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De las primeras misiones que compartió a su lado, recuerda aquella en que se incendió gran parte de la biblioteca pública. La querella no era precisamente ahí, sino en el edificio gubernamental de junto.

Le ordenó poner a salvo a los civiles que pudieran estar aún trabajando. Su hijo fue escueto en su negación.

"¡Qué importancia tienen sus patéticas vidas cuando hay universos enteros ardiendo, padre!"

Él lo tomó por los hombros y tras zarandearlo un poco (por no decir, que amenazarlo con la hilera completa de dientes, músculos tensos y expresión severa) le recordó que a ellos. Eran los héroes, los chicos buenos. A ellos, les importaban sus vidas y si en serio quería portar el uniforme de Robin, tenía que hacerlo.

Damian desapareció como una exhalación en lo que él terminaba el trabajo duro. Perdió la noción del tiempo en eso e inclusive requirió la ayuda de Oráculo y Nightwing. Al concluir, lo encontró apostado sobre el techo de otro elevado edificio, la capucha negra ocultando su rostro, el rictus meditabundo. Observando las llamas que obviamente, ya habían dado buena cuenta de todo. Intentó confortarlo colocando una mano sobre su hombro, el chico reaccionó como animal herido, siseó y se retrajo hacia atrás, demás de mirarlo a los ojos con rencor.

Había lágrimas secas en sus ojos desprovistos de antifaz que él, medianamente se supo explicar.

Era solitario, quizás demasiado. Y era lógico suponer que encontró en los libros la compañía y el consuelo que todos los demás adquieren con amigos, conocidos y compañeros.

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Eso lo pensó entonces, ahora creía que se trataba de recuerdos.

Su "asesino" comentó que quemarían todo eso. Las novelas que indudablemente, alimentaron su sed de libertad. No podía creer que su hijo muriera de esa manera tan cruel. Pero lo confirmaron al contemplar las cicatrices de las que Alfred antiguamente les habló.

Estaban a lo largo de casi todo su cuerpo y las creyeron producto de su entrenamiento asesino, a pesar de que el menor nunca quería charlar de cómo se hizo alguna de ellas.

La respuesta real era, que no lo sabía.

Todas esas heridas fueron previas a su resurrección. La más notable de todas era la que se colocaba a la altura de su corazón. La que se cobró su vida y ninguno de ellos estuvo ahí para ayudarlo.

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Jason iba en el séptimo cigarrillo encendido y aunque normalmente lo mandaba a contaminar a otro lado, esta vez lo dejó. ¿Cómo ayudarlo? ¿Protegerlo? ¿O sanarlo? Si había sufrido tanto a tan corta edad. Richard le bajaba la temperatura con compresas de agua fría. Timothy sugirió que quizás, fuera buena idea volver a "reprimir" todo eso.

—Piénsenlo, las aguas del Pozo dejaron su mente en blanco por una razón.

—Convertirlo en lo que no quería. —le recordó Jason.

—¡Sí! Pero desde que lo conocemos es lo único que recuerda. Ha hecho avances con su temperamento. Aún cede a la sed de sangre, pero yo no diría que es el arma, que su madre o abuelo querían. Demuestra compasión, arrepentimiento. Hay ocasiones en que incluso sonríe con sinceridad.

—¿Cuando patea nuestro trasero y nos los restriega en la cara?

—¡Correcto!

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Él reconoció todo eso y también recordaba haberlo visto deambular por la mansión observando las fotografías familiares, levantarlas con dedos trémulos y acariciar los rostros como si los conociera.

Ambos se parecían demasiado. Eso era algo que Alfred gustaba de enfatizar. Eran como dos gotas de agua a excepción de los ojos.

Le dolía en el alma saber, que había perdido el color de sus ojos. ¿Serían como los de su madre o su padre? ¿Cómo los de alguno de sus hijos adoptivos?

Nunca lo sabría, aunque admitía que se había acostumbrado al color esmeralda de sus ojos. Le recordaba a Thalía, a cada uno de los Al Ghul, pero hasta ahora sabía que lo que veía en ellos, no era sed de sangre irracional y demencia temporal.

Eran las aguas del Pozo. Todos ellos, en algún momento de sus vidas perecieron y volvieron ahí.

Dios…

¿Cómo pudo ser tan imprudente al encamarse con la hija del Demonio?

—Está despertando. —anunció Dick y lo vieron tallar sus ojos, antes de incorporarse y reaccionar con temor.

—¿Cómo llegué aquí…?—preguntó mirando la cueva. Sus rostros preocupados debieron hacer que se hiciera al peor escenario.

—¿A…cuantos maté esta vez? —miró las palmas de sus manos, seguramente buscando cicatrices o sangre. No había nada de eso. Hacía mucho de eso. De que perdiera el dominio de sí mismo y arrasara con hordas de hombres hasta perder el sentido.

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Recuerda con dolor todas esas noches en que recibía una alerta roja de Oráculo y lo instaba a sacarlo de la escena del crimen o su padre (James Gordon) nunca lo dejaría ir.

Al despertar no recordaba nada y en su mayoría, acababa con aquellos que secuestraran, torturaran o asesinaran niños. Red Hood solía alabarlo. Nightwing reclamar, que por muy "asesino de las sombras" que fuera, seguía siendo un niño y no era natural, ni correcto. Que participara en todo esto.

Él solo suspiraba y decía que estaba bien. Estúpidamente, quería otorgarle una madurez mental y espiritual que no poseía a los diez años de edad.

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—Ninguno. —concilió Richard, desacomodando sus cabellos, haciendo que la sábana que cubría sus formas descendiera del pecho hasta su entrepierna.

—¿¡Por qué me están viendo, pervertidos!? —reclamó a voz en grito y es que Damian jamás consentiría que vieran su cuerpo desnudo.

—Te estás poniendo interesante y queríamos discutir con Bruce, quien es el más apto para disfrutar tus encantos. —comentó Jason y Damian chasqueó con la lengua.

—¡Eso no es cierto, degenerado!

—¿Cómo lo sabes? —refutó con una sonrisa tremenda. Damian rechinó los dientes y se levantó sobre la mesa de exploración. Los bóxer negros seguían sobre su cintura, las cicatrices de su espalda no eran diferentes a las que ya conocía. Él tenía referencia de cada una de ellas, posición, longitud. Pero hasta ahora sabía la causa.

Flechas, puntas de lanza, cuerdas que arrastraron y torturaron sus formas hasta colocarlo sobre aquel frívolo calabozo.

—¡Tú y yo estábamos en los muelles y después…! Después…—la vitalidad con que despertara su hijo, fue reemplazada por lo que supuso fueron los vestigios del recuerdo. Su cuerpo se dobló por el frente, sus ojos se anegaron en llanto. Richard se aferró a sus formas antes de que lograra caer. Permitiéndole como siempre, que sollozara, peleara o hiciera lo que quisiera hacer contra su pecho.

Damian se deshizo en doloroso y lastimero llanto. Él, que en su momento se había cuestionado si poseía o no corazón. Ahora desearía no tener ninguno.

Le flagelaba escucharlo llorar con tanto dolor.

—¿Por qué lo recuerdo ahora?

—No lo sé chico, no lo sé…

—¿Es lo que quería mi madre que sucediera? Regresarme al punto dónde me "reprogramó" porque lo recuerdo todo y prefiero la muerte a…

—Nunca lo volverás a hacer. —le aseguró el primero de sus hijos, mirándolo a los ojos con convicción. Richard también amaba el color de sus ojos. Pero no lo refería a las aguas del Pozo, ni a su abuelo o a su madre. Dick sólo lo veía a él. El principito malcriado que casi lo asesinó. —¿Recuerdas lo que te dije la primera noche que patrullamos juntos? Porque eras tan malcriado e insolente que no pudiste ir a la cama como un maldito niño normal.

—¿Que no se lo diríamos a Batman? —respondió como si él no estuviera en la cueva y tanto Jason como Tim, se burlaron.

—No, saltamos de un edificio a otro, del más bajo al mas elevado y te dije algo sobre ser…

—Libre, ni un Wayne o un Al Ghul. Ser solamente yo.

—Entonces, no importa lo que quisiera tu madre o para lo que te haya entrenado tu abuelo. Tú eres tú.

—Pero él me asesinó.

—¿Quién? —preguntó metiéndose en la conversación pues era obvio que su asesino conocía su identidad secreta.

—Mi abuelo, disfrazó su apariencia para no atemorizarme. Pero sé que era él porque es el único que puede empuñar la espada de R'as al Ghul, me marcó con eso como su sucesor.

—¿Qué…?

—Significa que no puedo escapar. Tus pesadillas, padre. Tus más horribles y tortuosos presentimientos se harán realidad.

—No…

—Algún día padre. Yo seré quien los asesine a todos. Llenaré tu cementerio de tumbas. A no ser claro, que otra vez muera.

—¡NO…!

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