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Ginny maldijo al saber que él le había cortado, y maldijo aún más al imaginarse que él estaría entrando en ese momento al canal.

- Mierda…- susurró nerviosa, sintiendo un extraño revoltijo en el estómago y notando como de repente la boca se le había puesto seca.

Por suerte agradecía que la muy amable de su secretaria había ordenado su despacho esa mañana, y sabiendo que no debía preocuparse por eso, Ginny se encerró en el baño para retocar un poco su maquillaje, pero de lo ansiosa que estaba se mancho los dedos al intentar colocarse el rouge en los labios.

- La puta madre…- murmuró limpiándose las manchas con un poco de papel higiénico, rápidamente pasó su cepillo de cerdas por su largo cabello y se colocó unas pequeñas gotas de su perfume de siempre, ese que usaba desde que pasó a ser una adolescente.

Satisfecha con la imagen que reflejaba el espejo, se acomodó mejor la falda alisando las inexistentes arrugas que había en la tela y se dirigió hacia el despacho, sintiendo como el corazón le latía en la sien y en los oídos, notando como el calor le subía por el cuerpo. Intentando tranquilizarse forzó a su mente a centrarse en su actuación de aparentar indiferencia, no debía mostrarse débil, no delante de él.

El intercomunicador de su despacho sonó, y sabiendo lo que le diría su secretaria, Ginny respiró hondo antes de hablar.

- Dime Parvati…

- Ginny, el señor Harry Potter quier hablar con usted, pero no tiene y cita, y…

- Hazlo pasar, no hay problema- le dijo dando por terminada esa charla.

Ginny se giró en su silla dando la espalda a la puerta y largó todo el aire que estaba conteniendo al sentir la puerta de su despacho abrirse.

- Muy amable, señorita…- escuchó decir la voz de Harry, ese sonido hizo que a Ginny se le erizaran todos los vellos de la nuca. La puerta volvió a cerrarse y la pelirroja se giró en el lugar.

Harry estaba parado de lado observando la decoración del lugar, las manos en los bolsillos demostraban lo relajado que estaba, aunque no era cierto, igual eso era un detalle que ella desconocía.

- Bonita decoración…

- No estamos aquí para hablar de la combinación de colores del lugar, Potter- Ginny levantó una mano indicándole que tomara asiento frente a ella.

- Tienes una linda vista…- Ginny rodó los ojos.

- A lo nuestro…- dijo Ginny cruzando las piernas debajo de aquella mesa de vidrio.

- Cuanta amabilidad…- se burló emitiendo antes un silbido-. Al menos ofréceme algo de tomar.

- Parvati, dos capuchinos por favor, el mío como siempre, el del señor Potter con dos de azúcar- dijo rápidamente al intercomunicador.

- Me halaga que todavía recuerdes como me gusta mi bebida- Ginny lo miró un momento desviando la vista después.

- La mayoría de las personas toman el café con dos cucharadas, simplemente es algo práctico- Harry elevó las cejas ante esa tonta excusa, pero no dijo nada, ya tendría tiempo para eso.

- Bien, ya que veo que estás muy ocupada- Harry buscó en el bolsillo de su saco la tarjeta de Albus Dumbledore y la puso sobre la mesa, Ginny la tomó en sus manos y Harry notó el suave color carmín que usaba en sus uñas.

- Lo que me extraña es que nos quiera a nosotros…- murmuró más para si misma que para él.

- Según él y algunas revistas, nosotros haríamos buena química- la miró.

- Si ellos lo dicen…- dejó la tarjeta a un costado-. Adelante- le dijo a Parvati la cual había llamado a la puerta, y ahora entraba con los dos capuchinos y un plato con galletas de chocolate, Harry evitó sonreír al recordar que Ginny era una fanática del chocolate-. ¿Y no te dijo nada más?

- Algo me comentó. Prácticamente me confirmó su próxima candidatura, y está muy disconforme con el gobierno de Riddle.

- Bah, todos estamos disconformes- dijo la pelirroja revolviendo su taza.

- Quiere idear un programa en donde se le comunique la realidad a las personas, no la realidad que algún político quiera contar.

- ¿Y eso lo incluye a él?

- Según sus palabras, también. Pero ya sabes como son los políticos, con tal de buscar algún tipo de crédito…

- Claro… - Ginny se llevó la taza a los labios y suspiró con regocijo al sentir el dulce sabor del café y la leche mezclado con el chocolate.

- Parecía muy interesado en tu trabajo así como en el mío, e insistió mucho en que debemos tener una reunión los tres juntos- Ginny asintió lentamente, dejando la mirada perdida en la puerta del despacho.

Harry aprovechó ese momento para observarla detalladamente, la forma en la que fruncía los labios, la forma en que su cabello encendido le caía por los hombros, la profundidad de su mirada castaña y la pequeñez de su cuerpo, ataviada por un imponente diseño. Sin embargo sus cavilaciones quedaron en la nada, cuando la puerta volvió a ser golpeada.

Parvati, esa mujer de cabello oscuro y largo, entró sonriente con un enorme arreglo floral en las manos.

- ¿Y eso?- le preguntó sorprendida Ginny.

- Han llegado para ti, Ginny- le dijo dejando el obsequio en una mesita que había en un costado.

- ¿De quién podrán ser?- se preguntó ella misma ignorando por un momento a Harry y su fingida indiferencia, sonriente se levantó de su asiento y buscó entre las flores de colores la tarjeta que le indicaría el remitente.

- ¿Y quién es?- la indagó Parvati curiosa.

Ginny abrió la tarjeta encontrándose con simples palabras, bonitas, pero comunes. Seguro que sacadas de algún libro de poemas barato o de alguna de esas golosinas dulces que traían versos.

- Míralo tú…- le dijo algo desganada pasándole la tarjeta firmada por Michael.

- Wow, se ha pasado con el regalo esta vez…- Ginny miró de forma elocuente a su secretaria, la cual captando al instante el mensaje, decidió dejarlos solos-. Bueno, sigan con su charla, yo tengo una larga lista de cosas para hacer…

- Cualquier cosa te llamo, Parv- le dijo Ginny volviendo a sentarse.

Harry no le dijo nada, pero no pudo evitar mirar con algo de recelo aquel lindo arreglo que le habían mandado a la pelirroja, y tampoco podía evitar tener curiosidad sobre quién era el hombre que se lo había mandado.

La charla, totalmente desprovista de sentimiento, y muy clara y concisa, se abocó a temas puramente profesionales, de raiting y audiencia, de la creencia popular y cosas de ese estilo. Ginny se sorprendió al hablar con él después de tantos años de una forma poco hostil, pero obviamente sin bajar la guardia, con él nunca debía hacerlo.

Ella no pudo evitar evocar viejos recuerdos al sentir esa fragancia fresca que el siempre usaba después del afeitado, y eso hizo que la piel se le erizase. Sobándose los brazos subió un poco la temperatura en el aire acondicionado con el mando que tenía en uno de los cajones del escritorio.

Ambos acordaron que ella se comunicaría con Albus y luego le haría saber a Harry el punto de encuentro. Ya concluida la reunión, Harry se puso de pie y le sonrió.

- Imagino que en tu celular te ha quedado grabado mi número, llámame a ese.

- Por cierto…- Ginny frunció el seño-. ¿De dónde sacaste el mío?

- Uno tiene sus contactos- respondió él guiñándole un ojo.

- Idiota…- murmuró Ginny bien despacio.

- ¿Has dicho algo?- indagó Harry divertido.

- Nada en absoluto…- le dijo caminando hacia la puerta-. Bueno ya lo sabes, espera mi llamado.

- Lo haré- Harry le sonrió con esa sonrisa que Ginny sabía, utilizaba para conquistar. El chico inclinó un poco la cabeza y salió del despacho, saludando también a la secretaria de la pelirroja.

Ginny cerró la puerta y caminó algo temblorosa hacia el lugar en donde Harry se había sentado, la silla aún conservaba su calor y su loción de afeitar todavía se sentía en el ambiente.

- ¡Por Dios!- exclamó hundiendo la cara entre sus manos.

La visita de Harry la había dejado mentalmente agotada. Había sido demasiado tiempo sin verlo; antes de que él partiera del país, las cosas eran más fáciles, la constante competencia en el medio y el rencor aún guardado en su corazón la hacía odiarlo, detestar sentir su presencia y aroma. Sin embargo, luego de que él se hubo ido a recorrer el mundo con su programa, Ginny sintió como de a poco todo ese sentimiento se iba aplacando, dando lugar a aquella sensación oculta, que por más que se forzara por borrar, no podía hacerlo.

Ella había sido traicionada, él no había creído en su palabra y luego había sido muy tarde para pedirle perdón. Eso había sucedido muchos años en el pasado y ella se consideraba una niña algo inmadura e inexperta. Quizás si lo mismo les hubiese pasado en el presente, su reacción habría sido diferente. Pero había cosas que no tenían vuelta atrás, ella debía seguir con su vida, y eso era lo que intentaba cada día, aunque muy en el fondo sabía, que no lo estaba logrando.

Tan sólo bastaba con ver el estado en que había quedado, su corazón se demoraría un poco en volver al ritmo normal, y sus manos aún estaban mojadas.

Pero debía centrarse en su objetivo, debía llamar a Dumbledore y concertar una entrevista. Si todo era tal y cual lo aparentaba, sus próximos proyectos iban a ser prometedores.

o0o0o

Harry una vez dentro del automóvil encendió el aire acondicionado y se relajó, hacia mucho tiempo que no estaba junto a ella en una misma habitación.

Sonrió al recordar su pequeña figura sentada en ese asiento tan grande, sus delicadas manos moviéndose mientras ella hablaba, su nerviosismo que a pesar de querer ocultárselo, para Harry no pasaba desapercibido. Él recordaba ciertos aspectos de ella que jamás cambiaría, como el acomodar su cabello detrás de una de sus orejas, o bien, jugar con los anillos que llevaba en el dedo, todo con tal de disipar cualquier tipo de sensación incómoda.

Él había sido el culpable de que la relación entre ellos sea fría e impersonal, años atrás había sido todo lo contrario, Ginny era como el sol por las mañanas luego de una noche de frío, su calidez y audacia habían logrado sacarle una sonrisa en los peores momentos, y justo cuando todo estaba por darse, su felicidad eterna, Harry cayó a la realidad de un fuerte golpe. Él y su tonta mania de hacer siempre lo correcto, y de no creer hasta donde una persona podía llegar a hacer.

Ginny se lo había dicho, lo había advertido, y sin embargo no la escuchó. Y luego, cuando el dolor de la caída había sido un poco soportable, él regresó a ella pidiendo su perdón, pero ya todo estaba perdido. La chica estaba muy dolida, y no lo perdonaría con facilidad. Una cosa llevó a la otra y ambos se fueron distanciando hasta no verse por un buen tiempo.

Las vueltas de la vida, al recordar su cara femenina Harry no pudo evitar que una tierna sonrisa se le escapara de los labios, ella siempre surtiría ese efecto en él. Esa mujer aún continuaba siendo su debilidad.

Tranquilo y con una extraña sensación de paz, condujo hacia el restaurante en donde había coordinado encontrarse con Hermione, su amiga tenía muchas cosas que contarle.

La castaña lo esperaba en la mesa de siempre con su enorme sonrisa en el rostro, sus manos las llevaba entrelazadas sobre la mesa y el cabello lo tenía trenzado de forma ordenada.

- Hola, Harry- lo saludó la chica sonriéndole.

- Te ves bastante contenta- Hermione se sonrojó levemente sin borrar su sonrisa.

- Me di cuenta de que tenías razón, Cormac no vale la pena…

- ¿Un clavo reemplaza a otro clavo?- le preguntó Harry con ironía pidiéndole lo mismo de siempre al mesero.

- Creo que no se aplica en esta situación…- respondió la chica divertida.

- Entonces cómo explicas que de repente se te haya olvidado que hace dos días llorabas por los rincones por culpa del tipo ese.

- Cormac lastimó mi orgullo, pero yo no lo amaba- le dijo bebiendo agua de su vaso-. Ronald en cambio es diferente, con sólo hablar con él, las cosas son tan diferentes…

- Espero que no te lo confundas con un oso de felpa…

- ¡Harry!- lo reprendió la chica-. No digas tonterías, además se supone que él fue tu amigo.

- Tú misma lo has dicho, fue, mi amistad con él terminó hace años- le dijo apagado.

- Es una lástima porque él te tiene mucha estima- le sonrió al mozo que traía lo que habían encargado.

- Parece que congenias bastante bien con Ronald- Hermione le arrojó su servilleta riendo.

- No te contaré nada con detalles, pero lo único que te digo es que esta noche nos encontraremos para cenar.

- ¿Él es el chico que conociste la otra noche?

- Si- respondió Hermione llevándose el tenedor a la boca-. Sólo sabía su nombre, imagina la sorpresa al saber quien era…

- Con razón los dos se mostraban tan sorprendidos en la fiesta- dijo Harry.

- Y sí, fue algo extraño- Harry asintió en silencio comiendo de su plato-. Por cierto, te vi muy interesado en la hermana de Ron…

- Hermione…

- No le quitabas los ojos de encima- Hermione le sonrió de forma cómplice.

- Cállate…

- Es muy linda, tenías razón- suspiró-. Parece buena chica, aunque contigo se muestra algo dura- Harry sonrió con amargura.

- Y no es para menos, ella no perdona…

- ¿Tú lo crees? Ronald me ha hablado maravillas…

- No lo dudo, él la adora- se limpió los labios con una servilleta y saco del bolsillo de su abrigo la tarjeta que Dumbledore le había dado a él-. Mira esto.

- ¿Te la dio Dumbledore?- le preguntó Hermione tomando la pequeña tarjeta personal.

- Vengo de ver a tu cuñada- recalcó haciendo comillas con sus dedos en la última palabra.

- ¿Y qué pasó?- Hermione conocía la historia pasada entre ellos, por eso se hallaba interesada.

- Nada fuera de lo normal, hablamos lo más profesionalmente posible- Harry se llevo una mano al rostro de modo afectado-. Esos treinta minutos fueron…- Hermione lo miró con ternura.

- ¿Sabes? No debes pensarlo tanto…

- ¿A qué te refieres?

- En algún momento tendrán que hablarlo, y creo que podrías aprovechar esta oportunidad para dejar las cosas en claro, y pedirse disculpas los dos.

- Ojalá fuera tan fácil…- Hermione le tomó la mano por encima de la mesa y se la apretó con cariño.

- Y lo es, lo que sucede es que uno muchas veces complica las cosas en vano- Harry la miró a los ojos un momento y la muchacha continuó hablando-. Ahora cuéntame de Dumbledore y su propuesta…

o0o0o

Ginny con una sonrisa fingida en su rostro colgó el teléfono dejando escapar un trémulo suspiro. Acomodó su espalda contra el mullido respaldo de su sillón y se giró hacia atrás, dejando correr su vista en los edificios vecinos mientras su mente recordaba las palabras dichas por Albus.

La pelirroja estiró su mano y tomó el teléfono celular el cual estaba sobre el escritorio, le había dicho a Harry que ella lo llamaría y se ocuparía de hacerle saber las novedades, sin embargo no se animaba a llamarlo, no tenía aún el suficiente valor como para hacerlo. Al recordarlo sentado frente a ella en esa misma habitación, sentía como la piel se le ponía de gallina. Eso no era normal, no debía sentirlo.

Parvati entró al despacho con dos tazas de té en la mano, la morocha conocía muy bien el temperamento de Ginny, y sabía, que cuando ella estaba tan pensativa, necesitaba algo con qué distraerse, y nada mejor que una de sus conocidas charlas de mujer a mujer.

- Gracias…- le susurró Ginny aceptando la taza-. ¿Cómo sabías que me hacía falta?

- Años de trabajar juntas- respondió la otra encogiéndose de hombros-. ¿Quieres hablar?

- Ahora no…- le dijo la pelirroja-. ¿Sabes a qué hora viene Lavander?

- Me avisó que estaba de compras, tiene que renovar tu vestuario, y sabes como se pone cuando tiene que hacer esas cosas- le dijo poniendo los ojos en blanco.

- Por eso mismo evito acompañarla- sonrió-. ¿Cómo llevan la relación?

- Bastante bien, para las dos fue algo nuevo, ya sabes…- Ginny asintió.

- Las dos dejaron unos cuantos corazones rotos…

- Dean ya está con otra chica, no lastimó su enorme ego saber que me había enamorado de otra mujer, hasta pareció animarlo- Ginny rió-. Y Ron parecía bastante contento este fin de semana…

- Lo que pasa es que él conoció a una chica, y parece que congeniaron bastante bien- Ginny se llevó la taza de té a los labios.

- Hablando de él, ha llamado hace unos minutos, está un poco retrasado por el tránsito.

- Mejor, con lo meticuloso que es con el trabajo…- Ginny miró la hora en su reloj pulsera y suspiró-. Hazme un favor, llama a Lavander y dile que se apure, no quiero que luego llegue toda alterada y me maquille a las apuradas- Parvati sonrió poniéndose de pie.

- ¿Sabes? Cuando te llegaron esa flores, el señor Potter no podía quitarte los ojos de encima- Ginny miró el ramo de flores un momento antes de adoptar una pose de fingida indiferencia.

- Ese tipo es un idiota…

- Pero muy lindo… No sé porque tengo la sensación de que lo veremos seguido por aquí.

- Tal vez sea porque es muy posible que trabajemos juntos en un proyecto- le respondió mordaz, sabiendo que Parvati, la cual conocía su historia, quería llegar a un determinado punto.

- Eso no me lo habías dicho- le recriminó-. Pero recuerda lo que te dije- sonriente le guiñó un ojo y se despidió con moviendo su mano-. Ahora te ubico a Lav- dijo antes de salir dejando a Ginny aún más pensativa.

Intentando matar el tiempo Ginny tomó uno de sus libros favoritos y se lo puso a leer, sin embargo las palabras se le mezclaban en la mente no dejándola concentrarse. Ya era un hecho que no podría hacer otra cosa a menos que lo llamara, debía hacerlo tarde o temprano. Con un cosquilleo en su mano, tomó el teléfono celular y buscó en las últimas llamadas, aquella la cual había sido hecha por Harry, esa misma mañana. Sin pensarlo dos veces apretó el botoncito verde y espero a que llamara, poniéndose más nerviosa al sentir ese sonido característico.

- Esperaba tu llamado- dijo la voz al otro lado del teléfono, antes de que sonara por segunda vez.

- Vaya rapidez, parece que estabas ansioso…

- Sabes que soy ansioso con las cosas que me interesan- Ginny evitó tomar sus palabras como una indirecta.

- Es de esperarse, con una propuesta como esta…- algo más relajada se puso de pie comenzando a caminar por su oficina.

- Imagino que ya has hablado con él.

- Estás en lo correcto, fue algo breve, pero conciso. Espero que no tengas nada planeado para este miércoles por la noche, porque nos espera a cenar en Merkley.

- Nada de lo que tenga planeado puede superar una entrevista de trabajo con Dumbledore, y menos aún si es junto a ti- Ginny se quedó en silencio y Harry supo que había hablado de más-. Merkley me dijiste ¿no?

- Si, es uno bastante nuevo- respondió la mujer de forma impersonal-. ¿Sabes dónde queda?

- Alguna que otra vez he ido.

- Bien, porque nos espera a las ocho.

- ¿Y cómo harás con tu programa?

- De eso se ocupa Ronald- respondió la pelirroja ignorando el hecho de que él supiera el horario en donde salía al aire. Lo cierto es que había acordado ese día, porque por la noche se jugaba un importante partido de la liga, por lo que su programa no se emitiría.

- Bien…- Harry guardó silencio buscando algo que decir-. ¿No te ha comentado nada?

- Solamente me ha dicho que tiene muchos planes, y que está bastante entusiasmado con la idea… Su mujer también irá a la cena.

- Entonces Merkley a las seis- Ginny asintió con un sonidito-. Perfecto, cualquier cosa me pongo en contacto contigo.

- Nos vemos allí- Ginny se mordió la lengua, no debía hablar de más.

- Yo te llamo mañana, tengo unas ideas que me gustaría conversar contigo, pero todavía no las he planteado bien.

- No hay problema, esperaré tu llamado.

- Bueno.

- Bien, hasta pronto- Ginny apretó el botón rojo de su teléfono finalizando la llamada.

Con una extraña sensación conocida se dejó hundir en su butaca y reparó en lo fácil y cotidiano que era hablar con él, como tantas veces lo habían echo por horas en el pasado. Pero lo peor de todo, era lo poco que le costaba hacerlo, y se odiaba por ello.


Se que muchos a estas alturas se preguntarán varias cosas, en especial sobre ese pasado en común que los une a ambos. Pues bien, tendrán que leer los siguientes capítulos para saberlo, y ya saben, si ustedes me dejan sus comentarios me ponen feliz y me inspiran, y si yo soy feliz y me inspiro, escribo más rápido.

Espero que hayan captado la indirecta.

Los adoro, Jor.