Capitulo 2

Por primera vez

Cuando era niña –como todo pequeño– Emma soñó con volar. Pensó que seria genial.

Era mucho más que genial.

Sentía el aire acariciarla, hacia frío y no le importaba. ¡Estaba volando! Estaba flotando, y todo tenía una nueva perspectiva. Podría jurar que el mundo se veía más bonito desde el cielo. Era impresionante, hermoso y completamente único. Y a pesar de estar agarrada -y que sería muy peligroso que la soltaran- Emma sintió libertad de una manera completamente distinta.

Miro a los chicos, sintiendo que los comprendía mejor. Nadie que pudiera hacer aquello estaría muy feliz con los pies en la tierra.

Más pronto de lo que a Emma le hubiera gustado, llegaron a su destino. Pero caminando por las calles que tanto conocía, la decepción fue remplazada por un fuerte sentimiento de familiaridad. Estaba en su hogar, y no hay nada como el hogar.

Espero poder crearles uno.

Llegaron a un edificio con un gran cartel que decía "ORFANATO". Emma le echo un vistazo a los chicos, pero ninguno parecía preocupado. Como pensó, analfabetas.

Entraron y se dirigieron a la recepción, donde una señora con lentes los miró detrás de un computador como si la estuvieran interrumpiendo, aun que no parecía estar haciendo nada.

—Disculpe, encontré a estos niños y me gustaría adoptarlos– dijo Emma educadamente. Tenía que mostrarse como un adulto responsable capaz de cuidar niños. Mientras, los Rowdry la miraban sorprendidos. ¿Ella los iba a adoptar?

—Niños, necesito sus huellas— dijo la recepcionista. Emma, al verlos completamente confundidos, le dijo a Butch "—Pon tu mano así—" mostrando su índice levantado. Cuando la imitó, ella tomó su mano y la puso correctamente en el lector de huellas.

No me tiene miedo.

La recepcionista frunció el ceño al ver la pantalla, y le pidió a Butch que lo hiciera otra vez. Repitió el proceso con todos los chicos.

—Señorita, estos no niños están en el sistema— dijo con un tono neutro para los chicos, acusatorio para Emma. Instinto femenino.

—Los encontré en la calle, completamente solos— explicó. —¿Podría ser usted tan amable, ingresarlos al sistema y dejar que yo los adopte?— insistió.

—No es tan fácil, eso tomará meses— respondió con cansancio.

Pues yo no los dejaré mese alejados de mi.

Por suerte conozco a la gente adecuada.

—Espere un segundo por favor— dijo Emma mientras sacaba su celular y buscaba entre los contactos. —¡Qué tal, tanto tiempo! ¿Cómo has estado Will? Sí, yo genial, no adivinarías lo que me sucedió más temprano. Sé que es repentino, pero, ¿podrías hacerme un favor?...

Quince minutos después, Emma y los Rowdry salían del orfanato con los papeles que certificaban a Butch, Brick y Boomer como hijos de Emma.

—¿Cómo hiciste eso?— dijo Butch. —¡Fue genial!— agregó.

—¿Vieron la cara que puso esa anciana?— preguntó Boomer, abriendo mucho los ojos y separando mucho las cejas, imitando bastante bien a la recepcionista cuando recibió una llamada del alcalde autorizándola para dar aquellos permisos.

—¿Qué puedo decir? Tener contactos tiene sus ventajas— respondió Emma con una sonrisa.

Brick se mantuvo en silencio. ¿Adoptados? No quería hacerse ilusiones tan pronto.

En ese ambiente tan agradable, se escuchó un gruñido. El estomago de Emma. Los chicos rieron a carcajadas, pero lejos de avergonzarse, ella rió con ellos.

—Me muero de hambre. Conozco un buen lugar para comer, ¿Quieren ir?— propuso alegremente.

—¡Vamos!— respondieron los Rowdry (incluso Brick) muy animados.

Nunca se preguntaron porqué (teniendo la actitud que tenían) les era tan fácil obedecer a Emma, cuando aún no la conocían mucho. La respuesta era muy sencilla. Lo primero que hizo ella al verlos fue rescatarlos (salvarlos) de la calle. Lavó la sucia gorra de Brick. Luego, les trajo comida, les preguntó por sus nombres. Nunca se mostró asustada o intimidada por sus poderes, solo sorprendida. Nada de órdenes, nada de "¡destruyan! ¡destruyan!". Por primera vez en toda su vida, no los trataron como armas, ni como monstruos. Simplemente como niños.

Como sus niños.

Eso les hacia sentir seguros y curiosamente obedientes. Aun que no de manera consciente. Ellos creían que se estaban comportando como siempre, que seguían siendo los rudos Rowdry de siempre.

(Algo que, con el tiempo, cambiaría. Oh, si que cambiaría).

En pocos minutos, Emma y los chicos llegaron a un local con el cartel de "¡Todo lo que puedas comer!" escrito en la puerta. Los niños se veían muy emocionados, pero esta vez tampoco era el cartel. Les llegaba intensamente el olor a comida. El lugar era un auto-servicio, por lo que solo había que pagar a la entrada y la comida estaba al alcance de la clientela.

Cuando finalmente pagaron la entrada (puede que incluso unos segundos antes) los Rowdry se dispusieron a comer. Empezaron a devorar. La gente comenzó a observarlos, haciendo muecas de sorpresa, asco o ambos mezclados, ya que, los chicos comían con las manos, y aun que masticaban debidamente, lo hacían a una velocidad tal, que parecía que solo tragaban. Algo bastante desagradable.

Como ya los había visto comer, Emma no estaba tan sorprendida como el resto de la gente presente. Los murmullos no tardaron en aparecer, y no se le pasaron por alto. Ella había aprendido a ignorar los susurros, pero esta vez eran fundados. Los Rowdry tenía una clara falta de educación al comer. Y supongo que también en todo lo demás. Pensó Emma, al ver todo lo que venía por delante, todo lo que tendría que enseñar...

Bueno, de algo se parte.

Con paso decidido, fue hasta ellos, se agachó, y dio leves toques al hombro de Brick. Este la ignoró, pero Emma no desistió y nuevamente lo tocó de forma leve.

—¡Qué!— replicó, o quiso replicar, pues al estar con la boca llena no se le entendió nada. Aun que tampoco fue muy necesario, su expresión era suficiente para saber que no quería ser interrumpido.

Pero Emma no iba a dejarse intimidar por eso. Con un gesto, le indicó que mirara a su alrededor. Mientras pensaba "mientras antes vuelva a comer, mejor" de dio un vistazo al local.

Casi todos los estaban mirando, y no de manera agradable. Estaba acostumbrado a que la gente lo mirara con odio, miedo, pero aquello era diferente. Estas miradas transmitían otra cosa. Su reacción también fue distinta. En vez de querer golpearlos, sintió deseos de esconderse, de hacerse pequeñito y desaparecer.

Al sentir que su hermano mayor se había detenido, Boomer y Butch lo imitaron poco después. Las mismas emociones los alcanzaron, y los hermanos sentían como se les subían los colores a la cara mientras se revolvían incómodos.

Todos habían dejado su duro, desafiante y frío semblante. Parecían niños comunes, avergonzados por algo común.

La lección estaba aprendida (o casi), por lo que Emma tomó un montón de servilletas y se dispuso a limpiarles la cara. Fue un alivio, ya que, al agacharse el cuerpo de ella impedía que los vieran directamente, aun que todavía se escuchaban los murmullos.

Cuando ya estuvieron con las caras limpias (pero aún sonrojadas), Emma los guió. Primero, les mostró como se utilizaban las bandejas y como se sacaba la comida. Los chicos la siguieron. Les explicó cómo funcionaba todo.

En general, fue bastante sencillo. Hasta que se sentaron para comer. Para comer con cubiertos.

Emma tomó los cubiertos y comenzó a cortar su carne. Lo hizo con lentitud, para que ellos pudieran observarla bien. Brick no tardo mucho en aprender, no así sus hermanos. Boomer tenía los cubiertos sujetados al revés, y parecía que Butch estaba a punto de romper el plato (y la mesa). Ella los corrigió a Boomer (se sujetan así) y tranquilizó un poco a Butch (tienes que dejar que el cuchillo haga el trabajo).

Cuando lograron cortar de una manera aceptable (tosca, algo rígida, pero funcional) la comida ya se había enfriado. Sus estándares de calidad no eran muy altos, por lo que no tuvieron problemas con ello. Además, al poder repetirse, solo se enfrió el primer plato.

Comieron hasta quedar satisfechos, lo que significó mucho. Carnes, pastas, puré, pescados, incluso verduras, no dejaron nada sin probar. Toda su vida habían comido a base de pizza, hamburguesas, papas fritas, solo comida chatarra. Por eso no sabían usar cubiertos, hasta ese momento solo habían comido con las manos. Tampoco conocían los otros sabores que existían, y vaya que disfrutaron descubriendolos.

El sol aún estaba en lo alto cuando salieron, todavía quedaba mucho tiempo para el atardecer. Y a Emma se le habían acabado las ideas. ¿Qué les gusta hacer a los niños ahora? Ella no tenía mucha experiencia con niños, podía darles comida, cobijo, cariño, concejos (las 4C's que a partir de ese momento jamás olvidaría), pero ¿entretenerlos? A ella lo que más le divertía era... trabajar.

Ah, pero la salvación llegó cuando su celular vio quien la estaba llamando. Abigail (mejor conocida como Aby), la mejor amiga de Emma. Ella sabría que hacer, Aby siempre estaba actualizada si en gustos infantiles se refería.

Estaba a punto de saludarla y preguntarle, cuando escucho el tono de Aby. No no no y no. ¿Por qué ese tono?

—¿Estas muy ocu-?— Emma no la dejó terminar.

—Llegó en dos minutos— dijo, como si estuviera diciendo un hecho científico.

Esa vez volar no fue genial. Estaba preocupada, no podía sacar ese sonido de su cabeza. Un sollozo. Aby estaba llorando, sufriendo, y Emma tenía que estar ahí para ella.