Capítulo iii: "Trampa"

No pudo evitar que una sonrisa se formara en sus labios mientras abandonaba la habitación en compañía de Hana, hasta el momento todo estaba saliendo según lo planeado y con la reciente aparición del "hijo" de Hao las cosas se pondrían aún mejor, mientras caminaba por el pasillo se fijó en como las dos extensas escaleras cubiertas con una alfombra roja se unían en el segundo piso, este era el escenario perfecto para llevar a cabo su siguiente paso, no espero más y tomó al rubio en brazos para luego bajar con él hasta el centro del lugar.

Opacho — dijo llamando no solo la atención del pequeño, sino que también la de todos los ángeles que se encontraban en el vestíbulo del lujoso hotel que utilizaban como nido. Jeanne ignoró todas las miradas de confusión y desconcierto que se dirigían hacia ella y sobre todo hacia Hana —, llama de inmediato al pelotón de Hao, tengo algo muy importante que decirles.

Se mantuvo en silencio, reprimiendo sus enormes ganas de reír en ese momento, antes su mayor temor era que los hombres del castaño se volvieran en su contra cuando supieran lo que Marco y los otros ángeles le hicieron a su líder, pero ya no tendría que preocuparse por eso. Hana seria su salvación, ahora lo exhibiría frente a todos como si de un trofeo se tratase, recalcando su supuesto origen mitad humano, mitad ángel.

Yoh, amigo… lo siento, nunca creí que Hao fuera capaz de…

Es mentira — dijo de forma tajante interrumpiéndolo. No podía negar que ese niño tenía un leve parecido con su hermano pero aun así se resistía a creer en las palabras de Jeanne. Hao siempre había sido el primero en oponerse a que ellos — como ángeles — se relacionaran de alguna manera con los humanos, así que era imposible que precisamente él hubiese engendrado un nefilim. Caminó sin decir nada hasta la pequeña mesa de centro donde yacían las mutiladas alas de su gemelo —. Jeanne está muy equivocada si piensa que me voy a tragar esa ridícula historia.

¿Qué? ¿Yoh, viste a ese niño? — cuestionó intentando hacerlo entrar en razón —. ¿Y su nombre? dime que recuerdas su nombre.

Bufó molesto, ¿cómo lo iba a olvidar? Si antes de salir de ahí la peli-plateada se había encargado de repetirle una y otra vez el nombre de Hana, haciendo énfasis en que éste era la combinación del nombre de sus padres —. Claro que lo recuerdo, pero eso no significa nada, puede ser una simple coincidencia u otro invento de Jeanne.

Supongamos que tienes razón y todo esto resulta ser un engaño, ¿qué piensas hacer?

Por ahora fingir que creo en sus mentiras, así podre averiguar con mayor tranquilidad que pasó realmente con mi hermano, después ya veré — respondió sentándose en el pequeño sofá blanco que adornaba la habitación, cuando un gran bullicio proveniente de afuera llamó la atención de ambos ángeles. Se acercaron a la puerta dispuestos a salir, pero antes de poder lograrlo otra persona los arrastro hasta el interior.

¡¿Lyserg, qué crees que estás haciendo?! — le reclamó Horo.

¿Dónde está Hao? — preguntó ignorando olímpicamente al peli-azul —. Entonces lo que dijo la doncella Jeanne es cierto — comentó decepcionado ante el silencio de sus amigos.

¿A qué te refieres? — interrogó Yoh tomándolo de los hombros —. ¡¿Qué dijo Jeanne sobre mi hermano?!

Ella mando a llamar a los hombres de Hao… dijo que él nos había traicionado, que llevaba años haciéndolo y que prueba de eso era que tuvo un hijo con una humana.

Maldita mujer — masculló cerrando sus puños furioso, ahora estaba más convencido que todo era un plan para desprestigiar a su gemelo.

Es imposible que el pelotón de tu hermano haya creído esas estupideces, ellos lo conocen — mencionó Horo intentando animarlo.

Lyserg hizo una mueca de disgusto mientras pasaba una mano por su cabello —. Al principio no creyeron en sus palabras, pero cuando ella les mostro a ese niño rubio… las cosas cambiaron.

Yoh no quiso escuchar más, no permitiría que Jeanne siguiera con sus mentiras, pero primero tenía que descubrir que ocurrió realmente con Hao. Caminó hasta la pequeña mesa de centro y tomó las alas de su gemelo para después salir por el gran ventanal.


Se levantó con algo de pesadez. La mayoría de sus heridas habían sanado, ya no había sangrado, moretones o cortes, a excepción del lugar donde solían estar sus alas. El sonido de la ducha llamó su atención, al parecer Anna ya se estaba preparando para salir. Dio una fugaz mirada a su entorno, sala verde limón y sofás color chocolate, dos grandes ventanas con marco color beige al igual que el piso, simple pero acogedor pensó. Le resulto agradable la combinación de colores, la elegancia del marrón mezclada con ese verde tan relajante imitaban a la perfección la frescura y belleza de la naturaleza. Se acercó a una de las paredes, había diversas fotografías pero la que más resaltaba era una en que aparecía Anna junto a su hijo, ambos sonriendo.

Veo que al fin despertaste —dijo la rubia observándolo desde el marco de la puerta —, te deje ropa en el baño por si te quieres cambiar — agregó antes de ir hasta su habitación.

Después de unos minutos volvió a su sala de estar, Hao estaba en silencio mirando la televisión, está vestido con unos pantalones negros y sus botas del mismo color, lleva el torso desnudo dejando ver la gran herida en su espalda.

¿Pasa algo? — cuestionó volteando al sentir la fija mirada de Anna sobre él.

¿Debería coser tus heridas para cerrarlas?

No — responde devolviendo su atención al televisor —, con el tiempo se curarán por sí solas.

Es curioso, tus demás heridas ya sanaron ¿por qué esa no?

Las heridas de espada de ángel toman mucho más tiempo para sanar, así que si alguna vez vas a matar a un ángel más vale que uses una de sus espadas.

Anna parpadeó confundida —. Tienes que estar mintiendo, ¿por qué me dirías eso?

No sé, quizá no te tengo miedo.

Quizá deberías, no olvides que tengo la espada de un ángel en mi poder.

Esbozó una pequeña sonrisa llena de superioridad —. No te hagas muchas ilusiones, mi espada nunca me haría daño, y mi espada es la única que podrás levantar.

No entiendo.

Se necesita permiso para ocupar la espada de un ángel, pesara una tonelada si intentas levantarla sin autorización — explicó apagando el pequeño aparato para voltear a verla nuevamente.

Pero yo no te pedí permiso.

No obtienes el permiso del ángel, lo obtienes de la espada.

Anna miró llena de incredulidad, todo lo que le contaba era ridículo —. Pues yo nunca le pedí permiso y aun así pude levantarla y traerla hasta aquí.

Eso es porque estabas intentando ayudarme, al parecer ella lo tomó como si estuvieras pidiendo permiso y te lo dio.

Si tú lo dices — murmuró rodando los ojos —, creo que lo mejor es vendar tu espalda, así podrás pasar más fácilmente por humano.

Después de unos minutos ya estaban saliendo de la casa de Anna, ambos vestidos con ropas oscuras, incluyendo un gorro negro para ocultar la cabellera de la joven. La rubia caminó hasta su auto, sintiendo algo de rabia al ver el estado de éste, con todo lo sucedido anoche y por la falta de luz no había podido ver las verdaderas condiciones en las que se encontraba su vehículo. Bufó molesta, maldito ángel que se estrelló contra su parabrisas, si no fuera por él nada de esto estaría pasando. Intentó sacar esos pensamientos de su cabeza mientras iba hasta la cochera, por suerte aún tenía el auto negro de su padre.

Entonces, ¿a dónde vamos? — preguntó ya ubicada en el asiento del piloto.

Al norte — respondió secamente.

Maldita sea, ¿podrías ser más específico?

Hao reprimió una pequeña sonrisa, le resultaba divertida la actitud de esa rubia —. Que feas palabras utilizas, eh…

Anna Kyōyama.

Muy bien, Anna. Yo soy Hao Asakura, me gustaría decir que es un placer conocerte pero a los ángeles no se nos permite mentir.

Podrías dejar tus estupideces y responderme, ¿a dónde vamos exactamente?

Si queremos tener alguna oportunidad en el nido primero tendremos que ir al monte Osore. Me agrada esa expresión — agregó al ver la cara de sorpresa de la rubia —, y antes que me lo preguntes, sí, visitaremos el infierno.

Entonces pongámonos en marcha, la prefectura de Aomori está a casi diez horas de aquí.

Llevaban un poco más de cuatro horas viajando cuando comenzó a llover. No cruzaron muchas palabras entre ellos, y es que cada vez que Anna intentaba sacarle algo de información a Hao, él respondía con evasivas, sólo consiguió saber que muchos de los ángeles ni siquiera saben porque están en la tierra exterminando a la humanidad, sino que sólo siguen las órdenes del mensajero de los grandes espíritus.

¿Por qué te atacaron los otros ángeles? — insistió intentado averiguar algo más.

¿Sabes? Es de mala educación preguntar a la víctima de la violencia lo que hizo para ser atacada.

Rodó los ojos molesta —. Sabes a que me refiero.

Cuestione las supuestas órdenes de los grandes espíritus y eso no le agrado para nada a Jeanne, la nueva mensajera. Tenía que deshacerse de mí y por eso mando a esos cuatro a acabar conmigo.

Anna miró el caminó agotada, cada vez era más complicado avanzar. La carretera es un completo caos, cada cierto tramo se logra apreciar una gran cantidad de automóviles amontonados, cortando el paso.

Esto no es casualidad — comentó Hao observando el paisaje —, debe haber una comunidad cerca y es claro que no acogen a extranjeros.

Consiguieron avanzar unos cuantos kilómetros más cuando el sonido de un neumático pinchándose los obligó detenerse.

Maldición — murmuró la rubia viendo que dos de sus llantas estaban perdiendo aire producto de unas puntas desparramadas por el camino —. Tenías razón, no parecen ser muy amigables con los extranjeros.

Si, pero las ruedas de tu auto no son nuestro mayor problema ahora.

¿Por qué lo dices?

Shh… no hagas ruido — pidió acercándose al coche para sacar las dos mochilas —. Tenemos que irnos ya.

¿Irnos? ¡Estás loco! Si no te diste cuenta está lloviendo, estamos rodeados por un extenso bosque y asumiendo que estos autos no están aquí por casualidad dudo que encontremos uno con las llaves puestas, lo mejor será aprovechar que aún tenemos luz y cambiar…

¿No entiendes? — dijo interrumpiéndola —. No hay tiempo, tenemos que salir de aquí, ahora — explicó pasándole una de las mochilas para después adentrarse en el bosque, acelerando cada vez más su paso.

Demonios Hao, ¿puedes explicarme que está sucediendo?

Escuche a dos personas susurrando, no muy lejos de nosotros.

Sin duda esa tenía que ser otra estupidez de ese ángel, era imposible escuchar a alguien con esa fuerte lluvia, mucho menos a dos personas susurrando, aunque si lo pensaba mejor los ángeles eran un completo enigma para ella —. ¿Qué tan buena es tu audición?

¿Qué? — preguntó Hao con una burlona sonrisa.

Ja, ja, ¿ni en esta situación puedes dejar de ser un idiota?

Tú solo cállate y confía en mí — espetó haciendo molestar a Anna, pero aun así se mantuvo en silencio, prácticamente lo está siguiendo a ciegas, asumiendo que él lograba escuchar algo que ella no, hasta que luego de unos minutos puede oírlo también.

Perros — murmuró, y por el sonido de sus ladridos se estaban acercan directamente hacia ellos.

Comenzaron a correr lo más rápido que pueden, pero los ladridos les indican que los perros están ganando terreno. Tanto Hao como Anna buscan un árbol escalable pero las ramas son tan altas que es casi imposible, tendrían que ser lo doble de altos para conseguir alcanzarlas.

Hao se detiene frente a un árbol y salta intentando tomar una rama, a pesar de que salta más alto que un hombre normal, sigue sin ser suficiente. Golpea el tronco en señal de frustración, maldiciendo la hora en que perdió sus alas —. Anna, súbete a mis hombros — le dice para luego tomarla por la cintura y elevarla hacia arriba. La rubia se sorprende un poco por la fuerza del castaño, él es lo suficientemente fuerte como para levantarla todo el camino hasta que ella consigue estar de pie sobre sus hombros. Desde esa altura Anna apenas consigue llegar a las ramas más bajas, así que Hao pone sus manos bajo los pies de la chica, sosteniéndola y dándole un impulso hasta que ella consigue estar segura sobre una rama.

Anna mira rápidamente a su alrededor intentando buscar una rama o algo para socorrerlo, pero antes de que pudiera decirle algo, él salió corriendo.

Maldición — gruñó la rubia golpeando también el tronco, ¿por qué se había ido? Si se hubiese mantenido cerca del árbol quizá hubieran hallado una manera de ayudarlo a subir. Era un idiota, ¿había corrido para mantener a los perros lejos de ella? ¿Lo había hecho para protegerla? Golpeó la madera molesta nuevamente.

Pasan unos minutos hasta que una pequeña jauría de perros aparece, algunos se quedan olfateando alrededor del tronco mientras que los otros salen tras Hao, al poco tiempo se divisan un par de hombres siguiendo a los canes.

Las ramas son tan escasas en esa parte del árbol que cualquiera podría verla con solo levantar la mirada, sin contar que las ramas bajas sólo tienen hojas en sus extremos así que hay poca cobertura cerca del tronco. Anna alcanza otra rama y empieza a escalar cuando el sonido de un perro aullando del dolor la hace detenerse. Mira hacia abajo cuando nota que desde los arbustos salen varios hombres de gran tamaño, todos armados. Uno de ellos hace una señal con su mano y los demás se despliegan en dirección al moreno, el pánico invade a la rubia, no quiere ni pensar lo que son capaces de hacer un grupo de militares con un ángel prisionero. Considera la idea de gritarles para llamar su atención y así darle oportunidad a Hao de correr, pero con eso solo lograría que los capturaran a ambos —. Diablos, no me puedo arriesgar — repite cerrando sus puños. Hana es mucho más importante, no puede exponerse a ser atrapada —. ¿Qué hago, qué hago? — se cuestiona, tiene que ayudar a Hao, pero también necesita mantenerse con vida y no hacer nada estúpido.

Un agudo pitido silencia a los perros, se oyen unas voces pero ninguna es la del peli-largo. Segundos después aparecen los hombres. El que hizo la señal con la mano lidera el grupo. Hao camina detrás él, sus manos están atadas en su espalda y la sangre se desliza por su cara. El castaño camina mirando al frente, con cuidado de no ver hacia Anna. El último par de hombres lo siguen, sosteniendo sus rifles en un ángulo de cuarenta y cinco grados, listos para disparar. Uno de ellos lleva la mochila de Hao.

Él está vivo — susurra sintiendo un gran alivio. Basta de pensamientos estúpidos se dice, es momento de pensar en algo, pero lamentablemente idear un plan es inútil, no tiene la suficiente información como para formular alguno, así que lo único que le queda es seguir sus instintos, si esos idiotas querían un pedazo de ese ángel primero tendrían que esperar que él la metiese en el nido para poder rescatar a su hijo.

Cuando ya no logra escuchar las voces se baja de las ramas, teniendo cuidado de poner los pies correctamente, lo último que necesita es un tobillo roto. Las hojas desparramadas en el suelo amortiguan su caída, consiguiendo aterrizar sin contratiempos. Con el mayor sigilo posible corre detrás de los hombres, rogando para que los perros no la descubran.

El grupo se acerca a lo que a primera vista parecen ser unos edificios en ruinas, pero no. Las construcciones están en perfectas condiciones, su supuesta apariencia de ruinas se debe a que han colocado estratégicamente algunas ramas inclinadas contra los edificios, hay una red tejida por encima de todo. Las ramas están puestas tan cuidadosamente para que parezca que cayeron naturalmente, permitiendo así que el lugar se camufle con el resto del bosque. Anna mira todo detenidamente, oculto entre los arbustos hay ametralladoras apuntando al cielo, está claro que ese no es un campo amistoso para ángeles.

Suspira aliviada cuando uno de los chicos acomoda a los perros en una perrera. Al parecer nadie ha notado su presencia, todos están demasiados ocupados mirando a los recién llegados. Anna esconde su mochila en el hueco de un árbol, considera llevar la espada de Hao para defenderse, pero lo descarta de inmediato, sólo los ángeles llevan espadas y lo que menos quiere es dirigir sus pensamientos en esa dirección, así que sólo saca un pequeño cuchillo y lo guarda en su bota izquierda. Marca mentalmente la localización del árbol y avanza hasta otro lugar donde puede ver la mayor parte del refugio.

Los hombres empujan a Hao hasta ponerlo de rodillas en medio del campamento, hablan entre ellos para decidir qué hacer con él, cuando uno se inclina hasta el castaño y conversa con él, aunque Anna no consigue escuchar que están diciendo supone que lo que les dice Hao resulta ser satisfactorio porque lo ponen de pie y lo llevan hasta uno de los edificios.

La joven decide quedarse ahí, ignorando el frío colándose por su cuerpo, esperando el anochecer. Luego de unos veinte minutos un soldado pasa cerca de ella, apuntando un rifle en dirección al cielo. A los pocos minutos vuelve a pasar otro. Sus patrullas son lo suficientemente regulares para que después de un rato Anna ya tenga el ritmo de ésta y sepa cuando van a aparecer.

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Ya han pasado dos horas desde que se llevaron a Hao, los soldados salen al bosque en grupos de tres a cinco personas. Es de noche cuando la mayoría de la gente desaparece dentro de unos de los edificios. No hay ninguna luz saliendo de las construcciones, pero aun así Anna se obliga a aguantar una hora más aproximadamente antes de salir de ahí. Espera que la patrulla pasé y se levanta para luego correr hasta el lugar donde llevaron al castaño, para su suerte el suelo está lleno de sombras cambiantes producto de los árboles, así que la suya no llama la atención. Se aplasta a si misma contra el lado oscuro de lo que parecer ser el comedor. Logra oír un par de guardias a su derecha, sus pasos son lentos y mesurados, una buena señal, eso quiere decir que no se han percatado de su presencia.

Traga grueso antes de ir hasta el edificio central, todo está en completo silencio. Hay tres puertas en el interior —. ¿Hao? — susurra tan suave como le es posible, maldiciendo el no tener un plan. No se oye ningún sonido desde las habitaciones, el pánico al pensar que el ángel está muerto la invade nuevamente. Menea la cabeza intentando quitarse esas ideas, él no puede morir. Sin él, ella está sola y sus posibilidades de encontrar a Hana disminuyen considerablemente.

Acerca su oído a una de las puertas pero no escucha nada, avanza hasta la siguiente cuando oye un leve susurro desde la última puerta. Se aproxima cuidadosamente y pone su oído sobre la madera. Parpadeó confundida al creer escuchar un "corre Anna", pero no lo piensa y abre la puerta.

Maldita sea, ¿por qué nunca me escuchas? — le pregunta Hao en voz baja.

De nada por rescatarte, idiota.

No me estás rescatando, estás siendo atrapada — responde. Está en medio de la habitación, atado a una silla. Hay sangre seca en su rostro proveniente de su frente y su boca.

Están dormidos — explica acercándose a él. Saca su pequeño cuchillo y lo pone en las cuerdas de alrededor de sus muñecas.

No Anna, no lo están — insistió Hao, pero antes que la palabra "trampa" llegué a la mente de la rubia, un rayo de luz la ciega.

Lo siento, pero no puedo dejarte cortar eso — dice una voz desde el marco de la puerta. La luz es tan intensa que Anna sólo logra divisar dos profundos ojos dorados, acompañados de una sonrisa arrogante.


Diablos, y así es como fracasa un rescate jajaja xd ¿qué pasara con Hao y Anna en ese lugar? ¿Ren será de los buenos o de los malos?

Rozan-ji: Me gusta que te guste el fic e.e y bueno, hice unas pequeñas descripciones de los lugares, me los estaba guardando para más adelante pero ya que lo pediste no me quedo otra xd y si, los ángeles son malos, muy malos /: o por lo menos Jeanne lo es.

Sstridnt: Tú siempre apoyandome c: gracias *-* si te soy sincera aún no sé si es un YohxAnna, un HaoxAnna o un RenxAnna, depende de como se vayan dando las cosas xd ; y si, Hao es un ángel, un muy sexy ángel e.e nada que ver con la malvada de Jeanne :c