Otro capitulo escrito a mano y luego al pc, no muy largo, es lo que me alcanza en los recesos o en la hora de almuerzo en mi colegio, espero que les guste este capitulo que no tiene mucha relevancia, pero tenía que pasar para el siguiente capitulo que tendrá "USxShota!UK" más desarrollado.


Alfred F. Jones era ese abogado, ese chico confiado de la linda sonrisa y la carismática actitud que estaba entre la espada y la pared, estaba acorralado, él, el pobre sujeto, el que nunca quiso aquello, pero allí estaba, volteando por la voz del pequeño de nuevo dirigiéndose a él.

-Oye- repitió.

-¿M-Me hablas a mí?- sonrió con verdadero esfuerzo, sería más fácil reírse de una muerte o un aborto en aquellos momentos.

-¿A quién más?- susurró -Sólo somos tú y yo en esta casa…

El americano se sonrojó un poco escuchando eso "sólo somos tú y yo", sólo él y ese chico, se mordió los labios tratando de que su ritmo cardiaco se tranquilizara, que sus ojos no miraran de aquella manera su cuerpo, que su ser no sintiera que estaba volando cada vez que pasaba su mirada por esos grandes y hermosos ojos, sensuales y adictivos, que no sintiera que ese chico le robaba el aire cada vez que hablaba, todo eso producía ese adolescente y mucho más.

-B-Bueno, supongo que eso es cierto…

-Señor…¿Usted tiene un problema?-susurró sin expresión yendo hasta él.

El norteamericano no quería que se acercara, no quería verlo más, no deseaba amarlo más de lo que ya lo hacía, no deseaba perder la cordura al tener ese loco sentimiento de enamoramiento por eso adolescente, pero éste rompiendo todas sus barreras se acercaba.

-¿Hola? ¿Estás allí, eres un idiota o qué?- susurró algo enojado, su voz siempre sonaba molesta. Nunca dulce, era algo extraño e innovador para el adulto allí.

-No pasa nada Artie- reía nervioso -Nada…-se sonrojó al ver la ropa del chico.

-No me llames "Artie" idiota, mi nombre es Arthur Kirkland, ninguna letra más ni menos- susurró prepotente para su edad sorprendiendo a Alfred.

Tan misterioso, tan único, le gustaba mucho, se sonrojó con suavidad al volver a ver su ropa, su cuerpo, desordenado, tenía pantalones algo ajustados y rasgados dejando que parte de la piel de sus muslos y de las pantorrillas estuviera a la vista, sus pantalones no subían más de su pequeña y sensual cadera. Su polera en eso era blanca con un osado diseño manchado de rojo y negro, su cabello desordenado, rubio, mientras su cuerpo estaba plagado de pulseras con mensajes fuertes, estaba seguro Alfred que su amada Dalia le había dicho que era un niño "callado y estudioso" hace cinco meses atrás, quizá algo pasó.

-¿Seguro?- entrecerró los ojos con sospecha, sin creer en la palabra de ese adulto.

Y así, con suma suavidad se puso de puntillas delante del americano y toca las mejillas de Alfred -Está rojo señor ¿Qué sucede? Mi madre me dijo que tenía que cuidar de usted…está tan caliente…

El americano no reaccionó ante la última palabra prenunciaba por esos pequeño y rojizos labios, sentía el calido roce de la pequeña y delicada mano sobre sus mejillas, su mente no respondía, quería tomarlo por la cadera y acercarlo a su cuerpo, devorar su pequeña y húmeda boca profanándola con su lengua, con ternura, sumergirlo a un mundo adulto, deseaba a ese niño, estaba perdidamente enamorado de él.

Erróneamente enamorado.

DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA, DALIA.

Repitió en su mente infinidad de veces para conseguir sonreír, acarició con sutileza la cabeza del menor, conteniéndose.

-Estoy bien Arthur- rió -Sólo que tengo que ir por unas cosas más tarde…

-Mmmm- susurró inseguro apartando con algo de molestia las manos del abogado de su cabeza, no le gustaba que lo trataran como un crío.

-¿Está bien?

-Supongo- susurró desviando sus pupillas y dando media vuelta a su respectiva habitación, como si nada.

Jones mantuvo la sonrisa hasta que la puerta de la habitación se cerró, dio un jadeo fuerte expulsando mucho aire en el proceso, aquello era una tortura, una diabólica y muy homosexual tortura, ese pequeño y acotado encuentro con el muchacho habían alborotado todas sus hormonas, su corazón saltando y saltando entre su pecho y su temperatura subida precipitadamente, se sentía atado, amarrado a ese chico.

Fue a la cocina y vio una nota allí, una nota de su "amor".

Dalia:

Alfi, gracias por aceptar cuidar a Artie de antemano, y segunda, hay diferentes tipos de comida en el refrigerador a tu gusto para hacerle una que otra comida a Arthur, el odia la comida instantánea o rápida que te suele gustar, así que ni pienses en comprar eso y dárselo, cocínale, lo valorará, quizá hasta quiera ayudarte.

Por cierto, hoy Arthur saldrá con unos amigos, aconséjale lo esencial, que no se meta en problemas y déjalo.

Pd: Arthur tiene algo extraño en la noche, luego lo descubrirás. Deja que lo haga, es un niño aún muy a su pesar, necesita cariño, dáselo si hace falta, es tu responsabilidad ahora Alfi, thank you ^-^

El inglés casi de manera profesita cumplió lo dicho en la nota, salía con sus amigos, Alfred le dijo lo típico, que se cuidara y no se metiera en cosas malas, con la vista gacha, así dejaba de vibrar su corazón por verlo, así dejaba de quererlo y desearlo cada vez más, así dejaba su extraño pecado de lado, pensaba en Dalia, en su amada y adorada Dalia, ella era su gran amor, ella era su princesa.

Arthur era… era su error.

Alfred fue hasta su casa por un par de cosas y su piyama, aún estaba nervioso, hablaba incluso a veces solo mientras la gente se preguntaba "¿Qué pinta este loco?", se fue pensando un montón de cosas locas, en como un adolescente le atraía y más encima hombre si a él le gustaba Dalia, una mujer madura, también pensaba en como lo tentaba a pecar de esa forma. Llegó para almorzar en la casa Kirkland, todo común.

Su día de allí para adelante sólo fue rutina y recorrió todo, pero se detuvo en una pieza, para su sorpresa otra vez, no era la de Dalia, era la de Arthur.

El olor de ese niño llenaba la pieza, Alfred se sonrojó y se sintió bien, como drogado y anestesiado a la vez, entreabriendo los labios imaginándose a él sometiendo a ese niño en aquella ajustada cama, en poder besarlo y sacarle pequeños gemiditos, quería oírlo, sus mejillas volvieron a prenderse. Estaba muy enamorado, pero jamás dejaría que su lujuria le ganara, jamás, no caería a su hermoso rostro, no se dejaría vencer ante su sensual mirada, no desearía tocarlo como nunca antes lo había hecho alguien.

La noche llegó, Alfred se preocupó porque no llegaba el menor, había estado adelantando un poco de su trabajo para el lunes, algo que verdaderamente distraía la desocupada mente del mayor era el trabajo, entre más mejor en aquellos momentos pero algo lo interrumpió, era una voz gritando afuera mientras tocaba el timbre, era Arthur, pero sonaba extraño, diferente, le abrió enseguida ambas puertas para tenerlo enfrente suyo.

-Al-Alfred…-llegaba a las doce de la noche con una voz extraña.

El americano se echa para atrás, con miedo, con miedo a lo que podía hacer, porque allí estaba el adolescente, borracho, con las mejillas coloradas y una cara sumamente indefensa, Alfred retrocedía, pero a cada paso el menor se acercaba mientras su rumbo tambaleaba, calló sobre él, entre sus brazos, Alfred pudo sentir su olor a alcohol pero más que nada, pudo sentirlo a él, a su caliente cuerpo y a su dificultosa respiración, si el día del estadounidense fue un caos, la noche sería mucho peor…


Gracias a todas las que me apoyaron, trataré de no dejarme influenciar por lo que me digan los demás, después de este capitulo el tono sube un poquito, si tienen algún inconveniente con eso díganmelo, por favor… para no molestar a alguien.

Bye bye, tengan un buen día lleno de yaoi! *^*