† UN NUEVO HORIZONTE

por

Tary Nagisa

Fandom: Yu-Gi-Oh!

Personajes/Pairing: Seto Kaiba, Yami; Prideshipping.

Género: General, Friendship, Angustia.

Rating: T

Advertencias: Post serie, AU., Shonen Ai.

Resumen: Kaiba descubre que el Faraón no cruzó la puerta del más allá, que vive en su época con un cuerpo propio y que nadie que le hubiese conocido tendría que saberlo. Todo iba bien, hasta que el CEO le reconoció.

Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Pertenece al talentoso, Kazuki Takahashi, al cual le agradezco infinitamente por traer a mi mundo tan bella y shipeable obra de arte.

07/07/10

Capitulo 3- Noche tormentosa.

Un mes había pasado desde que Yami se había integrado y formado parte de la nomina de la Kaiba Corp. Y en ese tiempo, el joven egipcio se había adaptado perfectamente al trabajo que Seto le había asignado.

En ese momento... una gota de sudor cayó de su sien al ver como la Serpiente Oceánica, con 2,100 puntos de ataque,acababa con su Ryu-Kishin, cayendo sus puntos de vida a 950 al estar en ataque.

- Mi turno. –dijo después de recuperarse del ataque enemigo, sacando su siguiente carta.

El duelo en sí, estaba más que reñido.

El jugador contrario, B, le había atacado con su monstruo de fusión, y en el campo, a él sólo le quedaba el Guardián Celta en modo de ataque. B aún tenía 1,200 puntos de vida y ningún otro monstruo para defenderse. Si Yami lograba acabar con su serpiente marina, podría terminar el duelo en dos turnos más.

- ¡Bien! En ese caso... –se centró en su estrategia.- Sacrifico a mi Guardián Celta, y a mi Soldado de los Elementos para convocar al... ¡Cazador de Espadas!

Dicho monstruo apareció en el campo de batalla con un semblante imponente y 2,450 puntos de ataque, sosteniendo en cada mano una espada afilada, listas las dos, para usar en cualquier momento.

- ¡Cazador! –su voz fue grave, alzando su brazo para ordenar.- ¡Ataque de doble filo!

El guerrero de Espadas se lanzó contra el monstruo enemigo, cortando su enorme cuerpo en varias secciones hasta que éste desapareció. Los puntos de B cayeron a 840, quedando su lado del campo totalmente vacío cuando el turno de Yami terminó.

Ahora era el turno de ella.

- Coloco un monstruo boca abajo. –se escuchó su voz, apareciendo una segunda carta en el campo de duelos.- Y otra... bocabajo.

Con eso, su turno terminó.

Una pequeña sonrisa se apoderó de los labios del Rey de los Juegos, pues ése duelo ya era suyo. No vacilaría, y reclamaría de una vez por todas su victoria. Aquella carta bocabajo, mágica o de trampa, no lo detendría.

- Lo siento, B. –una sonrisa, curvando de nuevo sus labios.- No es nada personal. ¡Cazador de espadas... ataca a su monstro bocabajo!

Ordenó, y el cazado así lo hizo. Acabó con su criatura que no era otra más que el Alcanzador de garras, un monstruo con 800 puntos de defensa.

- ¡Cazador! –llamó una vez más, mirando que ya nada se interponía en su victoria.- ¡Ataca directo a sus puntos de vida!

Y a pesar del ataque declarado, Yami esperaba expectante por si B detenía su ataque o alguna carta se activaba, pero nada. Su única carta quedó en el campo, bocabajo y sin activarse, mientras sus puntos de vida caían sin más a cero.

En las pantallas de las computadoras apareció la palabra "Win", seguida del nombre del oji violeta, al ser el ganador del duelo.

- ¡Excelente! Eso será todo por hoy. –dijo Yami al quitarse los lentes y el equipo de cableado que utilizaba para las pruebas de simulación en la plataforma de combates, comenzando ésta a descender hasta el nivel del suelo.

Y cuando llegó ahí, dio un paso fuera, quitándose la chaqueta de látex de color azul marino que debía utilizar siempre para ese tipo de duelos, del mismo material y color que el pantalón que llevaba; los accesorios por supuesto, hacían juego con esas ropas.

- Gracias a todos.

Agradeció a todo el mundo su esfuerzo y trabajo del día, viendo como los miembros de la sección de desarrollo técnico se alejaban de sus sillas, suspirando y estirándose al escuchar sus palabras. Por suerte, la jornada del día ya había terminado y podían ir a descansar.

- Gracias a ti también, B.

Se giró hacia la computadora central, viendo como unas ondas sonoras subían y bajaban según su intensidad de voz.

- Fue un placer, lo sabes. Aunque mañana... acabaré contigo. –le advirtió. Cambiando por completo su tono antes de agregar.- Que tengas dulces sueños, Yami.

- Gracias.

Justo cuando el Faraón dio un paso para salir de aquella sala, fue abordado por uno de los asistentes del área.

- Joven, Yami... –le habló, poniéndole éste atención.- El joven Kaiba quiere que revise estos documentos. Dice que son los nuevos avances del proyecto.

El aludido tomó la pila de carpetas que llevaba, dándole un rápido vistazo. En efecto, era el Proyecto 5.4.

- Muchas gracias. –contestó antes de que el joven se retirara, llevándolas hacia su casillero donde iba a cambiarse y terminar de guardar sus cosas para volver a casa.

Al menos Kaiba, ya no insistía ni lo esperaba para llevarlo hasta su departamento. Bien, así ya no habría más rumores sobre ellos o por qué "supuestamente", fue que ingresó a laborar en esa área.

Sin más por hacer, terminó de guardar sus cosas, acomodándose la chaqueta azul que llevaba y tomando el portafolio de la banca.

Al salir de aquella infraestructura tuvo que girarse, observando cómo es que había pasado de servir y limpiar mesas a trabajar junto a un montón de científicos, investigadores y expertos en tecnología de punta, ayudándolos ahora a desarrollar el proyecto en el que Seto había trabajado los últimos meses de su vida: la construcción de un nuevo Parque Kaiba, tan diferente y majestuoso al mismo tiempo, del que había en Domino.

La bocina del autobús que se detuvo más adelante le avisó de su llegada, sacando al joven de sus pensamiento y apurando el paso para subir al transporte. El último autobús de la noche y el que le dejaba más cerca de su casa. Sólo un par de cuadras, y podría estar en su dulce hogar.

En el trayecto, Yami no podía dejar de pensaba en los últimos cambios que se habían suscitado durante el último mes en su vida, dándose cuenta que el origen de estos se debía en mu mayoría a cierto CEO, que por cierto, tenía algunos días sin ver.

Y es que desde que le había dicho a Kaiba que él solo podía ir y venir de las instalaciones de investigación, y que no era necesario que fuera por él a su casa o lo esperara a la salida para llevarlo de regreso, el oji azul parecía que se lo había tomado a mal.

"Bien, cómo quieras. Pero luego no te estés quejando".

Había sido su mordaz respuesta, metiendo la velocidad y arrancando tan abruptamente que el otro se había quedado a mitad del estacionamiento tosiendo por el polvo que su lujoso auto levantó.

Después de eso, no habían vuelto a verse. Y no es que el egipcio lo extrañara o algo, sino más bien que la falta de su presencia le parecía algo... peculiar.

- Hn.

Un suspiró salió de sus labios, dándose cuenta de que ya habían pasado la parada donde debía de bajarse, así que rápidamente tomó sus cosas, presionando con algo de fuerza el timbre y viendo otra cuadra más pasar. En la próxima avenida, ahora sí que se bajó.

¡Genial! Lo que le faltaba. Caminar más cuadras de las que debía. Aunque... ¿qué más daba? Eso le pasaba por distraído.

Pero ni dos pasos había dado cuando unos tipos llamaron su atención. "Pandilleros", pensó, manteniendo su semblante serio e inmutable a pesar de ver que se estaban drogando.

"Sólo pasa de ellos. No les prestes atención".

Se aconsejó a sí mismo, siguiendo con su camino pesé al penetrante olor que no podía ignorarlo tan fácil.

- ¡Eh! ¿Qué hay amigo?

Uno de los tipos se le acercó al verle pasar por la acera, siguiéndole entonces los otros dos. Y entre los tres, se encargaron de rodearlo.

- ¿Cómo estás? –le preguntó otro de los individuos, sonriendo con descaro al posarse sus ojos en su Rompecabezas.- Bonito colgante, eh.

El otro par repararon en ello, brillando del mismo modo sus ojos al ver el objeto.

- ¿Qué llevas ahí... bonito? –el tercer sujeto tuvo que limpiarse la baba que se le había caído, haciendo reír al otro par.- ¿Nos dejas ver?

Él, dado un paso hacia adelante, y Yami, retrocediendo hasta que chocó contra el pecho del otro.

- Déjenme pasar.

Ordenó con voz seria y autoritaria, sin revelar temor o nerviosismo. No les daría esa ventaja.

- No hasta que nos des tu colgante y ese lindo portafolio, nene.

Por instinto, el faraón empuñó su mano sobre la manija del maletín y con la otra, agarró su Rompecabezas.

Por supuesto que no les iba a entregar ni una ni otra. Primero muerto, y miren que él sabía de lo que hablaba; no por nada había permanecido 5,000 años dentro del Rompecabezas del Milenio.

- ¡Oh, vamos! –avanzó el que parecía ser la cabecilla del grupo, sonriendo divertido por la situación.- De una u otra forma terminaremos quitándolos, tú decides de qué forma. Yo que tú... –dio otro paso hacia él, aumentando su sonrisa.- No arriesgaría mi lindo rostro y... este cuerpo.

Después del claro repaso que le hizo de la cabeza a los pies, y viceversa, de pasarse la lengua por sus labios partidos y resecos, todavía tuvo la desfachatez de posar una de sus mugrientas manos sobre la mejilla del espíritu milenario.

- ¡No me toques!

Repuso con desagrado el antiguo Rey de Egipto, alejando con un golpe aquella mano intrusa.

- Eres muy tonto. –apuntó entonces el tipo, entrecerrando con malicia sus ojos antes de dar otro paso más.

- No. Los tontos aquí son ustedes.

Su rompecabezas comenzó a brillar, apareciendo en su frente aquel ojo milenario.

- ¡Libera tu mente!

Ordenó al levantar su brazo, quedándose paralizado el tipo mientras aquella luz comenzaba a invadirlo.

- ¡Tú, bastardo! ¡Qué diablos estás...!

Uno de sus amigos trató de lanzársele encima, paralizando Yami con tan sólo su mirada.

- Espera tu turno, por favor.

Fue todo lo que dijo, centrando de nuevo su atención en el líder.

Y no fue hasta que eliminó toda la oscuridad que había en su alma que lo liberó de su control, cayendo éste directo al piso totalmente inconsciente. Su amigo, el que había sino paralizado con su mirada fue el siguiente, ante la vista de un tercero que no caía en cuenta de lo que el tricolor estaba haciendo.

- ¡Fenómeno! –le gritó, tomando un tubo oxidado antes de atacarle por la espalda.

- ¡Suél...tame!

La voz del antiguo gobernante egipcio fue articulada con dificultad, sintiendo como aquella presión en su garganta le impedía respirar. Su rostro comenzó a tornarse rojo, y también, poco a poco fue perdiendo el control mental sobre aquel segundo sujeto.

- ¡Muere, maldito!

Era todo lo que escuchaba de su atacante, presionando con más fuerza aquella vara o tubo contra su garganta.

Pero no fue hasta que aquél cuerpo inconsciente cayó inconsciente y el ojo en su frente desapareció, que la contraparte de Yugi supo que ya no iba a aguantar más. Su rostro comenzaba a tornarse morado e irónicamente, él seguía aferrándose con fuerza al portafolio.

"Eso es".

Cruzó por un segundo en su mente, tratando de reunir un poco de fuerzas. Las suficientes, para poder golpearle con el maletín y liberarse de su agarre.

- ¡Maldito!

El tipo comenzó a quejarse por el golpe que el otro había acertado, observando como el oji violeta ése respiraba agitadamente y de vez en cuando, tosía violentamente. Su mirada penetrante aún así no se apartaba ni un segundo de él, y si las miradas matasen, él sabía que ya estaría tres metros bajo tierra.

Pero no era el caso, por lo cual no se iba a rendir.

- ¡Ya verás cuando te...!

De nuevo aquella mirada afilada, el artículo ése brillando y... ¿un ojo dorado en su frente? ¿Quién diablos era ése tipo? ¿Y... qué pretendía al ponerse de pie?

- Libera... tu...

Todo le dio vueltas al mejor duelista del mundo, después, comenzó a tornarse todo oscuro. Sus ojos, contra su voluntad, comenzaron a cerrarse y lo último que pudo escuchar fue un: "¿Qué está pasando ahí? ¡Llamaré a la Policía!"

Luego, no supo más.

Minutos u horas después, no estaba seguro. Volvió por algunos segundos en sí, pronunciando unas palabras.

- Kai...ba.

Con una voz que no sonaba como la suya, en absoluto, pero que aun así, usaba para repetir aquél nombre de forma entrecortada.

No sabía dónde estaba. Tampoco, por qué había tantas luces brillante o sonidos distorsionados, pero lo que sí lograba percibir era que había muchas personas a su alrededor y otras tantas, gritaban sabrá Dios qué.

Vagas explicaciones por parte de aquellas personas le hicieron soltar aquel objeto, cerrándose sus ojos y escuchando de forma más clara las palabras que Kaiba le había dicho hacía un mes atrás. Del mismo modo, que los sucesos que lo habían llevado al departamento de Desarrollo Virtual en la Kaiba Corp.

Todo eso vino a su mente; sonidos e imágenes, palabras y oraciones, perdiéndose en esos recuerdos mientras caía en la inconsciencia. O puede, que sólo fuera un profundo sueño causado por tanto esfuerzo.

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- Trabaja para mí.

Eras las palabras exactas que Kaiba le había dicho aquella noche.

- ¿Di-disculpa?

- Ya me oíste. –explicó, colocando su portafolio en la mesita que los separa y sacando algunos papeles para mostrarle.- Mira esto.

El joven empresario le pasó una carpeta con el nombre en la pestaña de "Proyecto 5.4", mostrándole la primera hoja.

- Éste es el proyecto actual de la Kaiba Corp. La creación de un nuevo parque Kaiba, en esta ciudad.

Dicha hoja y la siguiente, tenían algunas imágenes de lo que sería el parque cuando estuviera terminado. Las siguientes, mostraran parte por parte la ubicación y estructuras de las atracciones, así, como una figura en 3D del modelo terminado.

- Esto es... –la voz del faraón fue un murmullo, que contenía su sorpresa y emoción inicial.- ¡Increíble!

- Y espera a que veas cuando esté terminado. –apuntó el otro, sintiéndose orgulloso de su proyecto.

- Sí, lo entiendo. –el egipcio se reclino en el sofá, observando fijamente al oji azul.- Pero no entiendo, Kaiba. ¿Qué quieres decir con...?

- Simple. –respondió.- El Duelo de monstruo abarca un 65% de la estructura del parque. Es decir... que para que todo esto funcione, necesito los mejores técnicos y científicos que desarrollen no sólo las bases y estrategias del Duelo de Monstruos, sino también, los niveles más avanzados que existen en él.

Después de una leve pausa, Seto continuó con su explicación.

- Tú sabes más que ellos... –se inclinó más en el sillón, queriendo hacerse entender.- Has estado ahí, infinidad de veces; tomando diferentes cartas, combinándolas, haciendo estrategias en un nivel superior en cada duelo que has tenido. Eso... sin mencionar con que aún posees tus conocimientos sobre los duelos que se llevaban en tu tiempo.

- Sí, pero...

Kaiba como muchas veces, le interrumpió y continuó.

- No te estoy pidiendo que lo hagas gratis. –se explicó, buscando algo dentro de su bolsillo.- ¿Te parece bien esta cantidad?

Su mano le tendió el cheque que ya llevaba preparado, ganándose de inmediato la mirada del que alguna vez había sido su único y autentico rival.

- ¿No es suficiente? –la duda encubierta por su voz y su ceja alzada al ver su expresión le hicieron sacar su chequera.- Está bien, dime cuantos ceros he de agregar.

- ¿Q-qué? No, no es eso... –explicó al alzar su mano para detenerle, saliendo del estado inicial de shock en el que había entrado al ver dicha cantidad con tantos ceros. Bi-bimestral, supongo.

- ¿Qué? –ahora fue el turno de Seto para confundirse y luego reírse.- Por supuesto que no. Quincenal.

- Es demasiado... –murmuró entonces el tricolor por lo bajo, creyendo que el otro no le había escuchado, hasta que contestó.

- También el trabajo.

Sin decir otra palabra por momento, el oji azul aprovechó para beber un poco de agua. A través de ésta, podía ver la mirada fija del faraón sobre él.

- Escucha, sino crees poder hacerlo... –inició de nuevo, tratando de fastidiarlo esta vez.- Esta bien, lo entiendo. Supongo que has de estar demasiado oxidado y para tus años... ha de ser un trabajo demasiado cansado y pesado. Quizá ya ni te acuerdes cómo se utiliza una carta de ritual.

- ¿Qué insinúas? –le reprochó inmediatamente el otro, arrugando el ceño de forma infantil.

- ¿Yo? Nada, faraón. Sólo que... –su mirada se volvió penetrante.- ¿Cómo piensas pagar los gastos de este mes?

- ¡Tú...!

La sorpresa y un leve sonrojo cubriendo su rostro por largos segundos. ¿Es que Kaiba había investigado su vida o... había espiado en un momento en el que él se descuidó?

- No me importa. –le aclaró sin importancia, encontrándose de nuevos sus miradas.- Pero algunas cosas como la llamada de tu casero, son demasiado... evidentes.

Un extraño silencio de instauró entre ambos, aprovechando el egipcio para pensar en todo lo que rondaba por su cabeza.

Sí, era cierto. Estaba corto de presupuesto y a duras penas y le ajustaba con lo que ganaba en el restaurante.

Kaiba por otra parte, le ofrecía trabajar para él y con un sueldo base que cuadruplicaba su salario en el restaurante, y eso, que sólo era por una quincena. Podría ser que ahí estuviera la solución a su problema económico pero... no estaba seguro.

Después de todo, era el gran Seto Kaiba del que se trataba, y no estaba muy seguro qué podría ganar el empresario con ello. Para él era un negocio, no una ayuda económica a los necesitados.

- Y exactamente... –su mirada encontrarse con la otra.- ¿Qué tendría que hacer, Kaiba?

- Lo que has hecho desde que eras Faraón... luchar en los Duelos de Monstruos. ¿Fácil, no crees? Aunque claro... –señaló.- Sólo que esta vez en lugar de obtener estrellas o cartas localizadoras para seguir en un torneo, esta vez obtendrás tu paga cada quincena por el trabajo que hagas. ¿Qué me dices, entonces?

- Sí es así... –meditó el otro otros segundos. Parecía que sí podría hacer eso que el empresario le pedía.- De acuerdo, acepto tu propuesta, entonces.

Ambos se pusieron de pie, cerrando el trato con un apretón de manos.

- Bien, mañana mismo firmas tu contrato. –dijo el oji azul, sintiendo como una pequeña descarga eléctrica recorría todo su cuerpo.

Yami también se dio cuenta de ello, pero ninguno comentó nada. El apretón de manos terminó, y ellos se soltaron sin más.

- ¿Significa eso que mañana mismo comienzo a... trabajar?

- ¿Qué esperabas? –respondió Seto, comenzando a guardar los papeles que le había mostrado al otro.- ¿Tener unas pequeñas vacaciones antes?

- No, pero...

- Será mejor que llames a ese restaurante y les digas que ya no iras.

- Lo sé. –protestó el tricolor levemente molesto, pues Kaiba ya le ordenaba, y eso, que aún no se presentaba en los dominios de su empresa.- Kaiba...

Le llamó de pronto, recordando un dato importante. El otro se giró para verle.

- ¿Hasta dónde se supone que tendré que ir y... tengo que llevar alguna ropa en particular?

- Por la ropa no te preocupes... –respondió, tomando su portafolio plateado y adoptando esa pose de empresario exitoso que le quedaba de maravilla.- Puedes ponerte cualquier cosa. Y sobre lo otro, mañana tú mismo lo verás. Pasaré por ti a las 7:30, ¿de acuerdo? Y más te vale que estés listo cuando venga.

- B-bien. –refunfuñó Yami, acompañándolo hasta la puerta.

- Faraón... –agregó el CEO con voz seria, deteniéndose antes de bajar las escaleras.- No... te vayas a quedar dormido.

Con una sonrisa arrogante, que no hizo sino más que enojar al otro. Al menos, por algunos segundos.

- Eso debería de decírtelo, yo... Seto.

El mismo tono y expresión, que el castaño usó. El contragolpe.

- Como digas. –se rió entonces Kaiba, restándole importancia a sus palabras.

De esa forma, había terminado esa noche para ambos duelistas. Ninguno se quejó o estaba inconforme con lo acontecido. No, hasta algunas semanas después.

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- ¡No puedo creer esto!

A lo lejos, el Rey de los Juegos escuchaba gritos, tratando de centrar su atención y ver que es lo que pasaba. Sin embargo su cuerpo lo sentía tan pesado, sus parpados no querían abrirse y por ello, todo a su alrededor seguía estando oscuro.

No entendía lo que pasaba.

- ¡Joven Kaiba, por favor! ¡El joven Motou está descansando, no grite por favor!

- ¡Grito sí se me da la gana! –protestó más molesto éste, alzando aún más la voz.- ¡Además... soy yo el que pagará este hospital así que grito cuanto quiero!

- ¡Pero joven...!

Los ojos de Yami comenzaron a abrirse poco a poco ante aquel escándalo, enfocando gradualmente su vista en aquellas personas que parecía que se habían callado al ver que él había despertado.

- ¡Hasta qué! Faraón.

Una de las figuras, la más alta de aquellos dos se acercó a él, inclinándose lo suficiente para estar en su campo de visión.

- ¿Ka-kaiba?

Su voz fue un susurro que otra cosa, la misma que transmitía su confusión.

No sabía sí en verdad tenía ahí al duelista enfrente de él, o sólo lo estaba imaginando. Mucho menos, sabía dónde estaba o qué había pasado. También se preguntaba por qué le dolía tanto el cuerpo, el cuello en especial, y su visión por qué estaba borrosa.

Aún así, sus dudas parecían que no iban a ser aclaradas por el empresario.

- ¡No, he de ser Kuriboh! –ironizó en su lugar el CEO, ignorando por completo la expresión de dolor que cruzó por su rostro cuando el otro trató de moverse.- ¡Pero que bueno que despiertas y sabes quién soy, eh! ¡Así te enteras de esto de una vez!

El castaño se incorporó, aprovechando el medico para acercase y comprobar su estado.

- Joven Kaiba, por favor, no es el momento ni el lugar para discutir ese asunto. ¿Qué no ve que el joven acaba de despertarse? Está desorientado y le duele todo el cuerpo.

- ¡No me interesa! –contestó con voz fría, cruzándose tranquilamente de brazos.- Además... no es su problema. ¡No se meta! –le advirtió.

- Pero mi obligación es...

- ¡Faraón! –interrumpió e ignoró por completo al hombre, centrando su mirada penetrante y molesta en el aludido.- ¡Sólo lo diré una vez, así que escúchame muy bien!

Con mucha dificultad y tratando de ignorar las descargar de dolor que le sacudía el cuerpo, el oji violeta trataba de escuchar a Kaiba.

¿Era su impresión o Seto estaba en verdad furioso?

- ¡Desde este momento, escúchame muy bien...! ¡Estás despedido!

Sus últimas palabras resonaron por toda la habitación, desubicando a la contraparte de Yugi.

- ¿Q-qué? –su desconcierto y sorpresa trataron de hacer que se levantara. Pero por suerte, el doctor seguía a su lado y se lo impidió.

- Joven Motou, no debería...

- ¡Es imperdonable que hayas perdido el portafolio! –le reclamó en primera instancia Kaiba, elevando drásticamente su tono de voz. Por supuesto que estaba furioso y aquello contestaba la pregunta del otro sobre el "Porqué".- ¡Sabes lo valiosa que era esa información! ¡Tú vida no es ni la mitad de valiosa que una de esas carpetas! ¡¿Qué creías que cuidaba con tanto ahínco cuando decía que te llevaría a tu casa o pasaría por ti? ¡Pero claro!

Su tonito arrogante, volviendo a hacer acto de aparición entre sus constantes gritos.

- ¡El todo-poderoso-Faraón-de-Egipto, creía que él sólo podría! ¡Pero ya viste que no! ¡Y a qué precio, eh! ¡Felicidades, pero si me has arruinado como no te imaginas!

- ¡Kaiba, no es...!

Yami quiso explicarle, pero el oji azul no se lo permitió.

- ¡Suficiente, Motou...! –le dio la espalda, sonando su voz más fría que un tempano de hielo.- Por tu bien, no quiero volver a verte en lo que resta de mi vida. Tampoco... en la siguiente. –advirtió antes de llegar a la puerta, aguardando una milésima de segundo.

- ¡Kaiba, espera!

Pero fue en vano el llamado, pues en su lugar el CEO azotó la puerta con más fuerza de la debida. Aunque aquello le daba igual.

- No es... como tú crees.

El duelista se quedó con aquellas palabras en su boca, una indignación e impotencia por no poder explicarle, qué y cómo, había acontecido realmente. A lo lejos medio escuchaba al doctor que le habla y lo revisaba, pero él ni siquiera le prestaba atención.

Así que al que había tenido enfrente había sido el empresario y no el duelista que tenía muchos años de conocer. Sin duda Kaiba resultaba ser una enorme caja de sorpresa, con presentes no muy gratos.

¿Y ahora? ¿Qué iba a hacer?

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Unos metro más adelante, el dueño de los tres Dragones Ojiazules se había detenido un momento, conteniendo sus ganas de volver a esa habitación y gritarle hasta de lo que se iba a morir el Faraón en esa vida.

Y era tan difícil de controlarse, que no sabía ni cómo lo estaba haciendo.

Yami había arruinado el trabajo de la última etapa de su vida, que aquello había sido un gran golpe para su dedicación, esfuerzo e inversión de tiempo y dinero. Una catástrofe en realidad para alguien como él, y por supuesto, imperdonable.

Por el momento no quería ni podía pensar en lo que le sucedería a su empresa si aquel portafolio con esa información, casi confidencial y secreta, llegaba a las manos de otra gente. La destrucción de su Kaiba Corp podía ser que ya estuviera firmada en una sentencia de muerte, con sus horas contadas.

- ¿El joven Seto Kaiba, cierto?

Una de las enfermeras se le había acercado, sacándole de sus pensamientos y alzando éste su rostro, con mucho esfuerzo, para ver quién era y qué quería.

No era un buen momento, por sino sabía.

- Sí. ¿Qué...? –jamás en su vida le había costando tanto pronunciar palabras en un tono mediamente aceptable.- ¿... sucede? –pudo concluir al fin, sin mandarla abiertamente al diablo.

Que era lo que quería hacer con el resto del mundo.

- Creo que esto le pertenece.

La señorita le mostró un portafolio plateado, con las iníciales de su empresa en su cubierta delantera.

Ante eso, los ojos del castaño se abrieron grandes en sorpresa, buscando una explicación. Por suerte, ella aún estaba dispuesta a dársela pese a su actuar inicial.

- El paciente de la 324, el joven Motou... –su mirada se desvió a dicha habitación.- Fue ingresado con esto sobre su pecho. No lo soltaba para nada y sólo repetía un nombre, por lo que supusimos que era a quién pertenecía. "Kaiba". –dijo ella, recordando el suceso.- No la soltó hasta que le aseguramos varias veces que nos encargaríamos de entregársela personalmente a su dueño. Y entonces... aquí lo tiene.

Sin más se lo entregó, dejando a éste sin palabras.

Así que Yami había hecho eso. Ahora entendía por qué quería explicarle y él... sus ojos fueron a parar sobre la habitación que minutos antes casi destruye de coraje, no sabiendo qué hacer enseguida.

- Gracias. –masculló por lo bajo, más que nada por cortesía que por otra cosa, sintiendo como la enfermera se retiraba después de una leve reverencia.

¿Y ahora? ¿Qué iba a hacer Seto Kaiba respecto al Faraón y su no-perdida de portafolio?

La noche sin duda sería muy larga para él.

Continuará...


¡Ah! ¡Disculpen la tardanza! :3

Entre la escuela, los trabajos finales y demás, no había podido escribir nada, pero por suerte y al fin, he aquí la continuación ;)

Mí agradece, infinitamente a todas las personas que leen, a las que activan sus alertas o ponen la historia en sus favoritos, pero sobre todo, a las personas que se toman un poco más de tiempo y dejan sus lindos comentarios. Por ello, agradezco y dedico este capitulo a: Daffnezzita .xD, Kimiyu, Blackaty, Ayame O., Yami224, Julie Theron, Tze-chan, Akia-Usagi y Azula1991 n-ñ

Espero que el capitulo les haya gustado, que la espera haya valido la pena, y que la cantidad compense el retraso. Espero sus comentarios, cualquier aliento de ánimo o crítica es más que bien recibido, así que por ahora, gracias por leer. Nos veremos pronto :D

PD. ¿Sabes qué otra cosa me entretuvo para hacer éste capítulo? El duelo que menciono al principio. Me saqué mis cartas, elegí, hice estrategia y demás, todo, para poder escribir esa parte xD Así de obsesiva soy. ¿Ustedes creen? :P