Naruto no me pertenece, los personajes son una creación de Masashi Kishimoto.

Capítulo 3 - Ataque

Aunque realmente quería hacerlo, Kiba era incapaz de retirar la mirada de ella. Su piel nívea casi brillaba bajo la luz de la luna llena, que la acunaba como si de una hija perdida se tratase. Estaba sentada en el borde de un precipicio, el que daba la vista a toda la villa. Parecía bastante cómoda, y absorta, mirando el astro nocturno fijamente. Dejaba balancear sus piernas, y sus manos se apoyaban con delicadeza a los lados de su cuerpo.Su pelo caía con delicadeza sobre sus hombros y sobre su espalda. Era bastante largo, pero le quedaba tan bien... acababa de cerrar los ojos. Y eso la hacía aún más hermosa. Sólo verla transmitía al Inuzuka una gran sensación de paz y tranquilidad que nunca había experimentado. Era realmente hipnótico.

De repente, la chica abrió los ojos a la vez que giraba la cabeza, y se encontró que lo estaba mirando, fijamente, a través de su alma.

Kakashi que, horas atrás, había bajado la tela de su protector para tapar su sharingan, la levantó de nuevo. Naruto quedó sorprendido por lo tenso que se hallaba últimamente el ninja-copia, pero no dijo nada.

-Eh – dijo en voz bastante alta el peliplata. Fue suficiente para que Sasuke saliera de la tienda de campaña con la mano puesta en la empuñadura del arma, pero que también lo hiciera una perezosa Natsuki-. Sasuke, protege a Natsuki. Son doce aproximadamente – dijo el peliblanco escuetamente.

Naruto sacó una estrella ninja de su bolsa en la cintura y la lanzó hacia donde oyó un ruido, a la vez que Sasuke se posicionaba delante de Natsuki. Kakashi saltó hacia la parte trasera de la carpa, adentrándose en la completa oscuridad del bosque.

Por la mente de, tanto Sasuke como Naruto, pasó la misma vívida idea: van a por ella. Pero los dos permanecieron en su sitio, en el radio que el crepitante fuego de la hoguera dejaba ver.

-Queremos a la chica. Si nos la entregáis, nos iremos sin haceros daño-sonó una voz de forma estérea.

Sasuke juraría ver como una fugaz sonrisa se cruzaba en el semblante de la morena, pero no se giró. A decir verdad, apretó ligeramente el kunai que empuñaba contra su palma.

-Dejaros ver si tenéis tantas agallas-gritó Naruto.

En ese instante, los tres shinobis detectaron 5 sombras a su alrededor. La luz de la luna dejaba ver su protector; eran de la villa oculta de la roca.

"¿Tan lejos y rápido ha llegado la información?" se preguntó Sasuke.

Sasuke no se movía de su sitio prácticamente, pero, cuando los ninjas bajaron para comenzar la pelea, atacó desde su posición defensiva. Naruto, que odiaba luchar de noche, atacaba con uñas y dientes, al igual que todos los clones que creó. Los ninjas, aunque llevaran máscaras que les taparan gran parte de la cara, se notaban que ni siquiera eran jounins. Después de un rato de encarnizada pelea(ya que eran muchos), gotas de sudor corrían sobre la frente de Naruto. Sasuke dio un paso adelante, indeciso. Quería luchar; una sed de sangre que siempre le llamaba desde su interior, quería lo que quería. Natsuki le puso una mano en el hombro; de repente, estaba junto a él.

-Ve – dijo simplemente.

Y así fue como Sasuke se metió dentro de la pelea. Los dos estaban realmente absortos luchando, pero se pararon en seco cuando notaron como una increíble masa de chakra se formaba a sus espaldas. Se giraron un instante, el necesario para advertir como una gran bola de color azul oscuro, azul claro y rojo se formaba en la palma de la chica, y salía despedida hacia dos de sus atacantes. Sobre uno de ellos impactó de lleno, pero sobre el otro, le dio en las piernas. El desconcertado ninja que recibió el impacto en las piernas levantó la vista, pero no fue suficiente; Natsuki lo tiró al suelo y se sentó encima de su ombligo, aprisionándole las muñecas por encima de su cabeza.

Aprovechando el momento de desconcierto, Naruto y Sasuke acabaron con el resto de enemigos, y se dirigieron a la posición de la chica, que se hallaba a ahorcajadas encima de un ninja de la tierra.

-¿Quién os ha ordenado esta misión? – le preguntó Natsuki al enemigo, que la miraba con una profunda expresión de terror en los ojos.

-Un… caza recompensas.

-¿Pedía al sujeto vivo o muerto? – la cara de la shinobi no expresa ninguna emoción, pero a través de sus ojos se podía advertir una profunda tristeza.

-Vivo.

-¿Os dijo algo más? ¿Cuál es su nombre?

-No, sólo dónde encontrarte. No dijo su-su nombre-tartamudeó el muchacho.

-Bien – en ese instante, la chica tocó un sector del cuello del ninja que hizo que cerrara los ojos al momento. Ésta levantó la vista hacia Naruto, que se hallaba a tan sólo unos metros, con una mirada un tanto indescifrable. Pero en milésimas de segundo, su cara cambió completamente-. ¡CUIDADO!

Sin que ninguno tuviera tiempo de reaccionar, Natsuki se transportó hasta Naruto y le dio un fuerte empujón. Una gran explosión se produjo, haciendo que tanto Sasuke como él tuvieran que retroceder.

La kunoichi le había quitado un papel explosivo transparente junto al corazón de Naruto, y había explotado junto a ella en un intento por tirarlo. Eso fue lo último que pudo ver antes de desmayarse.

Natsuki abrió los ojos con dificultad. Notó como estaba tumbada sobre un futon pero por encima, sin taparse y con la mano firmemente aferrada a la tela de la camisa de Sasuke, que se hallaba a su lado, sentado sobre un tronco.

-Perdona, ¿te he despertado? – preguntó la shinobi en voz baja. De cualquier modo, debería haber sido al revés, pero ella sabía que hablaba en sueños, y podría haberlo hecho.

-No estaba durmiendo. Estoy haciendo guardia – dijo el moreno de forma obvia, con la misma altitud.

-Ah, claro. Lo olvidaba – la chica se incorporó, desperezándose, pero instintivamente se encogió por el dolor que sintió en el hombro izquierdo.

-¿Estás bien? – le preguntó Sasuke, moviendo ligeramente la cabeza y clavando sus ojos en ella. La muchacha se puso roja al instante.

-¿Qué ha pasado?

-Recibiste el impacto del papel explosivo en tu hombro. Has dormido durante un día entero – dijo el moreno. Todavía no era capaz de creer que la chica podía dormir tanto. Sólo había creído que no estaba en coma porque Kakashi se lo había dicho, no por otra cosa. La chica recordaba vagamente como le había dicho a los ninjas que quería estar fuera, y poco más.

-Gomen gomen, me encanta dormir – dijo la preciosa chica, rascándose la cabeza.

Natsuki se dio cuenta que habían vendado su herida con espero y le habían colocado unas hierbas medicinales por debajo de las vendas. Las olisqueó con curiosidad, sin notar nada raro, e incluso sonrió un poco. Sasuke, atento a todos sus movimientos, observó como la kunoichi rebuscaba algo en uno de los grandes bolsillos de su pantalón y lo sacaba. Era un palo de regaliz negro, un palo de madera a simple vista, que comenzó a mordisquear. La chica notó como él había clavado su mirada en ella y le devolvió la mirada.

-Lo siento, soy una desconsiderada. ¿Quieres?

-No.

Ella le miró.

-No eres muy hablador.

Él suspiró, mirando hacia el fuego, ya apagado.

-Te pareces mucho a Itachi.

Entonces, un sorprendido Sasuke volteó su cabeza completamente hacia ella. Estaba sacando otra cosa de su bolso; un peine negro, pequeño.

-¿Le conoces?

Natsuki sonrió mientras se peinaba.

-Curioso, ¿eh? – soltó una risita muy dulce y se sentó a lo indio. "¿Quién es esta chica?" pensó el moreno-. Itachi-san es mi amigo.

Sasuke parpadeó un par de veces pero sin modificar la expresión de su cara, perplejo.

-Me entrenó un tiempo – comentó al shinobi como si nada, mirando al cielo. El sol acababa de salir, y comenzaba a ofrecer sus rayos hacia la tierra.

Sasuke se moría de ganas interiormente por preguntar más cosas, pero se limitó a cerrar la boca. Eso era imposible y la chica, una mentirosa.

La tela de la tienda de campaña se abrió, y de ella salieron Kakashi y Naruto.

-¿Tu pelea fue bien, Hatake? – le preguntó la chica con una gran sonrisa y los ojos cerrados.

-Eran genins – le respondió el peliblanco, contento. Desde que Sasuke y Naruto le contaron lo que la chica había hecho, le inspiró el doble de confianza. Por ahora, esa chica se lo había ganado. Su plan no era acabar con Naruto, el arma principal de la hoja, porque, de haber sido así, no le hubiera quitado el papel.

-Gracias por salvarme, Natsuki – dijo Naruto, dirigiéndose la chica-. Pero… ¿por qué lo hiciste?- el rubio no había podido quitarse esa idea de la cabeza en todo el día. No había compartido sus inquietudes con sus otros compañeros, y en realidad, casi no habían hablado. Interiormente, los tres la estaban evaluando.

-Tengo que dar la vida por la hoja, y eso significa salvar a todos los que pertenezcan a ella y eliminar a los que quieran dañarla. Además, tú eres mi familia, Naruto.

Los dos Uzumaki cruzaron una mirada cargada de sentimiento. Sin embargo, los tres se hallaban sorprendidos. Y la clásica pregunta seguía resonando en sus cabezas: ¿quién era esa chica?