Mmm... Okay, tal vez esto termine dando para más de cinco capítulos, porque no he llegado ni a la mitad de lo que quiero.

Anyway...


XI

A los ocho años, Tim desarrolló una obsesión extraña por los protectores de Gotham. De repente Lex encontró cientos de recortes de periódicos sobre el suelo y las paredes del cuarto de su primogénito, todos mostrando las escasas y borrosas imágenes que el Gotham Gazette había logrado tomar del vigilante a lo largo de los últimos años. No se sorprendió al recibir una suscripción a dicho periódico junto al correo varias semanas después.

Aunque al principio deseó ignorarlo y dejar a su hijo en paz, idolatrando parte del equipo del enemigo, las cosas se salieron de control cuando Conner apareció en su estudio pasada la hora de dormir y se sentó en silencio sobre el sofá de cuero negro, observándolo con ojos grandes que parecían querer llorar.

Lex suspiró. Cerró la laptop y abandonó el escritorio para acercarse al clon.

―Conner, ¿Hay una razón para que estés fuera de la cama a esta hora? ―el niño le rehuyó la mirada por un momento, Lex endureció su expresión―. Sabes que quiero que me mires cuando me hables.

Su hijo soltó un sonido parecido a un sollozo, pero fijó la vista en sus ojos. A Lex le pareció mucho más pequeño que antes, un bulto triste sobre el cuero del mueble.

―Tim ya no me quiere. ―dijo Conner. Sonando como si fuese el fin del mundo y una sentencia de muerte sobre su cabeza.

―Conn- Hijo. ¿Por qué podría Timothy dejar de quererte? ―lo siguiente que dijo Conner fue ahogado por un hipido, porque de repente el clon estaba llorando (y, por los siete infiernos, Lex nunca fue bueno con las lágrimas de sus hijos) ―. Bien, bien, cálmate. Conner, sabes que no puedo oír cuando no vocalizas.

―¡No quiere jugar conmigo! Ni siquiera me quiere cerca de su habitación, dice que está ocupado investigando y que no tiene tiempo para mis molestias.

Lex podía hacerse una idea de qué mantenía tan ocupado a su heredero (y sería tonto de no deducirlo, con la reciente línea de interés que su hijo llevaba), pero la visión de cuanto afectaba a su otro hijo y cuánto se había sumergido en sus nuevas obsesiones era un poco sorprendente.

Conner parecía un juguete triste y roto, dejado a un lado cuando antes fue una adquisición novedosa y apreciada.

Lex intentó ablandar su corazón (y le fue tan bien como podría irle a Lex Maldito Luthor), pero en secreto le aliviaba un poco que su hijo ―el real, de sangre, primogénito y heredero―tampoco estaba apegado al experimento. Por mucho que estuviera dispuesto a abrir su casa, el clon no era irremplazable, no era familia, y que Timothy lo supiera era gratificante.

Las apariencias por delante. Lex consoló a Conner tanto como pudo y se olvidó del tema por unos días, al menos hasta que Timothy fue quien se internó en su estudio a media mañana, con varias hojas en las manos y la cara arrugada en una mueca que gritaba determinación.

—Padre —y era la primera vez que Timothy usaba esa palabra para referirse a Lex directamente—, quiero pasar las vacaciones de este año en Gotham.

Dicho esto, su hijo se lanzó a una explicación larga de por qué no era una mala idea que abarcó desde lo bueno que sería para los negocios de la compañía hasta cuánto ayudaría a Tim en su investigación sobre los vigilantes de dicha ciudad —y cómo Conner podría socializar con el hijo de Bruce Wayne (aunque Lex estaba seguro que era por razones más allá del deseo que su hermano tuviera compañía; probablemente su hijo estaba más cerca de lo que habría imaginado). Lex tuvo que interrumpirlo. No pensaba entrar en el territorio del murciélago, aunque fuese por Timothy.

Eso le ganó una mirada de decepción que duró un mes —incluso después de que Tim decidiera tirar toda su investigación y pareciera haber abandonado por completo cualquier interés en los murciélagos de Gotham.

XII

Cuando fue muy difícil para él y la servidumbre mantener quietos a Conner y Tim, Lex empezó a considerar con seriedad enviarlos a un instituto real —y no mantenerlos estudiando en casa, como había hecho, sino para las clases avanzadas que ambos tomaban.

Fue una decisión tomada con cuidado. Porque Tim era brillante y Conner había empezado a demostrar sus poderes sin mucho control, y Lex no estaba dispuesto a apartar a sus hijos sin algún plan de contingencia. Pero lo hizo, después de calcular las variables y decidir que, con la excusa de la adopción e ignorancia de los padres de Conner, con facilidad podía convencer a Timothy de que su hermano era metahumano, si la situación lo requería.

Así que eligió una de las mejores opciones en Metrópolis, un edificio pequeño y privado, con menos de cien estudiantes y demasiada exigencia como para que cualquiera sin un bolsillo lleno aspirase a ganar una beca —lo mejor de lo mejor, una institución preparada (já, no) para manejar a los más jóvenes Luthor.

Pronto, la rutina de Lex cambió, la mansión se volvió más silenciosa, los niños estudiaban o llegaban a hacer tarea y fue un alivio para todos en la casa. Sin embargo, Lex se aseguró de mantener un ojo en ellos todo el tiempo —sobre todo en Conner, sus científicos aún necesitaban reportes para saber si era buena idea tenerlo explorando un ambiente más social (no que hubiese mucho problema, Conner era activo y había conseguido un espacio entre los otros niños con rapidez).

XIII

A los nueve años, Timothy Drake-Luthor descubrió, sin ayuda de su padre, la identidad secreta de Batman.

Lex estuvo sorprendido, pero fue gratificante, encendió una llama de orgullo dentro de él. Se permitió darle una sonrisa amplia a su hijo —que había aparecido junto a su cama a las tres de la mañana, con el pelo alborotado y ojos abiertos de par en par pese a las ojeras púrpuras bajo ellos, alegando que Bruce Wayne era el protector de Gotham— e incluso dejarlo recostarse con él mientras le instaba a explicarle cómo había llegado a esa conclusión.

El niño había hecho una verdadera investigación —no algo banal como Lex y Conner habían pensado al principio, no—, había usado el dinero de su mesada (una buena cantidad) en una laptop de la que Lex no tenía idea y aprendido con el sujeto que las vendía sobre programación básica y cómo realizar búsquedas a fondo en la internet (Lex estuvo sorprendido de que Tim hubiese faltado a la escuela y pasado mañanas enteras en la tienda de electrónicos sin que alguien lo notara), además, la historia de cómo Dick Grayson era el único gimnasta en Gotham con la capacidad de hacer el tipo de piruetas que demostraban los pocos videos de sus tiempos como Robin.

(Tim incluso consiguió información de la que él no estaba por completo enterado, como las alianzas y relaciones de Nightwing, el nuevo protegido de Bruce, Jason Todd y sus aventuras como Robin. Incluso hubo un momento en que Tim balbuceó, medio dormido sobre las almohadas, que a Batman le costaba trabajo controlar al nuevo chico y otras cosas personales sobre su relación con Richard, a quién veía como un hijo pero también debía dejar ir, porque no era sano para él quedarse)

Lex sabía reconocer el talento en cuanto lo veía —no habría llegado tan lejos en la vida si no—, así que en cuando tuvo tiempo la siguiente semana, se aseguró de tener cerrada la tienda de electrónicos a la que su hijo había acudido y de contratar un tutor adecuado para enseñar sobre sistemas a Timothy.

XIV

Conner no era un pequeño genio como Tim. Y a Lex le parecía extraño, dado que tenía su ADN —aunque tal vez era culpa de Supertonto y su parte en ello, pero el clon podía mantenerse con el ritmo que la escuela y las clases de extracurriculares exigían, así que no le daba muchas vueltas al pensamiento.

Sin embargo, podía ver las muecas exasperadas que le mandaba a su primogénito cada vez que este no tenía tiempo para jugar o sólo hablar con él por atender alguna de sus lecciones importantes. Sus hijos se estaban separando, luego de haber sido íntimos durante el último par de años.

Lex no podía ver cómo ello podría ser de su interés —en sus planes, Conner no necesitaba estar en contacto con Tim.


1397 palabras.

Hombre, me pregunto si esto está quedando cliché o algo. Jajajaja.

¡Gracias por leer! Los comentarios siempre se van a mi corazón, ya saben.