Disclaimer: Esto de Big hERO 6 le sigue perteneciendo a Disney-Marvel. Vamos que si fuera mío ni si quiera hubiera metido a Tadashi, lo hubiera amado demasiado y lo hubiera guardado para el futuro... sep.

Y con esto terminamos este corto three-shot. Pude haber puesto cada parte en un solo cap pero creo que le quitaría la importancia a cada faceta. Así que aquí esta.

Agradezco inmensamente a La Loca Imaginaria por tomarse la molestia y el tiempo de comentar. Gracias dear *la abraza*

Notas al final :)


Absolución (pena capital).

Callaghan siempre supo que ese momento llegaría.

Sintió a Abigail a su lado, removiéndose en su lugar y rodeando el grueso brazo de su padre con los de ella, buscando darle tranquilidad, apoyo o para demostrar que no estaba solo y podían enfrentarse juntos a cualquier cosa. Su abogado estaba mudo, viendo intensamente a Callaghan y a la persona que acaba de llegar, sus ojos iban de un lado a otro, buscando la menor señal de movimiento entre los presentes para intervenir en lo que sea que fuera a tener lugar en esa habitación. Callaghan por su parte, miró directamente al muchacho delante de él, enderezándose en su asiento, respirando profundo, y con una expresión indescifrable.

Lo último que Callaghan había sabido del muchacho fue gracias al noticiero, y era que él y sus amigos seguían dedicándose a salvar al mundo. Pero no había tenido oportunidad de verlo desde aquella vez que él y el robot de su hermano rescataron a Abigail. Él chico delante suyo se había negado a proceder con la demanda de intentó de homicidio hacia su persona, más que nada porque no quería saber más del que alguna vez fue el hombre que más admiró.

Cinco años después ahí estaba, frente a él más alto, con su pelo igual de alborotado como lo recordaba, pero ahora estaba amarrado en una pequeña cola en la parte de su nuca. Sus ojos eran igual de grandes, pero sus facciones eran más angulares y ya no estaba tan flacucho como antes. Cinco años habían pasado después de todo. El muchacho posiblemente le llegaba poco más arriba de los hombros ahora.

—Disculpa, estamos en medio de una reunión…

—Se les ha acabado el tiempo —interrumpió al abogado, revelando una voz notoriamente más grave y madura que la de la última vez—. Puede preguntarle al guardia sino me cree —dijo encogiéndose de hombros.

El abogado regresó a ver a su cliente y después a la joven mujer a su lado. Ella miraba al muchacho y a su padre. Al primero con preocupación y al segundo con angustia.

—Esta bien —dijo cerrando sus ojos y acariciando la mano de su pequeña—. Nos veremos mañana.

Cualquier intento de replica se vio interrumpido por el sonido de la puerta volviéndose a abrir. El abogado se giró, pero Abigail ignoró al guardia y sus instrucciones, sus ojos fijos al muchacho de manera suplicante. Callaghan intensificó el agarre en su mano.

—Señorita Callaghan, su tiempo ha terminado.

La chica asintió, y no replicó más. Se levantó, abrazó a su padre con fuerza y salió de ahí junto con el abogado, no sin antes hacer un leve asentimiento de cabeza al pasar a lado del chico.

—Tienes una hora —dijo el guardia cuando el abogado y Abigail habían salido—. Las cámaras están encendidas en todo momento así que no intentes nada extraño.

El muchacho asintió, y tomo asiento en la misma silla donde había estado el abogado de Callaghan hace unos segundos. La puerta se cerró detrás de él, haciendo eco por las paredes de concreto. En la habitación sólo había dos personas: Robert Callaghan y Hiro Hamada.

—¿Va a salir libre? —preguntó mirándolo a los ojos.

Era obvio para Callaghan que la noticia se había esparcido apenas terminó el juicio la semana pasada. Y aún más obvio era que si Hiro Hamada se paraba delante de él después de cinco años, era únicamente porque el asesino de su hermano saldría de prisión.

Asesino...

Al principio le había costado familiarizarse con el término. Su abogado, su psicólogo y su propia hija le insistían una y otra vez que no había sido su culpa, que no fue su intención. Sólo fue un accidente, un efecto secundario. Y él lo habría creído de no ser por las pesadillas que lo acechaban todas las noches. Una vez que aceptó la realidad de sus actos, y fue capaz de contestar "maté a uno de mis alumnos" cuando le preguntaban porque había terminado ahí, la culpa lo pudo dejar de atormentar a través de su subconsciente.

—Sí —contestó, abriendo los ojos para toparse con la mirada avellana que parecía querer penetrar hasta su alma—. Por buena conducta redujeron unos años y fue posible cambiar la sentencia a libertad condicional.[1]

—¡Ah! —exclamó levemente— Supongo que ahora es tan fácil portarse bien ¿no? —la expresión de Hiro Hamada no cambió, pero su tono de voz delataba una emoción reprimida en su interior.

—¿Qué haces aquí, muchacho? —preguntó al fin. Habrán pasado cinco años pero Callaghan no olvidaba al muchacho que estaba dispuesto a terminar con su vida y que no dudo en encararlo contando con solo 14 años. Hiro Hamada no era esa montaña de tranquilidad como lo fue su hermano.

—Mi hermano hace lo correcto y esta muerto —sus ojos se llenaron de furia, y le fue posible apreciar un extraño reflejo en ellos—. Usted, que no puede aspirar a ser ni la mitad de hombre que Tadashi fue, medio se porta bien y saldrá cerca de 30 años antes de que termine su condena.

Las palabras del muchacho le cayeron de golpe. Una avalancha en forma de reclamo que obligó a Callaghan a cerrar los ojos una vez más, permitiendo que los años y el tiempo en prisión hicieran efecto en su persona. Bajando la guardia y cualquier tipo de muro que construyo al ver al chico ahí.

—¿Has venido a torturarte Hiro? —su voz fue apenas audible, debido al nudo en su garganta.

Había creído estúpidamente que después de cinco años podría verlo a la cara. Una vez que el mismo había aprendido a convivir con sus demonios, que los había aceptado como suyos y que nunca se irían… pensó que podría afrontar a Hiro Hamada a la cara.

Pero no era tan fácil.

—Vengo a ver que tan cínico era para aceptarlo —rugió desde lo más profundo de su garganta, pero sin moverse de su lugar, con los puños apretados sobre la mesa—. Ya me voy.

La verdad era que el tiempo no curaba nada. Ni las heridas ni los errores. Las cicatrices que aparentemente quedaban realmente eran heridas abiertas de manera permanente. Eso de hacerse más fuerte no quería decir que superarás la situación, sólo que tenías más resistencia para aguantar el dolor.

—¡Hiro, espera!— suplicó por encima del sollozo que se le escapó. Respiró hondo, se relamió los labios y el muchacho se detuvo con la mano en la perilla. No se volteó.

—Yo nunca quise…

—Krei tampoco quiso…

Hiro Hamada respiró hondo, y Callaghan supo que lo hizo para obtener aire, valor y regresar la tristeza que amenazaba a salir por su boca. El muchacho se dio la media vuelta, su mirada gacha, sus hombros caídos. El también lucía cansado.

Volvieron a quedar sentados el uno sentado frente al otro. Los ojos del muchacho, al fin llenos de lágrimas, sus labios caídos y sus manos juntas con fuerza.

—No me parece justo —espetó indignado.

—Lo sé —confesó con dolor.

—Mi hermano no esta —exclamó, las lágrimas cayendo por sus mejillas—. Y por mucho que lo recuerde —su voz empezó a oírse más fuerte—, por muchos homenajes que le hagan y por muchas memorias que yo tenga con él ¡Eso van cambiar el hecho de que él no esta y no lo estará! —el chico se llevó la cabeza a las manos, sus codos apoyados en la mesa— ¡Él no va a regresar como Abigail!

—… Lo sé…

La respiración agitada de Hiro Hamada poco a poco se fue volviendo una cacofonía de respiraciones e hipos… No había pasado un minuto y el chico había cambiado su posición, con su cabeza sobre la mesa, cubriéndose con los brazos. Lo único que Callaghan podía ver era la mata de cabello negro frente a él y el rápido sube y baja de los hombros de Hiro, y el sonido de los sollozos rompiendo con la paz de la habitación, a pesar de ser bloqueados por la mesa y los brazos del chico.

—Abigail regresó, Hiro —dijo con voz baja—. Pero no creo poder ser feliz con ella.

El chico se incorporó ante sus palabras, tallándose los ojos y después la nariz. Respiró hondo una, dos, tres veces antes de verlo a la cara.

—Lo sé —se volvió a tallar la nariz, y empezó a juguetear con sus manos debajo de la mesa—. Yo le otorgué mi perdón por mi hermano —levantó la cabeza—. Porque él no hubiera querido que muriera el hombre que tanto admiraba y por el que se sacrificó, tampoco hubiera querido que Baymax se convirtiera en una máquina asesina o que yo terminara en prisión.

Callaghan asintió levemente, las lágrimas se deslizaron silenciosamente por su rostro.

—Pero yo sé como se sentía —si voz se fue volviendo más ronca, como si estuviera usando todas sus fuerzas para sacarlas de si mismo, aunque tuviera que desgarrarse la garganta—. Sé que pasaba por su cabeza y la lógica bajo la que actuaba, porque lo mismo me pasó a mi—aclaró, su voz más firme a pesar de tener las huellas de su sollozo—. Y así como yo no duermo por acordarme de que por un momento estuve dispuesto a matarlo, yo sé que aunque usted salga libre nunca va a olvidar lo que le hizo a mi hermano.

—Hiro…

—Espero que los años que le quedan con Abigail sean suficientes para usted y pueda aprender a vivir con ello. Porque yo a veces me vuelvo loco sólo con recordarlo, y eso que no lo hice.

Callaghan ya no dijo nada, sólo siguió llorando para sí, tratando de aminorar la culpa en su corazón pero al igual que hace cinco años sigue ahí, enterrada y sin poder salir. Lo peor es que ahora sabe que nunca se ira, no mientras Tadashi Hamada siga en su conciencia.

Salir de prisión no le devolverá la libertad, ya nada lo hará.


[1] Intenté buscar bajo que circunstancias se aplica la libertad condicional y el como... nuevamente internet me revolvió y pues me tomé ciertas libertades creativas. Porque YOLO.

Extra: Hiro pudo haber decidido detener a Callaghan en lugar de matarlo en la película, eso no significa que sus sentimientos hacia él cambiaran. Por eso le habla de esta manera en este cap, en especial después de saber que saldría libre.


Y aquí termina esto. Gracias por leer.