Hola a todos,

Antes que nada les debo una disculpa por el echo de no actualizar pronto, sin embargo, aunque no es excusa, he tenido afortunadamente mucho trabajo, pero créanme cuando les digo que sigo con la historia en la cabeza, y pienso continuarla hasta el punto final.

También agradezco a los followers nuevos así como a los que se toman su tiempo para comentar mi historia, muchas gracias, cada comentario es una sonrisa de mi parte y motivo de inspiración para continuar.

Bueno pues no los entretengo más, así que comencemos con el capítulo 3.


CAPÍTULO 3


Cuando me di cuenta, mi puño había chocado directamente en la cara de mi amigo Tai. Como lo agarré distraído tropezó y cayó al suelo. Me miró entre enojado y divertido.

-Hola Izzy - me saludó sobándose la quijada mientras se ponía de pie - Si entendiera el porqué del golpe, ahorita tu estarías tirado en el piso.

-Discúlpame Tai, no sé que me pasó - dije avergonzado.

-Eso querido amigo se llaman celos. - recogió su celular del piso - deja termino de mandar el mensaje a Sora y ahorita me dices todo aquello que quieras decirme.

-¿So..sora?

Vaya que había cometido un grave error, y yo pensando que estaba escribiendo a Mimi. Esperé a que terminara de mandar su mensaje. No sabía como comenzar a disculparme.

-Ya le mandé el mensaje a Sora, pensaba reunirme con ella y con Matt. - dijo mi amigo guardando el celular en la bolsa de su chamarra.- bueno pues vayamos a mi casa, me imagino que ahí te sentirás más cómodo de hablar.

-Tai yo... - callé de repente.

-No es tan malo lo que hiciste.- dijo divertido - ¿Vamos?

Caminamos en silencio varias calles adelante, y llegamos a un pequeño edificio.

-Aquí es- anunció Tai y entró al edificio.

Su casa era pequeña pero bastante acogedora, me quedé de pie en la puerta mientras Tai dejaba en el pequeño armario su maleta.

-La última vez que estuvo aquí Kari, hizo unas adecuaciones a la casa - dijo Tai sacando un par de bebidas de su pequeño refrigerador- dice que hace falta un toque femenino.

-Eso es muy típico de Kari- dije sin moverme del recibidor.

-No pensarás quedarte en la puerta todo el tiempo ¿o si?- dijo Tai y se sentó en el sillón pegado a la ventana, yo me senté frente a él.

-Ahhh no hay nada como una bebida fría en verano- dijo más para él que para mi.

Callamos un momento, él contemplaba desde la ventana el cielo azul que comenzaba a teñirse de color rojizo.

-Hay ocasiones donde los celos son malos consejeros- dijo de pronto.

-Lo sé- respondí a mi defensa.

-Claro que no lo sabes, porque nunca habías sentido celos- dijo Tai mirándome.- Recuerda que Mimi también es mi amiga.

Volvimos a entrar en silencio.

-Yo no sé que me pasó, tenía pensado ir a su casa para intentar aclarar las cosas. Cuando te vi con ella, vi como sonreía y me enfurecí, ya que conmigo nunca se ha reído de esa forma.- dije bajando la cabeza.

-Claro que nunca ha reído contigo de esa forma, es lo más natural.- Tai me seguía observando- Ella se muestra así con todos menos contigo.

-Ya, no sigas- dije y me puse de pie- si esta es tu definición de conversación para hacerme sentir mejor, no lo estás consiguiendo.

-Escucha, claro que ella no se muestra igual contigo porque a ti te muestra una sonrisa que a nadie más ha mostrado, ella te mira de cierta forma como a nadie más ha mirado, ella te escucha como a nadie más ha escuchado. Y eso pasa porque tu eres, su persona más especial.

-¿Hablas enserio?- pregunté mirando nuevamente a mi amigo.

-Claro, las sonrisas que me muestra son las mismas que a Matt o a Joe, pero las que te muestra a ti, son especiales, todos nos hemos dado cuenta de ello.

Me senté en el sillón y miré por la ventana, el cielo ya se mostraba de un violeta claro. Estuve en silencio intentando visualizar la sonrisa de Mimi, la última que me había dado.

Aquella había sido cuando regresó de Estados Unidos, en mi laboratorio.

-¿Por qué la hice llorar?- pregunté repentinamente.

Tai guardó silencio.

-Lo único que quiero es hacerla sonreír.- eso era, esta era la clave de todo- hacerla sonreír.- Comencé a caminar a la salida- Quiero ver su sonrisa.

Cuando me dí cuenta me encontraba corriendo calle arriba.


Después de la plática que tuve con Tai, me di cuenta que había madurado bastante, y también me di cuenta que había sufrido mucho por la pérdida de Sora. Hablar con él me había ayudado a tratar de asimilar las cosas con Izzy. Es probable que ese día no me hubiera escuchado, y yo por mi parte no quise repetir esa confesión, ya que me daba mucha vergüenza.

Cuando entre a mi casa me di cuenta de que me hacían falta muchos arreglos. Comencé a levantar un poco, pero minutos después lo dejé. No andaba de animo para acomodar. Me tumbé en el sillón e intenté dormir. Poco a poco comencé a caer entre una gran ola provocada por la aurora boreal. Me sorprendí un instante pero pronto reconocí que me encontraba en el Digimundo. La nostalgia me abrazó, haciéndome recordar todas las aventuras vividas en aquel mundo. Comencé a caminar y me encontré en la cima de la montaña de la Isla File. Fue una imagen horrible, la isla estaba destruida, y no se veía vida digimon por ningún lado. Comencé a buscar a Palmon y a los demás pero me encontraba sola, entre más caminaba, más me convencía de que no había nadie. Cuando llegue al lago donde pasamos la noche en el tranvía encontré a un amigo.

-¡TENTOMON!

El volteo pero inmediatamente se puso en guardia.

-¿Quién eres? No te conozco.

-Tentomon, soy yo, Mimi.

-¿Mimi?- me observó más a detalle- ¿la Mimi de Izzy?

Asentí con fuerza.

El volvió a ponerse en guardia.

-No mientas, la Mimi de Izzy ya no vive. Eres una impostora.

-¿Qué impostora? Claro que no, Tentomon, recuerda yo era la acompañante de Palmon.

-Palmon ya no está, ella fue atacada por las fuerzas de las tinieblas.

No podía creer lo que me decía Tentomon, necesitaba saber que había pasado en el Digimundo.

-¿Dónde está Izzy?

-No te importa- respondió

-¡Claro que me importa! ¡¿DONDE ESTA?!

Me acerqué al digimón furiosa, pero antes de llegar a él comenzó a sonar una alarma muy fuerte. Tanto que taladraba mis oídos. Deseé que se detuviera, pero era cada vez más y más intenso. Me tiré al piso. Y cuando abrí los ojos me encontraba en el sofá recostada. Miré alrededor pero todo estaba oscuro.

Me sobresalté de nuevo.

El timbre sonó. Alguien estaba afuera.

Abrí la puerta y me encontré con un chico pelirrojo.

Me devolvió la mirada con sorpresa. Probablemente pensó que no abriría la puerta.

-Ho...hola.- saludó

Era algo increíble tenerlo en mi puerta. Era la última persona que pensé en ver en ese momento. Como no respondí el saludo, prosiguió a hablar.

-Po...por un momento pe...pensé que no había nadie. - bajo la mirada.

Seguí sin responder, solo lo observaba.

Se veía bastante cansado, de hecho caían unas gotitas de sudor por su rostro y su cuello. Su pecho estaba agitado, pero seguía sin mirarme.

-¿Qué haces aquí?- pregunté al muchacho.

Alzó la mirada e intento mostrarme una sonrisa, pero se contuvo.

-Creo que necesitamos hablar.

-Yo no creo eso- dije algo brusca.

Volvió a callar.

-Tengo muchas cosas que hacer, adiós.

Intenté cerrar la puerta, pero él lo impidió. A pesar de tener una complexión tan débil, tenía bastante fuerza en los brazos.

-Por favor. - suplicó.

-Pasa- abrí más la puerta para dejarlo pasar.

Entró y se quedó observando las cajas y maletas amontonadas en varias partes de la casa.

-Aún me estoy instalando- dije casi sin importancia.

Él permaneció en silencio.

-Necesito sacar unas cosas del equipaje de la recamara, puedes sentarte si gustas. - me sentía extraña, parecíamos dos desconocidos.

En lo que buscaba la tetera y las tazas que mamá me empacó antes de viajar, Izzy no dijo palabra alguna.

Cuando salí de la habitación me sorprendí mucho ya que Izzy estaba acomodando las cajas en la sala, de cierta forma para que no estorbaran el paso. Él no notó que yo lo observaba, pero así fue, parecía cargar las cajas con mucha facilidad. Cuando iba a mover la última caja, supuse que se había percatado de lo que tenía escrito en la tapa. "Computadora".

-Esa es mi computadora de escritorio- dije en voz alta y el chico se sobresaltó. -No quise dejarla en Estados Unidos, por lo que la empaqué para traerla conmigo. Solo que no sé como armarla- entré a la cocina y comencé a hervir el agua- nunca se me ha dado eso de las computadoras.

Izzy miró la caja y luego a mí.

-Yo puedo ayudarte con eso.

-No gracias- dije- mañana viene mi técnico, les hablé para que vinieran.

-¿Y confías más en un técnico que en...mi?/

Claro que no, cómo podía pensar eso.

Como no respondí, caminó hacia la puerta.

-Gracias por el Té. Nos vemos.

El chico salió al pasillo, pero yo fui incapaz de seguirlo. Me acerqué a la caja y distraídamente la acaricié. Había sido una tonta y había perdido una valiosa oportunidad de reconciliarme con mi mejor amigo.

Un par de lágrimas cayeron a la caja mojando el letrero que semanas atrás escribí para Izzy.