CAPITULO 2. EL REENCUENTRO

- ¿Sucede Algo Candy? de pronto te has puesto lívida… - la voz de Michael me sacó de mis pensamientos.

- No es nada Michael, creo que la ansiedad de llegar al frente me ha puesto nerviosa…

- ¿Estás segura? Perdóname si te importuné con mis tontos comentarios sobre el Coronel Browm…

- No te preocupes Michael. Creo que tomaré un té para sentirme mejor – Pasé una de mis manos por la frente.

- Te acompaño. No es bueno que te muevas sola en el tren, hay muchos hombres y como te darás cuenta muy pocas damas, además, corremos el riesgo de que haya espías por aquí… - Michael se levantó de su asiento y me ofreció su brazo para acompañarme al comedor del tren.

Caminamos por el pasillo para llegar al vagón comedor. Nos sentamos y pedimos el té. Lo tomamos en silencio, mientras veíamos pasar el paisaje por la ventana. Llegó un auxiliar con un mensaje para Michael…

- Teniente Freeman, ha llegado un telegrama para usted – El joven hacía una reverencia mientras le entregaba un pequeño papel.

- Muchas Gracias -

Michael empezó a leer el telegrama. La expresión de su rostro cambió poniéndose muy pálido.

- ¿Qué pasa Michael?, parece que ahora el lívido eres tú…

- Candy, creo que pasaremos juntos un tiempo… Me acaban de informar que el Doctor James murió esta mañana en una emboscada al convoy que se dirigía a ayudar a los heridos del Regimiento del Coronel Browm… y me acaban de asignar como nuevo médico del Regimiento…

- ¡OH DIOS MIO! – Me llevé las manos a la boca.

- Y tú serás mi enfermera… - Michael no dejaba de mirar la pequeña hoja de papel que tenía en sus manos.

Lo miré sorprendida. No me salían las palabras.

- Candy, serás mi primera asistente. La enfermera Parker también murió en la emboscada…

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Un frío recorrió mi espalda haciendo que la piel se me erizara. Michael tomó mi mano y también lloró. Hubo un corto silencio que Michael rompió de repente…

- Sabes Candy, conocí a ambos. Tanto al Doctor James como a la enfermera Parker… Los tres llegamos hace dos años en el mismo barco…

- Esta guerra es demasiado cruel Michael… ¿qué le está pasando a la humanidad? – No podía dejar de llorar.

- Candy tienes que ser muy fuerte. Hasta ahora no has visto nada. Prométeme que no te derrumbarás cuando estemos en el campo de batalla. Lo que se ve allí ni siquiera puede ser descrito… - Michael me miraba muy serio.

- Lo prometo Michael… seré fuerte… - enjugué mis lágrimas.

- Lo sé querida Candy. Ahora presta mucha atención a lo que haremos cuando lleguemos. No tendremos tiempo para formalidades pues debemos entrar inmediatamente al campo porque nos necesitan allÍ. Por lo sucedido, creo que nos enviarán por el túnel que comunica con las trincheras. No se que tan lejos estén las trincheras del Coronel, del hospital de Campaña, pero no quiero que te separes de mi ni un segundo… Esos túneles son bastante peligrosos.

- Así lo haré Michael.

- Estaremos armados. ¿Te enseñaron a usar los revólveres?

- Si, en el barco nos dieron la capacitación de cómo usarlos… Pero, ¿es necesario ir armados, Michael?

- Si Candy. Si por algún motivo debemos separarnos, debes estar preparada para defenderte. En algunas ocasiones los soldados alemanes se logran escabullir en nuestras trincheras para tomar prisioneros o para asesinar soldados, por eso el cuerpo médico debe saber usar las armas. A pesar de que estamos para salvar vidas, a veces, irónicamente, debemos quitarlas para proteger las nuestras…

- Esto es horrible Michael…

- Lo sé, lo sé… pero esa es nuestra realidad actual. Debemos protegernos mutuamente, por eso Candy, no quiero que dudes al momento de tener que disparar tu arma pues yo no lo haré…

Asentí con la cabeza, pero me sentía mareada. Nunca me imaginé verme en una situación así. Candice White Andley quien estudió para enfermera, con el fin de ayudar a las personas, tal vez debería quitarle la vida a alguien para protegerse. Tenía nauseas y otra vez estaba lívida. Michael seguía dándome instrucciones.

- Cuando bajemos del tren nos estarán esperando para llevarnos al frente. El camino es algo largo pues las vías del tren han sido destruidas y nos tocará un tramo en camión y otro a pie. El Mayor Artois nos estará esperando cuando iniciemos el tramo a pie. El estará con un pequeño pelotón de soldados franceses que nos protegerán... ¿Me estás escuchando Candy?

- Si Michael… por favor regresemos a nuestros asientos… - las manos me temblaban.

- Claro Candy, vamos…

Regresamos por el pasillo a nuestros asientos y nos quedamos allí en silencio… El sueño se apoderó de mí. Cuando desperté Michael me tenía abrazada y también dormía. Me quedé muy quieta para no despertarlo. El tren estaba en silencio. Era de noche. Me quedé mirando fijamente la ventana viendo como pasaba el paisaje. Al poco tiempo, volví a quedarme dormida.

Cuando desperté estaba sola en mi asiento. Michael no estaba a mi lado y había mucho movimiento en el tren. Michael llegó algo alterado y se sentó a mi lado.

- Candy, ha surgido algo. Debemos bajarnos en la próxima estación pues hay un bombardeo en la estación a la que deberíamos llegar. Allí nos están esperando. Prepárate por favor.

Me dirigí al tocador y me puse mi uniforme. Había llegado la hora de la verdad. Sentía miedo, muchísimo miedo. Frente al espejo vi el reflejo de la señorita Ponny y la Hermana María, vi a los niños del Hogar, a Albert, a Archie y a Annie… vi a Stear… escuché nuevamente su voz… "… Eres mucho más linda cuando ríes…". Le hablé al recuerdo de Anthony…

- ¿Es que pretendes enloquecerme? Esto ya se está pasando de la raya Anthony… ¡déjame tranquila por favor! – Casi le gritaba a mi reflejo en el espejo.

- Candy ¿estás bien? ¿Con quien hablas? – Escuché la voz de Michael al otro lado de la puerta.

- No es nada Michael. Estoy lista – terminé de ponerme mi boina.

Salí del tocador y el alboroto en el tren era peor que cuando desperté. Todos corrían de un lado para otro. Todos hablaban en francés, no lograba entenderlos

- ¡¿QUÉ SUCEDE MICHAEL? – pregunté angustiada, levantando mi voz para que Michael pudiera escucharme.

- ¡YA VAMOS A BAJAR CANDY! LA ZONA NO ES SEGURA TENEMOS QUE MOVERNOS RÁPIDO… - Michael también gritaba.

El tren se detuvo intempestivamente. Casi caemos en la frenada. Todo era confusión. Michael me tomó de la mano y corrimos a la salida. Cuando bajamos del tren, todo era un caos.

- ¿Michael que está sucediendo? ¿Por qué corremos? – Michael me obligaba a correr a su ritmo.

- Candy, parece que los bombarderos se dirigen hacía acá ¡Debemos buscar un refugio! – Michael me respondió sin dejar de correr.

- ¿Pero a donde iremos Michael?

- Corramos Candy… vamos por aquí – Michael no me miraba.

Corríamos entre la multitud desesperada cuando apareció un auto. Se bajó un militar y le hacía señales a Michael de que se acercara. Corrimos al auto y subimos. El auto arrancó y se internó en un bosque cercano. Avanzó por entre matorrales hasta que nos detuvimos. De entre la maleza salieron muchos militares que cubrieron el auto con ramas para ocultarnos.

A lo lejos podía escuchar los aviones y las sirenas de alarma de bombardeo. Al poco tiempo se empezaron a escuchar las detonaciones de las bombas que lanzaban los aviones. Yo tenía mi cabeza entre las rodillas y me cubría con mis brazos. Solo sentía como se estremecía el suelo tras cada detonación… era horrible…

El bombardeo duró alrededor de dos horas. Cuando terminó se escuchaban solo los aviones alejarse y después un silencio sepulcral. Al poco tiempo, los militares que estaban escondidos entre los matorrales empezaron a quitar el camuflaje del auto y nos dispusimos a bajar.

- ¿Estás bien, Candy?

- Si Michael, solo un poco aturdida, pero estoy bien. Vaya recibimiento, no me lo esperaba.

Michael sonrió ante mi comentario. Escuché tras nosotros a un hombre que nos hablaba en francés…

- Lieutenant-Freeman – Michael se puso firme para saludar al militar frente a él.

- Maire Artois -

- Désolé de vous voir dans ces conditions… -

- Seigneur est le bureau – Michael ahora le daba la mano al militar que le hablaba.

- Et la dame est-ce?

- Oh excuse, maire. Elle est Candice White Andley. A peine arrivé de l'Amérique à rejoindre le front. C'est mon premier assistant...

- Miss Andley Nice – Aquel hombre ahora me ofrecía su mano caballerosamente.

- Désolé maire, elle ne parle pas français... – (3)

- Oh, disculpe señorita Andley. No sabía que no hablaba francés…

- Pierda cuidado. Supongo que usted es el Mayor Artois… - le di mi mano para responder su saludo.

- Si señorita, mucho gusto -

- El gusto es mío…

- Messieurs, nous devons partir, préparez-vous... nous devons être dans le régiment avant la nuit (4) – El Mayor Artois le habló al grupo de soldados que estaban en el lugar.

- Candy nos disponemos a partir. ¿Estás lista? – Michael se acercó a mí.

- Si, Michael, estoy lista…

De entre los matorrales salieron varios vehículos que fueron ocupados por los militares. Volvimos a subir al auto y emprendimos el viaje hacia el frente de batalla. Cuando llegamos al tramo que deberíamos hacer a píe, seguimos avanzando en auto y se unieron a nosotros varios camiones llenos de militares. Antes del anochecer estábamos en el hospital de campaña. Allí el Mayor nos presentaba ante el cuerpo médico que estaba trabajando.

- Señores, ellos son el Teniente Freeman y la señorita Candice Andley, el nuevo doctor y su primera asistente. Proporciónenles todos lo necesario para que puedan acudir de inmediato al llamado del Coronel Browm…

- Llegó la hora Candy… - Me dijo Michael en voz baja.

- Si Michael… - Sentí un horrible hueco en mi estómago.

- Teniente, éstas son sus armas. Irán por el túnel que lleva a la trinchera. Serán 1.5 Km. de recorrido. Los acompañarán varios soldados que irán al frente y por la retaguardia. Les deseo mucha suerte… - El Mayor hablaba con propiedad. Sus ojos eran fríos y su voz neutral.

- Gracias Mayor… - Le respondió Michael mientras le daba la mano…

- ¡POR FIN ABUELITA LLEGASTE A LA PARTE MAS EMOCIONANTE DE LA HISTORIA! - La pequeña Rosemary estaba emocionada.

- Rose no grites de esa forma… asustaste a tú abuelo… - Stear reprendió a su pequeña hija.

- Lo siento papá… - La niña se ruborizó - ¿Abuelito te asusté?

- No mi hermosa pequeña, no me asustaste… Estaba esperando tu grito… - Anthony le sonreía a su nieta, quien se sorprendía por la respuesta.

- ¿EN SERIO?

- Si preciosa, siempre gritas cuando la abuela llega a ese punto de la historia…

Rose enrojeció apenada mientras todos reían.

- ¡Mira Abuelita llegaron mis tíos! – Rose tenía la mirada fija en el portal de la rosas.

De un salto Rose se bajó de las piernas de su abuelo y salía corriendo por el jardín para saltar sobre su tío Michael…

- Si la tía Abuela viviera para verla, ya la habría matado de un infarto… - Candy sonreía de ver a su nieta correr feliz a los brazos de su tío.

- No seas exagerada mi amor… Pero pensándolo, bien tal vez si… pero si no lograste matarla tú de un infarto, creo que podría soportarlo… - Anthony hablaba con la mirada fija en sus hijos que acababan de llegar.

- ¿Estás insinuando que soy una revoltosa? – Candy miraba a Anthony con los ojos entrecerrados.

- Yo no he dicho nada… - se defendió Anthony.

- Pero lo estás insinuando…

- Estoy libre de culpa…

En ese momento Anthony se levantó de la silla pues vio a su esposa enrojecer hasta la punta de las orejas, y cuando eso sucedía era mejor escapar…

- ¿PARA DONDE CREES QUE VAS ANTHONY BROWM? – Candy se levantó de la silla para perseguir a su esposo.

- Amor no te enojes que se te ven más las pecas… - Anthony ya se alejaba por entre los arbustos huyendo de Candy.

- GRRRRR… VOY POR TIIII… - Candy emprendió la carrera tras Anthony quien también ya corría rápidamente.

Era maravilloso ver a los esposos Browm correr por el jardín. Anthony se escabullía entre los rosales mientras Candy corría tras él, tratando de alcanzarlo. Sus tres hijos y su nieta los observaban a lo lejos abrazados entre sí y sonriendo.

- Dios Parece que nuestros padres nunca crecerán… - Dijo Marie mirándolos y sonriendo.

- ¿Y para qué quieres que crezcan? vamos y nos unimos a ellos… - Michael salió corriendo para unirse al juego.

- Mamá es incansable ¿No es cierto mi pequeña Rose? - dijo Stear mientras levantaba en sus brazos a su linda hija.

- ¡ATRAPALO ABUELITA! ¡SE MERECE UNA PALIZAAA! – Rose le daba ánimos a su abuela.

- ¡Rosemary Browm! ¿Qué es esa forma de expresarse?

- Papi no seas aburrido… - Rose rodeó con sus brazos el cuello de su padre y le dio un tierno beso en la mejilla - vamos, ayudemos a mi abuela…

En ese momento el jardín era un campo de juegos familiar. Anthony a pesar de sus casi 60 años tenía un físico estupendo, y su esposa no se le quedaba atrás, aunque la ventaja la llevaba Candy, pues todos se unían para ayudarla a atrapar a Anthony que sabía ser muy escurridizo.

Anthony iba corriendo cuando Rose le cayó encima desde un árbol del jardín, y ese fue el fin de su escape.

- ¡TE ATRAPE ABUELITO! ¡VAMOS ABUELITA DALE SU MERECIDO!

- ¡PEQUEÑA TRAMPOSA! ¿Cómo es eso que saltas de los árboles como un mono? Te pareces mucho a tu abuela…

En ese momento llegó Candy y Anthony intentó escapar de nuevo, pero estaba rodeado. Stear, Michael y Marie ya estaban tomándolo de los brazos para que su madre pudiera darle su castigo.

- ¡También escuché eso último que dijiste y no te saldrás con la tuya! – Candy lo miraba con ojos de burla.

- Ahora soy su prisionero Madame… estoy listo para recibir mi pena… - Anthony inclinaba su cabeza en señal de reverencia.

Candy se acercó coqueta y lo miró de arriba a abajo.

- Ummm ¿que castigo le daré? – lo miraba pensativa - ustedes que opinan muchachos…

- ¡Tortúralo mamá! ¡Hazle cosquillas! – dijo Michael, quien se estaba divirtiendo mucho.

- Si abuelita, hazle muchas cosquillas… - Rosemary se frotaba las manos y hablaba con voz de maldad.

- ¡NO POR FAVOR! ¡COSQUILLAS NO! - Suplicaba Anthony mientras todos reían.

- ¿Tienes miedo, papá? – preguntó Marie en tono sarcástico.

En ese momento Candy inició su tortura de cosquillas. Anthony cayó al suelo contorsionándose de risa. En medio de su tortura logró tomar a su esposa por la cintura, dándole vuelta y quedando sobre ella para besarla apasionadamente.

- ¡Anthony por favor, los muchachos nos miran!

- ¿Y desde cuando tengo que pedirle permiso a mis hijos para besar a mis esposa? – La voz de Anthony se escuchaba seductora entre besos.

- Ya papá… - dijo Michael con voz aburrida - vamos a que mamá nos termine de contar la historia…


(3) Mayor Artois: Teniente Freeman

Michael: Mayor Artois

Mayor Artois: Disculpe tener que recibirlo en estas condiciones

Michael: Es el oficio Señor…

Mayor Artois: Quien es la señorita?

Michael: Oh disculpe Mayor. Ella es Candice White Andley. Acaba de llegar de América para unirse al frente. Es mi primera asistente…

Mayor Artois: Mucho gusto Señorita Andley…

Michael: Disculpe Mayor, ella no habla francés…

(4) Mayor Artois: Señores nos disponemos a partir… prepárense. Debemos estar en el regimiento antes del anochecer…