AU, sin miraculous y dónde Emilie muere por otras circunstancias. Para aclarar, se divide en tres lapsos, en el segundo, Adrien cuenta con 6 años de edad, al final, ya tiene alrededor de 13 años.

La primera vez que probó un helado en el carrito de André, tenía 21 años, acababa de graduarse del colegio y su primera entrevista de trabajo había sido para la modelo recién casada, Emilie Agreste.

—Entonces Nathalie, recién acabas de graduarte con excelentes notas, hablas Francés, Ingles y Alemán de forma fluida y cuentas con referencias impecables sobre tu desempeño académico..así que dime..¿Porque te interesa trabajar para una marca de ropa que recién comienza?...—pregunto la mujer con una sonrisa abierta, curiosa por conocer la respuesta de la contraria.

Si bien su esposo le había pedido realizar la entrevista cuando estuviera presente, la ojiverde tomo la iniciativa de platicar un poco con la que fuera su futura asistente, tanto de ella como de Gabriel, quién por el inicio de su empresa, sabía que antemano que no sería capaz de hacerse responsable de todo.

—De joven quería ser diseñadora como su esposo..—admitió la mujer con una calma tranquila y poco usual en ella. Tal vez se trataba de la mujer a su lado, destilando esa confianza y carisma que le provocaba hablar libremente y sin restricciones. —Pero luego mis ambiciones me llevaron a otra carrera y terminé estudiando para asistente ejecutiva...—

—Vaya...le agradaras a Gabriel, siempre se ha rodeado de personas que buscan superarse..—respondio la mujer de cabello dorados mientras continuaban caminando.

Tal vez aquello no era una entrevista de trabajo convencional, pues la modelo había decidido caminar un rato por el parque miéntras conocía un poco más de la candidata al puesto que solicitaba. Aunque siendo honestos, la chica comenzaba a agradarle, además, no sabía si era ese aire de madurez y seriedad que mostraba, pero algo le decía que su esposo y ella quedarían en buenas manos si la contrataban.

La pelinegra no supo que contestar a eso. Si bien había dejado solicitudes de trabajo en distintas agencias, solo de la nueva casa de diseño, Gabriel Fashion, recibido recibido la llamada para presentarse a la entrevista, y siendo sinceros, jamás espero que diera un giro totalmente distinto a lo que ella se imagino, pues todo su atuendo formal contrastaba con el paisaje del parque donde se encontraban caminando.

—¿Haz probado los helados de André?..—pregunto espontáneamente la mujer con un gesto de entusiasmo en el rostro. —Son los mejores helados de París, te lo aseguro..—agrego con picardía mientras tomaba la mano de la azabache y dirigía sus pasos hasta un carrito de helados que se encontraba a mitad del corredor que cruzaba todo el parque.

Nathalie siguia sin saber cómo actuar y dirigirse hacia su entrevistadora. Emilie Agreste era una mujer muy alegre, llena de carisma y quién parecía no tener miedo de decir lo que sentía, totalmente lo contrario a ella. Racional, calculadora y sería, serían las palabras correctas para describirla, y eso podían preguntárselo a cualquiera de sus ex-compañeros. Solía ser muy cerrada aún en sus contadas relaciones y su círculo de amigos podían contarse solo con una mano.

Si, Nathalie Sancouer y Emilie Agreste eran totalmente distintas, tanto física como personalmente, pero ambas tenian algo en común, algo que descubrirían con el tiempo.

—Hola André...¿Podrías darme dos helados por favor?..—pidio la mujer apenas el hombre se había desocupado de atender a los clientes anteriores a ellas. El heladero sonrió alegre ante el pedido y se puso en marcha para servir la orden, observando de reojo a las mujeres, sus manos trabajaron en la elaboración del helado perfecto para cada una.

Fue hasta ese momento en que la ojiazul pareció despertar de su letargo sin poder declinar su invitación con anticipación. —Oh no, señorita...señora Agreste, yo no puedo aceptarlo...—musito avergonzada la más joven cuando el hombre le tendió el cono de helado. De base, una bola de sabor chocolate, en medio, una de lo que parecía ser vainilla y al final, una bola de fresa adornada con trocitos de nuez.

—Chocolate como sus ojos, vainilla como su cabello y fresa como sus labios..eso es lo que me refleja tu helado, señorita..—menciono el heladero al entregárselo en mano. Regreso entonces a servir el siguiente, teniendo como resultado otra combinación, muy distinta a la de ella.

—Oh, beso de ángel como su cabello, mora azul como sus ojos y vainilla como su esencia oculta...veo que el joven diseñador sigue presente en tu mente..—confeso el castaño mientras le tendía correspondiente mente el helado a la mujer de complexión delgada.

La mujer de traje desvío su mirada hasta el cono de helado que sostenía en su diestra, intercalando la con el hombre y la mujer que se encontraba en frente a ella. Chocolate...como sus ojos y vainilla como su cabello, con esa descripción, solo conocía a un hombre que no había podido olvidar desde hacía algunos años. ¿Cómo carajos había sido capaz el hombre de describirlo de aquella forma en solo un helado?

Su mirada se posó entonces en la mujer que le había llevado hasta allí, quién disfrutaba el helado y de la plática que parecía tener con el heladero. Misma que al sentirse observada, desvío su mirada hasta ella dedicándole una sonrisa sincera a la vez en que alzaba su cono de helado como si de un brindis se tratara.

La segunda vez que probó uno de sus helados, contaba con 29 años de edad, era la mano derecha del famoso diseñador Gabriel Agreste y además, era la institutriz del primogénito de ambos, el pequeño Adrien. Su vida cambió de forma drástica luego de haber aceptado el trabajo, Emilie la presento ante su esposo y aunque se encontraba dudoso de aceptarla, la pusieron a prueba durante un mes, en el cual, demostró estar capacitada tanto para aceptar la vida ajetreado del matrimonio, como para apoyarlos en lo que fuera necesario.

Así fue como mantuvo el trabajo, pese a los malos momentos que habían sucedido en su vida. Entre ellos, la inesperada muerte de Emilie Agreste, quién se había vuelto su amiga durante todo ese tiempo en su hogar, a sus órdenes y sobre todo, apoyándola en todo su embarazo, uno complicado y de alto riesgo, aunque eso no impidió que lo continuará, la mujer sabía de las consecuencias y decidió seguir adelante.

No fue hasta que tuvo al pequeño y su salud se vio deteriorada con el tiempo, culminando inevitablemente en ese final tan trágico. Adrien no tenía la culpa para nada, Gabriel ya le había advertido de la salud tan delicada de su esposa y de todo lo que eso conllevaba.

No fue fácil para ninguno, Gabriel cayó en una depresión profunda de la cual, salió con su ayuda y la de su hijo, aunque ella tampoco se encontraba mejor. Emilie se había convertido en su mejor amiga y en su confidente; el perderla había sido un golpe muy duro, pero ahora ella debía seguir adelante, tanto por ella, como por los hombres Agreste's. Aún más por Adrien, quién con solo 6 años de edad, no entendía porque no tenía mamá al igual que los demás.

—Nathalie...¿Ya terminamos?...—pregunto una voz infantil a su lado. Ese día les había tocado realizar una sesión de fotografía en un parque local para la nueva línea infantil en la que trabajaba el diseñador. Siendo su hijo la figura principal de la marca, debía ser él quien estuviera presente.

—Si, ahora debemos volver, tienes clases de etiqueta por la tarde y en la noche deberás repasar tus lecciones de piano..—si, ella sabía a la perfección que aquello no era un horario propio para un menor, pero solo era la encargada de cuidar y velar por el, no podía hacerse responsable de las decisiones que tomara su padre por él.

Sabía que el gesto ensoñador y carismático (que había heredado de su madre) se había transformado en uno de resignación. Era un niño, por todos los cielos, el solo quería jugar como cualquier otro sin tener de por medio tantas lecciones (por no incluir además, el modelaje y la fotografía).

Un suspiro escapó de sus labios sin pensárselo. Tal vez por el día de hoy podría darle la tarde libre para que se distrajera un rato, la sesión había salido perfecta y Adrien era un niño encantador, además, su padre se encontraba fuera de la cuidad por cuestiones de negocios.

Cuando se disponía a rectificar lo dicho, la voz de un hombre le distrajo por completo de sus pensamientos.

—Vengan, acerquense que los helados de André están hechos para todas las personas...aún más para los enamorados...—la voz alegre y jovial del hombre atrajo la vista curiosa del menor, quién se detuvo para prestarle toda la atención, eso mismo llevó a Nathalie a detenerse a unos cuantos metros del carrito de helados.

—... Nathalie..¿Crees que..?—el menor le miró por unos cuantos segundos, que para ella fueron eternos, con una mirada de súplica. Al ojiverde normalmente se le prohibían comer golosinas y más cuando la noche se acercaba, sin embargo, decidió saltarse esa regla de forma silenciosa, pues sin mediar palabra alguna y llevando al menor de la mano, se encaminaron hasta el puesto, donde el dueño se encontraba preparando los conos para sus futuros visitantes.

—Un helado por favor...—pidio con serenidad la mujer. Aunque jamás pudo admitirlo, su primer helado de André, le había traído tanto buenos como malos recuerdos. El nombre su antiguo ex-prometido cruzó por su mente en cuestión de segundos antes de que la voz infantil de su acompañante le distrajera.

—¿Puede ser uno de chocolate?..—sugirio el ojiverde con inocencia, sacándole una carcajada igual de sincera al heladero.

—Mi pequeño niño..los helados de André son mágicos...no se escogen por los sabores...si no por sentimientos y emociones...—comento con ternura el hombre antes de ponerse a trabajar en el pedido especial para el pequeño.

Ella se mantuvo en silencio, observando como el menor trataba de mantenerse paciente, pero fallaba en el intento como cualquier chiquillo normal, eso le hizo sonreír abiertamente como en pocas ocasiones se permitía demostrar.

—Un helado con Vainilla como su cabello, de mora azul como sus ojos y para el final, zarzamora con frutos rojos oh...—André pareció estar bastante sorprendido por esa combinación.

—¿Que pasa? —pregunto con curiosidad al ver ese gesto en el mayor.

—Nada malo mi pequeño cliente...es solo que la combinación demuestra que tan importantes son las personas para ti...—respondio el hombre al dedicarle una mirada de orgullo, misma que se desvío a la mujer.

—Para usted tenemos..la siguiente combinación...—sin darle tiempo de negarse, el hombre le dio la espalda y se dedicó a hacer lo que mejor sabia realizar.

—No..yo no...—y como años atrás, fue incapaz de negarse. Aunque por dentro, moría de curiosidad por conocer que nuevos sabores tendría su helado. Claro que ella no era muy creyente con respecto a que sus helados unían a parejas enamoradas y todas esas cosas, pero el sabor de cada uno de los sabores era único.

—Beso de ángel como su cabello, mora Azul como su mirada y chocolate semi-amargo...con una cereza...oh mis queridos...que helados tan peculiares..—jubiloso y orgulloso de su trabajo, el hombre dio un giro sobre sí mismo, ocasionando una risa sincera tanto en Nathalie como en Adrien.

Sin embargo, la mujer admiro el helado con cierta renuencia, beso de ángel y mora azul, esa mezcla de sabores era la misma de Emilie. Lo sabía y se sentía culpable de tener esa combinación. ¿Cómo y cuándo había sucedido? Ni ella misma lo sabía, o tal vez era tan testaruda que ella misma se negaba a admitirlo. Llevaba ya tres años enamorada del diseñador, aunque esa jamás fue su intención, solo había sucedido, pero jamás podría decirle sus sentimientos, ella solo era su asistente y la institutriz de Adrien, jamás sucedería algo más que eso.

Pago por ambos helados y le agradeció al hombre por la atención. El menor iba encantado con el cono entre sus manos, disfrutando de cada uno de sus sabores, sin embargo, ella parecía más renuente a saborearlo, no creyéndose merecedora de probarlo, subieron al automóvil que ya les esperaba y la voz del Adrien le saco de sus pensamientos.

—¿No te gusto tu helado?..—pregunto con timidez, pues desde que se lo habían entregado, no mostraba el entusiasmo para comerle.

—No es eso...es solo que esta combinación es muy especial..—respondio con una sonrisa un tanto melancólica.

—¿Porque?...—respondio curioso el infante, antes de que la asistente limpiará tenuemente su barbilla, donde tenía manchas del helado.

—Bueno...cuando seas más grande te lo explicaré...—decidio no darle más vueltas al asunto y evadiendo la pregunta del menor, se dispuso comer el helado antes de que se derritiera.

La tercera y última vez, fue cuando tenia 36 años, Adrien y su hermana menor, la había arrastrado por el parque para la celebración del cumpleaños de la integrante más joven de la familia. Relativamente familiar, pues el padre de ambos, se encontraba fuera por negocios que lastimosamente no pudo posponer ese día.

—¡Vamos!...—exclamo una menor azabache mientras llevaba de la mano a su progenitora. Los ojos azules de la mayor, se posaron en la pequeña, quién parecía bastante entusiasma con la idea de desprenderle el brazo a la mujer en un intento desesperado para que caminara más rápido.

Una risa a sus espaldas le hizo girarse un poco, visualizando al rubio mayor, a unos cuantos metros, quien se encontraba divertido por dicha escena.

—No sé que tiene esto de gracioso Adrien..—comento la azabache con su característica seriedad, sin embargo y con el conocimiento de muchos años juntos, el rubio sabía que la mujer no estaba del todo molesta, si no mas bien, divertida.

—Vamos mamá, Jolie está emocionada...le conté la historia de los helados de André y para su cumpleaños quiso venir por uno...—respondio el primogénito Agreste con una sonrisa sincera en sus labios. Desde el nacimiento de la hija de ambos, Adrien consentía en casi todo a su hermana pequeña, y no era el único, Gabriel la trataba como una princesa de cuento de hadas.

—¡Ahí está!..—exclamo al ver el carrito de helado cruzando uno de los tantos puentes con el que contaba aquel parque. El modelo y la menor, caminaron con rapidez hasta el puesto, donde fueron recibidos con esa energía tan positiva por parte del vendedor.

—Veo que Jolie está muy entusiasmada por esto..—una voz masculina a sus espaldas le hizo sobresaltarse, a la par en que unas manos envolvían lentamente su cintura, deteniéndola en su andar.

—Pense que no ibas a poder asistir..—musito con calidez la dama mientras giraba tenuemente su rostro para encontrarse con la mirada de su esposo.

—Cancele esta última reunión, no podía perderme un cumpleaños más de mis hijos...—replico con honestidad miéntras acomodaba sus gafas sobre el puente de su nariz.

Ambos fueron caminando hasta sus hijos, quienes tenían ya de forma correspondiente cada uno de sus helados. Al acercarse a André este ya les esperaba con un helado totalmente diferente al que ella esperaba recibir. En la base, una bola de durazno, en el medio, una bola de zarzamora y hasta el final, mora azul.

"Perfecto" fue lo que pensó al ver el helado y a toda su familia reunida. Dándole por primera vez la razón a André, sus helados verdaderamente eran mágicos.

Gracias por leer hasta aquí. Agradecimientos especiales a Karen Agreste (mi primer comentario ) y a Alma de Titán, quien ha comentado en mis historias. Muchas gracias a ambas