Suiza se acerca a ellos y Francia le levanta los brazos para que le cargue... Él helvético vacila un instante y no lo hace, ignorándole un poco, mirando a Austria.

—¿Y ahora qué? ¿A qué hora vienen France y tú madre?

—No lo sé, les he llamado hace un momento.

—¡Vamos a la cama! —pide Francia abrazando a Suiza de las piernas.

—Ehh... ¿No prefieres... Jugar afuera en la nieve? —Suiza le mira de reojo sin moverse.

—Noooon! Quiero verles darse besos porque... Es bueno para ustedes.

—¡No vas a vernos darnos besos!

—¿Pero por qué? ¿No te gustan los besos de Hegg?

—König, detente.

—Poooor? Dijiste que le convencieraaaa —Francia se gira a mirar a Austria.

—No vas a lograrlo así.

—¿Por qué?

—Por su forma de ser, si le hablas así le pones nervioso.

—¿Podrían no hablar de mí como si no estuviera? —protesta Suiza.

—¿Y cómo tengo que hablarle? —ahí viene Francia de regreso con Austria levantando los brazos para que le cargue.

—Es un hombre muy difícil —no hace ningún ademán de ir por él ni tiene ninguna intención de sostenerle.

—¡No soy un hombre muy difícil! —protesta Suiza alzando el a Francia del suelo y tomándole por sorpresa.

—Sí que lo eres —sonríe Austria. Francia pega un gritito igual.

—¡Claro que no! Solo no... No vamos a... Besuquearnos enfrente de él.

—Lo dices como si de otro modo si me... besuquearas.

—Sí que te... Yo...

—¡Si le besas! ¡Es tu marido!

Austria sonríe más con los gritos de los dos.

—¡No te rías!

—¡Y además seguro le gustan tus besos! —sigue Francia a lo suyo.

—Sí que le gustan.

—Neeeein! No me gustan!

—Angleterre grita así...

—¿Ja? ¿Qué hace?

—Dice que no le gustan mis besos.

—¿Y qué haces tú? —se sienta en su butaca.

—Le doy besos igual cada vez que puedo.

—Que peligroso es eso.

—¿Por? —Suiza vacila y se sienta en su lugar con el niño en brazos.

—Podría reaccionar mal.

—A veces me empuja y me caigo al barro —les cuenta sonrojándose un poco.

—¿Ves? justo a eso me refiero.

—Pero si le hiciera caso nunca le daría ni un besito.

—¿Por?

—Porque siempre dice que no le gustan pero se pone rooooojo como manzana.

—¿Y no crees que podría darte alguno igual entonces?

—¿Darme él uno a mí? ¿O Suaiss?

—England a tí.

—¿Acaso estas dándole consejos a... France? —pregunta Suiza algo impresionado.

—No sé. Papa dice que hay que ser pacientes, que poco a poco.

—Nein, no son consejos, son preguntas.

—¿Tú cómo le das besos? —pregunta Francia a Austria mirando a Suiza.

—No se los doy.

—¿P-Pooooor? ¿Nunca? —Francia le mira y parpadea incrédulo con eso. Suiza se revuelve y abre la boca para decir algo, la cierra, la abre otra vez. Austria mira a Suiza dejándole hablar.

—¡Sí que me das besos! —protesta Suiza tapándole las orejas al niño.

—Pensaba que no querías que él lo supiera.

—¡Pero tampoco es para que le digas que... Casi que no me conoces!

—¿Qué están diciendooooo? —Francia intenta destaparse las orejas.

—No le he dicho que no te conozco.

—¡Eres mi esposo! Como no vas a darme... Alguna vez...

—¿Aja?

—¡P-Pues algún beso! —susurra.

—Porque me los das tú.

—¡No te doy nada!

—Eres mi esposo, ¿cómo no vas a darme alguna vez? —le imita.

—¡Alguna vez!

Austria se ríe.

—Pero tú has dicho que no lo hacías —termina por soltar a Francia porque se mueve mucho.

—Ja

—¡Que dijeroooooon! No estamos haciendo lo que yo dijeeeee —protesta Francia.

—Tranquilo, König Frankreich.

—Es que no me dicen nadaaa.

—Es que este es un juego de paciencia.

—¿Y qué hay que hacer?

—Esperar y observar.

—¿Y qué va a pasar?

—Eventualmente, conseguirás lo que quieres.

—Lo dices como si yo fuera un... ¡Perro entrenable!

—¿Y quién no? —Austria le mira con cara de circunstancias.

—¿Quién no es un perro entrenable? ¡Tú! ¡No puedo conseguir que hagas nada de lo que quiero!

—Esa no es mi culpa, eres tú que eres un mal entrenador.

—¡Yo no soy un mal entrenador, mis perros siempre hacen lo que quiero! ¡Incluyendo rescatar gente en las montañas! Tú eres inentrenable.

—Yo también soy inentre... eso. Con la espada —interviene Francia.

—Ah, ¿ja?

—Oui, papá siempre me regaña —se ríe un poco.

—¿Y qué haces?

—Hago como que entreno, pero en general hablo con Espagne.

—Así no vas a lograr mucho.

—¿Cómo?

—Solo hablando con Spanien.

—Claro que sí, vamos a conquistar al mundo entero... —cejas cejas guiño bastante bien hecho para tener esta edad.

Le mira por encima de las gafas sin ni sonreír, aunque la incomodidad bien entrenada va por dentro. Francia parpadea descolocado porque eso nunca ocurre. NUNCA.

—Q-Quoi?

—No hagas eso.

—¿P-Por qué? —pregunta desconsolado

—Es de mala educación

—¿Hacer... Ojos?

—Ja.

—Papa lo hace siempre.

—Tampoco es que él sea muy educado.

—¿Por qué? —Frunce un poco el ceño. Suiza hace los ojos en blanco a Austria, que mira a Suiza con eso. Este le mira pensando "como si tú no hubieras caído con España!"

—Was?

—Lo dices como si tú...

—Yo, was?

—No hubieras caído con los ojos de... Alguien.

—¿En los tuyos? Son lindos... Verdes —Francia se gira a mirar a Suiza.

—¿Y qué tiene que ver? ¿Te sabe mal ser tú el único? —se refiere a que ha caído con Francia.

—W-Was?! —chilla Suiza.

—¿Eso vas a decir en tu defensa?

—¡En mi defensa! Österreich! ¡Está él aquí!

—¿Eso es lo que te incomoda? ¿Un niño?

—N-Nein... Es... ¡Es que no fue lo mismo para NADA!

—Nein?

—Tu caíste primero y si no hubieras hecho eso... ¡Eso otro no hubiera pasado!

—Ah, nein? ¿Cómo va eso?

—¡Pues si tú no hubieras sido un idiota hubiéramos estado juntos antes!

—Te recuerdo que fuiste tú el que se fue.

—¡Me fui porque tú tenías esos aires de superioridad!

—Tú decidiste. No me eches a mí la culpa.

—¡No se peleen, se deberían de dar besos, no enojarse! —pide Francia haciendo aspavientos con las manos. Austria suspira con eso y Suiza mira a Austria de reojo aún con el ceño fruncidillo, sonrojado.

—Me fui porque creí que no tenía otra opción. Creí que vendrías por mí y nunca lo hiciste... Y aún en estos tiempos me recuerdas cada vez que puedes que era yo quien te necesitaba a ti de manera bastante patética —apunta.

—Desde luego que la tenías. Y como iba a ir si tú te fuiste específicamente huyendo de MI.

—Solo quería darte una lección y que vieras que tenías que tratarme mejor si querías que te ayudara. Seiscientos años después, dos bodas más tarde me quedó claro que... No funciona así.

—Al final... lo de siempre, no sabes entrenarme.

—Por desgracia —admite encogiéndose de hombros—. Aunque tampoco ha salido todo tan mal.

—Al final no.

Suiza sonríe un poquito hacia Austria sonrojándose levemente y chibiFrancia aplaude emocionado.

—¡Besoooooo!

—Shhhh —Austria pide silencio, sonriendo porque eso no ayuda. Francia se tapa la boca y se escurre de las piernas de Suiza, que aún estaba ahí, hacia el sillón.

Suiza aprieta los ojos sonrojándose más aún, aunque vacila un poquitín porque además... como siempre, Austria está en la butaca y a él eso le parece que es como si estuviera al otro lado de un estadio.

Del universo, dice Austria.

¡Exactamente!

Aun así no se acerca.

Maldito. Suiza se revuelve un poco y se echa al frente recargando los codos en sus rodillas.

Austria le mira y luego a Francia. Suiza mira a Francia de reojo también quien sigue viéndole con esos ojos de absoluta esperanza en ver un beso... y en alguna medida le parece que, bueno, Austria es de verdad su marido, ¿por qué no darle uno? Pero... joder, ¿¡es que tenía siempre que estar tan lejos?!

Austria se levanta de repente. Tanto que sobresalta a Suiza haciendo que de un saltito sin esperárselo.

Se acerca a él, que levanta las cejas del todo, inmóvil… Y pasa de largo.

El nudo en la panza de anticipación igual que la cara de beso que pone se le queda ahí.

—Was? ¿A dónde vas? —protesta Suiza levantándose.

Austria se acerca al equipo de música, buscando sintonizar la radio porque no tiene muchos discos ahí que le gusten y no sabe dónde está el Ipod de Suiza.

—Oh... —suelta Francia decepcionado—. Pensé que te daría un besito.

Suiza aprieta los ojos porque él también lo pensó y se acerca al austriaco decidido.

Y por suerte, cuando la enciende, empieza sonar algo... actual, alguna canción de amor con una voz bonita conseguida a base de sintetizador, una guitarra, percusión y un ritmo aburrido hasta decir basta. Se gira al helvético.

Casi suena como rechinan las llantas del freno que da Suiza al ver que se gira hacia él, demasiado cerca como para inventarse que iba a la cocina o algo así. Austria levanta las cejas y sonríe un poco. Francia se hinca en el sillón mirándoles SUPER atento.

—Ehm... hmmm —se sonroja tres veces más sin saber ni dónde poner las manos.

El moreno le tiende la mano en un gesto pomposo, pero claro de... que baile con él. Francia da saltitos en su lugar porque le parece que eso es... geniaaaal! Suiza traga saliva pero sin pensarlo demasiado extiende una temblorosa mano y toma la del austriaco que sonríe de nuevo y tira un poco de él hacia una zona despejada de la sala, antes de tomarle de la cintura.

Suiza se sonroja un MONTÓN, pero se deja acariciándole un poco el pecho antes de ponerle la mano en el hombro. Francia les mira con los ojos en forma de corazón.

—H-Hay un niño presente, eh? —solo van a bailar, Suiza, no sé qué te estás imaginando.

—¿Te parece demasiado un baile? —pregunta empezando a mover un poco las caderas al ritmo contando. Suiza se le acerca un poco más, notando el movimiento de cadera y poniéndose aún más rojo como tomate.

—N-Nein. De hecho, me parece bastante apropiado —susurra concentrándose un poco para poder seguir el paso que vaya a hacer, tieso pero preciso.

Pero aunque el movimiento no es tan fluido, no es exactamente... matemático, porque Austria está improvisando un poco con el ritmo. Suiza termina por tener que recargársele un poco encima y tocarle muslo con muslo para poderle seguir correctamente.

Francia opina que tienen mucha ropa, pero en general Francia siempre opina eso.

Austria se pone aún más nervioso con eso, así que acaba siendo un poco dramático y cuando Suiza NO PUEDE MÁS y estira el cuello para buscarle un beso... suena el timbre.

Austria ya había oído la puerta antes así que en un no planteado golpe de suerte decide besarle y no dejarle ir hasta que tenga todos los morros rojos como tomates.

Eso no vale! En realidad... Suiza dice que sí que vale, dejándose llevar porque cuando se lleva besos gratis no se protesta.

No es gratis, solo que aún no lo sabes. Francia sonríe de oreja a oreja muy emocionado pensando que cuando sea grande quiere ser como Austria. A nadie le sorprende, Francia. De hecho su yo adulto tampoco se sorprende, dice que será parecido, pero mejor.

Desde luego cuando se separan Suiza no podría estar más sonrojado, casi como si se hubieran acostado hace solo un segundo.