N/A: ¡Hola de nuevo! Me siento sumamente complacida de que esta historia sea de su agrado. Tanto que me veo aquí publicando el capítulo siguiente antes de lo que hubiera pensado posible. Agradezco infinitamente los comentarios, en verdad hacen que den ganas de seguir escribiendo. Debido a que no puedo responder directamente algunos de dichos comentarios, me pareció que era del caso responderlos al final del capítulo.

Este capítulo contiene violencia, tanto emocional como física. No es nada que un fan de Saint Seiya no pueda manejar, eso se los aseguro, pero de todas formas hago la advertencia.

Ahora sí y sin más preámbulo, ¡espero que lo disfruten!

Renuncia: Lo único de Saint Seiya que me pertenece, es la obsesión.

3.

Desde la creación de mi alma hasta el fin del universo, tú eres la razón de mi existencia. Por ti rompí las columnas que sostenían el océano. Fui al infierno y al cielo, y volví. Desafié a los mismos Dioses, y luché contra ellos.

Mis hermanos y yo éramos sólo unos muchachos mortales, pero jamás hubo duda en nuestros corazones… porque todo lo hacíamos por ti. No había tarea demasiado dura mientras supiéramos que escucharíamos tu voz, infinitamente encantadora, y que sentiríamos el milagro que es tu cosmo.

Lamentablemente, he de decirte, en esta vida soy más que tu guerrero o tu campeón. Soy un hombre como tantos otros. Que tiene un nombre, un corazón de músculo que late, y sangre caliente dentro de sus venas. Tú te arrancaste de mi lado, voluntariamente. ¿Cómo podrías demandar la totalidad de mi devoción? Ella decía que tú no pedías eso, que tú sólo ansiabas que encontráramos algo de felicidad… y paz. Lo decía con tanta frecuencia que comenzó a sacarme de quicio. ¿Cómo podría ella saber lo que tú querías de mí, y lo que no? Cada día se asemejaba más a una doncella de tu templo.

Celestial…

… inalcanzable.

Un día me di cuenta de que la estaba perdiendo, por ti. Sentí que mi corazón mortal se destrozaba, no podía dejar que eso sucediera. Sin siquiera desearlo, traer de vuelta a la Shaina que yo conocía se convirtió en mi cruzada personal.

No me entiendas mal, para mí no era difícil.

_____

Como decía, Shun estaba de viaje con su nueva esposa, Hyoga y Shiryu (y la familia) se fueron de vuelta a sus respectivos lugares, y yo me había quedado en soledad con mis pensamientos… Pensamientos maliciosos que involucraban a una cierta mujer italiana en un cierto vestido azul celeste, y que se rehusaban a dejarme en paz. Necesité reunir todo lo que había en mí, y de toda la mañana, para reunir el valor necesario para ir en su búsqueda. Después de medio día decidí que era tiempo, no tuve dificultad alguna en rastrear su cosmo, estaba entrenando a sus pupilos y eso lo hacía aún más fácil.

Me senté a verla enseñar, plenamente consciente de que la estaba haciendo sentir incómoda, pero encontrando un placer sórdido en ello. Sus movimientos eran inmisericordes, pero aunque lo intentara no podía esconder la gracia con la que los ejecutaba. Trataba rudamente a sus estudiantes, pero creo que para disfrazar su paciente dedicación, y la satisfacción que su progreso le inspiraba. Era una buena maestra, igual que Marin. Sentí algo parecido a nostalgia de mis años infantiles en el Santuario… sí, los mismos que en su momento odié con todas mis fuerzas. Ya sé, irónico.

No tuve que esperar mucho para que las lecciones terminaran, y me dio la impresión de que la prisa tenía algo que ver con mi presencia. No que fuera a quejarme. Una vez todos los chavales estaban fuera de vista, ella se volvió y caminó hacia mí. Se sentó cerca, en el suelo, abrazando sus rodillas. Sentí que debía decir algo, así que hablé lo primero que me vino a la mente.

–Me siento algo nostálgico, de verte con tus alumnos, quiero decir.

Ella no me respondió, pero detrás de la máscara había una sonrisa. Como te dije, yo podía darme cuenta. – ¿Qué tal si entrenamos un poco? –pregunté, aunque no tengo idea de dónde salió esa idea.

-¿Uh? –ella sonaba sorprendida -Yo…

-Esos niños no son reto para ti, ¿no me digas que no extrañas los verdaderos combates?

-Tú dijiste que nunca más ibas a pelear conmigo, y no fue hace tantos años.

Pues sí, ella estaba en lo cierto. –Supongo que cambié de idea. Además, solamente sería práctica, no es como si te estuviera retando a un combate a muerte –. Me pareció que esto último la molestó un poco, yo sabía que ella detestaba que no la tomara en serio. Estúpido de mí.

No me respondió de inmediato, luego de un momento se levantó y comenzó a alejarse. –Lo siento, se hace tarde. De veras tengo que irme.

Salté de la piedra donde estaba sentado y la sujeté de la muñeca, -Shaina, por favor… -Ella se volvió hacia mí, su endiablada máscara tenía esa mirada inexpresiva que me daba escalofríos. De inmediato dejó caer su rostro y sus hombros, mientras exhalaba fuertemente. Era una señal de rendición, una vez más rogándome que la dejara ir.

-¿Para qué? –preguntó con voz desmayada.

-Ya te dije, por los viejos tiempos. –No tenía nada mejor que decir.

Ella levantó la cara y me vio directamente a los ojos, y en ese breve instante me pregunté si sería muy tarde para retractarme.

-Muy bien, Seiya, pediste un verdadero combate. No se te ocurra contenerte, porque yo no pienso hacerlo.

_____

Adoptó su postura de combate y esperó a que yo tirara el primer golpe. Tuve que complacerla, esto era mi idea después de todo. Se movió ágilmente para evitarme, sólo lo justo para interceptarme con un codazo en el pecho. Recibí el dolor con una sonrisa. La última vez que peleamos ella tenía una velocidad superior al sonido, pero yo sabía que en los años subsiguientes se esclavizó con entrenamientos inmisericordes. Todo el sacrificio rindió fruto, ella era mucho mejor de lo que yo recordaba. Excelente.

Intercambiamos golpes y patadas durante algún rato, sin que nadie tomara la delantera. Así siguió hasta que ambos entendimos que era necesario un cambio de estrategia. Nos mantuvimos aparte, sin movernos, sólo mirándonos. Los dos estábamos calmados y listos, un par de viejos guerreros con demasiadas cicatrices sobre nuestras espaldas.

-Entonces, -dije- pensé que me ibas a dar un verdadero combate. No me decepciones, Shaina.

Escuché su grito furioso mientras emprendía en mi contra. Era rápida, como dije antes, pero también era muy lista. Tiró una finta y yo caí, antes que pudiera moverme me tenía en línea para recibir su "Garra de Trueno". Sentí miles de volteos corriendo a lo largo de mi cuerpo, trayendo de vuelta algunas memorias… mi cuerpo se estremecía de glorioso sufrimiento. ¡Ah, mi amada Luna, mi Diosa! Esta fue la primera vez en mucho tiempo que me sentí verdaderamente vivo. Caí al suelo y no traté de levantarme. Ella se quedó parada, viéndome. Yo deseaba ver su rostro, desesperadamente. Añoraba sus ojos apasionados y esa máscara me los estaba negando. Volé de vuelta sobre mis pies a la vez que tiré un puñetazo directo a su cabeza. Fue rápido y la tomé desprevenida. Mi puño golpeó a un lado de su cara, quisiera pensar que fue lo suficientemente moderado como para no golpearla, pero con la fuerza necesaria para hacer caer la máscara. La vi golpear el suelo, ahora parecía una hoja de chatarra y ya no la cara de un demonio. Frente a mí, donde estuvo el endiablado pedazo de metal, ahora había un rostro angélico. El ángel furioso me haría pagar por mi atrevimiento… sonreí satisfecho, -no lo hubiera querido de otra forma –susurré, sólo para mí.

Ella no movió un solo músculo, su voz baja y temblorosa. – ¿Por qué… por qué haces esto?

-¿A qué te refieres? –Respondí su pregunta con otra, haciéndome el que no entendía ni le importaba. Me escuché hablando cruelmente a la mujer que siempre estuvo de mi lado. Diosa, Diosa… Desde luego que ella se hubiera quitado la máscara sólo con que yo se lo pidiera. Yo sé que me estaba comportando como un estúpido, pero en aquel momento no podía evitarlo. Yo… yo creo que en el fondo no pretendía ser malo, pero pelear con ella trajo de vuelta el calor a mi sangre. Todos los sentimientos crudos que mantuve encarcelados en el rincón más lejano de mi psiquis, ocultos por años detrás de mi desolación, comenzaron a liberarse:

Incredulidad, de tu abandono.

Furia contra mí mismo, porque sin ti estaba perdido.

Furia en contra tuya, porque tus motivos y tus métodos me permanecen ajenos.

¡Y terrible… hiriente… desoladora furia en contra de ella! Porque tú hablabas con ella pero no conmigo, porque ella podía entenderte y yo no. Me sentí traicionado por ambas, my dulce Saori y mi fiel amiga… Mujeres arteras… el sufrimiento era igual de intenso que mi amor por ustedes.

-¡Ossshhh! –Se quejó-, ¡cállate Seiya, mejor cuida tu guardia!

Se lanzó en contra mía, estaba perdiendo su concentración.

-¿O qué? –Continué con el asedio- ¿qué podrías hacerme tú?

Ella siguió tirando golpes, pero yo no tenía problemas para evitarlos. -¿Qué es lo que te tiene tan furiosa? ¿Es porque tiré tu máscara? Te ves mucho mejor así.

-¡Callla… te! -Ella jadeaba, cada vez sus golpes eran menos precisos, cada vez estaba más y más furiosa y al parecer ya no le importaba que el enojo afectara sus capacidades.

-¿Por qué? ¿Cuál es el problema? ¿Desde cuándo te molesta que vea tu cara?

Ella paró en seco y sus ojos me gritaban su incredulidad y temor, como si supiera lo que yo diría a continuación:

-¿O es que ya no me amas?

Pues sí, lo dije. Si alguien me hubiera dicho que sería capaz de tirar un golpe tan bajo, lo hubiera negado. Aún así, lo dije. Pero, ¿mencioné lo "estúpido" que estaba siendo en ese momento? Pues creo que el término ya no es suficiente a partir de éste punto. Tal vez "imbécil", sí, eso podría servir… En fin, estaba yo comportándome con el peor de los imbéciles, y aún cuando ella retrocedió, sus ojos enormes y temblorosos, y sus pupilas encogiéndose; no entendí que ya era suficiente. Sus ojos se llenaron de lágrimas rápidamente y comenzaron a derramarlas. Sus puños estaban apretados a ambos lados de su cuerpo, los músculos de sus brazos estaban tensos de una forma que se veía dolorosa. -Cierra… la maldita… boca-. A penas si pude escuchar su voz.

-Oblígame, si puedes.

Lo siguiente que supe fue su puño atravesando mi cara, de un lado al otro. No estaba listo y tuve que dar un paso atrás. Dioses… se veía tan bella así de furiosa. Se lanzó hacia mí, pero esta vez no tuve problemas para evitar sus golpes, su concentración se había ido por completo. Aproveché su impulso para sujetar sus hombros, pivoteé utilizando la inercia de su propio movimiento, forzándola a girar. Su espalda chocó contra una pared, produciendo un sonido seco. La pared se rajó detrás de su cuerpo y ella dejó salir un gemido, sus rasgos estaban desfigurados por el dolor.

Apreté sus hombros, empujándola más contra la pared. Cada músculo de mi cuerpo estaba tenso, utilizando fuerzas innecesarias para mantenerla inmóvil. No me preocupé por ver su cara mientras presionaba mi cuerpo en contra del suyo, la ira me hacía ciego ante su sufrimiento. Acerqué mi cabeza a la de ella y susurré en su oído -¿Por qué… por qué ella habla contigo? –Sentí que su cuerpo se estremecía mientras sus costillas luchaban por expandirse lo suficiente para respirar. –Y ya que ella te habla, tal vez puedes decirme… ¿por qué trata de quitarme todo lo que amo?

Sentí que su cuerpo se relajaba, y todo lo que escuché fueron sus sollozos ahogados. Oh, Diosa… Así de pronto mi cabeza se aclaró. La solté y bajé la cabeza, mientras me alejaba de ella. Durante algunos segundos sentí que mi cuerpo se helaba, el frío recorriendo mi espina dorsal.

Gracias a tu bondad, Atenea, que ella no iba a dejar las cosas así. Lo próximo que supe fue que estaba cayendo sobre mi espalda, y la suela de un gastado zapato amarillo estaba sobre mi cara, apretando mi cabeza contra el suelo, y un tacón puntiagudo estaba amenazando con perforar mi garganta. "Hola mi zapato amigo… hace tiempo que no te veía tan de cerca." Entendí que aún permanecía el amo de sus pasiones, al menos eso. Tuve ganas de sonreír, pero por alguna afortunada razón, logré pensarlo mejor. Recé a todas las deidades que se me ocurrieron en el momento, porque mi cara no mostrara lo que estaba pensando.

-Nunca… más… -Ella trataba con todas sus fuerzas de recuperar la compostura-, me hables… de esa forma… O hables… así… de ella. Insensible… egocéntrico… ¡Idiota!

Quitó su zapato de mi cara, dio la vuelta, y se fue. No quise verla mientras se alejaba, así que volví la vista hacia abajo, la frente contra el suelo y los ojos cerrados. Me sentía la peor basura, por más de una razón. Una risa amaga brotó de mi garganta… ¿y qué más podía hacer, mi Atenea-Saori?

Lloré de odio y lástima por mí mismo… me sentía perdido.

Respuestas a los comentarios:

Cami: ¡Hola a ti también! Me da muchísimo gusto que te agrade la historia. Yo misma he notado que hay muy pocas historias sobre esta pareja. Espero de todo corazón que sigas con migo y que la historia llene tus expectativas.

MaraJade: Pues cómo ves que me animé a ponerla en español. Je,je. Por favor disculpa la tardanza en la actualización de la versión en inglés, el fin de año fue una locura y ya de por sí soy muy lenta escribiendo. El capítulo 6 en inglés ya está terminado y en revisión, intentaré no hacerte esperar mucho más. Y sí, estoy decidida a terminar esta historia, aunque no creo que sea una conclusión como tal, espero más bien que forme parte de una historia más grande. Al menos esas son mis aspiraciones, y mi deseo es llevarlas a cabo. Saludos y un abrazo.

Agata: Me alegra muchísimo que te guste la historia, y más aún me alegra leer que te gusta la caracterización de Seiya. Hasta el momento mis historias (que son poquitas) tratan sobre los personajes como adultos jóvenes. Los escribo como me imagino que su personalidad se desarrollaría con el tiempo, basándome en las características y cualidades de los jovencitos que todos conocemos y queremos. Por supuesto son sólo apreciaciones mías... Y creo que tienes razón, ya que Seiya no es el más popular de los Chicos de Bronce, muchas veces los fics no hacen justicia a sus cualidades. Yo creo que él es un joven muy leal y apasionado. Esa cabeza caliente hace que muchas veces haga cosas sin pensar, pero también hace que sea muy valiente y decidido. Algo necio, tal vez. Yo veo esas cosas como un gran potencial para un personaje. ;). Como viste en este capítulo, también creo que Seiya, en las circunstancias de esta historia, estaría terriblemente herido por la ausencia de Saori, y ya ves que el dolor hace que la gente se comporte mal algunas veces. Yo veo que esto le añade complejidad al personaje, y me encanta que sea así. Lo mismo va por Shaina, pues yo la veo como una mujer muy fuerte pero también con una gran capacidad de amar y que probablemente sufre de mucha soledad. Las cosas no pueden quedarse así, ¿no te parece?

Pegaso Seiya: Gracias, como siempre tus comentarios son una inspiración, espero que sigas disfrutando la historia.

Ok, saludos a todos y todas, nos leemos en el próximo.

Rihannon.