Capítulo 3: A la orilla del mar. Parte 3

Lo que antes era un ciudad próspera y pacífica, en menos de una noche se había transformado en poco más que ruinas y cenizas. Un paisaje de desolación bañado por la luz de ambas lunas dejaban ver un lugar extraordinariamente empobrecido del que poco se podía rescatar ahora.

Acercándose a la orilla de la meseta, Cian intentó buscar el vecindario donde creció sin éxito. Su casa, el local de paletas, la librería, incluso su escuela. Todo lo que conocía ahora no era más que extensiones de un yermo estéril.

- Impresionante, ¿no es así? - Se acercó Red por un lado, orgulloso de su propio poder con muchos de sus soldados aplaudiendo en el fondo.

- Cobarde. - Respondió Cian de forma fría.

- En efecto puedes llamarme... ¿Cobarde? - Interrumpió lo que iba a decir al escuchar la respuesta de Cian.

- Tienes miles de soldados contigo y aún así no has arriesgado a ni uno solo. - Le reclamó Lucario con un semblante demasiado serio como para estar bromeando, aunque sus palabras bien parecían una mala broma. - ¡Difícilmente algún Pokémon en la ciudad se dio cuenta de que fue lo que acabó con su vida! - Continuó gritando.

Al escuchar cómo le estaba hablando a su general, Purple y Light se acercaron con la intención de someter a Cian nuevamente, no obstante Red los detuvo en el acto con una señal de mano. Aún si las palabras de Lucario parecían no tener lógica alguna que fuese compatible con este mundo, Red podía darse una idea de lo que estaba intentando decir, no le tomó mucho tiempo formular una respuesta rápida en su cabeza a las quejas de Cian, sin embargo prefirió callar y escuchar todo lo que el joven Lucario tenía para decir, pues sabía que en su estado actual no entendería razones.

- Ao. - Exclamó Red una vez que el discurso de Cian pareció llegar a su fin.

- ¡Y una cosa más! - Iba a continuar hablando molesto cuando la palabra que soltó Red llamó su atención. - ¿Qué has dicho? - Cuestionó Cian cambiando de expresión a una más serena.

- ¿Es el nombre de tu padre, ¿no es así? - Le preguntó de forma cortés, aunque la respuesta era más que evidente.

- ¿Conoces a mi padre? - Preguntó intrigado olvidando todo lo que había dicho hasta ahora.

- Más de lo que quisiera. - prosiguió mientras cambiaba de atuendo por su capa blanca característica. - Escucha Cian. te pareces mucho a él en el modo de pensar. Pero tienes que darte cuenta que esto no es un juego. Todos y cada uno de mis hombres son importantes para mí, ¡y perder, aunque sea uno solo, no es una opción! - Le habló mirándolo a los ojos. - Ninguno nació guerrero por naturaleza. Muchos de ellos son padres de familia, otros son hijos, amantes, esposos, maestros, amigos, vecinos... sea cual sea su papel; cada uno tiene a alguien esperando por él. y mi compromiso es hacer que todos regresen con bien. Cualquier otro escenario es una derrota para mí que no pienso permitir ocurra.

Exaltado y sin ser capaz de comprender bien lo que Red le decía, Cian intentó encontrar la razón de sus palabras en la pasión que demostraba la mirada de la lagartija. - Si no están aquí por deseo propio no debieron haber venido. - Replicó con tal de tener la última palabra.

- Lo sé, y sin embargo aquí están. - Continuó Red respondiendo con agilidad. - Dando todo por su nación pues es la única manera en que pueden mantener vivos sus sueños y los de sus seres queridos. No te pido que aceptes lo que hacemos, pero sí que comprendas por qué lo hacemos. - Hizo Red una pausa observando en el firmamento el paso de una estrella fugaz sobre ellos. - Tú, Cian, por otro lado eres diferente a todos nosotros. Alguien con esa pasión por la batalla es algo que necesitamos en la capital para inspirar a nuestra gente a luchar con valor. Así cuando otro incidente así vuelva a ocurrir. no tendremos que recurrir a esta clase de tácticas. - Levantó el brazo en su dirección. - ¿Te interesa venir con nosotros? - Le ofreció Red tratando de convencerle con elogios falsos.

Observando aquella mano roja frente a él, Cian lo pensó con cuidado. Por un lado era lo que siempre había querido, por el otro había descubierto que no era como se lo esperaba. Volteando a ver los restos de lo que era su antigua ciudad, comprendió que no tenía un lugar a cual volver, pero si partía con ellos no tendría lugar a cual escapar tampoco. Una vez dentro de la capital de Aúrea su libertad sería poca o nula. Fue entonces que pensó en su padre, él era parte de dicho ejército. - ¿Él también actuaba de esa manera? ¿Estaba de acuerdo con esto?- se preguntó. - Tengo que averiguarlo.

Aún con el corazón dividido Cian optó por creer en las palabras de Red y extendió su mano para alcanzar la del Charmeleon. El pacto se formalizaría después de esto, con todos los soldados observando como testigos. Si llegase a faltar a su palabra sería tomado como una ofensa hacia su general, falta que sabía era castigada con la muerte.

De pronto el silencio se rompió por un estruendo que retumbó por todo el yermo, parecía el sonido de una bestia gigante agonizando. Una voz metálica y artificial se hizo notar al mismo tiempo que un viento empezó a soplar con fuerza desde el este, interrumpiendo lo que Cian y Red estaban por hacer para prestar atención a lo que ocurría.

¡Al suelo! - Gritó la orden Charmeleon poniendo el ejemplo. Todos sus soldados hicieron caso dejando a Cian como el único en pie, observando con atención lo que se acercaba desde la locación cercana conocida como la llanura de Bruno.

Desde ahí y avanzando a gran velocidad, se podían dejar ver, gracias al hermoso resplandor lunar, la marcha incesante y ominosa de un escuadrón conformado por dos especies diferentes de Pokémon, una avanzando por el aire de manera casi anti natural, y la otra por tierra en una cantidad tal que se podía sentir el retumbar de sus pasos en todo el valle y en especial bajo los pies de todos los Pokémon presentes.

- ¿Qué son esas cosas? - Cuestionó Nidorino aterrado.

- Es la legión de seguidores. - Respondió Red apreciando cómo la luz de la luna se reflejaba sobre sus cuerpos metálicos. - Es una facción del reino de Plata que se dice actúa bajo su propia autoridad, encargados de limpiar el campo de batalla eliminando a los sobrevivientes del encuentro sin importar sean sus propios aliados.

- ¡¿No podemos usar otro comosellame?! - Preguntó Manectric igualmente asustado.

- No tenemos más cuerpos, ni cristales, ni tiempo para dibujar un nuevo círculo mágico. - Les recordó Red. - No imaginé que se presentarían en una campaña a la que mandaron carne de cañón del más bajo calibre. - Finalizó reconociendo ser víctima de su propia ingenuidad.

En eso una serie de sonidos metálicos diferentes y de menor volumen se dejaron escuchar, pero a diferencia del primero, este fue acompañado con el disparo de múltiples rayos provenientes de los Pokémon levitando a lo largo y ancho del suelo, buscando de manera errática apuntar hacia la cima de la meseta.

- Parece que si nos alcanza un rayo proveniente de esos cañones no viviremos para contarlo. - Pensó Charmeleon notando el efecto que estos habían tenido sobre el suelo al ser impactado por ellos, aceptando que no había manera de salir de esa situación, pues los excedían en número. - Light, vuelve a la capital y advierte de lo que se acerca. Purple quédate aquí y forma con tu escuadrón una segunda barrera de ataque. Grey. - Tomó el comunicador. - Observa con atención desde el aire y reporta cualquier movimiento extraño que veas en el enemigo a Purple para encontrar una debilidad. - Lanzó el comunicador a los pies de su aliado con raudez. - ¡No podemos dejar que se acerquen a la capital!

Buscó Red entonces a Cian a los alrededores sin éxito. - ¡Maldición, no me digan que fue impactado por el rayo! - Exclamó viendo marcas de quemaduras en las ramas de algunos árboles cercanos a donde estaba de pie. El sonido de los gritos de los Pokémon marchantes se hacía más fuerte y ahora se podía vislumbrar con facilidad de que se trataba la amenaza. Una estampida de Lairon por el suelo y Bronzong levitando sobre ellos se acercaban de manera apresurada.

Corriendo en dirección a ellos pudo ver a Cian, aunque estos aún no podían detectarlo por las diferencias de altura en las colinas y el paisaje aún en penumbra. ¡No lo hagas! - Pidió Red en su mente, ordenando a su tropa principal conformada por poco más de 70 hombres, que lo acompañaran al campo de batalla. - ¡A partir de hoy todos ustedes serán recordados como héroes! - Gritó apresuradamente. Sus aliados motivados respondieron con el mismo grito y juntos comenzaron a bajar la meseta de manera apresurada. Esto serviría como distracción para evitar que los rayos se centren sobre Cian en caso que lo encuentren. - Pensó en su mente preocupado sin decir nada a sus compañeros.

Desde las sombras y escondido entre un montón de rocas, Cian los observó con paciencia a su enemigo, por más que le gustasen las batallas sabía que entrar de frente ante tantos Pokémon era un suicidio. Viendo que todos pertenecían a las mismas especies, pudo deducir que estaban mejor preparados que los que atacaron la ciudad. Sabía que no podía ganar solo; aún si estaba armado ahora, además, con una tubería que tomó de una de las tiendas de Red. - A los de abajo los conozco, ¿pero como hacen los de arriba para volar sin alas? - Se preguntó viendo la forma en la que se movían los Bronzong en el aire con un peso tan evidente que parecía falso.

- ¡Viene tras de nosotros! ¡Acabemos con ellos! ¡Lucharemos hasta que no quede nadie! - Son solo algunas de las cosas que podía escuchar hablar a los Lairon mientras lo pasaban por un lado.

- ¿Quién viene? - Buscó Cian a la lejanía en lo que Red y su ejército chocaban de frente contra la facción enemiga dando comienzo a la batalla final de aquella noche.

Poniendo todo su empeño, el ejército de Red, conformado por múltiples Pokémon de diferentes especies, chocó contra los Lairon rompiendo su formación inicial. Contando con un número de Lairon que estaban cerca de duplicar a los Pokémon de Red, y con una mayor fuerza bruta. Charmeleon sabía que estaban destinados a fracasar en su lucha. Muchos de sus aliados también lo sabían, pero morir con honor al lado de su general era lo mejor a lo que podían aspirar en ese momento. En ningún momento se vio a alguien titubeando ante la situación, todos y cada uno de ellos demostraron pasión en su forma de hablar y correr por el campo de batalla. Lucario al ver esto se alegró en su corazón animandole a unirse a la campaña por la nación de Áurea.

Saliendo de entre las rocas en las que se ocultaba, Cian reventó su bate de béisbol al golpear en la cara a un Lairon que ya tenía como objetivo atacar a un Sandslash aliado de Red por la lateral. Enfurecido por haberle denegado tal acción arremetió en su lugar contra Lucario sin pensarlo. Gracias a eso Sandslash pudo ganar sobre el Lairon que estaba enfrentando aunque este jamás lo supo. Sandslash entonces, adoptó una forma de esfera con la que se movió a gran velocidad atacando a todos a su alrededor.

Un monferno por su parte se enfrentaba a otros lanzando tierra a la cara, un Marowak los repelía haciendo uso de su hueso, un Hitmontop se dedicaba a molestarlos con patadas, un Hawlucha se lanzaba desde el aire contra otro, aunque ningún movimiento parecía muy efectivo contra ellos; Todos y cada uno de los Pokémon de Áurea estaban dando su máximo para salir adelante. Inspirado por lo que veía, Cian finalmente obtuvo la respuesta que necesitaba, quería formar parte de dicho ejército y estaría orgulloso de aceptar, al finalizar el encuentro, la oferta que Red le había hecho.

Usando la tubería de acero que empuñaba como punto de apoyo para saltar, se sacó de encima al Lairon que lo perseguía, haciéndole chocar contra otro de su misma especie, dando oportunidad al chico de observar a los Bronzong sobre ellos, quienes parecían inmutados a todo lo que ocurría bajo de ellos. - ¿Por qué han dejado de atacar? - No tuvo mucho tiempo para pensarlo antes de ser embestido por otro Lairon que logró derribarlo.

En el suelo, este intentó pisotearlo, sin embargo Cian logró contenerlo por muy poco de las patas delanteras haciendo uso de todas sus fuerzas. Teniendo a la gravedad en su contra, la lucha de resistencia pronto llegaría a su fin. Por suerte Red apareció para salvarle atacando al Lairon por la cola, distrayéndose un segundo, otorgando a Cian la oportunidad de sacarselo de encima usando su pierna como palanca para elevarlo por los aires un momento y hacerle caer sobre su espalda. En un estado vulnerable e incapaz de levantarse, Red no perdió el tiempo y con ayuda de su cola le prendió fuego, quemándolo vivo.

- ¡Ese es su punto débil! - Pensó Cian motivado poniéndose de pie con algo de dificultad. La herida de su costado se había abierto de nuevo y la sangre se podía dejar ver entre las vendas que llevaba.

Sin darle mucha importancia al estado de su herida, corrió entre los Lairon, los cuales eran más lentos que él, hasta dar con uno lo suficientemente vulnerable como para ser volteado con facilidad mediante la ayuda de la tubería usándola como palanca. Pese a que así lo consiguió, resultó también en la partición de su arma en dos. Con el pecho expuesto Cian no dudó en darle un uso final a la mitad de la tubería que permanecía en su mano, enterrandola en el corazón de dicho Lairon como si fuera una lanza. Dos más lo trataron de embestir, pero al conocer su velocidad le fue fácil esquivarlos. Los Lairon no parecían conocer algún otro movimiento y el mismo no funcionaría dos veces en Cian. Recogiendo la mitad restante de la tubería, saltó sobre la espalda de uno de los Lairon que lo atacaban sujetándose a él con más facilidad y firmeza de la que imaginaba necesitar antes de hacerlo, y desde arriba la enterró en la parte trasera de su cuello sin que este pudiera hacer mucho por defenderse, horrorizado y desconcertado por lo que le acababan de hacer a su pareja, el tercer Lairon intentó huir, Cian tenía la intención de perseguirlo pues confiaba en su velocidad, pero tuvo dificultades sin embargo para bajarse de la espalda de aquél Lairon ya muerto.

- ¿Será que ya estoy llegando a mi límite? - Se preguntó sujetando su pecho extrañado. Tomando un momento para respirar, notando como el dolor de la herida se había vuelto más grande. Observando además algo extraño en ella, pues la sangre que emanaba intentaba correr primero hacia el frente de su cuerpo antes de deslizarse hacia abajo por acción de la gravedad. - Volviendo su mirada hacía los Bronzong quienes seguían sin hacer nada, aunque parecían moverse un poco más por el cielo.

- ¿Seguro que puedes continuar? - Se acercó Red a Cian tras haber acabado con unos cuantos Lairon por su cuenta cuando vio que éste había dejado de atacar y moverse, para hacerle entrega de un bastón de acero que llevaba consigo bajo su capa. - Parece que eres un inútil sin una de estas. Este es mucho más pequeño, pero bien dicen que no importa el tamaño, sino cómo lo uses. - Se lamió una de sus garras lentamente.

- Hace falta más que esto para sacarme del juego. - Le respondió ignorando la segunda mitad de su diálogo, notando de inmediato que algo había diferente en el arma más allá del tamaño apenas la tomó. - De ninguna manera permitiré que me ganes. - Se puso de pie con algo de esfuerzo y le vio a los ojos. Ambos Pokémon lo estaban disfrutando. Aún si acababan de conocerse esa misma noche. La confianza de uno se podía transmitir hacia el otro generando un efecto de sinergia en que ambos obtenían más que las suma individual de cada uno de ellos.

Con el arma en las manos no tuvo mucho tiempo para investigarla pues el Bronzong que estaba sobre ellos comenzó a hacer el mismo sonido que habían escuchado antes desde lo lejos. Sabiendo que esto significaba un ataque próximo, ambos Pokémon se separaron para protegerse, Red entre las rocas del escenario y Cian entre los cuerpos de un par de Lairon inconscientes en el suelo. - Ya han caído varios de tus aliados y sólo ahora es cuando atacas. - Observó cómo emitía aquél rayo mortal desde su interior en el aire, buscando por impactar sobre Red aún oculto.

Girando la cabeza para revisar el panorama completó, confirmó las bajas de muchos más Lairon a lo largo y ancho del lugar. Así como Cian y Red, varios aliados más habían descubierto su punto débil. - No parecen Pokémon realmente fuertes, ¿entonces por qué molestarse en enviar un ejército de ellos? - La luz del sol comenzaba a llenar el valle, aún si faltaban un par de minutos para el amanecer, ya se podía observar con claridad suficiente todo lo que ocurría sobre esta. Situación que le permitió percatarse de un par de Bronzong lo suficientemente alejados del campo de batalla descansando en el suelo.

Los Bronzong que se mantenían en el aire poco a poco comenzaban a atacar y moverse con mayor regularidad en sitios donde más Lairon permanecían inmóviles. Ninguno de los Pokémon de Red parecían haber dañado a alguno de ellos aún. Aterrado por la conjetura a la que llegó de lo que estaba por venir, Cian intentó acercarse a Red para pedirle que retirase a sus aliados de la zona, más sabía que no debía gritarlo, tenía que llegar directo con él.

- Entiendo. - Comentó Red para sí desde las rocas, viendo como un par de Bronzong lanzaban su rayo sin cesar contra un Staraptor cada que este intentaba acercarse lo suficiente a la zona desde lo alto para intentar rescatarle. Sabía que su tiempo se agotaba, las rocas pronto se romperían ante los rayos que tampoco habían cesado de atacar desde que se ocultó, aunque ni los Lairon ni los Bronzong no se acercaban hasta donde estaba para buscarle de frente.

- ¡General Red! - Acudió a su rescate un Monferno entre los Lairon que quedaban vivos, a ninguno de ellos parecía importarle el frenarlo. Muchos incluso solo reían en silencio esperando por lo que iba a pasar una vez que el Bronzong más cercano a él comenzó a cargar su próximo ataque.

Cian, sabiendo que ya no le quedaba tiempo, observó el bastón blanco que Red le había otorgado sosteniéndolo con una mano, y con la otra sacó el hacha de mano, agitando el bastón un poco se percató que el sonido que emitía era muy similar al de la arena corriendo por una superficie. - Ahhhhh necesito encontrar la manera de bloquear ese cañón! - Exclamó llevándose las manos a la cabeza sin soltar los objetos. - ¿Cañón? - Descubrió que dicho bastón desprendía además un aroma sutil como el que no había olido en toda la noche, sin embargo le resultaba bastante familiar que le había puesto tal palabra en la boca. - ¡Es un cañón!

Red al ver como su compañero Monferno dejaba el área segura atrás y se adentraba al páramo desolado sabía que el próximo rayo sería dirigido a él. por lo que no pudo evitar hacer otra cosa que acudir a su rescate aún si significaba su fin. La protección a sus soldados iba ante todo. Sin pensarlo dos veces salió de entre las rocas y de un salto llegó hasta Monferno, empujándolo hacia atrás fuera del área de peligro, al mismo tiempo que podía escuchar el sonido de una explosión demasiado cerca de él.

Con una rodilla en el suelo, e incapaz de levantar la mirada. Red se despidió de todos sus compañeros, murmurando unas palabras que sólo el Monferno pudo escuchar. - Supongo que aquí se presenta un resumen de toda mi vida ante mis ojos. - Pensó sintiendo que cada instante se volvía una eternidad, tratando de visualizar a su familia sin éxito alguno. Ningún recuerdo había en su mente sobre su madre, sobre su padre, ni sobre su hermana menor. Los únicos recuerdos que venían a su cabeza eran los momentos que pasó con su maestro Ao. Desde los más especiales hasta los más banales. Todo estaba ahí tan vivo como el día en que ocurrió.

- ¡General! - Exclamaron todos sus soldados al unísono al mismo tiempo que el Rayo salía del interior de Bronzong. Era demasiado tarde para que alguien pudiera hacer algo.

- Cian, espero que con esto entiendas lo que debes hacer. Por favor despídeme de tu padre. - Elevó el rostro para buscarlo con la mirada abriendo lentamente los ojos.

- ¡Cúbrete! - Exclamó Cian con todas sus fuerzas desde su posición.

Tan pronto como abrió los ojos, Red miro lo que parecía ser una especie masa sin forma acercarse hacia él más rápido que el propio rayo, no obstante esta cambió de dirección cuando pasó cerca de aquél Bronzong. Pareciendo querer buscarle, la masa se introdujo en el interior de este, no solo bloqueando la salida del rayo, sino provocando que además explotara en su interior, impactando contra sus propias paredes internas, volando al enemigo en múltiples pedazos que salieron despedidos a altas velocidades por todo el lugar.

El amanecer por fin había llegado al valle, el sol se asomaba por el horizonte bañándolo todo en luz natural. Y hasta los pies de Charmeleon se proyectaba una sombra desde lo lejos arriba de un gran montículo extraño. Era difícil de verle dado que el sol se encontraba a su espalda, pero aún así lo pudo reconocer con facilidad. Llevando un hacha cubierta en sangre en su mano derecha, El pokémon bajó de lo que realmente era el cuerpo de un Lairon sin cabeza. Se le veía gravemente lastimado. Sujetando su brazo izquierdo, el cual goteaba sangre de manera constante. se acercó con rapidez hasta Red sin preocuparse de los Bronzong restantes, pues estaban demasiado desconcertados por lo que había ocurrido con su compañero como para atacar.

- Veo que lo descubriste. - Le felicitó Red con una sonrisa y un ademán de aprobación con una mano. - La razón por la que los Bronzong no atacaban donde estaban los Lairon, es porque su armadura en la espalda es capaz de reflejar sus ataques directamente.

- Y sin embargo necesitaban de los Lairon para suspenderse en el aire. - Continuó Lucario. - Pues funcionaban como un gran imán de la misma carga que los Bronzong. Cuantos más Lairon quedaban inmóviles en el suelo, más podían los Bronzong ajustarse al campo magnético dándoles más oportunidad de movimiento.

- No eran un ejército, sino una trampa. - dijeron al mismo tiempo. - Cuantos más Lairon derrotabamos, más nos condenabamos a los ataques de los Bronzong.

- Veo que le diste un buen uso al bastón que te di. - Presumió Red viendo como sangraba el brazo del Lucario.

Cian recordando cómo fue que empleó el cañón colocándolo sobre el cuello del cadáver de un Lairon para después hacerlo explotar con ayuda de la fricción de su pincho en la mano con la intención de crear una herida sobre el cuerpo del Lairon por la que el hacha pudiera penetrar y cercenar fácilmente su cabeza, la parte más ligera de arrojar.. - Lástima que no pude evitar el efecto del Ricochet en mi brazo. Pero al final todo salió mejor de lo que imaginé. - Respondió con una sonrisa para justo después de eso caer inconsciente.

Sí. - Afirmó Red en su cabeza mirándolo fijamente. - Cian, no creo que exista entre mis hombres, o incluso en el mundo, alguien tan determinado como tú como para lograr hacer funcionar un plan así de arriesgado. - Razonó pasando de él por un lado para hablar con los Lairon de Plata.

- ¡Escuchen! - Gritó firme. - Todos ustedes han sido enviados con la única intención de morir aquí. Su nación los ha utilizado únicamente como una piedra de apoyo para los Bronzong. Y como ya han visto, sus números han sido diezmados considerablemente. Hagan lo inteligente y retirense del lugar. De lo contrario les aseguro que no habrá sobrevivientes. - Amenazó plantando una pose elegante para acompañar sus palabras pensando que se vería genial.

Los Lairon al escucharlo comenzaron a reír en voz alta haciendo burla de sus palabras. - ¿Que nos mataran a todos? - Cuestionó uno en voz alta. - Este sujeto no entiende que desde que salimos de Plata nuestras únicas dos opciones han sido la muerte o la muerte. - Exclamó otro desde el fondo entre risas. Cuanto más murmuraban más fuerte reían, efecto de los nervios al aceptar que su vida estaba por llegar a su fin.

Red, avergonzado de que su discurso había sido ridiculizado y su amenaza ignorada, no le dio mucha importancia a lo que los Lairon hablaban. Simplemente se hizo hacia atrás cuando notó que los Bronzong comenzaban a reunirse sobre los Lairon vivos para disparar todos al mismo tiempo ahora que las facciones se habían dividido alejándose de los Lairon en la confusión. Recordando que Cian ya no podía pelear y el estado actual de sus aliados era deplorable no le quedó más opción que marcar la retirada de sus tropas.

¡Acabemos con ellos! - Exclamó un Lairon dando un paso al frente, tomando el papel del líder haciendo que el resto de sus compañeros lo siguieran en la persecución. cada uno con un Bronzong encima suyo.

Cuando vio esto, Red cantó victoria, y usando el comunicador que Staraptor le había dejado caer desde lo alto llamó a Purple para confirmar la posición de los Lairon, activando su carta del triunfo. Uno a uno los Lairon fueron desapareciendo de la escena antes de poder descubrir que estaba ocurriendo. Dejando a los Bronzong suspendidos en el aire sobre su punto sin poder moverse más.

- ¡¿Qué hiciste?! - Preguntó sorprendido el líder antes de caer en un hoyo poco profundo. Sobre el campo de guerra ahora había una serie de hoyos cavados por Purple y su tropa por orden de Staraptor bajo el enemigo, con ellos los habían capturado a todos.

- Pues verás. - Se acercó Red a su ahora lider de escuadron. - Pienso que la mejor manera de responder a una trampa es con otra trampa, la más sencilla no será la más hermosa, pero siempre es la más efectiva. - Aplaudió reconociendo la labor de sus aliados.

- ¡Idiota! - Exclamó Lairon. - ¡Ni siquiera son pozos profundos! ¡Será cuestión de tiempo antes de que salgamos de aquí! - Siguió hablando confiado luchando por trepar las paredes del pozo al igual que lo hacía el resto de sus compañeros. - ¡Será mejor que corran mientras puedan!

- En eso tienes razón. - Le cedió el punto. - Pero ¿sabes? los Bronzong ahora mismo luchan por mantenerse en el aire, si no se posicionan directamente sobre ustedes, terminarán por caer al suelo. Hacer flotar el acero puro con el poder del magnetismo es impresionante. Más impresionante es incluso haberlos dotado a ustedes con una carga para realizar dicha labor y ponerlos en movimiento. Pero han cometido un error bastante grave al subestimarnos, pues hasta un niño sabe lo que ocurre cuando un imán es expuesto a una corriente eléctrica. Tu bendición se convierte entonces en una maldición. Sentenció con una expresión bastante seca.

- ¡Espera! - Intentó detenerlo inutilmente el Lairon sintiendo como Red le colocaba un Joltik encima por un breve momento. El terror invadió su corazón al saber lo que estaba por ocurrir pero poco podía hacer ahora, más allá de suplicar por su vida.

- Adios. - Se levantó Red del lugar ondeando su capa para sacudir el polvo, apretando un poco al joltik que había tejido una red con su telaraña que conectaba a todos los Lairon, liberando de esta manera una ligera descarga eléctrica que llegó a todos y cada uno de los enemigos. Ajustó así el campo electromagnético de los Lairon, generando una fuerte atracción hacia el acero de los Bronzong, quienes viéndose atrapados en dicho campo cayeron súbitamente sobre los Lairon, encerrandolos vivos para siempre en una prisión ajustada a su medida y sin salida.

- Tranquilo, tranquilo. - Se intentó calmar el Lairon líder en interior del Bronzong. - Solo tengo que cavar una salida por el suelo. - Intentó moverse, pero era inútil, el espacio interno era demasiado estrecho para permitirlo y sus patas traseras no tenían la fuerza ni movilidad para cavar. ¡No puedo hacerlo! - Exclamó la primera vez arañando las paredes de metal. - No puedo moverme. - Se quejó en voz alta la segunda vez retorciéndose en su lugar. - No puedo... respirar. - Pensó en su cabeza la tercera vez, aceptando su destino en la oscuridad.

Aferrados ahora al suelo, los bronzong podían ver al enemigo, mas no podían hablar ni moverse más, si intentaban lanzar su rayo lo único que conseguirían sería destruirse a ellos mismos y al Lairon en su interior. Por otra parte eran una especie de Pokémon que no necesitaba agua ni comida, todos ellos aceptaron entonces quedarse atrapados en ese lugar. Desde que salieron de la nación de Plata sabían que sus únicas dos opciones eran la muerte o la muerte. Sin embargo, a orillas de aquel valle habían encontrado una tercera opción. Vivir atrapados para siempre esperando por una casualidad que los liberase de nuevo.

El silencio se apoderó del valle un breve momento, hasta que de la emoción todos los Pokemon de Red estallaron con múltiples gritos que celebraban la victoria de aquella batalla sangrienta ya llegada a su fin. Teniendo un saldo blanco en sus filas y no pasando más allá de unas cuantas heridas, se abrazaron los unos a los otros, levantaron a su capitán y lo llevaron en hombros por petición propia hasta donde se encontraba Cian inconsciente.

- ¡Escuchen! - Ordenó. - Necesito que preparen todo para nuestro regreso. Ya en casa celebraremos como se debe. - Les comandó a retirarse para que lo dejaran a solas con el Lucario, cuando recordó aún no era parte oficial de su ejército. Los Pokémon lo obedecieron y partieron a preparar todo, reportando a la base de la capital la situación de todo lo ocurrido. El último de sus aliados en dejarlos solos fue Monferno, quien se acercó a Red y le susurró un par de palabras al oído que le hicieron sonrojarse apenas las escuchó. Entre risas los dejó a solas y se unió al resto de sus compañeros.

- Despierta. - Pisó Red la cara de Cian empujandolo un poco una vez confirmó que quedaron solos.

Haciendo un gesto de molestia por esto, Cian despertó abriendo los ojos con dificultad sujetando la pata de Charmeleon con su mano derecha antes de saber que era. - ¿Ganaste? - Le preguntó reconociendola de inmediato aunque jamás la había sentido.

- Gracias a ti. - Se sentó a su lado quitándose la capa. - ¿Cómo sabías lo del campo magnético? - Preguntó intrigado.

- Fue una corazonada, al igual que tú, tenía mis sospechas, si no era verdad por lo menos iba a conseguir quitarte del ataque con la cabeza. - Respondió con una sonrisa. - Aún así me ganaste. - Replicó observando el paisaje ahora adornado con los Bronzong.

- No sabía que estabas interesado en llevar la cuenta. - Suspiró cortando su capa por la mitad. - Los Lairon son mios, los Bronzong te pertenecen. Resolvamos esto en un próximo encuentro. - Le comentó desgarrando su capa con intención de hacer un vendaje para cubrir el brazo izquierdo y hombro del Pokémon que se había ganado su respeto. - Casi pierdes el brazo.

- Si no mal recuerdo todo fue gracias a tu cañón, ¿cómo se supone que debía usarlo? - Le reclamó.

- En realidad es un arma experimental, pero imaginé que tú le darías alguna utilidad. Necesita un par de modificaciones. - Le respondió ocultando lo que era en verdad.

- Eres un desgraciado. - Se levantó agradecido con Red.

- A que lo soy. - Se enorgulleció. - Recuerda que soy el principe carmesi, traigo caos y destrucción a donde voy. - Se puso en pie con algo de dificultad.

- Ridículo. - Se llevó la mano derecha a la cabeza.

- ¿Ridículo? - Se sintió avergonzado de lo que había dicho pero antes de poder hacer algo al respecto Lucario lo derribó haciéndole recostarse sobre su espalda en el suelo, dejándolo en un estado vulnerable.

Agachándose frente a él, Cian acercó su cabeza demasiado a la entrepierna de Red mirándola fijamente sin decir palabra alguna. Queriendo hablar, Red intentó cuestionar las acciones del Lucario, pero no consiguió expresar un solo sonido. Simplemente se quedó mirando sonrojado a la expectativa de lo que Cian estaba por hacer.

Será la pasión del calor de la batalla mezclado con el instinto de supervivencia natural, o el efecto tardío de unas hormonas descontroladas de la adolescencia confundidas por el respeto mutuo que se habían ganado repentinamente. Ambos Pokémon sabían que estaban sintiendo algo el uno por el otro en ese momento. Tratar de ocultarlo era inútil. ¿Pero era ese el momento adecuado para expresarlo? era la única pregunta que se hacían en su cabeza. Más allá del cómo, el cuándo y el por qué hacían lo que hacían.

Sacando un pañuelo de la bolsa que llevaba en su cintura, Cian hizo a un lado la cola del Charmeleon con la que ahora intentaba cubrirse desesperadamente donde Lucario había estado mirando momentos atrás.

- ¡¿Qué estás haciendo?! ¡¿No ves que ambos somos hombres?! - Le preguntó Red extremadamente nervioso y avergonzado.

- ¡Pues no parece que a ti te importe mucho eso! - Le reclamó Cian el doble de nervioso y sonrojado, desviando un poco la mirada en cuanto retiró la cola de enmedio, pero sin dejar de verlo por completo. comenzando a acercar su boca lentamente a su entrepierna. - Aquí voy.

- ¡Aguarda que alguien puede vernos! - Lo intentó detener Red pero Cian no iba a aceptar un no por respuesta.

Levantando suavemente su pierna derecha con la mano, Cian comenzó a masajear insistentemente, jadeando por el esfuerzo que eso implicaba, Red podía sentir chocando contra su entrepierna la nariz de Cian, dándole leves soplidos en el área, producto de dichos jadeos. Moviéndose hacia adelante y hacia atrás en un vaivén rítmico incesante, lamiendo, frotando, y apretando suavemente, el Lucario tenía dominado por completo al Charmeleon que poco a poco dejó de poner resistencia, convirtiendo sus intentos de alejar la cabeza de Cian con ambas manos en dulces caricias sobre su cabeza y orejas sintiendo su suave pelaje.

Red, quién era la primera vez que experimentaba algo así, cuestionó la habilidad natural de Lucario, preguntando cuantas veces lo había hecho con anterioridad. Intentó hacerle un par de preguntas a Cian, pero este era incapaz de hablar con la boca ocupada. Fue entonces que prefirió disfrutar el momento en silencio; donde el único sonido que se podía escuchar era el de los débiles jadeos de Cian y los únicos testigos aparte de ellos eran un par de Bronzong que habían caído en la posición adecuada para observarlos sin poder decir nada.

- ¡Lo tengo! - Exclamó Monferno al resto de sus compañeros quienes se encontraban guardando todo en el campamento preguntando por su general. - ¿Qué tal si a partir de ahora llamamos a este lugar como el Valle de los "Lairon Maiden"? - Sugirió llorando de la risa por de su propio comentario. Todos quienes lo escucharon centraron su atención en él, arrojandole las maletas que habían hecho hasta ese momento.

- Con eso es suficiente. - Se levantó Lucario satisfecho después de un rato, limpiándose la saliva que escapaba de su boca hacia el mentón.

- Así que descubriste mi secreto. - Le comentó Red desde el suelo completamente ruborizado.

- Ridículo era que intentases disimular esa herida en la pierna. - Respondió Cian. - ¡Y qué difícil es hacer un nudo con la boca y una mano! ¡Pudiste haber ayudado con tus manos! - Le reclamó.

- ¡¿Y crees que no lo intenté?! ¡Pero estabas muy decidido a hacerlo todo tú solo! - Le contestó indignado. - Este pañuelo, lo traías contigo. - Cambió el tema observando el patrón tejido en él antes de intentar ponerse en pie.

- Es el último recuerdo de mi madre, pero no te preocupes, ya me lo devolverás cuando lleguemos a la capital. - Le explicó con una sonrisa cerrando los ojos.

- Cian... ¿tu. - Intentó preguntar Red pero fue interrumpido por el sonido metálico y artificial que ya habían escuchado horas atrás cuando los Lairon aparecieron.

Seguido a aquel sonido, se podía escuchar desde la llanura como si algo muy grande estuviera caminando hacia ellos, haciendo temblar la tierra con cada paso que daba.

- ¡¿Es que no tienen fin?! - Se preguntó Red frustrado y desesperado poniéndose de pie con dificultad. Correr no era una opción para él.

Sabiendo esto, Cian subió a su compañero en su espalda corriendo juntps en dirección del campamento a toda velocidad, esperando ganarle la carrera a lo que sea que se encontrase a lo lejos. Sintiendo el retumbar de la tierra en sus pies, ambos Pokémon presentían algo aún peor a lo que habían visto hasta ahora, acercándose de manera apresura hacia ellos.

- ¿Puedes ver algo? - Preguntó Cian por primera vez nervioso.

El color de las escamas de Charmeleon palideció cuando al echar un vistazo hacia atrás, aún a lo lejos podía vislumbrar con claridad la forma de algo que, a juzgar por su tamaño aún en el horizonte, daba la impresión de ser gigantesco. Esto sumado a la extrañeza en los sonidos que emitía y la forma tan artificial con la que se movía le causaron un pavor horrible que lo dejó helado y sin habla. Bañando y cubriendo el cielo en toda clase de vapores tóxicos, en encontraba cada vez más cerca de ellos una maquinaria de aspecto funesto que parecía emular de mala manera el cuerpo y rostro de un Heatran derretido arrastrándose por el suelo, con la diferencia que este era 20 veces más grande, y del que desprendían llamas de cada una de sus articulaciones. Moviéndose sólo por lo que con imaginación podía decirse, eran las patas delanteras.

Alcanzandolos Staraptor desde el cielo con velocidad impresionante a medio camino del campamento, este presentó un comunicador para que Red diera la orden de salir a combatir esa cosa. Su ejército estaba más que listo en hacerlo si así lo ordenaba. Pero este dudó en dar la señal. Comprendía que poco caso había en intentar luchar contra esa cosa. Temió incluso por la situación de Áurea, pues dudaba que existiera algo en el reino capaz de detener esa cosa o si quiera hacerle frente.

Fue entonces que Cian al ver la duda en su rostro, tomó el comunicador y dio la orden de salir de ahí en los carros lo antes posible.

- ¡¿Qué haces?! - Cuestionó el Staraptor enfadado.

- Esa cosa nos alcanzará antes de que Red y yo podamos llegar al campamento. - Le comentó Cian al Staraptor ahora ofendido por no haber hecho uso del título de general antes de mencionar el nombre de Charmeleon. - Y si vamos los dos sobre ti lo más seguro es que terminemos por ser alcanzados con tanto peso. - Aceptó Cian bajando al Charmeleon de su espalda. - Por eso te pido que lo lleves solo a él. Vuelvan a la capital y formen un plan para enfrentar esa cosa.

- ¡De ninguna manera pienso dejarte! - Exclamó Red rechazando la idea por completo. - ¡Mi deber como general es el de proteger a mi gente!

- ¡Si te quedas aquí solo conseguirás desperdiciar tu vida! - Interrumpió Lucario intercambiando gritos y razones con él. - Eres el líder y la única persona a la que podrían escuchar. Si te vas ahora podrás salvar a millones de Pokémon. Si te quedas, en cambio sólo conseguirás desperdiciar tu vida y la de toda esa gente. ¡Recuerda que tienes un compromiso con las familias de tus soldados!

Tras pensarlo un momento, Red subió al lomo de Staraptor no sin antes hacer un saludo marcial de despedida a Cian, al que este respondió con formalidad y alegria tal que lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos escapando lentamente de su rostro. - Sé que nos volveremos a ver. - Se elevó hacia el cielo a gran velocidad viendo como Lucario se convertía en solo un punto sobre el suelo antes de partir hacia la capital. - Si alguien puede hacer posible lo imposible eres tú, confío en ti, Cian. - Se despidió en su corazón del Pokémon que en solo una noche se había convertido en su mejor amigo.

Lucario una vez vio partir a Red, fijó su mirada en aquella estructura metálica posicionada más cerca que nunca frente a él. - ¡Mi nombre es Cian Lucario y yo me convertiré en un fuerte guerrero conocido por todo el mundo! - Exclamó con valentía desafiando a la maquinaria por su victoria.

Con un brazo roto, una herida aún abierta al costado, quemaduras de tercer grado por todo su cuerpo, sin armas, sin energías y sin un plan real; pero totalmente decidido, se lanzó al ataque de aquella estructura gigantesca. En una batalla que tal como había previsto, era inútil. Todos sus movimientos eran repelidos por la máquina sin lograr hacerle ningún daño en la superficie.

- Lo peor es que ni siquiera parece prestarme atención. - Expresó Cian entre jadeos. No faltó mucho tiempo para que, a causa de los golpes y el calor agobiante, cayera inconsciente en el suelo frustrado ante su propia debilidad. - Dejo todo en tus manos. Red... - Mencionó en voz baja antes de cerrar los ojos, quizá por última vez.