Naruto es de Kishimoto. El escrito y la idea de esta historia es mía.

Las chicas se mantuvieron ocultas y sólo hasta verlos desaparecer completamente se atrevieron a salir. Muy sorprendida, Hinata había escuchado hablar a los chicos sobre un grafiti. Su compañera había sonreído de forma satisfecha al escucharlos. La morena se disponía a escabullirse por donde lo había hecho su rescatado y su compañero pero la chica rara la detuvo jalándola hacia el otro lado. Hinata se desconcertó al verla abrir muy tranquilamente el portón trasero del instituto. ¿Quién era esa chica?

Hinata permaneció callada todo el tiempo que caminó junto a la chica que llevaba los brazos cruzados tras la cabeza. Se atrevió a mirarla de reojo. Su acompañante era bonita pero más que reparar eso, le envidió que fuera fuerte y arrojada. La chica había golpeado sin dudar al compañero de Uchiha-kun y maldecido al mismo tiempo. Era admirable. De no haber sido por ella aún estaría junto a los dos chicos; atontada y sin saber qué hacer. Iba tan ensimismada pensando en su mala suerte que no se dio cuenta que ya caminaba sola.

—¡Hey!

—¿Eh? —Paró en seco dándose vuelta. — Oh, gomenasai.

—Oye, hasta aquí llego yo. —La chica le señaló una calle contraria. —Mi casa queda hacia allá…

—¡Oh! Yo,… A-arigato, Ojou-san.

"¿Ojou-san?" Karin torció una mueca ante el nombramiento tan formal. Curiosa, se acercó a mirar de cerca a la chica que le acababa de hablar de esa manera tan especial. La muchacha estaba sumamente ruborizada.

—¡Eh! ¡Oh vamos no te voy a morder! No te pongas roja. Eres muy rara, chica. Eres parlanchina como una tumba, tus ojos son tan blancos como la crema de batida pero tu cabello tan negro como el carbón y largo como el de Rapunzel…—Murmuró cerca de ella sosteniendo un extenso mechón entre sus dedos. —Y no eres fea…—Añadió medio sonriendo, Hinata enrojeció más. —Y lo mejor, no pareces morir por Sasuke.

Hinata le dirigió una mirada sorprendida. Karin volteó la visera de su gorra de nuevo, con la oscuridad Hinata no lograba distinguir si el color de las pocas hebras de cabellos que se escaparon parecía castaño o marrón.

—¿Y?... Me dirás quién eres o seguirás manteniéndote en el anonimato.

—Pues, yo,… Yo me llamo Hi-Hi…

—¿Hihi?… —Enarcó una ceja mientras cruzaba los brazos. —¡Vaya con el nombrecito! Dime, Hihi, por casualidad tu padre fumaba algo "raro" cuando te puso así…

Hinata negó con premura.

—Hinata… me lla-llamo Hinata.

Karin se rió con ganas.

—Encima tartamudeas…. Así que Hinata, ¿ne? —Ladeó la cabeza. —Prefiero Hihi. Pues nos vemos mañana… ¡Por cierto, soy Karin! —Gritó a una cuadra de distancia. Hinata apenas pudo sonreír

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La chica caminó sola por las calles que a pesar de la hora aún tenían vida. Su nueva ciudad era muy distinta de Konoha en donde lo mejor de la vida sucedía en el día. Todavía uno que otro chico en patineta hacía acrobacias por la acera. Hinata pensó en Kiba, en su sonrisa enorme, sus cabellos rebeldes y su patineta. La chica pasó por el grupo de chicos que bromeaban y se carcajeaban, con ellos había una chica morena que bailaba con movimientos sensuales. Ella se acordó de Ino, su amiga rubia de personalidad extrovertida y dotes natos de danzante, "Vamos Hina, no hay nada de malo en mover un poco las caderas."

Cómo deseaba tener a sus amigos de vuelta, cómo deseaba volver a Konoha, estar con Kiba-kun, con Shino-kun, con Sakura e Ino.

Sus pasos la llevaron sin titubeos a la mansión. Las luces del enorme jardín permanecían encendidas, los aspersores regaban el césped perfecto. Hinata se coló por la puerta de la servidumbre. Si su padre llegaba a verla se las vería muy difíciles. Marcó el código para entrar, un "clic" se escuchó y la chica empujó la puerta. Hinata ahogó un grito cuando la luz se encendió.

—¿Se puede saber en dónde estabas jovencita? —Sonó una voz en tono áspero.

— Eh,… Yo…

—Me tenías con el alma en un hilo Hinata… —Dijo para luego acercarse a abrazarla.

—Gomene, Kurenai-sensei.

—¡¿De nuevo fuiste a nadar?! —Le riñó al notar su cabello mojado. —Bueno, ya mañana me explicarás. Sube de inmediato antes de que tu padre se dé cuenta.

—Arigato, sensei. —Dijo abrazándola fuerte. Tal vez no tuviera a sus amigas pero por lo menos tenia a Kurenai a su lado.

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Cuando el incesante pitido del despertador empezó a sonar Sasuke ya salía del baño completamente duchado. Tomó el reloj apagándolo y devolviéndolo a su lugar, una mirada triste se posó sobre la fotografía que adornaba su cómoda. Los cinco miembros de su familia celebraban el año nuevo. El año del tigre, hacía nueve años, el último año que todos habían estado juntos. El joven soltó el aire contenido. Dándose la vuelta sujetó su mochila y su equipo de kendo encaminándose hacia las escaleras.

En la cocina encontró a su tutor desayunando. Desde que recordaba siempre le había conocido, tal vez no de fondo pero sí de forma. Nunca que se conociera a un hombre con tantas marcas en la cara se podría olvidar tan fácilmente. Él trabajaba con su padre desde antes que Itachi naciera, así como el padre de aquél había trabajado para su abuelo y así de tiempo atrás. El tradicional estilo de servilismo y fidelidad muy común en su país. A Sasuke nunca le había agradado demasiado pero lo toleraba porque su padre le respetaba, además de que el sujeto era de los colaboradores más cercanos a Fugaku, quien le consideró más que su empleado su amigo.

—Ohayo-Gozaimasu, Sasuke-kun

—Ohayo Danzo…

—Me dijeron que llegaste tarde a la mansión… No es conveniente que andes solo por la noche, es peligroso.

Sasuke le ignoró, tomó una tostada untándola con mermelada de durazno. Después se sirvió en un enorme tazón una buena ración de avena empezando a comer con lentitud. Faltaba poco para marcharse a clases.

—¡Ohayo!... —Un estridente bostezo acompañó de inmediato al efusivo saludo. —Muero de hambre… ¡Mmmm, huelo hot cakes!. —Dijo sentándose a la mesa y sirviéndose una columna de estos. —Pásame la miel, Sasuke.

Sasuke le pasó el tarro a Suigetsu. Danzo miró con visible molestia al chico de cabellos plateados que comía como poseso.

—Sa-Sasuke… ¿Por qué no me despertaste?

—No soy tu niñera, baka

—Ahora tendré que comer deprisa para no irme sin desayUAARGFF

Sasuke movió la cabeza con hastío al escuchar cómo Suigetsu se comenzaba a ahogar por hablar y comer al mismo tiempo. Danzo se acercó a Suigetsu propinándole unos sonoros golpes en la espalda para luego marcharse del comedor, ligeramente satisfecho de su acción.

—¡Maldito casi me hace escupir los pulmones! —Se quejó Suigetsu después de recuperarse.

Sasuke volvió a mirarle con resignado fastidio. El chico terminó su cereal, tomando la caja de leche para perderse momentáneamente del lugar. Suigetsu siguió comiendo su montaña de hot cakes y tomado tragos enormes de jugo de naranja. Minutos después Sasuke regresaba con sus cosas en las manos.

—Vámonos, ya.

—Pero todavía no termino mi desayuno. —Reprochó su amigo.

—Tú tienes la culpa por levantarte tarde…

—Sólo por hoy podríamos ir en auto, ¿no crees?

—Iré caminando como todos los días. Ni loco te permitiría tomar un auto Uchiha otra vez.

—¡Oh vamos! Sólo porque la última vez tuve ese pequeño percance no quiere decir que sea mal conductor.

—Idiota, Yuyu perdió mucho pelo por el susto. —Recriminó con mal humor.

—No es para tanto, creo que Danzo perdió ese día más pelo que él.- Dijo Suigetsu con una risa que Sasuke no devolvió. —Ya, ya, sé que te agrada el gato raro ese pero ya me disculpé.

—Yuyu es hembra. Y es una Uchiha. —Sasuke le corrigió.

—Y hablando de la reina…—Soltó Suigetsu.

Yuyu apareció. Una enorme gata negra, con el emblema de los Uchiha adornando su cuello, apareció ante ellos. Con un caminar suave y grácil, digno de realeza, la felina se encaminó hacia su dueño. Yuyu le maulló para luego ronronear y restregarse sobre los pies del moreno. El animal de detuvo un momento y después sus ojos gatunos se dirigieron a Suigetsu, mirándole desdeñosa.

—Sabes, creo que Yuyu se dio cuenta que yo era quien manejaba ese auto que casi la mata. —Dijo algo dudoso.

Sasuke se agachó acariciando el lomo negro azabache del animal. La gata se tiró al suelo, mostrando la panza de color blanco y retorciéndose de gusto primero por las caricias juguetonas de su dueño en la barriga y luego por los mimos que el chico hacía en su peluda papada. El emblema de plata bailaba en el cuello del animal. Sasuke era el único al que Yuyu permitía hacer eso.

—Adiós preciosa. —Murmuró Sasuke, rascándole la cabeza. Yuyu maulló de forma musical en contestación. Sasuke le sonrió a la felina para luego salir.

—Nos vemos Yuyu-chan. —Dijo Suigetsu intentando acariciarle el lomo. La gata siseó dándole un manotazo con garras descubiertas y provocándole una herida en el dorso de la mano. —¡Auch! ¡Ahora veras! —Soltó amenazante intentando seguirla. Yuyu saltó, ágil y elegante, hacia las escaleras.

—¡Suigetsu! —Le gritó Sasuke desde el portón. —No te atrevas.

El otro se detuvo en seco suspendido en una pierna. La gata maulló casi con burla.

—Pero Sasuke, ¡Yuyu me rasguñó! —Se quejó mirando la herida. Escuchó que Sasuke cerraba el portón haciendo caso omiso a su queja. —Pero nos veremos las caras otra vez, Yuyu-chan…—Le amenazó Suigetsu con un dedo.

Desde la escalera Yuyu soltó un gran bostezo, luego desvió con arrogancia su felina mirada del chico que le miraba indignado. Suigetsu apretó con fuerza las manos, hasta la gata se comportaba como un Uchiha y se pasaba con él.

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Hinata se detuvo en seco cuando los vio cruzar la calle. Sujetó a su pecho con fuerza su mochila gastada para de inmediato ocultarse tras un poste del alumbrado. El corazón le retumbaba. Asomó un poco la cabeza de su escondite para ver en donde estaban ellos pero de pronto habían desaparecido. La chica emitió un suspiro de alivio, miró para todos lados, y nada. Hinata emprendió de nuevo el rumbo cuando de pronto sin imaginarlo salían de una tienda unos metros adelante. Una caseta de teléfono sirvió ahora como improvisada guarida. Luego de unos minutos, de nuevo reunió valor para observarlos.

Hinata lo miró de lleno, había crecido mucho, estaba casi tan alto como Kiba-kun pero sin duda seguía teniendo la misma fama y muy posiblemente la misma actitud porque sus ojos oscuros luego de rescatarle no parecían reflejar agradecimiento más bien reproche y molestia. Sakura e Ino estarían muy emocionadas en saber de él, pero ella no, ella hubiera preferido nunca encontrarlo.

Sasuke sintió la fuerza de una mirada, a un lado suyo Suigetsu, que comía una barra energética argumentando que no se había llenado con esos míseros diez hot cakes, parloteaba sin cesar. El moreno volteó a sus espaldas, se detuvo enfocando la mirada, juró ver algo pero no. La calle estaba vacía.

Una palidez de muerte cubría el rostro de la muchacha. Las manos le temblaban, las piernas le comenzaron a fallar, sentía que en lugar de duro calcio sus huesos se habían transformado en gelatina. Hinata se deslizó sin fuerzas por la estructura de la caseta, sentándose en el suelo. Miró su reloj, aún faltaban veinte minutos para la entrada a clases, era la misma hora a la que siempre salía y nunca se lo había encontrado, ¿por qué ahora sí?

Una serie de grititos de emoción se escuchó por la calle.

—¡Sasuke-sama! ¡Suigetsu-kun! —Gritaron a coro varias voces femeninas.

Hinata se asomó de nuevo, ahora el par caminaba rodeado por un grupito de chicas que saltaban extasiadas a su alrededor, el chico de cabello plateado, que ya sabía se llamaba Suigetsu, parecía encantado; Sasuke, molesto. Hinata miró de nueva cuenta su reloj, faltaban diez minutos, se le estaba haciendo tarde. Sacando fuerzas, no supo de donde, corrió como atleta pasando por entre el grupo que cerraba el paso. Si se detenía a pedir permiso, le verían. Su cara tenía el color del alto del semáforo que ignoró. Las chicas gritaron disgustadas cuando de pronto las arrollaron, el amigo de Sasuke maldijo, del Uchiha no escuchó nada.

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El alumnado del prestigioso Instituto Akatsuki se distinguía por sólo dos cosas: o sus alumnos pertenecían a las más ricas y poderosas familias del País o del extranjero; o bien eran chicos que sobresalían de entre muchos por sus increíbles aptitudes individuales, eran verdaderos genios en aéreas específicas. Y en Akatsuki se les fomentaban a ser los mejores en dichas áreas.

Los itinerarios del alumnado constaban sólo de clases de Artes (los futuros Renoir, Shakespeare, Rodin) Deportes (las medallas olímpicas del mañana), Ciencias (sin duda próximos Nobel) y Económicas (los líderes mundiales de Instituciones Financieras). Con eso el Director se podía ufanar de contar con los máximos reconocimientos y premios en cualquier especialidad en todo el país, logrando así cuantiosas recaudaciones de dineros mediante donaciones de los padres de su alumnado o contar con el apoyo político y cobijarse con la sábana de influencias que estos le ofrecían.

Hinata sólo encajaba en la primera clasificación. Había bastado simplemente una llamada telefónica de su padre para que de inmediato ella formara parte del prestigioso plantel. En cambio Sasuke Uchiha junto con otros tres chicos era de los pocos que entraban en las dos categorías de alumnos. Pertenecían a familias poderosas y eran verdaderos genios en ciertas áreas.

Una vez que hubo llegado al Instituto, Hinata había entrado al baño y como previsión había decidido recogerse el cabello y enrollarlo, así lo largo que era no la delataría. Aunque tal vez estaba siendo paranoica muchas chicas tenían el cabello largo y no por eso a todas iban a detenerlas para interrogarlas o preguntarles. En el baño había revisado su itinerario, su horario estaba conformado sólo por clases de Artes; la única de deportes era la de natación (por la cual se encontraba en ese caos y que afortunadamente hoy no tenía), la morena dudaba mucho encontrarlos o que compartieran alguna con ella, no creía que ellos se interesaran en esa área. Ellos debían estar en las otras áreas. Sin duda en la de deportes, eso era algo más de su estilo.

Hinata miraba con aire acongojado el reloj que colgaba el marco de la puerta de su salón. Faltaban cinco minutos para la última clase. Había tenido mucha suerte para evadirlos en todo el día no se había topado con ellos ni siquiera en los pasillos y al parecer sus sospechas eran ciertas: no compartía ninguna clase con ninguno de los dos. Hinata se inclinó hacia su mochila sacando su libro de historia de la pintura, un lápiz y una libreta.

En ese momento una chica entró corriendo emocionada al salón. Hinata le miró de reojo, la muchacha se aproximó al grupito de populares que se sentaban al fondo del aula. El cotilleo comenzó entre susurros.

—¡HUSO! —Escuchó que gritaba una.

Entonces comenzó una algarabía total.

—¡¿Estás segura?! —Sonó una voz aguda.

—Segurísima, yo misma lo escuché hace un momento en el pasillo del Director…

—¡KYA! —Gritaron extasiadas.

Hinata las miró sacar apuradas de sus exclusivos y caros bolsos, unos espejos y unos, aún más caros, cosméticos. La morena estaba embobada mirándolas maquillarse cuando con el brazo movió su cuaderno haciendo caer el lápiz. La chica se inclinó para levantarlo dando la espalda a la entrada.

—¡Konichiwa chicas! —Una voz masculina con un tono juguetón saludó.

—¡Suigetsu-kun! —Gritaron las chicas de atrás.

"¿Su-Suigetsu-kun?" Hinata se quedó petrificada.

—El mismo al que seguramente desvisten y descalzan en sus sueños, damiselas. —Dijo el chico dirigiéndose al fondo del aula, un chillido de varios decibeles recorrió el salón.

La morena se enderezó lentamente, el flequillo que cubría su frente y que bordeaba sus ojos se le comenzaba a pegar a la piel por el sudor que empezara a brotarle por los nervios.

—¿Suigetsu-kun escuchaste sobre el grafiti de Kabuto-sensei? —Preguntó una de las chicas con tono extasiado.

—¡Ah sí! Una obra de arte. Me encantaría conocer a tan gran artista para felicitarlo por tan increíble trabajo.

—¿Quién habrá sido, Suigetsu-kun? —Dijo otra de las chicas, una castaña rizada.

—¡Oh no sé, preciosa! Pero tiene talento, no como yo que sólo sé dibujar… corazones. —Le murmuró casi en un ronroneo. Faltó poco para que la chica cayera desmayada

Hinata bajó la mirada enfocando sus ojos blancos en la pasta de su libreta. Entonces el silencio reinó en el lugar. Un "¡OH!" ahogado y un suspiro femenino grupal desfiló por las bancas llegando hasta la puerta en donde de reojo Hinata miró que una figura masculina aguardaba a entrar. El corazón le retumbó a la morena. El griterío comenzó de nuevo mucho más fuerte que antes, esta vez por toda fémina del salón, a excepción de ella.

Esa histeria femenina, sólo podía ser causada por alguien, alguien que ya conocía. Las manos le sudaron a Hinata y la garganta se le secó.

—¡Sasuke-sama!

Hinata sintió que en cualquier momento se iba a desmayar. Quería irse de allí ya mismo pero Sasuke aún estaba parado en la puerta. ¡¿QUÉ IBA A HACER?! Respiró hondo, con bastante dificultad, debía serenarse. Tenía que esperar a que Sasuke se sentara, seguramente lo haría atrás con su amigo, así ella podría salir del salón, no le importaba que el sensei le reportara o tal vez con suerte ni siquiera se percatara de su ausencia.

Sasuke miró a las chicas molestas que levantaban a un compañero para desocuparle un lugar. Suigetsu sonreía a sus anchas ante la atención que las tontas sin cerebros que se decían sus fanáticas le dedicaban. A su amigo le gustaba todo eso, a él muy al contrario le sacaba de quicio. Definitivamente ni aunque de ello dependiera su vida se sentaría atrás. Sus ojos se dirigieron hacia la banca desocupada en la tercera fila, detrás de una chica de cabello recogido que parecía más interesada en su libro que en ellos.

—¡Sasuke-sama, por acá! —Le gritó una chica de particular voz aguda. —¡Sasuke-sama!

—Urusai. —Musitó el chico mientras caminaba.

La chica rubia enmudeció. Suigetsu hizo una mueca al oír a su amigo. Entonces los ojos avellana de la chica rubia comenzaron a brillar y con aire presuntuoso comenzó a decir a todas las otras que Sasuke-sama le había "hablado", un "¡qué envidia!" recibió como contestación. Suigetsu rodó los ojos, bueno él estaba con ellas no por su cerebro precisamente.

Hinata apretó las manos en un intento por obtener un poco de valor y con lo poco que reunió desvió ligeramente sus pupilas perladas hacia él. El corazón le subió de súbito a la garganta. Con ese característico andar arrogante Sasuke Uchiha caminaba hacia ella. Hinata sintió que el tránsito de su sangre se le detenía en las venas y aire se negaba a entrar a sus pulmones. Pero seguía viva, eso le decía el retumbe incesante de su corazón dentro. La chica se quedó de nuevo muy quieta mirando sus apuntes. Cuando Sasuke pasó enfrente de ella un olor a cítricos le llegó. Entonces creyó que ahora sí se le detendría el corazón al notar que se sentaba justo tras ella.

¡Kami-sama! Estaba en la misma clase de Historia Universal del arte que ella y por si no fuera suficiente se iba a sentar detrás. ¿Cómo era que en las dos semanas que tenía allí nunca le había visto o escuchado mencionar?

Hinata tomó sus cosas intentando meterlas para salir cuanto antes de allí, pero el mundo se le cayó encima al ver llegar al profesor. ¿Por qué precisamente ese día tenía que ser puntual?

Deidara entró con su característico aire rebelde al aula. Además de rubio y apuesto era un tipo realmente joven, tal vez sólo unos cinco o seis años mayor que su clase pero era un egresado del Instituto, uno de los llamados "Los Diez de Akatsuki". La paga era muy buena y trabajaba en algo que le gustaba: el arte. Él prefería la escultura pero eso venía hasta los dos últimos semestres. Ahora estaban llevando Pintura. Miró a su clase y reparó en unos inexpresivos ojos que miraban su persona. Eran los mismos, casi iguales. Una sonrisa se frenó en los labios del profesor.

—Chicos... —Empezó el rubio con un aire malicioso. —Hoy es un día especial, tendremos como compañero por este semestre a una persona que imagino ya todos conocen pero qué mejor que él mismo se presente… ¡Vamos, no seas tímido!

—Tú mismo lo dijiste, Deidara, todos me conocen. —Contestó Sasuke arrogante a espaldas de Hinata. La chica palideció, ¡cómo podía hablarle así a un profesor!

—No lo creo. —Siguió. —Eh… A ver, usted, la señorita de adelante. —Dijo señalando a Hinata. La chica levantó lentamente la mirada hacia el profesor, claramente supo que la voz no le saldría. —¿Conoce usted a su compañero?

Ella se limitó a asentir, un rojo le abrasaba por completo la cara. El rubio profesor hizo una mueca al verla. "Otra tonta que caía bajo el Uchiha efect"

—Yo no lo conozco, sensei, que se presente. —Se escuchó una voz traviesa en la parte de atrás. Sasuke rodó los ojos. "Ese idiota".

—¡Ah el otro alumno nuevo! Ya escuchaste entonces, preséntatele a tu compañero…

—Hozuki, Hozuki Suigetsu, sensei. —Dijo el chico mostrando una enorme sonrisa. Sasuke bufó. Lo mejor era meter prisa a toda esa idiotez.

—Soy Sasuke Uchiha, de la rama de deportes. Estoy aquí… temporalmente.—Dijo visiblemente molesto y sin apartar la mirada de su profesor que luchaba por no partirse de risa. "Si Itachi viera esto sería tan feliz."

—Ves que no era tan difícil Sasuke-kun.

La clase continuó con cierta normalidad. Hinata intentó por todos los medios permanecer fuera de la vista de Sasuke casi ni respiraba en su intento de no hacer ruido ni moverse. Miraba al profesor rubio, escribir en el pizarrón y luego hablar sobre la pinturas en las antiguas civilizaciones occidentales. De reojo, observó que faltaban diez minutos para que su suplicio terminara. Entonces escuchó las voces a sus espaldas.

—Debo admitir que no fue mala idea entrar a esta clase, Sasuke. La mayoría son chicas y muy lindas. No entiendo por qué quieres saber de estas patrañas de la pintura. Bueno a mí me gusta y todo eso, pero tú…

—Tengo mis motivos.

—Sobre las chicas de anoche. —Prosiguió el otro. Hinata contuvo la respiración. —No he visto a ninguna. Me di una escapada para ver a las de nuevo ingreso como me dijiste.

—¿Y? ¿Tuviste suerte?

—Pues no y sí. El no es porque no las vi por ningún lado. A ninguna le distinguí buena pierna, a esa va ser difícil encontrarla. ¡Mira que ir disfrazada de hombre! Y sobre la de la melena negra, pues tampoco hubo nada. Y eso que hablé con todas las que me topé y que tenían cabello largo y oscuro; y hubo varias, pero ya sabes… les hacía falta el "súper plus" que vimos anoche. —El chico soltó una risilla, a un lado suyo Sasuke permanecía inmutable.

—¿Y el Sí?

—¡Ah! Pues eso es porque obtuve los números telefónicos de cuatro chicas preciosas. —Sasuke rodó los ojos. —Bueno volviendo a los de las escapistas, no te fijes, si no las encontramos hoy lo haremos mañana. Además no nos han delatado, y no creo que estén muy lejos.

Hinata tembló ligeramente. En ese justo momento el timbre que daba por terminada las clases sonó. Hinata soltó el aire contenido, descansando porque muy pronto toda esa pesadilla se acabaría. Recogió sus cosas sin meterlas siquiera en su mochila. Se levantó bruscamente justo cuando el par de amigos también se levantaba. Dio un paso casi dispuesta a salir corriendo cuando entonces una mano le detuvo por el hombro.

—¡Oye!

Hinata se quedó de una pieza, Suigetsu le detenía. La chica se volteó sin mirarles, apretaba con fuerzas sus cosas al pecho. Sus ojos nerviosos permanecían viendo el suelo pero sus mejillas traicioneras ya estaban rojas.

—Toma se te cayó. —Dijo mostrándole su monedero. Hinata hipó.

—A-Arigato. —Respondió con una ligera inclinación al recibirlo, la mano le temblaba. Sus piernas estaban inertes.

—De nada, pequeña.

El sonrojo de Hinata aumentó cuando sintió como Suigetsu le pellizcaba la mejilla, sus ojos se abrieron como platos.

—¡Vaya! ¡Qué ojos! —Dijo el chico mirándola

Sasuke que guardaba sus cosas volteó aunque sólo alcanzó a ver la espalda de la chica de cabello negro que salía corriendo como enajenada del salón.

—Tú y tus tonterías. —Masculló el moreno colgando su mochila al hombro.

—No en serio, eran… raros.

—¿Raros?

—Creo que son… blancos.

—Es ella. —Vociferó Sasuke.

—¡Ah sí pero Suigetsu y sus tonterías! —Se quejó el otro.

Sasuke arrojó sus cosas hacia la banca y salió disparado. Eso era el colmo. La había tenido todo el rato sentada enfrente y no la había notado. Se seguía burlando de él. "¡Pelea, cobarde!". Pero ya no iba a escapar más.

—¡Oye pedazo de piedra, recuerda que te salvó! —Le gritó Suigetsu mientras lo miraba correr como poseído detrás de la chica de ojos blancos.

El chico de sonrisa afilada meneó la cabeza con cierto pesar. Pobre chica, esta vez no tendría escapatoria, su amigo era una saeta y no quería ni imaginar cómo le iba a ir a la muchacha con el Uchiha en "modo Demonio". Porque Sasuke iba que pitaba de coraje.

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Muchas gracias por leer.

Les agradezco sus comentarios a Tokei, Dark Amy-chan, kds, Tori Pie, patohf, Nicolai P. Sherman , Angie, Zumekqi, Sairiko, Bere, LittleRock17 y a Guest del 30/Jul/15

Nos vemos en una semana.