Día 2: Encuentro

Emma había dormido apaciblemente, para su gran sorpresa. Había tenido miedo de que el oleaje le sentara mal a su estómago, pero no notó ningún movimiento. Mucho mejor, el ruido de las olas la había acunado agradablemente y tenía que reconocer que no compartir su cama con un perro de 35 kilos era un extra añadido.

Y apenas hubo abierto los ojos, tocaron a su puerta. Gruñó, ya que adoraba levantarse tarde, echando un vistazo a su reloj: 09:13.

Entonces se incorporó, se rascó la cabeza y le costó salir de la cama. Apenas tuvo tiempo de abrir la puerta y ya un tornado morena se adentraba en su camarote.

«¡Joder Emma, creo que anoche cogí una buena cogorza!»

La bella rubia reprimió una sonrisa

«Oh, para nada…»

«Ni siquiera sé cómo llegué a mi camarote. ¿Gracias a ti, supongo?»

«Supones bien. Los cócteles son bastante fuertes aquí»

«Gracias otra vez…»

«Me asombra que ya estés en pie»

«Oh, siempre es así cuando la víspera me cojo una buena. Wow…una borrachera en la primera noche, hacía mucho tiempo que no sucedía»

Emma sonrió aún más.

«Ya, si me lo puedes ahorrar todas las noches, te lo agradeceré. Entonces, ¿cuál es el programa del día?»

«Hay un bingo esta sobremesa. Y esta mañana, pienso ir de comprar por ti»

«¿Por mí?»

«¡Necesitas un vestido para esta noche! No puedes ponerte otra vez tu vestido rojo. ¡Venga, vístete!»

Emma gruñó, detestaba cuando le trastocaban la mañana. Pero no tuvo elección al ver a Ruby sentarse en la cama, bien decidida a esperar que Emma se preparara. Y con un último gruñido bestial, Emma se encerró en el cuarto de baño.


Puede que si se quedaba el tiempo suficiente, Ruby se cansaría de esperar y se marcharía…Pero no lo sabría jamás, pues Emma también detestaba las largas duchas…Y no hablemos de los baños a los que creía inútiles y que «no servían sino para quedarse en su propia mierda»

Y cuando salió del cuarto de baño, con su cuerpo cubierto por una toalla azul cielo, vio a Ruby medio acostada en su cama, hojeando su libro de cabecera.

«Interesante, tus lecturas…Una novela lésbica, ¿por qué no me sorprende demasiado?»

Emma se vistió a toda prisa mientras reviraba los ojos, divertida.

«No solo trata de eso, y menos mal. Bueno, ¿nos vamos o quieres que hablemos de literatura?»

Como toda respuesta, Ruby sonrió y agarró la mano de Emma para conducirla a la cubierta de arriba, donde se encontraban todas las tiendas, desde las más lujosas a las más modestas, como las tiendas de suvenires. Emma estaba maravillada y sorprendida también por encontrar tantas tiendas en un barco. Y cuando entraron en la primera, aunque ella no era una adicta a las compras, sus ojos brillaron ante todo lo que se le ofrecía.

«Wow»

«Ok, para una rubia, el azul es lo mejor. Así que…» Ruby se dirigió hacia una fila de vestidos azules «Este debería ser perfecto»

Emma estaba bastante de acuerdo con su elección: un vestido sencillo, azul marino, que le llegaba por debajo de las rodillas con un escote aceptable, mientras que la espalda la dejaba casi prácticamente al descubierto.

«¿No es un poco atrevido?»

«Ella no verá tu espalda, a menos que se la enseñes» ironizó Ruby, con un guiño «¡Pruébatelo!»

Emma lo cogió y se encerró en el pequeño probador. Y cuando se la puso, solo pudo reconocer que le sentaba muy bien.

«¿Y?» Emma abrió la cortina y Ruby enarboló una gran sonrisa «¡Magnifico! ¡Recogemos tus cabellos, añadimos una pequeña gargantilla y estarás perfecta!»

Emma sonrió, poco acostumbrada a los cumplidos físicos, ya que no salía por lo normal de su uniforme, poco femenino, y sus pantalones de chándal y sus calcetines multicolores.

«¿De verdad?»

«¡De verdad!»

Emma volvió a correr las cortinas y se lo quitó. Miró la etiqueta del precio y tragó en seco al ver la cifra. Apretó los dientes, preguntándose si esa compra le iba a salir rentable: ¿cuándo volvería a tener la ocasión de ponerse ese vestido en su día a día? Finalmente, se dijo que podría venderlo o dárselo a Mary Margaret.

Cuando salió, Ruby ya no estaba. Imaginando que la joven estaría deambulando por los pasillos, Emma hizo lo mismo y se dirigió hacia la zona de los bañadores. Y estaba sujetando en su mano un biquini blanco y rojo, cuando llegó a su ángulo de visión la silueta de un uniforme que comenzaba a conocer. No tuvo tiempo de reaccionar antes de que la silueta, materializada ahora en una joven mujer morena tras el escaparate de la tienda, se colocara justo frente a ella.

Emma se quedó fija en el sitio, biquini en mano, mirando a la comandante que la miraba a su vez, dibujando una ligera sonrisa en sus labios rojos escarlata. Regina hizo un ligero movimiento de cabeza en señal de saludo antes de señalar al biquini y elevar el dedo gordo.

Cuando Emma siguió con la mirada su índice y se dio cuenta de lo que sujetaba en la mano, lo escondió corriendo tras la espalda, sonrojándose de vergüenza. A penas se había dado cuenta de la situación cuando la comandante ya había desaparecido.

«Hey, estás ahí. Emma, ¿estás bien? ¿Te ha dado un golpe de calor?»

«Hm, euh…Sí, no…Buff…»

«Bonito biquini…¿Te lo llevas también?»

Emma entonces la miró y suspiró esbozando una sonrisa

«Sí»


Finalmente, tras su sesión de compras, las dos jóvenes se dirigieron a la piscina donde, por una maravillosa coincidencia, Ruby se encontró con su desconocida asiática en uno de los jacuzzi.

«¿Crees que debería intentarlo?»

«¿Por qué no? Después de todo, estáis aquí por lo mismo»

«¿Y si me patino y no es lesbiana?»

«Solo hay un modo de saberlo…» sonrió Emma «Venga, vete. Lo peor es que te pare los pies y tengas que empezar de cero, y lo mejor que comience una bella historia»

«¡Tienes razón!»

Ruby inspiró profundamente, y se dirigió hacia la hermosa asiática. Se detuvo unos instantes, intercambió algunas palabras con ella, antes de que esta la autorizara con un gesto de la cabeza a unírsele. Emma entonces sonrió al verlas interactuar, y se recostó en una toalla y se quedó tomando el sol durante un tiempo que le pareció una eternidad. Solo al notar una mano en su hombro volvió a la realidad. Ruby, toda sonrisas, estaba de pie, delante de ella, tapándole el sol.

«Hey…Lan y yo vamos a pasar un rato por el casino…¿quieres venir?»

Emma se quitó las gafas de sol para ver a la bella asiática a algunos metros tras ella.

«¿Lan, eh?»

«Sí. Es muy simpática…¿Entonces?»

«Hm, no. Prefiero disfrutar del sol, vayan, yo iré otro día…»

«¿Estás segura?»

«Absolutamente»

«Ok, entonces…¿Comemos juntas?»

«¿Por qué no? ¿Qué te parece en dos horas?»

Ruby lanzó una ojeada a su reloj y le sonrió

«¡Ok, anotado! Hasta luego»

Emma se despidió con un gesto de la mano antes de volver a ponerse sus gafas: le caía bien Ruby, pero de ahí a sostener vela, o aún peor ir de carabina, no gracias. Estaba contenta por Ruby, pero su reciente amistad se paraba ahí.

Y cuando se disponía a volver a su indecente siesta, una sombra la tapó el sol.

«Debería ponerse crema…»

Abrió los ojos para descubrir a uno de los asistentes con un discreto pendiente.

«¡Ya…!»

«¿Ayuda, quizás?» sonrió él

Y cuando ella iba a rechazarlo, se lo pensó dos veces y se enderezó.

«¡Propuesto así tan amablemente!»

Ella entonces ofreció su espalda al joven que no se hizo de rogar para untarle lentamente.

«Entonces, ¿está a la búsqueda del gran amor?»

Emma reviró los ojos

«Se puede decir así…»

«Déjeme adivinar: ¿un hombre viril que sepa sostenerla cuando se sienta débil?»

Emma reprimió una risa

«Síii, completamente»

«Sí, lo sabía, leo la mente de las mujeres»

Emma reviró los ojos una vez más: era evidente que él leía en la mente de las chicas como en un libro abierto: ella adoraba a los hombres protectores, ella, que era policía y lesbiana…

«Creía que las relaciones entre pasajeros y miembros del personal estaban prohibidas»

«El flirteo es inofensivo…Y a veces, las mujeres solo esperan ser deseadas y amadas…Vienen para eso»

Emma sentía náuseas: ese hombre acababa de confesarle que se aprovechaba de mujeres emocionalmente inestables que buscaban atención y ternura…Hubiera querido arrancarle los ojos, caparlo allí mismo, pero se contuvo, recordando las palabras de Ruby. Entonces sonrió.

«¡Qué alma más buena…!»

«Solo presto servicio» sonrió él de oreja a oreja «¿Qué hace esta noche»

«Ceno en la mesa de la comandante»

«Oh, un gran honor. Entonces, quizás nos veamos durante el día»

«Quizás sí»

Killian se levantó y se despidió de ella con un beso en la mano, después se marchó con ese caminar machista, que oscila entre el patetismo y lo ridículo. Emma hizo una mueca y sacudió ligeramente la cabeza antes de volver a su posición sobre la tumbona. Y mientras se tumbaba, boca arriba, una silueta a lo lejos despertó su curiosidad. Se enderezó y entrecerró los ojos: con un uniforme como ese, no podía ser sino…

Emma sonrió entonces y cogió su teléfono, para hacer zoom y estar segura.

Era un bello día para Regina: una ligera brisa, olas en calma, una temperatura agradable, ni una nube en el cielo y todavía ningún incidente, todo iba bien. Y cuando todo iba bien, le gustaba encontrarse en su trono, observando a sus pasajeros, como pequeñas hormigas, ir y venir por su barco. Acodada en la barandilla, miraba hacia la piscina y a sus pasajeros que parecían disfrutar plenamente de las comodidades de su barco, notando algunos acercamientos por aquí y por allá. Después su mirada fue captada por un flash luminoso a su izquierda. Cuando lanzó una mirada hacia ese lado, vio a una joven sostener un teléfono hacia ella, el sol reflejándose en su peinado y, de hecho, captando su atención. Y cuando Emma se dio cuenta, se sobresaltó y escondió, aunque demasiado tarde, su teléfono.

«¡Mierda, mierda!»

Pillada por sorpresa, saltó de su tumbona, cogió su bolso y se escapó. Y si la identidad de la joven era aún un misterio para Regina, reconoció sin embargo una cosa: el biquini.


Emma se maldecía mientras se dirigía a su camarote

«¡Pero mira que eres estúpida, chiquilla! ¡En serio!» se tiró a la cama, y hundió la cabeza bajo la almohada, gruñendo. Unos minutos más tarde se enderezó, cuando tocaron a la puerta.

Se levantó y le abrió a una Ruby toda contenta.

«¡Hola!»

«Hola»

«¿No estás bien?»

«Sí, sí, larga historia…¿Creí que nos veríamos en dos horas?»

«Oh, sí, sí, así sigue siendo. Solo quería saber si te molestaría que Lan se uniera a nosotras…Yo…ya sabes…»

«Ningún problema» sonrió Emma «Estaré feliz de conocer a esa encantadora joven»

«¡Me salvas la vida! Normalmente no soy tan tímida, pero…En fin, ya ves…Ella es…»

«Sí, ya veo» dijo sarcásticamente Emma «Entonces hasta luego»

Ruby se alejó y Emma se dirigió hacia el baño, para quitarse la crema generosamente aplicada por Killian. Entonces hizo una mueca al recordar a ese bruto que pensaba saber todo de las mujeres, pero que, visiblemente, tenía tan experiencia con ellas como Emma con los hombres.

Después pensó en la comandante: no la conocía, ni siquiera le había hablado, y sin embargo esta última tenía el don de hacerle perder los nervios: esa mañana en la tienda y ahora sobre la cubierta. ..Y, pensando en ello, ayer por la noche, le había parecido haber visto a alguien en ese mismo sitio donde estaba situada la comandante esa mañana…¿Acaso había sido testigo ella de su momento de vergüenza? No, era imposible…Gruñó más alto, sin poderse imaginar cuál sería su vergüenza en la mesa de la comandante esa noche. No, no podía mirarla a la cara esa noche, no en esas condiciones. ¡Ruby tendría que tomar su lugar!


Y cuando la hora del almuerzo se acercó, Emma se dirigió al restaurante y fue acogida por un rostro familiar.

«Buenas tarde, miss Emma»

«¡Hola Elsa!»

«¿Una mesa?»

«No, espero a unas amigas. Quizás ya hayan llegado: ¿una morena alta y una asiática?»

Elsa escaneó rápidamente la sala antes de girarse hacia Emma.

«Lo siento»

«Oh, no deben de tardar: se llaman Lan y Ruby»

«Anotado. Te llevo a una mesa disponible»

Emma asintió entonces y Elsa la condujo a una mesa de cuatro pegada al gran ventanal, que daba a una increíble vista del océano.

«Gracias»

«¿Un cóctel mientras?»

«No, gracias, voy a esperarlas…»

Y Emma esperó…cinco minutos, después diez…Un cuarto de hora. Emma se preguntaba si, finalmente, las dos mujeres habían perdido la noción del tiempo en el casino o si habían encontrado algo más interesante que hacer, como hacer una visita a uno de sus camarotes. Entonces sonrió ante el pensamiento de que estaba esperando ahí, sola mientras que quizás su amiga y su futura conquista se divertían felizmente juntas. Y cuando se iba a levantar para marcharse, Ruby y Lan hicieron su aparición.

«¡Oh, lo siento! ¡El juego nos atrapó! ¡En serio, si no quieres dejar tu tiempo y tu dinero, no pases NUNCA por el casino!»

Emma sonrió

«No pasa nada…Pensé que quizás teníais…otra cosa que hacer» dijo en tono que dejaba leer entre líneas

«¿Qué…? Oh no, no, no…» dijo una avergonzada Ruby «Es solo que…en fin…¡Te presento a Lan! Lan, esta es Emma, la joven que ha venido en contra de su voluntad a este crucero»

Emma frunció el ceño antes de tender la mano hacia Lan

«Encantada. Qué hermosa imagen ha dibujado de mí…»

«No hay problema, creo que solo hacía lo posible para tener un tema de conversación para evitar los silencios»

Ruby se enrojeció mientras que Emma rio

«Ah, ¡ya me gusta! Sentaos» las dos mujeres se sentaron a cada lado de Emma «Entonces…Os habéis conocido alrededor de una máquina tragaperras. ¿Lan, no?»

«Sí, así es. En realidad, no he hecho gran cosa…Ruby es persuasiva»

«Oh, no lo dudo» sonrió Emma «Entonces, ¿también has venido a encontrar el gran amor? ¿Ya has hecho esto antes?»

Lan respondió negativamente.

«Es mi primera vez. Estoy acostumbrada a los sitios de encuentros, pero al ver que no funcionaba…Me he decidido por otros modos para conocer gente y encontré estos cruceros. Y me dije, ¿por qué no?»

«Lo siento, pero…Una mujer como tú, así como Ruby también, solas…¿por qué?»

Lan le sonrió

«Soy una verdadera marimacho. Soy profesora de karate, conduzco una moto, adoro la comida basura…No soy una persona fácil con la que convivir…Pero intento obligarme. La soledad no me pesaba en realidad…hasta que una de mis amigas me anunció su próxima boda y su embarazo…Fue en ese momento que comprendí que quizá estaba perdiéndome algo…»

«Ya veo» Emma encontraba en las palabras de Lan ciertas resonancias que la estremecieron «¿Entonces eres lesbiana?»

«Totalmente» rio Lan «No pensaba cruzarme aquí a nadie, y mucho menos a una que pudiera…gustarme» dijo ella girando ligeramente la mirada hacia Ruby, tan avergonzada como orgullosa. Y antes de que Ruby pudiera decir algo, Lan continuó «Y tú, ¿has encontrado a alguien?»

«Oh, no…»

«…está colada por la comandante. Sí, la señora tiene gustos lujosos» bromeó Ruby

«Cierra la boca, no estoy colada por ella. Es solo que…me intriga»

«Sí, somos centenares aquí, pero tú te fijas en la intocable y bella comandante»

«Por cierto, puedes volver a ocupar tu sitio en la mesa esta noche»

«Lo siento, pero tengo otros planes para esta noche» lanzó pícaramente Ruby haciéndole un guiño nada discreto a Lan, que respondió con una sonrisa.

Emma reviró los ojos, mitad divertida, mitad envidiosa por la dicha que parecía tocar Ruby con los dedos. Y finalmente, la comida pasó bajo los mejores auspicios: las tres mujeres encontraron muchos puntos en común y Emma estaba contenta porque, a falta de encontrar el amor, había agrandado su círculo de amistades, círculo muy cerrado hasta entonces. Y si Ruby y Lan habían decidido pasar la sobremesa en el bingo organizado por el crucero, Emma declinó la invitación, prefiriendo volver al gimnasio.

No tenía ganas de volver a encontrarse con Killian o con la comandante, y sin embargo, parecía que el destino la tenía cogida con ella: mientras estaba corriendo en la cinta, con la mirada fija en el horizonte plano que ofrecía ese día las aguas y concentrada en sus pasos, no se dio cuenta de que a su izquierda, una mujer acababa de subirse a otra cinta.

Solo cuando el movimiento a su lado captó su atención, Emma lanzó un primer vistazo: una mujer con un top blanco y unos shorts también blancos. Emma había podido observar unos brazos bastante musculados y firmes…Pero cuando su curiosidad la hizo alzar la mirada y descubrió la identidad de la mujer que corría a su lado, Emma se quedó petrificada…tanto que perdió su equilibrio y cayó de rodillas sobre la cinta que la expulsó un metro hacia atrás, haciéndola aterrizar sobre su trasero.

«¡Oh, Dios mío! ¿Está bien?»

Ligeramente aturdida, Emma sacudió la cabeza al darse cuenta de la situación. Felizmente para ella, el gimnasio estaba desierto, aparte de ella y la joven que ahora estaba arrodilla a su lado.

«¿Señorita? ¿Está bien?»

«Yo…sí, sí, yo…gracias…» balbuceó Emma, muerta de vergüenza «…comandante»

Porque sí, ante ella se encontraba Regina Mills, vestida, una vez no hace costumbre, con una ropa de deporte que contrastaba con su uniforme cotidiano. Emma tuvo dificultades para sostener la insistente mirada de la joven sobre ella.

De repente, un asistente se acercó también y ayudó a la joven a levantarse. Una vez sobre sus pies, Emma sintió las dos manos de la comandante en sus hombros.

«¿Se encuentra bien?»

«S..sí, sí…Soy…»

«…¿torpe?» sonrió la joven

Avergonzada, Emma bajó la mirada

«Se puede decir así…Estaba…distraída»

«¿Ah sí?» frunció el ceño la mujer

«Sí…» Fue en ese momento en que Emma finalmente se atrevió a sostener su mirada y hundió sus ojos azules en los de color avellana de la comandante «Gra…gracias»

«De nada…»

«No sabía que la comandante venía a hacer deporte aquí»

«También me concedo mis momentos, cuando todo va bien a bordo»

«Contenta de que todo vaya bien…» sonrió Emma «Aunque…también decían eso antes de que el Titanic se hundiera» rio

Ante la referencia al Titanic, las dos mujeres recordaron el instante sobre cubierta, una noche antes, donde Emma pensaba haber visto una silueta y donde Regina había espiado a Emma y a esa extraña amiga morena.

Intercambiaron una mirada cargada de sobreentendidos antes de que Regina quitara sus manos de sus hombros.

«Bueno. Si todo va bien, entonces la dejo»

«Oh, no está obligada a marcharse porque una de sus pasajeros tiene dos pies izquierdos»

Regina entonces rio, lo que hizo que el corazón de Emma se saltara un latido

«No es nada de eso. Sencillamente debo prepararme para la cena de esta noche»

«Oh, sí, eso…»

«Quizás nos veamos otro día en la cinta…Si puede quedarse de pie en ella el tiempo suficiente» dijo irónicamente Regina antes de asentir y marcharse, dejando a una Emma aún bastante febril.

«¿Todo bien, señorita?»

Emma casi se había olvidado del asistente, que había ido a socorrerla amablemente.

«Hm, sí, lo siento…»

«No hay problema. Debería quizás hacer una pausa, ¿no?»

«Probablemente…» sonrió Emma, mientras se marchaba del gimnasio. Y al girar en una esquina, se detuvo al ver a su comandante conversando con un hombre, al que reconoció como el profesor de deporte que daba clases en la sala que ella acababa de dejar. Frunció el ceño cuando vio a este último llevar una mano hacia el pelo de Regina, y recolocarle un mechón que se le había salido de la cola de caballo. Y aunque Regina no lo rechazó, no pareció apreciar el gesto. Emma se contuvo de ir hacia él y romperle la mano, pero se acordó inmediatamente del lugar en el que estaba y de quién era Regina. Se abstuvo, prefiriendo espiar la interacción que encontraba bastante rica en información: parecía que ella había tenido razón sobre la comandante: esta última era tan hetero como ella era lesbiana.

Y cuando Regina dio una palmadita en el hombro de Robin, Emma desvió la mirada: ¿por qué le apenaba tanto ver eso? Ni siquiera conocía a Regina…

Y algo contrariada se dirigió a su camarote, con una sola idea en la cabeza: asistir, costara lo que costara, a la cena de esa noche.


Jamás había tenido tantos problemas para peinarse sola: en comisaría, a menudo enarbolaba peinados muy simples como colas de caballo o trenzas, pero ahora, necesitaba algo más sofisticado, algo a lo que visiblemente no estaba acostumbrada.

Intentó pequeñas trenzas aquí y allá, pero no le gustaban. Entonces intentó un moño, pero este se inclinaba más que la Torre de Pisa. Finalmente, tras una lucha encarnizada, optó por dejar sus cabellos hacia un lado, mantenidos por algunas discretas trabas.

Tras haberse puesto el hermoso vestido azul marino que había comprado esa misma mañana, se maquilló ligeramente antes de salir. En ese momento tuvo el tiempo justo de ver entrar en su camarote a una Ruby riendo a carcajadas, arrastrando tras ella a Lan, también igual de locuaz. Emma comprendió que las dos mujeres pasarían ciertamente una buena noche.

Por su parte, esperaba que su cena en la mesa de la comandante no acabara pronto.


Cuando llegó, Regina aún no estaba ahí. Elsa estaba presente, y la acompañó a la gran mesa donde ya estaban sentados algunos invitados.

«Su sitio es este»

«¿Y el de la comandante?»

«Justo aquí, a la cabecera de la mesa»

Emma notó que estaba a dos sillas de ella, cosa que le convenía perfectamente: ni demasiado cerca, ni demasiado lejos. Y al cabo de unos diez minutos, llegó el resto de invitados, después finalmente la comandante, en su hermoso uniforme, aunque Emma aún no lograba sacarse de su cabeza la visión que había tenido de ella unas horas antes.

«Mis queridos pasajeros…Buen provecho» dijo Regina, mientras se sentaba, seguida de los invitados.

Entonces llegaron los entrantes y Regina entabló la conversación con cada uno de ellos sobre la marcha del crucero, si estaban satisfechos o no, si habían visto otras partes del barco. Emma notaba que Regina de verdad quería que sus pasajeros se sintieran bien y apreciaran el crucero. Era admirable y totalmente palpable que Regina se daba 100% por su barco.

«Y usted…lo siento, no conozco su nombre…»

Emma salió de sus pensamientos al comprender que se estaba dirigiendo a ella, y los otros invitados de la mesa la estaban mirando. Carraspeó.

«Hm…Emma, Emma Swan. ¿Qué decía?»

«Decía…¿Está usted satisfecha con el crucero por el momento, Miss Swan?»

«Oh…Digamos que solo hace dos días, pero de momento…todo va bien»

«Bien. ¿Se ha recuperado de su caída?»

Emma sonrió antes de ponerse tensa: ¿hablaba de su caída en la cinta o de la caída la noche pasada en la cubierta? Estaba segura ahora de que la había visto, sí, solo podía ser ella…

«Yo…estoy mejor, sí»

«¿Está contenta por haber venido?»

«Para alguien que no tenía ninguna intención de venir, sí, bastante» Y ante la expresión perdida de Regina, ella se explicó «fueron mis amigos quienes me pagaron un billete para un crucero cuyos fines yo desconocía»

«Entonces, si no me equivoco, ¿está aquí en contra de su voluntad?»

Emma escuchó algunos murmullos de los pasajeros, algunos divertidos y otros contrariados,

«Sí y no. Me he adaptado rápido a ello. Hay muchas cosas interesantes que hacer y ver por aquí» dijo ella mirando intensamente a Regina que sostuvo su mirada con una ligera sonrisa.

«Cierto. Estoy contenta de que finalmente encuentre algo de interés en mi barco»

«Me preguntaba…¿cómo llega una a ser comandante de barco? Quiero decir, no es algo común en una mujer, es más, no debe haber muchas…»

«Oh, efectivamente, éramos pocas en la Escuela de Marina…Pero siempre he sabido que mi vida estaría en la mar»

«¿Cómo ha llegado a dirigir un barco dedicado a los soleros?»

«Los caminos de la vida, y también una constante. Encuentro que juntar a personas con un fin común en un lugar paradisiaco es interesante»

Emma entonces le sonrió, ella le respondió con una sonrisa igual de calurosa, y la cena entonces comenzó. Los pasajeros charlaban entre ellos, Emma no tenía ojos sino para su plato. A veces, dejaba que su mirada vagara hacia Regina que charlaba con algunos pasajeros que tenía al lado. Era tan distinguida, tan elegante, incluso con la comida en la boca, incluso en ropa de deporte.

Emma estaba subyugada por esa mujer tan diferente, quizás demasiado. Solo cuando la cena acabó y los pasajeros estaban a punto de dejar la mesa, Regina se levantó en primer lugar y les deseo unas buenas noches a sus pasajeros.

Sin pensarlo mucho, Emma saltó de su silla y alcanzó a la joven en el pasillo.

«¡Eh, comandante!»

Regina se giró

«Sí…Miss Swan»

Recordaba su nombre, ¿era una buena señal?

«Yo, euh…quería darle las gracias por esta cena, ha sido muy agradable»

«Gracias, es recíproco»

Emma llegó entonces a su altura, y de repente, se vio como una idiota sin saber qué más decir

«¿De…desearía pasear un poco, no sé…para hacer la digestión?»

Se esperaba un «no» rotundo de la comandante, pero en lugar de eso, la hermosa morena sonrió

«Con mucho gusto»

Así que juntas se dirigieron hacia la cubierta exterior, en un primer momento en silencio antes de que Emma entablara la conversación

«Entonces…¿cómo es vivir en un barco la mayoría del tiempo?»

«Es magnífico» sonrió Regina. Y Emma pudo ver entonces las estrellas brillar en sus ojos como jamás una pasión había invadido a alguien «Tengo la casa más grande que existe, y un terreno de juego inabarcable. Puedo conocer a centenares de personas diferentes a la semana. Viajo, respiro aire puro, soy feliz»

Emma entonces sonrió y se apoyó en la barandilla, imitando a la joven.

«Imagino que sí…»

«¿Y usted? ¿Cuál es su historia?»

«Oh…Mucho menos exultante que la suya: soy policía en Nueva York»

«Oh, efectivamente»

«Soy lo que se podría llamar el perfecto ejemplo de soltera empedernida: me gusta mi vida neoyorkina, la ciudad, sus ruidos, sus luces. Adoro quedarme en mi apartamento, en mi sofá, delante de la tele, en pijama, y una manta sobre las rodillas bebiendo un chocolate caliente, con Henry»

«¿Henry? ¿Su hijo?»

Emma rio

«¿Qué…? Oh, no, no, mi perro»

«Oh…» sonrió Regina «Lo siento»

«No pasa nada…Realmente no soy muy…de niños. Soy madrina de un pequeño, Neal, que me llena por completo, pero ahí se para. ¿Y usted? ¿No desea tener hijos y una estabilidad? Quiero decir…Ve todos los días a solteros que buscan aquí el amor»

A Regina no le gustaba hablar de ella, y mucho menos a una casi desconocida, y sobre todo, de ese tema. Pero no sabía por qué, pero Emma era ese tipo de persona ante la que se podía abrir. Entonces suspiró.

«No. He tenido relaciones más o menos serias, pero mi ritmo particular de vida siempre se ha superpuesto a estas»

«Oh, ya veo…»

«Pero no me quejo. Es un estilo de vida que yo he elegido y que me gusta tal como es. Pero puedo comprender la necesidad de algunos de querer encontrar una mitad con la que compartir la vida. Por eso esto me gusta»

«¿Y solo hace esto? Quiero decir, ¿este tipo de cruceros?»

«No, claro que no, solo es uno al mes, el resto de cruceros que organizo son, digamos, clásicos. Entonces…A pesar del hecho de que se haya visto obligada a venir, espero que no lo lamente demasiado»

«Al contrario…y además, no se tiene a menudo la ocasión de hacer un crucero, eh…en fin, aparte de usted» Regina sonrió de oreja a oreja y Emma, entonces, posando su espalda contra la barandilla, sus codos a cada lado dijo «Entonces, ¿qué hace una comandante en un barco como este durante todo el día?»

«Como ha podido usted ver esta tarde, me gusta hacer deporte. No es fácil en este barco ejercitarse de otro modo…»

«Sí, en fin, todo depende de lo que se entienda por «ejercitarse». Mi amiga Ruby, ella, ya se ejercita desde hace dos horas…y estoy segura que aún sigue en ello» rio Emma

Al comprender la alusión de Emma, Regina desvió la mirada, pero no pudo sino sonreír.

«Ya veo…»

«Bah, este crucero está hecho para eso, ¿no?»

«¿Y usted? ¿Cree que encontrará su felicidad aquí?»

«Hm, no estoy segura de que aquí encuentre mi tipo, infelizmente»

«¿Qué tipo?»

«Lésbico» respondió Emma con naturalidad

Jamás había tenido problemas con su sexualidad. Nunca había hecho alarde, pero tampoco lo había escondido.

«Oh…»

«¿La sorprende?» dijo encogiéndose de hombros la bella rubia

«Sería una mala reacción viniendo de mi parte» sonrió ella ante la mirada insistente de Emma

Esta última entonces se quedó quieta, comprendiendo la confesión velada, y disimuló muy mal su alegría al saber que la comandante era de su equipo.

«Interesante…»

«Deténgase. La política que se aplica para los miembros de mi plantilla se aplica a mí también»

«Es una pena» suspiró Emma «Quizás se está perdiendo usted algo»

«Quizás. Pero después pienso en mi ritmo de vida y me digo que sería incompatible con cualquier otra cosa»

«Es irónico: querer que los otros encuentren el amor, pero se prohíbe a sí misma encontrarlo. Como dice el refrán: En casa del herrero, cuchillo de palo…»

«Cierto, pero es mi elección»

«Quizás no haya encontrado la mujer que la haga abandonar esta vida, o que abandone la suya por usted…»

«¿Y usted? ¿Aceptaría dejarlo todo por alguien?»

Emma entonces se la quedó mirando a los ojos, después sonrió

«No, creo que no. Estoy demasiado enganchada a mi vida aburrida y solitaria»

«Lo ve»

Emma entonces suspiró y se estiró

«Comienza a hacer frío…»

«Debería entrar»

«Gracias por este paseo»

«Un placer»

«Dígame…Quizás mañana podamos encontrarnos en el gimnasio…»

Regina esbozó una sonrisa antes de recuperar una pose más solemne

«Miss Swan…»

«No, he comprendido, no tengo ninguna oportunidad con usted, de todas maneras no es usted mi tipo» ironizó ella «pero ya ve, mi amiga ha encontrado, creo, a su mitad, me encuentro sola…»

«Este crucero está hecho para que pueda conocer gente…»

«Pues bien ya la he conocido» sonrió «A usted»

Regina reviró los ojos

«Miss Swan…»

«Escuche, mientras me siga llamando así, mantendremos una ciertas distancia, y eso está bien. Así que, ¿mañana por la mañana en el gimnasio?»

Regina dudó unos segundos, pero las cosas estaban claras entre ellas, ¿no?

«Muy bien. ¿A las nueve?»

«Diez»

«Nueve y media»

«De acuerdo. Entonces hasta mañana»

«Buenas noches, Miss Swan» la bella rubia se giró varias veces, antes de desaparecer girando una esquina.

Regina se quedó un rato más acodada en esa barandilla, mirando las estrellas que se reflejaban en el agua calma y serena. Sonrió ante la frescura de Miss Swan, y a defecto de tener una amante, podría tener una amiga.

¿Qué peligro corría después de todo? En poco más de una semana, de todas maneras, ella se habrá ido.

Emma regresó a su camarote sin poder borrar una sonrisa tonta de su rostro. Se acostó con el corazón henchido ante un nuevo día que vendría cargado de imprevistos, al menos, eso pensaba.