Tengo debilidad por los malvados antagonistas y Naraku es un personaje que me excita como pocos. Quiero saber más de él y voy a tratar de desvelar sus secretos. Todo acto tiene una causa y una consecuencia, si nos molestáramos en conocerlas, quizá cambiaría nuestro punto de vista. Naraku es cruel y depravado, pero ¿por qué? ¿Qué pretende lograr? Y no, no me digan que "dominar el mundo"... odio ese argumento. Por cierto este es el único capítulo que habrá de Onigumo, que como veréis más adelante, se aleja bastante en cuanto a motivaciones de Naraku.
Rated M
Última luna del Año 1449. Sengoku Jidai / Muromachi.
En una cueva de la región de Takeda.
ONIGUMO
Quema. Mi piel me abrasa. El dolor es como una maldita mujer regañona. Insoportable y constante. Mi rabia lo adereza con amargor y deseo de venganza. Quiero que sufran, todos ellos. Mis malditos compañeros traidores, los idiotas campesinos muertos de hambre de mi villa, las zorras de risa falsa de la capital, los honorables samuráis que se creen superiores. Los nobles vagos e inútiles y los siervos arrastrados y cobardes. Los viejos decrépitos y los niños de pecho. Las putas y las princesas. A todos los rociaba con aceite y les prendía fuego, para dormirme arropado por sus gritos... Pero no puedo dormir, el dolor y el odio no me dejan. No tengo derecho a morir tampoco. Por su culpa, por ella..., esa maldita mujer. Enma Sama por favor, haz que hoy no venga. Llévame a tu reino de hielo y silencio, aléjame de ella. Esa que cada vez que aparece convierte el fuego en lava. La que hace que me hierva la sangre además de la piel.
Pero los Kamis no escuchan a los monstruos y yo soy un monstruo en todos los sentidos. La silueta de la miko se perfila con la luz del exterior de la cueva. Viene a continuar con mi tortura. La observo acercarse empalmándome al instante. Mi mente deja de odiar y empieza a desear. Deseo levantarme y acariciar su piel de porcelana, clavar en ella las uñas dejando rojos surcos de sangre escurriéndose. Sentir como tanto los lisos como los rizados cabellos negros como la tinta se empapan de sudor, excitación y miedo. Atarla de pies y manos para lamer ese sudor mientras la acaricio, la corto, la beso, muerdo y golpeo. Clavarle mi dura polla una y otra vez hasta hacer sangrar todos sus orificios...
Pero no me puedo mover. No puedo pestañear si quiera, creo que mis parpados y pestañas se quemaron, con el resto de mi piel.
Ella me alimenta, me cambia las vendas, me limpia, me consuela, alarga mi sufrimiento. Ella es mucho más sádica que yo. Calor, deseo, dolor. Voy perdiendo la cordura. Empiezo a oír voces en mi cabeza. Muchas voces, voces como la mía, llenas de odio condensado, voces que me ofrecen una salida. Ella se va y me deja solo. Siempre que se va, el dolor aumenta y el deseo se transforma en vació y añoranza. Pero esta vez no me importa. Ya sé lo que debo hacer. Pronto será mía.
