Admito que sigo sin poder creerlo. ¿8 reviews? Wow, increíble. Esto me sigue motivando a seguir esforzándome por brindarles más capítulos lo antes posible, aunque ahora que ya comenzaron las clases nuevamente, puede que la cantidad de reviews baje. En fin, al público lo que pida, primeramente, a contestar reviews:
Toaneo07 Ver2.0: Analicé lo que comentaste sobre Filoctetes mi querido amigo. Como te comenté en los PM, todo dependía de la edad de Filoctetes, y tristemente es demasiado viejo para vestir al Pegaso, además de que Pegaso no hace mucha alusión al arco y la flecha, los preferidos de Filoctetes. Así que me temo que el Pegaso pertenecerá a alguien más, lo lamento. Sin embargo, a petición popular, si tomaré una de las ideas que ustedes consideraron, ya verás cuando lo leas. Sería imposible apegar la historia al miro al 100%, además de que sería aburrido y escaso de sorpresas, pero créeme, conozco bien el mito, y me esforzaré por hacerlo lo más fiel posible. En la obra original, Poseidón fue el dios principal que apoyó a los Aqueos, así que, tendré que adecuar la historia a cumplir con estas expectativas.
andromedaaiorossayita: La identidad de Helena la iremos discutiendo en este y los capítulos que siguen. No sé quién te dijo que Patroclo era de Sagitario, pero lamento desilusionarte, no es así. Patroclo en definitiva tendrá una armadura dorada, pero aún no tocaremos ese tema. Menelao es Acuario, ¿por qué? Porque el palacio de Micenas se encuentra en la cima de una montaña nevada muy difícil de acceder, y porque a los gobernantes de Micenas se les consideraba frívolos y que desconfiaban de todos. Cáncer podría haber sido una buena elección, pero el perfil se me figuró más a Acuario. Descuida, Menelao tendrá un buen papel.
midusa: Jajaja, ni yo me lo imaginaba a Paris como Hades, pero de repente se me ocurrió, creo que es un buen toque. Shana de momento sigue sin tener un papel relevante, pero poco a poco iré fortaleciendo a su personaje, descuida. De momento ya tenemos a 4 caballeros dorados al término de este capítulo, disfruta.
TsukihimePrincess: Helena es esposa de Menelao, jajaja, espero eso no haya sido un spoiler, pero bueno, Agamenón es el hermano de Menelao y el general de los Aqueos en la Guerra de Troya. La verdad Héctor no era Bennu, pero me parece una idea excelente así que la usaré, jajajajaja. Diomedes será un personaje tan importante como Odiseo y Aquiles, tendremos que soportarlo, además, es mi forma de darle un toque más cómico a la historia, aunque no exageraré con eso, tú tranquila. Leo será elegido en el siguiente capítulo, este le pertenece en su mayoría a Diomedes y a Paris.
dafguerrero: Tindáreo, el padre de Helena, mintió por encontrar al pretendiente más adecuado para convertirse en rey de Esparta, ya que Esparta era considerada la potencia militar por excelencia, únicamente detrás de los Mirmidones de Tesalia. Diomedes no se enamoró de Shana, jajaja, era una broma de él. Diomedes es un mujeriego pero no te tomes muy enserio sus acercamientos a Shana. Aquiles y Patroclo casi no salen en este capítulo, espero no los extrañes mucho. Academia Sanctuary la continuo este viernes, solo me tomé un descanso, jajaja.
kyokai1218: No te vayas a ahogar de la risa, jajajajaja. Diomedes se supone que sea el divertido del grupo en vista que Odiseo es muy serio, Aquiles muy agresivo, y Patroclo muy inocente, alguien tiene que cuidar a Shana y mantenerla feliz. Lo de Paris te lo iré resolviendo poco a poco, sé que está casado pero eso también el parte de la historia, despreocúpate al respecto. A petición popular eso que tienes en mente pasará, no te preocupes. El Talón de Aquiles será el tema del próximo capítulo, ya comencé a planearlo, jajaja. ¿Quién crees que es el caballero de Leo? ¿Menelao? Pero Menelao ya mencioné que era Acuario, bueno, lo volveré a mencionar, jajaja. Y los Generales de Poseidón, tengo planes para ellos, jajaja.
Liluz de Geminis: -_-; Ok, pondré los capítulos más temprano para que no te me duermas, jajaja. Pero si estos capítulos son mucho más cortos que los de Guerras Doradas, jajajajaja. Diomedes se parece a mí, no lo critiques… probablemente no debí haber dicho eso, muajajajaja. Señorita, no te adelantes a la trama, este capítulo se trara 50% de Diomedes, 30 de Paris y 20% de Casandra, jajaja. Esta Shana mi idea es que sea más alegre que Sasha, y más sabia que Saori, así que sí, será divertido verla actuar. Odiseo irá tomando más fuerza como personaje, de momento me concentré en Diomedes para explicar su situación, ya pasaremos al heroísmo de Odiseo pronto. ¿Cómo es posible que nadie pensara que Paris era Hades? Ok, puntos para mí por originalidad. ¿Pues quien creían que iba a ser? Jajajajaja. Casandra está MUY perturbada, velo por ti misma en este capítulo. Disfruta de esta entrega.
DanaaF: T_T Yo quería dos reviews… sniff… jajaja no te creas, te perdono. Diomedes no está enamorado de ningún hombre, dudo mucho que siquiera pueda enamorarse de alguien, solo busca placer… ok, eso fue mala publicidad a mi signo y a mí mismo porque Diomedes es mi parodia, jajajajaja. Enterado señorita, seguiré adelante, espero leer muy pronto tus impresiones de este capítulo.
EDITADO 19/10/2018
Saint Seiya: Guerras de Troya.
Saga de los Aqueos.
Capítulo 3: El Juicio de Paris.
Hélade. Esparta. Año 1,197 A. C.
—Han pasado 20 días desde que comenzaron los combates —Tindáreo, el rey de Esparta, mencionó a Odiseo, que compartía una mesa de banquetes con el rey y la familia real, conformada por el mismo rey de Esparta, Helena de Esparta, y una joven de 14 años de nombre Penélope, de cabellera oscura, y quien miraba a Odiseo en todo momento. Odiseo también la miraba, extrañado por la belleza de la joven, y poco concentrado en el rey—. Te debo mucho, Odiseo. En mi búsqueda del pretendiente más digno de Esparta, anuncié a Helena como la reencarnación de la diosa Athena. No pensé en las consecuencias. Ya estoy viejo, y Esparta necesitaba de un rey digno. Ahora sin embargo, sé que la reencarnación de Athena estaría furiosa si lo descubriera. Seguramente Athena eligió a la mortal más sabia de toda Hélade para semejante dicha —continuó Tindáreo.
—¡Diomedes! —escucharon un grito, y todos desviaron la mirada a Diomedes de Escorpio y a Shana, también invitados a la comida con Tindáreo por el agradecimiento del rey ante tanto Odiseo como Diomedes por salvar a Esparta de un error imperdonable. Shana y Diomedes sin embargo, no se comportaban, ambos combatían con sus pinchos de comida intentando hacerse del último pedazo de salmón rosado—. No es justo, como niña no puedo comer carne hasta mi mayoría de edad. Y tú me robaste mi puré de papa, eres muy malo, Diomedes —se quejó Shana de forma infantil, y Odiseo, que sabía de la identidad de Shana como Athena, no encontró a la diosa de la Sabiduría reflejada en Shana, que incluso subía el pie y pateaba con este el pecho de Diomedes intentando impedir que se comiera el ultimo pedazo de salmón que quedaba—. ¡Es mío! —se quejó Shana, pero sus quejas no la llevaron muy lejos.
—De ninguna manera. Tú te comiste un pedazo de mi carne a sabiendas de que no debías —reprendió Diomedes, que más que hablar enserio se estaba burlando de Shana—. Este es tu castigo por robarme mi pedazo de carne. ¡Pincho Escarlata! —gritó Diomedes, logró clavar su pincho de bronce y arrebatarle el pedazo de salmón a Shana, y entonces lo comió. Shana, furiosa, tomó un pedazo de carne de jabalí—. ¡No te atreverías! —se burló Diomedes. Y con ojos llorosos por la ira, Shana mordió un filete completo, y comenzó a jalonear intentando romper los tendones y poder comer—. ¡Es mi pedazo! —continuó Diomedes, y mordió el otro extremo, y ambos terminaron jaloneando con los dientes cada extremo del filete de jabalí. Odiseo se golpeó el rostro con molestia.
—Lo lamento mucho… —comenzó Odiseo—. Diomedes siempre está cuidando de… este… bueno… —y Tindáreo observó a Odiseo con cuidado, sin saber las razones por las cuales la niña los acompañaba todo el tiempo—. Diomedes es como un niñero personal de ella. Usted sabe cómo son los niños —terminó Odiseo, y la carne que tiraban ambos se rompió, y el par terminó en el suelo—. Diomedes… en verdad… debes comenzar a comportarte a la altura de tu armadura —reprendió Odiseo, y el rey Tindáreo simplemente se rio con fuerza.
—Era de esperarse de un Escorpio, Odiseo —comenzó el rey—. Con todas las reglas de su armadura, era obvio que intentara vivir la vida al límite. Después de todo, Diomedes no tiene muchas opciones en esta competencia —Odiseo miró a Tindáreo sin comprender a lo que el rey se refería, mientras Diomedes se ponía de pie, y le sacaba la lengua a Shana, quien, con el rostro cubierto de grasa de carne de jabalí, le regresó el insulto sacando su propia lengua, aunque Diomedes la ignoró y comenzó a limpiarle el rostro a la fuerza con una prenda de lana—. Hasta ahora, tú y Diomedes han eliminado a todos sus oponentes en el torneo por la mano de Helena sin complicaciones. Pero han corrido con suerte también, no han tenido que enfrentarse a otro Caballero Dorado, ni a un General Marino Cretense —y Odiseo asintió—. Odiseo, si tú pierdes, lo único que pierdes es la mano de Helena, pero Diomedes es un Escorpio, sus reglas le prohíben escapar a un reto, y además de eso, solo puede perder una sola batalla, la batalla que le quitará la vida. Así que, o Diomedes se convierte en el esposo de Helena de Esparta, o deberá morir —Odiseo se sorprendió y miró a Diomedes fijamente, Shana lo hizo de igual manera, preocupada por la revelación de la situación. Diomedes notó todas las miradas, y simplemente sonrió.
—Entonces solo tengo que ganar, ¿no creen? —sonrió Diomedes—. Pero saben, es muy frustrante. Si gano me caso con Helena, pero también tendría que romper otra promesa y acabar con una vida muy preciada para mí —y tanto Odiseo como Shana recordaron a Egialea, a quien Diomedes había visto el rostro y debía amar o asesinar—. Como Escorpio no puedo retirarme de un reto, y como Escorpio no puedo perder tampoco. El signo de Escorpio es bastante complejo. Así que, Odiseo… si por alguna razón nos vemos en la arena… —Odiseo se preocupó, pero Diomedes simplemente sonrió—. Te voy a quitar a tu preciada Helena —le sacó la lengua Diomedes de forma infantil. Odiseo se molestó, Shana se preocupó, y Penélope bajó la mirada algo entristecida, lo que notó Diomedes, y sonrió ante aquel gesto de la prima de Helena—. Aunque, puede que Helena no te interese tanto como a los demás —sonrió Diomedes, y Odiseo lo observó curioso, pero Diomedes no dijo más.
Anatolia. Bosques de las fronteras de Troya.
—¡Jajaja! ¡No puedes alcanzarme! —rio Casandra con fuerza y mientras huía por el bosque, corriendo descalza, y riendo como la lunática que era. La familia real Troyana había salido a un día de campo con Paris y su esposa Enone. Había un campamento construido, y varios soldados protegían a los soberanos de Troya. Paris sin embargo, era incitado por Casandra todo el tiempo a perseguirla por el campamento—. ¡Si quieres tu preciado amuleto tienes que alcanzarme! ¡Jejejeje! —continuó burlándose Casandra, mientras Paris la seguía persiguiendo.
—¡Casandra, detente por favor! —suplicó Paris, persiguiendo a su hermana mayor, que se comportaba como una niña de 5 años debido a su locura, que no era ningún secreto para el pueblo ni los soldados, que tenían órdenes de permitir a Casandra hacer lo que le viniera en gana—. ¡Casandra! ¡Es gracias a ese amuleto que me dio mi madre al nacer que pudimos reunirnos tras 15 años! ¡Por favor! —pero Casandra se abrió el vestido, y metió el amuleto entre sus pechos—. ¡Casandra! —se quejó Paris, horrorizado.
—Desnúdame y será todo tuyo —mencionó Casandra con malicia, y Paris se ruborizó al extremo. En ese momento, el mango de un bastón golpeó la cabeza de Casandra con fuerza, y la enloquecida princesa de Troya se sobó el cráneo intentando mitigar el dolor, mientras Heleno la tomaba de un brazo, hundía su mano en los pechos de Casandra, sacaba el talismán, y se lo entregaba a un avergonzado Paris.
—Deja de atormentar a nuestro hermano menor, cabeza hueca —reprendió Heleno, y Casandra lloró mientras se sobaba la cabeza—. Te advertí que no te acercaras a Casandra. Aunque, no siempre fue así, antes era una profeta respetable, pero en algún punto entre su entrenamiento como sacerdotisa de Apolo y su regreso a Troya hace 3 años, gradualmente fue enloqueciendo —explicó Heleno—. Comenzó diciendo blasfemias de que Apolo se enamoró de ella, y que porque ella lo rechazó fue maldecida a que nadie le creyera sus palabras —terminó Heleno.
—Pero es verdad… —lloró Casandra, mirando a su hermano mellizo—. En Delfos mientras me entrenaba para convertirme un una oráculo, Apolo intentó seducirme… pero yo no quería, Apolo me daba miedo… así que lo rechacé y por su culpa ahora nadie me cree… Apolo tonto… ya que todos me ignoraban poco a poco me fui volviendo loca, mis momentos de cordura son tan escasos como mi falta de aten… ¡mariposa! —gritó de repente, y Casandra comenzó a perseguir mariposas, preocupando a Paris.
—Solo ignórala —sentenció Heleno con desprecio, y Paris, aunque triste por Casandra, asintió y volvió a reunirse con sus padres mientras Casandra seguía riendo y atormentando a todos los soldados que tenían que ignorarla a la fuerza—. De todas formas, antes de que Casandra te robara tu collar y comenzaras a perseguirla, querías preguntarle algo a nuestros padres —continuó Heleno—. Te aconsejo preguntar antes de que Casandra regrese —sugirió.
—Entonces haré mi pregunta, si no les molesta —comenzó Paris, y observó al rey Príamo y a la reina Hécuba—. Durante 20 días, Enone y yo hemos discutido mi supuesta procedencia real —le tomó la mano Paris a Enone, que se acercó y abrazó a su esposo—. Pero tras meditarlo con calma… y por la posesión de este talismán… lo sé… ustedes en verdad son mis padres, pero entonces… —continuó, viendo principalmente a su madre, de cabellera café oscura idéntica a la de Casandra—. ¿Por qué me abandonaron? —por fin se atrevió a preguntar, y Políxena, la hermana mayor, miró a sus padres con cautela.
—La pregunta obligada… temía que llegara el momento en que por fin preguntarías —agregó Príamo, y miró a Héctor y a Trolio, quienes se limitaban a afilar sus armas—. Cheshire, trae a Casandra —ordenó Príamo, y uno de los jóvenes soldados de Príamo, tragó saliva con fuerza y fue a buscar a Casandra. Un par de minutos más tarde, Casandra lo había montado, y le jalaba su larga coleta blanca con fuerza antes de derribarlo al suelo junto a su hermano Heleno, y abrazar al Espectro de tez bronceada con fuerza—. Casandra, compórtate —tronó los dedos Príamo, y Casandra se tranquilizó, dejó a Cheshire, a quien un par de soldados ayudaron a levantarse, y Príamo por fin explicó—. Casandra fue adiestrada como un animal debido a que no podíamos controlarla como humana. Ella sabe lo que pasa cuando trueno los dedos y no se tranquiliza —Paris parpadeó en un par de ocasiones, y al ver su curiosidad, Príamo le respondió—. Es azotada —Casandra tragó saliva, miró a un Espectro con un látigo, y se preocupó.
—Eso es muy cruel… padre… —Casandra se ruborizó al notar que Paris se preocupaba por ella sinceramente—. No importa si Casandra tiene problemas, es el deber de una familia proteger a sus hermanos y hermanas —Héctor se impresionó por esas palabras, y dejó de afilar su espada para mirar a Paris—. Yo cuidaré de Casandra siempre que se porte mal, pero por favor, no la vuelvan a azotar —Casandra sintió que lloraría, quería lanzarse y abrazar a su hermano, inclusive extendió los brazos para intentarlo, pero Príamo volvió a tronar los dedos, y Casandra se forzó a sí misma a tranquilizarse.
—¿Pensarías igual si te dijera que es por culpa de Casandra el que te desterramos? —preguntó Príamo, y Casandra bajó la mirada—. Cuando naciste, Héctor tenía 3 años, Políxena tenía 4 años, Heleno y Casandra tenían solamente 2, y Trolio era un bebé de 1 año en los brazos de su madre —lo posicionó en el tiempo Príamo, y Paris asintió—. Pero los más famosos de mis hijos eran Heleno y Casandra, quienes habían nacido con dones especiales. Heleno podía leer los sueños, y Casandra ver el futuro —Hécuba suspiró, deprimida por el recuerdo.
—Una noche, tras tu nacimiento, tuve una pesadilla, y Casandra llegó a mi cama llorando, hablando de un horrible incendio y muerte… —mencionó Hécuba, y Casandra bajó la mirada nuevamente—. Casandra no dejaba de gritar que Paris sería una antorcha que traería muerte, y una guerra de 10 años. Heleno entonces interpretó mi sueño sobre la antorcha, comentando que había una gran posibilidad de que la profecía de Casandra se cumpliera. Tuvimos que tomar una decisión. Te entregamos a uno de nuestros soldados, y le forzamos jurar que no revelaría tu ubicación, y que, si los dioses así lo querían, el collar que siempre has cargado contigo te guiaría a nosotros —prosiguió con la explicación Hécuba, y Paris se sintió traicionado.
—Pero, al paso de los años, comenzamos a dudar de mi interpretación. Madre no volvió a tener esos sueños —interrumpió Heleno, y Paris lo observó fijamente—. Solamente tenía 2 años, mi don de leer sueños no estaba completamente desarrollado. La antorcha pudo haber significado esperanza, pero como era un niño, antorcha era sinónimo de fuego, y fuego era sinónimo de malo, o destrucción. La duda nos consumió por varios años… Casandra después enloqueció, y sus profecías no fueron más que mentiras, eso puso en más duda tu destino. Pero ahora has regresado, y Troya no está ardiendo —explicó Heleno.
—Por el momento… —habló Casandra, y miró al soldado del látigo tensar su mano en contra del artefacto, por lo que Casandra se espantó—. Soy una mentirosa, no me hagas caso. La Estrella Terrestre de la Mentira brilla sobre mí. Miento, miento, miento. En realidad digo mentiras porque odio a todo el mundo y me gusta el sufrimiento ajeno —Príamo volvió a tronar los dedos, y Casandra a tranquilizarse y a sentarse como toda una señorita.
—Pero entonces… ¿fue una mentira? ¿No estoy destinado a ser la ruina de Troya? —preguntó Paris, y Casandra lo observó con cautela y algo de tristeza. Ella aún podía ver a Troya ardiendo, pero al ver el látigo, se mordió los labios por el miedo, y movió su cabeza en negación—. Eso fue muy cruel, Casandra. Pero… tenías solamente 2 años… a esa edad, no podías desearme el mal, ¿verdad? —Casandra notó la gentileza de Paris, y sus ojos se ahogaron en lágrimas—. Te perdono —sonrió Paris.
—¿Me… per…donas…? —lloró Casandra, pero inmediatamente se puso de pie, caminó en dirección al soldado del látigo, y le pateó la pantorrilla con fuerza—. ¡Castígame! —gritó con fuerza mientras el soldado se frotaba la adolorida pantorrilla—. ¡Anda, Fryodor! ¡Castiga a tu princesa! ¡Dame de latigazos! ¡Lo merezco! ¡Porque Paris es la única persona que ha sido buena conmigo, y aún si Troya arde, yo cuidaré de él! ¡Solo él merece vivir! —sonrió Casandra.
—Fryodor, cúmplele a Casandra su deseo —Ordenó Príamo, y Paris se horrorizó, mientras Fryodor, el soldado del látigo, empujaba a Casandra a un árbol, le arrancaba la ropa de la espalda, y dejaba ver las marcas anteriores de latigazos. Fryodor alzó el látigo, dispuesto a castigar a Casandra, quien lloraba asustada, pero Paris corrió a ella al momento que el látigo se blandía en su dirección, la abrazó, cubrió a Casandra con su cuerpo, y el látigo resonó, pero no hirió a Paris, sino que se enredó bajo el antebrazo de Héctor, que había ido a proteger a Paris cuando notó que el menor intentaba proteger a Casandra—. ¿Héctor? —preguntó Príamo.
—El deber de la familia… es defender a sus hermanos y hermanas… —habló Héctor, y Paris se impresionó, mientras Héctor le arrebataba el látigo a Fryodor, se quitaba su capa negra, y cubría con esta a Casandra—. Si vas a castigar a Casandra, padre. Elijo recibir su castigo —y todos vieron a Héctor quitarse la Suplice, darse la vuelta, y esperar a Fryodor, que estaba confundido—. Adelante… —Fryodor tan solo observó a su rey.
—Detente Fryodor, no requeriré de tus servicios —mencionó Príamo, y Fryodor asintió y se retiró—. Paris, al parecer. El que hayas regresado es un buen presagio. Tu corazón puro llevará a Troya a tiempos de gloria —Paris sonrió y abrazó a su hermana Casandra, quien simplemente lloraba, sin poderlo evitar.
Hélade. Esparta.
—Me dices que no me preocupe pero la verdad es que estás en problemas muy serios, Diomedes —se quejó Odiseo, mientras seguía a Diomedes por los coliseos de batalla de Esparta. Los criados de Tindáreo habían ido a buscar a Diomedes anunciando que era nuevamente su turno de combatir por el derecho a la mano en matrimonio de Helena de Esparta, y Diomedes buscaba los tableros, para saber en qué coliseo y contra qué oponente—. Hasta ahora has enfrentado a Caballeros de Bronce y Plata, pero tu suerte se acabará muy pronto… —sentenció Odiseo.
—Mi suerte acaba de agotarse —mencionó Diomedes, que como ya era costumbre caminaba con Shana sujetándole la mano. En ese momento sin embargo, cuando llegaron ante los tableros de madera en los cuales los criados de Tindáreo reemplazaban las tablillas en las que estaban escritos los nombres de los competidores, Shana no pudo evitar soltar la mano de Diomedes por la sorpresa—. Que mal… de todos me tenía que tocar contra él… —se preocupó Diomedes, y Odiseo se horrorizó por lo que estaba leyendo.
—Menelao… de Acuario… —sudó frio Odiseo, y Diomedes suspiró en señal de preocupación—. Espera, Diomedes… de entre los 12 Caballeros Dorados… Menelao es el segundo más fuerte de todos, pero el primero en determinación y frialdad… no puedes siquiera pensarlo, solo retírate —suplicó Odiseo.
—¿Retirarme? —se sintió insultado Diomedes—. «Un Escorpio está obligado a atender a cualquier reto» —enunció las reglas de los Escorpio, y Shana volvió a tomarle la mano, preocupada por Diomedes—. No he olvidado las otras reglas… el de Escorpio, es el favorito de Athena, ¿verdad? —le secó las lágrimas Diomedes a Shana, quien asintió—. No dejaré a Athena sola. Ganaré. Mi esperanza en Shana me ayudará a romper otro imposible —y Diomedes se dirigió a la arena, preocupando a Odiseo, y el amigo de Diomedes tomó la mano de Shana y la guio a los palcos—. De todas formas, empezaba a hacer mucho calor. No me gusta el calor, me deja la cabellera pegajosa. Esparta es un desierto, el cabello se me llena de suciedad —terminó de quejarse Diomedes, parándose frente a Menelao de Acuario en la arena.
—Una batalla entre Caballeros Dorados… —habló Menelao con calma—. Hay una vieja leyenda que dice que, si 2 Caballeros Dorados del mismo nivel se enfrentan, la batalla podría durar 1,000 días —aseguró Menelao, quien se acercó a Diomedes, ofreciéndole su mano.
—Es una fortuna que no estemos al mismo nivel… fortuna para ti claro está… —se preocupó Diomedes, tomando la mano de Menelao, y ambos caminaron a extremos distintos de la arena, y de reojo, Diomedes encontró a Egialea entre la multitud—. Los dioses se divierten mucho torturándome, si este es mi castigo por disfrutar de muchas señoritas en mis días de adolecente… supongo que viví bien… —preparó su aguja Diomedes.
—¿Qué hacemos? ¡Diomedes me contó muchas historias de los Caballeros Dorados! —comenzó Shana, horrorizada—. Me dijo que de entre los 12, Menelao es el segundo más fuerte. Solo superado por el Caballero Dorado de Capricornio que se dice es el más leal de Athena. ¿Dónde se encuentra Diomedes en la lista de los 12? —preguntó Shana.
—En el noveno —susurró Odiseo, y Shana se preocupó—. Y eso es solo porque Leo, Virgo y Libra no han sido elegidos. Diomedes es tan perezoso y despreocupado que es el más débil de los Caballeros Dorados. Incluso yo que soy un Caballero de Plata tengo un cosmos superior a Diomedes. Todo porque el príncipe de Argos es un egocéntrico al quien lo único que le interesa son las mujeres, no tiene posibilidades —terminó Odiseo.
—¡Oye! ¡Te estoy escuchando! —gritó Diomedes a los palcos donde Odiseo y Shana se habían sentado—. Descuida, cuando me tomo las cosas enserio soy más fuerte de lo que crees. ¿Recuerdas la guerra de la Venganza de los Epígonos? —y los recuerdos de una guerra mortal, y de Diomedes en batalla rompiendo hileras de enemigos con su lanza, regresaron a la mente de Odiseo, quien se tranquilizó un poco—. Podría patearte el trasero cuando quieras, Odiseo —amenazó Diomedes, y Odiseo sonrió, y asintió—. Aunque, a pesar de que soy más fuerte de lo que todos creen… si me tuviera que posicionar en la línea de los 9 que existen hasta ahora estaría primero Capricornio, luego Acuario, luego Tauro, Géminis, y el quinto sería yo… o sexto, creo que Libra es más fuerte que yo, la verdad no estoy del todo seguro, ese niño me llama bastante la atención —prosiguió Diomedes.
—¿Estás seguro de que quieres hacer esto, Diomedes? —preguntó Menelao, alzando su mano, y materializando una lanza idéntica a la que Diomedes podía materializar. Solo que con un cristal azul—. Sabes que si pierdes debes morir, y que como soberano de Micenas, soy brutal y de corazón frio en la batalla —sentenció.
—¿No me dejarías ganar solo por sentir pena por mí? —sonrió Diomedes, y Menelao miró de reojo a Helena, su belleza lo había cautivado, por lo que, con tristeza, lo negó con la cabeza—. Que malvado, Menelao. ¿Me matarías por una mujer? Aunque Helena en verdad es una belleza —y Diomedes se preocupó, y miró a Egialea entre el público—. ¿Eh? ¡No dije nada! —pero Egialea por su parte, simplemente cerró sus manos en forma de plegaria, y Diomedes le sonrió con gentileza—. Bueno… si pierdo… seguirás viviendo sin preocupaciones —sonrió Diomedes, y preparó su lanza—. Bailemos, Acuario —apuntó Diomedes—. ¡Restricción! —gritó Diomedes, y Menelao sintió su cuerpo estremecerse—. ¡Si actuó rápido tendré una posibilidad! ¡Aguja Escarlata! —lanzó su ataque Diomedes, más Menelao logró atrapar la aguja con un bloque de hielo, y entonces se liberó del ataque de Restricción y atacó con su lanza, forzando a Diomedes a bloquear con la suya.
—La Restricción solo funciona contra un oponente que te tenga miedo —aclaró Menelao, y reunió su cosmos en su puño—. ¡Polvo de Diamante! —gritó, Diomedes evadió, pero la mitad de su armadura del lado derecho se congeló—. Mis hielos son tan fríos, que son capaces de congelar las Armaduras Doradas —aclaró Menelao, y Diomedes sonrió, elevó su cosmos, y el hielo comenzó a desmoronarse—. ¿En verdad tienes un cosmos más grande del que se te adjudica? —preguntó Menelao, ligeramente sorprendido.
—Soy perezoso, no debilucho —habló Diomedes, subiendo la guardia, y alrededor de todo el coliseo, la sorpresa era evidente mientras los 2 combatientes en la arena lanzaban puños de hielo y agujas color escarlata, y usaban sus lanzas el uno contra el otro cuando estaban suficientemente cerca.
—¿Qué está pasando? ¡Hielo sale de las manos de Menelao! ¿Y qué son esos destellos que lanza Diomedes? —preguntó Shana, sumamente impresionada, y Odiseo recordó que esta era la primera batalla que Shana presenciaba en la que se usaba el cosmos, así como sucedía con muchos de los presentes.
—Es verdad, aunque otros Caballeros de Athena y Generales Marinos han combatido, ningún combate hasta ahora había tenido la necesidad del uso del cosmos —Shana miró a Odiseo con confusión, mientras Diomedes y Menelao seguían golpeándose mutuamente con sus lanzas—. El cosmos, es una fuerza que existe en el universo. Todo, desde los seres vivos hasta las rocas, posee esta energía. Pocos son los humanos que aprenden a utilizarla, y con el cosmos crean milagros —apuntó Odiseo, mientras Menelao congelaba todo el suelo, forzando a Diomedes a clavar su lanza para no resbalar—. Los 12 Caballeros Dorados son los que mejor dominio en el cosmos tienen, y de entre los 12, Menelao de Acuario es el que conoce el cosmos a un nivel superior. No solo lo domina, como Diomedes que lanza sus agujas a una velocidad impresionante, como una jabalina en pleno vuelo, sino que lo materializa. Menelao es el segundo Caballero Dorado más poderoso, porque él puede materializar su cosmos en hielo. El Caballero Dorado más poderoso de todos, sin embargo, no materializa hielo, materializa una espada gigante —Shana no lograba imaginarlo, pero notaba en Odiseo el terror de enfrentarse a alguien así—. Piénsalo, Diomedes crea pequeñas jabalinas escarlata que él llama agujas —apuntó Odiseo, y Shana vio la Aguja Escarlata desprenderse, como una pequeña jabalina, que Menelao evadía—. Ahora, piensa en una inmensa espada dorada, visualiza un corte, más alto que el guerrero que lo lanza con sus brazos extendidos, y tan largo que es capaz de llegar de un lado del coliseo al otro. En comparación con las lanzas diminutas de Diomedes… bueno… ya tienes la idea del poder del Caballero Dorado más poderoso de todos —y Shana asintió.
—¡El poder no está en el cosmos, sino en cómo lo usas! —gritó Diomedes, saltando y escapando de una estocada de Menelao, y parándose sobre la punta de la lanza en perfecto equilibrio, sorprendiendo a todos los presentes—. El cosmos… te permite desafiar las leyes de la realidad. Como por ejemplo, permitirme pararme en la punta de una lanza, sin ejercer peso —y Diomedes corrió sobre el mango de la lanza, y pateó el rostro de Menelao, impulsándose con la misma patada, y cayendo frente al herido Caballero de Acuario—. ¿Quieres ver una explosión, Odiseo? ¿Piensas que soy débil solo porque mis proyecciones de cosmos tienen la forma de agujas? ¿No será que prefiero que tengan esa forma, porque son más mortíferas así? Si quieres que te demuestre un corte perfecto como el Caballero de Capricornio es capaz de lanzar, entonces observa —enunció Diomedes, elevó su laza por encima de su cabeza, y la rodeó con su cosmos dorado mientras apuntaba a Menelao, antes de liberar su ataque—. ¡Filo Escarlata! —lanzó su ataque Diomedes, y la lanza liberó un corte perfecto que brillaba de un rojo intenso, Menelao se preocupó, giró su lanza, y esta se cristalizó.
—¡Muro de Hielo! —gritó Menelao, y el hielo resistió el ataque sin rasguño alguno, pero el corte, dividido en 2, se clavó a ambos lados de la entrada al coliseo, formando cortes profundos en la piedra—. Ese corte… fue igual de fuerte que el de mi hermano… de no haber usado el Muro de Hielo me hubiera rebanado —se preocupó Menelao, y entonces escuchó el sonido de metal contra loza de barro, Diomedes acababa de caer en su rodilla derecha—. Eres impresionante, pero mi hermano te supera fácilmente. Lograste lanzar un corte idéntico al suyo, pero agotaste todo tu cosmos —sentenció Menelao.
—No todo, solo una gran parte… —sonrió Diomedes—. Creo que soy muy orgulloso, quería demostrarle a Odiseo que no soy tan débil como él cree —Diomedes preparó su aguja—. Todos los Caballeros Dorados tienen un estilo de batalla. Generación tras generación quienes portan las Armaduras Doradas crean sus propias técnicas, y la armadura las aprende, y las enseña a sus portadores. La favorita de los Escorpio sin embargo, es y siempre será la Aguja Escarlata. Nos creen débiles porque simplemente lanzamos jabalinas en miniatura, no entienden el verdadero poder. La Aguja Escarlata, concentra toda la energía de una explosión de cosmos, en un diminuto punto. Permíteme demostrártelo. ¡Aguja Escarlata! —gritó Diomedes, y de un movimiento rápido, golpeó la pierna de Menelao, haciéndolo caer en su rodilla, y forzándolo a gritar de dolor—. La Aguja Escarlata, arderá como la picadura de un verdadero escorpión, envenenará incluso el cuerpo —Menelao intentó reponerse, pero su cuerpo ardía con fiebre—. Los seres humanos tienen 5 sentidos comunes. Vista, olfato, oído, gusto, tacto. Cada aguja que clavo, destruye parte de esos sentidos —Diomedes volvió a lanzarse, y clavó otras 5 agujas de un movimiento, y Menelao se estremeció de dolor—. Se requieren de 3 agujas para destrozar por completo un sentido. Con 6 agujas, ya has perdido la vista, y el olfato. La vista es muy obvia, el olfato, te impedirá respirar con normalidad —sentenció Diomedes.
—Tal parece… —suspiró Menelao, con sangre cayéndole de la nariz—. Que te hemos subestimado demasiado, Diomedes —pero Menelao se negaba a rendirse, y en su lugar, elevaba su cosmos con las manos entrelazadas sobre su cabeza, y con un tremendo cosmos bajando la temperatura del coliseo—. Pero no estoy derrotado, olvidas que los caballeros tenemos un Sexto Sentido, el cosmos. Y pese a que mis sentidos comunes fueron destrozados, el cosmos, me permite respirar y ver a un nivel diferente. ¡Ejecución Aurora! —gritó Menelao, y Diomedes intentó evadir, pero nuevamente fue alcanzado, lanzado a la pared, y su armadura quedó congelada a la mitad—. No me derrotarás tan sencillamente. Eres más fuerte de lo que esperaba, pero no estás a mi nivel ni al de mi hermano —sentenció.
—Me encantaría poner a prueba esa teoría pero… lanzar ese corte me debilitó demasiado… Odiseo… el cosmos es infinito, lo que realmente es finito es el cuerpo humano… —explicó Diomedes, poniéndose de pie, mientras cristales de hielo caían y le cuarteaban la armadura—. Solo hay una fuerza capaz de destruir el cosmos, el Sexto Sentido, y esa es Antares, la estrella roja que incluso los dioses temen, una estrella que se dice es capaz de herir a los dioses, principalmente a Ares, el dios de la Guerra. Antares es la única fuerza capaz de destruir el cosmos, pero para liberar ese poder, las otras 14 agujas deben primero asestar antes de que Antares tenga la fuerza suficiente —y Diomedes preparó su aguja—. Tal parece… Menelao… que si quiero vivir tendré que matarte, al destrozar tu cosmos… es una verdadera molestia, nadie ha muerto en estas contiendas, y yo solo puedo perder una sola batalla, y la única forma de vencerte es destruyendo tu cosmos, y si destruyo tu cosmos morirás y Agamenón seguro querrá mi cabeza. Todo es siempre muy complicado para los Escorpio, incluso si gano y sobrevivo milagrosamente a Agamenón de Capricornio, el Caballero Dorado más poderoso, no seré feliz. Porque al ganar a Helena viviré y seguiré protegiendo a Athena… pero… tendría que matar a una persona muy importante en mi vida… esto es frustrante… si hubiera una alternativa, cualquier alternativa… la tomaría pero como Escorpio no puedo decir que no a un reto. Solo puedo tener la esperanza de que te rindas pero… eso no va a pasar, e incluso si lo haces… Egialea tendría que… —y Diomedes lloró, mientras apuntaba su aguja en dirección a Menelao—. Todo se resume al final… a Shana o Egialea… pero, tristemente, soy un Caballero Dorado —y Diomedes incineró su cosmos, impresionando a todos, incluyendo a Menelao. Sin embargo, el príncipe de Micenas se negó a rendirse y volvió a colocar sus manos en la forma del cántaro. Los cosmos de ambos hacían temblar la tierra, y los presentes pensaban que los dioses estaban furiosos.
—¡Alto! —escucharon ambos un grito a momento de que pretendían lanzar sus ataques, y Egialea del Cisne saltó a la arena, corrió hasta Diomedes, y lo abrazó con fuerza—. ¡Diomedes tonto! —gritó Egialea, y los cosmos de Diomedes y Menelao se apagaron en esos momentos—. ¡Tonto! ¡Imbécil! ¡Mujeriego! ¡Arrogante! ¡Egoísta! ¡Luchar con esta intensidad por Helena cuando ya tienes una prometida! —gritó, y por los contornos de la máscara brotaban las lágrimas de Egialea, sobresaltando a Diomedes, y preocupando a Menelao quien era su maestro—. Eres un insensible sin corazón… yo soy tu prometida… —lloró.
—Sé que eres mi prometida, Egialea… pero… no puedo renunciar a un reto… —continuó Diomedes, y abrazó a Egialea—. Tonta, he pensado en ti todo el tiempo… pero hay cosas que por más que piense no puedo solucionar… no de la forma más adecuada pero… la verdad planeaba seguir combatiendo y negar la mano de Helena al final… aunque… Tindáreo querría cortarme la cabeza… y si me escapaba, Argos y Esparta irían a la guerra… me lleva Hades, esto es más complicado que jugar con Shana al ajedrez —sentenció Diomedes, y Shana se sorprendió y comenzó a reunir las piezas de la situación de Diomedes—. Anda… ve a las gradas, tengo que seguir con el combate y acabas de cortarme la inspiración del momento… rayos, había olvidado que Menelao es tu maestro… si lo mato estarás triste… esto es muy complicado —se frustró Diomedes.
—¡Alto! —gritó Shana y comenzó a correr, Odiseo la persiguió, pero la niña era muy rápida, incluso se había escapado por entre los guardias que pretendían evitarle la entrada a la arena, y cuando estos intentaron ir por Shana con espadas en mano, Odiseo los derribó, permitiendo a Shana llegar ante el palco de Tindáreo y Helena—. Rey Tindáreo. Diomedes debe ser descalificado —todo el coliseo se impresionó, y Tindáreo se rascó la barbilla—. ¡No puede competir por la mano de Helena porque ya está comprometido! ¡Por ello debe ser descalificado! ¡Es injusto! ¡Deméter, la diosa de los Matrimonios, enfurecerá si Diomedes logra hacerse con la mano de Helena ya que estaría faltando a sus responsabilidades de Caballero de Athena! ¡Ha visto el rostro de Egialea y no la asesinó! ¡Decidió amarla! ¡Así que podemos sumar la ira de Athena si Diomedes continúa con sus acciones! —sentenció Shana.
—¿De qué lado estás? ¡Me estás haciendo ver como un mujeriego sin corazón! —gritó Diomedes, y Shana lo miró y con su dedo sobre sus labios le pidió callarse—. Además, ¿de qué me sirve que me descalifiquen? Un momento… si me… descalifican… entonces técnicamente no estoy perdiendo… ni tengo que matar a Menelao… ni tengo que negar a Helena e ir a la guerra contra Esparta… —Shana asintió, y Tindáreo se puso de pie.
—Diomedes de Escorpio, estás convirtiendo mi torneo en un circo —reprendió Tindáreo, y Diomedes se preocupó—. Pero dejando eso a un lado, y por no enfurecer ni a Deméter ni a Athena, oficialmente estás descalificado de la contienda por la mano de Athena —continuó Tindáreo, con una sonrisa en su rostro, y Diomedes comprendió que el rey de Esparta lo castigaba únicamente por aligerarle la carga—. Ahora, lárgate. El ganador por descalificación es Menelao de Acuario —sentenció Tindáreo—. Y que quede bien en claro, que una descalificación no es una derrota, así lo dicta Tindáreo, rey de Esparta —y todos aplaudieron la decisión, y permitieron a Diomedes retirarse, pero Menelao lo detuvo en el camino al tomarlo de un brazo, silenciando a todo el coliseo.
—Solo por curiosidad… —mencionó Menelao, y Diomedes lo observó—. Si el combate se hubiera prolongado… —Menelao respiró pesadamente, y tembló de dolor—. ¿En verdad crees que habrías vencido? ¿Tú… te crees capaz de derrotarme? —preguntó, y Diomedes preparó su aguja, y la clavó en el pecho de Menelao, horrorizando a todos, pero de pronto, Menelao escupió veneno, sus ojos recuperaron su brillo, y volvió a respirar con normalidad.
—Hay una niña a la que jamás defraudaría —sonrió Diomedes, acariciando la cabellera de Shana—. Así que, definitivamente hubiera encontrado la forma, Menelao. Interpreta mis palabras de la forma en que tú quieras. Nadie puede saber el qué hubiera pasado, yo solo sé, que por Athena haría lo que fuera necesario, y rompería cualquier imposible… —sentenció Diomedes, jaloneando a Shana cerca de sí, y abrazándola con su mano antes de retirarse.
—¿Por Athena? —preguntó Menelao y miró a Shana fijamente, quien se sintió observada y se escondió tras la capa de Diomedes. Menelao simplemente sonrió, y suspiró en señal de derrota—. Ya veo… así que… por eso le molestó el que dijeran que Helena… —pero Menelao no dijo más, y comenzó a retirarse—. Lo he decidido, Diomedes. Ganaré este torneo, y te demostraré mi verdadera fuerza. Aunque nunca sabremos en realidad quien pudo haber ganado, hoy te declaro oficialmente mi rival a vencer —Diomedes asintió, y se retiró hasta donde Odiseo, quien le dio un tremendo golpe en su nuca.
—¡Cabeza hueca! ¡Piensa las cosas antes de hacerlas! ¡No intentes armar el rompecabezas en medio de la batalla! —le recriminó Odiseo, y Diomedes se sobó la nuca—. ¡De todas formas! ¡Ahora te tienes que casar con Egialea! ¡Habrá problemas con tu madre la reina, pero enviaré regalos suficientes para que la riqueza adquirida por obsequios de boda la hagan reconsiderar tu destierro! ¡Daré la mitad de las riquezas de mi reino de ser necesario! —sentenció Odiseo.
—Odiseo… —se impresionó Diomedes, y comenzó a llorar—. ¡Eres un verdadero amigo! —continuó, y abrazó a Odiseo, que se molestó e intentó empujarlo lejos de sí—. Déjame abrazarte, no seas cruel —se burló Diomedes.
—¡Estás comportándote como el rarito de Patroclo! —se molestó Odiseo—. ¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Suéltame! —Shana simplemente se burló por todo lo que estaba pasando—. ¡De todas formas ya no podrás frecuentar burdeles! —anunció Odiseo, Diomedes se horrorizó, y Egialea se molestó por lo que acababa de escuchar.
—¡Odiseo! ¡Me salvas la vida y luego me mandas al Hades! —se quejó Diomedes, que comenzó a disculparse con Egialea—. De todas formas, a pesar de los problemas que acabas de adjudicarme… te lo compensaré… amigo mío… —sonrió Diomedes—. Digamos que Shana no es la única que es buena con los juegos de ajedrez. ¡Me encargaré de que tú tampoco vuelvas a frecuentar burdeles! —sentenció, y el par comenzó a discutir, y Shana simplemente se burló de ambos con gentileza.
Anatolia. Bosques de las fronteras de Troya.
—¿Casandra? ¿Te has alimentado correctamente? —se preocupó Paris, quien llegaba a la tienda de Casandra, encontrándola encadenada de brazos y piernas, acostada sobre su cama—. ¡Casandra! ¿Qué te hicieron? —se preocupó Paris.
—Fryodor me encadenó… dijo que si no podía azotarme al menos me mantendría bajo control por otros medios —Paris se estremeció de miedo por la revelación, y al ver a Casandra descalza, se ruborizó un poco—. ¿Estás preocupado por mi virginidad? Nadie jamás me ha tocado de esa forma, todos piensan que si lo hacen podría darles un hijo o una hija con los mismos trastornos emocionales que sufro —y Paris se avergonzó—. De todas formas, ya sé con quién perderé mi pureza, no tienes de qué preocuparte, va a tratarme muy bien, aunque también será mi ruina. Cuando sabes todas estas cosas… no puedes evitar enloquecer… —enunció, pero entonces se impresionó tras recibir un abrazo de parte de Paris, y la joven se mostró conmovida—. Aunque… no lo sé todo… esta parte no la veía venir —sonrió Casandra.
—Hablaré con padre referente a Fryodor. Es injusto que te trate de esa manera —mencionó Paris, y Casandra sonrió—. Buscaré la llave —mencionó Paris, pero Casandra tomó de su túnica con los dedos de los pies, impidiendo que el príncipe de Troya pudiera escapar.
—Debajo de mi almohada —explicó Casandra, y Paris parpadeó un par de veces, colocó su mano debajo de la almohada, y encontró la llave de las cadenas de Casandra—. Fryodor la deja allí siempre que me encadena, dice que es para que me saquen a pasear. Sabe que no puedo usarla para liberarme de todas formas, la cerradura está en una posición muy incómoda. Lo he intentado antes. Una vez, Fryodor se quedó observándome intentarlo hasta que las muñecas me sangraron de tanto tratar. Me dijo que no comería hasta lograrlo… al final me encontraron famélica en el suelo de mi habitación y al borde de la muerte —explicó.
—No dejaré que vuelvan a hacerte eso. No lo permitiré, yo te cuidaré —aclaró Paris, abriendo las cerraduras de Casandra y liberándola. Casandra entonces se acercó a Paris, lo rodeó con sus brazos, y lo besó, mordiéndole el labio, y arrebatándole la sangre. Paris tan solo la observó, incrédulo de lo que acababa de suceder.
—Yo no me tendría tanta confianza. Soy mala… estoy tan perturbada emocionalmente que deseo la muerte de todos quienes me han irrespetado. ¿Aun así serías bueno conmigo? ¿Aun así me seguirías protegiendo? No finjo ser lunática, realmente lo estoy. Nadie puede sanar mi mente. ¿Lo entiendes? Apolo la destrozó —Paris la miró con detenimiento, tomó un pañuelo, y le limpió su sangre de los labios, luego tomó el rostro de Casandra, y le besó la frente con gentileza—. Tonto… —terminó Casandra, y de inmediato se puso de pie, sorprendiendo a Paris por el cambio de actitud de la perturbada princesa de Troya—. ¡Quiero salir a pasear! —continuó Casandra, tomando una cadena con un arillo para el cuello, colocándoselo, y entregándole la cadena a Paris—. ¡Llévame! ¡Anda! —sonrió Casandra con una dulzura que no ameritaba la situación.
—Si quieres pasear, no te llevaré a cadenas —continuó Paris, y con su llave abrió el cerrojo del arillo de cuello de Casandra, y le quitó las cadenas—. No es humano lo que te han hecho. Vamos… te llevaré de la mano… —Casandra sonrió, y abrazó a Paris.
—¡Llévame como a una princesa! —exigió, y Paris se preocupó un poco, pero suspiró, y cargó a Casandra como a una princesa, llevándola fuera de la tienda, y encontrando a Políxena frente a ambos—. ¡Olvídalo! ¡Es mío! —se quejó Casandra y abrazó a Paris—. ¡Pandora mala, mala, mala, maaaaalaaaaa! —le sacó la lengua Casandra.
—¿A dónde la llevas? —se quejó Políxena, y Casandra le sacó la lengua nuevamente—. No pierdas el tiempo con ella, Paris. Está demente. No es humana —intentó explicarle Políxena, pero Paris lloró por la forma en que trataban a Casandra, sorprendiendo a Políxena.
—Lo que no es humano es el cómo la han tratado —sentenció Paris, abrazando a Casandra. Y la lunática, feliz por el abrazo, se lo regresó a Paris y comenzó a morderle la oreja con felicidad—. Casandra… me duele… —pero a Casandra no le importó y siguió mordiendo—. Yo voy a cuidarla. Aunque nadie quiera hacerlo. Casandra es mi querida hermana —aseguró Paris, molestando a Políxena, quien la miró con odio.
—¿Quién es la hermana favorita ahora? ¡Muajajajaja! —se burló Casandra—. Es todo mío. Muérete de envidia, vaca gorda. Deja de comer pastelillos o te pondrás toda redonda como un cerdo, oink, oink —Políxena enfureció e intentó jalarle los cabellos a Casandra, pero Paris corrió lejos de Políxena—. ¡Me siento defendida! ¡Soy tan feliz! —sonrió Casandra.
—Lo siento mucho, Políxena —se disculpó Paris—. Reprenderé a Casandra por lo que te ha dicho. Pero no permitiré que vuelvan a herirla. Lo lamento mucho —prosiguió Paris, y llevó a Casandra lejos del campamento—. ¡Casandra, eso fue muy grosero! —se quejó Paris, pero Casandra volvió a morderle la oreja—. ¡Ouch! ¡Casandra, eso no es normal! —se quejó Paris, intentando escapar de las mordidas de Casandra.
—Ser normal es aburrido. Paris sabe delicioso, tal vez deba comerte —bromeó Casandra, que le mordió un cachete a Paris, quien poco a poco se arrepentía de su empatía a Casandra, quien por su locura simplemente no podía comportarse—. Eres delicioso —Casandra le mordió el hombro, lastimando a Paris, pero lo resistió y continuó cargando a Casandra lejos del campamento.
—¿No deberíamos enviar una escolta? —se quejó Trolio, que llegaba junto a Heleno a donde Políxena miraba con odio a Casandra partir—. Paris es un debilucho, seguramente Casandra lo matará —se burló Trolio.
—Estarán bien, y Políxena. No te molestes con Casandra —habló Heleno, y Políxena se sorprendió—. Casandra te admira también porque crees en sus profecías. Ella no haría nada para herirte. Puedes tomar sus insultos como una forma de pedirte distancia y paciencia. Aunque al menos eso es lo que yo creo, la verdad, sea mi melliza o no, Casandra es todo un misterio. Pero en efecto, no es mala, eso puedo asegurártelo —le explicó Heleno, y Políxena le sonrió con malicia.
—Entiendo —mencionó—. Esperaré el momento en que Casandra me entregue a Paris para poder moldearlo en el gobernante que debe ser. Hades… —susurró, Heleno asintió, Trolio por su parte no lo comprendió, y Héctor, que nunca socializaba con sus hermanos, los observó desde lejos, y observó a Paris, retirándose con Casandra en sus brazos.
Hélade, Esparta.
—La mayor parte de los participantes del torneo por la mano de Helena se retiraron tras tu combate con Menelao —explicó Odiseo, mientras sacaba trozos de hielo de la piel de Diomedes, que estaba sumamente herido. Shana lo observaba todo con miedo mientras lavaba la capa de Diomedes—. Mira tu armadura, está toda agrietada. La de Menelao no está mejor, fueron imprudentes. Calcas va a estar muy enojado —sentenció Odiseo.
—Es un Muviano, las reparará —explicó Diomedes, y entonces sintió una punzada de dolor mientras Odiseo le arrancaba otro trozo de hielo—. De todas formas, ¿qué clase de monstruo es Menelao? Su hielo no se derrite, siento como si me estuvieras sacando puntas de lanza del cuerpo —Odiseo asintió, y en ese momento, la puerta de la habitación de Diomedes se abrió, y Egialea entró con varios ungüentos y trapos cortados.
—El maestro Menelao… a pesar de sus heridas, continuará con los combates… —mencionó Egialea, y Diomedes asintió—. La verdad es que estaba en muy mal estado, pero gracias al ungüento que me dieron para cuidar de sus heridas, se ha levantado como si no le molestaran, está muy agradecido —informó.
—Ese Menelao es sorprendente —agregó Diomedes, y Odiseo le arrancó otro trozo de hielo, causándole a Diomedes algo de dolor, que tuvo que soportar a la fuerza—. De todas formas, necesito terminar con esto lo antes posible. Aún tengo mucho que hacer —Odiseo lo observó con curiosidad, sabiendo que Diomedes tramaba algo—. Tranquilo, tranquilo, solo confía en mí. Shana, ¿ya está lista mi capa? —preguntó Diomedes.
—¡Lista y limpia! —sonrió Shana, cargando la capa blanca de Diomedes—. Pero tenga cuidado, señor Diomedes. Limpiar la sangre de su capa no es para nada sencillo —prosiguió, y le tendió la capa, pero Diomedes la miró fijamente, y Shana se avergonzó un poco—. En vergonzoso… llamarlo de otra forma… espere por favor a que me acostumbre… —aseguró Shana, y Diomedes simplemente sonrió, y sintió una sensación helada recorrerle la espina.
—¡Uweh! ¡No hagas eso, Egialea! —se quejó Diomedes, y notó a pesar de la máscara que Egialea miraba a Shana, quien se ocultó detrás de Diomedes—. ¿Estás celosa de Shana? No tienes de qué preocuparte. Después de todo, Shana es mi hija —y tanto Odiseo como Egialea, se sobresaltaron por la revelación—. Cuando estábamos en la audiencia con Tindáreo, me di cuenta de que Odiseo es muy tonto para inventar mentiras, ¿niñero personal? Soy un príncipe de Argos. ¿Por qué estaría de niñero de Shana? —y Diomedes entonces cargó a Shana, y la sentó en su pierna—. Así que, ya que nos llevamos muy bien, decidí adoptarla. Llené su registro mientras Odiseo tenía su último combate. Oficialmente es mi hija ahora —sonrió Diomedes.
—¡Siempre estás tomando esas decisiones sin el consentimiento de los demás! —gritó Odiseo, molesto por las tonterías de Diomedes—. ¿Pensaste siquiera en la opinión de Shana al respecto? ¿Qué dirá tu madre cuando sepa que el príncipe de Argos adoptó a una niña? ¡Sin mencionar que no pensaste en la opinión de cierto conjurador de relámpagos! —mencionó Odiseo.
—Creo… que nuevamente no pensé las cosas bien… —se preocupó Diomedes—. Pero sigo vivo, ¿no es así? —mencionó y abrazó a Shana—. Además, no tomé la decisión a la ligera. Se lo pedí a Shana y ella aceptó. Además de que de este modo nos saltaremos muchas explicaciones innecesarias. Shana de todas formas, no tiene familia en Gea —Odiseo lo comprendió, y notó la gentil sonrisa de Shana—. Y tampoco es la última decisión imprudente y sin consentimiento que tomaré —se colocó su armadura Diomedes y se amarró la capa. La puerta de su habitación entonces fue golpeada gentilmente—. Pasa —mencionó Diomedes.
—Príncipe de Argos, el rey Tindáreo lo atenderá ahora —mencionó un criado, y Diomedes asintió, se puso de pie, y le ofreció su mano a Shana, quien la tomó sin dudarlo—. Sígame por favor —anunció el criado.
—Diomedes… ¿ahora qué idiotez estás planeando? —preguntó Odiseo, y Egialea comenzó a preocuparse—. ¿Acaso Tindáreo pedirá retribución por convertir su torneo en un circo? ¿Realmente cómo funciona tu cabeza? Todo lo que haces presiento que me meterá en más y más problemas —sentenció Odiseo.
—Ten un poco más de confianza en mí —se quejó Diomedes—. Aunque puede que sí te vaya a complicar un poco más la existencia… supongo que estás en todo tu derecho de juzgarme… ¿no lo crees, princesa de Argos? —sonrió Diomedes, y Shana se ruborizó—. Anda, dilo —sonrió con malicia, y Shana asintió.
—No me avergüences tanto… Diomedes… —pero Diomedes la miró fijamente, y Shana se ruborizó—. Pa-padre… —sonrió, y Diomedes sonrió también—. Es algo vergonzoso pero… por favor cuida de mí —y Diomedes asintió.
—Por cierto, tú eres la madre —apuntó Diomedes a Egialea, quien se sobresaltó y estuvo a punto de quejarse, cuando Diomedes escapó corriendo mientras se burlaba de la vergüenza de la Caballero del Cisne.
Anatolia. Bosques de las fronteras de Troya.
—Casandra… está oscureciendo —se quejó Paris, quien subía cansado por una empinada montaña. Casandra por su parte, caminaba sin complicaciones, después de todo Paris la había cargado la mayor parte del trayecto, por lo que Casandra estaba fresca y descansada—. ¿Qué tanto más pretendes caminar? Si continuamos y no regresamos a tiempo para la cena, nuestro padre enviará a sus soldados a buscarnos y no creo poder protegerte de ser azotada si eso pasa —mencionó Paris con preocupación.
—Me azotarán cuando no te des cuenta de todas formas. ¿Qué vas a hacer? ¿Permitirme dormir entre tú y Enone? —extrañamente, Paris lo consideró—. No puedes mantenerme vigilada en todo momento. En el momento en que te separes de mí, Fryodor volverá a azotarme —pero Paris estaba decidido a evitarle a Casandra esa pena—. ¡Aquí está! ¡La puerta del Olimpo! —sonrió Casandra, y Paris encontró unas ruinas de un oráculo frente a él, en las cuales Casandra comenzó a correr y a bailar alegremente—. ¡Pasaremos aquí la noche! ¡Ahora consígueme algo de cenar! ¡Me apetece oso! —sonrió Casandra.
—¿Cómo voy a cazar un oso? —se preocupó Paris—. No, más importante, ¿a qué te refieres con pasar la noche aquí? Padre estará furioso. Debemos regresar —pero Casandra se cruzó de brazos, se sentó en el suelo, y se negó a ponerse de pie—. Casandra. ¿Por qué haces esto? —se sentó Paris junto a ella.
—Porque voy a darte una recompensa por confiar en mí —sonrió Casandra—. Todos siempre piensan que estoy loca, y en verdad lo estoy, pero solo tú me tratas como a una humana, para todos los demás soy un animal que solo entiende a latigazos y se debe adiestrar como a una bestia. Incluso tú sabes que estoy loca, pero me cuidas. Así que, yo también voy a cuidarte. Te llevaré con los dioses a que recibas un regalo de ellos —sonrió Casandra.
—Espera… Casandra… perdóname que te lo diga pero incluso tú no deberías decir esas cosas… —se preocupó Paris. La niña simplemente lo ignoró y se acurrucó en la hierba. Paris por otra parte, suspiró en señal de derrota, sacó su espada, y salió a cazar.
Hélade, Esparta.
—Yo, Odiseo de Altar, príncipe de Ítaca, solemnemente renuncio a mi derecho de competir por la mano de Helena de Esparta —reverenció Odiseo frente a Idomeneo de Crisaor, el rey de Creta, que fue declarado victorioso por la renuncia de Odiseo.
—Tu rendición es aceptada, Odiseo, príncipe de Ítaca —mencionó Tindáreo. El rey de Esparta ya había tenido que aceptar varias rendiciones. Odiseo por su parte, hizo una reverencia ante Tindáreo y Helena, pero se percató de que Penélope, la prima de Helena, no se encontraba en el palco acompañando a Helena como era ya una costumbre, lo que alegró a Odiseo, quien al menos tenía el consuelo de saber que Penélope no lo había visto rendirse—. Solo quedan 2 participantes del torneo. Idomeneo de Crisaor, rey de Creta, y Menelao de Acuario, príncipe de Micenas —anunció Tindáreo—. Si no hay inconveniente entre los participantes, y puesto a que Idomeneo no combatió contra Odiseo, ¿podemos proseguir con los combates? —preguntó Tindáreo.
—Por mí no hay ningún inconveniente —respondió Idomeneo de Crisaor, preparando su lanza—. Aunque mi oponente está más muerto que vivo tras su sorprendente batalla contra Diomedes de Escorpio. No me importaría esperar a que sus heridas sanasen —agregó el Cretense con humildad, pero Menelao entró en la arena.
—No necesito de la simpatía de un Cretense —mencionó Menelao fríamente, quien se posaba ante Idomeneo tras llegar al coliseo con orgullo—. La mano de Helena de Esparta será solamente mía. Mi combate más mortífero fue contra Diomedes, y aún me siento sobrepasado. No me lo perdonaría si dejo que la mano de Helena me sea arrebatada, combatiré y venceré —terminó su discurso Menelao, y materializó la lanza en sus manos—. Anda, Cretense. Veamos cual de nuestros dioses nos sonríe. Athena o Poseidón —sentenció Menelao.
—Entonces todo se reduce a los representantes de 2 dioses distintos —respondió Idomeneo—. Poseidón y Athena han sido más aliados que enemigos últimamente, pero a lo largo de la historia siempre ha existido esa rivalidad latente desde que hace 1,000 años la Ciudad de Atenas fue ganada en guerra por Athena cuando los dioses compitieron por ser su gobernante. En Atenas incluso se reverencia a Poseidón. Pero si bien nuestros dioses son aliados, hoy sus guerreros portadores de lanzas se embestirán el uno al otro. Buena suerte, Menelao —sonrió Idomeneo.
—No me des falsa estima, Idomeneo —agregó Menelao, preparando su lanza—. No existe la suerte. Solo existe la fuerza del cosmos que me respalda. Yo peleo mis batallas, no me oculto detrás de mis hombres como los Cretenses. Indudablemente tengo la victoria asegurada —sonrió Menelao, y se lanzó contra Idomeneo, y ambas lanzas chocaron.
—La soberbia te sobra, al igual que a todos los hombres de Micenas —respondió Idomeneo, y ambos empujaron sus lanzas y se separaron—. Me parece perfecto, príncipe de Micenas. Combatamos sin preocuparnos por las cordialidades de nuestros reinos. Bríndame un combate superior al que le ofreciste a Diomedes —y el choque de lanzas se repitió.
—El ganador de esta batalla decidirá al esposo de Helena de Troya —mencionó Odiseo, y Egialea, a su lado, asintió—. Pude haberlo intentado, pero indudablemente no estoy al nivel ni de Idomeneo ni de Menelao. No me quedaba más que retirarme —comentó Odiseo.
—Eres un mentiroso —habló Diomedes, que llegaba al palco sorprendiendo a Odiseo y a Egialea—. Incluso si era Menelao tu oponente, podrías haberlo enfrentado. Odiseo, aun no entiendo por qué no te dieron una Armadura Dorada, no hay nadie que la merezca más que tú —prosiguió Diomedes.
—¿Dónde estabas? Te perdiste la mayor parte de los combates. Menelao ha derrotado incluso al resto de los Caballeros Dorados, tú fuiste el que más problemas le dio, aunque Agamenón se retiró voluntariamente antes de enfrentarlo —continuó Odiseo, y Diomedes se sintió agradecido—. ¿Dónde está Shana? —preguntó Odiseo.
—Poniéndose prendas nuevas para la ocasión. Mi hija tenía que estar bien presentable —Odiseo y Egialea lo miraron confundidos—. Vengan, necesito que me ayuden con algo —pero Odiseo deseaba ver el final del combate—. ¡Solo vengan! No hay forma de que Menelao pierda contra un Cretense. Su orgullo no se lo perdonaría jamás —y tanto Odiseo como Egialea intercambiaron miradas y siguieron a Diomedes—. Prepárate para darme las gracias, Odiseo. Estás por llevarte una grata sorpresa —continuó.
—¿De qué hablas? ¿A dónde nos llevas? —pero Diomedes no habló más y continuó caminando—. No me gusta esto para nada —Diomedes sin embargo, lo siguió ignorando, hasta salir del coliseo y caminar rumbo a la playa, justo a tiempo para que en todo el coliseo resonara una tremenda explosión de cosmos, y comenzara a nevar por los alrededores—. ¡Menelao ganó! ¡Sentí su cosmos estallar y el de Idomeneo apagarse! ¡Menelao es sorprendente! —terminó Odiseo.
—Ese presumido solo está molesto porque no logró derrotarme —agregó Diomedes—. En todo caso, yo estoy igualmente molesto. Cuando encuentro a un rival poderoso, no puedo evitar querer llevar la batalla hasta el final. Espero lo comprendas, Egialea. Porque es una pena con la que tendrás que vivir —prosiguió Diomedes, y apuntó a la playa, dónde Shana esperaba, impaciente, con una túnica blanca nueva que le descubría un poco la espalda, y con la corona de laureles que Diomedes le había comprado. Junto a ella estaba un sacerdote del templo de Athena en Esparta, vistiendo una túnica morada, el color que representaba a los dioses—. ¡Bien! ¡Comencemos! —habló Diomedes, quitándose las protecciones de los pies hasta quedarse descalzo—. Ya no necesitarás esto, prima mía —prosiguió Diomedes, quitándole la máscara a Egialea, quien se avergonzó y se cubrió el rostro—. Ya no importa si Odiseo te ve. De todas formas, hoy te casarás conmigo —sonrió Diomedes.
—¿Casarnos? ¿Ahora? —se sobresaltó Egialea—. Pero aún no soy mayor de edad —explicó, y vio un saco de monedas de oro a los pies del sacerdote, y comprendió que Diomedes había comprado al sacerdote—. ¡Diomedes! —reprendió Egialea.
—¡Eso no importa, quítate las protecciones de los pies! —apuntó Diomedes, y Egialea se ruborizó, asintió, y comenzó a quitárselas—. Tú también, Odiseo —habló Diomedes, y Odiseo alzó una ceja en señal de duda—. No seas así, y yo que me esforcé suplicándole a Tindáreo que te retribuyera tu esfuerzo de salvarle el pellejo tras la mentira de que Helena era Athena. Seguramente no pensabas que hicimos este viaje solo para regresar con las manos vacías. Te dije que te conseguiría una mujer, y cumplí —apuntó Diomedes a espaldas de Odiseo.
—¡Diomedes! ¡Otra vez tomando decisiones sin el consentimiento de los demás! —reprendió Odiseo, y Diomedes se burló—. No me importa quien sea, no me involucrarás en otra de tus locuras —más al darse la media vuelta, Odiseo se sobresaltó—. ¿Penélope? —se sorprendió Odiseo al ver a la belleza de cabellera castaña, de apenas 14 años de edad, vestida en una túnica blanca y con su cabellera adornada en una trenza frente a él—. ¿Qué haces aquí? —se ruborizó Odiseo, y Diomedes se burló—. ¡Diomedes! —reprendió Odiseo.
—El… príncipe de Argos… —comenzó Penélope—. Suplicó a mi padre un pago por ayudarle tanto… el príncipe específicamente pidió mi mano para mi señor Odiseo —Odiseo se sobresaltó, y miró a Diomedes con desprecio—. Si usted no lo quiere así… lo comprendo… pero permítame decirle que… acepté sin dudarlo un solo momento… señor Odiseo… —y Odiseo sintió su corazón paralizarse, y Diomedes simplemente se burló.
—¿Lo ves, lo ves? ¿Soy el mejor o no soy el mejor? Tindáreo estaba muy feliz. Incluso le dije que se casarían hoy mismo. Tindáreo se disculpó, dijo que estaría muy ocupado pero que aceptaba. No te preocupes por los regalos al rey de Esparta, mencionó que no eran necesarios. De todas formas le mandaré algo —terminó Diomedes.
—¿Estás bromeando? —gritó Odiseo, sobresaltando a todos—. Tonto… te dije que me gustaba la princesa Penélope mucho más que Helena, pero, no tenías que ir tan lejos… —Penélope entristeció, y bajó la mirada—. No… espera… no me refería a eso yo… la verdad es que quería pedírtelo personalmente… y Diomedes, a pesar de que sus acciones me hacen feliz… arruinó la oportunidad. Pero… adelantó las cosas un par de años, me hubiera tomado ese tiempo armarme de valor para así poder pedírtelo como se debe… —explicó Odiseo.
—Entonces… estoy en deuda con el príncipe Diomedes por haberlo adelantado… —sonrió Penélope, tomando de las manos de Odiseo—. Por favor, cuide de mí… señor Odiseo… le prometo siempre serle fiel —sonrió, y Odiseo se ruborizó.
—¿Qué hay de ti? ¿Me prometes fidelidad? —mencionó Egialea, y Diomedes se sobresaltó—. Tú… eres un mujeriego… ¿en verdad estarás dispuesto a renunciar a todas las mujeres por mí, tu prima? —preguntó.
—Si lo pones así suena horriblemente cruel —mencionó Diomedes, y Egialea se molestó—. Pero por supuesto que lo haré. Somos primos, no tuvimos mucha elección por el accidente de ver tu rostro. Pero no me retractaré. Jamás volveré a verte como a una prima, y comenzaré a verte como a una mujer —Egialea se ruborizó, y asintió—. ¡Ya que está todo arreglado! ¡Sacerdote de Athena! ¡Comience la ceremonia por favor! —jaloneó Diomedes a Egialea al agua, y Penélope se ruborizó, y miró a Odiseo.
—No tengo idea de cómo llegamos a esto… siento que nos saltamos una gran cantidad de pasos… pero… —Odiseo comenzó a quitarse las protecciones de los pies—. Me vengaré por esto, Diomedes… después de agradecerte como se debe, querido amigo —sonrió Odiseo.
—¡Compartiremos aniversario! ¡De esa forma si se me olvida, mi querido amigo Odiseo me lo recordará! —Egialea se molestó por el comentario, y Shana simplemente sonrió, mientras era la única testigo de la unión marital. Cada pareja se paró a una distancia cercana del sacerdote, también con los pies en el mar, y el representante de Athena comenzó con la ceremonia.
—Frente a Poseidón, y con Apolo y Artemisa de testigos, nos hemos reunido para unir a estas parejas en matrimonio, buscando la bendición de Démeter —comenzó el sacerdote, y Shana corrió hacia ambas parejas con unas coronas de diamante en sus manos, y le entregó un par a cada pareja—. A los que unen sus almas en ceremonia sagrada, se les entregan coronas de diamante, que simbolizan que serán rey, y reina en el matrimonio, y compartirán sus riquezas —continuó el sacerdote, mientras Diomedes colocaba la corona en la cabeza de Egialea, y Odiseo hacía lo mismo con Penélope. Las jóvenes hicieron lo mismo después de ellos—. Beberán ambos de estas copas de vino —Shana corrió fuera del agua y tomó 2 copas doradas, mismas que ya estaban llenas de vino, y caminó con ambas con cuidado dentro del agua, ofreciéndole una copa a cada pareja, y ambas comenzaron a beber el vino—. Este acto simboliza la abundancia que satisfaga su sed —Shana recogió ambas copas, y corrió fuera del agua nuevamente—. Entrelacen los dedos de sus pies —mencionó el sacerdote, y ambas parejas obedecieron torpemente—. El acto de unión de los dedos simboliza su viaje, el cual enfrentarán juntos, siguiendo los mismos pasos —y ambas parejas le sonrieron a su respectivo ser querido, mientras el sacerdote terminaba con la ceremonia—. Ahora retiro sus coronas, y les ofrezco mi bendición —continuó, y Shana aplaudió alegremente—. Por el poder investido en mi por Athena, diosa de la Sabiduría en la Guerra, y señora de la paz en la tierra. Ante los ojos de Deméter y de Hestia, guardianas del matrimonio y del hogar, declaro a Diomedes de Escorpio, príncipe de Argos, y a Egialea de Cisne, princesa de Argos, unidos en alma y en matrimonio. De igual manera declaro a Odiseo de Altar, príncipe de Ítaca, y a Penélope, princesa de Esparta, unidos en alma y en matrimonio —las parejas asintieron, y se besaron sellando sus votos. Shana simplemente se alegró, agradecida de haber conocido tanto a su nuevo padre, como a quien comenzaría desde entonces a llamar tío.
Anatolia. Bosques de las fronteras de Troya.
—Casandra… ya es muy tarde… —habló Paris, mientras Casandra mordía una pierna de conejo y degustaba el sazón de Paris para la cocina, que se las había arreglado para capturar un conejo, hacer una fogata, y preparar la cena—. Artemisa ya ilumina los cielos. La fogata seguro que alertará a nuestro padre, quien mandará guardias por nosotros pero… aun no entiendo la razón de este paseo —continuó Paris.
—¡Estoy llena! ¡Ahora dormiré! —se acurrucó Casandra, y Paris la miró con preocupación—. Yo no soy bienvenida en el Olimpo. Así que… te esperaré aquí… buena suerte, Paris… —terminó Casandra, quien se quedó profundamente dormida.
—¡Casandra! —se preocupó Paris—. Pero, ¿qué locuras dices? Casandra. Por favor despierta —pero Casandra ya había empezado a babear, se quedaba dormida con una facilidad sorprendente—. ¿Qué quieres decir con el Olimpo? ¿Casandra? —continuó Paris.
—Tú —escuchó Paris, se sobresaltó, y abrazó a Casandra intentando protegerla—. No sé qué haces aquí, pero tú terminarás con esta discusión —habló un hombre, rubio, vistiendo una túnica de sedas brillantes, una corona de laureles dorados, y que parecía flotar ligeramente en el aire mientras apuntaba a Paris con un bastón de oro con un zafiro perfectamente redondo en su punta—. Vendrás conmigo, mortal. El señor del cielo te ha elegido para poner fin a una discusión que gracias a la discordia se ha extendido por casi 20 años. Los dioses requieren de tu presencia —terminó el hombre, tomó de la mano de Paris, y lo jaloneó a la fogata. El asustado joven no sabía qué pensar, mientras el fuego lo rodeaba, el miedo lo inundaba, y Paris desaparecía, dejando atrás a Casandra.
—Perdóname… Paris… —lloró Casandra en su sueño—. Perdóname… pero… la antorcha debe arder en Troya… así lo quieren las Pléyades… las tejedoras del destino, ya lo han planeado así… —y Casandra continuó durmiendo pacíficamente.
Hélade, Esparta.
—Estoy aburrida —se quejó Shana, quien se encontraba sola en su habitación—. No me gusta dormir sola pero ahora que mi padre adoptivo se ha casado tendré que acostumbrarme a dormir sola. No es justo. Mi caballero favorito tiene ahora a otra favorita —lloró Shana, pero entonces vio los papeles de adopción, y el sello real de la familia de Argos, y sonrió—. Entonces soy la princesa de Argos. Por alguna razón eso me alegra más que ser una diosa —sonrió Shana, y abrazó su almohada—. Me pregunto… ¿cómo será ser una diosa? Después de todo, solamente soy una mortal que contiene el cosmos de Atenea… —Shana se acurrucó. Intentando conciliar el sueño—. Me preguntó… ¿qué hará la verdadera Atenea? —y con esa pregunta rondando su mente, Shana se durmió.
Monte Olimpo. Templo de Atenea.
—Ahora que tu contenedor se encuentra durmiendo. Es hora de que arreglemos esto de una vez por todas, Atenea —mencionó una mujer hermosa, de cabellera anaranjada y ojos color de esmeralda, y en ese momento, Paris fue lanzado por su captor a un suelo de cristal, como los que se mencionaban que existían en el Olimpo, y frente a él encontró a 3 diosas hermosas, sentadas en una mesa de cristal, y con una manzana de oro en medio de la mesa de banquetes que compartían—. Debe ser horrible perder tu cuerpo original y ser obligada a la reencarnación, y solo ser una diosa Olímpica siempre que tu contenedor duerme —se burló la mujer—. ¿No es así, Atenea? —continuó burlándose la mujer, y Paris se sorprendió por escuchar ese nombre.
—No me molestes… Afrodita… —mencionó Atenea, la diosa, quien en una esfera de cosmos observaba a su reencarnación durmiendo—. ¿Así que tengo un padre y una madre? Shana… en verdad… los humanos son sorprendentes… dándole importancia a cosas como el amor y la familia, mientras los dioses discuten por un par de décadas por poseer una manzana dorada de sabor celestial… lo he decidido… mi cosmos será enteramente tuyo, y te observaré decidir desde mi fría tumba en el Olimpo —lloró Atenea.
—Pobre criatura —se burló otra mujer, de cabellera roja, y acomodada en una torre de cabello escarlata—. Pequeña Atenea, bastarda de mi marido, hija de la Titánide Metis. Se te permitiría salir de tu encierro perpetuo en tu Templo en el Olimpo en lugar de forzarte a observar a contenedores de tu cosmos haciendo tu voluntad, si tan solo cedieras tu puesto en el Olimpo a alguien más digno. ¿Qué tal Eris? —continuó la mujer.
—No es secreto para nadie que solo deseas tener a tus hijos legítimos como parte del Olimpo… madrastra Hera… —mencionó Atenea, enfureciendo a Hera—. Pero, a pesar de ser una diosa atrapada en mi Templo en el Olimpo, incapaz de salir, continuaré protegiendo a los humanos usando contenedores de mi cosmos. Shana es el contenedor que Hefestos creó para mí, una entidad pura que posee mi cosmos. Estaré encerrada, forzada a reencarnaciones que hagan mi voluntad, pero no entregaré mi templo —sentenció Atenea, y entonces miró al dios rubio y al joven que traía consigo—. ¿Hermes? ¿Qué significa esto? —preguntó Atenea.
—Su padre, Zeus, me pidió buscar a la persona más noble de Gea, pero esta solamente nace una vez cada 100 años —explicó Hermes, el dios de la Velocidad y los Mensajeros—. Este es Paris, el ser más noble de Gea, quien tiene el corazón más puro. Por años vivió como pastor sin saber su procedencia real… ni divina… —susurró Hermes, sintiendo desprecio al ver a Paris—. Él es quien pondrá fin a esta discusión. Paris, los dioses te ordenan que le entregues esta manzana dorada a la diosa que consideres la más bella. Termina con este conflicto que ha atormentado al Olimpo por 20 años, un conflicto que comenzó desde la celebración de la boda de Peleo, rey de Ftía —y Paris se sobresaltó por la noticia.
—¿Entonces un simple humano decidirá? Zeus indudablemente está demente —mencionó Hera, acercándose al asustado de Paris, a quien Hermes le había entregado la manzana—. Este pleito de 20 años comenzó cuando un mortal muy especial contrajo matrimonio con una Oceánida de nombre Thetis —explicó Hera.
—¿Thetis? Un momento. ¿Está usted hablando de Peleo, el padre de Aquiles? —preguntó Paris sobresaltado—. Increíble. Los dioses asistieron a la boda del padre de Aquiles —susurró Paris sorprendido.
—En realidad —comenzó Atenea—. Mi padre Zeus y Poseidón el señor de los mares, deseaban ambos casarse con Thetis. Pero una profecía decía que el hijo nacido de Thetis estaba destinado a superar a su padre. Por lo que los dioses decidimos entregar a Thetis al rey Peleo —mencionó Atenea.
—Todos los dioses asistimos a la boda —continuó Afrodita—. Claro que, ya que Peleo era un humano muy especial, la boda fue celebrada en el Olimpo. Eris sin embargo, la diosa de la discordia, no fue invitada. Siempre hace un desastre a donde va —continuó Afrodita.
—Esta vez no fue excepción —mencionó Hermes, y Paris lo observó con cuidado—. Cuando Eris se enteró de que no había sido invitada, enfureció y lanzó esta manzana dorada al Templo de Atenea en el Olimpo donde se celebraba la boda, con la inscripción: «Para la más hermosa». Desde entonces, Hera y Afrodita no han dejado el Templo de Atenea al desear esa manzana y Atenea no se ha unido de forma definitiva a su cuerpo mortal tras su cuerpo original haber sido asesinado hace miles de años. Si no se elige a una ganadora por el derecho a esa manzana, las diosas continuarán aquí sin prestar atención a sus responsabilidades —terminó Hermes.
—¿Cómo una manzana dorada puede causar tantos problemas? —para Paris no era más que una simple manzana, para los dioses, sin embargo, era un tesoro—. Entonces, ¿solo debo elegir a la más hermosa? —preguntó, y Hermes asintió.
—Elígeme, mortal —habló Hera, acercándose a Paris, e intimidándolo—. Si lo haces, te daré poder y riquezas. Te ofrezco además el ser rey de toda Asia. Serás el supremo gobernante del reino de los dioses —ofreció Hera.
—Madrastra… eso es bajo, hasta para ti —habló Atenea, quien se acercó a Paris—. Y sin embargo, el hechizo en el que hemos caído me obliga a competir también. Paris, te ofrezco sabiduría, el don de la diplomacia. Vencerás a todos tus enemigos con astucia y justicia, solo debes elegirme y terminar con esta discusión absurda para poder unirme enteramente a mi recipiente mortal. La manzana… no es una manzana común… es discordia… e incluso los dioses sucumben ante la discordia… elígeme y termina con esto —terminó Atenea.
—Riquezas, sabiduría, no son nada sin el amor —sonrió Afrodita—. Yo te ofrezco el amor verdadero, de la mujer más bella, por la cual harías todo —sentenció Afrodita, y Paris se estremeció—. Te uniré nuevamente a tu ser amado más preciado —sentenció.
—Lo… lo lamento… señorita Afrodita pero… yo ya amo a una mujer y su nombre es Enone —terminó Paris, y Afrodita sonrió—. Estoy muy agradecido por todo lo que me ofrecen pero. No puedo aceptarlo —sonrió él.
—No estoy hablando contigo, mortal… estoy hablando con el rey del Inframundo —susurró Afrodita, y a través de los ojos de Afrodita, Hades que se apoderó del cuerpo de Paris y despertó momentáneamente—. Hades… cuando fuiste derrotado y sellaste tu cuerpo en la primera guerra contra Athena, perdiste a tu amada, Perséfone, que escapó del inframundo para vivir múltiples vidas al posesionar varios cuerpos de mortales, escapando de ti —susurró Afrodita, y los dioses no fueron capaces de escucharla—. Perséfone. Tu amada salta de cuerpo en cuerpo, buscando hermosas mujeres, disfrutando sus romances. En esta era, se ha apoderado del cuerpo más hermoso de todos, el cuerpo de Helena de Esparta —y Hades miró a la doncella reflejada en los ojos de Afrodita, y dentro de ella encontró a su esposa, de cabellera rosada, y feliz por vivir otro romance al ver a su nuevo marido, Menelao de Acuario—. Ella es feliz, pero te ha sido infiel, yo puedo regresártela, solo debes darme la manzana —terminó Afrodita.
—Es tuya —habló Paris sombríamente, sorprendiendo incluso a Hermes—. Perséfone… ¿cómo te has atrevido? Regresarás a mí incluso si es por la fuerza. La Manzana de la Discordia es tuya, Afrodita —terminó Hades, y de pronto volvió a la normalidad—. ¿Qué? ¿Qué ha ocurrido? —se sobresaltó Paris, y miró a Afrodita con la manzana en su mano—. ¿Cómo? —se sorprendió Paris.
—Cumpliré mi promesa —aseguró Afrodita—. Helena de Esparta será tuya, Paris —Afrodita elevó su cosmos, y empujó a Paris a través de un portal—. Aunque, la verdad… mencionó Afrodita, besando su nueva manzana—. Fue Hades quien eligió —y Afrodita se rio con fuerza.
Anatolia. Bosques de las fronteras de Troya.
—¡Aaaaaaaaaah! —despertó Paris, sumamente asustado, y con su rostro cubierto en sudor. Paris entonces observó una mano frente a su rostro, y encontró a Héctor frente a él—. ¿Héctor? Tuve un sueño… —se sobresaltó Paris.
—Por tu bien te recomiendo no contárselo a Heleno —agregó Héctor, levantando a Paris—. Estaba preocupado. ¿Qué pensabas? Los dioses enfurecerían si te vieran aquí. Hay leyendas que dicen que hay una puerta al Olimpo en estas montañas —sentenció Héctor, agachándose, y levantando a Casandra—. Vamos… es tarde, príncipe de Troya. Recuerda que el futuro de Troya depende mucho del cómo te comportes. Todos los hijos de Príamo gobernamos juntos, no lo olvides. Puedes ser una antorcha que brille con esperanza… o un destructor… todo depende de cómo lideres a tu pueblo —y Héctor se retiró, cargando a Casandra, y Paris lloró, como si una parte de su corazón hubiera muerto.
Hélade. Tesalia. 1,197 A. C.
—Tesalia… el territorio donde se encuentra el reino de tu padre —habló Patroclo, que admiraba los bastos bosques nevados. Tras Lunas de viaje, por fin llegaban a la tierra de los Mirmidones—. Es más frio de lo que pensé —continuó Patroclo.
—Es invierno, Patroclo, y está por acabar el año —mencionó Aquiles, bajando del barco con la Armadura de Libra atada a la espalda, y aparentemente de un terrible humor—. Estoy harto de viajar en barco. Por 3 Lunas no he visto más que agua, agua y más agua, y ahora veo montes, montes y más montes —apuntó Aquiles con desprecio—. ¿Cómo se supone que sepamos cual es el Monte Pelión? —enfureció Aquiles.
—Con esa actitud, jamás lo sabrás —habló un hombre, vistiendo pieles de lobo alrededor del cuerpo. Pero debajo de las pieles, Aquiles notó una Armadura de Plata—. Bienvenidos a las tierras de los grandes héroes. Aquí aprenderás de humildad, Aquiles, o moriré intentando enseñártela —prosiguió el hombre.
—¿Es un reto? —se burló Aquiles, colocó su armadura en el suelo, y tiró de la cadena de la caja dorada, que estalló, y vistió a Aquiles de dorado, sorprendiendo a todos en los muelles, mientras Aquiles preparaba escudo y espada—. No me apetece ser sermoneado después de un largo viaje —sonrió Aquiles, y se lanzó en contra del hombre, que se quitó las pieles, envolvió a Aquiles con estas de un movimiento, y pateó con fuerza, azotando a Aquiles a un árbol—. ¿Cómo? —se sorprendió Aquiles.
—Eres un bruto… igual al héroe por el cual se creó la armadura que hoy visto —habló el hombre, que sin las pieles, se mostró ante Aquiles y Patroclo como un hombre de al menos 20 años, de tez ligeramente morena, cabellera azul, y mirada desafiante— Mi nombre… es Fénix —mencionó el guerrero—. Soy el Caballero de Plata de Heracles. Y de ahora en adelante, me llamarás maestro —sentenció Fénix, cuyo cosmos ardía como flamas del mismo Inframundo—. Que comience el entrenamiento, te enseñaré a puñetazos de ser necesario, lo que Heracles no aprendió con Quirón de Centauro. No fallaremos está vez, te convertiremos en un verdadero héroe.
