Ya estoy acostumbrado. Me han llamado muchas cosas más, cada una peor que la anterior.
Lo miré a los ojos por unos segundos, aquel manto de tristeza otra vez los cubría.
—Lo siento. —dije al fin.
El parecía confundido.
—¿Por qué?
—Por todo. —respondí. Y realmente me disculpaba por todo, por el inherente rechazo que sentía hacia él en un principio, por haberlo juzgado, por todo el dolor que debió sentir cuando pequeño y por todo lo que estaba viviendo ahora.
Él solo cerró los ojos y suspiró. No sabía que significa eso, pero no debía ser algo malo o de lo contrario estoy segura que ya me hubiera dejado sola.
Limpié mis mejillas una vez más y decidí que ya era momento de irme. Había sido una dura mañana y me sentía con tan poca energía que temía desmayarme sobre la mesa.
—Am… creo que será mejor que me vaya. —dije, levantándome de la silla lentamente.
—¿Eh? Pero aun no se acaba el horario de visitas. —intervino Kakashi, acercándose a mi.
—Lo sé, pero… creo que ha sido suficiente por hoy. —traté de sonreírle. —Me duele un poco la cabeza, tengo mucho frío y mi ropa sigue húmeda.
El hombre de pelo plateado asintió. Tomé mis cosas y caminé hacia la salida.
Sasuke entonces se puso de pie.
—El próximo jueves. —comenzó, su voz firme me hizo voltear a verlo. Sus ojos se veían un poco inseguros. —Si aun sigo vivo el próximo jueves a las diez de la mañana, tal vez, podrías pasarte por aquí. No me gusta hablar mucho, pero… puedo escuchar. Si quieres.
Y con esa invitación, por primera vez en el transcurso de la mañana, algo dentro de mí se sintió ligero. Miré a Kakashi, él me sonrió complacido, y sin darme cuenta una sonrisa sincera se formó en mi cara también, por primera vez desde hace una semana.
—Seguro.
Y con una extraña sensación de tranquilidad, me despedí de ellos con una reverencia formal. "Gracias" quería decir, por escucharme, por dejarme estar ahí y por permitirme volver.
II
Sasuke
¿Cuándo fue la última vez que alguien logró ponerme inquieto? ¿Que provocara una sensación tan rara dentro de mi? ¿Qué me hiciera sentir…mal por alguien que no fuera yo mismo?
Fue precisamente esta misma mañana, hace poco más de tres horas.
Nunca esperé que ella regresara, no cuando nuestro último encuentro había sido tan evidentemente desastroso. Tampoco esperaba encontrarla tan devastada y confundida y definitivamente no esperaba todo lo que me contaría después, comenzando por sus disculpas hasta ese terrible suceso de cuando era joven.
¿Por qué decidió desahogarse conmigo? Todavía no lo entendía. ¿Tal vez porque sabía que un convicto como yo no podría decírselo a alguien más? ¿Porque al estar condenado me llevaría su secreto a la tumba? ¿O tal vez porque veía en mi alguien tan desgraciado como ella?
Negué con la cabeza. No, esa chica estaba herida, posiblemente rota también, pero no estaba perdida como yo. Ella aun tenía mucho por vivir, por más que me hubiera contado sobre sus tres intentos de suicidio y de las recientes ganas de torcerle el cuello a su madre. Ella no es como yo, no lo hubiera hecho, podía verlo en sus ojos, esos ojos tan verdes que todavía tenían mucho que entregar.
Siempre pensé que su vida era perfecta. Cada vez que la veía en esa pantalla gigantesca del centro de la ciudad, todo en ella me hacía pensar que vivía una vida maravillosa, porque alguien capaz de componer y tocar algo tan hermoso tenía que ser completamente feliz, ¿verdad?
Que equivocado estaba, solo eran pensamientos idiotas de un niño fascinado.
—Sasuke. —la voz de Kakashi me sobresaltó. Me incorporé en la cama y vi que me miraba a través de la ventana con barrotes. —¿Estás bien?
—Sí.
—Te ves… preocupado. —hizo una larga pausa. —Es por lo que ella contó, ¿cierto?
No respondí. Me recargué contra la pared y llevé mis rodillas al pecho.
—Gai me prestó de nuevo su CD, pero… no sé si quieras escucharlo.
Seguí en silencio.
—Sé que te gusta esa música, así que… solo dime que quieres que haga.
Me quedé en silencio otra vez. Sí, me gustaba, pero, ¿podría disfrutarla ahora sabiendo lo que significaba para ella? Esa música que para mi resultaba como un bálsamo para mi alma inquieta, para ella era todo lo contrario. Representaba el rechazo y el sufrimiento que tuvo que vivir durante esa terrible experiencia. Y no podía ignorarlo, cada vez que cerraba los ojos la imagen de su cara llorosa y sus ojos enrojecidos aparecía en mi cabeza.
—Quiero escucharlo. —respondí al fin. Kakashi presionó el botón del reproductor y las maravillosas notas inundaron mi celda.
Porque a pesar de todo esa música seguía salvándome, me transportaba a un lugar lejano y cálido, a un lugar donde mi hermano y yo seguíamos juntos. Quería sentirlo otra vez, quería sentirme a salvo aunque fuera solo en mi mente.
"Mira nii-san, esa niña del piano otra vez. Es muy linda, ¿verdad?
Sí, Sasuke, parece una linda princesa.
¡Lo es! Y su música es muy bonita también. Ella debe ser muy feliz.
¡Qué tonto! Bajé la cabeza y la recargué en mis rodillas.
La melodía seguía causando estragos en mi cabeza y en mi corazón.
¿Era empatía o tal vez culpa lo que hizo que mis ojos se humedecieran?
chan chan! Y bueno, ahora se vio la historia de Sakura, la pobre ya se sentía pésimo por causarle dolor a Sasukito y después se encuentra con ese maldito... ¿Cuántos odian a Hidan y Mebuki? Levanten la mano!
Ok, ya me calmo. ojalá les haya gustado. Espero seguir inspirada para el fin de semana dedicarme a escribir.
FrikiHimechan dice...
Matta ;)
Pd: Aprovecho de promocionar el nuevo fic que acabo de escribir. Se llama "El siguiente paso" Obviamente un SasuSaku. Espero puedan darle una miradita.
