CAPÍTULO 3: UN DÍA CASI PERFECTO.

Estaban tan emocionados ante la perspectiva de unas vacaciones juntos que parecían niños pequeños a punto de abrir los regalos de navidad. Se reían por todo, se miraban intensa y dulcemente, y hablaban sin parar de todo lo que planeaban a hacer. Iban a aprovechar el tiempo al máximo.

Mira Huesos, este es el bungalow. Vaya, es muy bonito!

Y muy grande! Tiene dos habitaciones!

Ah, si? Vaya, qué pena! - murmuró.

Qué dices Booth?

Que elijas la que más te guste y te cambies que quiero darme el primer baño ya!

Voy!

En cinco minutos estaba lista y salió al porche donde Booth la esperaba ya en bañador.

Ya estoy!

Genial, vamos… - Dándose la vuelta y quedándose sin habla.

Qué pasa? No te gusta mi bikini? Me ayudó a escogerlo Ángela, pensé que estaría bien. A mi me gusta tu bañador. Te sienta muy bien. - Empezaba a tener bastante claro que el atractivo de Booth era inversamente proporcional a la cantidad de ropa que llevaba.

Uau! No Huesos, el bikini es perfecto, estás impresionante. - Tal vez no debería haber dicho eso.

Gracias Booth! – Pero ella sonreía feliz así que…

A qué llego antes que tu al agua?

Eso habrá que verlo!

El agua estaba deliciosa y nadaron un rato perezosamente.

Te alegras de haber venido Huesos?

Mucho. Realmente necesitaba desconectar un poco.

Ya te lo decía yo. Ey, mira eso! – Brennan se giró hacia donde su compañero le señalaba y él aprovechó para apoyarse en sus hombros y hundirla.

Booth! He tragado un montón de agua! – Tosiendo sin parar.

Vaya Huesos, lo siento, yo sólo…

Ahora vas a ver! - Y fue a por él sin misericordia.

Vamos Huesos, soy mucho más fuerte que tu, ni lo intentes… - Tarde, ahora era él el que tragaba agua.

En un minuto habían organizado una verdadera guerra subacuática, tanto que no se dieron cuenta de que una pequeña lancha motora se acercaba a ellos a toda velocidad.

Huesos, cuidado! Ese tío está loco o qué? - Y antes de que nadie hiciera daño a "su chica", tiró de ella y la atrajo hacia si.

Se quedaron mirando como la lancha los rodeaba, finalmente sin peligro, y cuando las aguas volvieron a tranquilizarse y se giraron el uno hacia el otro…

Los brazos de Booth la rodeaban y los suyos se apoyaban en su pecho. Sus cuerpos se rozaban bajo el agua y Brennan se encontró de frente con los labios de Booth.

No podía seguir mirando esos labios y tampoco se atrevía a levantar la vista, pero algo tenía que hacer porque sus respiraciones eran cada vez más agitadas.

Finalmente levantó la vista temerosa y la mirada de Booth la hizo estremecer. Sus ojos echaban chispas. Se apartó como si le quemaran.

Nunca había visto esa mirada en los ojos de Booth. Claro que nunca había estado entre sus brazos semidesnuda. Qué estaba pasando?

Booth se apiadó de ella y su mirada confusa.

Venga Huesos, vamos a tomar un rato el sol.

Booth se tiró en la toalla con un suspiro de satisfacción mientras Brennan rebuscaba en su bolsa.

Booth deberías echarte crema, el sol es muy peligroso para la piel.

Es cierto, échamela.

Qué?

Que me eches crema. Yo no traje así que supongo que serás tan amable de compartir la tuya conmigo, y no me harás retorcerme sobre mi mismo estando tú ahí al lado.

No claro. – Brennan se arrodilló a su lado y le echó un poco de crema en la espalda. Luego se quedó mirando, indecisa.

No creo que se extienda sola, Huesos.

Ya es que estaba… Tienes una espalda impr… Muy bien formada.

Gracias Huesos.

Y sin más empezó a deslizar sus pequeñas manos por los bien definidos músculos.

Humm!

Qué dices Booth?

Nada, nada, tú sigue. – No hacía falta que se lo pidiera no se podía creer lo que estaba disfrutando acariciando la piel de su compañero.

Date la vuelta!

Qué?

También tendrás que echarte crema por delante, no?

Si claro… - Sólo que tal vez no era un buen momento para darse la vuelta.

Reticentemente lo hizo, pero se mantuvo sentado con las piernas dobladas, observando fascinado como Brennan se echaba un poco de crema en las manos y, a continuación, las pasaba por sus hombros y pecho con suavidad. Realmente parecía absorta en la tarea… Y estaba tan guapa!

Ya está. Ahora fijo que no te quemas. - Tal vez no por fuera, pensó él.

Muy bien, me toca. Túmbate Huesos. - Ella obedeció sin rechistar y él cogió el bote de crema. - Estás tan blanca que voy a tener que echarte doble ración.

Vale. – Booth no se lo creía, por fin iba a descubrir si la piel de su compañera era tan suave como parecía, como se había imaginado miles de veces.

Cuando sintió sus manos sobre ella el corazón le saltó en el pecho y deseó que nunca parara. Y justo en ese momento lo hizo.

Qué… Qué pasa Booth?

Yo… El bikini… Te lo voy a manchar.

Pues deshaz el nudo, la verdad es que no quiero que me quede la marca.

Va… Vale. - Booth hizo lo que le mandaba y pudo así acceder a todos los rincones de su espalda.

Cuando hacía tiempo que la piel había absorbido toda la crema y no tenía más excusas para continuar con sus manos sobre ella, volvió a su toalla.

Los dos suspiraron sin atrever a mirarse.

Pasaron el resto de la tarde ella leyendo y él durmiendo, y cuando el sol empezó a decaer recogieron y volvieron al bungalow.

Colocaron las cosas que habían dejado tiradas cuando llegaron, se ducharon y fueron paseando hasta un restaurante cercano.

Es una noche preciosa, verdad Booth?

La mejor. - Y le sonrió feliz.

Cenaron bromeando y riendo, hablando de todo y de nada. Era como si el resto del mundo hubiera desaparecido. Y ellos dos solos se las arreglaban tan bien.

Brennan no tenía idea de la cantidad de cosas que quería contarle a Booth y para las que nunca tenían tiempo, y Booth estaba encantado de poder conocer un poquito más a su preciosa compañera.

Adoraba todas las historias que le contaba, y le daban más y más ganas de cuidarla y protegerla. Para que nadie volviera a hacerle daño, para que pudiera volver a sentirse como cuando era una niña.

Y cuanto más le contaba ella más cosas se le ocurrían a él, hasta el punto de que se atropellaban el uno al otro con sus historias y se echaban a reír.

La cena se les hizo cortísima y volvieron por la orilla de la playa. La playa de noche era todavía más mágica que de día, y había luna llena. Qué más se podía pedir?

Mañana es tu cumple Booth.

Lo se, 36, qué mayor soy!

Vamos Booth, hoy en día con 36 años estás en plena juventud. Además, lo que importa no es la edad sino la ilusión y tú de eso tienes a montones.

En gran parte gracias a ti.

Qué?

Que mi vida no me gustaba ni la mitad de lo que me gusta desde que tú estás en ella.

Vaya! Por qué? No es que yo sea la alegría de la huerta, precisamente. Qué te ha parecido esa expresión, eh? Me la enseñaron las niñas de Russ el otro día.

Jaja, vaya Huesos, estoy impresionado! Pero sabes? Precisamente el que tus sonrisas no sean muy frecuentes hace que me gusten mucho más. Además, lo importante es que siempre son sinceras.

Si, vale, pero no me has respondido.

Es que no se qué responderte. Sólo se que desde que estás conmigo mi vida es mejor.

La mía también.

En serio?

Si. - Se miraron y se sonrieron felices. – Tenemos suerte de tenernos el uno al otro, verdad?

Mucha suerte Huesos.

Habían llegado ya al bungalow y, un poco cansados del viaje, decidieron acostarse.

Buenas noches Huesos, que tengas dulces sueños.

Buenas noches Booth.- Y sin pensar muy bien lo que hacía se acercó a él y le dio un beso rápido en la mejilla.

Y eso? No es que me queje pero…

Bueno… Mi madre siempre me decía eso, lo de los dulces sueños, antes de acostarme, y yo le daba un beso, así que cuando tú lo dijiste… - La mirada de Booth empezaba a brillar peligrosamente otra vez… Y ella huyó de nuevo hacia su habitación.