Ciaossu!
Ya sé que en algún momento de mi existencia dije que esto solo iba a ser un One-shoot, pero decidí continuarlo (para que vean que ni yo misma puedo ponerme de acuerdo conmigo misma). Espero no arruinarlo en el intento . ya sé que tengo varios fics, pero creo que solo tengo un poco más de un mes dentro de fanfiction. (El otro día estuve pensando en ello). Bueno, la historia estará detenida hasta que termine "Lo que escucharon las estrellas", lo cual será dentro de tres o cuatro capítulos más, asique no se preocupen.
Por cierto, con Darkinocence estamos organizando un concurso de one-shoot, ojala puedan pasarse, busquen el tema en mis favoritos!
Disclamer: Como ya saben, todos los derechos son de Akira Amano-sama. Excepto lo que yo aporto al escribir este fic
El Décimo Vongola intentaba esquivar las tonfas, muchas veces sin éxito. Hibari estaba frente al herbívoro que le había quitado a Haru y se encontraba con el libre derecho de morderlo hasta la muerte. Ese era uno de los motivos por el cual no se contenía. El segundo motivo estaba relacionado con su deber como guardián de la nube y la promesa que le había hecho al Tsuna de este tiempo.
Sawada Tsunayoshi ponía todo su empeño en cada entrenamiento, casi podía ver el esfuerzo de Haru reflejado en él. Hibari sabía que todo esto era crucial para el jefe Vongola de este tiempo, pero vaya que era difícil cuando mezclabas el trabajo con sentimientos, especialmente si te encuentras algo resentido por lo pasado. Era una suerte que supiera separar las cosas, pues si se dejaba llevar por eso, de seguro acabaría matando a su jefe diez años más joven.
—Eso es todo por hoy—decretó finalmente.
—No—reclamó Tsuna—. Necesito... Necesito estar listo.
Hibari lo miró con seriedad. Sí, a su líder aún le faltaba entrenamiento, pero su cuerpo se encontraba agotado, demasiado agotado, seguramente estaba al borde de caer desmayado. Lo único a su favor era la fuerte resolución que lo acompañaba, sin embargo no le serviría de mucho si su cuerpo se desvanecía en medio del siguiente combate.
Ignoró los reclamos del castaño y salió del cuarto. Es cierto, Tsuna era el Décimo jefe Vongola y él era su guardián de la nube. Sin embargo ese pequeño herbívoro estaba a diez años de poder considerar la idea de darle órdenes.
La base Vongola siempre le había parecido ruidosa, increíblemente ruidosa. Los guardianes nunca se quedaban quietos, a pesar de los años muchas veces actuaban como niños, por lo que él se veía en la obligación de reestablecer la disciplina.
Al principio le costó acostumbrarse. Muy rara vez se quedaba en la base Vongola, prefería ir a dormir en la azotea de Namichuu, era una de sus costumbres favoritas, le costó mucho alejarse de ese privilegiado sitio. Especialmente odiaba tener que llegar y ver a Haru revoloteando de un lado a otro.
Recordaba bien que en sus tiempos Tsuna dudó si llevar a Haru con él o no, pero finalmente decidió que no quería dejar a nadie fuera. Todos sus amigos eran parte de su "familia", por lo que no podía dejar a nadie fuera.
Y por eso, la ex alumna de Midori siempre andaba paseándose en la gran mansión Vongola, y después, en tiempos de crisis, circulaba sin problemas por la base.
Su jefe le tenía un cariño especial a esa mujer, y gracias a su súper intuición logró sospechar algo relacionado con los sentimientos de su guardián de la nube. Hibari estaba al tanto de eso, lo cual solo conseguía fastidiarlo aún más.
Los recuerdos consiguieron aumentar su ira progresivamente. Esa ira que alimentaba la llama de la nube, por eso sabía que no podía estar entrenando junto a Tsuna cuando esto pasara. Afortunadamente toda esa rabia se iba en cuanto llegaba a su zona, el pequeño espacio en la base que le pertenecía solo a él, y en encontraba a Haru esperándolo.
No era necesario tener la súper intuición Vongola para notar que hoy Haru se veía un poco angustiada, ocultó el sentimiento en cuanto sintió que la puerta se abría, pero Hibari alcanzó a ver la preocupación antes de que su expresión cambiara.
Observó la mesa y se sintió complacido al ver como su chef personal comenzaba a aprenderse sus gustos. Había un detalle que el guardián de la nube no había pasado por alto, y era que Haru se preocupaba por su nutrición, siempre intentaba variar los platos dándole alimentos que le gustaran al ex prefecto, sin nunca dejar a un lado la pirámide alimenticia. Nunca en su vida alguien se había preocupado tanto por eso, él siempre comía lo que quería , cuando quería. Sin embargo con ella era imposible no llevar una dieta saludable, lo cual lo hacía sentirse un tanto restringido y a la vez, gratificado.
Parecía difícil de creer, él solo comenzaría a prestarle atención dentro de un par de años, cuando ella tuviera unos quince o dieciséis. Hasta entonces, continuaría siendo el temible presidente disciplinario de Namichuu. Y por culpa de esa demora, tal vez, la perdería; pues permitiría que se enamorara cada vez más del herbívoro. O al menos, esa era una de sus teorías al respecto.
—Haru está muy feliz de que Hibari-san nos esté ayudando—dijo la castaña, sorprendiéndolo, ella muy rara vez le hablaba.
—No confundas las cosas, no me interesa aliarme con los Vongola—corrigió para evitarle ideas equivocadas, aunque hacía un tiempo que llevaba trabajando para el Décimo, muchos no estaban seguros si realmente podía considerarse un aliado de esa familia, lo cual resultaba increíblemente ventajoso en algunos casos.
—¡Hahi!—esta vez se sorprendió Haru—. Pero... Hibari-san nos está ayudando ~desu.
—Sencillamente no me agrada tener deudas pendientes—se explicó, probando otro bocado.
Sintió una potente mirada castaña posada sobre él, antes de que por fin hablara.
—Eso quiere decir que… cuando invadan la base Mellone…
—No me interesa ayudarlos. Prefiero actuar a mi modo—respondió desinteresadamente.
Hibari cortó otro pedazo de carne y se lo echó a la boca luego de decir eso.
—¡Hibari-san no nos puede abandonar!—chilló Haru—. Hibari-san es increíblemente fuerte, Tsuna-san necesita de su ayuda.
—¿Y qué ganaría yo con ayudarlo?
—Pero... usted está entrena...
—Ya te dije, eso lo hago solo por saldar una deuda—explicó. Acababa de terminar su comida, por lo que disfrutó de un pequeño sorbo de té.
Haru lo pensó un momento, una gran responsabilidad estaba cayendo sobre sus hombros, nuevamente estaba involucrada en una situación de no-tan alto riesgo, pero muy importante. Debía conseguir un aliado importante para Tsuna.
—Hibari-san, si usted lo hace todo a cambio de saldar sus deudas. Si usted tuviera una deuda con Haru, Haru podría pedirle ayudar a Tsuna-san y usted tendría que hacerlo.
—Quizás…—reconoció él, repentinamente interesado en esa propuesta.
Haru se permitió otro momento de silencio para pensar bien en su estrategia.
—Haru le prepara todos los días la comida a Hibari-san ~desu—intentó luego de un rato.
—Así es, y estoy muy agradecido, pero eso lo haces por que quieres que entrene bien a Sawada Tsunayoshi—le recordó el guardián de la nube.
Haru chistó frustrada, su trampa no le había sido útil, lo peor de todo era que no tenía ningún otro recurso, él no le debía nada a ella. Asique, en vista de que su primer plan acabó en fracaso, optó por el segundo: la honestidad.
—Haru quiere que Hibari-san ayude a Tsuna-san. Ella ama a Tsuna-san y le gustaría poder ayudarlo consiguiéndole un buen aliado—reconoció, pensando en que aquella confesión ablandaría su duro corazón, sin embargo tuvo el efecto contrario.
—Eso es una acto tremendamente herbívoro, solo para conseguir que él te valore más—escupió con ira, las palabras parecían quemarle la lengua, sobretodo esa última parte.
Pero eso le dio una idea a nuestra heroína.
—Hibari-san, si usted se enamorara de alguien de aquí, de la base Vongola. ¿Ayudaría?—preguntó sin pensar. Eso logró captar nuevamente la atención del azabache.
—¿De quién?
Haru hipó, estaba tan ansiosa por haber encontrado la solución que se olvidó de ese pequeño y no muy insignificante detalle.
Pensó en todas las chicas que había en la base, pero se dio cuenta que ninguna cumplía con las expectativas. No podía pedirle semejante favor a Kyoko, Chrome no estaba en condiciones, Lal Mirch no aceptaría, I-pin era muy menor, Bianchi no sería capaz.
—Bueno, no importa. Hibari-san, ¿hay algo que pueda hacer Haru para que usted quiera participar? ¿hay algún favor que pueda hacer para que usted se sienta profundamente agradecido?
Hibari lo pensó un momento, la situación gritaba: OPORTUNIDAD, no podía dejar pasar esto por nada del mundo.
