Capítulo 2 - Llegando al callejón.
Vladimir casi no pudo dormir esa noche, estaba muy ansioso por lo que había ocurrido, constantemente se preguntaba si no había sido un sueño, y siempre se respondía a sí mismo con todo el recuerdo de la conversación que había tenido con Neville.
Se despertó ansioso a las 7 de la mañana, como siempre y bajó a desayunar, sus padres ya estaban ahí, más serios de lo normal, con una expresión preocupada. Vladimir tan sólo esperaba que no cambiaran de decisión.
-Buen día- saludó Vladimir a sus padres, quienes respondieron de la misma manera, se sentó y desayunó rápidamente. En cuanto acabó se dispuso a subir a su cuarto, pero sus padres lo detuvieron.
-Vladimir, espera- dijo su madre.
-Queremos hablar un momento- continuó su padre.
Se sentó de nuevo de donde se acababa de levantar.
-¿Qué ocurre?- preguntó, nervioso.
-Bueno, queremos saber si hemos hecho... si tú has tomado la decisión correcta- dijo su madre.
-¿Estás seguro de que quieres ir a esa escuela?- pregunto Frank.
-Muy seguro, quiero aprender a hacer todo eso y muchas cosas más- dijo Vladimir a sus padres, con más confianza de la que sentía.
-Y sabes que eso significa que no te veremos hasta navidad ¿cierto?- preguntó Anne, con tono preocupado. Vladimir no contestó al momento, no sabía que decir, nunca había estado lejos de sus padres por mucho tiempo, no sabía cómo se sentiría después de tres meses sin verlos, pero, aunque sus preocupaciones eran muchas, contestó al final.
-Lo sé, y los voy a extrañar mucho, pero quiero aprender- contestó, con un hilo de voz al final de su frase.
-Está bien, ve a cambiarte, Neville llegará en cuestión de horas- dijo Frank, y vieron como Vladimir subía a su habitación.
Al llegar a su habitación se sentó frente a la computadora, quería investigar todo lo que pudiera de ese tal Hogwarts antes de ir, pero, para su decepción, no encontró absolutamente nada, era como si no existiera, y se pregunto si estaría oculto para los no magos... pero era imposible, cualquier mago como él, hijo de no magos podría escribir algo sobre el Colegio en internet, darlo a conocer ¿por qué no lo hacían? esa pregunta se mantuvo en su mente durante las 2 horas que faltaban para que llegara Neville, mientras se bañaba y cambiaba.
Finalmente su espera terminó, y fue corriendo a abrir la puerta cuando ésta sonó. Y ahí estaba, Neville de nuevo, con una túnica de color morado e igual de adornada que la anterior.
-Buenos días señor Longbottom- saludo Vladimir, ansioso.
-Buenos días Vladimir- contestó Neville.
En ese momento salieron el señor y señora Parker, y después de un saludo, todos subieron al auto. Una vez dentro Neville comenzó la charla.
-¿Emocionados?- preguntó a todos.
-Bastante- Vladimir fue el primero en contestar.
-Un poco mareados, pero sí, se podría decir que emocionados, no todos los días ves a un mago real, y no esperas que tu hijo sea uno- contestó Frank, de forma bromista.
-Bueno, tenemos que ir al callejón Diagon- dijo Neville mientras intentaba explicar a Frank, que conducía, cómo llegar ahí - lo siento, no soy bueno explicando este tipo de cosas... bueno, ningún mago, normalmente nosotros sólo nos aparecemos en donde queremos ir y listo-
-!Wooo!- exclamó Vladimir, imaginando lo rápido y divertido que sería aparecer y desaparecer -¿cuándo aprenderé a hacer eso?-
-Bueno, para eso tendrás que esperar un tiempo más, no se permite a los menores de edad hacerlo, pero cuando cumplas 17 lo harás- dijo Neville. Dejando a Vladimir un poco desilusionado, y cuando lo notó agregó -pero puedes aprender a volar en escoba desde que llegues a Hogwarts si así lo deseas- y Vladimir lo miró de nuevo emocionado, aunque le temiera a las alturas, dejando a sus padres bastante preocupados ante la idea de su hijo volando sobre un trozo de madera.
Finalmente y luego de casi 30 minutos de búsqueda, llegaron al caldero chorreante, Neville se acercó con los demás.
-¿No dijiste que iríamos a un callejón?- pregunto Frank.
-Bueno, sí, pero no podíamos dejarlo a la vista de todos, tendríamos visitantes inoportunos a toda hora- contestó Neville, que abrió la puerta del caldero chorreante, dejando ver varias maesas, una escalera que daba a plantas más altas y a unas cuantas personas sentadas.
-Adelante- los animó Neville a entrar. Entraron un poco indecisos, y la puerta se cerró tras ellos -síganme, es por aquí- y todos lo siguieron a lo que parecía un cuarto vacío, con una pared de ladrillos rojos.
-¿A dónde nos has traído?- preguntó Frank un poco desconfiado.
-Tranquilo, ésta es la entrada, mira esto- sacó su varita y dio unos cuantos golpes a la pared de ladrillo, la cual comenzó a moverse dejando un túnel en el centro.
-!wooo!- exclamaron al mismo tiempo los tres, viendo que ante ellos se abría una puerta que, en efecto, daba a un callejón.
-Bienvenidos al callejón Diagon- dijo Neville entusiasmado por su expresión y los invitó a entrar.
Todos entraron y lograron ver que había pequeñas multitudes en cada negocio, asombrados y a la vez asustados, los Parker comenzaron a seguir a Neville.
-Creo que deberíamos de comenzar comprando las túnicas, así cuando terminemos, ya las habrán ajustado a tú medida- dijo Neville mirando a Vladimir y dirigiéndose a la tienda de túnicas de Madam Malkin.
-Buenos días- saludó Neville a las personas que se encontraban en la tienda, recibiendo una respuesta de la misma manera, guió a Vladimir a uno de los probadores, donde una mujer se acercó a tomar las medidas.
-¿Cuándo iremos por mi varita?- preguntó Vladimir una vez que quedó con Neville en el probador.
-Bueno, es recomendable ir al final, es la parte más tardada de las compras, tienes que encontrar a la varita indicada- explicó Neville.
Salieron de la tienda escuchando como Neville hacía el pedido.
-Sí, 4 juegos, creo que bastarán- dijo, después se despidió y salió de la tienda con los Parker.
-Neville, no es por molestar, pero he visto que aquí nadie está pagando con euros, todos usan monedas doradas- dijo Anne, que había estado observando eso.
-!Lo siento!- se disculpó Neville - olvidé explicar eso, en el mundo mágico no se usan los euros, pero sí puedes cambiar euros por monedas mágicas y viceversa- comenzó a explicar Neville -un galeón, las monedas doradas, equivale a aproximadamente 4 euros, un galeón equivale a 17 sickles o 493 knuts, es complicado, lo sé, pero se acostumbrarán- los guió hasta Gringotts, un edificio blanco, imponente -este es Gringotts, el banco de los magos, aquí se guarda el dinero de los magos, y se cambia dinero muggle por mágico- entraron al banco e inmediatamente se sorprendieron al ver a unas pequeñas criaturas trabajando en él.
-Neville ¿qué son estas personas pequeñas?- preguntó Frank, sin saber qué término utilizar con ellos.
-Son duendes, son bastante reservados, pero son buenos con los números, no los molesten, se podrían enojar- advirtió Neville, con tono de preocupación y se acercó a uno de los duendes, se aclaró la garganta para llamar su atención -Buen día, el señor y señora Parker quisieran iniciar una cuenta en Gringotts- dijo Neville.
-Señor y señora Parker, lo sentimos, pero no podemos abrir una cuenta a su nombre, son las reglas, no hay bóvedas para muggles- contestó el duende, en un tono que intentaba ser amable.
-Lo siento, que torpe soy, intervino Neville, la bóveda no es para ellos, es para el joven Vladimir- dijo Neville dirigiéndose al duende y señalando a Vladimir.
-Una bóveda a nombre del joven Vladimir Parker- dijo para sí mismo el duende mientras escribía en un papel, dio la vuelta a su escritorio y se dirigió al joven -bóveda número 10806, su mano por favor- pidió el duende.
-Tranquilo, tan solo ocupan una gota de sangre como muestra, para que firmes- lo tranquilizó Neville.
Vladimir le dio su mano al duende, el cual lo pincho con su dedo gordo en el índice del muchacho y lo presionó contra el papel.
-Bóveda 10806, a nombre de Vladimir Parker, aquí tiene su llave ¿desea depositar algo?- preguntó el duende.
-Por el momento estamos bien, queremos cambiar un poco de dinero- dijo Neville, mientras indicaba a la señora Parker que se acercara -Tan sólo dígale la cantidad que quiere cambiar en euros, o si lo prefiere en galeones, él hará la conversión- explicó Neville a la señora Parker.
-Pero ¿cuánto necesito ahora mismo? no sé cuánto cuestan los útiles de Vladimir, me siento un poco perdida aquí- confesó la señora Parker.
-Bueno, de los útiles no serán más de 50 galeones, así que creo que con eso bastará- dijo Neville, intentando orientarla un poco.
-Está bien, quiero cambiar euros por galeones- dijo de manera torpe al duende -50 galeones por favor y deje 50 más en la bóveda- se volteó a ver a Vladimir -por si los necesitas luego- explicó.
-50 a la 10806, y 50 físicos- susurró el duende para sí mismo, y apareció otro duende con la suma en una pequeña bolsa de cuero.
Cuando salieron de Gringotts se dirigieron a Flourish & Blott´s, a comprar los libros que necesitaría para su curso, por suerte ya venían en un paquete, y se ahorraron el tener que pedirlos de uno por uno, pagaron el importe y salieron de la tienda.
-Lucen impresionantes- dijo Vladimir mientras los contemplaba por afuera.
-Y esos son libros normales, recuerdo que en tercer año, Hagrid, el profesor de Cuidado de criaturas mágicas, nos hizo comprar uno con dientes, intentaba mordernos en todo momento- recordó Neville, que al ver la cara de preocupación de los Parker, añadió - pero no se preocupen, ya no lo pide... aunque sigue siendo el mismo profesor... bastante bueno, la verdad-
Fueron a comprar lo que faltaba del material, dejando la varita para el final.
-Bueno, el siguiente lugar al que vamos te gustará- dijo Neville a Vladimir -es hora de que vayamos por tu varita mágica- Vladimir sonrío de oreja a oreja y comenzó a caminar más deprisa, buscando entre todos los letreros cuál era el de Ollivander´s, le impresiono un letrero que decía "Sortilegios Weasley" ya que cambiaba de color y desde fuera de la tienda se podía ver en el interior mucha gente, y todas salían con una sonrisa en la cara.
Al fin llegaron a Ollivander´s y Vladimir entró emocionado, esperando ver mil cosas y se decepcionó un poco al ver que sólo había un pequeño mostrador, con muchas estanterías detrás.
-Buenas tardes señor Ollivander- saludó Neville al anciano que se encontraba tras el mostrador.
-Hola Neville, ¿qué has traído hoy?- preguntó Ollivander con una mueca divertida.
-Otro hijo de muggles, llevamos toda la mañana y parte de la tarde comprando, y hemos dejado lo mejor para el final- dijo Neville a manera de cumplido.
-Excelente, excelente, acércate hijo- dijo, señalando a Vladimir -¿cómo te llamas?- preguntó.
-Vla..Vladimir, señor, Vladimir Parker - dijo un poco nervioso.
-Bueno, vamos a ver que tenemos para ti- dijo el viejo y se fue a buscar entre las repisas, regresó después de unos minutos con tres cajas negras y alargadas -veamos, prueba con esta- dijo Ollivander, ofreciéndole la varita a Vladimir, la tomó con la mano temblorosa y no pasó nada. -Vaya... agítala un poco- recomendó Ollivander, pero aún no pasaba nada -interesante- dijo Ollivander y le quito la varita, la agitó para comprobar que sirviera y la guardó de nuevo, ofreciéndole otra a Vladimir. Con esta apenas logró crear unas pequeñas chispas rojas, y la devolvió para probar con otra.
Después de probar cerca de 20 varitas, Ollivander se dirigió a la parte más alejada del mostrador, en las estanterías de más atrás, Vladimir se sentía decepcionado, que pasaría si no podía hacer magia, ¿lo dejarían ir aún así a Hogwarts? por suerte no tuvo mucho tiempo para pensar eso, porque Ollivander volvió con 3 cajas más, se veían más viejas que las otras, pero no le dio importancia.
-Verá joven Vladimir, las varitas son las que eligen al mago, es como si tuvieran conciencia, ellas buscan a la persona con la que se sientan más cómoda, estas tres varitas son antiguas, nunca les encontramos dueño, aunque se vendió una parecida a estas hace cerca de 85 años- explicó Ollivander - son muy especiales, no creo que haya muchas como estas, mientras usted probaba las varitas yo hacía anotaciones mentales, eso se aprende tras muchos años como vendedor, y resulta curioso que, siendo hijo de muggles, las varitas sean tan caprichosas con usted- siguió explicando Ollivander -aquí tenemos una varita de roble, 25 centímetros, con núcleo de crin de unicornio, he visto que estos materiales se han adaptado mejor, pero combinados puede que no funcionen- Vladimir tomó la varita, y tal como dijo Ollivanders, ésta se sentía mejor, más cómoda, pero a penas incrementó la potencia de las luces rojas al usarla, le ofrecieron la segunda varita -madera de sauce boxeador, 27 centímetros, y núcleo de crin de unicornio, bastante difícil de fabricar, ya los sauces boxeadores no se usan para varitas, sino para protección, pero quería cubrir todas las posibilidades, al parecer he acertado en cubrirlas todas - Vladimir tomó la varita en su mano, la agitó y salieron chispas de la misma intensidad que antes -pruebe con esta- ofreció Ollivander, bastante confiado en su ofrecimiento, la tomó y una cálida sensación recorrió todo su cuerpo, sentía como se llenaba de la aceptación de la varita, era perfecta, no la veía como una varita, para él era una extensión de su mano, la agitó y esta vez salieron muchas chispas rojas de color incandescente, acompañada de un grito que provenía de ahí mismo, era una especie de llanto, un chirrido, Neville, al escucharlo, se sintió tremendamente familiarizado con eso, centró su atención en la varita y la observó durante un momento.
-30 centímetros, madera de sauce boxeador, flexible y con núcleo de... - no logro terminar la frase, ya que Neville la terminó por él.
-Núcleo de mandrágora- dijo sorprendido mientras Ollivander asentía -¿es eso posible? digo, las mandrágoras son plantas, sirven para muchas cosas, pero no pensé que para varitas...- comentó Neville a Ollivander.
-Soy un hombre muy curioso, señor Longbottom, y como le dije antes, quería cubrir todas las posibilidades- Neville asintió -excelente para duelos y transformaciones- después de pagar, salieron de la tienda, con un Vladimir contento y cómodo con su nueva varita.
-Bueno, eso es todo lo que necesita, puede llevar una mascota, pero eso es opcional- volteó a mirar a Vladimir, se veía ansioso.
-¿Puedo tener una? sería increíble poder llevar a un compañero a la escuela - dijo Vladimir, sus padres asintieron y se dirigieron al emporio de las lechuzas.
-Entonces, ¿qué quieres llevar? - preguntó su padre.
-Las lechuzas pueden mandar mensajes- sugirió Neville pero Vladimir negó con la cabeza, no le gustaban mucho las aves, prefería a los animales terrestres.
-No lo sé, preferiría un dragón- dijo Vladimir, medio en broma, medio en serio -Vamos a ver qué otras mascotas hay- dijo, recorriendo los aparadores, mientras sus padres sugerían una y otra.
Ninguna convencía a Vladimir, todas parecían tenerle miedo y se alejaban cuando lo veían, y entonces la vio, era pequeña, sí, pero no se asustaba al verlo, de hecho, parecía querer acercarse a él, se acerco al acuario donde estaba, metió su mano y lo tomó
-Este, quiero este- dijo a sus padres, señalando lo que llevaba en las manos, Neville no pudo contener una carcajada de nostalgia al recordar que él mismo había tenido un sapo bastante parecido. Sus padres miraron al sapo con cara de asco, pero permitieron que se lo quedara si eso era lo que quería.
Salieron de la tienda donde habían comprado al sapo, y se dirigieron a la entrada del caldero chorreante, Neville les explico dónde estaba el andén 9/3/4 y cómo entrar, y también les dijo que ellos no podrían pasar, pero que Vladimir estaría bien.
Subieron al auto y lo encendieron, mientras veían cómo Neville se desaparecía enfrente de ellos. Llegaron a su casa y Vladimir subió de inmediato con todas sus cosas y se dispuso a hojear los libros, y entonces recordó que no le había preguntado a Neville por qué no había nada de Hogwarts o del mundo mágico en internet.
Se quedó dormido mientras hojeaba el libro de Mil Hierbas y Hongos Mágicos, el cual le había llamado más la atención.
