Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece.
Advertencias:
Posible OoC, AU dónde Gray y Lucy son niños. Gray un insolente y Lucy la niña exploradora. Silver es el mejor padre del mundo. A que si(?).
El valor de la moneda está en pesos chilenos porque me da hueva pensar en otras monedas que ni conozco.
Este fic participa para la CI Pairing Cup del foro Cannon Island.
Palabras: 500.
Resumen: A Gray le fastidiaban las niñas exploradoras, sólo que seguía teniendo quince años, ella catorce y, francamente, sólo Natsu no se fijaría en su manera de sonreír.
Exploradora
[...]
—¡Hey, ese era mío!
—Mala suerte, le he matado primero.
Una sonrisa de autosuficiencia y superioridad se formó en los labios Gray, que le dedicó una mirada de soslayo a Natsu.
—¡Robarle el enemigo a tu amigo es traición!
Gray enarcó una ceja, algo le decía que Natsu había confundido esa frase, estaba seguro de que no hablaba de enemigos. De hecho, no creía que se aplicara para esa situación, los enemigos no tenían cartelitos con sus nombres, ni tampoco le había meado encima como para que lo denominara suyo.
—Tú eres idiota...
Natsu estaba por gritarle un par de insultos cuando el timbre de la casa sonó un par de veces. Gray se quedó mirando la puerta desde el sofá, como si realmente ese no fuese su problema.
—¡Viejo, llaman a la puerta!
—¡Pues ve quién es!
Miró hacia la puerta que daba al garaje con el ceño fruncido. Chasqueó la lengua y se puso de pie, poniéndole pausa al videojuego y dejando a un lado el mando. Sin embargo decidió quedarse de pie ahí hasta recibir respuesta.
—¿Y si es otra maldita niña exploradora? —exclamó para que su padre pudiera escucharle.
—¡Pues le abres y ves qué haces, sólo no la insultes y deja de maldecirlas!
Gray rodó los ojos y se encaminó hacia la puerta principal. Tenía quince años y le importaba una mierda que esas mocosas juntaran dinero para fundaciones de perros que dudaba existieran o quien sabe cuánta cosa más.
A penas abrió la puerta se encontró con dos ojos café que ahora le miraban fijamente. Una niña de unos doce años, con un sombrero, una pañoleta y la camiseta con chapitas le indicaba la desgracia inminente. ¿Con qué saldrían ahora, los derechos de las tortugas?
—Muy buenos días —saludó sonriente—. Las niñas exploradoras del campamento Anna Heartfilia...
Con una cara de patata monumental, Gray se quedó mirándola sin oírla en realidad. Algo andaba mal con él...
—Las de chocolate cuestan novecientos y las de vainilla y crema quinientos y seiscientos respectivamente. ¿Quieres comprar?
Podía decir que no y mandarla a volar. Oh sí, como de costumbre.
Sólo que...
...
Dios, se desconocía.
—¿No deberías estar aprendiendo a leer, niña? —inquirió poniendo las manos en sus bolsillos. Disimuladamente, sus manos dieron con un par de monedas.
Inmediatamente ella frunció el ceño.
—¡Tengo catorce, no soy una niña! —exclamó indignada— ¿Vas a comprar o no?
—De chocolate —sacó una de las manos del bolsillo y le extendió el dinero, pero antes de que lo tomara lo alejó un poco de ella—. Te compro todos los días si vuelves a pasar por aquí.
La chica alzó una ceja.
—No es por nada, pero me pareció oír un "malditas exploradoras".
—Los gatitos nos lo agradecerán.
—Eran perritos... —murmuró.
—Es lo mismo, no me jodas —bufó— ¿Pasarás por aquí...?
Ella dudó antes de recibir las monedas y darle a cambio un paquete de galletas.
—Sólo por los cachorritos...
Gray sonrió, satisfecho con la respuesta.
—Y los demás por los gatitos.
