Capítulo 2

Serena -se quedó mirando a darien desconcer tada por su saludo. -¡Ya sabes por qué estoy aquí!

Sus cejas negras como el ébano se enarcaron en un gesto de aristócrata, pues incluso cuando quería mostrar su desacuerdo, darien tenía unos modales exquisitos.

-¿Cómo iba yo a saberlo?

-Porque fuiste tú el que me envió ese periódico -le recordó con cierta tirantez por el efecto de sus nervios unidos a una desagradable sensación de ridículo.

-¿Y bien? -siguió él igualmente críptico pero elegante.

Serena intentó tragar el nudo que tenía en la garganta, pero resultó inútil.

-Naturalmente he venido directamente a verte.

Darien soltó una suave risa que provocó un escalofrío en lo más profundo de serena

-¿Naturalmente? ¿Te importaría explicarme cómo es posible que puedas describir esta repentina visita tuya como natural?

Serena estaba empezando a sentirse intimidada por la peligrosa tensión ambiental que tan bien conocía. Su naturaleza era demasiado abierta y directa como para comprender el temperamento de darien, más complejo y oscuro. Aquella visita era para ella de vital importancia, pero la frialdad con la que él estaba tratándola la tenía un tanto desorientada.

-Es como si no estuvieras escuchándome. No seas así. ¡No te comportes como si esto fuera un juego!

-Pues tú no des cosas por sentado,cara. No estás dentro de mi cabeza y no tienes la menor idea de lo que estoy pensando.

-Sé que debes de estar muy, muy enfadado conmigo...

-Te equivocas -la contradijo él-. Estar enfadado después de tanto tiempo sería algo completamente improductivo.

Pero serena llevaba demasiadas cosas dentro como para contener las palabras que se agolpaban en sus labios, luchando por salir.

-Sé que me odias y que yo tengo la culpa de todo lo ocurrido... y no pasa nada, es lo que merezco —confesó humildemente.

-No me hagas perder el tiempo con todo eso -espetó darien frío como el hielo.

Serena levantó sus ojos azules cielo y angustiados como implorándole que la escuchara y apreciara la sinceridad con la que hablaba.

-Sé que decirte que lo siento es bastante poco a estas alturas y hasta te resultará enervante, pero tengo que decirlo.

-¿Por qué? -su mirada oscura y brillante se detuvo en ella como un desafío-. No tengo el menor interés en oír tus disculpas.

-Tú me enviaste ese periódico... -le recordó de nuevo con poco más que un susurro.

Pero él se encogió de hombros despreciativamente.

-Querías que supiera que me había equivocado -continuó diciendo serena sacando fuerzas de flaqueza después de un largo y tenso silencio-. Querías que viera la prueba de tu inocencia.

-O quizá quisiera hacerte sufrir -sugirió él suavemente-, O quizá el orgullo me haya obligado a hacerlo. Pero fuera cual fuera mi motivación, ya no importa.

-¡Claro que importa! -ya no le quedaban fuerzas para seguir controlando sus emociones-. Mina aino arruinó nuestro matrimonio.

-¡No! -la interrumpió él con calma letal-. Ese logro es única y exclusivamente tuyo. Si hubieras confiado en mí, todavía seguiríamos juntos.

Serena dio un paso atrás como si sus palabras la hubieran golpeado realmente. Había descrito los hechos despojándolos de compasión y dejándolos en la cruel realidad.

-No es tan sencillo.

-Yo creo que sí.

-¡Pero tú permitiste que yo te abandonara! -protestó desesperada-. ¿Acaso intentaste persuadirme con todas tus fuerzas, o convencerme de verdad de que esa mujer estaba mintiendo?

— ¿Todo el mundo es culpable hasta que se demuestre su inocencia...? ¿Es así como justificas lo que hiciste? Estás intentando pasarme la culpa, pero no había manera de demostrar que aino estaba mintiendo. Dormí solo aquella noche y todas las demás que pasé en aquel barco, pero no había ningún testigo presencial aparte de mí mismo -le recordó con la frialdad de un abogado en medio de un juicio-. Las mujeres como ella siempre buscan a su presa entre los hombres ricos y tú lo sabías cuando te casaste conmigo. La única manera de proteger nuestro matrimonio era confiando el uno en el otro, pero tú fallaste en la primera prueba.

-¡Quizá habría confiado más en ti si tú lo hubieras negado con más ímpetu! -se justificó alzando el tono de voz por la rabia que le daba percibir aquella frialdad y aparente falta de interés-. Pero parece que eras demasiado orgulloso como para intentar convencerme de que estaba cometiendo un error y estaba siendo injusta contigo...

-Contrólate,cara. Esta reunión resulta muy embarazosa para ambos y no me agrada tener que decírtelo.

-No vas a dejarme que me disculpe, ¿verdad?

Era tan sincera, tan directa y tan desastrosamente inocente. Estaba buscándose problemas, pidiéndolos a gritos. Al casarse con ella, reflexionó darien con cierta amargura, había planeado protegerla de todo mal. Nunca se le ocurrió que pudiera acabar exiliado en zona enemiga y que el único modo de escapar fuera comprometer sus propios ideales. La luz del sol interrumpió sus elucubraciones al reflejarse directamente sobre el rostro de serena. La perfección de su piel color crema contrastaba con sus ojos azul, cielo y brillantes como dos joyas. Su cuerpo reaccionó inmediatamente endureciéndose de un modo exasperante ante la visión de aquel rostro con esa boca suave, vulnerable y apetecible como una fruta madura.

En ese momento la mirada de serena se unió a aquellos ojos ardientes y sintió que se derretía por dentro. La temperatura de su cuerpo aumentó de repente y se sintió débil y mareada; aquella automática reacción a su agresiva masculinidad le resultaba tan familiar. Aquellas largas pestañas negras como las de su hijo se abrieron al máximo para lanzarle una fría mirada.

-No sé por qué has venido a verme -resumió con una total falta de expresión en el rostro.

-Sí, sí lo sabes... ¡Lo sabes perfectamente! –insistió ella con las mejillas ruborizadas. Estaba haciendo un esfuerzo por concentrarse a pesar de que tenía la sensación de que él había percibido su humillante reacción a su proximidad.

-Pero quizá no quiera abondar ahora en ese tema. ¿Por qué mejor no me cuentas qué tal está endimion?

Serena parpadeó sorprendida, pero la tensión no tardó en desaparecer de su cara empujada por la tierna sonrisa de una madre.

-Está muy bien... aprende tan rápido, ya lo sabes...

Incluso aquella sonrisa sirvió para aumentar la ira de darien.

-No, no lo sé.

-¿Cómo? -serena no entendía. Tenía la esperanza de que hablar de su hijo, que en aquel momento era el único punto que tenían en común, podría caldear un poco el ambiente.

-Pues que no sé lo rápido que aprende endimion porque no veo a mi hijo lo bastante a menudo como para poder darme cuenta de algo así. Por supuesto, siempre que lo veo ha aprendido algo nuevo desde la última vez.

Serena se quedó helada ante aquella explicación.

-Evidentemente, tampoco se te ha ocurrido pensar que me perdí su primera sonrisa, su primer paso y su primera palabra.

Varias lágrimas se asomaron a sus ojos y tuvo que luchar para evitar que cayeran haciéndola sentirse aún más ridicula.

-Supongo que tengo suerte de que siga reconociéndome de una visita a otra -añadió darien con la misma frialdad.

Serena se enfrentaba a toda aquella amargura por primera vez. Tragó saliva tan fuerte que se hizo daño en la garganta y tuvo que mirar hacia otro lado hasta recuperar el control. Comprendía lo que debía haber sentido al ser excluido de los momentos más importan tes de la vida de su hijo. ¿Cómo podría culparlo por tanta hostilidad? No podía decirlo, pero lo cierto era que estaba hablando como un padre mucho más cariñoso de lo que jamás habría creído posible en él. Uno de los peores recuerdos de su vida era el enfado de darien cuando se había enterado de que se había quedado embarazada.

-Me gustaría poder decirte algo -comenzó a decir torpemente.

-No me vengas con convencionalismos... por favor -se burló darien -. Quizá estés cayendo en la cuenta de que, como la mayoría de las parejas divorciadas, no tenemos mucho de qué hablar.

-Todavía no estamos divorciados...

-Como si lo estuviéramos, cara mía —la contradijo él con una insolencia que se le clavó en el corazón-. ¿Hay alguna otra cosa de la que quieras hablar antes de marcharte? Estoy seguro de que no querrás llegar muy tarde.

Se sentía horriblemente culpable e incapaz de ordenar sus pensamientos, pero todavía tenía que cumplir lo que le había prometido a su hermana.

—De dinero.

Darien frunció el ceño desconcertado.

-Es que... -intentó explicarse sin poder luchar contra el color rojo intenso que se había apoderado de su ros tro-. Estoy teniendo algunos problemas económicos. Soy consciente de que fui yo la que decidió aceptar sólo una mínima ayuda económica cuando nos separamos.

-No nos separamos -corrigió darien -. Tú me abandonaste.

Serena apretó los dientes. No necesitaba que nadie se lo recordara, como tampoco deseaba acordarse de cuánto había valorado en otro tiempo su capacidad para valerse por sí misma sin el dinero de su marido.

-Las cosas cambian. Se suponía que este año iba a escribir un libro, por eso en el departamento me redujeron las horas de tutoría. Desgraciadamente, la editorial decidió que el tema era demasiado rebuscado para el público y retiró la oferta. El caso es que hasta el próximo curso no podré volver a trabajar a tiempo completo en el departamento de botánica.

-Deduzco entonces que no habías firmado ningún contrato con la editorial...

Serena asintió odiándose a sí misma por haber acabado hablando de algo tan ajeno a las emociones que recorrían su cuerpo en enormes oleadas de tristeza y remordimiento.

-Mis abogados se pondrán en contacto con los tuyos y elaborarán un acuerdo. No hay problema. ¿Pensabas que lo habría? ¿Es por eso por lo que has aprove chado la oportunidad de venir a verme hoy con todas esas disculpas? -le preguntó darien de un modo tan repentino que la pilló desprevenida.

-Por supuesto que no... -consiguió decir totalmente atribulada.

-¿Quizá pensaste que me comportaría como un necio y que me negaría a ayudarte? -continuó elucubrando con desdén.

-¡Yo no había pensado nada de eso! -pero se había sentido profundamente herida en su orgullo al tener que admitir cuánto necesitaba la ayuda económica que en otro tiempo había rechazado.

-A pesar de no haber sido el culpable de nuestra separación, siempre fui muy generoso. Fuiste tú la queme tiró el dinero a la cara -la censuró duramente-. Aunque tenía todo el derecho del mundo a ayudar a mantener a mi hijo, tu egoísmo y tu intransigencia me obligaron a no aportar más que una ridícula cantidad.

Aquel ataque había dejado a serena pálida y tensa.

-No tenía la menor idea de que te sintieras así.

Darien apretó la mandíbula y volvió a encogerse de hombros al tiempo que la miraba como si fuera una criatura insignificante.

-Dio mió.¿Cómo ibas a saberlo? Desde que me dejaste sólo nos hemos comunicado a través de nuestros abogados. ¿Quieres que te dé un cheque?

Serena se sintió como si acabaran de darle una bofetada y un enorme nudo de angustia y tristeza le bloqueó la garganta. Parecía que estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de librarse de ella.

-No... Ése no es el motivo por el que vine a verte,darien .

-Sin embargo un motivo tan materialista como ése parece tener más sentido que ningún otro -afirmó con el mayor de los desprecios-. Tienes suerte de que no pueda demandarte por ponerme en ridículo.

-¿Ponerte en ridículo?

-No tienes un aspecto muy refinado que digamos, mis enemigos deben de pensar que soy un tacaño.

-¡No he venido aquí por el dinero! -protestó consternada por su actitud-. ¿Tan difícil te resulta aceptar lo destrozada que me ha dejado leer la confesión de mina aino en ese periodicucho?

Darien enarcó una ceja.

-No, eso puedo aceptarlo perfectamente. Lo que no entiendo es por qué sentiste la necesidad de compartir ese sentimiento conmigo.

Serena abrió la boca sin poder emitir sonido alguno.

-Estamos prácticamente divorciados.

-Eso no es cierto... ¡deja de decirlo!

-Pero nuestro matrimonio está acabado, muerto y enterrado tan hondo que no volverá a ver la luz del día -sen tenció arrastrando las palabras para mayor escarnio-. Despierta ya y deja de jugar a la Bella Durmiente porque no acaba de despertarte ningún príncipe. Han pasado dos años. Apenas recuerdo ya el tiempo que pasé contigo. Además, tampoco estuvimos juntos tanto tiempo.

Cada palabra era como un puñal envenenado que se le clavaba en el pecho haciéndola sufrir más de lo que podía soportar. Una parte de ella quería gritarle, refutar todas sus acusaciones, pero la otra parte de su ser sólo quería acurrucarse y morir en algún rincón oscuro y solitario. Los recuerdos del tiempo que había pasado junto a él seguían estando tan frescos en su memoria como si hubieran sucedido el día anterior. Quizá hubiera acabado mal, pero ella no lo había recordado con amargura, sino que había atesorado aquellos recuerdos como los más especiales de su vida. Sin embargo darien estaba diciéndole lo que ninguna mujer deseaba oír; que ella no había sido más que una historia entre tantas del pasado, que había quedado ya completamente olvidada. ¿Habían pasado ya dos años? ¿Cómo había hecho para no darse cuenta de todo el tiempo transcurrido?

Serena parecía estar a punto de desmayarse, la palidez de su rostro hizo mella en la agresividad de darien. ¿Acaso se había propuesto deliberadamente ser cruel con ella? Creía que no, sólo le había dicho la verdad, sólo la había hecho ver lo irracional y poco prudente de su comportamiento. No obstante, le pidió que se sentara y cuando ella se negó, le ofreció una copa.

-Yo no bebo -balbució con la mirada fija en el reloj, intentando recuperar el control de sí misma.

—Lo sé, pero como una excepción, quizá te viniera bien tomarte un coñac -le sugirió darien molesto con su propia preocupación-. ¿Cuándo has comido por úl tima vez?

-En el desayuno.

No dijo nada. Sabía que jamás se detenía a comer cuando estaba inmersa en algo que absorbía su concentración. Recordó que cuando él no estaba, sus empleados siempre habían tenido que controlar que ella comiera algo mientras se encontraba en mitad de alguna importante investigación. Era una mujer increíblemente inteligente en lo que se refería a las extrañas plantas que estudiaba, pero en ella, el sentido práctico brillaba por su ausencia.

Serena levantó la mirada dejando ver aquellos ojos azules ahora vidriosos por los fantasmas del pasado.

-No quieres que te diga cuánto lamento lo ocurrido porque no puedes perdonarme -susurró tensamente-. Lo comprendo perfectamente porque ahora mismo creo que yo tampoco seré capaz de perdonarme nunca.

Darien no podía responder a la intensidad que desprendían sus palabras y su mirada, lo único que podía hacer era acercarle la copa.

-Voy a pedirte una limusina. ¿Has venido en tren?

-Sí, y no necesito ninguna limusina -se aproximó el fino cristal a los labios y dejó que el alcohol la quemara por dentro como si estuviera tragando fuego líquido. Bajo su atenta y fascinada mirada, serena se bebió hasta la última gota de coñac como si de agua se tratara. Después se puso en pie y caminó hacia la puerta manteniéndose erguida a duras penas.

-Insisto en que esperes a que venga una limusina para llevarte a la estación -afirmó darien tajantemente.

-Ya no tengo por qué atender a tus insistencias -respondió ella levantando bien el rostro a pesar de lo herida que estaba.

«Nuestro matrimonio está acabado, muerto y enterrado tan hondo que no volverá a ver la luz del día».

Serena , sé sensata.

Aquel apelativo cariñoso la hirió aún más hondo, pero continuó caminando con aparente serenidad hacia el refugio que encontraría en el ascensor mientras to das las miradas se clavaban en ella al cruzar el vestíbulo

y sin poder apartar de su mente las otras veces que darien la había llamado así:

serena , no seas pesada -solía decirle cuando ella había intentado por todos los medios convencerlo de que pasara con ella una tarde a la semana. Una tarde sólo para ellos, sin trabajo ni compromisos sociales-. Hay que ahorrar tiempo cuando se tienen hijos y nosotros gracias a Dios no los tenemos.

sere... el aroma de tu piel me vuelve loco -le ha bía susurrado tantas veces mientras la despertaba a besos con la maestría por la que era célebre y con la que le había proporcionado a serena el único paraíso que había conocido en la vida, el que había descubierto en sus brazos.

sere... la vida va a resultarte tan dulce ahora que me tienes -le había prometido con total convencimiento en su noche de bodas, y ella lo había creído.

El ascensor se detuvo devolviendo a serena de golpe al presente. Ya en la calle descubrió su propia imagen en el reflejo de un escaparate que le arrancó una triste carcajada.

Muy típico en ella, no se le había ocurrido pensar en su aspecto. Nada más abandonar adarien , había decidido que ese tipo de frivolidades ya no eran necesarias para ella. Pero acababa de quedarse horrorizada por la extrema palidez de su rostro y el desastroso aspecto de su ropa. Debería haberse arreglado para ir a verlo; quizá así la hubiera escuchado. Al fin y al cabo él era italiano hasta la médula y desprendía elegancia por cada poro de su piel.

-¿Por qué no miras por dónde vas? -le dijo enfadada una señora con la que había chocado.

-¿Señora de shields...?

Serena miró al otro lado de la calle sorprendida, era richard, el chófer de darienque la esperaba con la puerta del pasajero de una enorme limusina abierta para ella. Los transeúntes la miraban mientras ella se preguntaba cuánto tiempo llevaría allí parada, mirándose en el escaparate y si parecería tan rara como se sentía. La sospecha de que así fuera era motivo suficiente para aceptar que la llevaran en la limusina.

«Nuestro matrimonio está acabado, muerto y enterrado tan hondo que no volverá a ver la luz del día».

¿Por qué demonios no podía quitarse esas palabras de la cabeza? El sentimiento de humillación la estaba carcomiendo por dentro. Berit había reaccionado muy mal cuando ella había dicho que necesitaba ver a darien, ahora era evidente que debería haber tenido en cuenta la opinión de su hermana mayor. Darien se había comportado con frialdad, burla y hostilidad; no había mostrado el menor interés por nada de lo que ella tuviera que decirle y sin embargo había demostrado estar impaciente por verla marchar. La había acusado de estar poniéndolos en ridículo a ambos. Cualquiera habría pensado que había irrumpido en su oficina gritando que todavía lo amaba y que quería volver con él. Como si... Se puso la mano en el mentón para impedir que le temblara la boca y trató de acompasar la respiración entrecortada.

Parecía imposible que hacía poco más de tres años, darien se hubiera comportado como si ella fuera un verdadero trofeo que quería ganar a toda costa y a la que había estado intentando persuadir durante semanas de que le diera una oportunidad...

El primer conocimiento que había tenido serena de la existencia de darien había sido cuando él le había arrebatado un sitio para aparcar mientras ella maniobraba para meter su coche marcha atrás. Sabiendo que había habido gente que había fallecido de ataques de ira provocados por cosas como aquélla, serena había preferido marcharse y seguir dando vueltas por el campus hasta dar con otro estacionamiento. Después había vuelto a pasar caminando por el sitio robado y había mirado con desdén el lujoso Ferrari aparcado ilegítimamente.

Su suerte no había mejorado precisamente cuando un compañero la había informado de que una visita de gran importancia estaba utilizando su despacho para hacer algunas llamadas.

-¿Y qué se supone que debo hacer yo? -había rugido ella porque tenía trabajo pendiente-. ¿Quién es esa importante visita?

-¿darien shields?... probablemente el empresario más importante que se haya graduado en esta universidad -le había explicado su veterano colega-. Es tan rico que ese Ferrari que está aparcado ahí fuera podría llevar oro líquido como combustible. Además, está pensando donar un nuevo equipo de investigación a la facultad.

-shields... -repitió serena intentando averiguar por qué le resultaba tan familiar ese nombre-. Yo tengo una alumna que se llama rei shields...

-Su hermana pequeña, que está aquí haciendo un curso de intercambio -confirmó su compañero.

Después de la breve conversación, serena se quedó esperando a la puerta de su despacho con tremenda paciencia. Al comienzo del curso, la joven rei había sufrido una terrible añoranza y había confiado sus problemas a serena , que había acabado tomándole cariño a la muchacha.

-¿Por qué? -se había oído la voz masculina con un ligero acento extranjero y serena no había podido resistirse a asomarse a la puerta entreabierta-. No hay ningún motivo, yaten . Lo hemos pasado muy bien juntos, pero las cosas cambian y yo debo continuar. A mí no me va eso de la fidelidad y el compromiso.

Serena sintió un estremecimiento. Una pobre mujer estaba siendo abandonada por un tipo arrogante que te nía un bloque de hormigón en lugar de corazón. Estaba a punto de alejarse hasta donde no pudiera escuchar lo que sucedía en el interior del despacho, cuando se acercó su jefe de departamento, el profesor kelvin acompañado de una rubial ostensiblemente aburrida. Justo entonces, sucedieron tres cosas de manera simultánea: un hombre alto y moreno salió del despacho de serena , la rubia l pareció adquirir una repentina energía que la llevó a agarrarse del brazo del hombre alto y susurrarle algo al oído, y por último, el catedrático se acercó para presentar a serena .

-Doctora tsukino -murmuró darien shields después de una larga pausa.

-Señor shields ... -serena se encontró con un rostro tan increíblemente bello y masculino, que por un momento todo lo demás dejó de existir a su alrededor. Aquellos ojos azul profundo la privaron por un momento de la capacidad de respirar con normalidad y no pudo hacer caso de nada más que no fuera él.

Pero entonces su amiga se puso literalmente entre ambos e hizo que serena se diera cuenta abochornada del fallo que acababa de cometer. Darien shields era un hombre muy rico, arrogante y mujeriego... en resu men, el tipo de hombre que ella solía evitar. Él intentó alargar la conversación, pero serena no volvió a mirarlo a los ojos y sus respuestas fueron tan poco alentadoras como su postura. Así que tan pronto como le fue posible, escapó al interior de su despacho poniendo el tiempo como excusa.

Dos días más tarde, serena estaba dando una conferencia acerca del libro que ella misma había escrito so bre helechos siendo todavía estudiante, cuando estuvo a punto de sufrir un ataque de nervios al ver entrar en la sala a darien shields . Después del acto, la esperaba junto a su hermana rei para invitarla a comer y serena intentó declinar la invitación.

-Por favor... -insistió la inquieta joven-. Todo el mundo sabe lo tímida que eres, pero darien sólo quiere darte las gracias por haberme ayudado cuando lo estaba pasando tan mal.

—No es cierto —intervino su hermano-. En realidad sólo quería disfrutar del placer de su compañía, doctora tsukino -aclaró darien sin dejar de mirarla con esos maravillosos ojos azul profundo excitantes que hacían que la boca se le quedara seca.

Serena acabó por acceder a acompañarlos porque no quería herir los sentimientos de la muchacha. Durante la comida, apenas probó lo que había en el plato y mientras, darien le hacía multitud de preguntas personales que ella no tenía la destreza de esquivar. Después, rei a tuvo que irse corriendo a una conferencia y cuando serena trató de seguir sus pasos, darien intentó disuadirla:

-¿Por qué has decidido no llevarte bien conmigo?

-¿De dónde has sacado esa idea? -protestó serena asustada de que hubiera leído sus pensamientos.

Lo cierto era que no sabía qué decirle porque ni si quiera sabía qué sentía. Jamás podría confesar ante nadie, y menos aún ante él, que desde que lo había visto por primera vez no había podido dejar de pensar en él ni un minuto. Hasta hacía tan sólo unos días, no había sido más que un desconocido y sin embargo, tenía la sensación de conocerlo. Desde el momento en que se habían visto, entre ellos había surgido una extraña conexión de la que no podía deshacerse.

Serena le pidió que saliera a cenar con él y que ella misma eligiera un día para así no poder poner la excusa de tener otro compromiso. Serena observaba atónita el genuino interés que mostraba porque ella había dado por hecho que la atracción que había percibido procedía sólo de su parte.

-Me pareces muy bella -le dijo entonces darien disfrutando del poder de leer su mente.

-¡Yo no soy bella! -exclamó serena creyendo que se estaba burlando de ella. Después, le aseguró que ella no salía con hombres y que no había nada personal en su falta de interés y se marchó del restaurante.

Durante las dos siguientes semanas, darien le envió un ramo de flores cada día; pero se trataba de los ramos más preciosos e imaginativos que había visto nunca. La tercera semana se presentó en su pequeño apartamento con una cesta de picnic en la que llevaba la cena. Se coló en su casa con el mayor de los encantos y compartieron una velada muy agradable. Sólo cuando estaba a punto de marcharse le pidió otra cita.

-Estás loco -refunfuñó serena al ver que no se daba por vencido-. ¿Por qué iba a querer alguien como tú salir con alguien como yo?

-Pues es lo único en lo que puedo pensar última mente.

-Eso no tiene ningún sentido. -Pero a ti te pasa lo mismo -aseguró darien sin titubear-. ¿Qué tiene que ver el sentido con todo esto?

Pero para ella tener sentido común lo era todo. Ella no era de las que perseguía arco iris, sino que sabía respetar sus propias limitaciones. Era un desastre con los hombres y lo bastante inteligente como para no entregar su corazón a alguien que lo trataría como un balón que tiraría a la basura una vez que se hubiera aburrido de él. Pero sí, por mucho que le doliera admitirlo, era cierto que se moría de ganas de estar con él; aunque sería mucho más duro tenerlo y luego perderlo. Así que se rió y le aseguró que se equivocaba por miedo a confirmar que estaba en lo cierto.

Darien empezó a llamarla, y no de manera ocasional. Ella empezó a esperar aquellas llamadas y se sentía decepcionada e inquieta si no llegaban. Por teléfono lo encontraba increíblemente ameno sin hacerla sentirse amenazada, por lo que continuó sin enfrentarse a sus sentimientos por él, que eran cada vez más fuertes. En todo ese tiempo, su tranquilidad fue desapareciendo, y con ella su otrora completa concentración en el trabajo. No sospechaba que darien se había colado en su coraza, hasta que acudió a la fiesta de despedida de rei y lo vio con otra mujer. Destrozada por lo que consideró una profunda traición, tuvo por fin que afrontar lo que sentía por darien shields. Comparando aquellos sentimientos del pasado con el desafiante presente, serena se dio cuenta de que se encontraba en una situación parecida. Miró por la ventanilla de la limusina y no vio nada. ¿Qué sentía exa tamente por su marido? En cuanto había leído la confesión de mina aino, había dejado de lado todo lo demás por la repentina necesidad de ver a darien . Bien era cierto que el honor la obligaba a disculparse por no haber confiado en él. ¿Pero realmente era ésa la única razón por la que había acudido a Londres a toda prisa?

Se estremeció al plantearse tan delicada pregunta, pero aun así se obligó a contestarla con total sinceridad. Y la respuesta la hizo avergonzarse de sí misma. Nada más desaparecer la barrera de su supuesta infidelidad, había deseado recuperarlo inmediatamente. Sin pensárselo dos veces, había acudido a él con la esperanza de salvar su matrimonio antes de que el divorcio fuera definitivo. ¿Acaso no había sido ése el motivo de su visita? Sólo esperaba que al menos darien no hubiera descubierto su ridículo secreto. Pero todavía le quedaba una duda: ¿estaba volviendo a casa sólo porque él le había dicho que lo hiciera? ¿Ése era todo el esfuerzo que estaba dispuesta a hacer?

Intentó recordar todas las veces que darien había recibido sus negativas antes de que finalmente cayera rendida a sus pies y accediera a salir con él. Darien era muy orgulloso, y ya lo era hacía tres años; sin embargo no se había rendido a pesar de sus negativas. Para él habría sido mucho más sencillo elegir a cualquiera de las muchas mujeres que lo habrían recibido con los brazos abiertos. Pero había decidido que la quería a ella y no había permitido que el orgullo se interpusiera en su camino.

Se puso recta como si alguien le hubiera clavado algo en la espalda. Había claudicado al primer indicio de fracaso, mientras que darien había luchado por ella mucho más... ¿Tendría ella el coraje para luchar por él del mismo modo? ¿Estaba dispuesta a dejar el orgullo a un lado y hacer todo lo que estuviera en su mano para convencerlo de que todavía había una oportunidad para su matrimonio? No tardó mucho en llegar a una conclusión: vivir sin darien era como estar sólo medio viva.

La limusina estaba llegando a la estación cuando le pidió al chófer que la dejara allí mismo. Reparó entonces en las manchas de helado que tenía en la falda y que iban a obligarla a comprar ropa nueva antes de intentar volver a reunirse con darien, que hacía ya mucho tiempo le había dicho que le gustara o no, la gente juzgaba a los demás basándose muchas veces en la apariencia.

Tardó algún tiempo en encontrar una zona de tiendas y aún más en dar con la indumentaria adecuada; pero por fin salió de la boutique ataviada con un elegante vestido azul. Al principio estaba un poco tensa porque detestaba llevar cualquier cosa que pudiera hacer que la gente se fijara en ella, sin embargo recordó lo que le gustaba a darien cuando se ponía ropa de colores claros y se dejaba el pelo suelto.

Un taxi la llevó hasta la preciosa casa georgiana que darien tenía en una distinguida zona residencial de Londres. Su decorador de interiores había vendido las fotos a una revista que su hermana Berit se había apresurado a enseñarle. Salió del coche con el corazón en un puño y con la mente dominada por el desafío que suponía volver a hablar con darien . Entonces alguien gritó su nombre y al volverse a mirar, un tipo con una cámara le hizo una foto y le pidió que se quedara donde estaba para poder tomar otra. Al mismo tiempo, otros periodistas se acercaban a ella corriendo y sin dejar de hacerle preguntas. Por un momento se quedó paralizada por la sorpresa, pero enseguida bajó la cabeza y corrió tan rápido como pudo hasta la puerta principal de la casa.

-¿Cómo se siente después de la confesión demina aino , señora Shields?

-Esta tarde la han visto en la oficina de su marido -dijo otro periodista poniéndole un micrófono a sólo un centímetro de la cara-. ¿Es cierto que la ha hecho esperar varias horas hasta que finalmente ha accedido a recibirla?

-¿Sabía usted que darien está saliendo con setsuna meiou, una de las mujeres más bellas del mundo? ¿Qué siente al respecto? ¿La intimida?

Serena se sintió atacada y acorralada por aquellas impertinentes preguntas que la habían dejado literalmente contra la pared. Y se habría caído de espaldas cuando se abrió la puerta de no haber sido por el amable brazo que la sostuvo.

Serena ... ¿está usted intentando salvar su matrimo nio? -se oyó una última pregunta antes de que la puerta se cerrara.

-¿Está usted bien? -le preguntó su amable salvador llevándola hasta una silla de la entrada. Se trataba de Ario, el jefe de seguridad de darien , que siempre había sido muy amable con ella.

-S... sí -tartamudeó ella todavía temblorosa.

—Me alegro,cara -dijo otra voz mucho menos amable-. Me habría dado mucha rabia no tener la oportunidad de decirte que venir aquí esta noche es lo más estúpido que has hecho en tu vida.