Capítulo 2 –Villanos.

El olor metalizado de la sangre embotó su olfato nada más poner un pie dentro del callejón, por lo que Fudo ya imaginaba lo que iba a encontrar. Las paredes salpicadas del carmín opaco que se iba oscureciendo al secarse, como un cuadro macabro nacido bajo la brocha de un loco y, sin duda, la guinda de toda aquella obra de arte estaba al final.

El chico se acercó contemplando detenidamente el escenario del crimen: a pesar de que todo parecía descuidado y objeto de un ataque de locura, su ojo experto le dijo que todo había sido a sangre fría. En definitiva, era una auténtica obra de arte.

Se detuvo frente a la pared final del callejón y observó el cadáver. Solo se veía la parte superior del cuerpo y un brazo lleno de cortes en una posición extraña; parecía estar brotando de la pared, como si el ladrillo rojizo y la piel amoratada por el livor mortis fueran solo uno. Lo que, de alguna forma, resultaba más macabro era el rostro de la víctima –una mujer que rondaría los veinticinco años–. A pesar de las contusiones y las heridas que desdibujaban sus rasgos, parecía sumida en perfecta paz. A Fudo le recordaba a esas estatuas que se conservaban de la antigüedad, de religiones antiguas y obsoletas que hablaban de santas tocadas por la mano de un Dios todopoderoso y encontraban el descanso eterno. Casi resultaba obsceno ver la sangre manchando su rostro.

Casi, porque recordaba aquel rostro. Era el de una heroína que acababa de entrar en el mundo de los profesionales: su belleza, encanto y carisma tenía loco a todo el mundo, la prensa esperaba grandes cosas de ella.

Sonrió de medio lado.

—Veo que no has estado perdiendo el tiempo —dijo en voz alta, apartando la mirada del cadáver y dándole la espalda. Detrás de él, sentado sobre la tapa del contenedor más decente del callejón, había aparecido una persona.

—Tú tampoco, Heat Body —replicó el recién llegado con cierta burla en su voz. Su cuerpo estaba completamente cubierto por una capa negra y además tenía una capucha cubriendo sus rasgos, pero para Fudo no era ningún misterio su identidad.

—Ese es un apodo estúpido —suspiró apesadumbrado mientras metía las manos en sus bolsillos y se acercaba al contenedor—, obviamente no lo escogí yo. Supongo que no impone tanto como Quirkless Shinigami —añadió alzando una ceja. El hombre frente a él no contestó, se limitó a mirarle en silencio. O Fudo suponía que le miraba, porque no podía verlo con la capucha—. Es interesante lo que has hecho aquí… ¿por qué lo has puesto todo como si fuera un crimen arrebatado y dirigido por la rabia?

El silencio se prolongó durante unos minutos que se hicieron eternos hasta que por fin, Quirkless Shinigami decidió hablar.

—Cuando un héroe intenta interferir en mi camino, a veces cambio la metodología, lo revoluciono todo un poco. Es divertido ver a la policía y a los héroes devanándose los sesos tratando de adivinar qué diferencia a esta víctima de las demás, por qué parece que he perdido los papeles con su asesinato. Y así es como empiezan a seguir pistas falsas —Fudo sonrió, divertido, al imaginar la escena. La verdad era que aquel tipo podía llegar a tener un sentido del humor algo macabro—. ¿Qué es lo que quieres, Fudo? Llevamos cuatro años y medio sin vernos… supongo que no querrás recordar viejos tiempos, ¿verdad?

Y tenía razón, le había costado muchísimo dar con su pista. Había hecho un trabajo concienzudo de investigación, pasando muchas noches sin dormir y rebuscando hasta en las noticias más sensacionalistas de toda la web. Había trazado su propia tela de araña y, con la sutileza y la gracia de un titiritero había tirado de los hilos hasta dar con la tecla adecuada.

El villano llamado Quirkless Shinigami.

Y seguramente una de las pocas personas que conocían de primera mano el poder de Grey Goo.

—Me has pillado, Matsuno —sonrió culpable—. Lamentablemente esto no es una visita de cortesía… Tengo un favor que pedirte.

Matsuno se bajó de un salto del contenedor y cayó con gracia frente al chico. Fudo nunca había sido particularmente bajo, pero tampoco destacaba demasiado frente a la altura del mayor. Sin embargo, no se dejó intimidar por eso.

—Se me hace extraño no verte con los mocosos —mientras hablaba, Matsuno se quitó la capucha, revelando un cabello blanco bastante despeinado y un rostro adulto de ojos oscuros—, pensaba que corretearían a tu alrededor durante todas sus vidas.

El comentario arrancó una sonrisa a Fudo: Matsuno rondaba la treintena cuando lo conocieron, por lo que los "mocosos" de Haku y Rin tenían en aquel entonces quince y catorce años respectivamente. Ya despuntaban en aquella época sus habilidades para resultar irritantes y Matsuno los había tenido que sufrir como todos. Si no hubiera sido por Fudo, que generalmente intercedía por ellos cuando se pasaban de la raya, seguramente más de uno hubiera intentado matarlos. El hombre frente a él, entre ellos.

—Los tengo localizados —repuso con un encogimiento de hombros. Lo cierto era que no estaba muy seguro, lo último que había sabido de ellos era un mensaje que había recibido de Haku con un pulgar hacia arriba. Hacía dos días de eso, poco después de que dijeran que tenían la oportunidad perfecta para contactar con ellos. Fudo seguía sin tener muy claro que hubiera sido buena idea mandar a los más imprevisibles e impulsivos del grupo sin supervisión a una misión tan importante, pero necesitaba a Norah en otra parte y él tenía que encargarse de Matsuno. Esperaba que no la hubieran cagado demasiado—, no tienes que preocuparte por ellos. Por raro que te parezca, han aprendido a valerse por sí mismos.

El mayor sonrió de medio lado, como si no creyera ni una sola palabra de Fudo.

—¿Cuántos años tienes ya? —preguntó irónico—. ¿Veinticinco? ¿No crees que ya va siendo hora de que aprendas a mentir apropiadamente?

Fudo no pudo evitar la carcajada y se rio con ganas. El sonido, acompañado por el macabro escenario, resonó espeluznante en las paredes del callejón.

—Vale, tienes razón. Esas pequeñas mierdecillas siguen siendo irresponsables y que me maten si me fío de lo que puedan estar haciendo ahora mismo —Fudo sonrió divertido—, pero bueno, al menos me gusta pensar que lo intentan. Y ya sabes que no he venido a hablar de ellos, Matsuno —añadió antes de que el hombre pudiera volver a interrumpirle. Sabía que intentaría desviarse del tema, por suerte Fudo siempre había sido una persona a la que le gustaba ir directo al grano—. Quiero hablar de Grey Goo —Matsuno frunció el ceño al escuchar el nombre, haciendo que Fudo enarcara una ceja—. ¿Cuántos años tienes, Matsuno? ¿Treinta y cuatro? ¿No crees que ya va siendo hora de dejar de tomarme por idiota? —ironizó repitiendo la burla del adulto—. No finjas que no sabes nada de lo que está pasando.

—Vale, sí, puede que haya escuchado algo en los bajos fondos —Matsuno se encogió de hombros—, pero no veo por qué tendría que afectarme eso. Tengo cosas más importantes que hacer.

Fudo alzó una ceja. Quirkless Shinigami era un villano obsesionado con los civiles que carecían de particularidades y, cuando leyó el artículo relacionado en la página web, no se sorprendió: el tipo ya estaba algo trastornado cuando lo conoció. Aunque en su defensa diría que, a pesar de tener claras tendencias psicópatas y sádicas, mostraba una especie de retorcida piedad con todos aquellos quirkless que mataba.

—Sabes que si está activo no se detendrá hasta acabar con todo, ¿qué pasará con tus objetivos entonces?

—Trabajaré en ellos hasta que todo se termine, entonces podré descansar. De todas formas, ¿qué quieres que haga yo contra Grey Goo? Sabes que es demasiado fuerte para gente como nosotros.

—Por eso se nos ha ocurrido colaborar con los héroes —replicó Fudo. Tendría mucho cuidado de no mencionar que había sido idea de Rin: tenía un plan, quizás algo rastrero, para convencerlo y tenía que cementar bien las bases—. Ya sé que suena a locura y que parece imposible que podamos hacer algo juntos, especialmente después de ver lo que has hecho ahí atrás, pero es lo único que podemos hacer por el momento. No podemos dejar que Grey Goo haga lo que quiera y destruya este mundo, llámame idiota pero quiero vivir. Y los héroes me gustan tan poco como a ti, pero resulta que ahora tenemos un enemigo común.

—Me da igual este mundo, Fudo. Yo he renacido con una sola misión, no pienso desviarme de ella hasta que no la cumpla, aun si todo a mi alrededor se acaba desvaneciendo en cenizas. Salvo mi misión en este mundo, todo es secundario —añadió con severidad.

El chico entrecerró los ojos, ya contaba con que el complejo de mesías de Matsuno complicara las cosas, pero tenía la carta de triunfo reservada para aquel momento. Sabía qué palabras exactas resultarían decisivas en aquel momento.

—¿Y qué me dices de aquel que te permitió renacer? —el mayor se tensó al escuchar aquellas palabras—. ¿Permitirías que su verdugo campara a sus anchas? Tienes que ayudarnos a matar a Grey Goo, se lo debes al doctor Kobayashi. Fue él quien te abrió los ojos y te otorgó las herramientas para erradicar el sufrimiento de este mundo, le debes tanto que lo menos que puedes hacer es vengar su muerte.

Se miraron fijamente a los ojos, manteniendo un desafío de miradas bastante intenso. Fudo sabía que Matsuno no podría negarse, el doctor Kobayashi era quien le había regalado la nueva vida y haría lo que fuera con tal de compensar ese favor. Incluso aliarse con los héroes en caso de ser necesario.

—Está bien —Matsuno frunció el ceño—, tú ganas. Colaboraré en esa estúpida campaña que intentas crear, pero no toleraré a ningún héroe que intente hacer que me replantee mis ideales, ¿he sido claro? —era el mejor trato que podía esperar, así que Fudo asintió, satisfecho. De todas formas, él tenía intención de colaborar con los héroes si ellos aceptaban, pero se negaba a escuchar discursitos morales sobre sus actos—. ¿Cuántos has reclutado hasta el momento?

—Eh… —Fudo sonrió mientras se rascaba la nuca, alborotando todavía más su encrespado cabello malva— contando contigo y con Norah, Haku y Rin… exactamente a cuatro.

Exacto, era tan patético como sonaba.

Esperaba que Norah estuviera teniendo una suerte mejor.

Y a pesar de las expectativas de Fudo, Norah no creía que pudiera definirse lo suyo como suerte. Especialmente tras ver el panorama que había en la Liga de Villanos.

Mientras Fudo invertía su tiempo en localizar viejos conocidos del pasado, a él le había tocado la tediosa misión de localizar villanos que pudieran luchar a su lado en un futuro. Y qué mejor manera de empezar que con la sociedad del mal más conocida hasta la fecha. Había investigado, siguiendo las pequeñas pistas que solo alguien habituado a los bajos mundos podría encontrar y había invertido horas de trabajo y sueño en localizar una forma de comunicación con ellos.

Era arriesgado, lo sabía, especialmente porque nadie le estaba guardando las espaldas y tenía que andarse con cuidado, pero era la única idea que tenían hasta la fecha: los villanos, incluso entre ellos, tenían la dudosa cualidad de ser terriblemente escurridizos.

—Así que eres Slash —dijo el tipo frente a él. Parecía bastante interesado en él, aunque eso no hizo que el chico se relajara, en cualquier momento podría venir la puñalada trapera—. Te imaginaba mayor.

—No sabía que necesitara tener una edad específica para poder hablar con Shigaraki —Norah alzó una ceja. Sabía que tenía que caerle medianamente bien a Giran para que accediera a llevarlo con su jefe, especialmente cuando se enterara de que no quería afiliarse con la Liga de Villanos, pero aquel hombre no le caía bien—, veintitrés deberían bastar.

—Claro, claro, perdona mi insolencia —Giran le dedicó una sonrisa torcida—. Shigaraki no vendrá en persona la primera vez, tendrás que hablar antes con sus compañeros para concertar una cita, ¿estás de acuerdo?

—¿Existe otra opción aparte de estarlo? —ironizó Norah. Irritado, sacó una moneda del bolsillo y empezó a juguetear con ella, era un hábito que había adquirido con los años y lo solía usar cuando se aburría o cuando necesitaba calmar los ánimos.

—Muy bien, por suerte mi jefe está interesado en conocer gente como tú, seguro que serías una buena adquisición para la Liga, por lo que estás marcado como un villano con prioridad. Uno de sus secuaces está a punto de llegar para dialogar contigo, esta es tu gran oportunidad para ser admitido —Norah alzó una ceja, como si no supiera que la Liga deseaba ampliar sus filas—. Aunque para evitar altercados, debería pedirte que me dejaras guardar esa moneda. Uno escucha rumores y sabe de lo que eres capaz con ella.

Norah la puso sobre su pulgar y la hizo girar hacia arriba: a diferencia de las monedas de japón, esa estaba hecha de hierro altamente refinado, por lo que al subir hizo un sonido agudo y algo musical, solía relajar bastante a Norah.

—Si escuchas rumores, deberías saber de lo que soy capaz con o sin moneda —replicó recogiendo el pequeño objeto y volviéndolo a lanzar—. Ahora mismo es lo de menos, considérala… como mi amuleto de la suerte. Me trae buenos recuerdos, deberías dejar que siga jugando con ella.

Giran se encogió de hombros dando por sentado que aquel era su problema y lo dejó solo en la habitación. Norah atrapó la moneda con dos dedos y la contempló, absorto, hacía tiempo que no pensaba en el valor real que tenía aquella pequeña pieza de metal. Era lo único que conservaba de Dinamarca, se la había dado su abuelo a modo de reliquia familiar antes de que su padre lo subiera casi a rastras al avión que los llevaría a Japón.

Quizás por el valor emocional y no por su composición respondía mejor que ningún otro objeto a su quirk.

—Vaya, así que al final has venido a vernos —Slash alzó la cabeza para ver al recién llegado. Tenía un aspecto estrafalario, con sombrero de copa y pluma, y máscara incluida. Sin embargo, lo reconoció al instante: era Mr. Compress, famoso por su inteligencia y carisma entre los villanos—, poco a poco se van uniendo villanos fuertes a nuestro modesto grupo.

—¡Wow! Mira que aspecto más amenazador tiene, seguro que es un encanto de persona —exclamó otra persona saliendo de detrás de Mr. Compress. Slash tuvo que reprimir el impulso de hacer una mueca al reconocerlo. Era Twice, conocido por su locura y su trastorno de personalidad límite: como si no tuviera suficiente con aguantar las gilipolleces de Rin y Haku, también tendría que soportarlo a él.

—Solo quiero hablar, no he dicho en ningún momento que quiera unirme a… —se contuvo antes de decir algo altamente ofensivo, no estaba en posición de liarla en aquel momento—… vosotros. Tenemos un trato que ofrecer a Shigaraki, una proposición más bien.

Mr. Compress le miró en silencio durante unos instantes; Twice, que seguramente había acudido como apoyo en caso de que las intenciones de Norah no fueran demasiado loables, se removía inquieto e impaciente.

—Deberíamos cargárnoslo ahora mismo, no me gusta como suena esa proposición —dijo Twice frunciendo el ceño—. Míralo Mr. Compress, con ese aspecto de vendedor de enciclopedias no puede estar tramando nada bueno…

—¿Tenéis? —inquirió el otro, ignorando por completo a su compañero—. ¿En plural?

Slash meditó unos instantes, sin saber muy bien cómo explicar el tipo de relación que tenía con Fudo y los demás.

—Digamos que… últimamente no trabajo en solitario, como medida excepcional he tenido que aliarme con unos conocidos: las circunstancias lo requerían —explicó con cuidado. Norah tenía muy claro que lo referente a Grey Goo solo lo diría ante Shigaraki—. Y queremos ampliar esa alianza temporal lo máximo que podamos. Acudir a vosotros era una medida lógica.

—Y supongo que la causa de esa alianza no me la dirás, ¿verdad? —inquirió Mr. Compress con un tono casi jocoso, dando a entender que ya conocía la respuesta. Norah no se molestó en contestar: había escuchado que el villano frente a él era increíblemente inteligente, esperaba que pudiera deducirlo él solito—. Bueno, bueno… imagino que tampoco me dirás los nombres de tus aliados, ya que te mantienes en esa postura tan reservada… ¿son de confianza al menos?

—Por supuesto que sí —Norah frunció el ceño, poniéndose a la defensiva. Tenía sus más y sus menos con sus compañeros, pero si existían personas en el mundo a las que pudiera llamar amigos, eran ellos, aunque jamás lo reconocería en voz alta. Insinuar que podrían llegar a traicionar esa confianza resultaba ofensivo.

—Vaya, así que son gente importante para ti, es un dato interesante —la sonrisa tras esas palabras era casi palpable aunque no pudiera verla por la máscara. Norah se mordió la lengua al comprender que se había dejado engañar como un tonto: inconscientemente le había revelado a Mr. Compress más información de la que le hubiera gustado en un principio—. Muy bien, tengo curiosidad por escuchar esa propuesta —anotó algo en un papel y se lo tendió con gesto amistoso—. Ven el jueves a esta dirección y tráete a tus amigos, Shigaraki os atenderá. Quien sabe, quizás saquemos algo más provechoso de esto que de nuestra alianza temporal con los Ocho Preceptos —no se le escapó la amenaza implícita, así que sonrió de medio lado. Sabía que no las tenían todas consigo, quizás cuando escucharan que querían aliarse con los héroes los matarían en el acto—. Y si nos gustáis, quizás hasta os convenzamos para que os quedéis con nosotros: en estos tiempos de héroes exaltados nos conviene permaneces unidos.

Norah no contestó, sin mutar su expresión abrió su puño haciendo que la moneda que tenía saliera disparada en dirección a Twice. Antes de detenerse de golpe a escasos milímetros de su piel, había cambiado su forma por una más aplanada y afilada, lo suficiente como para rebanarle el cuello de ser necesario.

—Suelta ese cuchillo —dijo sin molestarse en mirarlo—. Ahora mismo, al menos si te gusta que tu cabeza esté unida a tu cuello.

Twice tiró el arma en el acto y alzó ambas palmas vacías en señal de rendición.

—No me convencía esa propuesta —se justificó Twice—, solo quería cortarle un poquito para que se lo replanteara si de verdad quería vendernos enciclopedias. ¿Te imaginas el cuartel lleno de esos libros? Aunque seguro que le dan un toque más distinguido a la sala de reuniones, da un poco de pena verla tan vacía… sí, me parece buena idea, ¿cuántas vas a traer?

—¡Twice! —reprendió Mr. Compress antes de girarse hacia Norah—. Perdonalo, últimamente pasa mucho tiempo con Toga y ella encuentra cualquier excusa buena para apuñalar a alguien. En realidad seguro que al final os lleváis bien.

Norah no contestó inmediatamente. Se tomó su tiempo para recuperar su moneda, ponerse de pie y dirigirse a la puerta del bar en el que habían quedado a través de Giran. Antes de salir se giró un poco y les fulminó con la mirada.

—Como esto se repita en la reunión del jueves no seré tan clemente —amenazó. Convenía que no olvidaran por qué se había ganado el apodo de Slash.

—Tranquilo, tus amigos estarán a salvo siempre y cuando ellos no ataquen primero —replicó Mr. Compress antes de que Norah terminara de salir.

El pelirrojo suspiró apesadumbrado: ese sería otro problema.


Querría haber publicado esto durante el fin de semana, pero entre unas cosas y otras... bueno, no ha podido ser. No hay mucho más que decir aquí, salvo agradecer a alberto-M por dejarme usar su OC, Shinigami Quirkless. Espero poder darle la justicia que se merece.

¡Nos leemos!

*Notas adicionales: así, como dato que realmente no le interesa a nadie... generalmente escojo los nombres de mis personajes dándoles un sentido. Algo que vaya con su carácter, peculiaridades e incluso rasgos físicos: es la tarea que más tiempo me lleva a la hora de crear un OC. Sin embargo, Norah es la excepción: cuando ideé el personaje se me vino ese nombre a la cabeza y el kokoro me dijo que ese debía ser. Ni siquiera es realmente un nombre masculino.