Disclaimer:Absolutamente nada me pertenece. Todos los personajes le pertenecen a JK

Pareja:Hermione Granger y Draco Malfoy

Beta Reader: Miss Mantequilla. Simplemente la mejor.

Resumen: Convertida en una deidad vampírica a la corta edad de nueve años, lo único que Hermione Granger quiere es terminar el sexto año sin complicaciones. Pero lo último que imagina es que la tranquilidad y el anonimato que tanto anhela, se verá interrumpido con la aparición de slayers, harpías, profecías ocultas y por supuesto, un rubio inoportuno. Dramione.

BLUE HEAVEN

Parte III

DE DECISIONES Y ENCUENTROS I

Por: Adnat

1.

—Como siempre querida, todo está perfecto.

El doctor Black le da un ligero apretón en el hombro, indicándole que la consulta semanal ha llegado a su fin, que es hora de bajar de la camilla.

—¿Qué quiere decir con perfecto? —Hermione ve por el rabillo del ojo a su padre levantarse de su asiento para encarar sin ningún tipo de recelo al médico que no hace menos de cinco minutos estaba revisando alegremente sus pequeños colmillos — ¿Tiene una mínima idea de lo difíciles que han sido estos últimos años? — pregunta indignado — Mi hija no ha podido ingerir alimentos desde los nueve años, sin contar con que cada vez que lo intenta termina arrojando todo en el retrete — continúa sin tapujos — Lo único que la sostiene es la sangre de cerdo que nos entregas mensualmente y créame, no es nada agradable verla tomando esa porquería a diario.

La cara de Hermione se torna del mismo color de su jumper, rojo escarlata. Y al voltear levemente nota que la expresión del doctor Black se ha mantenido impasible, tal vez acostumbrado a exabruptos de padres temperamentales respecto a sus hijas vampiras.

—¡Papá! — reprende Hermione, pero él apenas le dirigió una mirada.

—¡Trate de imaginar ser tratado como un criminal todos los días del año y tener que mudarte por temor a que le suceda algo a tu familia! — exclama el señor Granger mientras pequeñas láminas de sudor empapan su frente. Si se ha mantenido a cargo del caso de mi hija, ha sido para que nos diera alguna solución respecto a la condición desafortunada de Hermione, pero lo único que he recibido de su parte hasta el día de hoy es nada. Absolutamente nada —enfatiza lenta y dolorosamente.

El silencio se extiende por la sala.

—Te espero en el auto —finaliza con evidente dolor en su rostro. Voltea a mirar a Hermione y antes que esta pueda parpadear, sale abruptamente del consultorio.

Han sido los segundos más largos e incómodos en los que se ha visto envuelta. Atónita y avergonzada por la actitud de su padre, no sabe cómo lidiar con la situación. Tímidamente mira el rostro del doctor Black y nota que la mira con una sonrisa tensa plasmada en su atractivo rostro.

Es la primera vez que ve a su padre perder los papeles sin una provocación de por medio.

—Lo siento, doctor Black, en verdad mi padre…

—No te disculpes querida —la mira conciliadoramente — Tu padre solo está preocupado por ti, yo también lo estaría en su lugar — le dice guiñándole un ojo y revolviendo su cabello como si se tratase de una niña pequeña.

Hermione bufa en protesta, a lo que Sirius solo atina a reír divertido antes de volverse hacia su escritorio en busca de su maletín.

La castaña conoce al doctor Sirius Black desde los doce años. Posiblemente la única persona, aparte de sus padres, a la que le tiene un gran respeto y cariño. Él era un interno en el hospital que la atendió a los nueve años, pero fue asignado a su caso tres años más tarde por recomendación explicita del hospital, que contactó a su familia de manera inesperada para ofrecerles apoyo clínico.

Aunque sus padres se mostraron un poco aprehensivos al inicio, eventualmente aprobaron la iniciativa del hospital de asignar un doctor para su hija. Por lo que no dudaron en firmar la autorización necesaria.

La primera vez que fue a consulta, juraba que él había salido de alguna portada masculina muy cara. Con sus grandes ojos negros, cabello oscuro hasta los hombros, mandíbula fuerte y afición por los jerséis de cuero, el doctor Sirius Black parecía la fantasía juvenil de cualquier adolescente.

No fue hasta que empezó a pincharla con una jeringa cada semana que el encanto se desvaneció.

—Aquí está —dice el doctor Black sonriendo mientras saca del interior de su maletín un pequeño empaque con sangre en su interior — Empezaba a creer que la había olvidado en casa.

Sus sentidos reconocen inmediatamente la sangre de cerdo.

—Es hora del almuerzo, y pensé que tendrías mucha hambre — le dice ofreciéndole el paquete con una sonrisa.

Hermione deja escapar un sonoro suspiro pero le sonríe en agradecimiento. Al menos puede comer algo antes de llegar a casa, por lo que con premura procede a beber todo el contenido.

Cuando su caso le fue asignado al doctor Sirius Black, se acordó, mediante una cláusula de confidencialidad, que ninguna de las investigaciones o resultados que se obtuvieran podrían ser publicados a la prensa. Al parecer, el hospital estaba muy interesado en hacer toda una serie de estudios a su sangre, la cual tendría la respuesta de muchas interrogantes respecto a los vampiros sangre azul.

Sangre azul.

El doctor Black les explicó en una primera reunión que los vampiros por su naturaleza no podían ingerir alimentos, ya que estos nacían con la necesidad de beber sangre humana, pero que su caso era diferente, ya que ella no era una Old Blood, es decir, un vampiro estándar; por el contrario, una humana convertida por un Blue Blood, un vampiro de estirpe, y que estos tenían la ventaja de poder alimentarse de sangre humana tanto como de sangre animal.

Por ello su supervivencia con la sangre de cerdo.

—No pensé que tuvieras tanta hambre, aquí tengo otra, ¿quieres?

—¿Puedo?

—¿Qué ocurre con esa pregunta? Claro que sí.

En una segunda reunión, a la que asistieron los directores de los diferentes departamentos, se le explicó que nunca volvería a su forma humana por completo, pero que tampoco sería un vampiro sangre azul en toda la extensión de la palabra.

Por ejemplo, le es imposible cambiar su apariencia, obtener fuerza y velocidad sobrehumana o, en el caso más extremo, controlar el tiempo tal como una sangre azul lo haría. Pero el doctor Black le aseguró aquel día que habría muchas características no descubiertas que a su debido tiempo empezarán a mostrarse en ella.

Y que cuando el tiempo llegue tendrá que confiar en él y decírselas.

Al cumplir los 15 años confirmaron la teoría de que su memoria se convertiría en una fotografía instantánea, todos sus sentidos estarían muy desarrollados y mejoraría muy rápidamente en cualquier deporte o actividad que realizase. Hace poco confirmaron que cuando cumpla los 21 años dejará de envejecer, para convertirse en inmortal.

Inmortal.

—Gracias, doctor Black.

—Cuatro años y sigues tratándome como un anciano. Solo dime Sirius

—Aún tengo respeto por mis mayores — responde divertida Hermione. Sirius sólo atina a mirarla de manera incrédula antes de estallar en carcajadas.

—Mi ego se siente atacado

2.

Ginevra cruza la brillante entrada del Blue River, un club que alguna vez había sido la guarida de los ladrones más famosos de toda Gran Bretaña, y que desde su inauguración, sólo dos años atrás, se ha convertido en el círculo de reunión más popular entre todos los estudiantes de Hogwarts.

Alza la vista hacia la cabina del DJ alojada en la vieja tribuna y saluda alegremente al joven que no deja de mezclar música electrónica a niveles ensordecedores.

Continúa su camino y encuentra a Seamus Finnigan, un compañero de clases, promotor de fiestas y actual guardián de la sala VIP del club.

—¡Ginny! ¡Te ves absolutamente deslumbrante! —le grita por encima de la música.

—Hola Seamus —le responde ella a gritos —¿Están los demás aquí?

—Todos los de sexto y séptimo año están en la sala VIP, así como el equipo de baloncesto. Harry acaba de llegar junto con Draco, están en el private.

—¿En el private? —le pregunta incrédula.

—Me lo pidió Harry de manera exclusiva —responde Seamus encogiéndose de hombros. Ginny no puede evitar fruncir levemente el ceño, Harry no es tan cercano a Draco y viceversa, por lo que la intriga qué están hablando esos dos solos allá arriba.

—¿Por qué no subes? — pregunta su amigo ante el prolongado silencio de la pelirroja —Al fin y al cabo eres la novia de Harry, no creo que haya problemas.

—Gracias Seamus, nos vemos luego — dice ella besando cada una de sus delgadas mejillas.

2.1

El private es posiblemente el único lugar en donde la música no retumba de manera escandalosa. Pero Harry preferiría mil veces aturdirse con el sonido antes de seguir dando oídos a Draco Malfoy.

—¿Has perdido la cabeza?

Harry Potter lo mira atónito sin poder creerse lo que acaba de escuchar. Se pone de pie y vuelve a mirar a la persona que tiene frente a él. El mismo cabello rubio platinado, los mismos ojos grises, la misma nariz recta y puntiaguda sin omitir que su condición física es la misma de siempre: óptima, tal como se requiere en todo jugador de baloncesto.

Se convence de que, efectivamente, es el mismo sujeto que sólo cuatro horas atrás ha anotado el punto de la victoria de la Academia Hogwarts sobre Durmstrang. El mismo al que le ha entregado la bebida energizante con una sonrisa sincera plasmada en su rostro.

Por lo que decide retirarse sus características gafas para revisar si estas no tienen alguna hendedura o suciedad, y una vez satisfecho con la pequeña inspección, vuelve a colocarlas sobre su nariz y mira con el ceño fruncido al rubio.

—Dejar el baloncesto no me convierte en un demente, Potter.

—¡Claro que sí! — exclama el pelinegro completamente pasmado — Admito que en un principio pensé que eras un riquillo más en busca de algún nuevo pasatiempo — dice Harry dando pequeñas vueltas en su sitio, a lo que Draco solo bufa en respuesta — Pero has probado ser un excelente jugador y una ficha clave en este equipo.

—Creo que estoy a punto de llorar.

—Y pensar que estoy haciendo esto — murmura Harry para sí mismo, tratando de encontrar alguna explicación a su comportamiento — Al menos, ¿puedes darme alguna razón para justificar tu salida del equipo? — le pregunta inquisitivo.

—Es complicado, no lo entenderías.

—Mi novia es Ginny Weasley, no creo que exista alguna persona más complicada que ella. Pruébame — replica con rapidez.

Aunque por un momento Draco lo considera brevemente, decide dejarlo por la paz y guardarse sus motivos. —Considérame fuera, Potter.

—¿Quién esta fuera? —una nueva voz se une a la conversación, y tanto Harry como Draco voltean a ver a la persona que ha entrado a la pequeña estancia. Ginny Weasley les sonríe abiertamente y cierra detrás de ella la puerta, de manera que la habitación continua insonorizada.

—Yo estoy fuera, Weasley —dice Draco levantándose de su asiento mientras se quita una pelusilla imaginaria de encima.

—¿Te vas tan rápido? Ni siquiera son la diez —le reprocha Ginny mientras se acerca a su novio, dispuesta a darle un pequeño beso en la comisura de los labios.

—Nada en contra de la fiesta, solo que no estoy de humor. Nos vemos Potter. Weasley.

Se despide con una pequeña inclinación de cabeza y sale por la misma puerta por la que minutos antes Ginny había entrado.

—¿Qué le pasa a Malfoy, Harry? —pregunta Ginny al ver la actitud tan extraña del rubio.

Un tanto abatido por el rumbo de los eventos del día, Harry Potter solo atina a sonreír tristemente y encontrar la mano de su novia para apretarla ligeramente.

—Eso, Ginny, fue su renuncia definitiva al equipo de baloncesto.

3.

Debería estar en casa.

Pero después de salir de consulta ha discutido en el auto de camino a casa con su padre. Los gritos, el alto volumen de la radio y el tráfico retumbando en sus oídos incrementaban el dolor de cabeza.

Antes de saber lo que estaba pasando, cerró fuertemente los ojos deseando estar en un lugar tranquilo; uno en donde pudiera pensar.

Entonces una leve ráfaga de aire cosquilleó su barbilla, mas no le prestó importancia.

Todo habría sido muy normal si al volver a abrirlos no se hubiera encontrado sentada en una de las bancas de la estación central del metro de la ciudad.

—Sirius nunca me contó que podría hacer esto —murmura para sí misma con un tono incrédulo mientras recorre lentamente con la mirada todo a su alrededor.

Lo primero que Hermione nota es que el andén esta completamente vacío

—Pero si apenas son las 6 —dice, a la par que se pone de pie — Este lugar debería estar atestado de gente.

Camina en dirección de las escaleras del metro y se abraza a si misma ante las furiosas ráfagas de aire que golpean su rostro. Si bien el jumper que lleva ese día le ha parecido asfixiante unas cuantas horas atrás ahora se felicita mentalmente por no haberlo dejado en casa.

—¿En qué momento se hizo tan tarde? —piensa.

Decidida a encontrar un teléfono público desde donde pueda llamar a su hogar, se apresura a bajar las escaleras del metro. La marcha no le lleva mucho y Hermione se siente aliviada cuando encuentra una cabina disponible cerca de una de las salidas de la estación.

Llama por cobrar, ya que no lleva un solo real consigo. Esta segura que su padre está furioso, pero necesita tranquilizarlo antes de que por fin pierda la cordura.

Mientras termina de marcar los últimos dígitos, lo escucha.

Leve.

Sutil.

Casi imperceptible-

El jadeo entre sollozos de una persona. Cuelga el auricular y se asoma desde su posición para ver si efectivamente hay alguien.

Se fija en una chica de no más de dieciocho, quien lleva unos vaqueros y una blusa ajustada puesta, esperando para el tren.

O eso parece.

No es hasta que la ve avanzar lentamente hacia las vías que se percata que algo anda muy mal. Sus pasos son lánguidos y descoordinados, casi como si se estuviera reprimiendo o luchando contra algo.

—¡Detente! —exclama desesperada mientras se acerca a la joven. Cuando la chica se detiene y gira su cabeza lentamente hacia ella, Hermione puede ver que sus ojos estan desenfocados y su mandíbula inerte.

—Control mental —susurra mirando los signos obvios de la hipnosis. Ha leído hace mucho que la mejor forma que tiene un vampiro de quebrar la voluntad de cualquier humano es mediante esta práctica.

Un movimiento atrae su atención y agudiza todos sus sentidos dispuesta a hacer frente a lo que sea que esté acechando desde las sombras. No suele buscar peleas, en realidad es una persona muy pacífica, pero sabe que lo que esta ahí no es un ser humano.

—¡Esta es mía!

Un gruñido gutural irrumpe en sus pensamientos. Hermione siente la invasión pero se concentra en eliminarla de su cabeza.

Unos minutos después, siente cómo la presencia abandona su mente. Se gira y ve una masa oscura avanzar lentamente hacia ella. Inmediatamente la masa se materializa y una chica vestida con botas blancas altas, vaqueros, un top y una chaqueta desteñida de cuero negra aparece frente a ella.

Su cabello es del mismo color que sus ojos, verdes, junto con sus labios llenos y pómulos altos. Tiene los colmillos desenvainados y se le ve completamente furiosa.

—¿Qué tratabas de hacer? —pregunta Hermione, mirando por el rabillo del ojo cómo la joven humana ha sido liberada de su trance y corre despavorida del lugar mirando con los ojos muy abiertos todo a su alrededor.

—Piérdete ramera —gruñe la vampiresa en respuesta, avanzando peligrosamente en dirección de Hermione. —Esa era mi presa, ahora tendré que encontrar un nuevo bocadillo.

—Existe un tratado de paz que no puedes transgredir —replica Hermione muy segura de sí misma. —Si le hubieras cortado la garganta, se hubiera iniciado toda una cacería hacia los vampiros.

—¡Ella me pertenecía!

—Los humanos no son propiedad de los vampiros —prosigue indignada Hermione — Por sanguijuelas como tú la gente piensa que todos somos unos monstruos.

—¿Quién demonios te crees que eres para hablarme así? ¿No sabes quién soy?

—¿Acaso importa?

—Te voy a arrancar el corazón perra —sisea amenazadora la vampiresa. Hermione la ve sacar unas garras muy afiladas y dirigirse a ella a una velocidad sobrehumana con toda la intención de matarla.

El primer ataque la toma desprevenida. Apenas unos segundos, y logra escapar antes que ser alcanzada por completo. Aun así, deja salir un chillido de dolor cuando una de sus garras termina incrustada en su brazo derecho.

—¿Quién le pertenece a quien ahora, novata? —se mofa la peli verde sin siquiera voltear a verla.

Hermione se tambalea, su mano izquierda sosteniendo su brazo derecho, liberándolo de la zarpa; sangre azul escurre entre sus dedos. Sabe que su herida no tardará en sanar en unos cuantos minutos pero aun así, está débil para el próximo asalto.

Sabe bien que no tendrá ninguna oportunidad si no se concentra.

Esta a punto de intentar algo que descubrió unos meses atrás cuando escucha un sonido ahogado de sorpresa. Alza la mirada y encuentra a su rival mirándola, es decir, mirando directamente a su brazo herido.

—T-tú no puedes ser real —dice de repente la mujer con total estupor — Esto no puede estar sucediendo.

Hermione no entiende ni una sola palabra de lo que balbucea, pero la distracción le da tiempo a su brazo para sanar totalmente, sin ninguna marca que denote que alguna vez hubo daño en el.

Verifica que puede moverlo sin ningún problema y cuando esta satisfecha, mira a la chica que hace menos de cinco minutos tenía toda la intención de asesinarla con total sangre fría. Su rostro está lívido.

—¡Se supone que ustedes se extinguieron, que nosotros los eliminamos! —exclama la mujer incrédula.

Hermione esta a punto de preguntarle qué es lo que vocifera con tanto ahínco cuando un horrible gemido brota de los labios carmesí de la vampiresa. De un momento a otro, hay sangre por todas partes. Un mar de sangre. No lo entiende en un principio pero ve la figura de su rival golpear el suelo como una muñeca dejada caer a sus pies y entonces todo encaja.

Slayers.

/

Capitulo reeditado. Siempre bienvenidos sus comentarios. Como siempre agradecer a mi Beta Miss Mantequilla ;)

Abrazos, Adnat