º Segunda Parte º

Aquella tarde Joxer había ido a buscar a Halia a su casa. Llevaban un buen rato bailando en el centro de la plaza de la aldea, y aunque ambos se sentían muy a gusto, para él no era lo mismo. No había esa magia, no podía explicarlo pero bailar con Gabrielle era tan diferente... Todo era mejor, distinto con ella. *Tengo que hacer un esfuerzo por olvidarla, ella no me quiere y yo no quiero que sufra... Por los dos, por nuestra amistad, es preciso que rehaga mi vida* pensó para sí.

De todas formas, Halia no era hoy ella misma. Le había felicitado por su destreza al bailar pero con un tono de voz que no era el acostumbrado, como si estuviese molesta por algo. Estaba muy callada, no había dicho gran cosa en toda la tarde y aquello no era normal en ella, una chica tan alegre y locuaz.

Desde una esquina de la plaza de la aldea, Gabrielle les observa en silencio *¿por qué demonios estoy haciendo esto? recuérdalo, es por la seguridad de Joxer, esa chica te parece sospechosa. Aún así... esto es una locura... si Xena se entera... La dejé dormida en casa, Eva le estaba dando una tarde horrorosa y en cuanto se quedaron dormidas me escapé sin siquiera dejarle una nota. No, definitivamente esto no le va a gustar. Puede que lo entienda o puede que no pero eso es lo de menos. Volvió a centrar su atención en Halia y Joxer. Seguían en el centro de la improvisada pista de baile, muy juntos... parecía como si Halia le estuviese sugiriendo algo... bah desde aqui no puedo oir nada de lo que dicen... Dejan de bailar... Se están marchando de la plaza ¿a dónde irán? tengo que seguirles...*

- Joxer, ya estoy un poco cansada de bailar... ¿que te parece si descansamos un poco?

- Umm está bien. Como quieras.

Lentamente se retiraron de la pista de baile agarrados de la mano.

- ¿Que te parece si te enseño mi casa? Me gustaría que vieses la casa en la que crecí. Tuve una infancia muy feliz.- Si... si tu quieres.- dijo fingiendo timidez.

-Emm si si, es buena idea, vamos.- dijo Joxer por no herir sus sentimientos, aunque realmente la idea no le apetecía para nada.

Llegaron al linde del portal de la casa de Halia que era como cualquier otra casa en la aldea. Un pequeño porche con un columpio de madera llamó su atención...

- Cirene se lo pasaría muy bien en ese columpio.- pensó en voz alta.

- Sí claro que sí.- sonrió la chica con una pizca de sospecha en su mirada.- Anda pasa dentro, quiero enseñarte algo.

Joxer se detuvo unos instantes más, observando el columpio con detenimiento * es la casa ideal para una familia* después la siguió al interior de la vivienda.

Mientras tanto, Gabrielle los había seguido manteniendo la distancia. *¿Qué demonios pretendía esa mujer? Bueno... está muy claro lo que pretende, será zorra...¿pero qué estoy haciendo? Lo que hagan o dejen de hacer esos dos no es asunto mío... no me debería interesar lo más mínimo... Ahora mismo vuelvo a casa, si es lo mejor, volveré a casa antes de que Xena se despierte y... ¡agh! no puedo... No quiero que esa mujer me robe a Joxer.. él es mío... No puedo soportarlo. Gabrielle ¿te estás oyendo? No puedo, tengo que impedir que esa relación vaya a a más...*

Dejando a un lado el torbellino mental que tenía en la cabeza, decidió guiarse por lo práctico: Halia no le gustaba, estaba sola con Joxer en una casa enorme... su amigo podía estar en peligro y nada iba a impedir que ella acudiese en su ayuda. Así las cosas, buscó un lugar por el que le fuera posible acceder a la casa y finalmente, lo encontró. Una de las ventanas traseras del edificio estaba abierta. Con la agilidad de un gato se deslizó a través de ella. Cayó de pié en una habitación que parecía un trastero húmedo y lóbrego. La humedad y el polvo acumulados reposaban sobre decenas de muebles antiguos apilados en un enorme montón. Había mesas, escritorios, sillas... Pero lo que llamó poderosamente su atención, fueron tres pergaminos que representaban la efigie de tres personas. La tinta utilizada era de colores y el trazo tan nítido que le parecía tener delante de ella la efigie de aquellos a quienes el pergamino representaba. Gabrielle pensó para sí misma que habrían h echo falta muchas plumas para realizar aquellas obras de arte, una por cada uno de los colores utilizados. Aquello era un papiro especial y ese tipo de tinta no se podía encontrar en ningún lugar de Grecia. Debía proceder de la tierra de los faraones o incluso de más allá. El primer pergamino representaba la efigie de un hombre de mediana edad, a juzgar por los rasgos severos de su faz debía ser el padre de Halia, que había sido magistrado de la aldea... El segundo de los pergaminos mostraba al mismo hombre junto a una joven que debía tener la edad de Halia. Gabrielle se fijó muy bien en el pergamino aunque resultaba evidente que no se trataba de su nueva "amiga" debía ser otra persona... ¿pero quién? Por último, el tercer pergamino mostraba claramente a Halia con un bebé en brazos... debía ser su hermana menor. Todos sonreían y parecían muy alegres. Mientras el resto de objetos allí presentes aparecía cubiertos de polvo y avejentados por la humedad y el desuso, los tres pergaminos estaban en perfecto estado, como si hubiesen sido especialmente mimados. Los dejó caer suavemente sobre la mesa donde los había encontrado y se acercó a la puerta de la habitación, tirando suavemente hacia delante sin emitir ningún sonido. Quería saber en que lugar de la casa se encontraba. Sin embargo, lo que vio por la rendija de la puerta fue sin duda algo que jamás hubiese esperado y casi se cayó de la impresión. En el centro del salón de la casa, Halia permanecía de pié mirando a Joxer con odio, tenía el pelo revuelto y sostenía firmemente una daga que pendía amenazante de su mano derecha. Joxer estaba atado a una silla frente a ella parecía cansado, tenia los ojos cerrados y la cabeza le caía hacia un lado, como un peso muerto. Aquello era inaudito.

- ¿Pero que es lo que estáis haciendo? ¡Sois un par de degenerados! Podría esperar algo así de ti Halia pero Joxer no crei que te gustaran bueno... "ese tipo de cosas" (y recalcó la frase).

- ¿Qué? ¿pero se puede saber que haces tu aquí pequeña entrometida?

- Gabrielle... ¿eres tu? ¡Vete! tienes que salir de aquí. Está loca. Tiene poderes mentales. Tienes que avisar a Xena... Estamos en peligro... Eva está en peligro.

- ¿Joxer? ¿Qué estás diciendo?

- ¡Cállate!.- volvió a golpearle.- ¿Ya despides a tu amiguita? Déjala que se quede, así me ayudará a conseguir lo que quiero...

- ¡No! no me iré hasta que alguien me explique que demonios esta pasando aquí.

- Ya te lo he dicho, Halia tiene poderes mentales o algo así... los aprendió en Sumeria... Gabrielle, esta loca ¿Quieres hacerme caso y huir mientras puedas?

- Mis poderes se llaman telekinesia cariño, te lo dije antes.- sonrió malévolamente. Empezó a caminar hacia donde se encontraba Gabrielle amenazadoramente.

La guerrera rubia se había dado cuenta hace rato de que estaban en peligro... Tenia razón respecto a Halia, sus intenciones no eran buenas. Preparó los sais y se dispuso lista para la lucha. No había tiempo para buscar a Xena, tendría que ayudar a Joxer sola. No permitiría que nada malo le pasase, iba a terminar con aquella demente costase lo que costase.

- Así que ¿ tu eres la madre de Cirene mmm? Lo supe desde el principio, la forma en que le miras... hay ternura y pasión en esa mirada...

- ¿Qué? ¡vuelve a consultar tu bola de cristal bruja, ella me odia!- exclamó Joxer con tristeza.

- A mi no me podrás engañar, te he descubierto rubita... pero ellos son míos y tu vas a dejarnos el camino libre... ¡Vas a morir!

Gabrielle esquivó la daga con un movimiento rápido. Saltó hacia atrás, cayendo firmemente sobre su peso y el cuchillo pasó como una exhalación rozando su brazo derecho, clavándose en la pared con un siseo.

- ¡Con que esas tenemos chica equilibrista! Ah pero no te será tan fácil escapar de mi.

De pronto Gabrielle notó un halo de energía que la rodeaba y le constreñía el cuerpo, era como si mil cuchillos diminutos se le clavaran en la piel, sentí una opresión inmensa en el pecho, no podía respirar... era incapaz de moverse y de pensar ¿que demonios le ocurría?

- Jia jia jia jia te preguntaras que te esta pasando... Aprendí telekinesia de una maestra sumeria. Si proyecto mi energía contra tu cuerpo consigo lograr este bonito efecto, los huesos crujen hasta que el dolor es tan fuerte que solo hay dolor... jajjajaja

- ¡Gabrielle! ¿estas bien? ¿me oyes? ¡Déjala tranquila tu... bruja sumeria! No debí confiar en ti... ¿ pero en que estaba pensando?

La chica rubia solo oía el conocido rumor de la voz de su amigo perdiéndose en la lejanía y cayó al suelo desvanecida. Cuando por fin despertó un aroma conocido como a madera quemada anegó sus sentidos. Intentó levantarse y formarse una idea de donde se encontraba. Tenía los pies y las manos atados y una mordaza en la boca, levantó la vista y vio que Joxer seguía atado a la misma silla que antes, también amordazado. La casa estaba en llamas y el humo anegaba el suelo donde ella se encontraba, si esto seguía así morirían ahogados de un momento a otro. Halia estaba de pié ante ellos y parecía esperar a que ella volviera en sí.

- Ahora que estáis los dos despiertos voy a despedirme. He escogido un bonito día, nadie os oirá, todo el mundo esta en la fiesta de la aldea... la música está tan alta...¡me encanta la orquesta! Cuando la gente vea las llamas será demasiado tarde para vosotros... ¡Ah! vuestra amiguita Xena debe seguir dormida...el té que tomamos esta tarde llevaba una sorpresa... Digamos que en su taza había un potente somnífero. Sólo quiero deciros que no debéis preocuparos por Cirene porque voy a cuidarla muy bien y crecerá muy feliz con una mamá tan abnegada como yo.- Se acercó peligrosamente a Joxer, como si se tratara de una serpiente de cascabel al acecho de su víctima y le acarició la mejilla.- Podríamos haber sido felices los tres, Cirene tú y yo... pero no, tenías que salvarla.-miró a Gabrielle con profundo odio, y de nuevo se dirigió a él.- Ahora tengo que matarte, con todo el dolor de mi corazón... lo mismo pasó con papá... yo no quería pero él me obligó... Te quiero, nunca te olvidaré. Adiós mi amor.

Se inclinó sobre él y le quitó lentamente la mordaza, cuando sus labios estaban a punto de tocar los suyos, la puerta de la casa cayó rota hecha pedazos y el estruendo hizo a Halia volverse bruscamente buscando con la mirada el lugar de procedencia del estruendo. Allí se encontró cara a cara con... ¡Xena! que acababa de hacer acto de presencia.

- ¡Hola! ¿Me esperabais?

- ¡Xena! ¡Gracias a los Dioses! Ten cuidado, está completamente loca y tiene poderes mentales.- exclamó Joxer con preocupación

Gabrielle seguía amordazada y agotada. Xena tranquilizó a su amigo con una de esas miradas que suelen dar a entender que posee la suficiente información sobre su oponente como para dominar la situación sin problemas.

- Tsk tsk tsk... Halia ¿Organizas una fiestecita privada y no me invitas? Eso no está nada bien...

Antes de que pudiese darse cuenta, Xena había dado un tremendo salto y se encontraba tras ella, apuntando con el chakram certeramente a su cuello. Aquello pilló a la demente por sorpresa pero ésta, rápidamente concentró toda su energía mental en ella e intentó paralizarla. La energía de Halia era muy poderosa, Xena podía sentir el dolor y la parálisis muscular invadir su cuerpo... el chakram se escurrió lentamente de su mano, no podía seguir sosteniéndolo... Si aquello seguía así durante mucho más tiempo Halia conseguiría paralizarla y todo habría terminado. Intentando concentrar toda la energía que le quedaba en el movimiento, Xena alargó los brazos y empujó a la chica hacia adelante con toda la fuerza de que disponía. Aquello pilló desprevenida a la bruja, que no esperaba este movimiento y durante unos segundos (justo los que Xena necesitaba para recuperarse) perdió la concentración sobre la princesa guerrera. Una llamarada de odio se encendió en los ojos grises de la chica y cruzó como una exhalación torciendo su sonrisa y transformándola en una horrible mueca.

- Eres fuerte Xena, nadie antes había podido evitar caer victima de mis asombrosos poderes mentales... pero siento decirte que eso solo era una pequeña muestra de lo que soy capaz... ¡prepárate a morir!

- ¿Sabes? Sería millonaria si alguien me diera un dinar cada vez que una loca psicótica se ha atrevido a presagiar mi muerte.

Halia más fuera de sí que nunca, arremetió otra vez contra ella con mayor influjo mental que la vez anterior. Pero esta vez no tuvo éxito en su empresa. Con un certero movimiento, Xena esquivó su mirada y quedó a salvo. *No puedo estar esquivándola continuamente... no hay tiempo* La casa estaba empezando a arder completamente y si no acababa con aquello iban a morir todos. Decidió jugar el as que tenia en la manga.

- Brianna ¿que diría tu padre adoptivo si te viese en esta situación? Tu padre, para el que la verdadera Halia y tu lo erais todo. Que te acogió en su casa cuando volviste de Sumeria con tu pequeña...

- Tú no sabes nada... ¡ Me dejaron sola!

- El incendio fue un accidente. Murieron los tres y no pudiste hacer nada por ellos. Te quedaste sola... y quisiste llenar esa soledad...

- ¡Cállate, cállate, cállate!

- Por eso quisiste ganarte el corazón de Joxer... porque pensaste que de paso podrías ser la mama de su niña... Así de alguna manera recuperabas a tu hijita... pero te diste cuenta de que él no te amaba. Ayer por la tarde cuando espiaste por la ventana y le viste bailar con Gabrielle. Te diste cuenta que el nunca te iba a querer como tu deseabas. Habías vuelto a quedarte sola...

- ¡Tú no sabes nada de nada! El incendio de hace 5 años no fue ningún accidente. Tengo poderes especiales... uno ya lo has visto, se llama telekinesia... el otro es aún más interesante, se llama pirokinesia. Puedo hacer brotar el fuego con solo desearlo. Lo aprendí de una vieja chamana Sumeria. En uno de mis constantes viajes hacia las tierras del Nilo en busca de papiros especiales para mi padre. Yo los maté ¡y no me arrepiento! Halia no tenía bastante con robarme el amor de nuestro padre que siempre la quiso más a ella... también quería robarme a mi hija. Cuando volví de mi último viaje la niña la llamaba mamá y a mi ni siquiera me conocía. Me la había robado también a ella. No me quedaba nada. Así que decidí que iban a pagar por ello. Les encerré dentro y le prendí fuego a la casa. Como eran las fiestas del pueblo nadie se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde. Nadie me inculpó porque se suponía que todavía estaba de viaje. No había indicios de que el fuego hubiese sido provocado... simplemente la casa había ardido sin más. Los vecinos fueron muy amables ayudándome a reconstruir la casa.

- Brianna, matarnos a todos no te hará sentir mejor

- Te equivocas.. ¡merecéis la muerte! Todos los que disfrutáis burlándoos de mi y mi insufrible soledad. Vosotros sois los primeros, pero si el mundo no tiene un lugar para mí se lo haré pagar.

La fuerza de las llamas se intensificó, la chica parecía controlar el fuego a su voluntad.

- Tus poderes provienen de tu mente, pero los controla tu estado emocional. Podemos hacer esto por las buenas o por las malas. No permitiré que mis amigos mueran. Detén esto antes de que sea tarde.

- ¡Cállate!

La chica volvió a atacarla con su fuerza mental, pero Xena esquivó el ataque con un salto certero. Alargó la mano y con un movimiento rápido recuperó el chakram. No se podía razonar con ella... le aguardaba un destino trágico. Xena calculó mentalmente la distancia y con un lanzamiento certero el chakram reboto en la pared de su derecha, después en la izquierda y finalmente fue a dar sobre un enorme escudo de metal que adornaba la habitación, justo encima de donde Brianna se encontraba.

- ¡Has fallado, Xena!- expreso la bruja con ojos de triunfo.

- No lo creo- afirmó Xena al mismo tiempo que el escudo se tambaleaba peligrosamente.

El escudo se descolgó sobre Brianna con un tremendo estruendo justo cuando el chakram volvía a manos de Xena que se lo colgó del cinto una vez más. La bruja psicótica había quedado fuera de combate bajo la pesada chapa de metal.

Xena se dirigió hacia donde estaban sus amigos, rápidamente les desató y le quitó la mordaza a Gabrielle.

- Vamos, tenemos que salir de aquí. La casa se va a derrumbar. ¿Podéis caminar?

- Creo que sí. Gracias Xena, has llegado justo a tiempo.- expresó la chica rubia con agradecimiento

- Vamos os sacare de aquí.- les sonrió la guerrera.

- ¡Gracias a los Dioses, Xena!- expresó Joxer con alegría.- Creí que esta vez no lo contábamos.

Los tres salieron corriendo lo más deprisa que les fue posible, y cuando ya habían alcanzado la puerta y Xena vio que sus amigos estaban a salvo, volvió a entrar.

- ¡Xenaaa! ¡Vuelve! ¿Se puede saber a dónde vas?

- ¡Voy a por Brianna!

Desde donde se encontraba pudo comprobar que la joven había conseguido quitarse el pesado escudo de encima y la ira la consumía por dentro al comprobar que sus rehenes habían conseguido huir. No pudiendo controlar sus poderes, el fuego se avivó aún más y el techo de la cabaña se derrumbó pesadamente sobre ella. Con un terrible grito de angustia, la chica cayó muerta por su propia mano.

Al comprobar que nada más podía hacer por ella, Xena salió corriendo de la casa que se terminó de derrumbar justo cuando ella consiguió salir fuera. La casa había estaba quedando consumida a ceniza y escombros y continuaba ardiendo sin remedio. Desde fuera Gabrielle la llamaba desesperada y Joxer intentaba calmarla, aunque él también estaba preocupado. De pronto sus ojos captaron la conocida figura de su mejor amiga que emergía de la espesa capa de humo.

- ¡Xena! Estamos aquí. ¡Gracias a los Dioses que estás bien!

- ¿Y la chica?

- Su nombre era Brianna. Ha muerto. No he podido hacer nada por ella. Parte de la casa se le ha caído encima.

Los tres amigos se miraron en silencio. Nadie sabía que decir. Puede que Brianna fuese una bruja psicótica pero la muerte de una persona nunca era recibida con agrado por sus bondadosos corazones.

- ¿Dónde está Cirene?

- Está bien. La ha dejado con una amiga que la está cuidando. ¡Ahí vienen los refuerzos! Creo que a la aldea se le ha aguado la fiesta.

Decenas de aldeanos y aldeanas acudían corriendo hacia donde ellos se encontraban ante el estruendo causado por el semiderrumbe de la casa y por las llamas, tan altas que podían verse desde cualquier lugar de la aldea. La gente iba y venía trayendo cubos de agua y ayudaban a calmar el fuego. Nadie sabía muy bien que demonios había pasado pero era necesario unirse para conseguir que el fuego no se extendiera a las casas de al lado. Mientras ayudaban en lo que podían, Gabrielle quiso satisfacer su curiosidad ya que las preguntas sin respuesta se agolpaban en su cabeza.

- Xena como supiste donde estábamos... espera ¿como sabias todo eso sobre Brianna?

- Empecé a sospechar de ella la tarde que enseñaste a Joxer a bailar. Tuve una extraña sensación, como si alguien me estuviese observando, y al mirar hacia la ventana vi a Halia espiándonos, más concretamente espiandoos a vosotros porque no os quitaba el ojo de encima. Pensé que quizá entraría a visitarnos pero la expresión de ira fría que vi en su mirada no me gustó nada. Su forma de actuar fue muy rara. Furiosa se dio la vuelta y se marchó. Desde ese momento estuve sobre aviso. Probablemente tenías razón al sospechar de ella. Así que cuando esta tarde temprano vino a tomar el té y ella me lo sirvió con tanta insistencia, simulé que lo tomaba. Deduje que debía contener algún somnífero. A fin de que pareciese convincente me hice la dormida durante gran parte de la tarde: cuando Halia se marchó, cuando Joxer se fue a recogerla y finalmente cuando tu te escabulliste detrás de ellos. Una vez estuve libre me fui con la niña a ver a la comadrona de la aldea, que es una vieja amiga mía. La mujer ya es anciana y supuse que no estaría de fiesta. La encontré en su casa y le pedí que me contase cosas sobre Halia. Lo primero que me dijo al darle yo la descripción de la chica es que se llamaba Brianna y que Halia era el nombre de su difunta hermana. Entonces me contó que Nemes recogió a Brianna en uno de sus constantes viajes a Sumeria donde acudía a comprar papiros y tintas especiales para escribir los legajos legales. La adoptó como una hija. Desde que su esposa había muerto hacía un año había criado solo a Halia y pensó que Brianna podría convertirse en una excelente compañera de juegos para su solitaria hija. Pero Brianna no estaba tan sola en Sumeria como Nemes creía. Es cierto que la chica era huérfana, pero le quedaba su abuela que era chamana y durante los períodos que permanecía con ella, la instruía en su viejo arte. Brianna tenía talento natural y aprendía con rapidez. La chica viajaba cada cierto tiempo a Sumeria ya que Nemes no quería que perdiese contacto con sus raíces y de paso le traía al viejo magistrado la tinta y papiros que necesitaba. Pero Brianna volvió acompañada de uno de sus viajes. Vino acompañada de su hija, un bebé de seis meses de edad. Sobre los orígenes de la niña nada se sabe en la aldea, sólo que la familia la acogió con los brazos abiertos. Pero Brianna ya no era la misma, supongo que sus poderes de chamana la estaban consumiendo. Lo sé por propia experiencia. Parece ser que solicitó mas pronto de lo acostumbrado volver a partir hacia Sumeria y Nemes quiso oponerse alegando que la pequeña no podía exponerse a tantos viajes. Amenazó a Brianna, que insistía en llevarse a la niña con ella. El caso es que finalmente Brianna partió dejando a su hija al cuidado de Nemes y Halia. Algún tiempo después sucedió un terrible accidente, mientras Brianna seguía de viaje, la casa de Nemes ardió en llamas sin motivo aparente y los tres murieron abrasados: Nemes, su hija Halia y la niña de Brianna. Con esto tuve más que suficiente, sabía donde estabais y que además los dos corríais peligro.

- ¡Eso es! en la casa vi tres extraños papiros en los que se representaba a tres personas. Una era Brianna, la otra debía ser Halia y el anciano era Nemes. Brianna debía llevar esos retratos de sus familiares consigo durante su último viaje. Por eso no ardieron con la casa en el incendio de hace 5 años. Sé que no es el momento, que una persona ha muerto... pero os lo dije. Había algo raro en ella.

- Gabrielle, espero que me perdones por no haberte hecho caso desde el principio. La próxima vez prometo escucharte y hacer más caso de tus presentimientos. Me dejé llevar por mi conocimiento de los habitantes de la aldea. Pero me fui muy joven de aquí y desde entonces han cambiado muchas cosas...

- Sí, Gabrielle. Tenías toda la razón respecto a Halia. Y yo he vuelto a demostrar que no soy más que un tonto.-expresó Joxer con pesadumbre.- Si no fuese por mi culpa quizá no se hubiese organizado toda esta catástrofe. No os hubiese puesto en peligro mortal y esa chica Halia o Brianna o como quiera que se llamara no estaría muerta.

- Joxer no. Mírame no ha sido tu culpa. Esa chica estaba loca. Podría haberle pasado a cualquiera.- trató de reconfortarlo Gabrielle.

- Pero me ha pasado a mi. Siempre me pasa a mi.

- Joxer a mi también consiguió engañarme, por lo menos al principio. Además no nos ha pasado nada. ¡Alegra esa cara, hombre!

- Gracias a ti. Xena si no es por ti, ahora mismo no seríamos más que cenizas y esa loca se hubiese llevado a Ev... digo Cirene quien sabe donde. Dejadme sólo, no soy más que un estorbo...

- Joxer, espera... ¿se puede saber a dónde vas?

- A la taberna... a ver si emborrachándome puedo olvidar por un momento que soy un idiota.

- Joxer...

Xena tomó a Gabrielle del brazo.

- Déjale, necesita estar solo. Tenemos que ayudar a apagar el incendio. Después hablaremos.


Y hasta aquí la segunda parte. Escribir acción y aventura se me da realmente mal. Cuando escribes un fanfic de una serie de TV como Xena que precisamente, es de aventuras, esto puede resultar un problema. Lo siento si la escena de acción es un poco floja, se que es mejorable y hay gente muy buena escribiendo ahí fuera. Yo me siento más a gusto escribiendo cursiladas y melodrama, pero me apetecía probar algo un poco más parecido a la acción en este fanfic y ahí queda. Pido disculpas por mi inexperiencia en este campo. ^_^