La mañana, a pesar de todo, llegó, cálida y esperanzadora. Will salió de su agujero, justo a tiempo de ver como un barco pasaba a un par de metros de él y le lanzaba un cabo para que subiera a bordo. Era un barco de mercancías, simple y corriente, que llevaba azúcar y ron a la costa. Tras un día de navegación llegaron a la isla más cercana: Tortuga. Echaron a Will prácticamente por la borda, al preguntarles este si podían atracar allí. Unos minutos después, Will ponía los pies en la isla de la perversión y la diversión, en busca de… ni siquiera él lo tenía muy claro, pero la intuición le decía que era allí donde tenía que buscar.

Se dirigió calle arriba, hasta una pequeña plazuela, y después de observar detenidamente los nombres de cada una de las tabernas, se dirigió hacia La Sirenida. Entró en ella con paso decidido y encontró… pues lo que siempre se encontraría en todas y cada una de las tabernas de Tortuga: alcohol, mujeres, desenfreno, violencia, diversión, risas y brindis, y allí, al fondo del lugar, envuelto por mujeres y copas de ron, riendo a carcajadas y haciendo sus extraños gestos con las manos enjoyadas se encontraba su eterno "amigo", el pirata que le había enseñado lo que era el mar, y lo que era el desengaño, Jack Sparrow.