Género: Por definir
Personajes Principales: Itachi Uchiha, Hinata Hyuga, Naruto Uzumaki
Autor: Lirios41
Universo: Alterno
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Universo paralelo:
Calma
El sonido de las gotas de lluvia le ayudaba a mantenerse serena, podía sentir ocasionalmente una corriente de aire helada filtrarse por un hueco en el tronco donde se encontraba oculta. No solo estaba ella ahí, tendido junto a ella se encontraba un Shinobi, que ella había rescatado.
Se dijo a si misma que esa vida ahora era su responsabilidad hasta que ese ser pudiese valerse por sí mismo. Que objeto tenía haberle salvado de ser aplastado si lo dejaba morir por envenenamiento, o aplastado por el mono gigante, o si lo abandonaba a su suerte en ese árbol, ninguno, nada de lo que hizo habría tenido algún sentido. Esos días en la guerra la habían marcado, tantas muertes de Shinobis, si hubiese estado en sus manos salvar a alguien, a los padres de Ino-San o Shikamaru-kun, si de ella dependiera que Neji ni-chan siguiera vivo, si de ella dependiera, si tan solo hubiese algo que pudiese hacer por alguno de ellos, lo haría sin dudarlo.
Pero el deseo del poder hacer algo por el pasado es inútil. Aprendió eso a través de los años, esas heridas de arrepentimiento e impotencia crecían día con día a causa de su tan tímido carácter y su baja autoestima, lucho cada día para encontrar la fuerza necesaria para hacer lo correcto, pidió a todos los dioses sabiduría al momento de actuar, y poder vivir sin arrepentimientos, y finalmente tuvo que rogar para tener la suficiente humildad y con esta aceptar todo aquello que no pudiese cambiar. Todo eso, había rendido frutos, ya que por mas que le doliera era capaz de aceptar que no podía cambiar el pasado, que no podía revivir a nadie y por más tormentosas que fueran esas heridas, ella debía afrontarlo.
A través de los años había aprendido mucho. Se enfocó en lo que ella si podía hacer, por mínimo que fuera, salvar la vida de ese Shinobi, protegerle era su determinación, su camino ninja no retrocedería ante su palabra. Ya había llegado muy lejos, no podía dejarle morir, estaba en sus manos ahora, no lo dudo.
Podía ver el flujo de chakra, como se atoraba en una arteria del corazón, por lo cual tapo los canales, solo lo suficiente para mantenerlo tranquilo hasta que sanara. Hinata comprendía que no podía revivir un Shinobi, pero si la muerte de su primo le enseño algo fue que cada muerte de cada persona era sumamente dolorosa para todo aquel cercano a esa persona. El dolor por perder a su Ni-chan le decía lo importante que es la vida de las personas y los lazos de estas. No conocía los lazos del hombre frente a ella, ni siquiera sabía a qué aldea pertenecía, pero nadie lucharía en esa guerra sin defender algo, de no ser así se abría rendido y no lo hubiera encontrado tambaleándose luchando contra bestias y animales en medio del bosque, él tenía algo porque luchar, y precisamente por eso ella ponía tanto esmero en salvarle. Si se concentraba en salvar a quienes aún vivían, si tan solo evita la muerte de una persona, su esfuerzo evitaría que alguien pasara por el dolor que ella misma a travesaba en esos momentos.
Coloco su mano sobre su pecho para abrir un canal de chackra.
-AJ! - Susurro el hombre, con una de dolor.
Hinata estaba sorprendida. Con las hierbas que estaban cerca de ahí, ella había sintetizado un anestésico tan fuerte, que en el cuerpo de cualquier otra persona podría haberle dejado inconsciente e incapaz de moverse durante horas, incluso días. Había encontrado esa planta cerca de ahí, y salió en su búsqueda, preparo una infusión concentrada y se aplicó con chackra directamente a sus músculos y nervios. El anestésico era fuerte, no solo por la forma en que lo aplico, si no la naturaleza en si misma del medicamento, pero aun así él fue capaz de hablar, seguramente sintió un dolor intenso mientras ella abría los canales en su corazón.
Cerro los canales de nuevo, no quería que el sufriera.
Rompió por completo la tela de su pantalón y la remojo en agua, para limpiarle a su paciente el rostro, el cuello y luego al pecho. Tenía golpes, cicatrices y quemaduras, Hinata se encargó de sanar las que pudo, se había enfocado en las grandes heridas, el veneno y el corazón. El resto eran pequeñas heridas de las cuales se pudo encargar con facilidad. Siguió limpiando bajando al torso, considero inapropiado desnudarlo por completo, después de todo era un desconocido, en lugar de seguir bajando se brincó directamente a las rodillas y finalmente le quito sus sandalias para límpiale los pies.
La temperatura del ambiente descendió.
-Cof, cof.- el chico tosió, por instinto Hinata se apresuró a su lado, pero apenas le vio, el volvió a dormir. Pensó en hacer una aguja con chakra y plástico de su cantinflojar para tratar de hidratarlo, pero no tenía una manguera o algo que le permitiese transportar el agua, además pese a que trato de mantener el lugar lo más limpio posible, le pareció poco salubre para un procedimiento de ese tipo. En lugar de eso mojo un poco de tela y la coloco en los labios del pelinegro para hidratarlo, parecía estar funcionando. Lo reviso para verificar que no tuviera temperatura alta, pero se encontraba bien, pues comenzaba a recuperaba el color en su piel.
Puso alcohol en una botella y con su chakra lo calentó para crear un fuego transparente, que no brillaba ni emitía luz, invisible al ojo humano común, capaz de darle calor sin revelar su identidad.
Se aseguró con el Byakugan de que nada estuviera rondando, pero todo parecía en calma a su alrededor.
Muy opuesto en comparación con lo que había pasado, fue duro, doloroso y abrumador. Las imágenes venían una y otra vez a su mente. Shinobis siendo manipulados para atacar a sus camaradas, peleando incluso contra su propia voluntad. Vio los cuerpos mutilados, el chakra desaparecer tras la muerte, lo había visto y con gran detalle por su ojo blanco. Padres, amantes, hijos, hijas, hermanos, hermanas y amigos, todos ellos muertos. El caos ocasionado por Obito fue tal que incluso momentáneamente Naruto llego a perder la fe.
~la guerra es terrible~. Se dijo para sus adentros. Entendía ahora porque tras la muerte del tercero, Konoha prefirió firmar paz con la aldea de la arena a seguir teniéndola como una aldea enemiga y causar una disputa en todo el país del fuego.
Pero la experiencia de lo vivido, el hambre abrumador que sentía y el dolor muscular no se comparaba con la gran angustia que sentía al ignorar el paradero de su hermana, su mente le jugó una mala racha haciéndole pensar que su pequeña Hannibi pudiera estar sufriendo la crueldad y las carencias que se viven con la guerra.
Podría arriesgarse a salir a buscarla, pero ese hombre tendido, hizo que todo el trabajo fuera devuelto con un tacto de manos y un gracias, un gracias que no esperaba, mucho menos después de toda la agonía que le hizo pasar. Era un Shibobi noble. No lo iba dejarlo a su suerte, no mientras Son Gokū, el Mono de cuatro colas, siguiera rondando por ahí. Lo cuidaría, se haría cargo de él, hasta que el pudiera valerse por sí mismo.
Dejo a un lado sus lamentos, se puso de pie, él la necesitaba y sería tan fuerte como este hombre lo necesitara, se lo dijo a sí misma.
La angustia no la quebró, se mantenía fuerte, paciente y a la espera de cualquier cambio. Permaneció de pie observando la lluvia a la espera del amanecer.
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