Capítulo 2: El castigo de pa'
Al día siguiente
Ahí estaba Joey, a él lo acompañaban Marik Ishtar, un joven doncel de 16 años, cabellos rubios cenizos y ojos cárdenos, y Antul Yohanes, otro precioso doncel de ojos azules y cabellos negros con plumas de cuervo en ellos.
Eran Joey, Antul y Marik los tres donceles escogidos, como mandaba la ley, para presenciar el castigo al que sería sometido por su desacato a la ley, Jouseph Kaiba.
Los tres ancianos eran el mismo Salomón Motu, Inan Ishtar (el abuelo de Marik) y Mahoma Volus.
Los ancianos orgullosos, en espera del castigo. Los más jóvenes nerviosos y compungidos por lo que serían obligados a ver y en el caso de Joey, furioso.
El momento llegó, apareció Gozaburo Kaiba, el orgulloso y apuesto hombre parecía sinceramente afligido.
Entraron a la habitación asignada para el encierro de Jouseph desde su detención. Sólo llevaba una camiseta blanca y unos pantalones de pijama blancos que le llegaban hasta medio muslo, su rubio cabello hasta la mitad de la espalda estaba amarrado en una descuidada coleta y sus pies descalzos. Estaba sentado en una silla, esperando tranquilamente su castigo.
Pero al ver que su hijo mayor estaba entre los donceles seleccionados para ver su castigo, sus ojos se agrandaron de terror y su cuerpo se tensó mientras se levantaba de un salto.
- ¿Qué hace Joey aquí?
Preguntó alterado a su esposo. Quien contestó fue el anciano Motu.
- El joven Wheeler es uno de los donceles seleccionados para estar presente en los castigos y en la concepción.
- Y un cuerno - Estalló Jouseph. Desde su detención supo bien lo que pasaría con él y se lo había tomado con calma y cierta indiferencia, pero a su hijo no lo humillarían. - No van a humillar a mi hijo. No lo obligarán a ver esto. - Les dijo un desafiante Jouseph mientras abría sus brazos y Joey corría a refugiarse desesperado en ellos.
- Si no lo hago yo, obligarán a Noah y a Mokuba en mi lugar.
Le dijo Joey desesperado. Jouseph abrió sus hermosos ojos mieles escandalizado y miró a Gozaburo.
- Cómo puedes permitir esto. Yo quebré las normas, no mis hijos.
Le echó en cara.
- Joey también lo hizo, él sabía que tomabas hierbas para evitar el embarazo.
Dijo Gozaburo bajando la mirada, no soportando ver el reproche en los amados ojos mieles de su esposo. Jouseph, por su parte, bajó sus ojos impresionados hacia su hijo.
- Te vi varias veces y sabía lo que eran esas hierbas, pero callé - Le explicó a su padre - Y no me arrepiento de haberlo hecho - Dijo más alto de forma orgullosa a los ancianos.
Jouseph cerró los ojos apesadumbrado, su hijo estaba tan perdido como él. Por un lado se sentía apesadumbrado de que a su retoño lo obligaran a ver eso, pero no había nada que hacer, el desafío de Joey sólo enervaba más a los ancianos. Y por otro lado estaba orgulloso del apoyo y la valentía de su niño.
- Procedamos con el castigo.
Dijo Salomón Motu con firmeza.
- ¡No!
Exclamó Joey aferrándose a su padre. Inan Ishtar hizo una señal abriendo la puerta y dos hombres vestidos de negro entraron, y acercándose a los dos rubios los separaron.
Jouseph se debatía indignado por la forma en que estaba siendo tratado su hijo, y Joey también en un inútil intento por proteger a su pa'.
- Suelten a mi esposo y a mi hijo en este instante.
Ordenó la fría y dura voz de Gozaburo. La impresión hizo a los dos gigantes obedecer.
- Jamás, jamás en su vida se atrevan a tocar a un Kaiba o lo lamentarán - Le dijo el hombre a los dos guardianes - Y eso también se aplica a Joey, porque también es un Kaiba - Dijo mirando al joven que había vuelto a refugiarse dentro de los esbeltos y gráciles brazos del que era su pa'.
Gozaburo miró a Jouseph, este sonrió tristemente y desvió la mirada de los ojos azules de su marido a los dorados de su hijo. Tomó su hermoso rostro con las manos y mirándolo a los ojos le sonrió besándole la frente.
- No lo hagas más difícil, por favor. - Le rogó al oído cuando lo abrazó - Ellos saben que el saber que tú estás aquí a mí me hace sufrir, y el saber lo que me harán a mí, a ti te hace sufrir, no les demos el gusto de ver nuestro dolor. Sé fuerte - Le rogó a su hijo al oído.
Joey levantó su cabeza y miró a los ojos de su padre. Se sonrieron ambos orgullosos del otro. Se soltaron, Joey retrocedió un paso, Jouseph se volteó hacia Gozaburo.
Joey caminó hasta donde estaban sus dos compañeros donceles, los cuales lo refugiaron entre sus brazos, mientras Jouseph con su tranquilidad recuperada caminaba hacia Gozaburo. Lo miró a los ojos, no bajó la cabeza.
- Puede empezar el castigo.
Le dijo tranquilamente, como si simplemente hablara del tiempo o de la hora.
Fueron a un enorme baño, la camisa de Jouseph fue retirada, sus manos amarradas a su espalda, él arrodillado en el suelo. Prendieron el agua helada que cayó sobre su cuerpo, el mayor sólo apretó sus puños amarrados y cerró sus ojos, soportando la helada agua como pequeños cuchillos que caía sobre su piel.
Los tres jóvenes donceles fueron obligados a salir, los tres ancianos también salieron y el último en salir fue un apesadumbrado Gozaburo, a quien se le veía a leguas las ganas de tomar a su esposo en brazos y sacarlo de ahí para meterlo entre sábanas de algodón donde ni una sola brisa pudiera tocar su preciosa piel.
Todos se ubicaron detrás de un enorme cristal que les permitía ver hacia dentro. Una rueda fue girada y dentro de aquel cuarto de castigo donde estaba encerrado Jouseph bajo el agua fría, se liberó un intenso vapor caliente.
Jouseph aguantó estoicamente la combinación del frío en su cuerpo del agua helada con el aire sumamente caliente y sofocante que lo rodeaba. Pero luego de unos diez minutos, sus ojos se volvieron pesados, así como los miembros de su cuerpo, los cuales ya no sentía. Entre el agua helada y el calor, respirar era un esfuerzo titánico, hasta que ya no pudo más y se desplomó en el suelo mojado inconsciente.
Detrás del cristal el grito de Joey fue desgarrador.
- Pa' - Gritó y si Antul y Marik no lo hubiesen sostenido, aquellos tres ancianos hubiesen salido de allí con una gran paliza encima.
Gozaburo había cerrado sus ojos al ver a su amado desplomarse. Tanto el agua como el vapor cesaron, pero el cuerpo seguía inconsciente. Los médicos entraron y lo revisaron, hicieron unas señas a los ancianos, todo estaba bien.
El doncel mayor fue secado y dejado aún inconsciente en su cama. Los ancianos se retiraron, ya el castigo había terminado por ese día.
Los donceles fueron llevados de vuelta al colegio, menos Joey a quien Gozaburo dijo que llevaría él mismo.
Joey observó a su padrastro desafiante cuando sus amigos se fueron, pero Gozaburo, a quien de verdad le dolía a lo que su amado estaba siendo sometido, lo tomó del hombro y lo llevó al cuarto donde permanecía encerrado Jouseph, donde se suponía no tuviera visitas en esa semana.
- Rápido, si alguien te descubre los castigarán.
Fue todo lo que él dijo, abriendo la puerta después de mirar a todos lados y asegurarse de que no había nadie. Joey lo miró agradecido y se apresuró a entrar. Se volteó hacia Gozaburo y lo miró.
- ¿No entrará?
- Si entramos los dos nos descubrirán, además Jouseph debe estar furioso conmigo y tiene todo el derecho a estarlo. - Dijo dándose la vuelta - En media hora te busco - Con eso se marchó.
Joey cerró la puerta, y quitándose los zapatos se metió a la cama con su padre. Unos diez minutos después, Jouseph despertaba y sobre su pecho encontraba la rubia cabecita de su hijo mayor.
- Gozaburo quebró las normas y te dejó entrar ¿verdad?
Joey levantó la cabeza al oír a su padre despertar, y asintió a esa pregunta.
- Fue horrible pa' ¿Por qué nos hacen esto? Si somos su única esperanza ¿por qué no nos tratan mejor en vez de tratarnos como animales?
Jouseph acarició los cabellos de su hijo.
- No lo sé, ángel mío, no lo sé.
Permanecieron abrazados, en silencio, reconfortándose el uno al otro, pero cuando se está cómodo el tiempo pasa rápido, la media hora pasó y la puerta se abrió, no era Gozaburo, era Seto Kaiba.
Seto se acercó a su padrastro y arrodillándose junto a la cama le pidió la bendición. Jouseph se la dio con una sonrisa y le besó la frente.
- ¿Vienes a llevarte a Joey, verdad?
Seto asintió.
- Padre me pidió que lo llevara al colegio nuevamente.
Dijo Seto tranquilamente.
- Yo no iré a ningún lado con este.
Saltó Joey fulminando con la mirada a su hermanastro.
- A mí tampoco me hace feliz llevarte, perro, pero no me queda de otra, es un favor a mi padre y a Jouseph.
Dijo Seto fulminándolo con la mirada de vuelta. Jouseph sonrió resignado a la forma de tratarse de los dos.
- Mi dragón blanco oji-azul - Dijo acariciando la mejilla de Seto - Y mi dragón negro de ojos rojos - Dijo acariciando la de Joey.
Los dos adolescentes sonrieron a Jouseph. Ninguno de los dos sabía qué significaba eso, pero desde niño Jouseph los llamaba así.
- Anda y ve con Seto, Joey, si nos descubren nos meteremos en más problemas, y tú, Seto, lleva a mi niño sano y salvo a la escuela.
Seto tomó la mano del mayor entre las suyas.
- Por ti, Jouseph, lo llevaría a salvo hasta a la luna.
Al otro día nuevamente estaban ahí Antul, Marik, Joey, los tres ancianos y Gozaburo. Esta vez el castigo fue un poco diferente, en vez del vapor caliente bajo el agua fría, Jouseph fue sometido a diez duros azotes con un cinturón de cuero en su espalda. No quedaron moratones, pero sí marcas rojas en su preciosa espalda. Y sus ojos rojos por el silencioso llanto eran la prueba de cuánto debió de dolerle.
Mientras, el llanto de Joey entre los brazos de Antul y Marik también indicaba cuánto le dolía a él.
Y así pasó la semana entre esos horribles castigos, y el momento de que su padre concibiera su nuevo hijo llegó.
Una corta túnica blanca con los bordes dorados adornaba su elegante y preciosa figura, su cabello había sido desenredado y peinado suelto a sus espaldas.
Jouseph por primera vez lució destrozado ante el hecho de que su hijo tuviera que ver eso.
Y a pesar de que Gozaburo fue suave y gentil, entendiendo que su esposo no quería alargar el sufrimiento más de lo necesario fue rápido.
Cuando Gozaburo lo fue a acariciar para que Jouseph también disfrutara, el rubio lo abrazó y le susurró al oído sin que los ancianos lo vieran.
- Por favor, no. No quiero que Joey sufra más, hazlo rápido, luego haremos el amor como se debe, pero te lo ruego, sé rápido, no te preocupes por mi placer.
Gozaburo lo miró a los ojos y asintió, con sus dedos preparó aquel pequeñito y apretado boquetito entre los testículos y el ano, y penetró a Jouseph con todo el cuidado del que fue capaz. Y a pesar de que fue corto y rápido, Joey se desmayó por la angustia en los brazos de Antul, y los dos donceles apenas más jóvenes que Joey lloraban en silencio, mientras que Jouseph al notar el desvanecimiento de su hijo también lloraba.
Gozaburo lo abrazó como para infundirle sus fuerzas. Jouseph se aferró a él como si se le fuera la vida en eso, y todo llegó a su fin, el castigo acabó y cuando un médico atendió a Joey llevándolo a su recámara por órdenes de Gozaburo y este tomó en sus brazos a Jouseph sacándolo de esa habitación y llevándola a la de ambos, Jouseph estuvo seguro de que en su vientre crecía ya otra vida, y se sintió rabioso y furioso porque él no quería que fuera así.
Y lloró, lloró con toda su alma, y gritó hasta que quedó afónico, y lo único que hizo Gozaburo mientras tanto fue abrazarlo. Mientras, fuera de aquella habitación, un castaño oji-azul (Seto) lamentaba la situación de Jouseph, y se prometía que su esposo jamás iba a tener que pasar por lo mismo, porque él lo tendría dominado y vigilado de tal manera que nunca iba a tener esa oportunidad.
Continuara...
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