CAPÍTULO 3

·


Estacionaron el auto en el parking del hospital.

Ayer por la noche un médico les había informado de la situación de la chica. Dijo que estaba bien, que el choque había sido leve y que solo tenía algunas heridas superficiales, nada de lo que preocuparse. Pero a Grandine le preocupaba.

Había algo en esa chica que la hacía preocupar. Había algo en esa chica que le llamaba la atención pero no sabía el qué.

- ¿Sucede algo? –oyó la voz de su marido detrás de ella.- ¿Está todo bien?

- No. Sí. –no lo sabía.- Quiero decir… no. Todo está bien es solo que… no sé qué me pasa. Tengo la sensación de haber visto a esta chica en alguna parte pero no logro recordar donde. –Decía sacudiendo la cabeza con el ceño fruncido, intentando recordar alguna cosa.-

- No te preocupes tanto, mujer. –Intentaba tranquilizarla Igneel.- No creo que la conocieras. Lo estarás imaginando.

- Supongo que tienes razón.

- Los médicos dijeron que no llevaba nada encima. Ni dinero, ni documentación, ni nada… No saben quién es.

Ambos miraron a la rubia. Sus ojos estaban perfectamente cerrados y su pecho subía y bajaba rítmicamente. ¿Qué hacía una chica como ella sola, en plena noche y sin nada encima?

- ¿Qué harán? –Preguntó mirando al peli rosa- Si no saben quién es tendrán que identificarla, ¿verdad?

- Están en ello. –Contestó simplemente mirando por la ventana.-

Grandine miró a su marido. Desde que llevaron a esa chica al hospital que estaba actuando extraño. Siquiera le había mirado y ayer por la noche lo único que quería era marcharse del hospital y regresar a casa.

- ¿Hay algo que quieras decirme Igneel? –preguntó lo más calmada posible.-

- Señores –saludó uno de los médicos entrando a la habitación- Les tengo que pedir que salgan un momento. Necesitamos revisar a esa chica. Les avisaremos cuando hayamos terminado.

- De acuerdo. –contestó Igneel.-

No sabía cómo explicarle eso a su esposa. Sabía que esa sensación que tenía Grandine, esa sensación de haber visto a esa chica en algún otro sitio, no era producto de su imaginación. Él también sentía lo mismo pero creía saber por qué sentía eso.

Salieron a fuera tal y como les pidieron. Grandine seguía parada esperando una respuesta pero no sabía qué contestar.

- ¿Vas a responderme?


·

·

·


Abrí un poco los ojos y los volví a cerrar. ¿Dónde estaba?

Fruncí el ceño. Todo mi cuerpo dolía como si me acabaran de dar una paliza y ese olor… ¿estaba en un hospital? ¿Qué me había pasado y como había llegado allí?

- Buenos días –me saludó sonriendo un hombre de mediana edad vestido con una bata blanca, supongo que era el médico encargado de cuidarme-

Miré a mí alrededor, todo era asquerosamente blanco, nunca me gustaron los hospitales. Siempre que iba a un hospital perdía a alguien querido pero ese no era el caso esta vez. Ahora la que estaba ingresada era yo y estaba perfectamente "bien"… o consciente por lo menos...

- ¿Por qué estoy aquí? –le pregunté al médico-

- Fuiste atropellada ayer por la noche. –contestó simplemente mientras seguía revisando mis heridas.- No te preocupes, estás bien.

Por supuesto que estoy bien, pensé irónicamente. No sé a lo que se refiere cuando dice que estoy bien. Me siento como si un camión me hubiese pasado por encima, que irónico ¿verdad?... Mi cabeza parece estar a punto de explotar y no hay un solo músculo en mí cuerpo que no me duela. Realmente no comprendo a que se refiere cuando dice que estoy bien... No estoy para nada bien…

- Avisaré a los señores Dragneel para que entren. –dijo al acabar de examinarme-

- ¿Perdón? –arqueé las cejas, confundida- ¿a quién dijiste que ibas a avisar?

- Los señores Dragneel –repitió- Ellos fueron los que trajeron al hospital. Están a fuera esperando, iré a llamarles para que vengan a verte.

Vi como desaparecía por la puerta dejándome sola. Suspiré… supongo que lo único positivo que puedo sacar de esta situación es el hecho de haber podido pasar la noche bajo un techo y en una cama… aunque el precio fuese todo este dolor.

Oí voces a fuera de la habitación. Reconocía la voz del hombre que había estado revisándome las heridas hacía tan solo unos minutos pero no tenía ni idea de con quién podría estar hablando. ¿Estaría hablando con los señores Dragneel? ¿Eran los Dragneel los que me habían atropellado ayer por la noche?

- Buenos días perezosa –me saludó una mujer de mediana edad entrando por la puerta seguida de un hombre robusto con unos curiosos cabellos rosados.- ¿Qué tal estás?

- ¿Son ustedes los señores Dragneel? –pregunté. Me gustaba saber con quién hablaba.-

- Esos somos nosotros –habló esta vez el hombre.- Me llamo Igneel y esta –dijo mirando a la mujer- es mi esposa, Grandine.

Ambos miraron a la chica que tenían delante detenidamente. Mientras estaban a fuera esperando a que el médico terminase su inspección habían tenido tiempo de hablar y ambos habían llegado a la misma conclusión: fuese por la razón que fuese ambos tenían la sensación de conocer a esta chica y ambos creían saber la razón.

Flashback:

El medico les había pedido que salieran de la habitación para poder examinar a la rubia y así lo hicieron. Fueron hasta la sala de espera en silencio, cada uno pensando en sus cosas.

- Igneel –le llamó su esposa- Hablaba enserio cuando te dije que tenía la sensación de conocer a esta chica.

- Lo sé –dijo sentándose en una de las pocas sillas vacías que había en la sala- ¿Te fijaste en sus facciones?

- ¿Sus facciones? –pregunto sin entender- ¿Qué pasa con sus facciones?

- Piénsalo. Recuerdo esas facciones, las recuerdo pero… -no podía ser.- pero es imposible.

Sabía que Grandine le había entendido y no esperaba ninguna respuesta por su parte.

- ¿Crees que esa chica sea…?

- Sí –susurró cerrando los ojos- Por supuesto que lo es…

Fin Flashback

Ambos sabían la razón porque se sentían de esa forma cuando miraban a la rubia. Lo sabían pero no sabían cómo actuar al respecto. ¿Qué deberían hacer?

No podían quedarse con los brazos cruzados, eso lo sabían. Habían tenido tiempo suficiente para discutir qué hacer con ella pero aun así dudaban de que su decisión fuese la correcta. Tenían que haber más opciones pero esta parecía ser la mejor en estos momentos. Habían visto la ropa que vestía… ese vestidito que llevaba era una de las típicas prendas que visten las mujeres que trabajan en clubes de mala muerte. No podían permitir que saliera del hospital y regresara allí de nuevo.

- ¿Ustedes fueron los que me llevaron aquí? –pregunto la chica indecisa- ¿Ustedes fueron los que me atropellaron?

Ambos se miraron.

- Estos también somos nosotros. –habló Igneel rascándose la nuca- De verdad sentimos haberte hecho pasar por todo esto… Cuando te vimos ya era demasiado tarde…

- Ya veo… -era raro hablar con las personas que le habían atropellado. No sabía cómo actuar…-

- ¿Cuál es tu nombre? –esta vez fue el turno de Grandine de preguntar-

- Esto… Lucy. Me llamo Lucy.

Los dos adultos se miraron. Ahora que sabían su nombre ya no había ninguna duda. Esa chica era exactamente quien creían que era, pero… ¿Cómo había terminado sola en plena noche y vestida de esa forma? ¿Cómo podía ser eso posible si para empezar no debería estar ni siquiera en esta ciudad?

- Y bien Lucy… -rompió el silencio Igneel- ¿Dónde vives? ¿Dónde están tus padres?

- No tengo padres –contestó secamente.-

- Ya veo… lo siento –su brusca contestación le había sorprendido. Realmente había algo mal en esta chica.- Y… ¿Dónde vives?

- ¿Por qué están haciendo todas estas preguntas? –intentó evadirles. No quería contarles nada a dos personas que ni siquiera conocía.- ¿Quiénes son? ¿Qué quieren de mí?

Ambos se volvieron a mirar de nuevo. Habían discutido eso antes y llegaron a la conclusión de que era lo mejor que podían hacer. Ahora todo dependía de lo que Lucy creyese correcto o erróneo.

- Mira Lucy –habló Igneel- Quiero proponerte una cosa y me gustaría que me escucharás atentamente.

Miró a su esposa antes de seguir hablando. Suspiró y siguió hablando.

- Sabemos dónde trabajas –en verdad no lo sabían pero se lo podían imaginar.- y creemos que eres muy joven para desperdiciar tu vida trabajando en un sitio como ese. –dijo- Lo que queremos proponerte es un trato. –paró un momento antes de seguir hablando- Queremos que te vengas a vivir con nosotros.

- ¿Qué?

- Si aceptaras vivir con nosotros te daríamos todo lo que necesitaras, te pagaríamos unos estudios y te daríamos un techo bajo el que vivir. –continuaba hablando – Sabemos que puede parecer algo raro y precipitado pero piénsalo… Es una buena oportunidad para ti…

- Pero… -se había quedado sin palabras- ¿Cómo pueden preguntarme eso? ¿Cómo sé que pudo confiar en ustedes? ¡No les conozco de nada!

Ya sabían que iba a decir algo como eso.

- Nosotros te daremos un techo bajo el que vivir y te trataremos como si fueras parte de la familia. Si aceptas podrás marcharte cuando quieras, nadie te va a detener.

- ¿Por qué harían algo así por una chica que apenas conocen? –les pregunté. Debían tener una razón para proponerme tal trato.- ¿Suelen ofrecer lo mismo a todas las chicas que atropellan?

No solía dudar al tomar decisiones pero estos últimos días las cosas parecían haber cambiado. Mi cabeza dolía horrores por el accidente y en estos momentos tomar una decisión como esa se me hacía imposible pero tenía que responder.

Intenté pensar en la respuesta más razonable. ¿Qué podía perder aceptando el trato que me proponían? ¿Acaso podía perder más de lo que ya había perdido? Eso era imposible, ¿cómo iba a perder algo si ya no tenía nada más por perder? No tenía ni familia, ni amigos, ni un hogar. No tenía nada que perder pero aun así no debía precipitarme y tomar decisiones de las que luego me podría arrepentir. Debía pensar bien y darles la respuesta correcta.

- Querida –empezó a hablar Grandine.- No queremos que te sientas presionada ni mucho menos obligada a aceptar pero debes entender que si lo haces, si aceptas, las cosas cambiaran. Tu vida cambiara, cambiará para bien.

- ¿Pero por qué razón lo hacen? ¿Por qué se molestan tanto por una chica cualquiera?

- Lucy –la fuerte voz de Igneel llenó la habitación- Teníamos pensado celebrar una cena hoy por la noche para celebrar el éxito de nuestras empresas en el extranjero. ¿Por qué no vienes? –increíble, pensé.- Tendrás tiempo suficiente para pensar en una respuesta y de esta manera podrás ver tu nuevo hogar y conocernos mejor.

Increíble, simplemente increíble. No me lo podía creer, ¿realmente me estaba pasando esto a mí? Tenía que pensar rápido en una respuesta, debía encontrar la respuesta correcta a su propuesta antes de decidir nada pero mi cabeza no está en condiciones para tanto esfuerzo.

- Me parece una grandiosa idea –apoyo Grandine-

Si, una grandiosa idea –pensé irónicamente-. Siendo realista, no perdía nada intentándolo. No podía perder nada, no tengo nada que perder al fin y al cabo… Podía simplemente ir, quizás una vez estuviera allí encontraría una respuesta a todas mis dudas.

- De acuerdo –susurré.- Iré a esa cena –les miré- pero eso no quiere decir que acepte.


·

·

·


¿Qué les pareció?

¿Ustedes que creen que hará Lucy? Puede que con ese trato la mala suerte de Lucy acabe… o puede que no…

Espero que les haya gustado^^ Nos vemos pronto!

Saludos!