UN LUGAR SEGURO

Silencio

Oscuridad.

Frío.

-¿Hola?... ¿Hay alguien que pueda escucharme?

-¡Por aquí!

-Gracias al cielo, pensé que estaba solo...

-¿Quién eres?

-¿Saga?

-¿Kanon?

-¿Qué lugar es este?

-No lo sé. Desperté y aquí estaba.

-Hace frío...

-Siempre igual de friolento.

-Bueno, he pasado mucho tiempo en lugares muy húmedos... ¿Qué? ¿No dices nada?

-No tengo por qué decir nada.

-... Estás enojado.

-No lo estoy.

-Sí lo estás.

-¡NO ESTOY ENOJADO!

Silencio.

-¿Saga?

-¿Sí?

-¿Estamos... muertos?

-¿Cómo quieres que lo sepa?

-Tú eres el que ha estado muerto antes, yo soy nuevo en esto.

-No sé si reír o golpearte.

-Normal, tratándose de ti.

-Sigh. ¿Cuándo te volviste *tan* chistoso?

-Siempre lo he sido, pero...

-Pero yo no ponía atención la mitad del tiempo. ¿Es eso lo que ibas a decir?

-No.

-Sí, es eso lo que pensabas decir.

-¡NO ES CIERTO!

Silencio.

-¿Por qué es que no podemos estar juntos cinco minutos sin empezar a pelear?

-Te diría que es culpa tuya, pero estoy demasiado cansado como para ponerme en esas tonterías.

-¿Culpa mía? Sí, claro, siempre es mi culpa, échenle la culpa a Kanon, es más sencillo que creer que Saga se está volviendo loco...

-¿Eso es lo que piensas? ¿Que estaba loco?

-Sí, pero no en pasado, pienso que todavía lo estás. Mira que usar el Susurro de Atenea...

-Debería hacerte callar.

-Debería...

-No-lo-di-gas.

-¿Decir qué?

-Lo que ibas a decir, no quiero oírlo. No tienes derecho a juzgarme.

-Tengo el mismo derecho que tú tenías de juzgarme a mí.

-¡Tú confesaste una conspiración en contra de Atenea!

-Y tú traicionaste tanto a Atenea como a Ares y a Hades.

-¿Qué?

-Ares te tomó como reencarnación...

-¡Fue una posesión!

-Juraste lealtad a Hades...

-¡Para poder salir del infierno y ayudar a Atenea!

-Trataste de matarla a ella...

-¡Por Dios, Kanon, cómo puedes decir esas cosas!

-¿Cómo pudiste decir tú que renegabas de mí? Y cuando llegaste con Kamus y Shura a la Casa de Géminis, ¿acaso dijiste "es mi hermano el que está controlando el laberinto"? Nooo... "El hombre que me hizo despertar al Mal", eso fue lo que dijiste. Nunca es tu culpa... siempre has sido la víctima, ¿no? Está bien, alguien tiene que ser el malo en este dúo tan mal avenido.

-...Eso me dolió.

-Me alegro.

Silencio.

-... ¿Kanon?

-¿Mmm?

-No lo sé.

-¿Qué cosa?

-Lo que preguntaste antes, si estamos muertos. No lo sé... Deberíamos estarlo... ¿no crees?

-Sería lo más lógico. El problema es que la lógica dejó de funcionar para mí hace muchos años.

-Sí, sé a qué te refieres. Todo era más fácil cuando éramos niños...

-No me parece que fuera menos difícil entonces.

-Pero nos teníamos el uno al otro, ¿no?

-Bueno, pudo haber sido peor, eso tengo que admitirlo.

-¿Recuerdas la vez que nos quedamos encerrados en el sótano?

-Dirás la vez que Shion nos encerró en el sótano.

-¿Fue él?

-Creo que no se dio cuenta de que estábamos ahí, por eso echó llave y nos dejó dentro.

-Nunca dijo nada al respecto.

-No, pero yo lo oí cuando cerró la puerta, estaba hablando con alguien más acerca de los problemas que le dábamos...

-¿"Dábamos"?

-...sigh... Bueno, sí, era de mí de quien estaba hablando, pero la mitad de las cosas que le oí mencionar las habías hecho tú. ¿Cómo te las arreglaste para pasar por un ángel todo ese tiempo, con todo y lo de tu doble personalidad, y que yo pagara siempre las propias y las ajenas?

-¿Suerte? ¿Mi encanto personal?

-¿Desde cuándo te haces el gracioso?

-Tal vez sea contagioso.

-No es divertido.

-Ya sé que no.

Silencio.

-Si estuviéramos muertos... ¿en dónde estaríamos?

-Esto no se parece a la idea que tengo del cielo... ¿será el infierno?

-Tampoco se parece al infierno. ¿Un estado intermedio?

-¿El Limbo o el Purgatorio?

-Tal vez seamos fantasmas.

-Saga, estás empezando a asustarme.

-Entonces quizá sí seamos fantasmas... ejem... Buuuu...

Risas.

-No puedo creer que haya logrado hacerte reír.

-Tampoco yo, debo estar rebajando mis exigencias.

-Muy gracioso, Kanon, muy gracioso.

-No te enojes... qué sensible que eres, hermano.

-¿Cuánto tiempo hemos estado aquí?

-Ni idea. Yo... la verdad es que tengo muchas cosas que quisiera preguntarte, pero no sé por cuál empezar...

-¿Si logramos derribar el muro, por ejemplo?

-¿Era eso? ¿Por eso vibraba la armadura?

-Todas juntas, para llevar la luz del sol al centro del infierno.

-Debe haber sido glorioso.

-Lo fue... Te escuché entonces.

-¿A mí?

-Despidiéndote... Eh, ¿a dónde vas?

-No, si no me voy... es sólo que quiero caminar un poco... hace tanto frío aquí.

-Vaya, por un momento pensé que te había puesto incómodo.

-¿Por una tontería como esa? ¡Jah!

-Estás sonrojado...

-¿Cómo te diste cuenta si este sitio está oscuro como boca de lobo?

-No me di cuenta, sólo adiviné y tú acabas de confesarlo.

-Eres odioso, Saga.

-Si eres el Kanon que conozco, ahora debes estar todavía más sonrojado.

-¡No contestaré a eso si no hay un abogado presente!

Risas.

-Extrañaba esto.

-¿Estar encerrado en un sitio oscuro y frío?

-Reír. Hace años que no reía tan a gusto. Creo que eso hace que valga la pena estar en... en dondequiera que estemos...

-Como cuando estábamos en el sótano, ¿verdad?

-Sí, algo así.

-Al principio estuve muy asustado entonces, pero como tú estabas tan calmado, fingí que no tenía miedo... ¿y ahora de qué te ríes, Saga?

-Yo estaba muriéndome de miedo, pero como tú estabas tan calmado entonces...

-De las cosas que se entera uno veinte años después.

-Pero no estuvo tan mal, después de todo.

-Fue mejor que asistir al entrenamiento, eso sí. Por lo menos pudimos explorar el sótano.

-Y encontramos polvo, telarañas, polvo, cachivaches, polvo...

-¿Recuerdas que salimos a la mañana siguiente con el cabello completamente gris por el polvo y Aioros creyó que habíamos encanecido de miedo?

Risas.

Silencio.

-Acércate.

-¿Eh?

-Me pone nervioso oírte tropezando por todas partes.

-Sentados en un rincón nunca vamos a encontrar la salida.

-Eso puede esperar. Ahora estoy muy cansado. ¿Tú no?

-... Sí, y adolorido también, pero...

-Siéntate un rato, por favor.

-Está bien... ¡Eh, pero qué haces!!! ¡Suéltame, Saga!!!

-Siempre igual de escandaloso.

-No me gusta que me abracen sin avisar primero... ¿no vas a soltarme?

-No.

-...

-Te has estado quejando del frío, ¿no? Bueno, pues yo también tengo frío, ¿sabes? Creo que así estaremos mejor los dos, al menos mientras descansamos un poco. Luego buscaremos la salida.

-Pero... Está bien.

Silencio.

-¿Kanon? ¿Kanon, estás bien?

-...

-¿Qué te ocurre?

-...nada...

-Pero estás llorando.

-...no es cierto...

-¡Claro que...! ... Está bien, tranquilo... Todo está bien. Estamos juntos, ¿no es así, pequeño hermano? Como antes.

-...sí, como antes... ¿Saga?

-Dime.

-Aquella vez, cuando lo del sótano...

-¿Sí?

-Cuando se hizo de noche y todavía estábamos ahí... entonces me abrazaste, como ahora, porque empecé a quejarme del frío, ¿recuerdas?

-Yo también tenía frío.

-No es el infierno.

-¿Qué cosa?

-Aquí. No es el infierno. Es... es como lo que fue el sótano entonces. Un lugar seguro.

-Sí... un lugar seguro.

Silencio.


Epílogo:

-¡Saori!

-¿Sí, Shiryu?

-Acércate, ¿quieres? Encontramos algo más entre los escombros, parece que varias columnas formaron una cueva, por así decirlo, cuando se derrumbó el castillo... ¿Puedes percibir ese cosmos?

-Sí...

-Hyoga e Ikki están bajando ahora.

-Vamos nosotros también.

-Eh... ¿será prudente? Podría ser algún masei.

-No hay ningún peligro, Shiryu, créeme.

Silencio.

-¿Ikki?

-¿Saori?

-¿Encontraron a alguien?

-No deberías haber bajado aquí. ¿Qué tal que se derrumbe esto?

-Si ha aguantado dos días, puede aguantar un poco más. Déjame pasar.

-Terca.

-Igualmente.

-¡Ikki! ¡Encontré a alguien!

-Cielos...

-¿Saga y Kanon?

-¿Están... están muertos?

-No, Shiryu, creo que... sólo están dormidos.

-Cielos, siempre pensé que en el momento en que se encontraran juntos y a solas se matarían entre ellos.

-Cómo se nota que eres hijo único, Kiki. Por cierto, ¿qué haces tú aquí abajo?

-Eh... pues... uh...

-Espera, Hyoga, ¿qué vas a hacer?

-Despertarlos, pueden estar heridos, Saori.

-No, están bien, lo sé... Déjalos dormir un poco más.

Fin