Advertencias: Esto es un Au a la mitad dado que se mantiene en el mismo universo que todos conocemos con algunas alteraciones.

Menciones a relaciones abusivas, desconsideradas y poco productivas.

Se tocaran temas como las adicciones y menciones de intentos de suicido.

Mención sobre el síndrome Estocolmo (El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro, violación o retención en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo, con quien la ha dañado física y/o psicológicamente.)

Entre otras cosas que quiero desarrollar como el suspenso.


Resumen: Y miró por la ventana justo cuando el arcoíris ha salido dejándolo confundido, extrañado puesto que desconoce todos esos colores, esa cosa que se presume en el cielo con tanta belleza y libertad. Es quizás por eso que no logra comprenderlo porque muestra tanta independencia que su naturaleza le es tan contraria a la suya, como fue educado desde que tiene memoria, porque los únicos matices que conoce son todos aquellos que te vuelven ciego, un asesino y manipulador; no le molesta porque según su "padre" el mundo se maneja de una forma tan sucia que solo puede creer en su persona.

Para cuando lo ha mirado curioso en el cielo le ha preguntado porque esos colores eran tan brillantes y vivos cosa que tan solo provoco que la ventana que le gritaba "vida" fuese cerrada para que no se tuviera que volver a preocupar de algo tan simple como eso.

Para que olvidara que era parte de un arcoíris roto.


Minutos y segundos

El reloj no dejaba de avanzar de esa manera tan apresurada que comenzaba a pisarle los talones que desesperadamente trataban de ser cubiertos por esas calcetas blancas que terminaron por ser ocultas en los tenis rojizos los cuales a brincos se los ha podido colocar provocando que apenas y los dos pies tengan su respectiva prenda, a pegado una carrera explosiva que finalizaría en la puerta, la línea de meta es esa delgada brecha que divide lo que es el exterior con el interior que puede retratar y describir con tal exactitud que pareciera que sabe incluso donde hay más de un error de manufactura en los muebles, cuánto tiempo llevan ahí y la fecha de fabricación de casi absolutamente todo.

Por eso, cuando ha logrado detenerse frente a la puerta le queda evaluarla como si fuera lo único en esa casa que tuviera un pasado desconocido, misterioso, que en vez de dar respuestas solo provocarían dudas. Algo le ha recorrido la espalda justo al tocarla, quizás adrenalina, posiblemente miedo u anhelo de poder observar lo que muy apenas pasa por la ventana. Sabe lo que sigue, todo lo que necesita es dar un empujón lo suficientemente fuerte cuando gire el picaporte para obligar a la madera crujir en significado que ha dejado de forcejear para permanecer cerrada; un chirrido era el ruido de su curiosidad al dar los primeros pasos solo. Coloco su mano sobre la entrada, luego la otra hasta terminar posicionando su frente averiguando que no era totalmente lisa pero sí robusta, siente la necesidad de tener que tirarse con toda su fuerza contra ella para tan solo hacer que cediera un poco, era como una fortaleza, nunca estuvo en esa posición antes.

Apenas y puede permanecer unos segundos tan cerca de ella porque tiene la necesidad de vomitar al ser presionado por su alrededor sobre lo que debía hacer, es como si le temiera al exterior al estar solo, como si no se pudiera cuidar, con la sospecha de que ocupaba a una persona que sostuviera la correa para guiarlo a donde su amo quiera y no a donde deseaba provocando que en el momento donde se deshizo de ese control desconociera que era capaz de caminar por sí mismo, poder guiarse sin otros.

¿Y es qué realmente puede hacerlo?

Emociones efímeras que han llegado ya a su fin, la valentía de la que mostro tener en gran cantidad, con tanta insistencia, se desvaneció tan rápido como un parpadeo, ahora es solo un perro que mete el rabo entre las piernas cuando sabe que las cosas no van a su favor por lo cual debe huir, no volver hasta que todo sea seguro. Patético, no se le ocurre una mejor palabra para describirlo aparte de "cobarde".

«Los árboles tienen ojos».

Fue lo que pudo pensar cuando eligió salir por la ventana al tenerle un terror sin sentido ni cordura a lo que era un pedazo de manera que a pesar de ser inofensivo le recordaba tanto a lo que alguna vez provocaba.

«Siempre sabré a donde irás, no tienes a donde ir, soy lo único que tienes. Eres mío».

Ambos pies en suelo firme y a pesar de tener calzado siente como si estuviera pisando aquel contorno frío con los pies desnudos, una sensación gélida que le daba la bienvenida a los minutos que comenzaban a consumirse ahora mismo.

Una hora…

Todo lo que tiene es una hora y aún así siente que es demasiado hasta tener la sensación de que está siendo sofocado.

Parece como si el aire fresco le afectara el organismo deshumanizado.

«No debes huir de quién te ha salvado».

No supo en qué momento comenzó a correr tan solo que ya lo estaba haciendo, que sus pies se impulsaron hacia adelante para no tener freno alguno, la voluntad que conllevaba en ese momento no recuerda haberla sentido antes, el deseo casi inalcanzable de salir de ese territorio del cual nunca ha observado en todo su esplendor. Alza la vista un poco para encontrarse con un cielo claro, despejado, notando que el sol brilla abrazando a todos con su esplendor, siente como su cuerpo deja de sentirse frío ante la primera oleada, deja de apretar las manos y deja que sus dedos sientan el aire que choca contra su cuerpo cuando decide ser capaz de dar más de lo que puede, intentar ser más rápido de lo que ha sido.

El aire se acorta. Respira. Teme. Continua.

A esas alturas rendirse es algo peligroso conociendo que su alrededor es hostil, nuevo, un punto fácil de acabar para aquel conozca de antemano como es el alrededor, el afuera, todo lo que no ha tocado en lo que puede hacer memoria; lo sorprende ver hojas cayendo o ramas crujiendo bajo su peso, sentir como su corazón no dejaba de latir tan solo incrementando el ruido a tal intensidad que jura escucharlo, sentirlo en su cabeza. Comienza a doler el esfuerzo, quiere parar pero se obliga a continuar porque ya no hay vuelta atrás.

No hay manera de volver por ahora.

Trata de idealizar un plan que lo calme cuando sabe que volverá, es inevitable, aquel lugar era su casa, ahí estaba la única familia que conocía quiera o no dado que ahí formo una vida, en ese sitio conoció todo lo que sabe ahora por lo cual traicionarlo solo sería rechazar una parte de existencia, lo único que le queda; lo sabe, antes de que finalice el tiempo llegara inclusive si se trataba de un solo segundo de diferencia.

Depende tanto de un hogar, de ser querido.

Tropieza, trata de no caer ignorando el dolor que ahora siente para continuar, rendirse no es lo que busca, tan solo quiere saber qué es el sabor de sentirse capaz de sobrevivir estando solo.

Por qué se siente así ¿No? Como cuando corres de manera desenfrenada sin importar la condición que tengas, que a pesar de sentir como tu costado pide un descanso no piensas en si quiera tomar aire, que sin importar la herida o la sensación que tengas sabes que continuaras porque no habrá nadie quien te de una mano, que te recuerde que es lo que se siente estar en calma.

Para. Siente que se desmayara y agradece que pueda ver personas a su alrededor.

Es su momento, puede sentirse calmado.

Una persona más.

Camina inquieto en dirección contraria a donde pasan varias personas ya sea entre compañeros, pareja o solos, incluso algunos estaban a lado de animales; mira de un lado a otro buscando caras en común, no parece estar nadie que conozca, ellos eran libres de un mundo en el que solo se conoce la traición, maltrato, el abuso, la excitación del poder, robo, contrabando entre otras cosas que desea no mencionar ante quienes siente que puede dañar incluso al pensar ese tipo de cosas porque son frágiles, débiles, incapaces de soportar lo que sucede debajo de sus narices, y, mencionando una probabilidad, en su propia casa.

Recorre con la vista una multitud tratando de descifrar cosas que puede evaluar, como si están casados o no, por la forma en que caminaban saber si están adoloridos o solo es una mala postura, las intenciones que tienen entre sí, los que tienen largas jornadas o los que ocultan un buen fajo de billetes.

Silencio, escucha a su estómago rugir logrando que guie sus brazos para presionarlo, ya era extraño no haber sentido ese dolor leve cuando no tiene el deber de callarlo, su delgado cuerpo hace huelga mientras el jefe no está, es la manera de convencer al interior de lo que es correcto.

O al menos lo que le puede mantener vivo.

Mantiene el rostro pacifico, fija el objetivo que es encontrar un sitio donde poder comer algo sin tener que entrar en contacto con ajenos, traga saliva, exhausto, le suena aceptable tan solo conseguir con que callar su hambre para regresar y dormir otro poco, tal vez mucho, la rutina le recuerda que casi siempre se encuentra en ese estado adormilado, tranquilo. Acaba de romper en lo que cree o mejor dicho en lo que le hicieron pensar.

Trota, le parece mejor que avanzar lento, atento, el mundo no deja de intimidarle, parecerle bruto. El alrededor hubiera sido tranquilo, decente pero la definición que siempre se le presenta es que todo es tu enemigo exceptuando los entes que te ofrecen un arma para trabajar a su lado; Osomatsu lo ha pertenecido desde que es un niño, sabe con quienes puede cubrirse y a pesar de eso con quien puede confiar ciegamente era el hombre del traje, le advirtió de todos, lo defendió cuando era una presa por lo cual ahora tiene que pagar, la lealtad va sobre todo. Meta remarcada, solo comer e irse, tratara de llegar antes para recibirlo como una clase de superior, algo parecido a un rey.

Visualiza el escenario que se presenta, un lugar lleno de pequeños comercios que mantiene una conexión en el centro con cada uno de los negocios, son modestos y no exageran detalles haciendo que el lugar sea humilde como calmado, las personas no parecen ser muy extrovertidas, en una opinión general se ven comunes sin mucho que los pueda destacar. Paseando con la curiosidad de un niño ve los nombres de los puestos, le resultan interesantes, su aroma es único y se deja guiar por este. Detiene sus pasos en un puesto ambulante cuando el olor lo hace sentarse en esa pequeña banca para mirar como el vapor danzaba a la hora de subir. Vuelve a recobrar el apetito feroz, nunca ha mirado algo así.

Ojos atentos, desvía un poco la atención cuando siente que las personas caminan muy cerca de donde está, asegura el perímetro y vuelve al frente para encontrarse a un adulto quien se va colocando un mandil pidiendo disculpas por no haberlo atendido antes pero su superior ni siquiera le menciono con anticipación que le encargaría todo mientras trataba de suministrar los víveres faltantes.

Callado solo sigue prestándole atención a la comida ignorando al contrario para sentir como le estira un menú o lo que se supone que era esa carta de recomendación de alimentos. La toma sin ninguna palabra de agradecimiento ganando de esa forma privacidad, se aparta, de igual forma no es como si tuviera la oportunidad de hablar con otros.

― ¿Eres mudo?

Se cuestiona si en algún momento dejara de querer saber quién era.

―Podría recomendarte en ese caso lo mejor que hay en este puesto.

Alza la mirada cuando el menú paso a segundo plano cuando eso fue propuesto, asintió, se daba a entender al final.

Ambos comienzan a cumplir con su papel, el de cuerpo delgado solo trata de no sentir que el mundo lo intenta delatar o hacerle quedar mal con mentiras, los precios son altos y la gente hará todo por aceptación o dinero.

Todo.

―Espero que no le incomode pero ¿Te he visto antes?

Niega con la cabeza haciendo que el de reflejos azules haga cierta mueca desilusionada.

―Lo siento, solo es que te pareces a una persona que conocí hace mucho tiempo. De verdad lamento si lo estoy molestando ―baja la voz después de servir el plato caliente con delicadeza para ahora preguntar la bebida que lo acompañara―. ¿Puedo saber tu nombre?

Rechaza la petición con más movimientos de cabeza, su mente reacciona con tal temor que no le enseña el rostro afligido que carga a diario.

Todo se ve delicioso, no sabe ni siquiera si lo aguantara sin tener que vomitarlo. Empieza a marearse pero solo alcanza a tomar aire y mover sus manos para poder dar el primer bocado. Percata que esta tiembla y le es costoso llevarlo a su boca sin querer soltar el alimento contra el plato para que lo salpicara; cierra los ojos, muerde el interior de las mejillas y trata de ordenarle a sus dedos que se relajen, que dejen de tensarse cuando no tiene mucha fuerza para hacerlo, abre de nuevo los ojos y solo ve preocupación pura.

Sonríe. Da una mordida pequeña. Vuelve a mostrar tranquilidad.

― ¿Quieres ayuda?

Gira la mitad de su cuerpo para mirar a los demás, todo lo que alguna vez fue su energía era reducida y almacenada solo para volver. No hay nadie a quien temer por lo cual regresa a su posición de origen con la paz en la que ha hecho cada uno de sus movimientos permitiendo que de una forma cortamente visual le brindara tan solo una forma menos costosa de lograr llevar sustento a su boca. Retira sus manos cuando las han intentado tocar, le disgusta el contacto físico con desconocidos, siente como si supieran al final lo que le han provocado y no quiere que le vean como víctima cuando quiere eso, las marcas que le hacen pertenecer en algo.

« ¿Sabes qué pasaría si alguien más te toca?».

Su piel se eriza ante la advertencia mental. Solo muestra que debe alimentarlo sin siquiera tocarlo, él no dice nada, solo lo hace, muestra la paciencia que desconoce.

―Por cierto…

Da un mordisco cuando vuelve a formular palabras.

―Mi nombre es Karamatsu, tal vez no importe mucho pero siempre me ha gustado presentarme con todos los clien.

Le impide continuar, se levanta molesto de ahí provocando que el propio plato se vea cayendo al haber impactado contra sus manos ahí en parte, todo es un desastre del cual no piensa disculparse dado que no sabe porque ha reaccionado de esa forma bruta, solo ha pasado y hace que lleve las manos a su cara, desea no verlo ya, trata de alejarse tal cual como vino; la meta original se transforma en ocultarse entre la masa de personas que pasan por ahí.

Dolor de cabeza, quiere llorar, algo provoca que grite en bajo cuando ese nombre aparece en su vida.

Ignora mucho quien sea, nadie con ese nombre existió en su vida y ahora que lo escucha siente que se quebranta.

Que ya no es capaz de permanecer sin un nudo en la garganta.

Volverá a casa.